Los tejados de los más altos edificios sobresalían de las copas de los árboles. Sólo unos kilómetros lo separaban de la aldea de la hoja y había encontrado todos los elementos necesarios para llevar a cabo su plan. Detrás de su máscara oscura, Milo sonrió.

Saltó por la parte más alta de los árboles y deshizo una parte del camino llegando nuevamente al sendero principal hacia la aldea. Debajo de él, una pequeña familia de agricultores tiraba de una carreta llena de mercancía. Un joven de alrededor de quince años custodiaba la parte de atrás, y al frente iba una pareja.

Milo se dejó caer justo detrás del chico y con un sólo golpe en el cuello, lo desvaneció. Repitió la acción con el hombre de enfrente y luego con la mujer, y después arrastró los cuerpos a un lado del sendero.

Lo siguiente fue igual de fácil. Se inclinó junto al primer cuerpo, el del chico, hizo una serie de sellos y colocó dos dedos de su mano derecha en la frente. Un punto azul brilló en la zona de contacto y luego desapareció. Repitió el proceso dos veces más y cuando hubo terminado dio un paso hacia atrás.

Los tres agricultores se pusieron de pie, mirándolo de manera inquebrantable.

Milo sonrió una vez más debajo de su máscara.

—Vayan a Konoha y traigan a Minato Haruno, sin que nadie se dé cuenta.

Los tres asistieron. Sus ojos oscuros brillaron por un instante, luego parpadearon y regresaron a la normalidad. Los agricultores volvieron a tomar sus posiciones y arrastraron la carreta hasta la aldea de la hoja.

Pasaron la guardia principal y recorrieron las calles en busca del niño. La familia de tres se detuvo frente al kínder, y miró fijamente el edificio.

Mientras tanto, Minato observaba aburrido la pizarra. Su mente vagaba por los días con su padre en el bosque. Estaba realmente feliz por conocerlo y triste porque aún se sentía culpable de que lo hubieran atrapado.

Bajó la mirada y observó su brazo vendado que mantenía descansando en la mesa. Sintió como sus ojos se humedecían. Si tan solo su madre estuviera con él, no tendría que llevar una tonta venda. Ella sanaría la herida más rápido que cualquiera.

El timbre de la salida sonó y todos sus compañeros se apresuraron a guardar sus cosas, gritando de felicidad.

El aprovechó el momento y enjuagó sus ojos con su mano no vendada, desviando su rostro hacia la ventana para que Hideto no notara nada.

Al otro lado de la calle, tres personas miraban atentamente hacia él.

Sintió un escalofrío que bajó por su espalda y sus dedos comenzaron a temblar en un tic nervioso. Aunque lucían como personas normales, había algo que no le gustaba.

—¡Minato! —llamó Kei, saltando sobre su escritorio. Minato vio asustado hacia su amigo y más atrás de él, los ojos perla de Hideto lo miraban con curiosidad —¿Vendrás al parque con nosotros?

—Si —respondió el moreno, intentando sonreír.

—¡Genial! Todos los niños quieren saber lo que ha pasado. ¡Dicen que estuvimos con uno de los ninjas más peligrosos del país del fuego!

—¡Keita! —lo reprendió Hidemi al notar la agria expresión de Minato.

Keita soltó un gruñido y se cruzó de brazos.

—Cada vez te pareces más a Sango —murmuró como reproche. Hideto rodó los ojos pero no replicó nada, simplemente se levantó.

Al verlo Minato se apresuró a recoger sus cosas, metiéndolas sin cuidado en la mochila. Volteo a ver a la ventana y ya no había nadie ahí.

—¿Qué ocurre? —preguntó Hideto siguiendo la mirada de Minato.

—Sólo que…. Nada. ¿Nos vamos?

Keita saltó como respuesta y encaminó la salida. El resto de sus compañeros ya no estaban.

Mientras caminaban, Minato disminuyo el paso quedándose rezagado. A pesar de que quería escuchar a sus amigos, había demasiadas conversaciones sobre él alrededor que lo distraían. Escuchaba el apellido Uchiha casi cada vez que se cruzaba con alguien y podía percibir algunas miradas reprobatorias que él no comprendía muy bien. No había hecho nada malo, pero tal vez su padre no había sido muy bueno con ellos. A demás también escuchaba que mencionaban a madre y eso era lo que más lo alertaba. No podían pensar que ella era mala o algo así, ¿verdad?

—¡Minato! —el agudo grito de Sango, seguido por el ladrido de Toboe, lo sacó de sus pensamientos.

La pequeña niña le sonreía desde los toboganes y agitaba una mano en el aire, el resto de sus amigos ya estaban con ella y él corrió hasta ellos. Se introdujeron debajo de los toboganes, en una pequeña caverna que se formaba por todos los juegos y en la cual era muy difícil que los observaran. Era su guarida secreta.

Como siempre, Keita se dejó caer en la arena con el ceño fruncido y fulminando con la mirada a Sango. Minato nunca había entendido porque Keita tenía maña con su amiga. Él estaba de acuerdo que las niñas eran molestas y gritaban mucho, pero Sango no lo era tanto y era muy divertida, además tenía un perro y a él no lo dejaban tener ninguna mascota.

—No entiendo que hace ella aquí —comenzó Kei refunfuñando.

—Fui a la misión —respondió Sango, fulminándolo con la mirada.

—No entiendo para que…

—Toboe y yo encontramos a Sasuke-san, y no sólo estuve clavada en un árbol.

—¡Nos llevaste a una trampa! —se defendió el rubio con las orejas coloradas

—Ella tiene razón, Kei —dijo Minato.

—¡Tú siempre la defiendes! —acusó Keita.

Los tres voltearon a ver a Hideto, que levanto sus cejas sorprendido.

—Nos llevó hasta Sasuke-san —concedió el ojiperla —. Pero era una trampa. Fallamos la misión.

—Eso no es verdad —murmuró Minato cruzándose de brazos —. Sasuke iba a buscar a mamá. No fallamos del todo.

—¿Lo convenciste?—preguntaron los tres al mismo tiempo.

—Todos dicen que es uno de los ninjas más peligrosos de los últimos tiempos —dijo Keita, sin quitar el tono de asombro.

—Mi tío me dijo que está en el libro bingo —murmuró Hideto —. No quiere que este cerca de él otra vez.

—Y tiene esos ojos rojos. Me dan pesadillas —susurró Sango.

—Es porque eres una niña miedosa.

—¡No es cierto! —estalló Minato. Tenía los puños apretados, y fulminaba con sus ojos verdes a sus amigos. Keita está listo para renegar de su predilección por Sango, cuando Minato continúo —: Sasuke no es una mala persona y tampoco es peligroso… sólo es bastante fuerte.

—Pero no es más fuerte que Naruto-san —dijo Keita.

Minato miró por unos segundos a su amigo, pensando en una respuesta.

—No lo sé —admitió finalmente —. Pero puede hacer una bola de fuego enorme y lo de sus ojos se llama sharingan, puede copiar cualquier técnica con solo verla. Prometió que me lo enseñaría.

Sus amigos quedaron asombrados, imaginándose todos los jutsus que conocían.

—¿Por qué te enseñarían esas cosas? Pensé que no le gustaban los niños —dijo Hideto.

—Bueno… eh… porque él es mi papá —susurró en un hilo de voz.

Todos los niños se quedaron callados por un momento, mirando a su amigo casi sin parpadear.

—Eso. Es. Asombroso —dijo Kei boquiabierto —Tu papá da mucho miedo.

—Si —estuvo de acuerdo Sango —. ¿Tú también tendrás ojos rojos? No me gustan.

Las mejillas de Minato se coloreado furiosamente y de repente la arena se había convertido en lo más interesante que ver.

—No lo sé —le mintió — pero no dan miedo —mintió de nuevo, ya que incluso él tenia pesadillas con eso —. Me llevó a una feria y me dejó jugar en casi todos los juegos —dijo de repente, como si eso lo excusara de todo. Que de hecho, para él, lo hacia.

—Entonces es bastante genial —dijo Keita.

—¡Sí!

Minato les contó a sus amigos sus aventuras con su padre y Naruto hasta el momento que lo atraparon.

—Pero mi tío Naruto dice que es una estrategia para llegar más rápido donde mamá.

—Vaya que es valiente —dijo Hideto —. Creo que mi tío no lo conoce muy bien porque…

—¡¿Keita, donde estás?! — La voz de Ino Yamanaka resonó por el jardín infantil. El ojiazul soltó un gruñido y miró por las pequeñas ranuras de su escondite.

—¿Ven? —preguntó a nadie en específico —. Las chicas siempre son molestas.

—¡Hey!

Keita se escabulló debajo de los toboganes y salió al patio de juegos, donde su Ino, su prima, podría verlo. El resto de los niños lo siguió. Sin embargo al salir, los tres se quedaron congelados.

En la entrada del parque estaba el tipo peliblanco con la gran espada sonriéndoles aterradoramente.

—¡Qué lindo es! —gritó una chica, junto al espadachín. La pelirroja captó la atención de los niños y salió corriendo hacia ellos —. ¡Es idéntico a Sasuke-kun!

Minato dio un paso hacia atrás, atemorizado, cuando vio a la chica abalanzarse por él. El espadachín estalló en carcajada y se acercó hasta ellos.

—¿Lo vez, Zanahoria? Ni su hijo te quiere cerca.

—¡Cállate, Sardina! Es sólo porque no me conoce, se siente intimidado.

Minato los miró de uno a otro, palideciendo cada vez más.

—Lo estas asustando. Cállate o comenzara a llorar.

—Yo no lloró.

—Tu eres quien lo asusta con esos dientes de tiburón.

—A Sasuke-san no le gustara que estén molestando al pequeño Minato-kun.

Un tipo aún más aterrador que los otros dos se acercó. Era altísimo y tenía el cabello naranja, cuando miró a Minato estaba completamente serio aunque parecía curioso por el niño. Minato recordó que lo había visto en el bosque, mientras Naruto lo llevaba lejos de Sasuke. Tragó en seco y retrocedió un paso.

—No es mi culpa que Karin sea tan fea que espante a los niños.

—¡Suigetsu!

—Entonces es una suerte que estemos nosotros para ayudar —Ino se acercó. La burla brillaba en sus ojos azules mientras observaba a Karin —. Sakura nunca me perdonaría si dejara a su hijo en ciertas manos.

Karin masculló algunas palabras para sí misma. Algo relaciona a que sería una mejor madre y como Sasuke se podía fijar en alguien con el nombre de un árbol. Lo que venía haciendo desde que se enteró que el moreno tenía un hijo. Pero nadie le prestó atención.

Ino tomó la mano de Keita y Hinata tomó a Minato, despidiéndose de los demás chicos. Ambas lideraron la marcha de salida.

—Nos están observando —le murmuró Karin a Suigetsu, caminando un poco más despacio detrás de las dos chicas.

—Lo sé —respondió el espadachín.

Suigetsu miró sobre su hombro, a los arboles más cercanos, y entrecerró sus ojos. Colocó casualmente una mano es su espada, enviando una clara advertencia. Tres sombras oscuras saltaron de los árboles y él sonrió.

Detrás de ellos, tres campesinos habían visto la escena y los seguían a una distancia prudente.

-1-

Sasuke seguía parado en el marco de la puerta de una abandonada casa que había encontrado cerca de la ciudad. Estaba lo suficientemente lejos para evitar intrusos y ser notado, pero lo suficientemente cerca para conseguir suministros rápido y volver. Había sido un regalo del destino encontrar ese refugio, especialmente cuando tuvo que dejar a Sakura inconsciente e ir por alguien que pudiera tratarla. Después de eso, no volvió a separarse del lugar. Se apoyó en la pared junto a la habitación en donde estaba la pelirosa, cruzó sus brazos sobre su pecho y dejó la mirada al frente, mientras que en su mente no podía dejar de ver el rostro ensangrentado y pálido de la pelirosa.

Era lógico que no fuera a sobrevivir. Ni siquiera sabía porque seguía ahí parado esperando la fatídica noticia, y tampoco tenía idea de cómo sentirse al respecto. Aunque hasta hace unos días sabía muy bien lo que ella significaba para él y había querido salvarla de la destrucción de Konoha, ahora no estaba muy seguro. No después del engaño. ¿Seguía sintiendo algo por ella? Era la madre de su hijo después de todo. ¿Acaso podría perdonarla? ¿Por qué verla moribunda le recordaba a la muerte de su familia? ¿Y, que era esa incomodidad que sentía y que estaba mareándolo?

Demonios, estaba tan confundido.

Afuera, el día había transcurrido y comenzaba a oscurecer más temprano de lo normal debido a las nubes oscuras y la constante lluvia.

La chica que atendía a Sakura se aclaró la garganta junto a él, y tuvo que mover su vista hacia ella ocultando como su estómago pareció caer de su cuerpo debido a las ansias.

—Señor —comenzó a decir la chica con voz suave, casi un susurro. Sasuke estudio su lenguaje corporal intentando descifrar la noticia antes de que ella la diera. La joven de cabello castaño mantuvo la vista baja y cambiaba su peso de un pie al otro con nerviosismo, paso su mano sobre su cabello liso y lo colocó detrás de su oreja. Sasuke se preparó para lo peor —, ella… ¿Es su novia?

—No.

La chica soltó un suspiro y miró hacia dentro de la habitación, donde Sakura permanecía, y extrañamente sonrió.

—¿Sólo son compañeros de equipo?

—¿Cómo se encuentra? —Interrumpió el ligeramente fastidiado.

La chica se sonrojó furiosamente, pero se recompuso y esbozó otra sonrisa.

—Ahora se encuentra bien. Deberá descansar un tiempo para que sus heridas se cierren y por la pérdida de sangre —explicó sin dejar de sonreír, lo que exasperaba cada vez más a Sasuke —. Lo más alarmante es la herida en su rostro, si hubiera sido más baja probablemente hubiera perdido el ojo. Aunque creo que siempre tendrá una cicatriz.

Sasuke no pudo evitar mirar hacia la habitación y sentirse ligeramente culpable de lo sucedido. Si hubiera tenido más cuidado, ella no tendría que estar así.

—¿Señor…? — La chica esperó un momento a que él dijera su nombre, pero Sasuke simplemente la volteo a ver —¿Hay algo más que se le ofrezca? Puedo encargarme de sus heridas también.

—Vete —le dijo Sasuke dándole unos cuantos billetes.

La chica quiso renegar, pero antes de eso ya estaba fuera de la casa. Cuando cerró la puerta una suave risa inundo el lugar. Sasuke entrecerró sus ojos y caminó hasta la habitación, deteniéndose una vez más en la entrada.

Sakura se encontraba sentada en la cama, apoyada en la pared del fondo. Lucia algo pálida aun, y una gasa cubría todo su ojo derecho. Su ropa estaba manchada de sangre y junto a la cama había un cuenco de agua y muchos vendajes extras.

—¿Ni siquiera una oportunidad?—le dijo Sakura después de reír —. Apuesto que quería más que tratar tus heridas.

Él alzo una ceja.

—¿No deberías estar celosa o algo así?

—¿Por qué? —Sakura se encogió de hombros, restándole importancia. Luego desvió su vista a la única ventana de la habitación, mirando solamente arboles —. No soy tu novia.

Sasuke quiso soltar una carcajada. Después de todo si le había molestado. Suprimió el tirón de sus labios y avanzó hacia la cama. Observó como Sakura se tensaba y sintió como su propio ritmo cardiaco aceleraba.

—Ten —le dijo, pasándole un plato de comida —. Espero que esta vez no me lo lances encima.

Los ojos de Sakura se abrieron como plato y tomó la comida casi sin pensarlo.

—¿Lo recuerdas?

Sasuke se encogió de hombros y se sentó en el otro extremo de la cama, concentrándose en su comida.

Nadie mas dijo nada. Los minutos en silencio se extendieron y con ello, las miradas furtivas aumentaron. Se sentía como un maldito adolescente hormonal y estaba comenzando a desear que ella dijera cualquier cosa.

—¿Me odias? —preguntó de pronto Sakura, casi respondiendo a su silenciosa plegaria.

Sasuke levantó su cabeza en un brusco movimiento, su vista se clavó en el vendaje de Sakura y las palabras se escaparon de su boca.

—No.

Sakura bajó la mirada y una triste sonrisa se formó en sus labios.

—Quiero que sepas que nunca te culpe por no estar, sabía que no era tu elección.

Sasuke no sabía que responder. Dejó su vista en ella y por primera vez se preguntó que había sido de ella en ese tiempo, con un hijo de él en una aldea que odiaba a los suyos.

Se dio cuenta que la había estado mirando por demasiado tiempo, cuando ella se levantó precipitadamente y completamente sonrojada.

—¿A donde vas?

—A la aldea. Tal vez aun podamos conseguir información y necesitamos ropa limpia.

Sasuke señalo una bolsa sobre una mesa de madera.

—Ahí encontraras ropa. No saldremos hasta el amanecer.

—¿No estamos perdiendo tiempo?

Sasuke simplemente rodó los ojos, probablemente pensado que contestar era demasiado estúpido. Se acostó sobre la cama y colocó su brazo sobre sus ojos.

—Supongo que es un no.

—Ni pienses en salir —gruñó.

—Bien, ya entendí.

Sakura tomó la bolsa y salió por la puerta más cercana. Necesitaba un espacio lejos de Sasuke y su bipolaridad. Primero era desgraciado con ella, luego tenía esos mínimos gestos dulces para convertirse nuevamente en un ogro. Estar junto a Sasuke siempre era un subibaja de emociones y para empeorar todo, no estaba segura de como sentirse junto a él. Sin duda, una parte de ella estaba molesta por como la había tratado desde el primer momento. No la había dejado explicarse sobre su hijo y después él renegaba por la verdad oculta, sin dejarla explicarse nuevamente. Pero otra parte, y lamentablemente la mayor, se sentía culpable por no decirle nada antes, por seguir ocultándole cosas.

Se apoyó en la puerta y fijó su vista al frente, abrazando la bolsa sobre su pecho. Un espejo resquebrajado le devolvió la mirada. Se estudió por un momento. Casi ni podía reconocerse y sintió lastima por ella misma.

"Tal vez por eso lo hace" pensó, acercándose a su imagen. "Le doy lastima a Sasuke"

Se encontraba sumamente pálida y unas manchas azules se dibujaban debajo de sus ojos haciéndola parecer como un zombi. Además, el aspecto curtido, las heridas levemente rozadas que rasgaban su piel por donde se mirara, su cabello sucio y despeinado, los labios pálidos y resecos, y su vestido sucio y desgarrado. Definitivamente parecía salida de una película de horror.

Soltó un suspiro negándose a sentir compasión con ella misma. Para su suerte estaba en un baño, aunque semi destruido, pero la cañería funcionaba. Se acercó hasta la ducha y dejó que el agua fluyera durante unos momentos. A su alrededor encontró todo lo necesario para darse un buen baño y también el lugar estaba un poco húmedo, como si alguien lo hubiera usado antes que ella.

Sonrió para sí misma. Ahí estaba Sasuke de nuevo siendo ignorantemente gentil con ella.

Una vez estuvo afuera inspeccionó la bolsa que Sasuke le había entregado. Un sencillo pantaloncillo negro y ajustado, botas ninjas altas y oscuras, y un top rojo ajustado al cuerpo. Todo el conjunto gritaba practicidad, era algo que claramente había elegido Sasuke y se sorprendió al darse cuenta que le gustaba. Volvía a parecer una kunoichi y no una prisionera de guerra.

Incluso sus heridas, después de quitarse la suciedad, no parecían graves.

Cuando regresó a la habitación se dio cuenta que Sasuke seguía tendido en la cama.

Probablemente él tenía razón, después de huir de la fortaleza, sobrevivir y luchar contra Nadine, necesitaban una buena dosis de un sueño reparador. Sin embargo, seguían en territorio enemigo, no habían establecido guardias y sería demasiado novato de su parte bajar sus defensas.

Pero estaba tan cansada y herida, el baño la había relajado y le pesaban los parpados, y la respiración acompasada de Sasuke parecía un baile hipnótico que la invitaba a dormir, recargar su cabeza en ese perfecto y musculoso torso y escuchar los latidos de su corazón como canción de cuna…

Se mordió un labio indecisa y cuando subió el rostro hacia el de Sasuke supo que era lo peor que había ello.

Su estómago dio un saltó hasta el cielo y al mismo tiempo un millar de mariposas revoloteaban.

Sasuke no estaba durmiendo, como ella creía, y ahora tenía sus ojos azabaches clavados en ella con una intensidad que la abrumaba. Sintió como su garganta se cerraba y estuvo tentada a relamer sus labios.

—Duerme — ordenó Sasuke. Ella asintió con la cabeza y dio un vacilante paso hacia adelante.

La sensación aumento cien veces con cada paso que daba, y en ello se debatía entre la humillación por doblegarse tan rápido ante él y la extraña sensación que recorría todo su cuerpo. Los nervios la recorrían, junto con la adrenalina de la anticipación. Sabía que iba a suceder algo, aunque no estaba segura de que exactamente.

Dejó sus botas a un lado de la cama, y se acostó junto a Sasuke.

Sus ojos carbones la habían seguido todo el trayecto, y cuando ella giró su rostro hacia él, quedaron a tan solo unos centímetros de distancia. La luz de luna entraba perezosa por la ventana, los sonidos de la noche no habían empezado a cantar y era tan fácil pensar que en ese momento el mundo se reducía a ellos dos.

Para ese punto sus sentidos estaban tan alerta y era tan consiente de Sasuke, que no hubiera podido parpadear sin que ella lo notara. Por eso se asustó cuando el deslizo una mano por la cama, hacia ella. Su corazón comenzó a palpitar más rápido.

Sin embargo, Sasuke se detuvo a medio camino y apartó su vista de ella con reticencia.

Sakura soltó todo el aire que había almacenado en sus pulmones, en un suspiro que no se definía si era decepción o alivio.

Se giró, clavando su vista en el techo.

Una idea absurda cruzó por su mente y sonrió por ello. Tal vez era su momento de tomar la iniciativa. Sasuke ya había hecho un avance a su manera, era su turnó de tentar a su suerte.

Deslizó su mano entre las sabanas y encontró la de Sasuke. La tomó y entrelazó sus dedos con él, sintiendo como se tensaba cada musculo de su brazo.

Cerró sus ojos y susurró: —Buenas noches, Sasuke-kun.

Sólo habían pasado unas cuantas horas desde que se había dormido, pero hacia tanto que no dormía en una cómoda cama, que lo sintió como días.

Despertó sobresaltada por el ruido de las explosiones, miró hacia todos lados pero no había ataque. La luna aun brillaba afuera junto con muchas luces de colores.

—Fuegos artificiales —murmuró Sasuke sentándose también.

El rostro del moreno lucía un poco somnoliento, como si el sueño no terminara de salirse de él, el cabello estaba revuelto y su ropa un poco descolocada.

Era una de las pocas veces que lo mirada si una actitud desafiante y sintió una opresión tan grande en su pecho, que supo que no podía continuar mintiendo.

—Lo siento tanto —susurró aferrando la mano de él que aun sujetaba —. Fue mi culpa, se lo prometí a Itachi.

Sasuke parpadeo varias veces, despabilándose, y luego frunció su entrecejo, exigiendo una explicación

Continuará —

Hola, sé que no ha sido un capitulo tan espectacular pero esperó que les haya gustado.

Muchas gracias a todas por sus reviews, alertas y favoritos. Su opinión para mí es muy importante. También a los lectores fantasmitas, gracias por leer. Ya llevamos más de doscientas páginas y estoy emocionada, nunca creí que fuera tan largo.

Nos leemos en el siguiente capítulo, que esperó sea pronto.

Comentarios sin cuenta:

Brenda: La consciencia de Sasuke no quedará tranquila por varios capítulos jajaja. Sasuke es un maldito la mayor parte de las veces.

Bueno creo que en este capitulo han aparecido cosas que querias saber, y cada vez nos acerca mas al final… He estado pensando en dedicarme a una historia hasta terminarla y asi seguir, aunque no se cual será la siguiente y mi inspiración es algo caprichosa. He escrito un one-shot tal vez te guste, esta en una colección llamada Eso que llaman amor.