Capítulo 17: Verdades que duelen
Danzou Shimura podía ser paciente si la situación lo ameritaba, una cualidad que había adquirido al trabajar tanto tiempo entre las sombras, espiar constantemente, ejecutar misiones que podían tomar meses, esperar el momento perfecto para actuar… Si, definitivamente podía aguardar el tiempo necesario hasta que su enemigo – por consiguiente enemigo de Konoha – diera un paso en falso, y toda su experiencia le dijo que ese era uno de los momentos.
Escucho las noticias del anbu de raíz con deleite y como el mejor ejemplo de los anbu de raíz, nada de sus pensamientos se asomó a la superficie.
Solo precisaba de un error más y por fin le pondría fin al asqueroso clan Uchiha, que había dado a mas traidores que ningún otro.
-Necesito pruebas que ese niño es un Uchiha – ordeno. Su voz pausada retumbo en las paredes de la guarida. –Y si hay oportunidad de atrapar a Uchiha háganlo, vivo o muerto no me interesa. Solo tráiganlo.
-¿Y con el niño? – pregunto un de los tres anbus frente a él.
-Si es de Uchiha, lo traen con ustedes. Sino… - su pausa se extendió por unos segundos. Valorando la pequeña vida. – lo pueden dejar en la aldea.
Los tres ninjas asintieron y en completo silencio abandonaron el lugar. Ningún cuestionamiento, solo acataban ordenes.
Como debía ser.
La sonrisa de Danzou marco sus arrugas. Si sus suposiciones eran ciertas, pronto tendría un reemplazo perfecto de Itachi, aunque primero debía eliminar los restos de traición de su sangre tanto por el padre como la madre. Luego el niño sería un perfecto ejemplar de los anbu de raíz.
Inconscientemente paso una mano por los vendajes de su brazo. Tal vez al final del día conseguiría también un par de ojos que agregar. ¿Alguna vez, habrían pensado los estúpidos Uchiha que el orgullo que sentía por poseer esos ojos se vería reducido a servirle a Konoha, servirle a él, de esa manera? Después de toda su arrogancia solo resultaban ser instrumentos tan desechables como un kunai.
Su cuerpo se perdió entre los infinitos pasillos. La oscuridad había llegado era el momento de actuar.
-1-
La primera noche de la desaparición llego. Sabían que las probabilidades de encontrar a alguien desaparecido se reducían considerablemente después de las primeras 24 horas, pero contaban con que la pelirosa no les dejara las cosas fáciles. Era el falso positivismo que intentaban mantener en la superficie.
Una leve evidencia de una fogata, era el único rastro decente que habían podido encontrar y aun no estaban seguros de que eran las personas que buscaban.
-Este pudo ser el punto de encuentro – dijo Sai con su inconfundible voz parsimoniosa mientras se acuclillaba frente al leve rastro de ceniza que comenzaba a difuminarse con las ramas y hojas que caían de los árboles.
-O puede ser los restos de un campamento que paso hace tres días. – respondió Kiba dejándose caer al suelo. Sai lo miro sobre su hombro sin ninguna expresión en su rostro. Lo entendida, él también estaba agotado y creía que lo que anudaba su pecho era una especie de preocupación. Había catalogado a Sakura como una de sus amigas y él, como amigo, tenía la obligación de preocuparse en esas situaciones. – Sera mejor que esperemos a los chicos aquí. Con el Byakugan avanzaremos mejor en la oscuridad…
Kiba se calló de inmediato y se levantó del suelo al escuchar los ladridos de Akamaru al otro lado de la arboleda que delimitaba aquel claro. Ambos shinobis se apresuraron, Kiba con su sensible olfato fue el primero en percatarse del inconfundible olor a hierro que aun flotaba en el área.
Arrugo su frente y su risueño rostro desapareció por completo.
-Sangre. – murmuró.
Se aproximaron a los arbustos donde el perro ladraba sin parar y fue entonces, cuando el olor oxidado se hizo evidente hasta para Sai. Buscaron entre las hojas hasta toparse con una prenda ensangrentada.
-Sai, Kiba, ¿Encontraron algo? - El anbu asintió y levanto la camiseta con sangre seca por todos lados. Shizune detuvo su andar por unos segundos pero pronto se repuso, llegando con su comitiva hasta ellos. – Es de Sakura.
Kiba lo negó. – Pero su olor es bastante tenue en este lugar.
-Tal vez esta sea la razón.
Neji se inclinó para recoger unos cabellos rosados que se habían quedado en el lugar. El rostro de todos mostro los ánimos renovados que aquel pequeño indicio les permitía tener.
-¡Entonces sigamos por aquí, ´ttebayo!
-Tal vez sea el camino del enemigo, pero no sabemos qué tan largo puedan estar. No debemos olvidar que llevan un día de ventaja, eso podría hacer que se confiaran…
-… pero si han sido tan cuidadosos en todos los aspectos anteriores, lo dudo. – completo Neji acercándose al grupo. Shikamaru asintió, era la misma suposición que planeaba exponer.
-Por lo que debemos duplicar los esfuerzos si queremos tener una oportunidad. – El Nara había borrado todo rastro de aburrimiento de su rostro, y al igual al de sus compañeros, estaba lleno de determinación. – Kiba iras al frente siguiendo su olor junto a Neji, quien se asegurara de ver que el camino este despejado. – Ambos chicos asistieron. - Sai, tu nos seguirás por aire así podrás abarcar más territorio y avisarnos si observas algo sospechoso. Shizune e Ino irán al centro, y Shino y yo en la retaguardia.
Todos respondieron con un firme movimiento de cabeza… excepto el rubio.
-¡¿Y yo?! No pensaras que me quede aquí esperando y viendo…
-Tsk. Tú le avisaras a Kakashi y Naruto. Solo debes desaparecer, ¿No? – El rubio shinobi callo su alegato de golpe y soltó una risa avergonzada antes de desaparecer en un sonoro puf. – Siempre tan problemático – susurro Shikamaru entre un bufido. – Andando.
-¡Sí!
Los siente shinobis desaparecieron al mismo tiempo entre la espesura del bosque.
-2-
Una pulsación recorrió su cuerpo entero haciéndolo detenerse, pero al asimilar la información que su clon le había proporcionado una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro.
-¿Sucede algo, tío?
La voz suave de Minato surgió como un simple murmullo en el reinante silencio en el que avanzaban el pequeño grupo. Naruto levanto su cabeza para poder ver al niño que llevaba en sus hombros. La somnolencia de su voz era evidente aunque el niño se tallaba los ojos intentando mantenerse despierto.
-Nada. – respondió sin borrar su sonrisa. – ¿Ya estás cansado, verdad?
Minato se apresuró a negar con la cabeza irguiéndose nuevamente sobre los hombros de Naruto. Los ojos verdes se fijaron en Sasuke por unos segundos, para luego concentrarse en las rubias hebras que sostenía con sus manos.
Naruto también poso su vista en Sasuke, quien estaba a los metros necesarios para no inmiscuirse con ellos pero manteniéndolos en su rango de alcance. El moreno se había girado levemente al no escuchar más las pisadas y los observaba con el semblante inescrutable.
-Oye Teme, deberíamos acampar aquí, se está haciendo demasiado tarde.
-Nadie te obliga a seguirme.
-¡Bien! Esta dicho, dormiremos aquí.
Naruto bajo al niño de sus hombros, a decir verdad la pequeña carga le estaba pasando la factura a su espalda y también su estómago empezaba a rugir.
-Minato, sigue caminando. – ordeno nuevamente el moreno, esperando que el niño llegara hasta él.
La mueca de alivio se borró de inmediato del rostro del infante y palideció a niveles insospechables.
-¡¿Pero acabas de decir que descansaremos?!
-Tú puedes descansar Naruto. Pero eso no está en mis planes y Minato viene conmigo.
-Esa es tu patética forma de querer deshacerte de mí. Sabes que no lo lograras.
-No tiene sentido que nos sigas. Lárgate de una vez por todas.
-No lo hare…
-Minato, camina. – ordeno el Uchiha, clavando rudamente sus obsidianas en el niño.
El pequeño dio un paso temeroso, sin saber qué hacer.
-¡Es un niño, maldita sea! No es uno de tus subordinados a los que puedes mandar a tu antojo. Se cansa ¿sabes? También se ha pasado un tiempo de comida y su hora de dormir paso hace casi dos horas. ¿Acaso sabes en que momento es todo eso? ¿Te has puesto a pensar en ello, en tu brillante plan?
-No lo sé. – respondió entre dientes, apretando sus puños. - ¿Quieres que te recuerde a quienes se debe?
-No caeré en tu juego, sé que no se debe a mí. – La voz sorpresivamente seria de Naruto, lo atravesó como una daba. Su mirada cerúlea señalaba solo a un culpable y era el mismo Uchiha.
¿Podría tener razón? ¿Sería él, dentro de su ignorancia, el verdadero culpable? Quiso negarlo, pensar en que todo sería diferente si él se hubiera dado cuenta a tiempo. Incluso, tal vez, en una remota posibilidad, podía haber dejado a un lado su venganza.
Sus ojos volvieron a posarse en el pequeño pelinegro – su similitud aun le daba escalofríos – lucia bastante cansado, sin toda la energía de la que había hecho gala esa tarde y sus ropas estaban repletas de barro. También los ojos verdes lucían apagados, casi sin vida y a pesar de que no poseían su color, los encontró similares a los suyos. Era la misma mirada que se había posado en él después de la muerte de su clan. Algo en su cerebro hizo contacto y le permitió salir del hoyo oscuro en el que el impacto de la noticia lo había llevado, pensando por primera vez en lo que sentía ese niño con toda la situación.
Le habían quitado a su madre, a su familia y ahora vagaba por el bosque después de encontrarse a peligrosos asesinos.
Camino hacia aquel par que lo miraban expectantes y luego se desvió, sentándose en las raíces de un árbol cercano.
-¿Qué esperas? ¿Te quedaras parado toda la noche?
Cerró sus ojos para no ver la sonrisa idiota que pondría el rubio. Aunque seguía atento a cualquier movimiento de escape.
El jaleo duro pocos minutos en el claro. El rubio iba de un lado al otro, renegando y diciendo cosas sin que nadie le prestara atención, mientras los dos pelinegros se mantenían en lados opuestos sin emitir una sola palabra. El mayor mantenía los ojos cerrados aunque su posición no se relajaba en ningún momento e ignoraba completamente a sus acompañantes. El menor, por su lado, se mantenía de pie observando el ir y venir de su tío mientras intentaba no toparse con el Uchiha. La curiosidad y el miedo batallaban en él sin cesar.
Pocos minutos después, una fogata alumbraba el sitio y sin esperar más, Naruto había sacado un par de ramen instantáneo dispuesto a prepararlo.
-Sakura me matara cuando sepa que te he dado esto de cenar. – le dijo extendiéndole un bol.
El niño le devolvió la sonrisa con timidez, poniendo toda su atención en los fideos.
-Gracias tío.
El silencio volvió a consumirlos y de no ser por la tensión, aquel encuentro podía pasar por un viaje de amigos. Naruto desempeño el papel de tío consentidor y despreocupado hasta acostar al niño acobijándolo con su chaqueta. Consciente de que cada movimiento estaba siendo estudiado por Sasuke y finalmente, cuando creyó que el niño dormía, atravesó el claro y se posó frente a Sasuke.
No podían seguir aplazando la conversación inevitable, de no ser así estallarían en cualquier momento haciendo oír a Minato cosas que él no deseaba y en el peor de los casos se verían inmersos en una pelea.
-¿Qué mierdas quieres ahora? – pregunto Sasuke con tono tosco, sin abrir los ojos.
-Tenemos que hablar. Deja de hacerte el idiota que nunca te ha quedado.
Los ojos negros se abrieron, fulminándolo con la mirada. Naruto soltó un respiro. Esa noche seria larga…
Los segundos en silencio crecieron, ambos se miraban apenas pestañeando y en cierta manera la adrenalina comenzó a fluir por sus venas. Aquello parecía ser el interludio del caos.
-¿Y? No piensas decir nada. – Para sorpresa fue Sasuke quien rompió el incómodo silencio, escupiendo cada palabra con fastidio.
-Eso lo debería de preguntar yo. ¿Qué… piensas? – Naruto se notaba visiblemente incómodo, no sabía exactamente que preguntar aunque si sabía el punto al que quería llegar. Su cabeza era un caos es ese momento, pero no se iba a dar tiempo de ordenarlos. Nunca había sido la clase de personas que se detienen a pensar cada detalle, y no iba a empezar en ese momento.
Sasuke alzo una ceja al escuchar al rubio. ¿Qué pensaba de que, exactamente? ¿De sus planes, ahora que su venganza estaba supuestamente hecha? ¿De que el niño era portador del sharingan? ¿De qué lo habían engañado por cinco años de la forma más vil posible e intentaban culparlo a él por el simplemente hecho de ser ignorante de algunos acontecimientos? O ¿De que posiblemente era el padre de una criatura que estuvo a punto de masacrar junto al resto de Konoha?
Por su parte, él tenía muchas preguntas pero ninguna abandono su garganta ya que sabía que la respuesta vendría con un puñetazo en la cara de Naruto y luego ninguno de los dos podría contenerse.
-No tengo porque decir algo.
Los ojos de Naruto se abrieron desmesuradamente al escucharlo y el ambiente tenso solo ayudo a que su ira se presentara más rápido.
-¿Como que no tienes nada que decir? Te acabas de dar cuenta que tienes un hijo, ¡maldición! Di lo que sea.
-Hn.
Fue el detonante del caos.
Naruto sujeto la camiseta de Sasuke en un parpadeo y lo levanto sin consideración alguna, estampando la espalda del moreno en el árbol que le servía de apoyo. Ni una queja salió de los labios del Uchiha, pero sus ojos se afilaron peligrosamente.
-¡Habla! – exigió, acercando su rostro peligrosamente al de Sasuke. Ninguna de las expresiones que él hizo pasaron desapercibidas para Naruto, ni el momento en el que tenso la mandíbula, ni cuando corrió los ojos oscuros con fastidio.
Le haría reconocerlo, aunque tuviera que hacer que cada palabra entrara a golpes.
Volvió a golpearlo contra el árbol, con más fuerza que antes y esta vez Sasuke lo empujo de regreso. Se separó de su antiguo compañero y reacomodo su ropa con toda a dignidad que le era posible.
-Es tu hijo Sasuke… tuyo y de Sakura-chan, no intentes negarlo.
-Y tú, no pretendas decirme cómo actuar.
-Lo hare, te obligaría de ser necesario, si no cumples con tu deber.
Sasuke apretó sus puños, clavándose las unas en las palmas. ¿Tan bajo creían que había caído?
-¿Y qué esperas? ¿Que regrese a Konoha y juguemos a la familia feliz? No seas tan iluso.
-Es lo que deberías…
-¿Por qué? – interrumpió Sasuke alzando un poco más la voz. – ¿Por qué debería de hacerlo, si lo han tenido oculto hasta ahora? No parece que me necesitaran antes.
El último murmullo del moreno hizo que el claro se sumiera en silencio. Naruto lo miraba con la ira contenida pero parecía no reconocerlo, no conocía al moreno que estaba frente a él y en ese momento los años de separación cayeron encima con un peso devastador.
Recordó a sus propios padres en ese momento. No los conocía pera habían dado la vida por él y eso justificaban el hecho que no estuvieran… sin embargo Minato no conocía al suyo por razones diferente y eso no podía permitirlo.
-Eres un… ¡maldito, bastardo!
Naruto se lanzó sobre el moreno con un rugido. Su puño en cajo en el pómulo derecho del Uchiha, pero tan rápido como lo hizo, recibió otro en el estómago. La temperatura subió y el ritmo de los golpes aumento. Sasuke cayó al piso, el cuerpo de Naruto sobre él lo aprisionaba y con sus brazos intentaba contener los golpes coléricos.
-¿Por qué? – pregunto enmarcando cada palabra con un golpe. – ¡Tú sabes lo que es crecer sin padres!
-Por eso lo llevare conmigo. – Sasuke aprovecho el shock en el rubio para invertir los papeles, dejándolo inmovilizado debajo de él.
-¡ALTO!
Ambos hombres se detuvieron de inmediato, mirando horrorizados al pequeño que estaba de pie a unos metros. Su cuerpo convulsionaba ligeramente y miraba fijamente un paquete rectangular en sus manos.
-Deténganse… - murmuró con la voz rota.
Naruto y Sasuke se levantaron sin decir ni una sola palabra, compartiendo el sentimiento de culpabilidad. Las magulladuras que tenían en todo el cuerpo dejaron de importar en el momento que se percataron de las lágrimas que caían a raudales por el rostro de Minato.
El Uzumaki fue el primero en reaccionar, intentando acercarse hasta el niño.
-Minato no debes llorar por esto. Ya no pelearemos más.
El niño negó con la cabeza e intento secarse las lágrimas antes de levantar la vista, pero se aglomeraban nuevas buscando desesperadas bañar sus mejillas. Sus ojos verdes se posaron de inmediato en el Uchiha, quien mantenía siempre el porte regio aun con el labio inferior sangrando y el cabello desordenado, y una seriedad completa en su rostro. Volvió a ver el paquete en sus manos y nuevamente al Uchiha. Las similitudes se fueron presentando una por una.
No creía creerlo.
No era como él se lo imaginaba.
-Lo que dijiste es una mentira. – dijo el niño clavando sus ojos en Naruto. – ¡Él no es mi padre! –grito, volviéndose hacia el Uchiha y entonces Sasuke pudo notar el verdadero parecido entre sus ojos. El odio más puro destilaba de los orbes verdes. – ¡No quiero que lo seas!
-Mina… - intento interceder Naruto, sintiendo como toda la situación se iba de sus manos, pero el niño ni siquiera le hacía caso.
-Mi padre fue un ninja estupendo, no un ninja renegado. ¡Se supone que yo debía ser como él!
Sasuke soltó el aire que venía reteniendo en sus pulmones, ni siquiera fue consciente en el momento que dejo de respirar y temía admitir que había sido en el instante en el que el niño comenzó a hablar… cuando una parte de él, que no sabía que existía, se quebró.
-Es la verdad y no es algo que puedas decidir. Y de ahora en adelante, estarás conmigo. – ordeno.
Las lágrimas se volvieron a desbordar del rosto infantil al escuchar la primera orden de su padre. Clavo sus ojos en el primer retrato del grupo siete, concentrándose solo en el moreno.
El hombre frente a él no era nada como se lo había imaginado. No existía el divertido dúo que siempre imagino que hacía con Naruto, ni era la persona amable y valiente que pensaba, no parecía preocuparse por él y su madre… simplemente era igual o más fuerte de lo que podía imaginar; pero eso no significaba nada, al contrario, le temía, no lo hacía sentirse seguro.
El ideal que tenia de su padre había muerto en ese instante.
Miro hacia Naruto suplicando con su mirada que le dijese que todo era una mentira, su castigo por escaparse.
-No tienes que preocuparte, yo no me separare de ti.
Aquello no era lo que quería escuchar. Retrocedió pequeños pasos horrorizado hasta, finalmente, echarse a correr dejando caer el retrato del antiguo equipo siete.
Se adentró al bosque con sus ojos inundados en lágrimas, vislumbrando lo necesario para no chocar con ningún árbol.
-¡Mira lo que has hecho! – reclamo Naruto. – Cuando entenderás que ya no se trata solo de ti, Sasuke.
El rubio no espero una respuesta, desapareció entre el follaje en busca de Minato.
El pequeño niño corría con toda la velocidad que le era posible, su garganta le ardía y sus pequeñas piernas ya no resistían más pero eso no importaba. Todas las imágenes que con tanto espero se había creado cada noche antes de dormir, donde se imaginaba las aventuras de su padre a los doce años o recreaba una escena familiar que había visto en el parque intentando pensar en cómo se miraría su padre de adulto, se quebraron en su mente y corazón.
Había protegido y se había aferrado tanto a la idea de un hombre valiente, seguro, cálido y bueno… había querido enorgullecerlo protegiendo a su madre, ¡había querido ser como él!
El sonido de un chapaleteo y la fría sensación que sintió en sus pies, lo obligaron a alzar el rostro. El rio fluía con rapidez, chocando con fuerza contra las rocas que se atrevían a interponerse en su camino. Sus ojos verdes recorrieron el camino sin identificarlo, buscando desesperadamente la manera de volver a Konoha. La noche avanzaba y el frio comenzó a colarse a sus huesos. Todas esas sensaciones caían una por una en él. El miedo a lo desconocido, a estar solo, a perderse; lo golpeo de pronto y lo asusto como a cualquier niño… pero aun así no pensaba regresar.
Comenzó a andar por la orilla del rio, siguiendo su recorrido abrazándose a sí mismo en un vano intento por buscar algo de la calidez que su madre le había proporcionado siempre.
El sonido de otros pasos chocar contra las rocas lo sacaron de sus pensamientos y lo asustaron. Se dio la vuelta con rapidez y observo con cierta indiferencia al rubio que corría hacia él.
Naruto disminuyo su velocidad al ver al niño estático. La expresión muerta del rostro del Minato le sacudió el alma de la manera que pocas cosas lo podían hacer e inevitablemente se sintió culpable. Dejo escapar el aire varias veces antes de cortar los pocos metros que lo separaban del niño y finalmente se acuclillo hasta quedar a su altura. Un escalofrió recorrió su espalda al fijarse en los ojos verdes tan apagados y que retenían las lágrimas con toda su voluntad.
Retrocedió varios años en aquel instante y él volvía a ser un pequeño enojado con el mundo que miraba con curiosidad al único Uchiha que había en Konoha y que acababa de perder a toda su familia…
La misma expresión pasiva, los mismos ojos desinteresados y la misma desesperanza estaban apagando a Minato Haruno como lo habían hecho con Sasuke hacía ya tanto tiempo.
-Tranquilo – le susurro Naruto. – no sucede nada.
Alargo su mano hacia el niño con suma lentitud, temiendo que él niño volviera a salir corriendo, y acaricio su mejilla despacio. Las lágrimas se desbordaron con aquel toque y la indiferencia se rompió. Minato salto hacia Naruto aferrándose con todas sus fuerzas al cuello del Jinchuriki y escondiendo su rostro en el cuello de él.
-No quiero irme con él – confeso entre sollozos. – no quiero dejar Konoha… ¡No era mi intención! Yo… yo solo… yo solo quería encontrar a mamá.
-Ya. – susurro Naruto acariciando la espalda del niño. –Nadie te llevara de nosotros.
-¿Pero él…? – Minato se separó, observando a Naruto con desesperación.
-Él es tu padre – le dijo Naruto intentando mostrarse feliz con la noticia, pero solo logro esbozar una sonrisa melancólica. – y nos ayudara a buscar a Sakura-chan, ya verás.
-¿Estás seguro?
-¡Claro! Conozco a ese Teme de toda mi vida.
Minato soltó una risilla al escuchar el insulto al tiempo que limpiaba sus mejillas con el dorso de la mano.
-¿Por qué me mintieron? ¿Por qué me dijeron que estaba muerto? Lo he extrañado tanto.
Minato se sonrojo después de la confesión. El tema de su padre había sido algo que se guardaba para sí mismo pero aun así no aparto su mirada expectante de su tío.
La pregunta descoloco al rubio. Internamente se había hecho la idea de que ese día llegaría a medida pasaba el tiempo y Sasuke no daba señales de regresar a la aldea, supo que en un momento sabría la verdad y deberían responder a todas las mentiras que habían formulado para mantenerlo a salvo. Poco a poco, a media Minato crecía, el refugio de la inocencia los abandonaba. Pero no estaba preparado para responderla, a pesar de los años que llevaba recreando ese momento.
Debía explicaciones que el pudiera creer y tranquilizarlo, y a su pesar le había tocado enfrentarla solas.
Soltó un suspiro largo. Para su suerte el niño era lo suficientemente pequeño para no hacer un gran problema de todo eso.
-Porque pensamos que era lo mejor – Minato entrecerró sus ojos, insatisfecho con aquella respuesta. – bueno… eh… no queríamos que te pasaras los días esperándolo en lugar de jugar con tus amigos.
-¿Y porque él no estaba en la aldea? Los papas de mis amigos siempre están en la aldea.
El niño cruzo sus brazos sobre su pecho, mirando suspicazmente a Naruto.
-Porque… - miro sobre su hombro para asegurase que nadie más escuchar lo que debía decir, cavaria su tumba en ese mismo instante si alguien más que el niño oía sus palabras.-… ellos no tienen un padre tan… eh… ¿fuerte? – agrego con duda, para luego sonreír por sus palabras. – ¡Sí! Tan fuerte que siempre pasa en alguna misión.
-Misiones de ninjas renegados. – agrego el niño con disgusto. Torció sus labios y desvió su rostro. Naruto se percató en ese momento de lo mucho que ese hecho había afectado al pequeño, y lo cierto era que le habían inventado mil y una maravillas sobre su padre para que Sasuke siempre fuera lo que el niño quería escuchar.
-Eso no quiere decir que sea malo. Además hace cosas peligrosas y lucha con ninjas bastante fuertes. El también te ha extrañado mucho. - Y por el bien del Uchiha, más le valía que las palabras fueran ciertas, pensó Naruto.
-Pero yo no quiero estar con él.
Naruto soltó un suspiro y levanto. Sabía lo terco que podía llegar a ser Minato cuando algo se le metía a la cabeza.
-Dale una oportunidad, ya verás que te agradara. Así como te pasó con Hideto.
-Eso es diferente… - gruño por lo bajo tomando la mano de su tío para caminar. -¿No me dejaras solo con él verdad?
-Por supuesto que no, siempre estaré a tu lado.
Rehicieron el camino en completo silencio. Naruto miro disimuladamente sobre su hombro, encontrando a Sasuke sobre una de las ramas ocultándose en la oscuridad que le proporcionaba el busque y la noche…
Qué tanto había escuchado y cuanto podían afectarle las palabras del niño, no lo sabría pero quería pensar que el hecho de no haber huido era una buena señal.
Conocía los sentimientos de Minato, ahora solo faltaba saber cómo reaccionaría el Uchiha.
