El Ultimo Uchiha
Capitulo 27:
Ciudad en llamas
Los miembros de Taka se miraron entre ellos, sin atreverse ninguno a decir algo.
Siguieron a Sasuke por los intricados pasillos de la base militar abandonada. Era lógico que el edificio se cayera y todos los shinobis se habían apresurado a evacuar y ayudar en la invasión que sufría la aldea.
No había nadie, aun así, Sasuke se colocó una de las máscaras Anbu y sus compañeros lo imitaron.
—Eh, Sasuke —dijo Suigetsu, adelantándose para correr junto al moreno. Gruño, para indicarle que le escucha y el espadachín supo que podía continuar — ¿Cuando dices que nos vamos, es de este edificio? Porque es bastante lógico que debemos hacerlo a menos que tengamos planes de enterrarnos vivos.
Sasuke se giró hacia él. Incluso con la máscara, la expresión dura de sus ojos no dejaba de intimidar. El chico de la niebla tragó en seco.
—Sabes muy bien a que me refiero.
—Si…pero, ¿y tú chica?
Sasuke volvió a gruñir, apretó sus puños y clavó su vista al frente. La salida estaba solo a unos metros de distancia.
—Yo no tengo ninguna chica.
Salieron. Los bosques de Konoha los recibieron junto al cálido viento nocturno de una noche de verano. Sin embargo, el caos en la aldea llegaba hasta ellos. Los gritos de guerra, la luz de un fuego furioso y devastador.
Sasuke apretó sus labios hasta que formaron una fina línea y procuró mantenerse impasible ante la destrucción del lugar donde había nacido. Intentó alejarse, pero Karin y Suigetsu se posicionaron frente a él.
Sasuke alzó una ceja y casualmente llevo una de sus manos al arma más cercana, en una muda advertencia que los hizo palidecer. Aun así, y con sus rodillas temblando, Karin dio un paso al frente, ajustando los lentes sobre su nariz.
—Pero no puedes negar que tienes un hijo.
Sasuke apretó el arma en sus manos y sus ojos se afilaron.
—Cállate —murmuró.
—…que puede estar atrapado en una casa en llamas o frente a ninjas enemigos en este momento.
—¿No te interesa saber si esta con vida o no?
Sasuke bajó su mirada conteniendo la ira que sentía en ese momento. ¿Qué podían saber ellos de lo que pensaba? ¿De lo que sufría por dejarlos? Pero él no tenía nada que ofrecerles a parte de una vida marginada llena de persecución y sangre. Nunca le había pesado tanto su pasado como en ese momento, pero las cosas eran así y ellos vivirían mejor sin él.
—Lo estas abandonando —continuo Karin —. Y serás el único culpable que ese niño odie a su padre.
—¡Cállate! —repitió más fuerte, perdiendo los estribos. Alzó la vista con sus ojos bañados en rojo y los dos miembros de Taka retrocedieron, encogidos de terror—. Sé lo que estoy haciendo.
Continuo avanzando, su respiración cada vez más pesada. Suigetsu y Karin se hicieron a un lado para darle paso, con sus corazones aun palpitando deprisa. El espadachín sudaba frio y estaba seguro que ante el menor ruido, Sasuke lo destrozaría con su chidori. Aunque estuviera de acuerdo con Karin, no seguiría rebatiéndole.
—Yo no voy —dijo la chica pelirroja con su mirada hacia el suelo —. A pesar de todo, no es una mala aldea.
Sasuke apenas la miro sobre su hombro.
—Haz lo que quieras.
La chica apretó sus labios y miró al lado contrario, hacia la aldea, intentando ocultar las lágrimas que se formaban en sus ojos. Lagrimas de impotencia, de traición. No podía negar que le dolía ver la facilidad con la que se deshacía una vez más de ella. A pesar de los años a su lado, de la incondicional lealtad que ellos tres le habían demostrado, para Sasuke no eran nada. Ni siquiera compañeros de equipo.
—Yo también me quedo —dijo de pronto Suigetsu —. Aquí hay unos niños que me agradaron mucho.
Sasuke no les dijo nada, lentamente se fue alejando de ellos. Dejando los sonidos de batalla cada vez más largo, desprendiéndose de la única parte humana que le quedaba.
De pronto se detuvo. Juugo que era el único que seguía junto a él, también lo hizo.
—Vete —dijo de pronto—. Sé que también me estas juzgando.
—Sasuke-san yo creo…
—Vete. No los necesitare de ahora en adelante. No necesito a nadie —agregó solo para él.
Juugo se quedó de pie en medio del bosque, observando como la oscuridad de la noche se tragaba a un Sasuke moribundo. Cerró sus ojos y alzó la vista al cielo, iluminado con el carmín de las llamas. Él sabía a quién debía proteger ahora.
-1 -
Cuando Tsunade regresó a su posición en la torre Hokage, Sakura con desesperación esperó alguna respuesta de ella a su muda pregunta, alguna pista de Sasuke. Pero, sus ojos llenos de forzada esperanza no encontraron lo que buscaba. La Hokage no dijo nada y su mirada fuerte sobre la chica pelirosa solo ayudó a remover sus inseguridades y miedos.
Tsunade exigió que se le informara de la situación actual y un instante después, Shikaku junto con Inoichi, se presentaron frente a ella.
—¿Y bien? —Preguntó ante el silencio de los ninjas— ¿Qué han encontrado?
Los dos shinobis se miraron entre sí antes de responder.
—Hemos llegado a la conclusión —dijo Shikaku— que todos están… muertos.
Tsunade frunció el entrecejo.
—¿Edo tensei?
Inochi negó.
—Similar —respondió Inoichi— Los cuerpos funcionan como marionetas, pero no tienen chakra propio ni conciencia. Sus mentes están vacías, excepto por la orden que han recibido y los pensamientos de quien las manipula.
—Pero sus ataques —intervino Sakura, obligándose a concentrarse en la batalla— Usan técnicas ninjas. Tienen que tener un origen.
Shikaku asintió.
—Hemos confirmado con los miembros del clan Hyuuga que tienen una fuente de chakra normal, incluso tienen una extra que los recubre como si fueran escudo y me temo que es la razón por la que nuestros ataques son ineficaces. Creemos que todos están siendo alimentados por una misma fuente de chakra.
—Tres en realidad.
Karin, junto a Juugo y Suigetsu saltaron a la azotea del lugar. Sakura no pudo evitar que su corazón saltara al verlos ahí, e instintivamente buscó al pelinegro. Su dolor fue más grande al notar la forma en la que los miembros de Taka la evadían y simplemente supo la verdad. Sasuke se había marchado.
Bajó su rostro, buscando ocultar las lágrimas que pugnaban por salir.
—Puedo sentir dos tipos distintos de chakra en cada uno de los cuerpo, y uno tercero recubriéndolos.
—¿Puedes sentir de donde se originan? —preguntó Shikaku. Karin asintió.
—¿Qué buscan por esta ayuda? —preguntó bruscamente Tsunade. Tenía demasiadas razones para desconfiar de ese equipo.
—Un real muestra de hospitalidad no estaría mal —contestó Suigetsu— Hemos ayudado a esta aldea y lo único que han hecho es mandarnos a una celda donde casi nos entierran vivos.
Tsunade arrugó el entrecejo e intercambio una rápida mirada con Shikaku e Inoichi.
—¿Están pidiendo asilo en Konoha? —preguntó suspicaz.
Esta vez fue el turno de Taka de intercambiar miradas. Ninguno de ellos había pensado realmente en establecerse en algún sitio. Karin nunca se había visto más allá de ser la carcelera de la prisión sur de Orochimaru, no había tenido deseos de regresar a la aldea de su niñez. Juugo, se consideraba a si mismo demasiada amenaza como para estar rodeado de casas y personas, por eso le gustaba viajar y permanecer en los sitios menos concurridos. Y Suigetsu, por su parte, solo tenía un deseo y permaneciendo en un sitio no lo lograría. Sin embargo, la idea de tener un lugar al cual llamar casa, no les parecía tan malo.
Karin se encogió de hombros, Juugo pasó su mirada de uno a otro y Suigetsu soltó un suspiro.
—No me interesa ser shinobi de la hoja —contestó el espadachín —, pero no estaría mal saber que hay un sitio donde puedo dormir tranquilo.
—¿Una alianza? —dijo Shikaku estupefacto— ¿Qué ganaría Konoha al protegerlos?
—Pensé que tenían problemas justo en este momento —respondo con sarcasmo Suigetsu. El líder del clan Nara arrugó el entrecejo.
—Konoha cuenta con habilidosos ninjas sensoriales. Las habilidades de tu amiga nos son prescindibles.
—Pero ella es la mejor de cualquier shinobi que puedan tener aquí.
Karin se sonrojó hasta la raíz del cabello, sin embargo, el espadachín no parecía percatarse del elogio en sus palabras. Y si lo había hecho, disimulaba bastante bien.
—Tsunade-sama —intervino Sakura —no tenemos tiempo para esto. Las bajas solo son de nuestro lado y gran parte de la ciudad está en llamas. Todos los usuarios del elemento agua y tierra se han disperso para apaciguar los incendios, pero no serán suficientes. Nuestras fuerzas se agotan y las de ellos no.
—Lo sé. Cooperen con nosotros y luego discutiremos los términos de… esto —dijo la Hokage, sin saber exactamente qué clase de aliados podrían ser.
Los miembros de Taka sonrieron victoriosos, pero la mirada analítica de Shikaku seguía llena de desconfianza.
—Dos de las fuentes de chakra se comienzan a mover —anunció Karin, llamando la atención de todos— Una hacia el sur, la otra a la entrada noroccidental.
—Ahí se encuentra Naruto. Podría interceptarlo —dijo Inoichi. Tsunade asintió y el ninja Yamanaka desapareció en un salto hacia la parte norte de la cuidad.
—Tú —dijo Tsunade, señalando a Karin —ve con Sakura y encárguense de la otra fuente de chakra. Shikaku, busca a Neji y diríjanse al bosque.
Los ninjas asintieron y desaparecieron del lugar. Tsunade junto sus manos, incorporándose a los ninjas médicos que luchaban con mantener a Katsuyo.
-2-
Sasuke se dobló, sosteniéndose con la mano el abdomen y cayendo de rodillas al suelo. El dolor se hacía cada vez más fuerte y su respiración más grave. Estaba seguro de que un extraño silbido se comenzaba a escuchar cada vez que inhalaba.
Tosió, y una vez más su boca de lleno de líquido carmesí.
Se quedó sentado contra el tronco de un árbol, en medio de la oscuridad. Luchando para no cerrar sus ojos cansados, pera en cada parpadeó era más difícil volver a abrirnos y el sueño se hacía cada vez más tentador.
—Lo he encontrado —dijo de pronto una voz masculina. Sasuke se despertó alerta y su mano viajó veloz a su bolsa de equipamiento, esperando el menor movimiento para lanzar un golpe mortal—. Se encuentra en el distrito Hyuuga, iré por él. Luego negociaremos con Uchiha y la chica, pagaran lo que nos han hecho.
Sasuke, ocultó entre los arbusto, logró ver como Milo avanzaba hacia la aldea. Su semblante se endureció al comprender las palabras y la preocupación comenzó a despertarle los sentidos.
Minato tenía que haber escapado de la ciudad, estar en algún refugio. Él recordaba los planes de evacuación de Konoha y la prioridad en proteger civiles y los niños que aún no se habían graduado de la academia.
—Yo también iré —dijo esta vez una voz femenina. Sasuke observó salir a Nadine del ruido templo. La chica se giró y dedujo que al menos debía haber un implicado más en el ataque—. Ni se te ocurra traicionarnos. Recuerda que Ao se encuentra conectado a nosotros, si quitas la protección, él podría morirá.
La chica pelirroja se marchó. Sasuke miró hacia él templo. La clave de aquel ataque debía estar ahí.
Se levantó y lentamente avanzó por el bosque. No lo hacía por la aldea, a él no le importaba. Pero esos criminales iban por lo único que él podía seguir considerando una familia. Sabía que sus acciones salvarían la aldea, pero solo era un beneficio colateral.
Llegó hasta la entrada del templo de piedra. Era antiquísimo y la vegetación crecía entre las ranuras de las rocas. Una trampilla, a unos cuantos pasos, dejaba ver el camino a una habitación subterránea, donde débilmente una luz emitía su brilló. Sasuke sacó uno de sus kunais. Avanzó lentamente, sin hacer el mínimo ruido y siempre junto a la pared. Al terminar la escalera, daba paso a una amplia habitación, aunque había toscas y columnas derrumbadas, así como una grieta en el techo que permitía un poco iluminación durante el día. Sasuke inspeccionó el lugar. Solo había una chica en el centro de lo que parecía un sello.
Entró sin dudarlo y lanzó el kunai hacia ella. El arma se desvió segundos antes de rosarla y la chica abrió sus ojos azules asustada.
Sasuke salió de las sombras, caminando decidido hacía ella, y aunque su cuerpo temblaba, la chica no se movió de su sitio.
—Uchiha —dijo con una voz realmente dulce, aunque teñida de miedo-. No puedes tocarme.
—No necesito hacerlo.
Sus ojos se tiñeron en rojo y tres aspas giraron velozmente, con una sola mirada la sumió en un genjutsu y la chica quedo petrificada frente a él.
Se inclinó frente a ella y tomó otro kunai. Tal vez no eran tan hábil en el genjutsu como su hermano, pero era lo suficientemente capaz de obligarla a liberar la técnica de protección que utilizaba.
Las inscripciones del sello desaparecieron del suelo y así Sasuke supo que lo había logrado. Levantó el arma, dispuesto a terminar con todo eso. Escuchó el sonido cortante de un kunai y se movió levemente para esquivarnos. Miró sobre su hombro identificando al chico que lo atacaba como aquel que había visto junto a Sakura en la isla.
Su entrecejo se frunció y se giró, retándolo.
—No le hagas daño, por favor —rogó el chico. Sabía que no tenía una oportunidad contra Sasuke y tampoco era su intención inmiscuirse en ninguna lucha.
—¿Estas con ella? —preguntó.
—Sí, pero no soy tu enemigo. Ella tampoco lo es —Sasuke alzó una ceja por toda respuesta. Hidemi suspiró y bajó sus hombros derrotados—. Solo desea traer de vuelta a alguien que una vez fue importante para nosotros.
—¿Y crees que eso la hace menos responsable? Las consecuencias de sus actos no cambian, sean cual sea su motivo. Por su capricho, muchas otras vidas se han podido perder en la aldea.
—¿Y quién eres tú para juzgarla? ¿Acaso nunca has tomado un mal camino? —Sasuke no respondió y eso le dio valor al chico para dar un paso hacia adelante—. Ella no es mala, ha sido engañada por los que realmente han armado este plan… y también por mí.
—Hidemi… —Shia los interrumpió, se había liberado unos segundos atrás del genjutsu, escuchando las últimas palabras de su novio.
—Shia, —los ojos de Hidemi buscaron desesperados a la chica y corrió hacía ella, olvidándose por completo de Sasuke—. ¿Qué has hecho?
—Lo siento —balbuceó mientras sus ojos se cubrían de lágrimas y se lanzaba a los brazos del chico—. Solo quería que todo fuera como antes, cuando Ao y tú discutieron… No lo podía abandonar, ambos son mi única familia.
Hidemi la abrazó con fuerza contra su pecho, acariciándole su largo cabello negro.
Sasuke solo le había dedicado una dura mirada. ¿Si ella buscaba una segunda oportunidad, por qué él no?
Caminó hacia la salida. Hidemi lo observó perplejo. Sasuke pudo escuchar cómo se desvivían el uno por el otro, los regaños y disculpas llenas de cariño, y sintió un aguijonazo de envidia dentro de él. ¿Alguna vez podría él volver a sentir esa calidez que perdió cuando era un niño?
La respuesta llegó casi de inmediato y a su mente llegaron un sin número de recuerdos de sus días en el equipo siete y pocos los reencuentros que habían tenido después de su deserción. Las muchas veces que expuso su vida sin pensarlo y que ellos lo hicieron de igual forma, solo para cuidarse aunque no tuvieran oportunidad alguna contra su enemigo.
Siempre había considerado necesario cortar todo vínculo que lo alejara del camino de la venganza, pero… ¿podía existir otro camino para él?
Se había adelantado unos cuantos metros en el bosque cuando dos shinobis de Konoha aparecieron frente a él. Aun llevaba el uniforme Anbu y la máscara, por lo que no era sorpresa que los shinobis no lo observaran como amenaza.
Reconoció al genio Hyuuga, Neji, sin embargó el segundo ninja le era desconocido aunque familiar.
—Ya me he encargado de todo aquí —dijo Sasuke, sin detener su paso.
—Distingo dos puntos de chakra más adelante —comentó Neji, mirándolo sospechosamente.
—No son enemigos. Eran rehenes —agregó, antes de desaparecer en un salto.
-3-
—Ahí está —dijo Karin, señalando a una chica a no más de diez metros de ellas, que inmiscuida en la multitud de guerreros, repartía golpes dejando incapacitados a sus atacantes.
Sakura la reconoció de inmediato. La chica que había conocido en el escondite de Sasuke, años atrás. Y recordó las habilidades que poseía.
Caminó con pasos tranquilos, sin apartar su mirada de la chica y acumulando, discretamente, chakra en sus manos.
Nadine se giró al sentir la mirada penetrante de la kunoichi de la hoja.
—Hasta que apareces —recriminó con veneno, esbozando una tétrica sonrisa—. Nadie te salvará ahora.
—No soy yo la que necesita un héroe —terció Sakura avanzando un paso hacia adelante—. Karin —agregó— quédate atrás.
La chica de anteojos abrió la boca para alegar, pero Sakura ya había dado un gran saltó que hizo temblar la tierra. Los shinobis más cercanos se alejaron al verla caer, despejando el área de batalla justo antes de que el suelo se dividiera en dos. Nadine, esquivó la grieta que se forma y quedo frente a frente con Sakura.
Las chicas se lanzaron al ataque. Las armas que se encontraban esparcidas por todo el suelo se levantaron y guiadas por los hilos de chakra de Nadine, volaron hacia Sakura. La chica pelirosa intento esquivarlos, retrocediendo y perdiendo la ventaja del cuerpo a cuerpo. Sin embargo, era inútil. No podía superar la velocidad de las armas y varias rasgaron su cuerpo.
Sakura apretó los dientes y de su cuerpo comenzó a salir vapor, mientras sus heridas se cerraban. Corrió hasta su oponente, que de inmediato colocó todas sus armas frente a ella, elaborando un mortal muro de puntas afiladas.
El sello de la frente de Sakura brilló y líneas negras comenzaron a recorrer todo su cuerpo. Concentro el chakra en sus pies, aumentando su velocidad y se lanzó a la pared de armas.
—¡Shannaro!
Su puño choco contra Nadine, y la pelirroja salió disparada hacia atrás, como un potente proyectil, derivando a todos a su paso.
Karin se cubrió el rostro, protegiéndolo de la nube de polvo que se levantaba. Su corazón palpitaba desenfrenado y luego miró a Sakura con los ojos abiertos de par en par. Sintió como su chakra había aumentado de una manera descomunal al liberar el sello y no entendía como una chica aparentemente tan insignificante albergaba esa energía.
—Es un monstruo —murmuró para sí misma.
Sakura volteó hacia Karin. La pelirroja retrocedió asustada.
—Eso ha sido fácil —le dijo Sakura, sonriéndole.
Karin soltó un suspiro, aliviada de no haber sido descubierta. Miró en la dirección en la que había sido lanzado el cuerpo de Nadine y concentró todo su poder sensorial.
Apretó sus labios extrañada.
—La protección que los cubría ha desaparecido —anunció.
—Eso es bueno —respondió Sakura acercándose.
—Pero aun no la has derrotado, sigue con vida.
Sakura chasqueó la lengua y junto a Karin, llegaron hasta el cuerpo tendido de Nadine. La medic-nin suspiro al verla, no había forma que esa chica viviera demasiado tiempo, pero su código médico no le permitía dejarla sufriendo… Además, aún no había olvidado todo lo que había pasado por su culpa, su encarcelamiento y las amenazas a su hijo. Su pequeño Minato.
Apretó sus labios y levantó su puño.
Un pequeño temblor sacudió los terrenos que las rodeaban y un cráter se formó debajo del cuerpo, ahora sin vida, de la kunoichi.
—Debemos regresar con Tsunade-sama. Hay muchos heridos que necesitaran toda la ayuda posible.
—¿No iras a buscar a Sasuke? —pregunto Karin, tomándola del brazo para detenerla.
La determinación en los ojos verdes se borró. Karin fue testigo de su mirada torturada y comprendió que la chica fuerte y autosuficiente que normalmente era Sakura, se resquebrajaba frente al Uchiha, reflejando todo el daño que cargaba dentro. Mordió su labio inferior, en esa vieja manía que tenía, y se dio cuenta que no eran tan diferentes con la kunoichi de la hoja.
—Puedes convencerlo de regresar —urgió Karin. Sakura rehuyó su mirada.
—Te equivocas. No lo pude hacer en un principio y tampoco ahora. —Soltó un suspiro y se liberó del agarre de la pelirroja—. Sasuke ha elegido su camino, y yo no puedo correr detrás de él toda mi vida.
—Pero…
—Tsunade-sama nos espera.
—Que idiotas —murmuró Karin, mirando a Sakura alejarse hacia la torre de la Hokage, antes de correr detrás de la kunoichi.
-4-
Sasuke llegó a Konoha tambaleándose. No era la entrada que había imaginado. Tampoco es que hubiera invertido mucho esfuerzo y tiempo en hacerlo. Pero, arrastrarse hasta la entrada, medio moribundo y sin intenciones de asesinar a todos, definitivamente no estaba en sus planes.
La aldea tampoco era como él la recordaba. Sin contar la invasión de Suna, en la que él había participado para defender a sus amigos, no había visto otro ataque a la aldea antes. Había escuchado que Pain había destruido la mayor parte, dejando solos un vasto terreno sin árboles y lleno de los escombros de los edificios.
Caminó entre las calles, observando a los ninjas en sus propias batallas, controlando el fuego que comenzaba a expandirse sin control. Nadie le ponía atención, gracias al traje de Anbu. Observó al enemigo y pudo deducir que eran simples títeres como los que había utilizado Hoshimaru en la isla. Después de eliminar el control que la chica ejercía contra ellos, todas aquellas personas se fueron desplomando una por una, inconscientes y causando un gran revuelo entre los shinobis.
Escuchó un sonoro estallido que paralizó a la ciudad, y luego sintió el suelo temblar ligeramente. No pudo evitar sonreír, sabiendo que era Sakura. Uno menos, pensó. Y al alzar su vista observó a Naruto realizando un gran rasengan. Bien, eso significaba que quedaba uno para él.
—Y debes ser tu —dijo captando la atención de un chico pelirrojo.
Sasuke se quedó al inicio del callejón, impidiendo la salida de aquel individuo que seguía batallando a pesar de la clara derrota. Llevó una mano hasta su máscara Anbu y la tiró a un lado.
—Minato, sal de ahí —ordenó.
El niño salió de su escondite, debajo de unos escombros, con su rostro mugriento y bañado en lágrimas. Un kunai se clavó en el suelo, haciéndolo caer de espaldas, aumentando el llanto del pequeño.
—¿Crees que será tan fácil? —Preguntó iracundo Ao—. Al menos me llevaré la satisfacción de deshacerme del mocoso.
El shinobi pelirrojo colocó las manos en el suelo y una pared de tierra se levantó, estallando en millones de fragmentos mortales. Sasuke se movió veloz, resintiendo sus músculos, y alzando el Susano sobre él y su hijo.
El niño lo miró estupefacto. Los fragmentos afilados de roca se desintegraban al tocar la esencia del mounstro mítico. Sasuke era el héroe que él siempre había soñado, excepto que su cuerpo se teñía de sangre por todos lados, y en lugar de una sonrisa cálida, estaban sus ojos rojos, amenazantes.
—¡Sasuke!
Minato saltó, corriendo hacia su padre.
—Vete de aquí Minato —siseo con enojo contenido, sin ver al pequeño.
—¿Pero Sasu…?
—¡Maldición! ¡Vete! —volteo a verlo sobre su hombro con el sharingan girando amenazadoramente. El niño retrocedió con temor sin apartar su mirada.
—Papa… —murmuró con temor.
—¡Ya!
Minato se fue corriendo mientras las lágrimas resbalaban sin cesar por sus mejillas. Tenía mucho miedo de Sasuke y ya no sabía dónde quien más ir. Dobló en el callejón y permaneció ocultó entre las calles cercanas, controlando sus sollozos
—Qué enternecedor de tu parte prolongar un poco más la vida de tu hijo - rio Ao acercándose, Sasuke sonrió al contemplar que ambos tenían un estado lamentable. - no veo que sea gracioso. Ambos morirán esta noche.
—No —respondió Sasuke seguro—. El único que morirá serás tú —aclaró.
Sasuke sabía que todas sus heridas volvían a abrirse, le escocia la piel y las entrañas. Sin embargo, lo que realmente lo alarmó, fue la punzada de dolor en sus ojos. No podía sostener por mucho tiempo más el sharingan y tampoco podría seguir combatiendo. Miró a Ao hacer una serie de sellos rápidos, el suelo se levantaba en formas angulosas dirigidas hacia él y Sasuke corrió hacía el enemigo, haciendo brillar en su mano aquel ataque predilecto que aprendió en su niñez.
El Susano vaciló hasta disolverse en partículas de chakra. Las cuchillas de roca le rasgaron la piel, se incrustaron en él. Soltó un gritó que le rasgó la garganta y se impulsó con todo lo que tenía.
Todo terminó casi igual de rápido
Los proyectiles chocaron contras las paredes con golpes sordos. Sasuke respiraba pesadamente y frente a él, a escasos centímetros, Ao imitaba la errática respiración. El Uchiha sintió su mano izquierda bañarse de sangre y otros líquidos corporales, y la energía del chidori cosquillear entre sus dedos.
Hizo su mano hacia atrás, sacándola del interior del cuerpo del shinobi, y este cayó al suelo sin ninguna resistencia, bañando la tierra con su sangre.
Sasuke dio un par de pasos tambaleantes hacia atrás, cayó sobre sus rodillas. El rojo de sus ojos se disolvió, su vista se opacó se desplomó hasta el suelo, sin encontrar las fuerzas suficientes para detenerse.
—¡Papá! —escuchó un grito lejano. Quiso responderle, pero la sangre se aglomeraba en su boca.
-5-
Cuando Sakura vio al Susano alzarse entre los edificios de Konoha, su corazón saltó inundado de alegría.
Sasuke había vuelto.
Luchaba por Konoha.
Una sonrisa se escabulló en su rostro. Oyó un murmullo de Karin, que vagamente respondió y con un ágil maniobra cambio su dirección hacia donde el Susano brillaba.
Cuando llegó a la calle, fue sorprendida por Minato, que corrió hacia ella desesperado.
Sakura lo abrazó y un segundo después, un centenar de proyectiles de roca salían disparadas de un callejón cercano. Protegió a Minato con su cuerpo, pero cuando el estallido terminó, el niño soltó su amarre y corrió hacia el punto de batalla.
—¡Papá! —Y el grito de su hijo le hizo temblar las rodillas.
No supo en qué momento se puso de pie, ni cuando comenzó a correr. Pero, cuando dobló en el callejón, el alma se fue a sus pies.
—Sakura-chan. — Volteó hacia un lado, mirando a Naruto acercarse apresuradamente con el rostro compungido y aun en su modo sabio.
Caminó hasta Sasuke y se dejó caer junto a él, mojado sus rodillas en el pequeño lago de sangre que se formaba. Lo volteó, haciendo descansar la cabeza del moreno en su regazo y buscó desesperadamente el pulso en su cuello.
Suspiró. Aunque era débil, aún estaba y eso significaba que ella podía hacer algo.
Colocó sus palmas en el pecho del hombre y comenzó de inmediato con el ninjutsu médico. Cada vez más desesperada, al percatarse de las hemorragias internar y el grave daño en casi todos los sistemas.
¿Cómo había llegado hasta ese punto?
Sus lágrimas se agolparon en sus ojos e intensificó la energía acumulada en sus manos. Negándose a soltar los sollozos que retenían su garganta. Cerró sus ojos con fuerza para no verlo de esa forma.
Una suave caricia en su mejilla la sacó de sus cavilaciones y abrió sus ojos con sorpresa hacia el rostro ensangrentado del moreno. Sasuke busco sus ojos y ambos se perdieron en sus miradas por un momento.
Una débil, casi imperceptible, sonrisa se formó en los delgados labios del moreno.
—Gracias… Sakura.
Sakura atrapó su mano antes que esta cayera pesadamente en el suelo.
—No, Sasuke-kun… no me dejes —murmuró con su llanto obstruyendo la garganta —Sasuke-kun… no te vayas
Las lágrimas cruzaron su rostro como torrentes de agua, y Sakura se dejó caer abrazando a Sasuke, amortiguando su llanto contra el pecho inmóvil del chico.
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