Disclaimer: Suzanne Collins es dueña del mundo y los personajes. Yo sólo intento que se hagan bromas con cepillos de dientes.

Aviso: Este fic participa en el Torneo entre Distritos del foro Hasta el Final de la Pradera. (596 palabras)


Por Cork

Hoy Gear cumple quince años y es un verdadero motivo para celebrar, pues en tres años más podrá comenzar a vivir de verdad. No sólo ya no será elegible para los Juegos del Hambre, sino que también dejará de ser una aprendiz y empezará a trabajar en el Centro de Alta Tecnología de Panem, el único edificio en el distrito que no parece que se caerá a pedazos en cualquier momento, aparte del Palacio de Justicia claro.

Cork se ha preparado para este día durante casi un año, robando de aquí y de allá pedazos de materiales cada que se presenta la oportunidad. Sabe que podría ganarse muchas cicatrices en la espalda por ello pero no le importa, ya no puede contenerlo más, tiene que decirle todo lo que siente o explotará.


Cuando Gear entra al estudio de Wiress no se sorprende de ver un pequeño paquete cuidadosamente envuelto en su escritorio, curiosa se acerca y se da cuenta de la nota que lleva encima.

«Pruébame»

No se le hace raro, Wiress tiene la costumbre de dejar prototipos de nuevos aparatos cada cierto tiempo para que sus aprendices los verifiquen, así que lo abre con emoción y deja escapar un suspiro de decepción. Es un cepillo de dientes, parece ser automático pero aún así, nada nuevo.

Está a punto de dejarlo de vuelta en el escritorio e ir a buscar a Cork para reclamarle el ignorarla en su cumpleaños cuando se percata del botón. Lo presiona y grita de sorpresa, logrando llenarse la boca de pintura así como toda la cara. El cepillo acaba de rociarla.

De pronto, la puerta de la bodega se abre y Cork sale de la nada con la mitad de un cartel que dice cumpleaños. Su tutora está del otro lado con la otra parte, en la que se lee: feliz.


Sólo dos personas saben que a Gear le fascina pintar: Cork y Wiress, la tutora de mecánica clásica del Centro y también Vencedora de los Juegos. Una vez, Gear le había enseñado su técnica especial, en la que usaba un cepillo de dientes para que la pintura cayera en el papel como una suave brisa, ése fue el día en que Cork supo cuánto le gustaba.

Desde ese día se le había ocurrido que, aunque no pudiera comprarle pinceles ni mucho menos esa tela en la que pintaba la gente del capitolio, podía hacerle un rociador de pintura excelente. A juzgar por su cara, lo había logrado. Gear intentaba sacarse la pintura de la boca y reía sin parar, a pesar de estar llena de pintura se veía hermosa. Cork caminó hacia ella y le plantó un beso en los labios. Gear se quedó inmóvil dos segundos y después le aventó los brazos al cuello, efectivamente llenándolo de pintura también.

Wiress carraspeó divertida.


Gear entierra aquél cepillo junto con el cuerpo de Cork en el ataúd de pino que les ha proporcionado el Capitolio. No volverá pintar nunca más.

Beetee se le acerca un año más tarde y le pregunta si le apetece una taza de té. Al principio no sabe qué podría necesitar alguien como él de una simple aprendiz, pero una conversación basta para que lo entienda. Beetee no sólo la necesita a ella, sino a todo aquél al que el Capitolio le ha quitado algo alguna vez. Y a pesar de que Gear no siente ni un poquito de empatía por la chica que voló por los aires la oportunidad de Cork de volver, hará todo lo necesario para que el plan de Beetee funcione.

Por Cork.


Nota de autor: Asumí que el tributo del distrito tres de los Juegos número setenta y cuatro es personaje canon. Pero por si acaso incluí todo lo que pude a Wiress y Beetee.