Accidentalmente Cenicienta.
Capítulo 5: El hada madrina no era la princesa aquí.
-…Y tienes que encargarte de dejar todos y cada uno de los muebles libres de cualquier mata de polvo, no quiero que las estilistas que contrate para arreglar a mis hijas se sienten en muebles polvorientos. Y no olvides dejar los pisos relucientes, tampoco. Y como vuelvas a olvidarte de limpiar algo para desaparecer por horas otra vez, te aseguró que otro ojo morado será la menor de tus preocupaciones.- advirtió amenazadoramente Harribel paseándose de un lado a otro por la sala, mirando con repulsión a su hija adoptiva. –Basuras como tú solo vienen al mundo a servir a gente como yo, y como mis preciadas hijas, así que se agradecida de que al menos me molesto en dejar que te alimentes con la comida que yo compró. No quiero tener que volver a maltratar mis muebles golpeando tu inútil y feo rostro.- detuvo su andar y la miró directamente a los ojos. -¿Entendiste, Cenicienta?- indagó con burla.
Karin apretó la mandíbula, mirando con pura rabia a su madre adoptiva. Su ojo y su frente ya estaban mucho mejor pero aun así el solo recuerdo de Harribel empujándola haciéndola caer contra el armario hacía hervir su sangre en rabia a pesar de que hubiera sido hace casi dos semanas ya.
Pero de todos modos no podía hacer nada.
Era obedecerla o ser vendida a un prostíbulo, y prefería soportar a la rubia ella misma que hacerla ganar dinero por hacer su vida aún más miserable de lo que ya era. Además, ya estaba cerca de finalmente poder largarse de allí, solo tenía que soportar un poco más…
-Sí.- tomó una gran bocanada de aire. –Entendí.- apretó los puños con impotencia… realmente le gustaría borrarle la sonrisita petulante a golpes. Pero solo debía aguantar un poco más.
-Bien.- la rubia asintió complacida. –También quiero que cuando vengan las estilistas tengas preparado el té y los bocadillos, y para ello quiero que ocupes la vajilla de plata.-
-¿Qué?- pestañeó. –P-pero la vajilla de porcelana se considera más elegante…- y mucho más fácil de lavar.
-No me interesa, quiero utilizar la de plata.- sonrió con maldad. Hace años que no utilizaban la vajilla de plata, tenía telarañas y seguramente también moho, y debería pulirla y lustrarla y… -Y recuerda que solo tienes dos horas antes de que lleguen las estilistas.- recordó con burla antes de finalmente marcharse dejándola sola en la sala que debía limpiar.
Suspiró resignada antes de ponerse manos a la obra, tomarse unos minutos para ahogarse en su miseria solo la retrasaría y la haría llegar tarde a su turno cuidando la mansión donde se quedaban los reales, lo que la haría ganarse otro regaño del príncipe…
Ah, el príncipe…
Casi sonrió en medio de estar trapeando el piso al pensar en él, casi.
Últimamente estaba fantaseando mucho con la idea de cómo hubieran sido las cosas si él no fuera un príncipe, si lo hubiera conocido siendo un simple campesino… si tal vez tuviera alguna oportunidad de acercarse más a él.
Pero Karin se enorgullecía de ser una persona realista.
Pff, cómo si ella pudiera acercarse a él siendo un príncipe. Eso nunca iba a pasar de una relación príncipe-guardia/donnadie.
Y ni siquiera estaba segura de por qué quería acercarse a él y conocerlo mejor, varias veces se le había pasado por la cabeza la posibilidad de que ella estuviera… enamorada… pero la rechazaba inmediatamente.
¡Se negaba a ser una más del montón de las idiotas enamoradas del príncipe Hitsugaya Toshiro!
Aparte de enorgullecerse por ser realista, también se enorgullecía por ser racional, y siempre había pensado que las enamoradas del príncipe eran seres no-muy-racionales. ¡Era idiota enamorarse del futuro rey! La mitad de las mujeres de la nación soñaban con ser sus esposas y por lo tanto la futura reina, y ella no quería sumar una más al número. Siempre había pensado que era diferente de esas mujeres, que no aspiraba al poder y a la atención, ¡pero mírenla! Suspirando y fantaseando con el príncipe… era tan patética.
"No", le susurró una voz en su cabeza, que curiosamente sonaba muy parecida a como recordaba que hablaba Yuzu, "tú no estás suspirando por el príncipe, tú estás suspirando por Hitsugaya Toshiro."
Karin se congeló en medio de su tarea de sacudir los sofás, pero rápidamente la reanudo mientras seguía pensando y pensando.
Era cierto, el príncipe era solo un chico, una persona como ella, no debía etiquetarlo por su estado social ni la familia a la que pertenecía, seguía siendo un ser humano.
Hmm, parecía que ella no era muy diferente de todas las personas prejuiciosas, después de todo. Antes solía pensar mal del príncipe porque todas las mujeres babeaban por él y decían que tenía una actitud digna del futuro rey, lo juzgaba por los chismes y su porte de frialdad. Y ahora que lo estaba conociendo y se daba cuenta de lo amable y buena persona que era, no dejaba de etiquetarlo solo como el príncipe, como olvidando que él era solamente otra persona, un simple mortal como ella.
Terminó con la sala y fue a encargarse de la vajilla de plata, sabiendo que iba a ser un duro trabajo, mientras su mente no dejaba de pensar en Hitsugaya Toshiro.
¿Siquiera estaba bien pensar en él? Mañana era el baile, mañana se conseguiría una esposa. Está bien que no estaba tan mal suspirar por él por más que fuera el príncipe, pero suspirar por un hombre comprometido era un asunto completamente distinto.
En vez de estar tratando de convencerse de que no era tan ridícula la idea de que le guste, debería estar hallando la manera de sacárselo de la cabeza. Él se iba a casar pronto.
La idea le provocaba más tristeza de la que le gustaría admitir.
Negó con la cabeza y se concentró en terminar sus trabajos de esclava.
Era inútil tener esa clase de pensamientos.
Afortunadamente terminó con tiempo de sobra y solo tuvo que llevar el té y los bocadillos a las tiranas y sus estilistas antes de escaparse a la biblioteca para dar la impresión de que ahí iba a quedarse el resto de la tarde. Nunca entraban ahí, así que era seguro guardar allí su Shihakusho, el uniforme de la guardia.
Se cambió y ajustó su coleta baja en una alta, mirando distraídamente entre las estanterías, cuando de repente el título de un libro llamó su atención.
La Cenicienta, se titulaba el libro viejo y polvoriento en la sección de romance y fantasía.
Alzó una ceja al verlo. Nunca lo había notado porque ella solía leer más que nada cosas de aventura o historia, rara vez leía un libro romántico, dejó de hacerlo una vez ella y Yuzu fueron separadas, su gemela era más de leer romance, pero a ella nunca le interesó.
"Cenicienta", así habían comenzado a llamarla las tiranas por una confusión en su definición, no sabía que había un libro que se titulara así pero no podía evitar sentir curiosidad respecto a de qué podría tratarse.
¿Sería de una persona injustamente maltratada… o de alguien que se la pasara mucho entre las cenizas o tuviera una piel cómo éstas?
Se encogió de hombros y tomó el libro, guardándolo entre los pliegues de su Shihakusho.
Siempre se llevaba un libro para hacer la guardia, claro que estaba atenta de todos modos, pero sí que aburría simplemente sentarse.
El príncipe la había regañado una vez por no estar atenta, pero ella le aseguró que tenía una muy buena vista periférica, y que si alguien se acercaba a su zona sin duda lo notaría. Se sorprendió cuando el heredero al trono en serió decidió ponerla a prueba y dos días después envió a alguien a emboscarla, de todos modos pasó la prueba positivamente pues rápidamente notó al tipo y lo inmovilizó, pero no dejó de extrañarse de que quisiera probarla a ese punto, y no sabía si eso era bueno, porque la notaba, o malo, porque dudaba de sus habilidades y sus palabras.
Una vez asegurando que no olvidaba nada, escapó por la ventana de la biblioteca, esperando estar a tiempo para tomar su guardia, sino la iban a mandar con Zaraki (a su posible muerte) o bien, con el príncipe (a su posible colapso mental por los nervios y el exceso de rubor), a modo de reprimenda. Era nueva y quería ascender rápido, así que tenía que ser cuidadosa y eficiente. Esta era su oportunidad de una mejor vida y no debía desperdiciarla.
Llegó justo a tiempo, por lo que Ikkaku se molestó un poco de que no hubiera podido llegar temprano para así entrenar un poco. Karin se marchó fuera rápidamente a hacer su guardia cuando Zaraki comenzó a acercársele con la intención de retarla a una pelea. Todos le habían recomendado mantenerse alejada de él o probablemente no viviría para contarlo.
Tenía que hacer guardia en las cercanías de la puerta, otro guardia la acompañaba pero se mantenía del otro lado de la entrada, por lo que solo se sentó, estudió el perímetro por unos momentos, antes de relajarse y sacar su libro La Cenicienta.
Era de romance, fantasía, probablemente para niñas, pero de todos modos esperaba que fuera lo suficientemente interesante para mantenerla entretenida.
La historia era de una chica joven que tenía una madrastra y dos hermanastras que se quedaron con todo lo suyo y encima la convirtieron en su sirvienta, y le decían Cenicienta debido a que la chica joven se la pasaba entre las cenizas o algo así. Las madrastras y hermanastras eran malvadas, casi tan malvadas como su "familia" adoptiva, casi.
Yumichika le trajo un té en medio de su lectura, a lo que ella le agradeció sonriente, pero escupiendo su quinto sorbo del líquido caliente cuando la historia comenzó a hacer alusión a un príncipe y un baile.
Tenía que ser una jodida broma…
Siguió leyendo con una ceja en alto, pero cuando llegó a la parte de la fantasía, cuando empezaban a concederle deseos a la muchacha, captó algo por su visión periférica y de inmediato se puso en guardia, relajándose cuando se dio cuenta de que solo se trataba de la princesa.
-Hinamori-sama.- hizo una profunda reverencia, a lo que la princesa solo rió delicadamente, indicándole con un gesto que se irguiera.
-No hay necesidad de tanta formalidad, solo llámame por mi nombre, con confianza.- sonrió dulcemente.
-C-como desee…- pestañeó un poco nerviosa. –Momo-san.- se decidió a que eso era lo suficientemente formal e informal.
Ella asintió complacida.
-¿Qué lees, Karin-chan?- se inclinó curiosa, tratando de obtener una mejor visión de su libro. -¿La Cenicienta? ¿De qué trata?- preguntó cuándo vislumbró el título.
-Umm…- no sabiendo cómo comportarse delante de una princesa, simplemente le tendió el libro.
-¿Magia?- las cejas de la mayor se alzaron mientras leía la parte por la que se había quedado. –Y… ¡oh, un príncipe!- exclamó emocionada al pasar página.
-S-sí… no suelo leer estas cosas, pero… me pareció interesante.- se rascó la mejilla. –Aún no lo termino, pero si quiere cuando lo haga se lo puedo prestar.- sonrió levemente.
-Me encantaría, querida.- asintió sonriente, luego volvió a mirar el libro y frunció el ceño por algo mientras pasaba más y más páginas. –Entonces… ¿esto trata de una muchacha humilde, una sirvienta, que se casa con el príncipe con ayuda de la magia?-
-Sí, princesa.- no había llegado a esa parte pero era obvio que se casarían, era un cuento, después de todo, y tenía ayuda mágica.
-¿Y no hay quejas del rey ni del consejo por eso, ni tampoco prejuicios del pueblo?- frunció adorablemente el ceño mirando más páginas en el libro.
-Es solo un cuento, princesa.- señaló humildemente.
-Hmm…- ella infló una mejilla mientras seguía ojeándolo. -¿Te gustan los cuentos románticos y milagrosos, Karin-chan? ¿O la idea de casarte con un príncipe?- sonrió pícaramente al preguntar lo último.
-¿Q-qué?... ¡No, no! ¡¿Pero qué dice?!- exclamó sonrojada ante las risas de la castaña. –Solo me llamó la atención el título por… algo personal.- frunció el ceño con rabia al recordar a las tiranas.
El gesto de la princesa se enserió mientras le regresaba el libro.
-Oye, Karin-chan… puedes confiar en mí, ya sabes, olvida que soy una princesa, también soy una chica y puedo ser una buena amiga.- sonrió un poco. –Sí quieres decir algo, aunque sea para desahogarte, puedes decírmelo.- y como para reafirmar sus palabras, se sentó en el suelo junto a ella indicándole sentarse también, sin importarle ensuciar su carísimo Kimono.
La Kurosaki debía admitir que estaba un poco impresionada.
Se sentó junto a Hinamori Momo y miró al cielo por un momento, preguntándose si sería buena idea hablar de sus asuntos con una princesa.
"¿De nuevo con eso?", regañó la voz que sonaba como Yuzu, "ella también es una persona, ya sabes".
¡Claro que lo sabía! Pero… ¿pero qué? ¿Tal vez no se sentía cómoda hablando de las humillaciones a las que era sometida? Bueno, sin duda no se sentía cómoda, pero eso no quitaba sus ganas de hablar, realmente se moría de ganas por quejarse de eso con alguien… y no podía hacerlo con sus amigos de la guardia porque seguramente querrían matar a las tiranas (y hablaba en serio) y luego serían encerrados por eso.
Tal vez no fuera tan mala idea… hablar con la princesa.
-Bueno…- se mordió el labio, insegura, luego miró a su alrededor asegurando el perímetro y tomó una gran bocanada de aire. –Todo comenzó cuando tenía siete años…- comenzó, y para cuando terminó, la princesa tenía el rostro empapado en lágrimas. –Y por eso necesito tanto este trabajo como guardia.- decidió agregar al final de su relato.
La princesa se enjuagó las lágrimas del rostro.
-Lamento todo lo que has tenido que pasar… no puedo creer que haya gente tan mala en este reino, el reino de mi padre.- se llevó una mano al pecho con ojos tristes. –De esto es lo que me hablaba Shiro-chan…- murmuró en silencio más para sí misma.
-¿Dijo algo, Momo-san?-
-¿Eh? Oh, no, no, no te preocupes.- le sonrió dulcemente, luego miró al libro con ojos serios. –Karin-chan, ¿segura que no quieres ir al baile?- inquirió de la nada.
Karin alzó una ceja, pero respondió.
-Aunque quisiera no podría ir.- y no quería. Prefería no ver a Hitsugaya Toshiro bailar con decenas de mujeres hasta encontrar una con la que quiera casarse. –Tengo que hacer guardia, y como le dije, es muy importante para mí tener un buen desempeño en mi trabajo.-
-Bueno, ya sabes, la guardia real está bajo las órdenes del rey, el príncipe y la princesa.- sonrió con ojos brillantes y una sonrisa un poco ladeada, lo que le recordaba mucho a un gesto que hacía su gemela cuando estaba tramando algo.
-¿Qué quiere decir?- pestañeó desconfiada.
-Quiero decir que tal vez yo necesite una guardia conmigo en toda la noche del baile.- guiñó un ojo.
-M-Momo-san, usted ya tiene guardia…- se quejó nerviosa de a dónde quería ir la de la realeza.
-Sí, pero todos entenderán que yo me sienta más cómoda con una mujer.- aseguró encogiéndose de hombros.
-P-pero… pero…-
-¡Ya está decidido! ¡Mañana estarás bajo mis órdenes!- sonrió entusiasta.
No había pero que valga ante una princesa decidida.
Finalmente, el día llegó. El día del Gran Baile.
Karakura estaba completamente revolucionada.
Las mujeres jóvenes se peleaban por cuál de ellas se convertiría en la prometida del príncipe, y las mayores por cuál de sus hijas las convertirían en suegras del futuro rey.
Los comercios de estilistas, maquilladores, peluqueros, joyeros, las boutiques, y todo lo relacionado con la belleza, se estaban haciendo ricos debido a la demanda masiva de mujeres desesperadas por ser la más hermosa del baile.
En la casa de Harribel Tier se estaba armando su propio pequeño revuelo, con la rubia tratando de convertir a sus hijas locas en finas muñecas de porcelana y estas más que dispuestas a ello, y por lo tanto todas atosigando a Karin con órdenes y más órdenes.
-Plancha mi Kimono.-
-Lustra ese adorno.-
-Ajusta mi Obi.-
-Ayúdame a vestirme.-
-Trae mis zapatos.-
Esas eran solo unas pocas de todas las cosas que le ordenaban hacer en su desesperación por creerse con posibilidades de conquistar el corazón del príncipe, como si no hubieran decenas y decenas de otras chicas igual de lujosamente vestidas y acicaladas.
O al menos Karin deseaba que no tuvieran posibilidades, si el príncipe elegía a alguna de las tres tiranas… no sabía cómo iba a reaccionar… Ja, ¿a quién engañaba? Por supuesto que sabía cómo reaccionaría.
Su corazón se partiría en pedazos y su vida se arruinaría por completo y para siempre, pues ni loca sería guardia al servicio de las tiranas ahora perteneciendo a la realeza. Prefería el prostíbulo, muchas gracias… bueno, no, no en realidad, pero seguramente ahí la vendería Harribel si el príncipe se decidía por una de sus malcriadas hijas.
Pero confiaba en que el príncipe no sería lo suficientemente estúpido como para fijarse en mujeres tan malas y manipuladoras como ellas, pero aun así la pequeñísima posibilidad la llenaba de terror, aunque una parte de ella admitía que sea quién sea la mujer que el príncipe elija para casarse, le iba a doler de todos modos.
De todas maneras no se animaba a ponerle nombre a los sentimientos que tenía hacia Hitsugaya Toshiro. Prefería no hacerlo.
El carruaje llegó por las tiranas poco después de que estuvieran listas, y Harribel se volteó hacia ella en lo que sus odiosas engendras salían de la casa.
-Muy bien, Cenicienta, volveremos aproximadamente a la medianoche, estaremos muy cansadas así que más te vale que te encuentre aquí lista para ayudarnos a prepararnos para dormir.- la miró amenazadoramente. –Si no ya sabes lo que te espera.- advirtió antes de finalmente largarse dejándola sola en la casa.
De inmediato corrió a la biblioteca a cambiarse.
Una vez estuvo lista salió por la ventana y emprendió su camino a la mansión donde se celebraría el baile.
Saludó a algunos de los otros guardias que custodiaban las puertas antes de entrar por la trasera para dirigirse a donde la princesa.
Ella la saludó con emoción.
Estaba vestida con el Kimono más hermoso que Karin había visto nunca, que aunque era de color rosa estaba repleto de tantas flores tan hermosamente plasmadas que realmente parecía un pequeño jardín andante.
-Momo-san.- se inclinó con respeto.
-¡Me alegra que hayas venido, Karin-chan! ¿Lista para el Gran Baile?- la miró con ojos brillantes.
-Sobre eso… Momo-san… yo realmente preferiría no tener que asistir.- se mantuvo inclinada, deseando que no estuviera siendo muy irrespetuosa y ofendiendo a Hinamori Momo.
-Te he elegido como mi guardia, debes cumplir con tu deber.- rebatió seria sin mostrarse nada ofendida, tampoco regañándola, solo se notaba tranquila.
-Pero, Momo-san… esperó que entienda que mi madre adoptiva y sus hijas están ahí, y no quiero que descubran mi trabajo.- ya había sido bastante difícil mantenerlo en secreto.
-Oh, no te descubrirán, créeme, me asegurare de que eso no pase.- sonrió inocentemente.
-¿A qué se refiere? ¿Cómo va a…?...- de repente se interrumpió a sí misma, pálida al descubrir lo que la castaña quería decir.
-¡Te maquillaremos!- Karin gimió disgustada.
-Supongo que no puedo opinar al respecto, ¿verdad?- se quejó con desagrado.
-¡Nop!- concedió la princesa. –Y también te tengo un regalo.- se dio la vuelta dirigiéndose a un gran armario, sacando un precioso Kimono sobre la cama.
Karin contuvo sus impulsos de dejar caer su boca abierta ante la belleza de aquel Kimono, ¡era aún más lindo que el que traía la princesa! O bueno… al menos en su humilde opinión.
Verdaderamente aquel Kimono parecía una noche estrellada, como si alguien lo hubiera arrancado del firmamento. Su color era el exacto del cielo nocturno, y tenía tantas estrellas que dudaba que alguien pudiera contarlas.
-¿Precioso, no?- preguntó Matsumoto Rangiku saliendo de la nada, haciendo brincar a la menor en su lugar. –Fue un regalo que me hizo la reina antes de morir cuando yo era muy joven, pero crecí más de la cuenta y realmente nunca pude usarlo.- sonrió nostálgica mirando el Kimono. –Pero supongo que la reina se sentirá muy honrada de que su sucesora lo utilice en esta noche tan especial.- celebró dando palmadas.
-Yo no soy…-
-¡Tenemos otro regalo para ti, Karin-chan!- intervino la princesa sacando de su armario una elegante caja de madera y colocándola frente a ella, abriéndola para revelar unos bonitos zapatos dorados.
La Kurosaki miró nerviosa a los zapatos y luego a las mayores, rascándose la mejilla tímidamente.
-Umm… G-gracias, Momo-san, pero… no creo que me queden…-
-¿Qué? ¿Son muy pequeños?- indagó Matsumoto alzando un zapato y luego uno de sus pies, sin importarle tirarla de espaldas sobre la cama. -¡Oh, cielos, pero si son muy grandes! ¡Qué pies tan chiquitos, querida!- rió cantarinamente. La princesa también observo sus pies, quitándole la sandalia y el calcetín para medirlo bien.
-No me imaginaba que tuvieras pies tan pequeños y delicados…- comentó pensativa.
No eran tan delicados, en realidad, tenía algún que otro cayo, pero seguían pareciendo piececitos de niña. Era una de las pocas cosas que compartía con Yuzu, pies y manos pequeñas de apariencia frágiles, aunque admitía que las extremidades de ella eran aún más pequeñas que las de su gemela, pues Yuzu siempre fue un poco más alta.
-Me imagino que siempre tienes que comprarte zapatos para niños.- se burló la institutriz sacándola de sus pensamientos. –Pero de todas formas, Momo-chan, ¿tienes algo que le queden a esas dos cositas?- se llevó las manos a las caderas, preocupada de que sus planes de convertirla en su muñeca se arruinaran, probablemente.
-Bueno… no se suponía que fueran en realidad utilizados por alguien pero…- la princesa de nuevo volvió a su armario, ahora sacando una caja que parecía hecha de cristal. –Shiro-chan los compró para mí, se supone que es un souvenir, solo de decoración, pero si no te incomodan, creo que estarían bien para ti.- abrió la caja, revelando unos pequeños zapatitos que más que de cristal parecían estar hechos de hielo, incluso al tacto estaban fríos, comprobó cuando se los dieron a probar.
Tenían un pequeño tacón y una mariposa coronando su escote, todo hecho de ese cristal frío que parecía hielo.
Eran muy pequeños, por un momento pensó que incluso a ella no podrían entrarles, pero le quedaron perfectamente, y eran sorprendentemente cómodos y frescos.
-¿Y bien?- preguntó la de ojos celestes.
-M-me quedan bien…- sonrió un poco, tratando de ocultar su nerviosismo por a dónde se estaba metiendo.
-¡Empecemos la transformación entonces!- gorjearon las dos mujeres mayores sentándola en el borde la cama y sacando cientos de utensilios de peluquería y maquillaje.
Esto solo podía augurarle a tortura.
Continuara...
Holis! :D
Lamento la tardanza, pero las advertí xP
Iba a subir esto ayer, pero se me fue el Internet o3o Así que aproveche y ya tengo la mitad del otro capi escrito owo
Así q si lo quieren pronto ya saben lo que tienen q hacer... REVIEWS! *w* Ustedes denme muchos de esos y pronto tendran el cap 6 uwu
Uff... esta cosa si q me quedó mucho más larga de lo q pense XD
Probablemente acabe teniendo 8 capis :T
De todas maneras espero q les este gustando! Y no olviden q los personajes de Tite kubo! n_n
Por cierto, imaginen un ¬¬ al lado de cada titulo, así me los imagino yo xD pero no los pongo por cuestiones de, ya saben, todas esas mierdas de No-caritas en los fanfics :P Solo las permito en las N/A n3n
POR CIERTO! o_o
Acabo de enterarme de un par de cosas en cuestiones de Yuzu y Karin, resulta q Yuzu es la mayor de las gemelas, y yo la había estado poniendo como la menor D: Y tambien, Yuzu es realmente más alta q Karin, eso ya lo sabía pero igual lo aclaró :v Solo por un centimetro pero es más alta XP
Bueno... solo eso xP
Espero pronto traerles el cap 6 8D Y el final, de una vez e_e
COMENTEN! *o*
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
