Cincuenta y ocho, cincuenta y nueve, sesenta.
La puerta de metal al principio del pasillo se abrió con un chirrido estridente en medio del silencio en el que se veían sumidos. Sasuke se mantuvo acostado, con sus ojos cerrados. En veinte pasos el shinobi estaría frente a él. Y con otros veinte más volvería a desaparecer detrás de la puerta negra al final de los calabozos.
Sintió la presencia del shinobi ANBU frente a su celda. Y este se esfumó dedicándole una mirada rápida.
La puerta de metal se abrió y todo volvió al silencio inicial.
La siguiente ronda seria dentro de dos minutos y la después de esa seria dentro de un minuto. Y así alternativamente.
Sasuke había determinado ese patrón a las pocas horas de encontrarse encerrado en las celdas de máxima seguridad de ANBU. Varios metros por debajo de la aldea y con acceso directo al escondite del escuadrón de asesinatos. No había cambiado para nada en los tres días, que calculaba, llevaba encerrado en el lugar.
También sabía que las celdas estaban recubiertas por un material supresor de chakra, por lo que le era imposible incluso activar su dojutsu, que habían un par de guardias detrás de cada puerta y que había otro más vigilándolos siempre por las pequeñas ventanas que estaban en la parte más alta del techo y que apenas se podían ver por la oscuridad. Todos eran ANBU.
—¿Qué mal agradecidos? —escuchó decir a Suigetsu, en la celda a su derecha.
Sasuke no reaccionó. Siguió acostado en el incómodo camastro con sus ojos cerrados y los brazos detrás de la cabeza.
—Incluso los ayudamos a encontrarte y nos dejan aquí como si fuésemos criminales —siguió quejándose.
—Lo somos — respondió Juugo, dos celdas más largo —. Nuestros nombres se encuentran en el libro bingo.
—¡Pero les dimos información! Nuestras cabezas juntas no valen ni la mitad de la de Sasuke. ¡Que se quede él aquí!
—¡Suigetsu! —gritó Karin en la celda a la izquierda de Sasuke.
—Quédate tú también. Le hacen un favor al mundo quitando tu feo rostro de la superficie.
La pelirroja lanzó un alarido de frustración y una cadena de insultos salidos del alma.
—Cállense todos —dijo Sasuke con una voz tan mortalmente calmada que nadie se atrevió a contradecirlo.
Paz nuevamente.
Los dos minutos pasaron y la puerta volvió a abrirse.
El guardia hizo su recorrido normal y volvieron a quedar solos.
Sasuke se preguntó que esperaban encontrarse con cada vez que el centinela pasara. No era como si ellos iban a liberarse poco a poco y cada minuto encontrarían algo diferente. Si él quería irse de ahí, necesitaría tan solo medio minuto para escapar. El sistema de seguridad era bueno, pero había una pequeña grieta entre las bisagras de la puerta y la pared de la celda. Un golpe con la fuerza adecuada las dejaría abierta. Y una vez fuera podría utilizar su chakra, así que antes de que se dieran cuenta podría estar en la puerta de metal. Si bien, la batalla que seguiría después de eso sería sangrienta, confiaba en sus habilidades. Sakura había hecho un buen trabajo sellando todas sus heridas antes de que lo capturaran y en esos tres días habían servido para recuperar su fuerza.
Pero no quería hacerlo. No se liberaría de esa forma.
El minuto pasó, la puerta de abrió.
Escapar solo atraería más problemas. Si bien, antes no le habría importado y esta habría sido la oportunidad perfecta para debilitar el poder militar de la Hoja desde sus cimientos, literalmente. Las cosas habían cambiado un poco con el tiempo en la isla.
El guarda volvió a salir.
Un ataque por parte de él, y Sakura junto a Minato serían tomados como rehenes. Y por experiencia propia sabía que deshacerse de Uchihas para solucionar los problemas era el método preferido por los Ancianos del Consejo.
Mientras ellos estuvieran en la superficie, él estaba de con los brazos atados. Los viejos decrépitos debían de saber, lo estaban probando.
Una vez los tuviera a ambos lejos y protegidos… haría lo que él quisiera con esa aldea.
No dejaría su venganza a un lado, pero no había razón para que Minato y Sakura lo supieran.
—Por cierto, Sasuke — volvió a hablar Suigetsu —. Conocimos a tu hijo. Que guardado lo tenías —. Se río con picardía y Sasuke abrió sus ojos.
—Es una monada — acotó Karin, lanzando un chillido de emoción. Como desearía que ese niño fuera de ella.
—Es un enclenque llorón —agregó Suigetsu con un resoplido.
—Se parece a ti — dijo Juugo.
Siguieron hablando de Minato y Sasuke tuvo que llevarse una mano hasta la cabeza, masajeándose en busca de paciencia.
—¿Cuántos años tenías? ¿Quince?
—Diecisiete —contestó en un gruñido.
Suigetsu soltó un silbido.
—Quien te ve tan serio y amargado.
Sasuke se tapó el rostro con la mano. El espadachín debería de agradecer la pared que los separaba o en ese mismo momento tendría un chidori incrustado en el pecho.
Sasuke se sentó en el camastro y prestó atención cómo los guardias que los observaban desde las ventanas se tensaban con ese simple movimiento.
La puerta se abrió, pero esta vez varios pasos se escucharon. Toda una comitiva ANBU estuvo frente a su celda en unos segundos. Sasuke alzó una ceja asombrado.
—Tendrás una audiencia —dijo el ninja con máscara de tigre.
La celda se abrió y un segundo después estuvo aprisionado contra la pared por tres ninjas, mientras el cuarto le colocaba unas esposas y una capa en el rostro.
Sasuke no hizo nada para oponerse cuando los ninjas lo arrastraron por los pasillos. En cambio, comenzó a memorizar el camino que tomaba.
Salieron por la puerta de la izquierda y todos fueron inspeccionados al salir. Caminaron un par de pasos y por el eco que se perdía en dos direcciones supo que el camino se dividía. Tomaron la izquierda, la derecha debía de volver a los calabozos.
Bajaron un tramo de escaleras. Giraron a la derecha y salieron a algún sitio, ya que sintió las corrientes de aire y ya no se creaba ningún eco contra las paredes. Parecía que cruzaba algún puente porque podía escuchar el silbido del aire a sus pies y luego de eso, volvieron a entrar a un túnel. Lo dejaron parado en el centro de una estancia, donde sentía la presencia de muchos ninjas poderosos. Escuchó unas pesadas puertas cerrarse a su espalda y luego volvió a estar en silencio.
El ANBU de mascara de tigre le quitó la capa de la cabeza. Él apretó su mandíbula al ver las personas frente a él.
—Siéntate —dijo Tsunade, señalando los cojines a sus pies.
Sasuke lo pensó durante unos segundos, mientras sus ojos recorrían la mesa larga y baja que lo separaba de las autoridades de la aldea. Tsunade estaba sentada al centro, con Shizune a su derecha tomando nota de todo lo que sucedía, mientras a la izquierda se encontraban los ancianos Homura Mitokado y Koharu Utatane. Y finalmente Danzo que estaba sentado junto a Shizune.
Tsunade no repitió sus palabras, pero con cada segundo que él tardaba en obedecer el ambiente se volvía más tenso. Sus ojos se clavaron en los de Danzo y fulminándolo con la mirada bajo poco a poco hasta encontrarse sentado sobre sus talones. Dejándole muy claro que no cumplía la orden por alguna clase de rendición o temor, sino porque así lo quería él.
—Uchiha Sasuke —comenzó la anciana —. Estas acusado de traición a la aldea de la Hoja, al haber abandonado y luego aliarte al Sannin Orochimaru, un ninja con manifestadas intenciones de destruir este lugar. ¿Niegas alguno de estos crímenes?
—No —la voz de Sasuke resonó clara por toda la instancia.
—¿Niegas pertenecer a Akatsuki, la organización criminal? —preguntó ahora Homura.
Sasuke tuvo la intención de bufar. Si ya manejaba esa información era estúpido que siguieran con sus preguntas.
—No —volvió a decir con voz fuerte.
Los miembros de la mesa, excepto por Tsunade, se miraron entre sí. Tal vez confiaban que él haría algo para defenderse. La Hokage lo analizaba con astucia y casi una sonrisa se formaba en sus labios, un gesto que Sasuke no entendió pero tampoco lo tomó como importante. Sus ojos volvieron a conectarse con Danzo y apretó sus puños intentando contener las ganas de saltarle encima.
—¿Niegan —comenzó a preguntar Sasuke, sin apartar los ojos de Danzo. Todos en la sala se tensaron y lo miraron expectantes —, haber dado la orden para la masacre de los Uchiha a manos de Itachi? ¿De haberse aliado a Orochimaru hace diez años? ¿De no haber participado en la defensa de la aldea en ninguno de los ataques posteriores?
Sus palabras crearon cierto revuelo aun en los controlados ANBU. Tsunade sonrió aún más, disfrutando del espectáculo y se reclinó hacia atrás en su silla.
—¿Quién es el traidor? —preguntó Sasuke, con una sonrisa en sus labios.
—¿Tienes pruebas de lo que dices? — Danzo se levantó, fulminándolo con la mirada.
Sasuke cerró los ojos con tranquilidad, y los abrió teñidos en rojo. Antes de un parpadeo, todos los miembros de la mesa se encontraron dentro de su genjutsu. El chakra se alteró y de repente todos los ANBU se prepararon para atacar. El tipo con la máscara de tigre se colocó detrás de Sasuke con el filo de la espada rozándole el cuello.
Pero el genjutsu terminó. Los miembros del consejo cruzaron miradas asustadas. En tan solo segundos habían logrado ver la masacre Uchiha desde los propios ojos de Sasuke, la muerte de Itachi, la historia de Madara.
—Ha sido una ilusión. Puedes manipularla —tercio Danzo sin querer dejar de incriminar a Sasuke. Si lo eliminaba, sería más fácil capturar a Minato para introducirlo en Raíz.
—Lo que ha mostrado es cierto —interrumpió Tsunade, poniéndose de pie —. Y no hay razón para considerarlo un criminal.
Sasuke la miró asombrado, pero todos estaban tan atentos a ella que no se percataron de su perplejidad.
—¿Qué quieres decir, Tsunade? —pregunto Koharu.
—Orochimaru e Itachi, eran ninjas renegados de la hoja. Matarlos ha sido un servicio especial para nosotros.
—¿Servicio especial? ¡Explícate bien! —Exigió Danzo, también poniéndose en pie y fulminando con su mirada a la Hokage.
—Sasuke Uchiha ha estado trabajando para mí en secreto todos estos años.
Sasuke alzó una ceja mitad intrigado, mitad sorprendido... Él no era tan iluso como para pensar que lo hacía por simple bondad, sabía que algo quería de él.
—Abandonó la aldea por orden mía después que lo salve del genjutsu en el que Itachi lo introdujo, sirviendo así como espía de Orochimaru… luego lo mató. Recopilo información valiosa de las diferentes naciones durante sus años de errante y finalmente fue a Itachi, infiltrándose en Akatsuki, de la misma forma que su hermano.
El silencio reinó por unos segundos y luego, una risa cargada de sarcasmo rebotó contra cada pared.
—Nada de eso es verdad —tercio Danzo —. Deja de intentar ayudarlo.
—No tengo ningún motivo para hacerlo.
—¿Y tú alumna? La madre del hijo de este traidor.
—Ella también debería recibir un juicio por alta traición —comentó la anciana como quien no quiere la cosa —. Es un mal ejemplo para cada Kunoichi de esta aldea, una burla para Konoha.
Sasuke apretó sus puños. El ANBU presionó un poco más la espada el cuello del moreno al sentir la tensión de este.
—¿Tienes pruebas? —preguntó Danzo.
—Si —siseo Tsunade.
El porte imperioso de Danzo se volvió tenso. Los ancianos intercambiaron una mirada angustiada y Tsunade sonrió triunfante.
—Llévenlo al salón especial de interrogaciones —ordenó.
El ANBU de mascara de tigre lo obligó a levantarse y Tsunade lo imitó abriéndose paso hacia la salida trasera del salón.
—La liberación de este chico no es una decisión que puedas tomar sola, Tsunade — dijo Homura, alzándose.
—Lo sé — respondió, antes de marcharse.
Sasuke caminó detrás de la Hokage, aunque su mirada azabache no se apartaba de las tres personas en la mesa…
Las tres personas causantes de la masacre… Los que habían condenado a Itachi.
Apretó sus puños, conteniendo la ira que comenzaba a nublarle el juicio.
Estaba tan cerca…
El ANBU le dio un último empujón, quitándole la vista de esas personas. Sasuke se resistió por instinto, hizo una maniobra para deshacerse del ninja. Pero este fue más rápido, inmovilizándolo en el acto.
—No hagas nada estúpido — advirtió.
Sasuke se quedó pasmado al ver solo un ojo rojo detrás de la máscara.
—¿Kakashi? —preguntó en un susurro.
El ANBU lo empujó sin decir nada más, conduciéndolo por los intricados pasillos. Abrió una puerta de metal y lo dejo entrar solo. Avanzó con pasos lentos, Tsunade lo esperaba sentada en una de las sillas de madera que las separaba una mesa sencilla. Él se sentó, quedando frente a ella.
—¿Servicio especial? — preguntó alzando una ceja —. ¿Qué es lo que quieres?
—Trabajaras para mí a cambio de tu libertad.
Él sonrió con altanería.
—No.
Tsunade entrecerró los ojos y cruzó los brazos debajo de su pecho.
—No tienes opción si quieres volver a ver la luz del día.
—No me quedare en esta podrida aldea y no necesito de nadie para liberarme.
—¿Y qué piensas hacer con Sakura y Minato? Raíz los tiene en la mira. Confirmando que él es tu hijo, le has puesto un precio a su cabeza en todo el mundo ninja. Tus enemigos lo buscaran para dañarte. Bajo la protección de una aldea ninja, al menos te aseguras de una vida con algunas comodidades y libertades.
—No tiene por qué ser esta aldea.
Tsunade alzó una de sus cejas y le sonrió.
—¿Qué otra aldea pensaría en acogerte, Uchiha?
Sasuke apretó sus puños y presionó sus labios, bajo la mirada inquisitiva de la rubia. Los minutos en silencio se extendieron y finalmente la Hokage se levantó.
—Piénsalo — dijo esbozando una sonrisa —. Realmente no tienes otra opción si quieres mantenerlos con vida.
Cuando ella salió, Kakashi entró. Le volvió a colocar la capa y caminaron hacia las celdas.
No hizo falta que hacer un esfuerzo para aprender el camino. Su mente turbada no mantenía la concentración necesaria.
¿Trabajar para la Hokage? ¿En qué exactamente…?
Kakashi cerró la celda, el sonido hizo eco por unos segundos y sus ojos se perdieron entre pensamientos.
—1—
Su cabello pelirrojo ondeaba en el viento como un estandarte de guerra y sus ojos carbón fulminaban la algarabía de la aldea que se extendía por kilómetros.
La felicidad de algunos residía en el dolor y sacrificio de otros, y los odiaba por eso. Por creerse mejores, hacerse jueces del destino y eliminar todo lo que pusiera en problemas ese precario sistema del que deseaban aferrarse con las uñas.
Las grandes naciones no eran mejores, ella misma tampoco lo era y lo tenía sabía muy bien… pero quería enseñarles lo que el verdadero sufrimiento era. Solo eso deseaba.
Ya no le bastaba con lograr el mítico jutsu por el que Hoshimaru había dado la vida. No, eso nunca había sido su deseo. Lo que realmente quería era recordarles a todos las grandes habilidades de su gente, destrezas que los ninjas temían y por las cuales habían muerto.
Quería el lugar que le correspondía en la historia y lo tomaría de cualquier manera.
Saltó de la rama donde se encontraba y con un elegante movimiento cayó en el fondo del bosque. Las ramas reemplazaron toda su vista, los sonidos del viento entre las hojas le recordaban al oleaje de la isla en la que tanto tiempo vivió. No le gustaba el bosque, se sentía atrapada.
Caminó con pasos decididos sin importarle que las ramas crujieran con sus pies. Subió una pequeña colina, donde un antiguo templo se erguía penosamente. No tenía techo y las paredes de piedra se derrumbaban a sus costados. Después de pasar la fachada principal y al fondo del salón, unas escaleras descendían un par de metros, llevándola a una recamara redonda donde solo un haz de luz se infiltraba desde las escaleras.
Nadine pasó su fiera mirada por sus dos acompañantes.
—Ataquemos esta noche — ordenó sin miramientos.
Los ojos cristalinos de Shia se abrieron de par en par, presas del pánico. Y en Milo una sonrisa socarrona delineo sus labios.
—¿Segura?
—Han bajado su defensa, solo mantiene el protocolo. Esperaban un ataque para los primeros días, pero ya hemos dejado pasar lo suficiente.
—Es una aldea bastante fuerte —comentó Shia con timidez.
Nadine apretó sus puños. No le agradaba trabajar con esa chica. Era demasiado dulce, compasiva… no estaba hecha para el plan, pero desgraciadamente era la única que podía completar el único jutsu que les daría cierta ventaja. Por suerte, ella tenía a la única persona que podría convencerla.
—La libertad de Ao depende de esto —soltó como quien no quiere la cosa — Él ira al frente. Si quieres dejarlo sin protección… será tu decisión.
Shia mordió su labio inferior y bajó la vista. No podía dejar a su amigo enfrentarse a una aldea. Nunca se lo perdonaría, ni ella ni Hidemi.
Asintió. No tenía otra opción.
Milo se levantó de un salto y se colocó detrás de Shia. Sentado dentro de un círculo que había dibujado en el piso. Nadine camino tranquilamente hacia el otro, situado a la derecha de la chica.
—Recuerden —dijo ella, juntando sus manos en el posición de mono —. Iremos por los líderes, todos deben caer al mismo tiempo.
Milo asintió e imitó la misma posición de manos.
Shia cerró sus ojos. Sus manos cambiaron de sellos velozmente, la luz del dibujo en el piso brilló. Hirió su pulgar y termino de completar el jutsu al colocar la mano en el pergamino de sus piernas.
Los cuerpos de los aldeanos frente a ella se levantaron. Sus pupilas se convirtieron en azules y ninguna expresión se dibujaba en sus rostros.
Eran todas sus marionetas.
Sin embargo, Shia solo era un instrumento más. Quienes jugaban eran las personas a quienes enlazaban.
—Vayan junto a Ao —ordenó con su voz susurrante.
Los aldeanos desfilaron del templo, hundiéndose en los bosques de Konoha y esparciéndose en todas las direcciones.
Sakura empujó la puerta de la habitación con cuidado. La luz se encontraba apagada y un bulto de sabanas le indica donde estaba su hijo acostado. Lo observó por unos segundos, notando como fingía estar dormido, y con pasos silenciosos se acercó. Se acostó junto a él y lo abrazó, sintiendo como su cuerpo se relajaba al tenerlo en sus brazos.
—¿Qué te ocurre, Minato? —preguntó en un susurro.
Él se mantuvo en silencio, fingiendo aun dormir, pero al notar que su madre no parecía querer moverse, se revolvió entre sus brazo hasta quedar frente a ella.
—¿Sasuke no saldrá de prisión? —preguntó el niño, también en un susurro.
Sakura sintió una opresión en el pecho al escuchar como no le decía padre o algún término que el niño siempre había usado al ver la foto de Sasuke como gennin. También había notado que el retrato se encontraba lejos de la cama y le preocupaba pensar que algo había pasado en el tiempo en el que ellos se encontraron.
—Si lo hará. Tsunade-sama se encargara de ello.
—Realmente es una mala persona, ¿no es así?
El corazón de Sakura volvió a ser estrujado. Su mirada triste se enfocó en el techo de la habitación y distraídamente le acaricio el cabello azabache.
—¿Eso te pareció a ti?
Minato no contesto de inmediato. Bajó su mirada y lentamente soltó un suspiro.
—… no — susurró. Sakura sonrió.
—Las cosas no han sido justas para él y es una historia que algún día tú conocerás, pero no es una mala persona. Solo es alguien que ha sufrido mucho.
Se mantuvieron en silencio por varios minutos. Los pensamientos de ambos perdidos en Sasuke, en recuerdos. Pequeños momentos que hacían que el sufrimiento valiera la pena.
—Lo extraño, mamá —dijo Minato de pronto —. Quiero que él esté con nosotros.
Sakura le sonrió, pero de pronto, cinco explosiones consecutivas hicieron que se levantara de golpe. Miró a través de la ventana y su entrecejo se frunció al notar el fuego que venía desde la zona de los Hyuuga. Ninjas saltaban por los tejados confundiéndose en las sombras
—¿Qué está sucediendo? —preguntó Minato al llegar a su lado.
—Tenemos que salir de aquí.
Tomó la mano del niño y se apresuró en salir de la casa, desviándose solamente para ir por sus armas. Las personas corrían por las calles y los gennin más novatos se encargaban de hacer las evacuaciones correspondientes. Sakura entró en las filas de civiles que caminaban apresuradamente a los refugios, mientras no dejaba de ver de un lado a otro localizando los puntos de ataque.
— ¡Konohamaru! —gritó.
El chico, que era un Chunnin, se desvió de su camino para acercarse a ella.
— ¿Qué está sucediendo? ¿Quién está atacando?
Temía la respuesta. Temía que fuera el nombre de Sasuke el que él pronunciara.
—No lo sabemos, pero los clanes Sarutobi, Hyuuga, Nara, Yamanaka y Aburame han sufrido el ataque. Ahí nos estamos concentrando. Debes de ir con Tsunade-sama.
Sakura asintió. El moreno se marchó alcanzando rápidamente a su equipo.
La pelirosa se agachó, exigiendo la atención de su hijo.
—Minato, debes ir al refugio con el resto. Busca con Iruka y no confíes en nadie.
El niño afirmó con su cabeza y aunque las lágrimas se aglomeraban en sus ojos, presa del pánico, no dijo nada. Sakura le dio un beso y partió hacia la torre de la Hokage para recibir órdenes.
El pequeño Minato avanzó a trompicones por las filas de personas que corrían espantadas. Las explosiones comenzaron a ser más frecuente y los estruendos sacaban sustos a medida se acercaban más. Él no podía ver nada, solo el mar de piernas que lo empujaba. Sus chillidos eran apagados por los gritos de pánico y sin saber cómo termino siendo empujado a uno de los callejones secundarios.
Cayó al suelo y con su vista nublada observó como las personas corrían, miraba a los ninjas en chalecos verdes saltar por los techos, sin sonrisa y con armas en las manos. Tenía miedo, sus latidos retumbaban en sus oídos y estaba completamente paralizado.
Alguien cayó junto a él desde el techo y con gran velocidad lo atrapó en sus brazos y volvió a saltar hacia los tejados. Minato sintió el jalón en su estómago, luego el aire helado le azotó la cara y en sus ojos se clavó la vista de la aldea siendo atacada.
Las lágrimas salieron de sus ojos y él rápidamente se alejaba hacia los rostros de los Hokages. Levantó la vista, con una nueva oleada de pánico al recordar las palabras de su madre.
—Sai—murmuró.
El ANBU apenas le dedico una mirada, sin decir una palabra o dedicarle una extraña sonrisa que lo tranquilizara. Sus libros sugerían muchas frases para personas con una conmoción emocional, pero prefirió no utilizarlas.
Se alejaron del bullicio de las personas, de las zonas de ataque y finalmente se detuvo sobre la cabeza del primer Hokage. El suelo tembló, desbalanceándolos un poco. Sai miro hacia la aldea con preocupación y sacó uno de sus pergaminos dibujando un gran perro que cobró vida.
—Escóndete ahí —le dijo señalando una puerta escondida entre los rostros. Uno de los refugios más seguros—. Este perro te protegerá.
Sai se marchó a cumplir su deber con la aldea, y Minato, aun presa de la impacto, no se movió. Sus ojos verdes reflejaban las llamas que no podía dejar de ver, mientras la aldea se consumía a sus pies.
—2—
El temblor que sacudió la prisión los hizo levantarse de sus camastros. La alarma sonó un segundo después y el ajetreo se escuchó por toda la guarida de los ANBU. Sasuke observó todo el movimiento sin cambiar en mínimo su expresión. El guardia que los vigilaba se había apresurado a salir, dejándolos completamente solos.
La tierra volvió a temblar. Sasuke dio una miraba a los guardias que los observaban por la ventana superior, completamente distraídos.
—Juugo, Suigetsu —dijo.
El sello maldito se extendió por el brazo izquierdo del pelinaranja transformándolo en un miembro gigante y amorfo que de un golpe destruyó las rejas de la prisión, luego fue por Sasuke y Karin. Suigetsu con su constitución acuosa había logrado salir por su cuenta, traspasando la gruesa puerta de metal negro que los aislaba del resto de la prisión, derrotando al guardia y abriendo la puerta para el resto del equipo.
Solo unos cuantos segundos les había tomado liberarse, los mismos que necesitaron una docena de ANBUs para llegar hasta ellos y contenerlos en ese sitio.
Sasuke cambio sus ojos negros a rojos y uno de los ninjas enmascarados hizo un rápido movimiento de manos, llenando el lugar de niebla que neutralizaba su visión.
—Sasuke, izquierda — gritó Karin.
El chidori se extendió de su brazo como una espada y dio un mandoble en esa dirección. El cuerpo del shinobi de la hoja cayó al suelo, inconsciente
—¡Suigetsu!
El golpe atravesó la constitución del ninja, quien logro sujetarle el brazo y luego Juugo lo encaro con su puño.
El equipo de Sasuke se apresuró a formar un círculo defensivo en torno a Karin. El chidori Nagashi relampagueaba por todo el cuerpo de Sasuke haciéndolo el objetivo más visible, pero otorgándole una gran defensa.
—No los maten —advirtió Sasuke en un murmullo.
Suigetsu resopló molesto.
—Ellos no dudarían en hacerlo —le recordó, pero a Sasuke poco le importaba eso.
Taka se lanzó al ataque guiados por Karin en la ceguera que la niebla producía y utilizándolas a su favor. Para cuando la neblina se disolvió, solo un par de ellos quedaba en pie y Sasuke fácilmente los indujo en su genjutsu. Cayeron inconscientes y los miembros de Taka se encargaron de esconderlos. Tomaron sus armas, chalecos y máscaras, y comenzaron a recorrer los intricados pasillos de la base.
Se encontraron a muchos ninjas, pero lo que estaba ocurriendo en el exterior los tenía tan desconcertados que nadie les prestó atención y fácilmente se mezclaron entre ellos.
Sasuke se detuvo de pronto. Su pulso se aceleró y sus ojos se entrecerraron con furia. A unos metros de él, los ancianos del consejo se apresuraban a descender protegiendo sus frágiles y patéticas vidas del peligro que la aldea corría.
Apretó sus dientes hasta que su mandíbula crujió y sin necesidad de pensarlo por más tiempo, se separó del resto del grupo y siguió sigilosamente a los ancianos.
Juugo, Suigetsu y Karin, no tardaron en desviarse y seguirlo, pero mantuvieron su distancia, ya que al igual que la batalla contra Itachi. Esa próxima batalla estaba dentro de la venganza de Sasuke y él no requería de ayuda.
Se habían adentrado tanto que las cámaras comenzaban a ser frías y húmedas. Estaba pobremente iluminado y por el rumbo de los pasillos, Sasuke supuso que era alguna salida secreta de la aldea. Pero incluso a esa distancia podía escuchar el débil eco de la batalla que se cernía en la superficie.
La figura de Danzo se detuvo en medio del desolado lugar. Sasuke arrugó su entrecejo, y sabiendo que había sido descubierto, salió de las sombras y comenzó a caminar con pasos firmes hacia el responsable del asesinato de su clan.
Se detuvo a unos metros de distancia. Danzo lentamente se giró hacia él.
—¿Qué haces aquí?
Sasuke llevó una mano hasta la máscara de tigre blanco que ocultaba su rostro, la retiró y la dejó caer al suelo.
—Sabes muy bien lo que hago.
La mirada de Danzo se afiló, y los ojos de Sasuke se tiñeron en rojo mostrándole un Sharingan único.
—Has desarrollado el Magenkyo Sharingan —dijo Danzo con una sonrisa siniestra en sus ojos. A Sasuke apretó sus puchos, encontrando extraña la actitud de Danzo —. Sabía que Tsunade mentía. Esto le puede constar su puesto de Hokage.
—Hn.
—Igual que la vida de Haruno y tu bastardo.
La mirada roja de Sasuke se ensombreció, dio un paso y la máscara se rompió a sus pies.
—Pero no podrás decir nada, porque no saldrás con vida.
Su mano viajo hasta la espada del equipo ANBU, y con la maestría de un espadachín como él, se lanzó al ataque.
—3—
El revuelo de los pájaros llamo la atención de Hidemi. Llevaba tres días de viaje y estaba muy cerca de Konoha. Levantó su vista observando las aves que huían. Saltó de rama en rama, hasta llegar a la parte más alta y divisar todas las montañas que lo rodeaban.
Frunció su entrecejo al ver la columna de humo que se elevaba en medio del follaje.
Era Konoha, ya era tarde.
—Continuara—
Antes que nada, una disculpa a todos los que esperaban actualización y lo que hubo fue una edición de los primeros capítulos. Hay algunos cambios que quiero hacer en esos capítulos, especialmente porque mi forma de escribir a cambiado desde que comencé a escribir esta historia. Seguiré haciendo ediciones pero lo aclarare en el sumario del fic.
Ahora si, faltan solo 3 capítulos y el epilogo. ¿Qué hará Sasuke con su venganza? ¿Qué pensaran Sakura y Minato? Y el ataque a la hoja.
Espero que disfruten de los últimos capitulos y mil perdones por tardar en actualizar.
