Accidentalmente Cenicienta.
Capítulo 3: Se suponía que debían bailar, no pelear.
-¿Pelear contra el príncipe?- Karin apenas se contuvo de chillar ante las palabras de su instructor. -¿Pero por qué?-
-Creo que lo que Hitsugaya-sama quiere es probarte.- Ikkaku se encogió de hombros. –Dijo que si pruebas que eres digna, podrías entrar a la guardia sin que el capitán te dé una paliza, él estaba molesto por eso, pero tuvo que aceptarlo, órdenes del príncipe son órdenes del príncipe.-
-Tendrán una pelea de espadas y otra cuerpo a cuerpo.- agregó Renji. –Así que mejor practicas con nosotros una vez más antes de enfrentarte a él. Puede que nosotros seamos físicamente más musculosos y nos veas más fuertes, pero te aseguro que Hitsugaya-sama nos daría la paliza de nuestra vida en menos de un minuto sin siquiera sudar.- sonrió condescendiente a ella, que palideció.
-¿Entonces por qué demonios necesita guardias?...- se cruzó de brazos.
-¡¿A quién le importa, damita?! ¡Solo patéale el culo a Renji para que sea mi turno!-
-Pero no te canses mucho, Karin-chan, o estarás fuera de combate antes de siquiera parpadear.- advirtió Yumichika mientras no dejaba de admirarse en un espejo.
-Bien.- aspiró aire tomando la espada de madera y plantándose frente a Renji. -¡Empecemos!- se lanzó contra él.
Estuvieron batallando una buena media hora antes de que Ikkaku reclamara su turno, por lo que pasó poco menos de una hora en una lucha cuerpo a cuerpo contra el calvo antes de que el afeminado recomendara ya parar y preocuparse por estar fuerte para cuando deba enfrentarse al príncipe.
Karin bebió nerviosamente un poco de jugo de naranja mientras no dejaba de pensar en el futuro rey… Ja, como si eso fuera una novedad…
Desde que lo había conocido había pensado en él más de lo que le gustaría admitir, todas las noches se dormía pensando en sus ojos tan cautivadores, y miraba con añoranza el pañuelo que las tres malcriadas habían enmarcado en su habitación como si fuera un tesoro que ellas se habían ganado, fantaseaba con robárselos, o más bien recuperarlo, cada vez que iba a limpiar la habitación de las tres caprichosas.
¡Y ahora iba a ver al príncipe de cerca otra vez! Aunque para pelear… pero seguía siendo lo suficientemente bueno.
Él era tan amable… nada como lo que solía pensar, y sentía… que quería conocerlo mejor.
Ugh, sí que estaba loca.
Las cinco de la tarde llegaron y sus tres instructores ya la habían llevado a la mansión donde se quedaban, metiéndola a una habitación para posteriormente salir, explicando que el heredero al trono no quería público durante su pelea.
Se quedó parada nerviosamente en medio del lugar, mirando las diversas armas que habían colgadas en una de las paredes entre la fascinación y el temor. Era escalofriantemente hermoso.
Se retorció las manos, de repente deseando tener un atuendo más adecuado que un simple Yukata azul descolorido para enfrentarse al futuro rey, o al menos haberse puesto alguna Hakama.
La idea de pelear contra Renji o Ikkaku en faldas realmente no le importaba mucho, pero… Agh, maldición que esto iba a ser incómodo como el infierno.
-Kurosaki.- casi se va de espaldas al reconocer la voz de Hitsugaya Toshiro a sus espaldas.
Volteó, encontrándolo vestido con un Shihakusho y un Haori, en una de sus manos sostenía dos espadas de madera.
Hizo una profunda reverencia.
-Su alteza.- saludó respetuosamente.
El albino la miró con su frialdad característica.
-Tú quieres formar parte de la guardia real, ¿es cierto?-
-S-sí… alteza.- permaneció inclinada, nerviosa.
-¿Lo quieres con todas tus fuerzas?- él sonaba como si no le interesara en lo más mínimo, pero ella sabía que no debía tomar sus palabras a la ligera.
-Sí, alteza.- dijo con más firmeza.
-¿Estás realmente comprometida con esto?-
-Sí, alteza.- repitió.
-¿Pase lo que pase nunca te arrepentirás de unirte a este equipo?-
-No, su majestad.- finalmente se irguió. Planeaba dar respuestas cortas, pero no pudo resistirse a abrir la boca. –Yo necesito hacer esto. Yo tengo que hacer esto, ya no puedo soportar ser tan impotente en cuanto a lo que es mi vida.- cerró los ojos dolorosamente.
Él la contempló con ojos pensativos por un momento, antes de simplemente tenderle una de las espadas de madera, que tomó algo dudosa pero firme.
-Muy bien, Kurosaki, lo único que tienes que hacer ahora es pelear con todas tus fuerzas, pero también con inteligencia, y yo mediré si estas lista o no para pertenecer a la guardia real.- alzó su propia espada de madera con una postura bastante relajada.
Karin apretó la espada entre sus manos, estaba muy nerviosa, pero se tomó un momento para planear una pequeña estrategia ya que el príncipe aparentemente quería que ella atacara primero.
A ver, obviamente él podría derrotarla de un golpe, pero su objetivo era probarla, por lo que no lo haría. Lo más inteligente que podría hacer ahora era concentrarse en el objetivo, ella no podía vencerlo, pero ella tenía que impresionarlo. Defender y lucirse, eso debía hacer.
Tomando una última gran bocanada de aire, se lanzó contra el príncipe.
Como su objetivo no era golpearlo, porque probablemente no podría aun si lo intentara, hizo gala de su agilidad recientemente adquirida girando sobre sí misma y dirigiendo la espada con fuerza hacia su costado, obviamente siendo frenada por él, cuya expresión no era ni un poco impresionada, más bien aburrida.
Retrocedió un par de pasos y atacó de nuevo repetidas veces, tratando de mostrarse veloz y fuerte. Él bloqueaba todos sus ataques apenas y si moviendo su brazo, su mirada carecía de emoción.
De pronto, Hitsugaya lanzó un golpe y Karin alcanzó a cubrirlo, pero fue tan fuerte que la hizo trastrabillar y caer.
-Agh.- gritó de dolor al golpear su cabeza.
El futuro rey frunció el ceño mientras la miraba desde arriba, antes de suspirar y tenderle su mano.
-Bien, Kurosaki, creo que…- estaba segura de que lo que él quería era parar la pelea e informarle que sus habilidades no eran suficientes, ¡pero no iba a dejarse vencer tan fácilmente!
-¡Aún puedo seguir!- exclamó determinada.
Ignorando su mano (otra vez) se levantó por su cuenta y atacó ferozmente contra el heredero al trono, que fácilmente frenó todos sus golpes.
Karin estaba buscando frenética alguna abertura en su defensa, pero su guardia era perfecta, y de a poco estaba empezando a devolver los golpes más, pero ahora ella estaba clavada firmemente en sus pies, no dispuesta a dejar que la hiciera caer de nuevo.
El chico no se veía en absoluto cansado, no estaba peleando en serio, lo único que la consolaba era que aún no le atinaba un golpe.
Puede ser que no diera todo de sí, pero se notaba que en serio estaba tratando de atinarle los golpes, y estaba feliz de tener la suficiente capacidad para frenarlos. Renji le había dicho que era rápida.
Ni siquiera estaba pensando en impresionarlo en ese momento, ni pensaba en las cuatro tiranas ni en nada, nada salvó lo bien que se sentía girar y girar alrededor de la sala con el príncipe, ¡chocando espadas!
Sonrió en medio de todo el frenesí, se sentía sudorosa y jadeante pero feliz y contenta, cada vez que el heredero aumentaba un poco la velocidad, o la fuerza en sus golpes, o siquiera fruncía un poco el ceño cuando ella lo atacaba con especial dureza, se sentía como un logro del que estar orgullosa.
Finalmente, parecía que el albino ya había tenido bastante con la divertida batalla.
-Suficiente.- musitó él entre dientes, y en solo un simple giro de su espada mandó a volar la de ella fuera de sus manos al otro lado de la habitación. –No estás tan mal como pensé, supongo que pasas esta prueba.- suspiró, absolutamente descontento por eso. Se hubiera sentido ofendida por su desanimo de no haber estado tan feliz. –Ahora, la otra prueba.-
-¿La lucha cuerpo a cuerpo?- él, por alguna extraña razón, se sonrojo, y Karin casi se quedó sin aliento. ¿Alguien más había notado que era tan lindo? O sea, todos sabían que el príncipe era apuesto y guapo, pero ella nunca lo vio como alguien que podría llegar a ser… lindo y adorable.
-Algo así.- murmuró en voz baja, sus mejillas aun levemente coloreadas. –Pero no tan así, solo quiero probar un par de… cosas, que creo que tienes que tener si quieres pertenecer a la guardia real.-
-Oh… como usted diga, su alteza.- dio una pequeña reverencia.
Lo notó removerse incómodo, antes de alzar las dos manos con las palmas extendidas frente a ella.
-Primer ejercicio. Quiero que golpees con todas tus fuerzas lo más rápido que puedas a mis manos con tus puños, hasta que ya no puedas más. Esto es para probar tu fuerza y resistencia. Empieza cuando quieras.- no tuvo que decirlo dos veces, de inmediato se lanzó a golpear sus manos con sus puños.
Dirigía su puño izquierdo a su mano derecha y el puño derecho a su mano izquierda, pocas veces cambiando esto. Atacaba rápidamente, medio enojada porque él no se moviera ni un ápice ni retrajera sus manos a pesar de que golpeaba con todas sus fuerzas, aunque con el tiempo dejó de pensar en eso y simplemente se dedicó a imaginar que las manos del príncipe eran las presumidas caras de las cuatro explotadoras.
-¡AGH!- gritó con furia atacando ferozmente.
Estuvieron un buen rato así hasta que el de ojos extravagantes decidió que era suficiente y le dio un poco de descanso antes de ponerla a correr por varios minutos alrededor de la amplia sala.
La dejó descansar después de eso, permitiéndole beber mucha agua y relajarse por un par de minutos antes de hacer otro ejercicio.
-Ahora, Kurosaki, ponte en guardia.- ella se puso recta en sus dos pies de inmediato, poniendo los brazos en la posición que Yumichika le había enseñado. El futuro rey la miró con desaprobación. –Lo estás haciendo mal.- señaló con frialdad.
Frunció el ceño, quería rebatirle, pero era el príncipe, así que solo luchó por no fulminarlo con la mirada y forzó una sonrisa.
-¿Sí? ¿En qué exactamente, majestad?-
-Estás parada incorrectamente, y tus brazos tampoco están muy bien.- se acercó hasta ella, que en este momento tenía un tic.
-Yumichika-san me hizo entrenar horas para ponerme correctamente, no creo estar mal, majestad.- no ser irrespetuosa, no serlo, no.
-Pues entonces Ayasegawa es el que lo hace mal.- aseguró en un tono de no-me-discutas.
-¿Y cuál es la manera correcta de hacerlo, su alteza?- no podía estar tan mal ¿o sí?
-En primer lugar, si te paras así de derecha te barrerán al suelo antes de que puedas siquiera parpadear.- comentó con sequedad. –Así es como debes pararte.- le mostró la forma correcta, que era flexionando levemente las rodillas y adelantando una pierna. Ella imitó su pose lo mejor que pudo.
-¿Así?- él se acercó a ella y se arrodilló a su lado, poniendo sus piernas en la posición correcta sin inmutarse, ignorando como sus mejillas se tornaron escarlatas. Realmente desearía haberse puesto esa Hakama…
-Así.- murmuró luego de terminar la corrección. –Dobla tu cintura un poco, también…- aunque un poco vacilante, la tomó por las caderas y la dobló un poco hacia la izquierda. –Y pon el brazo izquierdo más arriba.- ella lo hizo y él finalmente se apartó.
-¿A-ahora sí está bien?- podía sentir su rostro ardiendo, solo esperaba que él no lo notara.
-Sí…- volteó el rostro un momento, antes de volver a mirarla con una mirada aún más fría que la de costumbre. –Ahora deshaz la postura y vuelve hacerlo.- ella gimió fastidiada pero obedeció. –Ahora sí lo haces bien.- dijo y… ¿de nuevo parecía divertido? ¿Qué era ella? ¿Su payasa personal? ¿Le divertía su enojo? Gruñó por lo bajo pero no dijo nada. Él era el príncipe. –Ahora que corregimos eso, quiero que trates de patearme.-
-¿Hmm?- pestañeó.
-Eso. Trata de patearme.- repitió.
Ella sonrió, incapaz de ocultar las ganas que tenía de patearlo. Corrió hacia él y rápidamente trató de patearlo en el estómago, pero la tomó del tobillo y antes de que siquiera se diera cuenta ya estaba en el suelo.
-Auch.- se frotó su pobre trasero.
El heredero rodó los ojos.
-Tienes mucho que mejorar…- ella se mordió el labio, ¿no era lo suficientemente buena? –Pero he de admitir que estas mucho mejor que varios hombres que ya pertenecen a la guardia.- dijo en tono desanimado, pero fue suficiente para que sus ojos volvieran a iluminarse con esperanza. El príncipe le tendió su mano debido a que seguía en el suelo. –Tómala esta vez.-
-Yo puedo s…-
-Por favor.- ella se quedó muda, ¿acababa de decirle por favor? Sabía que él era más amable de lo que había pensado en un principio (aunque con sus cosillas irritantes aquí y allá) ¡pero seguía siendo de la realeza! Y ellos no tenían la necesidad de decir "por favor". –Toma mi mano esta vez, por favor.- insistió y Karin finalmente se dejó ayudar por el príncipe, enredando su mano pequeña con la del futuro rey, luchando en vano por no sonrojarse cuando él delicadamente la ayudó a ponerse en pie. -¿Lo ves, Kurosaki? No dolió.- ironizó burlón, a lo que su sonrojo aumentó pero más por su molestia que por otra cosa. –Ahora… continuemos.- volvió a su frialdad.
Ella gimió fastidiada. ¿Cómo podía él verse tan fresco cuando ella ya sentía que la vida se le escapaba con cada respiración?
El albino la hizo hacer varios otros ejercicios, como levantar cosas pesadas, trepar por uno de los pilares de la sala y hasta tener una pequeña lucha con espadas de verdad, antes de finalmente ponerse ambos a meditar, cosa que aseguraba era importantísima de hacer correctamente, calmada y en silencio. Aunque era difícil estar calmada en su presencia, sinceramente.
Más que lograr meditar, logró quedarse dormida, por lo que solo despertó cuando sintió una mano sacudir suavemente su hombro.
-No molestes ahora, vieja bruja…- murmuró adormilada, solo para descubrir cuando entreabrió los ojos que el que la despertó había sido ¡el príncipe! ¡Oh, cielos, había llamado vieja bruja al futuro rey! Sonrió nerviosa, de repente más que despierta. –L-lo siento, majestad… yo…-
Él rodó los ojos.
-No te preocupes, Kurosaki, no voy a mandarte a decapitar solo por creer que era otra persona, estabas dormida, comprendo.- la miró casi ofendido.
Se sonrojó.
-S-sí… perdone, su alteza.- dio una última sonrisilla llena de nerviosismo.
-Como sea.- suspiró exasperado. –Ya he tomado mi decisión respecto a tu solicitud.- la miró serio y ella también se enserió. –Sigo sin estar de acuerdo con esto, pero… creo que te has ganado tu oportunidad.- se cruzó de brazos solemne.
Karin se quedó en blanco por un momento, antes de estallar en una enorme sonrisa de alivio y gratitud.
-¡Gracias, majestad!- hizo una profunda reverencia sin ser capaz de borrar su sonrisa.
¡Finalmente tendría la oportunidad de huir!
-Recuerda que debes apegarte a los horarios que te asigne tu superior y completar eficientemente cada tarea que te den. Eres una profesional ahora y espero que no me decepciones, ¿queda claro?- habló con autoridad.
-Sí, su alteza.- probablemente tendría problemas con los horarios debido a las cuatro tiranas, pero no había fuerza en el mundo que la hiciera faltar al trabajo y perder la oportunidad de librarse de esas arpías.
-Bien. Puedes retirarte.- finalmente la dejó ir.
Continuara...
Y aquí el capi 3! :D Espero que les haya gustado n.n
Uff... son las 5 de la mañana y me muero por irme a mi camita, así q ya me voy a dormir de una vez xD
Saben? Creo que en realidad esto van a ser como 6 capis... y aun no tengo el final xP Mi lado irresponsable ataca de nuevo ._.
Como sea, los personajes de Tite Kubo! :)
Muchas gracias por sus reviews! :'D Actualizo mañana o pasado ;)
COMENTEN! *o*
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
