Encuentro Parte I
Hace tres semanas atrás...
"Confidencial. "
Leyó el adhesivo sobre la carpeta café, repasando su áspera textura con notable grosor en su interior con los dedos, como dudando en abrir y atreverse a darse valía para ver, era claro, no sólo era un informe detallado de su nuevo caso que le fue impuesto más que él llegase a aceptarlo. Obligado, se podría decir, debía sí o sí hacerlo.
— Es otro problema de prostitución infantil. Se mueven rápido y no quiero que otro estado se haga cargo de nuestros problemas, así que vas Castiel con Hannah. Están apuntados.
Recordaba la voz de Raphael, que tan pedante como siempre y con ese tono de autoridad, le impuso antes de poder decir algo o siquiera mostrar sorpresa. Aplastando esa carpeta junto a otras en su escritorio y un sobre, dinero necesario para un nuevo viaje de investigación que se le otorgaba.
La verdad no había mucho que decir, porque entre todos los agentes, Raphael siempre esperaba contar con él en los casos más difícil, aunque su hermana (que sabía de su trabajo y quienes lo formaban) comentaba que sólo le gustaba mandarlo a la boca del lobo para un día saber que murió en uno de los casos con tal de no amenazar su puesto, cosa que no negaría, muchos lo decían a sus espaldas como si no los fuese a oír. Y a su suerte, lograba salir airoso de cada uno de ellos, con alguna que otra herida, teniendo su jefe que soportar aún más su presencia al regresar.
"Un mal necesario. " Pensó de sí o que ese pensamiento podría tener Raphael, el cual ahora sí quería hacerle la vida imposible o tal vez era paranoia propia, porque lo había mandado a Douglas, Kansas. El único estado que no deseaba regresar nunca, pero ahí estaba, pisando ese suelo y recibiendo un burlesco saludo de las viejas calles con sus edificios que los años no pasan en vano. Como un padre saludando al hijo pródigo, volviendo con la cola entre las patas.
Inhalo largo los aires de Lawrence y se dijo que esta era otra prueba más, otra que pasaría. Volviendo a casa, por suerte en ese lugar tenía a Anna y pasar el tiempo en la ciudad no sería malo, únicamente debía evitar toparse con él... Siendo que su preocupación venía adjunto al trabajo dado.
En su vida había visto muchas cosas repugnantes como oficial y detective, situaciones que a nadie le daría el gusto de ver o vivir; no obstante, niños torturados y violados, en sí... ojalá no hubiese visto sus fotos, pero eran necesarios para identificar.
— Sólo serán unos minutos y nada más...
— ¿Estás bien, Castiel? — oyó la voz de Hannah, dando un leve salto y parpadeando sentado en su asiento del conductor, volteando a verla, como despertado de una pesadilla. Sonriendo a este sin saber que le agradeció en silencio.
— Estoy bien, es el cansancio por venir directo de Texas a Kansas. — pasó una mano tras el cuello, queriendo salir de esa situación algo incómoda. Quitando el seguro y abriendo la puerta para bajar, escapando de la mirada inquisidora de Hannah que buscaba desentrañar, a su ver, en él. — Mejor bajemos, debemos hablar con el sheriff.
— Claro... — La escuchó decir, saliendo también y cerrando la puerta, con su cabello ondulado moviéndose con gracia, contrarrestando su caminar firme. Avanzando con él. — Pero si te sientes cansado, lo ideal habría sido descansar y venir mañana temprano a primera hora.
Castiel la miró unos segundos y continuó, sin querer detenerse a pensar.—Ya está hecho, descuida Hannah.
Abriendo las puertas, saludaron unos oficiales y llegando donde la secretaria, avisaron de su llegada. Hasta ahí todo bien, ningún problema. Hacer los procedimientos habituales y meros formalismos para comenzar desde temprano.
La joven rubia de mirada astuta, le pareció conocida y ella también a él, más no dijo nada que no fuese de trabajo en el tiempo que se sintió una rara tensión, contando que iría a informar la llegada de ambos y desapareció en la oficina principal.
Se escuchó un ruido en el interior de la oficina, Hannah y él se miraron extrañados, volvieron la vista a las puertas, por las dudas. Lo que vio o dio primero a los ojos, logró que la respiración se le cortara en un fragmento de segundo que duró el hacer presencia la última persona que deseaba ver ahí. Hasta Raphael o cualquier enemigo que tuviera, sería mejor que él.
Vistiendo de camisa blanca con tirantes negros, uno ajustado al arma y la placa, acompañado de pantalones negros y zapatos del mismo color; se presentaba Dean Winchester casi a los treinta años.
— ¿Castiel Milton?
— El mismo... — Arrastró las palabras, esperando ser claro y firme, que no le delatara la vibración de la voz varonil de aquel hombre en el cuerpo, que ya nada niño, le escudriñaba con la mirada. Tan intensa, que creyó estar delante de una imponente muralla con una nube de tormenta en el cielo.
Ignorando que ante esos ojos verdes el mundo por ese mismo segundo dejó de existir. Sin creer que esa presencia en realidad existía. Un sueño o una pesadilla, devuelta a un pasado, al de hace diez años atrás. Lo único claro, sin los mismos sentimientos y si quedaba algo, enfocados al dolor que ambos creían olvidado.
- o -
Dean apretaba la pelota antiestres detrás de su escritorio, tratando o intentando de oír a Hannah, la chica que vino con aquella persona que lo desconcentra en ese momento y Jo a su lado, en momentos, lo despertaba con leves golpes en el hombro, sacando de la boca uno que otro gruñido bajo. Menuda secretaria la suya, aunque no podía enojarse, ya que mucho hacía por él desde mucho tiempo. Lástima que lo de guapa no opacaba su jodido temperamento.
Por otro lado, no asimilaba que ese chico que una vez se fue; su amigo, supuestamente el mejor amigo, regresara. El chico que te dio tu primer beso... ¡Basta!
¿Esto era real?
Más adulto, de piel pálida como lo recordaba, de cabello moreno, mirada azulada, vistiendo de traje y gabardina café, estaba en frente a él. De no ser porque el recuerdo vago era un chico delgado con facciones juveniles lo último que tenía en su mente, casi en deterioro, pensaría que no. Pero... ¿cuántos Castiel Milton existían en este mundo con esas descripciones?
— ...Concluyendo, los implicados en el caso son hombres que llevan tiempo en esto y no son del país. Logramos salvar parte de los niños y jóvenes, que no pasan más allá de los quince años, en Illinois. Ahora es nuestra oportunidad el atraparlos acá, lo único que pedimos es espacio para investigar y actuar una vez sea necesario.
— ¿En serio no creen que requieran nuestra ayuda? ¿Sin necesidad de refuerzos? — Dean se centró nuevamente en la reunión, sin poder creer que al igual que la carta que les llegó hace unos días, les confirmaban que no querían a ellos dentro. —Vaya presumidos son los del FBI.
Cruzó de piernas y mordisqueo el labio, sonriendo sórdidamente. Admirando la tensión que había impuesto en aquella mujer, que prefería ver que a su acompañante.
— Sólo acatamos órdenes, por el momento... — responde Milton y su voz no hizo más que crispar los nervios, que cualquiera pensaría que esa pelota reventaría en sus manos. — Tenemos presente que no es un caso simple y lleva tiempo vigente, más de lo pensado, para pensar que sólo dos agentes se pueden hacer cargo. — pausa, decidiendo voltear a verlo, aunque el moreno tenía fijo los ojos en Hannah. Frunciendo ligeramente el ceño y confundido por la cercanía que en ellos se apreciaban, esa seguridad que le dio una chispa determinada en la mujer. — Lo único que le puedo decir es que han puesto la confianza en nosotros y haremos lo posible. En caso de refuerzos, es seguro que nuestro superior, Raphael, se hará cargo de que tengamos todo.
— ¿Así sin más? —insiste, colocándose de pie y apoyando ambas manos casi al borde del escritorio de madera. — Siempre te lo tomas tan a lo fácil, eh, agente Milton... —Obviamente esa frase no evitó soltar con doble significado, el que no demoró tener el efecto deseado, con voz venenosa. Ocultar sus emociones era algo que le costaba, aunque admitía que tenía dientes para no volver a mirarle con determinación. — Les diré sólo una cosa. ¡Están en mi jurisdicción! En mi ciudad. Nada se mueve o se trabaja en Lawrence mientras yo no lo sepa. —apuntó con el índice la superficie del mueble al hablar.— Hagan toda la investigación que quieran, pero si esos hijos de puta entraron acá, se meten conmigo y nuestra ley. No crean que antes de que llegaran nos quedamos de brazos cruzados.
Castiel frunció ligeramente el ceño y moviendo los hombros ante la tensión, decide que está muy cansado para discutir. Cansado también por soportar su presencia o cansado que lanzara indirectas hacia él mezclando el caso en sí.
— Bien, hagan eso. El lío no será con nosotros, Hannah y yo. Manden todo el papeleo que deseen y luego nos informa cómo les fue con nuestros superiores. —sonríe arrogante, pidiendo en una seña a su compañera que recoja los informes que mostró para emprender marcha. — Mientras no nos comunique lo contrario a las órdenes dadas, estaremos investigando. Es a lo que vinimos, Sheriff Winchester.
— Muy bien. —Fue lo único que pudo decir. Los vio salir por la puerta con un "buenas noches" y una vez estuvo solo con su secretaria, recibir inesperadamente un golpe de un folio en la cabeza, logrando que se llevara las manos sobre la cabeza, cayendo sentado en la silla. — ¿Qué te pasa? ¿Me quieres dejar sin cabeza?
— Tal vez, para que tengas una nueva. —La chica colocó los brazos en jarra, mirando enfurecida al rubio. —No puedo creer que tantos años y no se te quite a veces lo idiota, creí que habías madurado. ¿Muy bien? ¡¿Muy bien?! —exclamó esto último acalorada con el libro amenazando contra su cara. — Son agentes del FBI, vienen a resolver su caso, no el nuestro. Si te entrometes, dime ¿quién hará el papeleo inmenso? ¿tienes alguna idea?
Dean tragó saliva, sin poder admitir que había metido el pie hasta el fondo. —Jo, esto...
— ¡Seré yo! —avanzó hacia otra silla, sentándose, desparramando ahí el cuerpo con pesar. — ¿Dime por qué te metes? ¿Fue por qué... es Castiel? — Con sólo ver su rostro supo que acertó. —Dean, no puedes, no de tantos años...
— Lo sé, maldición. Lo sé. — jadeo. — Acepto que me dejé llevar y es que acaso ¿no lo viste? Después de tanto y venir así sin más. ¿Crees que son maneras?
La rubia trato de ser comprensiva, pensando bien en lo que diría, por más que Dean aun con la edad que tenía le hacía sacar canas. ¿Quién le mandó a trabajar con él? Dios...
— Vino por su trabajo. — Fue un golpe bajo esa verdad en una voz tan suave como la de Jo sin mal humor. — No a enmendar faltas o errores que haya tenido contigo y creo que ni él se imaginó que te vería, porque no me reconoció. — Sonríe fraternalmente, despegándose del asiento y palmear suavemente sobre su cabeza antes de salir. — No pienses demasiado en ello, te hará pasaré unos reportes para que los firmes y te vas a casa. ¿Ok?
— Ok... — afirmó con la cabeza, viendo que cerraba la puerta tras ella, dejándolo sólo con sus recuerdos. — Mierda.
Continuará.
Autora:
Como odio, por ansias, escribir lo que deseo. Todo a su tiempo, lectores. El roce entre ellos será notable y jugaré un poco con los personajes donde "Encuentros" se dividirá en tres partes, que esa es la idea. Pequeño flash back que explica la agonía inicial de Dean y en parte otros datos interesantes más. Es que hago la media torta antes de poner la guinda encima kasjdhjkaas.
Por las dudas, son de hacer el Dean que cuando la caga (jode) lo arregla, pero lo arregla para cagarlo más xD Amo ese tipo de personaje tragicómico, si es que me entienden. (?)
Eso sí, ¿alguien me recomienda un personaje para Castiel que no sea Balthazar? Que pienso en Benny, pero no sé... y ya saben, es momentáneo. Acá la pareja importante es otra.
Nos estamos leyendo.~
