Accidentalmente Cenicienta.
Capítulo 4: Aún no pasa ese baile.
-¡Joven príncipe!- lo llamó su institutriz con entusiasmo. -¿De nuevo está acosando a la damita guerrera?- preguntó con picardía al pescarlo otra vez ocultó tras la puerta con la mirada fija en Kurosaki Karin.
-¡Yo no la estoy acosando, Matsumoto!- se defendió inmediatamente. –Solo… superviso su entrenamiento…-
-Ay, aja.- rodó sus ojos celestes. –Bien, bien, de todas formas, solo quería preguntarle si prefería pollos, carnes o pescados para el baile, todos se inclinan más por las carnes pero…-
-Pon un poco de todo y ya.- se quejó molesto de que lo distrajera de acosar… ¡es decir SUPERVISAR!, a la chica de bellos ojos negros.
-De acuerdo, como diga.- se encogió de hombros. –Y, por cierto, realmente lamentó tener que interrumpir su "supervisión", pero su hermana la princesa solicita su presencia.- declaró con solemnidad.
Toshiro frunció el ceño. ¿Ahora qué diablos quería Hinamori?
Suspiró y dio un último vistazo a Karin, que seguía entrando con Abarai ajena a todo, antes de dar la vuelta y tomar rumbo a la habitación de su hermana.
La encontró sentada en su cama tomando un poco de té mientras leía algo sin parecer estar realmente concentrada en la lectura.
-¿Tú me llamaste?- preguntó con el ceño fruncido mientras se auto-invitaba a sentarse en un sofá de los tantos de la gran habitación.
-Sí, me alegra que hayas venido.- sonrió dulcemente. –Rangiku-san me advirtió que estabas en tu "supervisión" diaria a la guardia real, y que ibas a estar molesto si te llamaba.- rió delicadamente.
Él gruñó por lo bajo, pero no le gustaba enojarse con ella, así que decidió dejárselo pasar, aunque luego regañaría a Matsumoto por andar de bocazas respecto a sus "supervisiones".
-¿Qué es lo que quieres, de todos modos?- se cruzó de brazos.
-Quería preguntarte acerca de esa niña… Kurosaki Karin, la nueva en la guardia.- lo miró seria.
-¿Qué hay con ella?- inquirió tratando de fingir desinterés aunque en el fondo sabía a donde iba su hermana… y no le gustaba nada.
-Shiro-chan…- dejó su té y su libro, mirándolo con cierta tristeza. -¿No te estarás enamorando, verdad?- él no dijo nada. –Papá dijo que eligieras a la mujer que quisieras, pero sabes que lo correcto es que elijas…-
-¿A una ricachona snob qué no sepa más que maquillarse y dar órdenes?- alzó una ceja fríamente.
Su hermana suspiró con pesar.
-Él diría que a una… "mujer con clase y buena familia", pero sí, básicamente. El punto es que serás el futuro rey, y la mujer que elijas será la reina, por lo tanto tiene que tener la aprobación de nuestro padre y también del consejo.- se mordió el labio. –No me malinterpretes, por favor. Lo que yo más quiero es que seas feliz, pero eres tan joven, Shiro-chan… empezaras a reinar antes de tiempo debido a la vejez de nuestro padre que ya no se siente en condiciones de gobernar, y no quiero que la gente y el consejo tenga dudas sobre tu capacidad y tu buen juicio. Estoy segura de que la mujer que elijas será buena, solo tiene que cuidarte a ti y a los hijos que tengan, por supuesto, pero solo pido que no te precipites, serás el rey y debes pensar todo cuidadosamente. ¿Me prometes qué no cometerás ninguna imprudencia?- pidió con ojos preocupados.
El menor se le quedó mirando un buen rato en silencio, tratando de comprender sus intenciones o lo qué estaba tratando de decir, hasta finalmente suspirar mientras asentía. Ella seguramente solo estaba preocupada por el qué dirán, y tenían que preocuparse por eso, porque eran el príncipe y la princesa, pero aun así…
-No te preocupes, lo tendré bien presente.- aseguró. –De todas formas, te estás preocupando por nada, aunque me interesara Kurosaki Karin, hipotéticamente hablando, estoy muy seguro de que yo no le interesó.- comentó como si hablara del clima a pesar de sentir una pequeña punzada pinchando dolorosamente contra su pecho.
Hinamori lo miró con ojos amplios.
-¿A qué chica no le interesaría el príncipe?- indagó sin comprender.
-A ella, porque no es superficial, es trabajadora y no le interesa el poder ni los lujos, dudo que siquiera tenga el deseo de casarse alguna vez.- por lo que pudo ver de ella, tenía la certeza de que todo lo que quería era escapar del lugar donde vivía y tener una vida digna, pero no, ella no quería ser rescatada, ella estaba escapando por sus propios méritos.
-¿Qué mujer no quiere casarse?- seguía sin entenderlo.
-Cada persona es única, Hinamori, hay personas que no piensan como tú o yo.- explicó con paciencia, bien sabiendo que su hermana no tenía mucha interacción con otras personas, y todo lo que creía era que los hombres debían trabajar y cuidar lo suyo, y las mujeres casarse y tener hijos, porque eso fue lo que le enseñaron. –Hubo un tiempo en el que yo creía que todas las mujeres eran iguales, pero eso cambió cuando conocí a Matsumoto, porque ella, a pesar de que a veces es muy floja, cuando trabaja lo hace con eficiencia, me demostró que no todas las mujeres son delicadas florecillas que necesitan ser protegidas.- Rangiku realmente tenía su respeto, aunque nunca lo admitiría en voz alta. –Hay mujeres buenas y malas, y hay mujeres a las que les interesa casarse, y algunas a las que no. No dejes que te impresione la forma de ser de la gente, Hinamori, eres una princesa y no debes tener una única visión de tu pueblo o lo único que lograras es ser una persona muy fácil de engañar.- regañó con suavidad.
Ella bajó la cabeza juntando las manos, su rostro pensativo.
-Muy bien, Shiro-chan.- asintió. –Pero… no olvides lo que te dije, por favor.- se notaba muy preocupada.
-De acuerdo, tú tampoco olvides lo que te he dicho.- sin más se levantó y salió de la habitación.
Por estas horas Karin ya debía estar de guardia… maldición. Tendría que esperar hasta el día siguiente para "supervisar" su entrenamiento. Solo estaba preocupado de que fuera lastimada, se repetía a sí mismo una y otra vez para excusar su comportamiento, no es como si realmente pudiera pasarse todo el día contemplándola, obvio no.
Al día siguiente bajó a la sala de la guardia, encontrando con extrañeza que la Kurosaki no se veía por ningún lado. Se acercó a Madarame dispuesto a interrogarlo.
-¿Dónde está Kurosaki?- fue directo al grano.
-Umm…- miró a su amigo Abarai, que se encogió de hombros. –Parece que aún no ha llegado, majestad.-
Frunció el ceño, ¿faltando al trabajo a la semana de haber sido contratada? Eso no podría pasárselo por alto a menos que tuviera una muy buena razón.
En eso pensaba cuando vio los ojos del calvo y el pelirrojo ampliarse mirando algo en dirección a la puerta, volteó hacia ella también abriendo mucho los ojos por un segundo al finalmente encontrar a Karin.
Ella estaba entrando al lugar cabizbaja, como si pudiera ocultar el enorme moretón que cubría parte de su frente y su ojo derecho.
-¡Karin!- gritaron Abarai y Madarame corriendo hacia la chica, y él estuvo a un pelo de imitarlos, pero se contuvo y simplemente caminó a ella rápidamente.
-¿Qué demonios pasó contigo, damita?- oyó preguntar al calvo.
-Yo… me caí.- comentó débilmente con una sonrisa tonta.
-¡No me vengas con esa mierda! ¡¿Quién demonios te hizo esto?!-
-¡Sí me caí, imbécil!- rugió ella. –Porque me empujaron pero sí me caí.- se encogió de hombros como si no importara.
-¿Fueron las brujas, verdad? ¡Es suficiente! ¡Iré a matarlas!- sacó su espada, hablando totalmente en serio.
-Madarame.- lo llamó y el susodicho se congeló en su lugar. –Sigue el entrenamiento de los reclutas. Tú también Abarai.- los mandó y de inmediato tuvieron que acatar sus órdenes. –Ven conmigo, Kurosaki.- se dio la vuelta sin siquiera comprobar si ella lo seguía fuera del lugar y directo a la habitación de Matsumoto.
Tocó antes de entrar y, sorprendentemente, fue Hinamori quien le abrió la puerta, mientras que su institutriz estaba concentrada en maquillarse con la vista fija en un espejo.
-¡Shiro-chan!- lo saludó dándole un pequeño abrazo. -¡Buenos días! No te vi en el desayuno.- hizo un mohín.
-Eso te pasa por levantarte tarde.- regañó entrando a la habitación, mirando hacia atrás cuando se dio cuenta de que Karin se quedó fuera. –Entra.- le indicó, a lo que ella se asomó al lugar bastante tímidamente.
-¡Yo no me levanto tarde! ¡Tú te levantas demasiado temprano y…!...- se interrumpió al ver a la chica de menos edad. -¡Oh, santo cielo! ¡¿Qué te pasó, pequeña?!- se acercó a ella y tomó su barbilla delicadamente para examinar su rostro correctamente, a pesar de que era solo un centímetro más alta que la de ojos negros.
-No es tan joven para que la llames "pequeña", Hinamori, solo tiene cinco años menos que tú.- rodó los ojos por la exageración de su hermana mayor.
-Oh, eh… lo siento, se ve joven, y es extraño encontrar a alguien más baja que yo.- rió un poco soltando la barbilla de la confundida pelinegra. –Hasta ahora la única que conocía así es Kuchiki Rukia-chan…-
-¿Conoces a Kuchiki Rukia?- preguntó con interés Karin.
-Sí, ¿por qué?- pestañeó Momo. -¿Tú la conoces?-
-No, no exactamente, pero es mi cuñada.- sonrió un poco.
-¡¿En serio?!- la castaña se quedó sin aliento, luego le lanzó al albino una mirada bastante… extraña.
-De todas formas eso no importa.- no queriendo seguir perdiendo el tiempo, se volteó hacia la mujer de más edad en la habitación, que ni siquiera parecía haber notado su presencia. -¡Matsumoto!- la llamó haciéndola brincar.
-¡Ah, joven príncipe!- sonrió alegremente. -¿Qué ocurre?- en toda respuesta solo cabeceó en dirección a la pelinegra, por lo que la de ojos celestes frunció el ceño. -¿Qué le pasó?- inquirió extrañamente seria.
-Yo me caí… y me golpee con un armario.- se frotó la nuca.
-La empujaron.- decidió añadir él, más molesto de lo que le gustaría admitir.
-Eso es grave, muy grave.- Matsumoto seguía con su gesto de seriedad. -¡Quien haya sido pagara caro por lastimar el bonito rostro de la futura reina!- alzó un dedo.
El de ojos turquesas se llevó una mano a la frente. ¡Ya se le hacía raro tanta seriedad en su despreocupada institutriz!
-¡MATSUMOTO!- rugió sin poder evitar que un pequeño sonrojo se arrastrara a sus mejillas. Karin estaba roja como un tomate.
-¿Qué?- Rangiku pestañeó inocentemente. –No me diga que no quiere mandar a decapitar a quien lo haya hecho.- alzó una ceja burlona, cualquier rastro de seriedad totalmente ido.
-Primero, ya se ha prohibido el decapitar a la gente.- se frotó las sienes rogando por paciencia. –Segundo, aunque siguiera vigente no podría hacerlo por un simple empujón. Y tercero, ¡deja de decir tantas estupideces o restaurare las decapitaciones solo para cortar tu cabeza!- amenazó haciendo chillar a la mujer. –Como sea.- suspiró. –Solo quiero que le apliques una de tus cremas para el moretón.-
-Bien, bien, no será problema.- sonrió nerviosa. –Siéntate, linda.- mandó a la de más baja estatura, que obedeció sin decir nada.
Hinamori se apoyó en la pared y él la imitó, ambos viendo en silencio como su institutriz atendía a la chica menor.
-¿Sabes, Shiro-chan?- habló ella. –Estuve pensando en lo que hablamos ayer y…- él la miró atentamente. –Olvida lo que dije.- sonrió.
-¿Eh?- alzó una ceja.
-Eso, olvida lo que dije.- suspiró antes de darle una sonrisa brillante. –Si una chica te gusta entonces ¡manda al diablo a todos los demás!- exclamó con entusiasmo y ojos brillantes mientras a él le resbalaba una gota. –Quiero decir.- juntó las manos. –Tu esposa solo será tuya, y realmente no debe interesar lo que los demás piensen, si a ti te gusta es lo único que importa.- aseguró.
La miró un rato, de nuevo analizando sus palabras cuidadosamente.
-Sí interesa, realmente...- suspiró él. –Como futuro rey, debo…-
-Nop, no interesa.- lo cortó ella y la miró sorprendido. –Solo cásate con quien te apetezca.- sonrió soñadora, antes de lanzarle una mirada picara. –Y si quieres casarte con Kurosaki Karin-chan, tampoco creo que la gente pueda decir nada, de todos modos, ya que tiene familiares entre los Kuchiki.- rió un poco cuando se sonrojó.
-Deja de decir tantas tonterías.- gruñó. Ella era peor que Matsumoto.
-¡Bien! ¡Con eso ya pronto estarás encantadoramente bonita otra vez!- la mayor finalmente terminó de aplicar la crema a la menor. –Oculta el moretón mientras lo sana, ¡esta crema es de lo mejor!- se la dio. –Ten, puedes quedártela, tengo muchas de esas.-
-G-gracias.- la Kurosaki se mostraba muy incómoda con toda esa situación. –Y gracias a usted por traerme aquí, su alteza.- se levantó y le dio una leve reverencia a él y a su hermana. –Princesa.- la saludó.
-Dime, Karin-chan, ¿irás al baile?- preguntó de la nada Hinamori, a lo que le lanzó una mala mirada que ella ignoró con la mirada fija en la nerviosa chica.
-C-claro, princesa.- afirmó y el corazón del albino saltó en su pecho. ¿Ella iba al baile que tenía como objetivo encontrarle una esposa? ¿Eso significaba que ella quería…?... –Todos los guardias asistirán el baile para cuidar las puertas y los alrededores.- ahora su corazón cayó en la decepción. Oh. Solo iba como guardia.
Momo lo miró con un poco de lastima al notar su decaimiento, pero luego sonrió a la chica pelinegra.
-Entiendo.- sonrió misteriosamente, sus ojos brillaban como cada vez que planeaba algo. –Muy bien, entonces, Karin-chan, esperó verte pronto.-
-L-lo mismo digo, princesa.- se quedó parada incómodamente, seguramente esperando que le dieran permiso para retirarse.
-Muy bien.- suspiró. –Vamos, puedes volver con los demás pero tomate las cosas con calma, ¿entendido?-
-Sí, majestad.- por alguna razón sus pálidas mejillas se habían coloreado de tenue rosa. –Gracias… por todo.- susurró apenas.
-No hay problema.- sin poder evitarlo se quedó mirándola largo rato, hasta que notó sus mejillas enrojecer por su mirada y sintió las suyas propias también de repente ardiendo. –Puedes retirarte.- ella se inclinó una última vez antes de salir prácticamente corriendo lejos de él, que de inmediato también abandono la habitación para no tener que ser sometido al interrogatorio de las dos mayores.
"Voy a casarme pronto", se repitió Toshiro en su mente, "y ella no está interesada en mí".
Decían que si te repetías las cosas una y otra vez tal vez terminaras creyéndotelas, pero su mantra cada vez carecía de más convicción.
Continuara...
Holaaa! :D
Bueno, ese fue el último cap q tenía totalmente escrito, así q ahora tendrán q esperar días antes de q les pueda traer el próximo cap, sorry :c
Aunque no tendrán q esperar mucho por el final, claro, solo faltan dos o tres capis más xP
Uff! Pueden creer q llegue a mi historia numero 100 (en general, no solo incluyendo los OS HK) y ni cuenta me di XD
Mi fic numero 100 fue "Uvas, fresas y papas fritas", siempre lo llevare en mi kokoro :'D
De todas formas, ya me falta poco para llegar a mi OS HK numero 100, y saben lo q vendra con eso e.e LEMON! owo
En lo personal odio mis Lemon pero tratare de esforzarme en q sea de su agrado, digno de ser mi OS HK 100 :')
Bien, espero no tardarme en traerles el cap 5, los reviews tal vez ayuden a motivarme ;D
Los personajes de Tite Kubo!
COMENTEN! *o*
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
