Capítulo 28: Redención


¿Dónde estaba?

Aquel lugar le parecía tremendamente familiar, pero también estaba seguro que era la primera vez que estaba ahí.

Llevaba caminando un par de minutos, sin distinguir nada más que aquellos dos muros de piedra que marcaban el sendero a seguir. No recordaba cómo había llegado a ese lugar, era como si siempre había estado siguiendo ese camino interminable. Había tratado de recordar, pero solo encontraba oscuridad en su mente, y un dolor punzante se producía cada vez que lo hacía. Así que simplemente lo dejó a un lado y siguió caminando.

Sus pasos contra el suelo de adoquín, eran suaves y silenciosos, en completa armonía con el pacifico entorno, y una suave neblina se arremolinaba en el piso, acariciándole los tobillos.

Giró a la izquierda, la calle se volvía más amplia a medida avanzaba y al final pudo distinguir dos grandes puertas de madera cerradas y juntas mostraban un gran abanico rojo y blanco.

Se detuvo de inmediato y parpadeó desconcertado.

Reconoció el símbolo, ni siquiera le implicó un esfuerzo hacerlo. Simplemente la idea se deslizó por su cerebro en completa naturalidad y supo que era el símbolo del Clan Uchiha, de su clan. Y con la misma facilidad, recordó que él era Sasuke Uchiha, el único sobreviviente de la masacre Uchiha. Había pasado mucho tiempo desde que él había visto el símbolo de su clan exhibido con tanto orgullo.

Miró hacia sus lados, la niebla seguía iluminando todo con su luz blanquecina. Algunas puertas de madera vieja creaban irregularidades en el muro, y aunque era bajo, no era capaz de ver que había al otro lado. Solo blancura se distinguía.

Reconoció en esa calle lo que le era familiar y supo que se encontraba en alguna parte del distrito Uchiha. Sin embargo, estaba solo. Seguía solo

Avanzó un par de pasos más, dispuesto a llegar a las grandes puertas dobles. No obstante, una de las puertas laterales se abrió a su paso, Sasuke intentó ver el interior, pero la intensa luz era cegadora. Aun así, sabía que ese era el lugar al que debía de ir. Una extraña calidez cosquillo en su pecho y apresuró los pasos que lo separaban del umbral.

Al dar un paso adentro, la luz se intensifico, obligándolo a cerrar sus ojos y los recuerdos que tanto había querido conseguir llegaron a su mente en tropel.

Vio toda su vida en una fracción de segundos. Sus piernas flaquearon y cayó al suelo jadeante. Llevó su mano hasta el abdomen, donde había tenido una gran herida provocada por Danzo, y sintió la zona cosquillear.

Lentamente abrió sus ojos, la luz blanca había desaparecido. Se puso de pie lentamente, sintiendo el césped húmedo, por el rocío matutino, debajo de sus pies descalzos. Frente a él se alzaba una casa de estilo tradicional oriental, con una balaustrada de caoba roja que comenzaba en las escaleras y rodeaba el resto de la casa de dos plantas.

Había un jardín que rodeaba toda la edificación. De césped verde brillante y algunos caminos de piedra lo cruzaban. Pequeños grupos de diversas flores decoraban el lugar y un solo árbol se alzaba, dando sombra a un pequeño estanque de pececitos rojos.

Los sonidos de unas pisadas contra la madera lo sacaron de su ensoñación y giró hacia la casa en el momento que un hombre doblaba la esquina del pórtico.

Se miraron por unos segundos, y luego, ese querido conocido, le sonrió, acercándose a él a pasos lentos.

Itachi era tal como Sasuke lo recordaba. Sin embargo no transmitía la misma energía que estando vivo. Ya no estaba solo o triste, ni guardaba secretos, ni tenía sus manos manchadas con la sangre de su familia. Itachi parecía libre y feliz.

—Sasuke —lo saludó desde lo alto de las escaleras.

El menor de los hermanos caminó hasta ahí, y con un ligero asentimiento de cabeza saludó a su hermano mayor.

—¿Esto es estar muerto? —preguntó Sasuke con tranquilidad.

—No es muy diferente a estar vivo —respondió Itachi con una ligera sonrisa.

Sasuke soltó un suspiro profundo, volviendo a recorrer con su mirada el lugar.

—¿Eres real?

—Tanto como tú.

Sasuke no pudo evitar fruncir el entrecejo por las vanas respuestas, pero la sensación pronto se esfumó. Era como si no pudiera retener ninguna de sus emociones con él, todo su ser ya estaba inundado de la paz que emanaba ese sitio y cualquier otro sentimiento era pasajero.

Ambos hermanos caminaron en silencio. Doblaron en la esquina del pórtico y Sasuke descubrió que esa zona era mucho más parecida a la casa donde había vivido con sus padres.

Se sentaron en la tarima de madera, uno junto al otro, como tantas otras veces en su infancia, y observaron el estanque frente a ellos.

—No hice las cosas como tu querías que lo hiciera —confesó repentinamente Sasuke, apoyando sus codos en las rodillas—. Pretendí destruir todo por lo que tú diste la vida.

—Sin embargo, has muerto luchando por Konoha, defendiéndola. Tú no la destruiste.

Sasuke soltó una risa sarcástica y se enderezó en su lugar, mirando a su hermano con burla.

—No me interesaba Konoha —confesó—. Lo hice por…

Las palabras murieron en su garganta, incapaz de pronunciar el nombre de su hijo sin que su pecho se comprimiera. Sin querer, lo había hecho sentir el mismo dolor y soledad que él había sentido al perder a sus padres.

"Tiene a Sakura", pensó una y otra vez. "Aun la tiene a ella".

—Lo hiciste por Minato —terminó Itachi por él, sorprendiéndolo—. ¿Y piensas que fue diferente conmigo? Lo hice por ti, Sasuke, porque te amo más que nadie. Merecías una segunda oportunidad.

—Pero lo he arruinado —agregó, mirando a su hermano—. Ahora he muerto.

Itachi le devolvió la mirada, de esa forma indescifrable y misteriosa que escarbaba en los más profundos secretos. Él no necesitaba del sharingan para entrar en otra mente.

—No todo termina con la muerte.

Sasuke arrugó su frente, posando su mirada en un punto indefinido al frente mientras una y otra vez recordaba sus últimos momentos de vida. Finalmente comenzaba a comprender el sacrificio hecho por su hermano, no era solo por Konoha, sino por quienes vivían ahí. Sasuke lo había hecho por su hijo, por Sakura y Naruto; y no tenía duda de que lo volvería hacer de la misma manera. Itachi lo había hecho por Sasuke, pero también por algo incluso más grande, que superaba a su clan y su familia.

—¿Por qué? —Titubeó el menor—. ¿Por qué le pediste que me ocultaran la verdad?

La suave sonrisa de Itachi se desvaneció, su mirada se perdió en el infinito y permaneció callada tanto tiempo que Sasuke dejo de esperar una respuesta.

—Siempre logras sorprenderme, Otōto —dijo finalmente, alzando su rostro hacia su hermano—. Hn. Un hijo.

Sasuke enrojeció al instante y desvió su mirada. Toda la idea seguía pareciéndole flipante incluso a él.

—Cállate.

Itachi soltó una risa poco disimulada, y las mejillas de Sasuke se encendieron aún más.

—Ella es encantadora. —Sasuke gruño, sin pasar desapercibido el tono burlón de su hermano—. Aun no me explico cómo…

—No fue eso lo que te pregunte —gruñó el menor.

Itachi soltó una ligera sonrisa.

—Porque tenías que cumplir con tu deber, así, el nuevo clan Uchiha que tú fundaras, estaría limpio de todo pasado.

—Pero descubrí la verdad — interrumpió Sasuke. Su rostro se ensombreció, recordando la oscura parte de su vida —. La corrupción en la aldea y el temor a los nuestros. Manché aún más el honor de nuestro clan.

—Y aun sabiendo todo eso, lo dejaste a un lado y protegiste la aldea… por ellos. ¿O me equivoco?

Sasuke permaneció callado, pensando en todos los acontecimientos desde que había puesto un pie en Konoha con la única intención de salvar a Sakura, y vislumbró el plan de su hermano en cada uno de sus pasos.

Itachi había previsto la el peor de los destinos y los había guardado como la carta final de su salvación.

—Ella es alguien interesante —dijo de pronto su hermano, alejándolo de sus cavilaciones—. Sabía que Danzo la seguía, que la aldea la criticaba… y aun así, nunca dejó de defenderte. Mostraba su amor por ti sin miedo ni rencor. —Itachi giró el rostro, para contemplar a Sasuke, y le sonrió como solo él podía hacerlo—. Le hará bien a nuestro clan. Le enseñara a amar.

Sasuke enmudeció, no podía descifrar lo que esas palabras lo hacían sentir. No solo era la veracidad en ellas, sino la aceptación en la familia de esa chica que en contra de todo no solo se había enamorado de él, sino, que lo había hecho enamorarse y vislumbrar un futuro diferente.

Los Uchiha amaban demasiado, y Sakura sabia amar sin que eso la dañara. Sonrió para sí mismo, pensando que tenían algo para complementarse después de todo.

—Itachi… gracias —murmuró.

Las puertas detrás de Sasuke se abrieron de repente y él se giró, sobresaltado.

El corazón le dio un brinco y observó estupefacto a la recién llegada, mientras sentía como un nudo se formaba en su garganta.

Se levantó, si darse cuenta de que lo hacía y estrechó a la mujer entre sus brazos. Ella, Mikoto, lo observaba con una expresión de sorpresa casi idéntica a la de su hijo.

—Madre…

Se separó levemente de él, tomó su rostro entre sus manos y lo observó, maravillada.

—Sasuke —dijo con una voz dulce, acariciando cada silaba—. Mi pequeño.

Sus labios dibujaron una sonrisa rota, y sus ojos negros –idénticos a los de su hijo menor- se abnegaron en lágrimas.

—Has crecido tanto… pero, eres tan joven aun.

—Eso no me importa.

—Lo sé. Eres demasiado valiente.

Mikoto soltó un suspiro y tomó la mano de Sasuke.

—Vamos. Es hora de tomar el té y tu padre nos espera en el salón.

Sasuke se dejó llevar por su madre y escuchó detrás de él, los pasos ligeros de Itachi.

La puerta del salón apareció pronto frente a Sasuke, idéntica a la que tantas veces había protagonizado sus pesadillas. El viejo temor cobró vida, y tuvo la necesidad de huir de ese lugar antes que el día se volviera noche y la luna roja hiciera brillar la sangre de su familia. Apretó con fuerza la mano de Mikoto, y cuando ella abrió la puerta, él cerró sus ojos, clavando los pies en el suelo con ridículo temor.

No fue hasta que Mikoto lo asió con más fuerza de la mano, que Sasuke se permitió abrir los ojos.

Su padre lo observaba desde el otro lado de la habitación con un gesto inescrutable, y Sasuke se sintió transportado a su niñez. Como si fuera el mismo niño que apenas podía sostener el kunai correctamente y no el hombre que rivalizaba en poder con Madara Uchiha.

Se sentaron todos en una mesa baja, donde el té estaba servido y humeaba constantemente con una temperatura agradable al paladar. No hablaron más de lo necesario durante la ceremonia y Sasuke se permitió ese tiempo para grabar en su corazón ese momento. Cada gesto olvidado de sus padres y su hermano, cada sonrisa y mirada cargada de cariño; el brilló en los ojos de sus padres al verlo. Todo era para Sasuke nuevo y familiar a la vez, produciéndole una sensación de felicidad embriagadora, que tranquilizaba el espíritu y los sentidos llenando todo a su alrededor de paz.

—¿Qué harás? —preguntó Fugaku, dejando finalmente su taza a un lado.

Sasuke se tomó su tiempo para responder. Bajó su taza y escudriñó los ojos curiosos de Mikoto e Itachi.

—¿A qué te refieres, padre?

—Antes de llegar a casa —Comenzó a explicar. Sasuke comenzó a sentirse incomodo, sin saber si debía preocuparse o no—, has logrado ver una salida. Todos la vemos —agregó a Sasuke fruncir el entrecejo—. Al menos durante un tiempo.

—Esa puerta es una última oportunidad —explicó Mikoto, tomando las manos de Sasuke entre las suyas—. Puedes regresar mientras aun puedas verla.

Sasuke parpadeó incrédulo, asimilando la noticia y la ansiedad comenzó a cosquillear en sus venas.

Él había aceptado su muerte sin ningún problema, pero saber que podía vivir. Podía volver… ¿Para qué? ¿Había algo porque volver?

—No entiendo —masculló, mirando a su hermano—. Tú dijiste que…

—Y así es —interrumpió Itachi —Haz muerto. Pero como todos, tienes una última elección. Puedes regresar mientras tu alma no deje por completo tu cuerpo… o esperar aquí.

Sasuke alejó sus manos del flojo amare de su madre, mientras las palabras de su hermano cobraban sentido y observó a todos detenidamente.

—Si es así —comenzó, tensando su espalda— ¿Por qué no lo hicieron? ¿Por qué no regresaron?

—Ya habíamos cumplido con nuestro deber. No había razón para regresar —respondió Fugaku con voz dura.

Furibundo Sasuke desvió su mirada a su madre.

—Me tenían a mí.

Los ojos de Mikoto se llenaron de lágrimas. Trató de volver a tomar las manos de Sasuke, pero él se alejó de ella.

—Sabíamos que estarías bien. Siempre confiamos en ti.

—Se equivocaron —bramó Sasuke, poniéndose de pie en un salto—. Nada fue bien después de eso.

—Sasuke, siéntate.

—Me convertí en un criminal —dijo con su voz tan afilada como su espada, ignorando deliberadamente a su padre—. No tengo a donde ir, ni nada porque seguir viviendo.

—¿Estás seguro de eso?

La serenidad de Itachi era el contraste perfecto del estado de Sasuke. El menor lo miro con ferocidad.

—Mate a Danzo frente a la Hokage. No seré perdonado por eso.

—Entonces huyes de las consecuencias de tus actos.

—¿Dar mi vida no es suficiente?

—Si crees que tu muerte arreglara algo, entonces lo es.

—Sasuke —llamó su madre— solamente estamos preocupados por ti. Has llegado tan de repentinamente, que deseamos que tomes la mejor decisión para ti, Sakura y Minato.

Sasuke no supo cómo actuar a la mención de ellos. Miró a su familia sintiéndose ligeramente incómodo.

—Ninguna opción es fácil —dijo Fugaku, cruzándose de brazos.

Sasuke soltó un suspiro, rendido y avergonzado por su arrebato, y guardo silencio mientras pensaba en sus opciones. Observó detenidamente a cada miembro de su familia, buscando encontrar la respuesta en sus rostros. Y luego recordó a todos a quienes estaba dejando atrás. Minato, Sakura, Naruto y Kakashi… ¿Por qué eran ellos los que parecían unos fantasmas ahora y no las tres personas que estaban frente a él? ¿Seria, acaso, que él ya no tenía un lugar entre los vivos?

Bajó su rostro, clavando sus ojos en el piso.

—Esto… —Se aclaró la voz, que había salido como un gruñido desvaído—. Por mucho tiempo, esto es todo lo que he deseado…

Al levantar la vista, Sasuke se encontró con la sonrisa conciliadora de Mikoto, la mirada apacible de Itachi y, el rostro severo y orgulloso de su padre.

Sasuke volvió a bajar su mirada y una sonrisa triste se dibujó en sus labios.

-1-

Minato cumplía ese día dos semanas encerrado en la habitación del hospital. Miraba, a través de la ventana, a los niños jugar en los parques.

Tenía sus brazos cruzados sobre el alfeizar de la ventana, y su cabeza descansaba entre ellos, con un gesto aburrido. En ese corto tiempo, se había vuelto un poco huraño, menos alegre y más callado. Renuente a hablar casi con todos.

Soltó un suspiro profundo y giró su rostro a la cama de la habitación.

Cuando no estaba perdido en sus pensamientos, en sus recuerdos, miraba al hombre tendido sobre esa cama. Vendado la mayor parte del cuerpo y con aparatos insertados que no dejaban de lanzar sonidos. A veces, cuando no escuchaba ningún ruido en el pasillo, hablaba con él; otras, lloraba en silencio.

Su madre lo acompañaba durante cualquier descanso que tuviera en sus turnos, contándole las aventuras del mítico equipo Siete y también lo animaba a salir. Pero, él se negaba una y otra vez.

Ya había perdido a su padre una vez, y no quería que eso volviera a pasar.

Apretó sus labios y parpadeo reiteradas veces, intentando retener las lágrimas que comenzaban a formarse en sus ojos. El enojo –que comenzaba a ser habitual en él- lo dominó.

Se levantó de un saltó y caminó decidido hasta la cama.

—¡Despierta! —ordenó. Tomando a Sasuke del brazo y moviéndolo bruscamente.

Como tantas otras veces, no dio resultado. Intento sacarlo de la cama, pero Sasuke era una montaña inmovible.

Bufando, Minato trepó a la cama, ayudándose de varios cables y tubos que se encargaban de monitorear los signos vitales de Sasuke y a la vez lo mantenían con vida y finalmente se sentó en el pecho del shinobi.

—¡Vamos! —dijo moviéndolo—. Si no despiertas ya, me iré con tío Naruto… tu eres, tu eres muy aburrido…

Sus últimas palabras fueron un lamentoso susurro quebrado y quedaron ahogadas por el pitido ensordecedor y interminable de uno de los aparatos.

Minato bajo su rostro y sus manos perdieron la fuerza mientras su cuerpo entero convulsionaba, presa del llanto.

No fue capaz de ver como los parpados de Sasuke se separaba temblorosamente, dejando entrever el color obsidiana de sus ojos. Pero el cansancio del shinobi era tal, que de inmediato volvió a sumirse en la oscuridad.

Las imágenes de su última batalla se entremezclaban con su reunión familiar, aturdiéndolo. Y mientras luchaba por recuperar su consciencia, el dolor comenzaba a palpitar en cada nervio de su cuerpo. Le costaba respirar, y un incesante sonido de alarma amenazaba con causarle un fuerte dolor de cabeza.

Un débil gemido salió de sus labios agrietados y finalmente logró mantener sus ojos abiertos.

Miró a Minato llorando sobre él y admitía que se parecía mucho a sí mismo, exceptuando por sus ojos viridián. Sonrió con tristeza, imaginando lo mucho que a su madre le gustaría consolarlo; o a Itachi intentaría hacerlo reír, incluso su padre animaría a su nieto con palabras duras que le harían recomponerse y mantener una actitud serena.

Nunca podría saberlo, pero ahora estaba seguro que ellos aprobaban esa pequeña familia suya que había surgido de forma precipitada.

—Deja de llorar —masculló con voz pastosa.

El niño quedo petrificado al instante, temiendo alzar la cabeza y descubrir que esa voz había surgido de su imaginación. Apretó con fuerza las mantas que cubrían a Sasuke y cerró aún más fuerte sus ojos.

—No me dejas respirar.

Estaba seguro que no había imaginado eso. Minato alzó tan bruscamente la cabeza que podía haberse lastimado. Abrió sus ojos de par en par y una sonrisa se dibujó en sus labios. Sus ojos verdes volvieron a llenarse lágrimas y el niño se lanzó, atrapándolo en un abrazo.

—¡Papá! —chilló emocionado.

La puerta de la habitación se abrió de golpe y una comitiva de médicos y enfermeras entraron por ella apresurados.

Minato se levantó asustado y Sasuke dirigió su mirada cansada a ellos.

—Sasuke… —susurró Sakura, plantada debajo de la puerta.

Miró al único hombre que había amado con locura junto a su hijo, y se quedó sin aliento contemplando el cuadro con el que había soñado tantas veces.

Se llevó una mano hasta su boca, intentando ocultar la risa nerviosa que la invadía y parpadeo varias veces para alejar las lágrimas.

—Sakura-sama —habló una de las enfermeras. Sakura movió su cabeza para indicarle que la escuchaba, pero sus ojos no podían apartarse de Sasuke; así como los de él no podían apartarse de ella—. Los aparatos fueron desconectados, por eso sonó la alarma. Uchiha-san parece estar en un buen estado.

—Yo me encargaré del revisarlo. Gracias Kaoru, pueden retirarse.

El personal médico paso a su lado como una sombra.

Sakura se acercó con pasos temblorosos, sin poder dejar de sonreír en ningún momento. Minato relucía de felicidad y ella se lanzó, atrapándolos a ambos en un fuerte abrazo.

Sasuke soltó un sonido lastimero y Minato soltó un "¡mamá!" en protesta, avergonzado.

Se separó de ellos, riendo de la emoción y los contempló por unos segundos que se le antojaron eternos.

—Minato, cariño, ¿Por qué no vas a buscar a Naruto y Kakashi-sensei? Ellos estarán felices de saber que Sasuke ha despertado.

El niño asintió con entusiasmo, lanzándose de la cama y comenzando a correr. Mientras Sasuke le dirigía una mirada significativa a Sakura.

—Ellos están muy preocupados —se defendió Sakura, encogiéndose de hombros.

Sasuke se volvió a acostar, y dejó que ella colocara sus manos en el pecho, examinándolo y haciendo que todo su interior se alterará. Por un momento le preocupo que ella notara todo el revoloteo interno, pero si lo hacía, no lo dejó entrever.

—¿Y tú? ¿También lo estabas?

Sakura clavó su vista en él sorprendida. No esperaba que él intentara una conversación, y mucho menos sabía que decir. A pesar de todo lo que se habían dicho, y lo que no, en esos días; solo una cosa nunca cambiaban: sus sentimientos por él, cada día más fuertes.

El chakra desapareció de sus manos, pero ella las dejó sobre se pecho extendiendo otro tipo de energía, más cálida y necesitada, por todo su cuerpo.

—Yo —murmuró bajando su vista—, pensé que te había perdido. No sabes cuánto sufrí al verte tendido en el suelo.

Las lágrimas estaban a punto de resbalar por sus mejillas, pero cuando Sasuke tomó una de sus manos, todas sus acciones se cortaron. Su corazón se paralizó y espero ansiosa por él.

—Tú fuiste quien me salvó —sentencio firmemente, con la mirada clavada con tal intensidad que la logró sonrojar.

Sakura negó.

—No fui capaz de hacer. Perdí el control. Ha sido Tsunade-sama quien logró hacerte volver —La expresión de confusión en el rostro de Sasuke, le resultó ligeramente cómica y a la vez tierna. Deslizó una mano hasta la mejilla del pelinegro, disfrutando de la tibieza del tacto—. Legalmente, has estado muerto por tres minutos. Los peores tres minutos de mi vida.

Sasuke digirió la noticia con un poco de dolor. Estar ahí, vivo, y escuchar esas palabras era mucho más duro que haberlas escuchado de su familia cuando pensaba que no tenía elección y que todo había acabado.

Recordó la última mirada de su hermano y sus padres, llena de orgullo y felicidad.

"Por mucho tiempo, esto es todo lo que he deseado —les dijo. Pero ahora… creo que tengo un nuevo objetivo."

—Sasuke, —llamó Sakura, regresándolo de su ensoñación— me di cuenta que no me importa dejar Konoha, si eso permite que este a tu lado. No quiero volver a perderte, y mucho menos de la forma en la que acaba de pasar. Tú… eres la única persona a quien yo podre amar.

Sasuke la contempló, sin poder comprender porque ella seguía albergando todos esos sentimientos por él. Después de todo lo que él había hecho...

Solo existían un clan que podía amar tanto como lo hacia ella, y ese era el clan Uchiha; sin embargo, él la necesitaba para que el clan pudiera aprender a perdonar.

—Las otras aldeas no tienen academias ninjas tan buenas como Konoha y Minato entrara dentro de poco.

Esbozó una sonrisa ladeada y alzó su mano izquierda dándole a Sakura un pequeño golpe en la frente. Ella parpadeó un par de veces, confundida, hasta que las palabras cayeron por su propio peso.

Le sonrió a Sasuke de la forma más radiante en que lo había hecho en los últimos años; y él devolvió el gesto, más mesurado. Sakura no pudo más y se lanzó hacia Sasuke, besándolo con todo el amor, preocupación y esperanza, que había ido acumulando en su corazón.

—Creo que interrumpimos, Kakashi-sensei —Naruto soltó una risa burlona, y el ninja copia negó con su cabeza resignado.

Sakura y Sasuke se separaron de inmediato. Ella con el rostro completamente rojo; él desvió su mira, avergonzado.

—Espero que no se vuelvan unas de esas parejas melosas —se quejó Naruto, avanzando hacia ellos.

—Idiota —murmuró Sasuke, sin poder lograr que el sonrojo desapareciera por completo.

El ninja rubio sonrió al escucharlo, y se lanzó hacia sus compañeros, atrapándolos en un abrazo.

—¡Ahg! ¡Naruto! —gritó Sakura.

—¡Suéltame!

Y aunque Sasuke luchaba por liberar su adolorido cuerpo de los brazos de su amigo, pudo ver a Kakashi riendo, mientras dejaba a un lado su libro erótico; a Minato corriendo para unirse al abrazo forzado, y en ese instante estuvo seguro que ninguno de ellos seria jamás como su padre, su madre o Itachi. Pero Naruto era como ese hermano menor e insoportable que pudo haber tenido; Kakashi un lejano tío, de los que te enseñan sobre chicas y a la vez te dan sus consejos más sustanciales; y finalmente Sakura y Minato: su futura esposa y su hijo.

Sabía que faltaba un largo camino, lleno de las consecuencias de sus actos. Sin embargo, por primera vez estaba rozando con sus dedos su anhelado deseo y lucharía por ellos tan ferozmente como había buscado la venganza.

Sasuke siguió gruñendo y renegando, pero en su interior sintió la misma calidez que había sentido en el otro mundo. Ese gozo tranquilizador, se extendía desde su pecho, alcanzando cada parte de su ser con luz, alejando el dolor como el sol alejaba las tinieblas de una noche larga y fría.

No eran la familia que él había extrañado cada día, pero era su familia. Tan dispareja y caótica como cualquier otra. Muchas veces dispuestos a matarse entre ellos mismos, pero totalmente inseparables. Era la familia que él había creado.

El renacer de los Uchiha.

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Fin

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¡Hola a todos! Había prometido terminar esta historia este año y aquí estoy, casi alcanzado por el 2016, pero cumpliendo mi palabra.

Debo confesar que tenía varios finales ya escritos para esta historia, casi desde el momento que la comencé. Pero esa escena final me ha parecido suficiente, tanto así, que estoy considerando no colocar el epilogo. (Aunque ya lo tengo escrito T_T)

Así que por si este es el último capítulo…

Gracias a todas las personas que me han agregado a sus favoritos y a sus alertas; a todos los que me han dejado un comentario y más de alguno me ha dado grandiosas ideas. Especialmente a aquellos que llevan conmigo los cuatro años que he tardado en terminar.

Esta ha sido la primera historia de Naruto que comencé a escribir y me alegra mucho dar el punto y final.

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Pd: En una página de FB llamada Premios Narutofanfics, se está haciendo votaciones para algunas historias de este año. Hay algunas historias muy buenas, espero que todos puedan votar.