No lo podía creer, como demonios había pasado esto, me puse de pie y un pensamiento llego a mi mente. Camine hacia mi escuela, esta era un conjunto de edificios con escaleras en el exterior que te llevaban por todos los pisos, estaba encerrada con una malla de alambre fácil de escalar por la que pude entrar. Todo se veía desolado pues era domingo, subí por las escaleras hasta la azotea, con cinco pisos de altura, mi escuela era muy grande.

Estaba decidido ya lo que iba a hacer, me aproxime al borde y mire hacia abajo, después cerré los ojos y comencé a contar antes de saltar

— Uno, dos — tome aire una última vez — y…

— ¡¿Qué haces?! — Escuche un tenue grito — ¡Aléjate de ahí, te vas a caer!

Alguien me había seguido, cuando mire quien era me quede pasmado, como si hubiese visto un fantasma, de hecho talvez eso era. Ahí, frente mío, se encontraba, con cara de angustia y respirando agitadamente, un pachirisu muy familiar. Sentí que el alma me volvió al cuerpo, me aleje de la orilla, corrí para ver si mis ojos no me estaban engañado, pero el pokemon salto y me dio un bofetón con la cola que hizo caer al suelo

— ¡No vuelvas a hacer eso! – Dijo el pokemon parado sobre mi pecho — ¡Vas a hacer que me de un infarto!

— ¡realmente eres tú! — sollocé de felicidad – pero tu…yo te vi y estabas… ¿Qué es lo que ha pasado?

— Pues, te quedaste dormido, luego te levantaste como un Slakoth y saliste corriendo, y tuve que perseguirte hasta aquí — me explico observándome como si quisiera estrangularme.

Me levante suavemente y me puse de pie dejando a Kirby en el suelo, de verdad todo había sido un sueño mientras caminaba sonámbulo, estaba desconcertado aunque feliz que fuera así. En mi mente no quería volver a casa, sin importar que eso no hubiese sido real.

— tenías razón, lo mejor será irme de viaje y convertirme en entrenador

— Pero yo no… — se arrepintió de lo que iba a decir — sí, será muy divertido ya veras.

Ya estaba, pero antes de partir debía volver a casa por algunas cosas, baje de ahí y ella me seguía de cerca. Al trepar la malla ella prefirió pasar por un pequeño agujero de la pared por el que entro muy forzosamente, al parecer la primera vez se había caído pues en el lodo semisólido del suelo se encontraba la huella de su cuerpo.

Al llegar a casa me di cuenta de que no tenía las llaves, afortunadamente la ventana cerca al árbol estaba abierta y llevando conmigo a la pachirisu logramos entrar. Solo tome mi mochila, unas deportivas y un dinero, lo había ahorrado para casos de emergencia, este podría considerarse como un caso de emergencia. Salimos de la misma manera y nos dirigimos a la ciudad más cercana, ciudad Metálica.

Era consciente de dos cosas, primero, Kirby era un pokemon muy débil, ni siquiera sabía utilizar ataques eléctricos, en realidad solo sabía usar bofetón y arañazo. Segundo, yo no tenía ni idea sobre entrenar pokemon, lo poco que sabía fue por haber escuchado a mis compañeros de colegio discutiendo sobre eso. Debía aprender más y entrenar fuertemente. En ciudad Metálica quedaba el laboratorio del profesor Manzano quizás él podría enseñarme algunas cosas sobre los pokemon, como entrenarlos o algo.

Fue difícil, encontramos a unos entrenadores que se paraban a los lados del camino y nos retaban sin siquiera preguntarnos, con frases muy tontas y en momentos hasta graciosas, como "me gusta cuando amanece porque el calor me reconforta", "no encuentro mi piedra ¿me ayudas a buscarla?", "mira que hermosos son mis pokemon", etc. Algunos otros caminaban de un lado otro esperando que estuvieras en frente de ellos para desafiarte a una batalla.

No recuerdo cuantas veces desperté en el centro pokemon, sin recordar como llegue allí y sin dinero, la parte buena es que me dieron una pokeball, no podían curar a Kirby a menos que estuviera dentro de una, yo la liberaba inmediatamente porque pensaba que los pokemons no debían estar encerrados y dejaría que los míos me acompañaran en libertad.

Decidí entrenar un poco antes de partir nuevamente, como no sabía cómo enseñarle rayo o impactrueno a Kirby, la entrene físicamente para que su bofetón y arañazo fueran más fuertes. También la ayude para que aprendiera a escalar y que no tuviera miedo al agua, bañándola todos los días en la fuente de la plaza central. La lleve a un gimnasio para pokemon tipo pelea, donde había muchos entrenadores junto a sus pokemon: Sawk, Throh, Lucario, Machamp, Timburr y otros eran sus pokemons.

— ¿Qué haces aquí con ese pokemon? — me pregunto el encargado, un tipo grande y robusto con un pokemon con la misma contextura que apoyaba dos troncos sobre el suelo.

— Quiero que mi pokemon se haga fuerte — le respondí a secas

— ¡JA JA JA! — Soltó una risa estruendosa seguida de los entrenadores que se encontraban allí — esa cosita se partiría en dos haciendo uno solo de nuestros ejercicios, mejor ve a un gimnasio para pokemon eléctricos, o mejor aún, a una guardería.

Todos se reían de nosotros, Kirby tenía una expresión de tristeza y rabia, seguro quería gritarles algo pero sabía que no la entenderían y solo se burlarían más. Sin nada más que perder le dije la verdad.

— Este pachirisu no sabe usar ningún ataque eléctrico, por eso queremos entrenar aquí, para que sus ataques físicos sean más fuertes — ahí todos detuvieron sus risas

— Ummm, entiendo pero por su tipo le será mucho más difícil — se pauso un poco — además este lugar no es gratis, dime ¿tienes como pagar?

— No — ya había perdido toda esperanza

— lo suponía, pero te tengo un trato, si después de una semana de entrenamiento me ganas, a Conkeldurr y a mí en una batalla, no me debes nada, pero si no, llamare a tus padres para hablar con ellos

— ¡ACEPTO!

— no se diga más, es hora de empezar

Que otra opción tenia, no había forma de que un pachirisu le ganara a un Conkeldurr, me mostré seguro para que no se pusiera más nerviosa de lo que ya estaba, no podía dejar que llamaran a mi madre, estaría en muchos problemas y quién sabe dónde iría a parar Kirby, ganar era la única opción.

Fue una semana muy dura, el lema del gimnasio era que los entrenadores debían entrenar con sus pokemons, el ejercicio que hiciera Kirby yo debía hacer uno proporcionalmente igual, desde los ejercicios más simples como correr en una caminadora, hasta los más difíciles como subir unas empinadas escaleras con bolsas de arena húmeda a cuestas, el cual era la versión más leve del levantamiento de rocas que hacia los demás pokemons (ella solo cargaba una del tamaño de una naranja). Fue agotador pero también divertido como cuando nos enredábamos saltando la cuerda los dos al mismo tiempo o verla levantado pesas del tamaño de una galleta, que de hecho tenían un peso considerable.

Los primeros cuatro días terminamos adoloridos, (el encargado nos dejó quedarnos en un salón donde guardaban los equipos y dormíamos en un colchón) nos costaba mucho hacer lo que nos pedían, seguíamos hasta que no podíamos sostenernos en pie, lo cual no era mucho, a la noche del cuarto día, Kirby no podía seguir más y se quejaba porque le dolía todo el cuerpo.

— Lo sé, yo también estoy exhausto — trataba de animarla — pero todo va a valer la pena

— No voy a soportar mucho más — se quejaba desplomada sobre el colchón — me duele mucho

— ve el lado bueno, cuando dejes de sentir dolor te habrás hecho más fuerte.

Después de eso un gran silencio inundo el cuarto, y cuando pensé que ya se había quedado dormida…

— ¿En serio crees que podre derrotar a ese Conkeldurr?

— Con este entrenamiento, seguro que si — la verdad lo veía muy difícil.

Al día siguiente nos dijeron que descansáramos para dejar recuperar los músculos, cuando nos dijeron eso fue un alivio, nos acostamos de nuevo y dormimos hasta el otro día, más o menos, el encargado y su esposa nos invitaron a comer, fueron muy amables con nosotros, muy diferente al día en que llegue. Los adultos que conocía eran una mierda, pero ellos nos trataron muy bien. Nos enteramos de que él no era el encargado, sino el dueño del gimnasio, tenían dos niños pequeños que acosaban a pachirisu todo el rato y la apachurraban hasta que se ponía morada. Al irnos el hombre se despidió diciéndonos que nos esperaba el domingo.

Era el último día de entrenamiento, mañana seria la batalla tan esperada, no solo por nosotros, parecía ser que todos los que vieron la discusión del primer día querían verla, incluso apostaron, colocaron un tablero en el salón principal, a la izquierda decía Conkeldurr y a la derecha pachirisu, para sorpresa nuestra, el lado derecho tenía muchas firmas, eso nos subió mucho el ánimo. El descanso, la comida y el apoyo nos dio energías para el que sería el día más duro, agotador y difícil de todos: triplicaron el trabajo que debíamos hacer, nos gritaban mucho para que termináramos los ejercicios y no nos rebajaban media. Al final cumplimos con todo, ahí me di cuenta del gran avance que tuvimos, esa noche nos fuimos a dormir contentos y decididos a ganar.

Al amanecer, bueno, un poco tarde a decir verdad, luego de un pequeño desayuno que alguien nos dejó en la puerta como había sido habitual durante toda esa semana, bajamos al salón principal donde se encontraba la arena de pelea, estaba a reventar de entrenadores y sus pokemons los mismos que había visto cuando llegue allí, al verme se apartaron para dejarme pasar, todos murmuraban y hablaban entre ellos, más cerca de la arena estaban las personas que nos habían entrenado esperando ver si su entrenamiento había dado resultado, me ubique en mi sitio con Kirby frente mío y más allá el imponente Conkeldurr y su entrenador que a pesar de todo no se veía para nada confiado, simplemente con su rostro serio y sus brazos cruzados.


TRATARE DE SUBIR EL SIGUENTE CAPITULO ANTES DEL 2016