Déjame ayudarte a recordar
Fumaba un cigarrillo. Diario fumaba un cigarrillo, a la misma hora, en el mismo lugar, haciendo lo mismo.
Leía.
A veces un libro, a veces una revista, casi siempre el periódico.
Déjame ayudarte a recordar…
Nada cambiaba, sabes.
Solo lo que se veía detrás de la ventana.
Lluvia.
Sol.
Nieve.
Pero el siempre era el mismo.
Déjame ayudarte a recordar…
Siempre intente llamar su atención, ¿Lo sabes?
¿Sabes?, lo que hiciste en realidad.
El solo te miraba a ti. Lo entiendes.
¡Entiende!
A cuantos les has hecho lo mismo, dime.
Dime, tengo curiosidad por saberlo.
Que si soy igual que tú, me preguntas.
Soy diferente. Diferente.
Porque yo tomando tu vida estaré en paz.
Pero tú, nunca, ni siquiera muerto podrás descansar.
Déjame ayudarte a recordar. Johan.
Recuerda. Johan.
Recuerda. Se atento.
Mantente tranquilo, sereno.
Recuerda.
El día que le mataste.
El… era mi padre.
Johan y Elizabeth salían de un hotel de paso tranquilamente, el día era soleado y ambos decidieron que era buena idea tomar un paseo, Johan no tenía prisa, hacía ya seis semanas desde que había visitado a su madre. Era seguro; no tenía prisa.
Cada noche las sesiones en busca de su memoria progresaban más, cada noche podía dormir con más tranquilidad, cada día se despertaba sintiéndose aún más fresco.
Estaba comenzando a ser humano de nuevo -Humano – pronunciaba a veces en voz muy baja para que solo él pudiera escucharse.
La paz y quietud formaban parte de su vida, pero un día quizá, se dio cuenta de algo, el monstruo no estaba muerto, su pasado le perseguía.
Alguien los había estado siguiendo.
Convenció a Elizabeth de tomar aquel paseo para comprobar su teoría, camino por las calles tranquilas de Alemania con la cabeza en alto y sin miedo, portando un sencillo traje de verano, de tela ligera y fresca, volteo disimuladamente cuando Elizabeth quiso comprar un helado y volvió a voltear cuando él y Elizabeth se sentaron a comer en un pequeño restaurante con terraza.
Lo que vio no le sorprendió, sabía de quien se trataba, en algún punto de su memoria, le conocía, pero en otro no, solo tenía algunas imágenes borrosas, ese hombre, el que le seguía, era parte de su pasado, era parte del monstruo, era entre otras cosas: su hermano.
…
Aldelbert Weimeister era un hombre tranquilo y apuesto; recto y desinteresado, popular en su trabajo y en su vida, se había graduado en economía con honores, tenía un puesto importante en las oficinas de un banco pequeño y era por demás uno de los solteros más cotizados de su localidad.
Todo en su vida era perfecto, pues él era ante todo un caballero.
Era conocido por no perder tiempo con galanterías cuando una mujer no le interesaba, por portarse respetuoso y atendo cuando una sí llamaba su atención, por siempre pagar las cuentas en los restaurantes más finos y dejar además una cuantiosa propina, por tener unos zapatos exageradamente lustrados y por llevar el cabello siempre perfecto.
Poseía un porte natural que cualquier granjero envidiaría pues pese a que disfrutaba los trabajos domésticos y poseía un pequeño rancho que solo visitaba los fines de semana, ni en esos momentos su ropa se mostraba desarreglada.
En cuando a su físico, era de complexión media con músculos torneados gracias a su afición al tenis, deporte que practicaba desde su niñez y al que seguía siendo bastante asiduo, poseía unas piernas fuertes y hábiles, unos brazos marcados y un torso delgado y definido, rondaba para esos momentos los 27 años, su cabello era castaño oscuro, bastante más oscuro que el promedio de los alemanes era además algo quebrado y con un movimiento y sedosidad natural que eran la envidia del calvo del pueblo, sus ojos, por otro lado eran una extraña mezcla entre azul, verde y gris, poseía pues una mirada gatuna que era la perdición de toda mujer, soltera o casada.
Su único defecto que no lo era tanto por que más bien enfatizaba todos sus demás rasgos, era una pequeña cicatriz en su mejilla derecha, un hundimiento sin importancia que lo hacía ver sensual y peligroso, decían que era producto de una riña con un hombre que le rebasaba en edad y peso, pero la realidad es que la riña había sido con un perro y fue cuando Adelbert no superaba los 7 años. Aún así y pensando en su conveniencia él había decidido mantener el misterio.
Cuando Adelbert decidió casarse, todos en el pueblo se sorprendieron, nunca se le había conocido una novia formal en la localidad, pues prefería que fueran de otro pueblo o ciudad y además se portaba extremadamente discreto con sus relaciones. La sorpresa sin embargo fue mayor cuando todos se enteraron con quien quería casarse.
…
Johan no se inmuto al notar que la figura que les seguía desde hacía varias semanas había desaparecido antes de que él y Elizabeth regresaran al hotel, prefirió no mencionar nada, ya se encargaría el de esos asuntos.
-¿Qué pasa?- preguntó Elizabeth al ver que se tardaba en entrar.
-Nada, creí ver algo- dijo sonriendo.
-Hoy estás muy raro- siguió la chica y entro al hotel.
-Querido hermano- pensó Johan recordando
….
En el mismo pueblo donde vivía Adelbert existía una joven de buen hogar y pobre familia que había nacido con la desgracia sobre ella, su historia era una de esas que la gente cuenta cuando a fuerza de lo duro de la vida se deprime intensamente y necesita entonces sacar un cuentecillo que le haga ver que después de todo la vida propia nunca esta "tan mal"- porque si tú supieras la historia de aquella chica- solían decir; primero porque al nacer murió su madre- en pleno parto, la chiquilla casi corre la misma suerte pues el cordón venía alrededor de su cuello- contaban entonces. Después por que el pobre esposo desconsolado se había embriagado y caído al río ahogándose y más tarde por que la niña había tenido que ir a vivir con la mujer que sin duda era la más tacaña del planeta, su tía abuela.
La anciana fingía cuidarla y siempre enfatizaba el dinero que gastaba en ella, la niña entonces tenía que trabajar haciendo todo los quehaceres domésticos para ganarse el sustento - todo empeoro cuando contrajo la polio-seguía narrando alguna pobre anciana a sus nietos; si bien había conseguido salir victoriosa de la enfermedad la cojera que sigue a esta la dejo marcada por el resto de su vida, no podía jugar ni hacer trabajos pesados, por lo que su tía dejo siquiera de mirarla, era algo inútil ocupando un hueco en su casa y llevándose además; su comida. No podía ir a la escuela por que quedaba lejos y carecía de la fuerza para caminar con su muleta por todo el pueblo, a pesar de eso consiguió aprender a escribir y leer de forma autodidacta, habilidad que con el tiempo se convirtió en su único escape, era pues una chica débil, enfermiza, que a fuerza de los años se volvió exageradamente delgada, con una mirada triste, un rostro pecoso, y un cabello brillante y rojo.
Nunca llamaba la atención de nadie y en los bailes y festividades locales siempre era la única del pueblo a quien ningún joven invitaba un refresco o un helado, Adelbert por el contrarío siempre estaba bailando con la más guapa, con la reina del festival o con alguna de las mujeres que se decían eran de escaza moral.
La coja pelirroja como la llamaban en el pueblo, era experta en bordar y en preparar platillos sencillos que no requirieran mucho movimiento, era además una habida lectora de todo tipo de textos, y tenía su cabeza llena de datos que recogía de los libros y revistas de su tía, hubiera sido una perfecta maestra si alguien hubiera siquiera notado su habilidad para aprender.
Adelbert no conoció a esta pequeña y delgada mujer hasta que ambos rayaban los 25 años, había sido encargado de llevar la orden de embargo a la casa de la anciana, que para esos años ya estaba más muerta que viva, pero se aferraba a este mundo con una voluntad de hierro que solo poseen las personas de corazón seco.
Entro pues al pobre hogar y vio primero a la anciana y luego a la joven, como la mujer era ya casi sorda, su sobrina tuvo que escuchar entonces todo lo que aquel bello joven decía, escucho atentamente y le comunico a la anciana lo inevitable.
-Dice, que nos van a quitar la casa, por deudas tía-
-Pero, entonces en donde vamos a vivir- susurraba la vieja-Que hare con mi sobrina, está débil y enferma- decía casi gritando lastimosamente, aunque ni la sobrina ni el joven le creían una palabra.
Aquella mujer, vulgar ante todo, solo sacaba a relucir a su sobrina cuando necesitaba un favor, o estaba en un apuro económico. Finalmente Adelbert se había retirado diciendo que hablaría con la gente del banco para obtener un mayor plazo. Este duro un año más, después de todo, los jefes de Adelbert no tenían prisa por embargar una casa con tierra tan seca como su dueña y que además tendrían que demoler.
Adelbert visitó la casa pasado un año e informo entonces que tenían 2 meses para desocupar la propiedad o por el contrario pagar las deudas, la joven pecosa miro hacía el horizonte con lastima viendo alejarse al joven y regresó cojeando a la casa, pues sabía de antemano que no podía pagar.
Pasaron unas cuantas semanas y las visitas de Adelbert se hicieron cada vez más frecuentes, llevaba personalmente cada una de las notificaciones del banco para indicar cuantos días faltaban para que se debiera desocupar la casa, al final solo quedaron 10 días hábiles.
La tía anciana comenzó a sentir la presión del banco y decidió irse entonces con sus últimos ahorros a casa de unos familiares en un pueblo vecino, no se llevo a su sobrina y la dejo ahí a su suerte- arréglatelas sola, ya bastante he hecho yo por ti- fue lo que la vieja dijo como despedida.
Faltaban entonces solo 5 días para que venciera el plazo cuando Adelbert llego seriamente a aquella pobre casa con un ramo de flores silvestres en mano y un anillo en el bolsillo. Entro como quien conoce el lugar aún con los ojos cerrados y habiéndose sentado como siempre en el mismo sofá raido, permitió que aquella pelirroja pecosa le ofreciera una taza de té.
Dos horas más tarde salió, y por primera vez en sus ya 26 años de vida, su cabello lució desaliñado. Regreso ese mismo día al pueblo, y camino rápidamente a la iglesia local, el padre lo miro expectante pensando que tal vez el joven querría confesarse, pero para su sorpresa lo que Adelbert quería era casarse…
….
-Deberíamos irnos de aquí- Dijo Johan un miércoles, aún se encontraba acostado en la cama y miraba a Elizabeth arreglarse el cabello.
-Y ¿A dónde quieres ir?- pregunto la chica, comenzaba a acostumbrarse a su nueva vida nómada.
-A ver a Tenma y a Nina- Elizabeth abrió desmesuradamente los ojos pero no dijo nada.- Ya es momento de hablar con ellos-finalizó.
Afuera del hotel un joven de cabellos rojos miraba hacía la ventana de Johan tranquilamente.
….
La boda fue sin duda una de las noticias que más impacto al pueblo, no porque Adelbert fuera exactamente el más rico o refinado, eso solo lo lograban los alcaldes, si no porque todos estaban a la expectativa de saber si efectivamente el joven más guapo de la zona se iba a casar con la coja pelirroja, a fuerza de envida la mayor parte de las mujeres solteras comenzaron a decir que el noble Adelbert se había comprometido con esa chica al suplicarle esta una ayuda para conservar la casa, que tal vez la tía era una bruja y por ende la sobrina también y embriagaron al joven con pócimas de amor, o que la joven mujer lo había más bien persuadido y llevado entre sabanas para después exigir un casamiento.
Todos eran rumores falsos.
Cinco días después de anunciado el compromiso la casa fue embargada por el banco, la joven pelirroja paso entonces a vivir en una posada local, pues sería mal visto vivir en la casa del novio antes de la boda, un mes después la tía tacaña murió sin poder ver a su sobrina vestida de blanco, y Adelbert se encargo del funeral al cual solo asistieron 5 personas: él, su prometida, un padre y dos sepultureros.
Tras otros dos meses en el que todos los preparativos quedaron listos, Adelbert y la pelirroja se casaron en la iglesia local. La novia fue llevada en una carroza hasta la iglesia para que no tuviera que caminar con su cojera por el pueblo, y cuando bajo Adelbert y otros dos de sus mejores amigos ayudaron a la chica a llegar hasta el altar, ningún familiar o invitado de ella estuvo presente pues no se llevaba bien con nadie, por su parte la iglesia se abarroto de conocidos y amigos del joven, y algunas mujeres del pueblo que miraron por primera vez con franca envidia a la coja.
Pasada la misa y después del tan esperado beso, la novia por fin pudo quitarse el velo, mostrando un ligero maquillaje de verano y un cabello rojo perfectamente arreglado, como si milagrosamente, la perfección del novio fuera contagiosa, la novia comenzó a ser llamada hermosa por todos en el pueblo, mostraba una sonrisa tímida y algo tonta, mientras que el novio sonreía de oreja a oreja.
En la fiesta los novios no bailaron dado el impedimento de la novia, se retiraron temprano a pasar su primera noche de bodas en la posada local, y al día siguiente sin dar más explicaciones se mudaron del pueblo a una ciudad al este de Alemania para comenzar su nueva vida.
…
Johan y Elizabeth no tuvieron que viajar mucho después de todo ya estaban en Alemania, tomaron el camino largo y se instalaron en un hotel promedio, alegando como siempre ser una pareja de recién casados en busca de aventuras.
Johan entonces redacto una simple nota que coloco rápidamente en el buzón más cercano, cuando Nina leyó la carta le gritó a Tenma inmediatamente.
-Tenma, mira- dijo y extendió el papel.
-Ya está en Alemania- susurro Tenma y miro al piso.
-Sí, dice que vendrá pronto a hablar con… nosotros-
-No hay más que decir, lo que sea que pase lo resolveremos juntos.-
…
Adelbert y su "pecosa" como la llamaba cariñosamente se instalaron en un departamento con 3 habitaciones; para comodidad de la ahora señora de la casa Adelbert contrato a una sirvienta que se encargaría de las labores del hogar y puso a disposición de su esposa un chofer que la llevaría diariamente a almorzar con su marido a la hora de la comida.
Adelbert había conseguido un mejor puesto en aquella nueva ciudad y el dinero comenzaba a abundar en sus bolsillos y cuentas de banco, por su parte su esposa no generaba grandes gastos había sido educada para comer poco y trabajar mucho, por lo que la sirvienta era incluso innecesaria pues a excepción de algunas labores se podía ver diario a la esposa cojeando y limpiando por todo el departamento.
De noche la energía de la pareja no era menos y por eso cuando el trabajo se lo permitía Adelbert disfrutaba de salir con su esposa a cenar, de llevarla a tiendas finas a comprar ropa o maquillaje, o simplemente de quedarse en casa y dedicarse sin pena a mimar a su mujer.
Todo fue perfecto en la vida de la joven pareja y pasando los primeros dos años de matrimonio comenzaron entonces a desear la llegada de un hijo, visitaron algunos doctores y todos daban el mismo diagnostico, era posible que la mujer pelirroja se embarazada pero debido a la vida que había tenido antes de su matrimonio, su cuerpo aún se encontraba débil. Entonces la joven comenzó a hacer lo que toda buena futura madre haría, comenzó a tomar vitaminas, tónicos para la buena salud, a tomar el sol con la sirvienta en los días de verano y a descansar la mayor parte del tiempo, se obligo a si misma a comer mucho, descubrió que adoraba la leche y el queso y aprendió también a cocinar galletas y pasteles que su esposo se comía con gusto todos los días. Subió de peso con el tiempo y pasando otro año consiguió embarazarse, cuando Adelbert se enteró salto de felicidad abrazo a su mujer y la cargo por lo aires, le beso ambas mejillas y le susurro un "te amo" al oído.
…
Tenma y Nina se encontraban sentados en silencio, no era incomodo estar así, para ellos era lo mismo que hablar durante horas, se miraban de vez en cuando con absoluta confianza el uno en el otro.
Tenma había estado pensando algunas cosas durante varias noches, pero aun dudaba sobre decirlas en voz alta, como no tenía un departamento fijo dado su trabajo en medico sin fronteras, decidió alojarse con Nina, a ella le iba bien en su trabajo, era una mujer muy inteligente y nadie dudaba que llegaría muy lejos, había rentado una pequeña casa en los suburbios, y comprado un auto económico, lo hizo intencionalmente sabiendo que Kenzo necesitaba un lugar a donde llegar, la casa tenía 3 habitaciones, una de las cuales Nina ocupaba como estudio.
Tenma evaluó sus opciones y después de un rato suspiro…- Nina… yo- dijo en voz alta, solo para no tener que repetirlo- quiero vivir contigo-
Nina volteo de pronto a ver a Tenma, un sonrojo ocupo sus mejillas, vio que Kenzo estaba igual, los nervios comenzaron a fluir. -¿Qué…qué…dices?- susurró después de unos minutos.
-Te amo- continuo Kenzo- yo… sé que no tengo derecho a pedirlo, tu carrera está comenzando y no debería presionarte, pero quiero que nos casemos lo antes posible…. En cuanto esto acabe, en cuanto él, termine lo que vino a hacer-
Nina llevo sus manos hacía su boca, su expresión lucía desconcertada. Tenma comenzó a dudar, ¿Y si se apresuró demasiado? Que él fuera un hombre mayor no significaba que Nina querría casarse inmediatamente, después de todo habían hablado sobre casarse, pero no sobre cuando hacerlo, ella era joven, le quedaban muchas cosas por vivir. Abrió la boca para retractarse, no pudo decir palabra alguna pues unos labios lo callaron con un beso.
-¡Te amo!, ¡Te amo!, por supuesto que me casare contigo… Cuando esto acabe… cuando lo acabemos juntos.- Nina sonreía pacíficamente, nada más podía importar. Tenma la miró, estaba feliz, demasiado feliz, le beso la frente casi paternalmente.
-Yo también te amo- comenzaron a besarse con más intensidad, Tenma cargo a Nina hacía la habitación cerrando la puerta a su paso, tenían toda una vida para amarse. No importaba que él siguiera ahí afuera, esperando.
…
Cuando su primogénito nació Adelbert no podía estar más feliz, sonreía de oreja a oreja mientras corría presuroso al hospital para encontrarse con su esposa, cuando llego, las cosas cambiaron. Se dio cuenta que nadie ni enfermeras ni doctores le miraban directamente a los ojos, que todos soltaban frases evasivas cuando preguntaba por su mujer, que sus mejores amigos estaban ahí pero no para felicitarle.
La debilidad de su "pecosa" le había cobrado factura, murió dando a luz, todos le decían que había muerto feliz, en calma, que alcanzo a ver a su hijo, que todo estaba bien, que era un varón. Adelbert ya no supo de sí. Se acerco más a fuerza que con gusto a ver a su primer y único hijo, lo miro receloso, vio su tupido cabello pelirrojo, sus ojos azules, sus pecas… Lloro, lloro desconsolado mientras veía a su hijo, se tiro al piso sin que nadie pudiera ayudarle, era el fin, su nobleza murió con su mujer, su única mujer, a la que amo a pesar de todo. Aquel niño frente a él, no era nada, no era nadie, lo odio desde que lo vio y ese odio creció con él.
…
Un joven pelirrojo de ojos azules observaba a Johan y a Elizabeth dejar el hotel rápidamente, se dio cuenta que era siempre la mujer la que rentaba los autos, la que se registraba en los hoteles, la que pagaba las cuentas, sabía que era porque Johan no tenía documentos, había escuchado a aquella mujer llamarle así, él lo había conocido con otro nombre, y ese nombre era el que había marcado su vida.
…
Después de la muerte de su mujer, ya nadie supo que fue de aquel hombre de galanura y porte excepcionales, muchos decían que vivía fuera de Alemania, con una joven actriz mucho más guapa que su antigua esposa, otros que había corrido a encontrarse con su verdadero amor, la realidad era que había regresado a su pueblo natal, pero no como economista, sino como granjero, dedico el resto de su vida y sus ahorros a vivir tranquilamente en su rancho que antes solo visitaba por temporadas, enseño a su hijo solo lo básico y desde que pudo hablar y caminar con coherencia le dejo solo, su hijo paso a ser un mueble más, a veces el niño lo veía leer el periódico, siempre sentado a la misma hora en el mismo lugar, se acercaba temeroso a su padre y como respuesta solo obtenía un gruñido de enojo, Adelbert le acariciaba un poco el cabello y llamaba a la nana para que se lo llevara de ahí. El niño aprendió entonces a llorar en silencio. Fue por esas fechas que llego un huérfano al pueblo, un joven rubio de ojos azules que no rebasa los 14 años de edad, llego diciendo que había perdido a su familia en un accidente, buscaba trabajo y al ser un chico muy educado Adelbert lo contrato de inmediato, en poco tiempo paso a quererlo como un hijo, discutían temas de actualidad, practicaban latín, Adelbert le enseñaba francés, todo lo que nunca había hecho con su verdadero hijo.
Junior como llamaban al pequeño paso a querer al chico como un hermano, contrario a lo que todos pensaban, no estaba celoso de esta nueva atención que su padre ponía en el, es más logro adaptarse tomando las mismas clases y sintiendo así que su padre le enseñaba algo. Pasaba todo el tiempo con aquel chico al que solían llamar Emanuel, jugaban y trabajaban juntos.
Paso algún tiempo antes de que Adelbert hijo comenzara a notar cosas extrañas, ningún otro niño del pueblo quería jugar con su "hermano", era bastante guapo y aún así las chicas jóvenes le temían, los adultos en cambio le adoraban, era demasiado extraño. Los animales incluso desconfiaban de él, el perro vagabundo del pueblo no dejaba de ladrarle, dos semanas más tarde encontraron a aquel perro viejo muerto. Fue la primera víctima.
…
El viaje había sido largo, pero tranquilo, Johan sabía donde vivía Nina, lo había investigado con anterioridad para poder mandarle cartas. Las cartas siempre empezaban igual… Querida Nina…
En lo más profundo de su ser sabía que la amaba, más que a Elizabeth, más que a Tenma, él era su "padre", pero Nina, ella era su mundo, el mundo que alguna vez quiso destruir y no pudo. Toco el timbre, miro de reojo a Elizabeth que estaba en la acera de enfrente escondida detrás de unos cipreses. Comenzaba la temporada de lluvias y ligeras gotas caían del cielo rebeldes.
Espero… Tal vez poco, tal vez mucho…
Alguien se acercó a abrir la puerta, se vieron el uno al otro, de arriba abajo, la tristeza en sus ojos le dejo claro tantas cosas, no podía pedir perdón, no a esas personas, no en ese estado, no se lo merecía, el era a pesar de todo… un monstruo. –Tenma- susurró despacio.
-Pasa, te estábamos esperando...- escuchó.
Al fondo del pasillo, pudo verla, era ella… su mundo… su todo… su hermana…
A lo lejos, detrás de Elizabeth un hombre de cabellos rojos desenfundaba un arma…
…
Hola! Bueno pues aquí dejo otro cap del fic, haber que les parece, este capítulo sí que es largo la verdad tomo bastante tiempo hacerlo, estuve muy ocupada y no tuve tiempo para hace avances como suelo hacer, pero bueno, para ser sincera estaba planeado de forma muy diferente, quería que solo fuera algo entre Nina, Tenma y Johan, pero antes de que lo escribiera se me ocurrió una historia y después de meditarlo decidí anexarla solo por mi gusto personal, después y con el paso de los días me di cuenta que me gustaba como estaba quedando el capitulo y que la historia guía le daba un respiro al fic y además le añadía algo nostálgico, sobre todo porque la historia es bastante triste, pero a mí me hizo recordar algunos libros que he leído y pensar mucho, así que bueno pues ojala les guste y pues ya faltan pocos capítulos para que termine el fic, de hecho solo dos o tres, tal vez meta un epilogo, y también quiero meter otra historia guía parecida a esta.
Es algo así como una conexión de personajes que en realidad no existen en la serie pero aportan algo. De todas formas denme su opinión, que les parece y así. Nos vemos.
PD. Según investigue Adelbert significa famoso por su nobleza, me pareció un nombre adecuado para este nuevo personaje, no creen?
Además me gusta esto de los nombres bíblicos jajajaja como q siento q es irónico que Johan use este tipo de nombres no?
Ya en el sig cap. Viene el tan esperado encuentro :o
