Disclaimer: Suzanne Collins es dueña del mundo y los personajes. Yo sólo hago que coman mayonesa.
Aviso: Este fic participa en el Torneo entre Distritos del foro Hasta el Final de la Pradera. (600 palabras)
Criatura de hábitos.
Beetee Latier es una criatura de hábitos. Todos los días se levanta a las siete, algunas veces lo despierta la alarma que pone sin falta la noche anterior y otras las pesadillas, pero siempre a las siete.
Una vez levantado desayuna fruta picada y huevos. Revueltos, estrellados o cuando se siente especialmente aventurero, huevos duros.
Después repasa en su cabeza las cosas que tiene que hacer, se dedica toda una hora a planear su día, porque ha aprendido que si su mente está ocupada, los gritos de los niños que no ha podido salvar se vuelven sólo ecos.
Hecho esto, camina a la casa de al lado y toca con todas sus fuerzas. Sabe que Wiress sigue dormida, porque Wiress siempre está dormida o construyendo algo. Incluso al conversar o leer, puedes ver cómo sus manos juguetean con partes de piezas mecánicas, como si tuvieran voluntad propia.
Una vez que Wiress está lista caminan juntos al centro del Distrito. A Beetee le gusta tomar el camino largo, para no perder la perspectiva. Siempre le asombra cuánto tiempo vivió como aquellos niños que corren por las grises calles, sucios, hambrientos. La sangre le hierve y se recuerda a sí mismo que está haciendo todo lo que puede, sólo desearía poder hacer más.
Wiress tararea, porque Wiress siempre tararea, puede pasarse días haciendo el mismo sonido, o puede tararear veinte canciones diferentes en cinco minutos. Beetee le toma la mano, simplemente porque puede, para acordarse de que no está solo y para que ella sepa que tampoco lo está.
Al llegar al Centro de Alta Tecnología ambos pasan los detectores de metal. Wiress tarda un promedio de diez a veinte minutos en recordar todos los lugares donde lleva algo metálico antes de que por fin, la dejen pasar.
A las doce del día, deja lo que esté haciendo y se dirige al estudio de su compañera para llevarla a almorzar, si no fuera por él ésa mujer no comería nada en todo el día. Entra y le llama, pero ella no está. Beetee se pone nervioso al instante, cualquier cosa que interrumpa su rutina lo molesta, pero le pone aún más de los nervios el hecho de que Wiress ande vagando por ahí.
Sabe que puede cuidarse sola y que es demasiado protector con ella, pero no puede evitarlo. Algunas veces cree que jamás podrá dejar de verla como un tributo, como alguien que está a su cargo. Beetee suspira y decide ir a buscarla, a penas ha salido del estudio cuando choca de bruces con ella.
Wiress no dice nada, porque Wiress rara vez dice algo, lo que le ha ganado una reputación de tonta, pero Beetee sabe que es puro cuento, los ojos de Wiress emanan inteligencia, una tan profunda que lo intimida incluso a él, pero ahora están brillando de forma extraña.
Ella le tiende un envase de yogurt.
—Tenía hambre —dice—, decidí ir por algo a la cafetería.
Beetee entorna los ojos, pues que Wiress haya dejado de trabajar por voluntad propia y haya ido a comer era muy extraño, pero se encoge de hombros, los misterios se resuelven mejor con comida en el cuerpo, después de todo era hora de almorzar.
Su cuchara se hundió en la blanca sustancia y tomó una buena cantidad. Se la llevó a la boca, y fue entonces cuando Wiress rompió a reír. Beetee escupió la mayonesa por el suelo haciendo caras graciosas para contener las arcadas.
—¿A qué vino eso? —reclamó Beetee intentando sonar enojado, pero la risa de Wiress era contagiosa.
—Es demasiado fácil contigo, eres una criatura de hábitos.
Nota de autor: No saben lo que me ha costado que ésta historia tuviera 600 palabras. En fin, espero que se hayan divertido porque de seguro Wiress sí. Un abrazo desde el Distrito Tres.
