Capítulo 16: El Sharingan renace

-¿Están seguros? – pregunto Tsunade, dando una fuerte palmada en el escritorio. Izumo asintió con seguridad. Los ojos ámbar de la líder de la aldea de la hoja volvieron hacia los papeles que yacían en su escritorio, el informe de la sección de interrogación y tortura -. ¿De dónde es ese chico?

-Según los informes, de la aldea de la cascada. – Contesto – pero no creo que debamos fiarnos de eso.

-¿Quién lo atendió en el hospital?

-Sakura. – dijo Kotetsu.

-Maldición. – mascullo recostándose en su silla. – ¿No hay informes de Sai aun?

-No – respondió Izumo. -¿Qué sucede Tsunade-sama?

-Se han llevado a Sakura y aun no tenemos ninguna pista de quien ha sido…

La puerta del despacho se abrió abruptamente captando la atención de todos. Shizune apareció con la respiración entrecortada y una capa de sudor cubría su rostro.

-Lo perdí – dijo tomando grandes bocanadas de aire. –Perdí a Minato. Ya lo busque por toda la aldea y no hay rastro de él.

-¡¿Cómo fue posible?! – grito Tsunade, colocándose de pie.

-Haruno-San lo dejo en el parque con sus amigos. Cuando regrese no había rastro de él, ni de sus amigos.

Izumo frunció el ceño. Intentando recordar un suceso extraño frente a la entrada de la aldea.

-Tsunade-Sama… - comenzó mirando por un instante a su amigo, que estaba pendiente de sus palabras. – nosotros hemos visto salir a la chica de los Inuzuka hace unos momentos. Si no mal recuerdo es amiga del niño de Sakura. Podría ser que se hayan escabullido.

-¡Maldición! –volvió a gruñir. – Y se hacen llamar jounin. Manden un mensaje a Kakashi que busquen a eso niños en el camino. – ordeno Tsunade. – Shizune, quiero que los alcances. Y dile a Shikamaru que mande al escuadrón de búsqueda por Ao. Quiero su paradero lo antes posible.

-¿Y Uchiha? – pregunto la morena.

-Presiento que estarán en el mismo lugar que Minato. – Contesto en un murmullo, pasando sus ojos cerúleos por la sabana verde de hojas que se extendían más allá de las murallas de la aldea. El recuerdo de las palabras dichas por el niño esa mañana llego a su mente… no podía estar pasando todo eso.

Las órdenes de la Hokage se acataron de inmediato.

Neji, Shino e Ino, se encontraban en el cuartel de interrogación junto a Shikamaru, esperando algún mensaje o que finalmente lograran sacar algo de información de la pelirroja. Los tres hombres se mantenían apoyados en la pared con sus ojos cerrados, intentando encontrar en su mente cualquier pista que ayudase en esa búsqueda, mientras ignoraban olímpicamente a la rubia que balbuceaba y daba grandes zancadas por todo el salón, recorriéndolo sin cesar. La pesada puerta se abrió abruptamente dando paso a Shizune que los observo con la respiración desbocada. Los ninjas fijaron sus ojos en ella de inmediato, esperando cualquier orden.

-Tenemos un nuevo sospechoso. – tendió el informe del hospital, con los datos del shinobi de la cascada y comenzó a explicar la situación.

Shikamaru entrecerró los ojos al notar el tiempo que el tal Ao había permanecido en la aldea y las veces que había visitado el hospital… más que suficiente para evaluar las habilidades de la Kunoichi, conocer su rutina diaria y planear una huida exitosa. Sin duda después de la barrera de la aldea, habrían tenido mas ayuda. Por lo que sería ilógico buscar a un solo shinobi. Además, la presencia de un criminal tan buscado como Sasuke cerca de la aldea, había servido como una distracción perfecta.

Aunque siempre existía la posibilidad- remota- de que el Uchiha estuviera involucrado.

No podía descartar nada hasta tener mas pistas.

-Sera mejor que partamos en busca de Sai y Kiba lo antes posible. – les dijo a sus compañeros. – tenemos un nuevo objetivo.

-¿Y Kakashi? – pregunto la morena, al no mirarlo en la habitación.

-Ha partido junto a Naruto. – respondió Neji -. Obtuvieron una pista de Uchiha y fueron detrás de él, aunque aún no hay rastro de Sakura.

-Perfecto. – murmuro con alivio. – es hora de irnos.

Los cinco shinobis partieron, sabían que estar en la aldea era una pérdida de tiempo. El shinobi había sido cuidadoso en no dejar ninguna pista dentro de la aldea, cualquier indicio de ellos lo deberían encontrar en el campo abierto.

-1-

Sasuke se tensó al escuchar las pisadas acercándose. Miedo, por supuesto que no. Era la adrenalina preparando cada musculo para la batalla. Instintivamente su mano se colocó en el mango de su katana, casi como una caricia, y espero. Atento a cualquier indicio que estuvieran lo suficientemente cerca, tal vez de esa manera calmaba su furia contenida.

Sintió el chakra de Suigetsu acercarse a su espalda, al mismo tiempo que otro chakra desconocido irrumpía en el claro. Inmediatamente lanzo un kunai, con su mano libre, en forma de advertencia al tiempo que giraba sobre sus talones.

No estaba preparado para lo que miro. Ambas cejas se levantaron, siendo la única señal visible de su sorpresa. Luego, una exclamación unísona y aterrada de aquel grupo de niños llego hasta sus oídos, para después verlos caer estrepitosamente unos sobre otros.

Sus ojos oscuros se clavaron en Suigetsu, que miraba la escena divertido, esperando una explicación.

-¿Qué significa esto? – pregunto finalmente al percatarse que el peliblanco no se percataba de su insistente mirada.

-Veras Sasuke, hay uno de ellos que te parecerá bastante… curioso. – respondió esbozando una sonrisa de travesura que el moreno no comprendió. No había nada que le pareciera interesante en una bola de niños, hasta el momento le parecían irritantes.

-Hmp… no tenemos tiempo para estas estupideces.

Se dio la vuelta con la intensión de seguir su camino, sin embargo, una voz infantil lo detuvo unos pasos después.

-¿Es usted Sasuke-san? – pregunto la niña, logrando sentarse sobre uno de sus compañeros, con un tono de… ¿alivio? en su voz. – lo hemos estado buscando. Queríamos pedirle un favor.

Sasuke no pudo evitar bufar para sus adentros, aquello sí que era una gracia. Nadie le había pedido un favor en años, y ahora una banda de niños lo buscaba precisamente a él e incluso parecían aliviados de encontrarlo, en lugar de temerle. Era ridículo por donde lo viese.

-Bájate de mí Sango, ¡Me aplastas! – se quejó el castaño que estaba debajo de ella.

-¡Cállate Kei! Estoy hablando con Sasuke-San. – lo golpeo con el pie, a lo que el niño soltó un alarido.

El Uchiha sintió como su cabeza comenzaba a palpitar a causa de las voces agudas y la situación ridícula en la que había caído. Se le había olvidado lo fastidiosos que podían ser los habitantes de Konoha.

-Suigetsu. – nombro Sasuke, lo suficientemente alto para que el aludido lo escuchara.

-Pero Sasuke deberías de…

-Vámonos. – ordeno sin lugar a replicas.

Reanudo su camino sin prestar mayor atención al jaleo que tenían los niños. Solo rogaba que no le siguieran. Ya había perdido demasiado tiempo y la realización final de su venganza lo esperaba. El peliblanco también había dejado a los niños atrás, resignándose a que su momento de diversión había acabado, por lo que al estar de espaldas, no se percató que uno de ellos se había liberado.

-¡Espera! – grito el pelinegro poniéndose de pie. Contra todo pronóstico el ninja lo había obedecido y con una sonrisa corrió a su encuentro. – Sabemos que eres un ninja independiente… necesitamos tu ayuda.

Se detuvo a una prudente distancia con la respiración entrecortada, pero con una sonrisa en su rostro que iluminaba sus ojos jades. Finalmente las cosas estaban saliendo de acuerdo al plan.

Lo que Minato Haruno ignoraba, era que Sasuke no se había detenido por su petición, sino porque había reconocido su voz. La voz de la maldita traición hecha persona, y ahora su sangre bullía en un odio desmedido que había crecido hacia el niño.

Apretó los puños fuertemente para contenerse y largarse de ese lugar. Acaso el estúpido de Naruto no podía cuidar de su bastardo, lo suficiente para que no lo molestase.

La voz aguda de los niños inundo su cabeza una vez más. Todos hablando al mismo tiempo, diciendo cosas incoherentes. Escucho los pasos rápidos y pequeños que producían al correr hacía él. Gruño molesto al tiempo que abría sus ojos pintados de rojo. No podía soportar más idioteces.

El grito agudo de Sango nublo la cabeza de Minato y en un parpadeo observo como dos de sus amigos salían disparados hacia un árbol, guiados por la trayectoria del kunai que estaba ensartado en sus ropas. La velocidad era increíble, y habría admirado tal fuerza de no ser porque había sido dirigida hacia sus amigos.

Desesperación, enojo y frustración; se apodero de él. Y supo que el mismo destino le esperaba tanto a su amiga como a él.

Se fijó en el tipo de haori blanco y un odio inmenso comenzó a nacer en sus entrañas. Ni siquiera los había dejado hablar. ¡Ni siquiera se había dignado en mirarlos! Había depositado las esperanzas de volver con su madre en aquel hombre desconocido, y él no le había permitido decir ni una sola palabra. Él solo quería encontrarla, protegerla y ahora ni siquiera sabía si podría salir de esa situación.

Sus ojos le escocían y quería llorar, pero no se lo permitió. Un movimiento repentino de Sasuke llamo su atención. Era el golpe final, él lo sabía. Sin embargo, se sorprendió al poder ver la trayectoria de aquel par de kunais.

No pensó solo hizo uso de la adrenalina que recorría sus venas y corrió, corrió lo más rápido que sus pequeñas piernas le permitían hasta que empujo a Sango al suelo junto con él. Cayeron al lodo temblando, pero los kunais habían pasado de largo de ellos.

Minato sacó un arma de su mochila y la lanzo con todas sus fuerzas a la espalda de Sasuke. Tenía miedo, muchísimo, pera la cólera era aún mayor.

Sasuke desapareció de su vista justo antes que el kunai lo tocara, cayendo con elegancia frente a él. Había sacado su espada, con la única intención de intimidarle, y por unos centímetros rozaba la nariz de aquel pequeño que miraba por primera vez.

Sus miradas chocaron. Uno mantenía su rostro impávido y el otro estaba crispado de la ira, pero en ambos la confusión los había impactado al ver los ojos del otro.

Rojo contra rojo chocaron.

En uno lucían tres aspas, en el otro solo una.

El legendario sharingan había aparecido en nuevos ojos…

El pequeño Minato había escuchado un par de veces sobre un extinto clan de ojos rojos – sin ser consciente que él los poseía – y ni en sus peores pesadillas había podido imaginar el miedo que podían infundir con una mirada. Seguía tirado en el fango siendo apenas consiente del temblor que aquejaba su cuerpo. Sintió sus propios ojos arder y parpadeo a su pesar, no quería perder de vista a aquel tipo.

La familiar figura del sharingan se disolvió en aquel instante de los ojos del menor, dando paso a otro color de ojos igualmente reconocibles para Sasuke y ambos colores se habían gravado con fuego en su memoria.

Aún mantenía su espada en alto, casi rozando la puntiaguda nariz del niño. Pero no podía bajarla, su cuerpo estaba completamente petrificado por primera vez después de mucho tiempo y su mente parecía no trabajar. Solo podía observar a aquel niño, aquel niño por el que había sentido tanto odio en un principio. Comenzó a recorrer su rostro, fijándose en otros rasgos a parte de sus brillantes ojos verdes. Tenía el cabello casi tan oscuro que el suyo propio, pero era menos rebelde y caía casi completamente liso sobre sus hombros y elegantemente sobre su frente, enmarcando el símbolo del clan Uchiha que lucía en una banda.

La misma que él había llevado para Sakura.

Poseía la piel más pálida que la suya, lo que hacía resaltar el cabello y los grandes ojos verdes. Tan parecidos a los de Sakura. – pensó.

Sin duda era el niño que había llamado mamá a la pelirosa, de eso estaba seguro, pero no tenía ningún rasgo cercano a Naruto. Era un Uchiha y lo podía asegurar sin necesidad de haberlo visto luciendo el sharingan por unos segundos. Era tan parecido a él…

-Y a Itachi. – pensó en un momento de desesperación.

Intento refugiarse en ese pensamiento, obviando lo morboso que resultaba, pero no lo podía aceptar. Era demasiado, incluso para él.

No era el único Uchiha vivo y aunque la conexión sanguínea con ese niño era obvia, tal vez no era la que en el primer instante había pensado. Incluso estaba Tobi, Madara, o como sea que se quisiese llamar el enmascarado Uchiha…

Cerró sus ojos con fuerza y negó levemente. Se estaba engañando a sí mismo. Si estaba tan seguro que Sakura era la madre, no había otra posibilidad. No podía haber otra posibilidad.

La duda comenzó a carcomer su mente y casi al mismo tiempo otro tipo de sentimiento nació en sus entrañas. Esperaba, por el bien de todos, que no hubiera otra posibilidad.

Su mente viajo a los lejanos días que compartió con la pelirosa en aquella guarida abandonada y con una estimación aproximada, había pasado el tiempo que el niño tenía de edad. Aun así no quería – podía- aceptarlo hasta que la pelirosa le gritase en la cara que él era el…

¡Demonios! Realmente era una escoria, pero si tan solo lo hubiera sabido antes…

Frunció el entrecejo y detuvo las maldiciones internas al llegar a aquel punto. Si todo era verdad, significaba que Sakura y todo el maldito equipo siete lo habían estado engañando y ocultándole aquel hecho. ¡Lo habían hecho a un lado!

¡Lo habían traicionado!

El sabor amargo de aquella palabra lleno su paladar. Así era como se sentía la traición después de todo, pensó con amargura.

-Nee… Sasuke, no crees que haz exagerado. Son solo niños después de todo.

Suigetsu lo saco de sus pensamientos. Tanto él como el niño lo fulminaron con la mirada en un movimiento perfectamente sincronizado. El peliblanco alzo una ceja escéptico, aquello debía de ser cosa de Uchihas.

La atención del mayor de los pelinegros volvió a recaer en Minato y guardo su espada con un elegante movimiento.

-Los ninjas independientes no existen – le dijo finalmente. – Yo soy un ninja renegado de rango S y no hago favores.

El rostro de Minato palideció de golpe. Abrió su boca ligeramente, pero no pudo emitir ningún sonido. ¡Estaba completamente aterrado! Sango, que permanecía detrás de él, comenzó a retrocedes deslizando por el suelo.

-Minato vámonos. – le susurro sin apartar la vista del shinobi.

-Suigetsu. – llamo una vez más elevando su voz. Los dos niños dieron un leve salto sorprendidos esperando cualquier cosa. – Libera a los otros dos, les daré una oportunidad de irse.

-Claro – bufo el albino, - Suigetsu el liberador ha vuelto.

Saco los kunais que mantenían pegados a cada niño a un árbol. Keita y Hideto se deslizaron hasta caer sentados al piso, el castaño se puso de pie de inmediato mientras comenzaba a quejarse por el golpe.

-Mocosos han tenido suerte. Ahora lárguense.

Sango soltó un suspiro al ver a sus dos amigos intactos, se puso de pie de prisa y jalo la chaqueta de Minato, que aún seguía petrificado.

-Vámonos, rápido. – rogo con lágrimas en sus ojos, levantándolo del suelo.

Sasuke dio un paso más cerca de ellos, y la chica tembló y lo miro con horror. Los ojos obsidiana se clavaron en ella por primera vez y con total indiferencia.

-Él no.

Ante la orden, soltó la chamarra como si esta quemase y retrocedió un paso. Pero no fue capaz de dar un paso más, no podía abandonar a su amigo.

Kei y Hideto no estaban en la misma posición. Lograron escuchar las palabras de Sasuke y sumando al espadachín que tenían al lado, no tenían duda que estaban ante dos asesinos peligrosos y por lo mismo no podían dejar a su amigo solo. Pero no tenían una oportunidad ¡Ellos ni siquiera eran gennin!

-¡TEME! – el rugido corto el tenso silencio que los abrazaba. Todos voltearon hacia el origen del sonido encontrado al rubio Uzumaki sobre una rama. Su mirada encendida no se apartaba de Sasuke y sus puchos se apretaban fuertemente clavándose las uñas. –no te atrevas. – siseo con cólera.

Como si aquella hubiera sido una invitación de lucha, en una fracción de segundo, Kusanagi volvía a estar desenvainada y sus ojos volvieron a teñirse de rojo. Sintió una presencia a su espalda y luego el frio del kunai acariciando su garganta. Miro sobre su hombro de manera despectiva, como si la amenaza no le importara en lo absoluto, porque realmente no había amenaza alguna.

-Guarda tu espada en este momento. – Murmuro Kakashi más serio de lo que él jamás recordaba y con un enojo contenido que se mostraba raro en él. Su antiguo maestro siempre impasible, ahora estaba visiblemente alterado.

Soltó una amarga carcajada que logro tensar aún más el ambiente.

-Que cálido recibimiento. – ironizo.

Guardo la espada, con un amplio movimiento de brazo, y aparto el kunai de su garganta con su otra mano libre sin apartar su mirada de Kakashi en un claro signo de burla.

-Sabemos que no estás aquí para quedarte.

-Y también deberían de saber que no planeo herirlo.

-Entonces, dime que planeas.

Sasuke se enfrentó a su antiguo maestro, analizando los pocos gestos que la máscara le permitía divisar.

-Lo llevare conmigo.

Porque había llegado a la conclusión, que sin importar el lazo que lo uniera – algo en lo que no quería pensar en ese momento. – ese niño permanecería a su lado, las explicaciones podrían esperar.

-2-

Sonrió tras su máscara anaranjada. Aquella proposición lo había tomado por sorpresa y aun tenia recelo en aquel chico, pero un par de aliados no le vendrían nada mal. Aunque no era el plan más ingenioso que había escuchado, después de todo.

-¿Por qué debería aceptarlos? – pregunto. Su grave voz resonó en la cueva.

-Todos tienen a alguien a quien quieran revivir.

-Yo no.

Mintió, aun así la sonrisa del pelirrojo no se borró.

-Pero quieres un ejército. – aseguro.

Tobi permaneció en silencio analizando la propuesta. Un ejército controlado por una sola persona a voluntad, e imprimiendo sus propios jutsus. Una vez que el enemigo los conociera, serian derrotados fácilmente a menos que quien controlara a todos fuera sumamente fuerte.

Aun así solo servirían de distracción, pero le daría el tiempo necesario para extraer a los dos bijus que faltaban.

-¿Qué quieren a cambio?

-A Sasuke Uchiha.

-¿Por qué?

-Sus chakra, sus técnicas.

Entrecerró su único ojo visible. La técnica le comenzaba a resultar más interesante si es que podían utilizar el chakra de otras personas, las probabilidades de ataques se multiplicaban y se reducían los puntos débiles… claro, que él no daría su propio chakra para ese experimento y estaba seguro que el último de los Uchiha tampoco participaría voluntariamente. El combate frente a frente en el campo de batalla era más su estilo.

-No podrás copiar el sharingan, ni cualquiera de las técnicas que usa con este.

-Lo sabemos. Ninguna técnica de línea sucesora se puede copiar… - Hoshimaru saco un pergamino entre sus ropas y se lo extendió a Tobi. – Lo que nos interesa en es chakra de fuego y sus técnicas de rayo.

El ojo oscuro recorrió rápidamente el pedazo de papel que explicaba de forma resumida el plan. Se podía ver claramente el tiempo invertido en ello y como habían seleccionado cuidadosamente a cada persona que estuviera involucrada.

-Aquí dice que la persona que realice el jutsu de marionetas viviente puede morir en el proceso…

-… Por agotamiento de chakra o daño de los órganos debido a la presión. – termino de recitar Hoshimaru, su sonrisa petulante no se había borrado de su rostro en toda la reunión. Podía sentir que la última parte de su plan, ya estaba casi completa. – Ya lo hemos solucionado, mis compañeros ya han capturado a la mejor alumna de Tsunade Senju y el agotamiento de chakra afectara primero a quienes estén realizando el traspaso.

-Sasuke no participara voluntariamente – les advirtió, devolviendo el viejo pergamino.

-Lo sabemos.

-Hay un collar que debe conseguir primero, asegúrense que lo haga.

Los pasos del líder de Akatsuki se perdieron en la oscuridad de la cueva, mientras Hoshimaru tomaba el camino contrario. Si lograban atrapar al Uchiha, ese pequeño grupo que quería colaborar valdría la pena; sino morirían a manos de Sasuke y a él no podría importarle menos.

El pelirrojo salió de entre la fisura de una montaña, donde se encontraba la guarida, el sol le dio de lleno en su rosto y tuvo que cerrar un momento sus ojos castaños hasta acostumbrarse a la claridad de la tarde. Atravesó el prado con lentitud, dirigiéndose hacia la ubicación que manejaba de Sasuke y esperando que Nadine estuviera lista para el ataque. Ato su cabello en una coleta alta, mostrando la estrella que se dibujaba en su espalda, antes de sumergirse en el bosque.

Un par de pájaros pasaron aleteando apresuradamente cerca de él, quien ni siquiera se percató de ellos al ir abstraído en sus pensamientos. Las dos aves volaron a una velocidad sin igual y finalmente entraron a otra cueva que se encontraba a una prudente distancia de la guarida de Akatsuki.

Juugo los tomo en sus manos y escucho pacientemente el cantar de ellos. Su entrecejo se arrugo al comprender el mensaje y salió de la cueva de inmediato asqueado por el sucio juego de manipulación del líder de Akatsuki.

Debía advertir a Sasuke.

-3-

-¿Cómo dices? – Pregunto Naruto.

Su furia había dado paso a la confusión, y de un salto se posiciono delante de Minato.

-Como escuchaste. – murmuro Sasuke mirándolo con desdén.

-Te lo llevaras sobre mi cadáver.

-Eso se arregla fácilmente.

El brazo derecho de Sasuke relampagueo y dio un paso hacia adelante. El rubio no se quedó atrás, tomo un kunai de su bolsa acercándose más.

-Naruto basta. – ordeno Kakashi. No volvería a intentar ordenarle algo a Sasuke, su autoridad sobre él era más que nula. – Aun tenemos otros asuntos.

Sasuke se extrañó sin embargo no relajo su posición de combate. No era que le importara que asuntos de Konoha los había llevado hasta él, era simplemente que pensaba que estaban por dos motivos: regresar a los niños y finalmente convencerlo de que el también regresara.

¿No había sido esa su prioridad por años?

-¡Pero no dejare que se quede con Minato! No espere que acepte algo así.

-No espero que lo hagas.

-Sin embargo, tengo todo el derecho de hacerlo. – intervino Sasuke y aunque su voz era tranquila, pausada y casi desinteresada; lograba que transmitiera tanta frialdad que crispaba los nervios. Sus ojos rojos viajaron del rostro crispado del rubio al enmascarado de Kakashi, buscando pistas que le permitieran dar con las respuestas a las preguntas no formuladas. Incluso una parte de él deseaba que lo contradijera, pero solo pudo notar la impotencia en los dos shinobis que hacia tensar sus cuerpos.

¿Le estaban dando la razón?

-Tío Naruto, Tío Kakashi, ¿Qué sucede? – pregunto Minato asomándose detrás de Naruto.

-Nada. – rugió el rubio sin apartar la mirada de Sasuke. El niño abrió los ojos de manera desmesurada, alarmada por el comportamiento poco común en su tío predilecto. – Regresaremos a la aldea.

-Pero… ¿Y mamá? ¡Quiero ayudar a encontrarla!

Sasuke se sorprendió con la noticia, pero no dejo que ninguna de sus reacciones lo delatara. Si sus conjeturas eran ciertas, Sakura era la madre de esa criatura y él, hasta hace unas horas, la había visto perfectamente bien.

Se limitó a observar la reacción de Naruto, en aquella búsqueda muda de información. El rubio era tan transparente que podía leerlo sin problemas.

El Jinchuriki apretó la mandíbula hasta que sus dientes dolieron y sus hombros se tensaron. Era verdad, no podían perder más tiempo regresando a la aldea. Aun no tenían ninguna pista de Sakura y aunque estaba el otro escuadrón que seguía con la búsqueda, entre más fueran habían más posibilidades de encontrar una pista.

Se sentía acorralado.

No podía dejar a su amiga, jamás lo haría. Pero tampoco podía hacerse el desentendido con Minato. Y con Sasuke – que debía ser un apoyo - no podía contar, se había convertido en una amenaza más al querer llevarse al niño de Konoha.

En cierto punto la situación le parecía irónica, una vez más el destino se reía en sus caras. Siempre pensó que Minato sería el empujón final para que Sasuke finalmente recapacitara y volviera a su hogar, ¡Maldición! Hasta podía escucharse a sí mismo decírselo a Sakura el día que ella había pretendido abandonar la aldea. Y ahora, lo que el pelinegro quería era arrebatárselos.

No podía perderlos a ambos.

No era una opción.

-Nos permites. – Kakashi suelto un suspiro cansado, sacando a Naruto de sus pensamientos.

Sasuke se encogió de hombros y se encamino al único miembro de Taka, con sus sentidos alertas a cualquier movimiento de los shinobis, aunque sabía que estaba de más. Aun habían dos de los niños a su alcance y no los dejarían por salvar a uno, así no funcionaban los de Konoha. Eran patéticos.

-Suigetsu, escúchame. – Murmuró sin apartar su vista de los dos miembros del equipo siete.

El peliblanco se acercó, atento a los nuevos planes y asintió, mordiéndose la lengua por no preguntar nada sobre la peculiar situación en la que se encontraban. Sus ojos se posaron en los dos ninjas de Konoha y luego en el niño que esperaba a una distancia prudencial. Una sonrisa maliciosa se formó en sus labios. Al parecer el chico tenía más relación con el Uchiha de lo que él jamás pensó, y por supuesto eso traería problemas… y diversión para él.

-¿Esta seguro Kakashi-sensei? – pregunto Naruto.

-No hay otra opción. – replico el jounin.

Estaba dejando al azar muchas cosas, confiándose en la capacidad del rubio de contenerse y pensar en el bienestar de Minato antes de sus peleas infantiles con Sasuke. No era el plan más ingenioso que había pensado, pero era lo que tenían. Solo esperaba no arrepentirse después. – Regresare lo más rápido que pueda y no te muevas a menos que recibas noticias del otro grupo.

Naruto asintió fuertemente con la cabeza y se dirigió con Minato y Sango, casi de inmediato Sasuke avanzo hacia ellos.

-Sera mejor que vayas con Kakashi – dijo el rubio a la chica Inuzuka, arrodillándose hasta quedar a su altura.

-¿Y Minato? – pregunto ella, su rostro seguía pálido de la impresión y miedo.

-Se quedara conmigo.

Los ojos castaños se fijaron en Sasuke, que se había posicionado detrás del rubio.

-Él es un asesino. – murmuro con temor a que el susodicho la escuchara.

Naruto soltó una carcajada, impresionando a los dos niños.

-Lo sé – respondió sin desaparecer su sonrisa. – Pero yo seré el futuro Hokage, ¿O es que acaso no confías en mí?

La niña se sonrojo a más no poder, y movió bruscamente su cabeza de un lado a otro.

-¡N… no lo decía por eso!

-Tranquila. – Sango volteo con brusquedad al sentir una mano en su hombro. –Estaré bien si estoy con mi tío. – Minato le esbozo una dulce sonrisa que ella no puedo evitar corresponder.

Asintió casi imperceptiblemente y le dio un rápido abrazo antes de salir corriendo hasta donde Kakashi y los dos niños la esperaban.

Cuando el jounin finalmente desapareció entre los árboles, Sasuke hizo una señal y Suigetsu también abandono el lugar.

Solo quedaban ellos tres.

El rubio se levantó y encaro al moreno. Sus miradas chocaron, retándose mutuamente. La suave brisa meció sus cabellos inmune a la tensión que rodeaba a los dos adultos.

-Sasuke… - gruño Naruto.

El Uchiha lo ignoro y corto el contacto visual. Aquel no era el momento ni el lugar para dar rienda suelta a la batalla que llevaba años en suspensión. Se concentró una vez más en el niño.

Era imposible…

No podía aceptarlo.

-Andando – le ordeno al infante, quien se sobresaltó ante la profunda voz.

Sin mirar hacia atrás, Sasuke comenzó a andar hacia el mismo camino que le había indicado a Suigetsu. Tenía el presentimiento de que Madara no le era completamente honesto, y aunque eso no afectaba en nada su deseo de venganza, quería saber la verdad y no ser un títere nuevamente. Miro sobre su hombro con su rostro ensombrecido por sus pensamientos, sin percatarse que su expresión parecía la de aquel que está a punto de cometer un asesinato.

El niño volvió a sobresaltarse, escondiéndose detrás de Naruto.

-Vamos, es inofensivo – le dijo Naruto sonriéndole con calidez y desordenando su cabello cariñosamente.

Comenzó a andar detrás del moreno, con el niño pegado a sus talones.