La noche recién estaba empezando y dentro de aquel bar, Dean y Sam se mantenían en esa charla tan privada. Una canción de Clapton y su guitarra llenaban el ambiente, incentivaba a otros y ellos, ellos apenas la reconocían al estar en su mundo.
Dean decoraba la barra con unos pequeños vasos delante de él, reconociéndose en pleno confesionario con Sam, que no cabía en la impresión y esperaba más que un "Castiel" como respuesta, pidiendo un trago al necesitarlo.
- No sé qué hacer, Lisa se ha vuelto loca... -Sam arqueo una de sus, bufando. Dean medio ebrio y como lo conocía , sería más que un lío explicando.
- ¿Qué sucedió? No creo que sólo por ver a... Castiel, digo, se haya puesto en plan "púdrete Dean" . – El mayor lo miró iracundo, pero no dijo queja alguna. Con él no podía mentir, al menos no del todo, a su hermano menor.
- Ah... -Suspiró, hablando con desgana y cierta melancolía. - ¿Por dónde empiezo.?
-El principio es buen comienzo. –Se burló Sam, esquivando el golpe en la cabeza por parte de Dean y sonreír. Quería aminorar el ambiente, porque cuando se trataba de cierta persona que conocía... sabía que concierne a ambos y la atmósfera se tensaba como un pequeño hilo que en cualquier momento podía ser cortado con el aire.
- Ok... Lisa, Lisa actuó de ese modo porque lo vio, lo... vio besándome. –Sam se volteo a verlo severo, esperando que continuara.- Lo estaba bajando de mi carro, sólo un aventón para charlar y cuando nos despedimos lo hizo –Mosqueo los labios, bebiendo un trago, saboreando este con poco agrado y sin mirar a su hermano.-, entonces no sé cómo apareció ella frente de nosotros... ¿o será que es por ser la mejor amiga de Anna, Anna Milton? –Soltó una risa sarcástica, recordando lo de hace horas atrás. El diablo se encuentra en los detalles y a él se le escapó varios, que pobre iluso fue en olvidar las viejas conexiones que le jodieron el día, teniendo en claro... que se lo merecía, no lo negaba. Aún venía a su mente el rostro descompuesto de Lisa, nombrando su nombre en voz alta a que se detuviera y terminar por darle con la puerta del carro en la cara, unas palabras que no logró oír desde adentro, con el silencio de los Milton tras su espalda, que cargado por la impotencia actuó de forma impulsiva, dejando aquel moreno ahí sin más antes de una última mirada y recibir un "lo siento" de su parte, llegando a casa hecho un energúmeno, que aprovechando los niños estaban en casa de los padres de Lisa, esta grito su enfado sin reparo alguno y él también, demasiadas cosas. Terminando en aquel bar con Sam, como hace diez años atrás. – El punto es que se le ha metido que siempre he sido homosexual y me va a quitar los niños, ¡es estúpido! –Golpeó la mesa mientras el más alto procesaba todo.
- ¿Un aventón? Dean, hablas como si llevases tiempo en contacto con Castiel y de la nada... -Lo escudriño, tomando su hombro para zarandearlo. ¡El maldito no le estaba contando toda la historia! - ¿Cuándo llegó y qué mierda hacías con él? Habla, ahora.
El mayor se sintió abrumado, no quería explicar demasiado, le era complicado. ¿No era ya mucho sentirse un hijo de puta? En modo de defensa soltó palabras incoherentes por el alcohol a viva voz, llamando hasta la atención de Ash en una esquina, que procuraba a la chica que le coqueteaba y le dijo que se encargaría de Dean al verla asustada, regresando con los hermanos.
- ¿Ya están peleando? ¿Qué está pasando? –Se posó frente a ellos, atento especialmente en Dean y siendo pronto ignorado por ambos.
- ¡Dean responde! ¡Odio cuando me ocultas las cosas! –Lo tomó de la solapa de la camisa gris, acercando peligrosamente y pareciendo no incomodar al otro, que rápido lo empujo, volviendo a quedar los sentados en los respectivos asientos.
- ¡No te oculto nada! ¡Llegó hace tres semanas y, y... me lo topé en un caso! ¡Por la mierda! –Farfullo molesto, teniendo presente aquel día. – Luego, luego... sólo quería... -Dean poco a poco iba bajando la voz, entrecerrando los ojos y bajando la mirada casi al suelo, viendo las propias manos antes de caer o eso le pareció a Sam, que se aligeró de hombros al verlo pronto decaído.- disculparme... ¡y me diera una respuesta de porqué se fue!
- Dean...
- Pero el maldito tiene la habilidad de joderme... y Lisa lo sabe.
Ash buscaba una respuesta a lo que pasaba, viendo a Sam y luego Dean, y viceversa, al tener una vaga idea a qué se referían, pero ignorante completamente al final. Mirando fijamente a Sam para que le aclarara todo.
- Castiel. –Ash se quedó escéptico al oír ese nombre en Sam. ¿En serio?
- Puto Karma... -Gruño el detective, Dean, sin oír más quejas. Sam le acompaño en silencio el resto de la noche hasta que Ash le ofreció un cuarto a Dean para dormir (al ser su casa bar), aceptando este ebrio y teniendo la seguridad que mañana se preguntaría "¿por qué estoy durmiendo en la pocilga de bodega de Ash?"
Sam una vez se despidió de ambos y pidió a su amigo que lo despertara en unas horas para trabajar a Dean, él regresó a su carro para irse a casa, manejando pensativo todo el camino y con parte de una culpa que le taladraba el corazón en ese instante.
- ¿Por qué tuvo que volver? ...
Llegó a casa más ausente que presente, que sin hacer el menor ruido se quitó las ropas y baño para acostarse al lado de su mujer, retrocediendo esos diez años atrás al naufragar en el mundo de los sueños.
Se apreciaba la silueta de un chico un poco más alto que él, mirando hacia el oscuro lago, que al acercarse se vislumbraba gracias a una lámpara vieja que aún funcionaba en aquel otoño y a media noche, bastante helada sin duda alguna; su piel pálida, cabello oscuro, brillaba débil como cierta esperanza en esos ojos de azul cristalino y a la vez que le sonreía algo confuso, pues... no era a quién esperaba, no a él, sino...
- Hola Sam –Le habló amistoso, tan cálido que ya sentía culpa sin hablarle aún. Boqueando como un pez y desviando la mirada sin querer hacia el bolso que tenía sobre la espalda el mayor con un propósito, tal vez un sueño que con unas pocas palabras iba a desmoronar.- ¿Qué haces acá? ¿Y Dean?
-Yo, hola. –Agitó la cabeza, queriendo recomponer su centro antes de hablar y encararlo seriamente.- Cas, lo siento... Dean no vendrá.
- ¿Qué?
- Sé lo que eres con mi hermano y acéptalo, no van para ningún lado. ¿No entiendes? –Tragó saliva.- Tienes que irte antes que salgas mal.
Castiel claramente estaba confundido e impuso su presencia en los ojos por lo oído, negado a entender o aceptar, sea lo que sea que le decía Sam.- No, no entiendo. ¿A qué te refieres?
- Somos amigos, ¿no? –Se odiaba en ese momento, ni siquiera debía estar ahí. Su hermano lo mataría, pero era necesario.- Cas, lo hago por ti. Si te digo que mi hermano no vendrá, es que no lo hará. –Se acercó otro poco, creyendo que la voz no saldría.- Todo fue un juego, ya sabes, amor temporal... -Movió los hombros con desgana.- Él tiene una vida, él se...
El mayor no aguantó más y cortó.- ¿Él te pidió que vinieras y me dijeras esto?
- Eh, sí. –Mentía y le dolió al ver su rostro desfigurarse entre desilusión y molestia, pasando por su lado, girando alrededor de él.
- Él no es de esos. Será un idiota, pero uno que da la cara. –Quedó nuevamente frente a Sam, él que no sabía cómo responder a ello, más fue Castiel quién se le adelantó al hablar para continuar y en silencio contemplo sus lágrimas, sin quitar la sonrisa. – ¿Lo cuidaras por mí?
- Claro, Cas...
- Bien. –Ríe débilmente. –Siempre... siempre le dije que era una mancha en su vida. Es, es normal...
- No, Cas, eso...
-No. Déjalo. –Le paró, frunciendo el ceño y decidiendo despedirse del menor de los Winchester, al menos uno de sus mejores amigos que en aquella ciudad conoció.- Adiós, Sam. –Palmeo su hombro antes de desaparecer por entre la oscuridad y quedar sólo, escuchando los grillos al final de sus pisadas. Suponía que iba a irse en ese carro que estaba estacionado en la carretera junto al lago, pues lo vio al llegar y que ahí irían los hermanos Milton lejos de Kansas, de la vida de todos, de Dean, para siempre.
Las lágrimas hicieron presa de sus ojos, impotente y odiándose por lo hecho. ¿Cómo vería a su hermano a la cara? ¿Cómo lo había hecho con Castiel?
Sam despertó agitado, cegándose al segundo por la luz del día y el miedo se alojándose en su pecho, con muchas interrogantes en la cabeza y una en específico "¿Dean por qué no odiaba?" . Era mejor levantarse y desayunar, que por desgracia hambre no tenía.
Continuará...
