Accidentalmente Cenicienta.

Capítulo 2: La Cenicienta no era una peleonera.

Suspiró mientras limpiaba sus manos con el pañuelo que el príncipe le había dado, tal vez si hacía eso las cuatro explotadoras que tenía por "familia" adoptiva no querrían quitárselo al estar lleno de excremento.

¿Qué demonios acababa de pasarle? ¡A ella! Que vergonzoso, incómodo y extraño. Y seguramente Harribel se enteraría, y la haría hacer algo peor que hoy.

Llegaron con el comprador y le vendió la composta, regresando luego de camino a casa con el calvo cargando la carretilla ahora vacía.

-¿Y… cómo te llamas?- preguntó solo para matar el aburrimiento. Ya que tenía compañía no podría ver si conseguía trabajo hoy, así que al menos podría tener una charla decente.

-Madarame Ikkaku.- comentó él aun viéndose fastidiado. –Sí que eres un dolor de muelas, damita.- murmuró con sarcasmo. –Hitsugaya-sama nunca me había regañado tanto en mi puta vida.- escupió al suelo.

-No es mi culpa.- lo miró con rencor. –Eso te pasa por hacerme caer en la mierda, bastardo arrogante.- lo golpeó en el hombro, arrancándole un pequeño gemido de dolor.

-Auch.- murmuró sorprendido. –Golpeas fuerte para ser una damita, y tú vocabulario es casi peor que el mío.- de repente sonrío sádico. -¿Sabes qué? Me agradas.-

-Como notaras, no soy una damita.- hizo una mueca de disgusto ante la palabra. –Soy prácticamente una sirvienta. No, olvida eso, más bien soy una esclava.-

-Los esclavos están prohibidos en esta nación.- comentó el calvo sin comprender.

-Era una forma de decir, idiota.- negó con la cabeza. –Solo que soy huérfana y una loca tirana me adoptó para ser su esclava y la de sus malcriadas hijas.- torció la boca. –Ella fue la que me dio la tarea de cargar toda la mierda y no dejarme ni cambiarme para salir.-

-¿Y por qué infiernos no te largas?- la miró como si fuera idiota.

-Porque no soy estúpida. No tengo a donde ir, necesito dinero, pero no puedo encontrar un trabajo donde ganarlo.- frunció el ceño.

Ikkaku la miró pensativo, antes de volver a esbozar esa sonrisa sádica.

-El golpe que me diste fue muy fuerte, Karin, ¿eres una chica dura?-

-¿Eh? Ah… Supongo que sí…- se frotó la nuca. –He estado haciendo trabajo pesado desde los doce años, no soy débil.- se jactó.

-Hmm, creo que con un poco de entrenamiento, harías de una buena guardia real.- la examinó con aprobación.

Karin lo golpeó cuando se quedó mirando a su pecho un poco más de lo necesario, lanzándolo al suelo con todo y carretilla.

-¿Yo un guardia real?- se burló de su idea. -¿Siquiera es permitido que una mujer sea una de esos?- el mundo ya no era tan sexista como antes, de todos lados salían mujeres sobresalientes tratando de dejar su marca en el mundo, pero ella no era una de esas.

Estaba bien con no destacar, prefería que nadie la notara a tener más humillaciones como las de ese día, muchas gracias.

-Claro que es permitido, nuestro líder incluso lleva una niña pequeña con él todos los días y la entrena, aparentemente quiere que ella sea su sucesora o quién sabe… Pero el punto es que mientras puedas soportarlo, él te tomara.- sonrió con respeto a la persona de la que hablaba.

La chica se cruzó de brazos, pensativa.

-¿Crees que me tomara?- inquirió esperanzada de finalmente hallar empleo.

-Seh, sin dudas, pero tal vez quieras que yo te entrene un poco antes, eres fuerte pero en tu nivel actual podría matarte de un golpe.-

-Ugh.- trató de ocultar su estremecimiento. -¿Y dan buena paga?- Ikkaku rió.

-¡Claro! ¡Vivimos como reyes! Tendrás que empezar de un puesto bastante bajo, simplemente limitándote a hacer patrullas los primeras semanas, pero si le pones empeño podrías ascender pronto, y tal vez hasta mudarte a los cuarteles.- habían vuelto a caminar y ahora estaban a poco de llegar a su casa.

-¿En serio? Eso sería genial.- sus ojos se iluminaron con esperanza. Tal vez pudiera escapar…

-Sin embargo solo vamos a estar aquí dos meses en lo que se queden el príncipe y la princesa junto con su institutriz Matsumoto Rangiku. Así que tendrás que trabajar rápido, damita.- advirtió y ella lo miró determinada.

-Ikkaku-san, ¿cuándo puedes comenzar a entrenarme?- inquirió y el calvo sonrió con su sonrisa característica.

-Mañana mismo ven a la plaza a las tres de la tarde, damita.-

Llegaron a la casa y el calvo dejó la carretilla en los establos y se despidió recordándole ir a la plaza, a lo que la pelinegra asintió entusiasmada.

Ni siquiera le importaba lo que diría Harribel al respecto, aunque tenga que escaparse no faltaría.

Entró a la casa y de inmediato se encontró con la escena que esperaba encontrarse. Las cuatro explotadoras ya se habían enterado de lo del baile y estaban haciendo un alboroto al respecto, las dos hijas mayores, Mila Rose y Apacci, estaban discutiendo acerca de quién se quedaría con el príncipe, mientras que Tier estaba centrando su atención en Sung-sun, convenciéndola de que ella era la ideal para ganarse el corazón del príncipe.

Todas voltearon a verla cuando ingreso a la sala, y su madre adoptiva la tomó del brazo antes de que pudiera correr a su habitación.

-¿Eras tú?- preguntó con asco al olerla, soltándola y retrocediendo de inmediato. -¿Eras tú la chica cubierta de estiércol a la que el príncipe le habló personalmente?-

-¿La que rechazó su mano?- masculló venenosamente Mila Rose.

-¿A la que le dio un obsequio?- gruñó Apacci.

Sung-sun estaba en silencio, pero también la miraba mal.

-Eso no importa.- quiso irse pero Harribel habló.

-Quieta o te vendo a un prostíbulo, muchacha.- Karin se congeló ante su amenaza, sabiendo que hablaba en serio. –Dame el pañuelo.- no sabiendo porque sentía cierta tristeza al tener que dar ese regalo, le tendió el pañuelo obedientemente, pero la rubia arrugó la nariz y la miró mal. –Lávalo y después dámelo, idiota.- ella de inmediato aprovechó la oportunidad para finalmente largarse y darse su anhelado baño.

Lavó el pañuelo e hizo la cena, entregándoselo a Tier solo cuando volvió a pedírselo. Ella podía comer solo cuando las cuatro "damas" de la casa terminaran y fueran a dormir, y aún entonces tenía que comer en la cocina, no en el comedor, y luego limpiar todo y preparar todo para mañana antes de irse a dormir.

Aunque mañana no se veía como un día tan malo, esperaba ansiosa su entrenamiento con Ikkaku.

Por alguna razón, se durmió con la imagen de los ojos turquesas del príncipe dando vueltas en su mente.

Esta vez por suerte despertó antes que su madre adoptiva y el día paso sin más problemas hasta que las tres de la tarde estaban muy próximas, afortunadamente podría escapar sin problemas porque las cuatro tiranas irían a conseguirse Kimonos para el baile.

-Tú no irás.- declaró burlona Apacci mientras las veía prepararse salir con ansiedad, ansiedad de que se fueran de una vez, claro.

Frunció el ceño.

-Yo no quiero ir.- aseguró cruzándose de brazos.

Era cierto, el príncipe era increíblemente guapo pero seguía siendo… el príncipe, y ella era Kurosaki Karin, la huérfana a la que le gustaba pasar desapercibida. Ella yendo al baile simplemente no tenía sentido.

-Pues bien, porque el príncipe nunca bailaría con una… Cenicienta como tú.- se burló Mila Rose.

¿Cenicienta? Ese apodo era nuevo.

-¿Siquiera sabes lo que significa eso, idiota?-

-¡No me insultes, Cenicienta! ¡Y claro que lo sé! Significa que eres despreciada.- sonrió petulante.

-Injustamente despreciada.- corrigió ella.

-Cállate, Cenicienta, no contradigas a Mila Rose, que si tiene educación a diferencia de ti.- intervino Harribel obviamente en defensa de su hija.

Contuvo el impulso de rodar los ojos. ¡Ella si tenía educación! Era la única persona que leía los libros que había en la casi abandonada biblioteca de esa casa. No le impedían hacerlo porque ellas creían que leer era aburrido y no sospechaban lo mucho que lo disfrutaba.

-¿Podemos irnos ya?- preguntó apaciblemente Sung-sun.

-Claro, claro. Vamos. Y tú.- la rubia la señaló antes de salir por la puerta. –Espero ver toda la casa reluciente cuando volvamos.- sin más las cuatro arpías se fueron.

Gimió con fastidio. Tendría que limpiar todo en veinte minutos si quería llegar a su entrenamiento a tiempo.

Por fortuna logró hacerlo a tiempo, aunque quedó tan cansada que se retrasó un poco a causa de tener que caminar hasta la plaza.

Al llegar encontró a Ikkaku junto con el tipo afeminado y otro más pelirrojo y con tatuajes.

-¡Vaya, Karin! ¡Hasta que llegas! Comenzaba a pensar que te acobardarías.- sonrió espeluznantemente el calvo acercándose.

-Cállate, ¿quieres?- bufó. -¿Quiénes son tus amigos?- miró interesada a los dos nuevos.

-Ayasegawa Yumichika.- señaló al afeminado. –Él está aquí para enseñarte todo lo que tienes que saber para entrar a nuestro equipo que no requiera fuerza bruta. Abarai Renji.- señaló al pelirrojo tatuado. –Él te enseñara a manejar la espada porque simplemente es un poco más cuidadoso que yo en ese tema. Pero yo le doy una paliza en la lucha cuerpo a cuerpo, y eso es justo lo que te enseñare a ti, damita.- su sonrisa se agrandó.

Karin sonrió emocionada. Si encontraban todo limpio y comida hecha en la cocina, las cuatro tiranas no la necesitarían en un buen rato, y también apostaba que se iban a tardar mucho en sus compras, por lo que tenía tiempo de sobra.

-¿Y qué demonios estamos esperando?-

.

Hitsugaya Toshiro estaba a solo dos meses de convertirse en el rey, algo que nunca hubiera imaginado antes, viniendo de donde venía, las calles podridas de Rukongai, una de las peores ciudades de su nación.

El rey perdió a su esposa cuando esta murió dando a luz a un niño que por desgracia falleció a los pocos días de nacido. Se negó a volver a casarse por lo que decidió adoptar en su lugar, y, quién sabe por qué, fue a la ciudad de Rukongai para dicha tarea de conseguir un heredero. Toshiro y su hermana mayor Momo (que no era su hermana de sangre pero él la sentía así) habían perdido a su abuela y habían acabado vagando por las calles luego de escapar del terrible orfanato que había en su ciudad, cuando el rey los encontró. En realidad, vio a Momo primero, pero se convenció de adoptarlos a ambos luego de conocer a Toshiro y declararlo un digno heredero.

Su padre ya estaba bastante viejo y ahora que Hitsugaya iba a cumplir dieciocho quería que asumiera el trono y, por lo tanto, que se casara. Como no tenía el corazón para oponérsele al hombre que los había rescatado a él y a Hinamori de una muerte segura, accedió.

Y ahora estaba buscando una esposa en esa ciudad al azar que su padre había elegido como la tradición lo dictaba.

Ahora él y su hermana se estaban quedando con un amigo de su padre, Ukitake Juushiro, junto con su institutriz, Matsumoto, que era la encargada principal de planificar el baile que se realizaría en unas semanas.

Toshiro estaba en su habitación leyendo un libro, pero se encontró a sí mismo sin poder concentrarse en la lectura.

Sus pensamientos seguían volviendo a la chica de la plaza del centro de la ciudad que había conocido hace solo una semana.

La que cargaba una carretilla de kilos y kilos de composta sin inmutarse, la que pensó que lloraría por la humillación pero en cambio se enfrentó con orgullosa fiereza a la situación, la que miró con orgullo y desafío a todos aquellos que se burlaban de ella. Esa que rechazó su mano… que casi lo ignora, y que quiso rechazar su obsequio. Esa que aparentemente tenía una vida injusta. La mujer que a pesar de estar cubierta de estiércol lo cautivó con sus ojos negros tan brillantes y con sus labios rosas que tuvo la oportunidad de observar tan de cerca…

Esa mujer que era diferente.

Kurosaki Karin.

Suspiró al recordarla, ¿por qué lo había afectado tanto?

Sí, era diferente, interesante pero… ¿por qué tenía esa infantilmente estúpida necesidad de verla una vez más? Eso nunca le había pasado antes.

Decidido a despejar su mente de tanta tontería, decidió ir a chequear a su equipo de seguridad. Su padre había insistido en mandar a todos sus guardias personales con ellos, mientras él solo se quedó con el equipo especial para protegerse. No había puesto mucha resistencia solo porque Momo también vino.

Bajó a la sala que les había encomendado Ukitake para sus asuntos, encontrándolos justo como se esperaba encontrarlos, peleándose como salvajes.

El líder de guardias se encontraba aburrido en una esquina mientras ni siquiera fingía escuchar lo que Yachiru no paraba de parlotear.

-Zaraki.- lo saludó.

-Niño.- una vena brotó en la sien del albino ante el modo tan insolente en que Zaraki Kenpachi siempre lo había llamado, pero como ya todos estaban acostumbrados al descaro del hombre, simplemente respiró hondo y decidió ignorarlo.

-¿Cómo ha ido todo por aquí? Me enteré de que están tomando un par de reclutas nuevos.-

-Seh, pero todos los que han venido son unos debiluchos que no aguantan nada.- desestimó. –Aunque Ikkaku y Yumichika me cuentan que han estado entrenando a alguien especialmente para que pudiera pelear contra mí.- sonrió sádicamente más animado.

-¿Sí?- frunció el ceño. ¿Tal trato especial? -¿Por qué es eso?-

-Creen que tiene potencial y quieren poner a la niña fuerte y resistente para que pueda darme una pelea decente sin que la mate con el primer golpe que le atine.- se encogió de hombros.

El ceño del menor se profundizó.

-¿Niña? ¿Cómo Kusajishi?- miró a la pequeña de pelo rosa que seguía parloteando sin notar su presencia.

-Nah, una niña de dieciséis, creo… Una que Ikkaku se encontró por ahí y aparentemente logró tumbarlo al suelo de un golpe y tiene un carácter adecuado. La niña buscaba trabajo así que yo dije que estaba bien que si lograba entretenerme un rato la dejaría unirse a nosotros y la llevaríamos cuando volviéramos al palacio.- comentó con poco interés.

¿Qué diablos? ¿En qué estaba pensando Madarame al dejar que una chica de dieciséis se enfrente al bruto de Zaraki? Tendría que hablar con él más tarde…

-¡Pachiku!- o ahora… Vio a la pequeña de pelo rosa saltar directo al hombre calvo que venía acompañado de Ayasegawa y Abarai.

-Madarame.- lo llamó seriamente.

Abarai lanzó un silbido burlón.

-Parece que alguien está en problemas.- se mofó, ganándose una mala mirada del pelón.

-Cállate.- ambos salieron fuera una vez se despegó a la pequeña de pelo rosa. -¿En qué puedo ayudarlo, majestad?- se llevó las manos tras la nuca.

-¿Cómo es eso que oigo de ti arrastrando a una niña de dieciséis años a pelear contra Zaraki?- se cruzó de brazos.

Madarame se revolvió incómodo.

-Uh… esto tiene una buena explicación.- aseguró nervioso.

-Pues explícalo.-

-¡Es que la niña necesita un trabajo, majestad! Ella vive en un lugar horrible del que necesita salir y yo quería ayudarla, y esta es la única forma que encontré de hacerlo.- se cruzó de brazos.

-¿Y qué sería eso? ¿Tu buena acción de la década?- inquirió con frialdad sin creer mucho sus buenas intenciones.

-Hablo en serio, majestad. Probablemente sea difícil de creer, pero creo que tiene una posibilidad. ¡Esa niña es ruda! Yo, Yumichika y Renji la hemos estado entrenando y ella sí que no decepciona, ¡hasta sorprende! Tiene un muy buen progreso. Está realmente decidida a entrar a la guardia y huir de donde vive. Y, maldición, tengo que admitirlo, esa damita se ganó mi respeto.- asintió con orgullo casi paternal.

Hitsugaya frunció el ceño, ¿damita? ¿Dónde lo había oído decir eso antes?

Sus ojos se abrieron amplios al juntar las piezas de información, pero rápidamente volvió a su típica frialdad.

-¿Acaso esa niña… no es Kurosaki Karin?- indagó rogando a todas las deidades equivocarse en sus suposiciones.

-Sí, sí es ella.- afirmó sorprendido. -¿Cómo lo supo?-

Toshiro se llevó la palma de la mano a la frente.

-¿Y quieres hacerla pelear contra Zaraki?- gruñó tratando de controlar su temperamento. Acababa de volver a tener un poco de información de la chica que lo había cautivado solo para enterarse de que Zaraki iba a matarla. Sencillamente genial.

-Bueno… es que no encuentro otra forma de que pueda ser admitida en la guardia real tan pronto. Necesita entrar y ascender rápido para así trasladarse con nosotros y dejar a su familia de brujas.- se encogió de hombros.

El menor miró seriamente al hombre calvo, meditando sus opciones respecto al tema de Kurosaki Karin.

Por una parte, ese era un trabajo demasiado peligroso, pero por otra, él realmente no era quien para negarle esa oportunidad.

Aun así… quisiera asegurarse por él mismo que ella era capaz de manejar a Zaraki y su equipo de locos.

-Trae a Kurosaki aquí mañana a las cinco de la tarde.- le ordenó a Madarame. –Que se prepare, va a pelear contra mí.-

Continuara...

Hola! :D

Aquí el capi 2 n.n Espero q les haya gustado!

Muchas gracias por todos sus comentarios! Los ame! :'3

Y bueno... por ahora esto supongo que no parece q vaya a tener muchas cosas en comun con el cuento original, pero todos los elementos principales van a estar ahi, parodiados a mi estilo HK pero ahi estaran xD

Los personajes de Tite Kubo!

De nuevo les digo q actualizare mañana o pasado, así q no se preocupen ;D

Y bueno, aun no estoy segura de q en serio vaya a poner Lime en esto, todavia no estoy convencida de donde quiero terminar el fic, así q no sé xP

Ahh... ya veremos en donde termina esta loca parodia XD

COMENTEN! *o*

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!