Emanuel

¡Elizabeth grita, Nina!, ¡Elizabeth ama!

Tanto te amo, tanto, que me cuesta decirlo…

Tanto te amo, Johan, que me cuesta sentirlo.

Eres mío, pero sin serlo, porque para ti Nina es tu todo. Ella es tu mundo.

Y te comparto, en silencio, porque te amo.

Tanto te amo… que se sin saberlo, que esto que siento no es amor sino egoísmo.

Porque eres mío.

Eres mío, Johan, mío y de ella.

Y a partir de hoy, y a partir de ahora, un poco más mío.

Tanto te amo, querido Johan…

Que si me lo pides, cumpliría tu sueño sin pensarlo.

Que dejaría todo, y sería nada, por estar a tu lado.

Tanto te amo, querido Johan… ¡oh! Querido Dios, cuanto le amo…

Querida Nina, tanto le amo, que si pudiera te borraría de su mente.

Que si pudiera te mataría, tan lentamente…

Para que fuera mío y solo mío...

.

Le temblaban las manos, después de todo, nunca había disparado un arma, sabía que esa chica no tenía la culpa, pero era parte de él, le ayudaba, lo había comprobado, mantenían una especie de relación, no podía dejarla viva.

Levantó el revólver lentamente, dio dos pasos sigilosos, algunas ramas se quebraron tras de él, la joven alcanzó a escucharlas, dio un respingo, pudo ver su rostro expectante, tenía que disparar, ¡Tenía que disparar!, se repetía una y otra vez, cerró los ojos inseguro, los abrió, sintió su visión opacada por el sudor frío que resbalaba de su frente, había jalado el gatillo…

Todo había acabado, estaba hecho, vio como ella, Elizabeth (como sabría más tarde) caía, un golpe seco resonó en el pasto, un pequeño chorro de sangre, una bala que atravesó limpiamente antes de acabar incrustada en el tronco de un árbol. Avanzó lentamente, solo dos personas debían morir esa noche, acababa de matar a la primera de ellas.

-Como fue que te convertiste en alguien tan importante para mí, en qué momento te deje entrar tan profundamente que ya no pude sacarte- pensó- ¿Si yo muero, morirías conmigo?- el dolor fue demasiado, sintió sus parpados cerrarse. Quería descansar. En lugar de eso recordó.

Yacía tendida en el pasto, había visto a un hombre detrás de ella con un arma. Le apuntaba directo al pecho, fue demasiado tarde, no tuvo tiempo de reaccionar, vio como el hombre temblaba, lo vio sudar frio, vio que el arma traía un silenciador, nadie lo notaría, era su fin.

Sintió el metal caliente atravesar su cuerpo, cayó por la fuerza del proyectil, miró una casa a lo lejos, las luces encendidas, las personas dentro, deseo que Johan estuviera con ella-Johan…- recordó en un susurro, una lagrima asomo por su mejilla, sentía dolor… mucho dolor.

Miles de recuerdos vinieron a su cabeza, recuerdos de los momentos "felices" de su vida, de los momentos que paso con él, su Johan, su monstruo.

Recordó…

Vio la figura de una pequeña niña, era ella, la niña saltaba un poco para alcanzar una ventana, tras de esta como prisionero otro chico la esperaba, se trataba de Johan, solía llevarle chocolates cuando era pequeña, se los pasaba a través de la ventana o por debajo de la puerta, aquel niño siempre la miraba con curiosidad pero nunca preguntaba nada, aceptaba la comida sin más y le regresaba las envolturas para que no pudieran sospechar nada, por supuesto sabía que su padre lo había descubierto. Siempre reía sarcásticamente cuando la escuchaba hablar sobre él, su madre pensaba que se trataba de un amigo imaginario, su padre en cambio conocía la verdad.

Cuando Kinderheim 511 cayó, entendió cual era la naturaleza del monstruo que vivía allí. No lo vio por mucho tiempo, a veces llegaban cartas sin remitente a su casa, no decían nada interesante y su madre siempre pensaba que eran mandadas por error, supo entonces que él seguía vivo, que tarde o temprano la buscaría, que sus destinos de cierta manera ya estaban cruzados.

Su padre murió cuando ella era aún adolescente, nada la hizo más feliz, se sintió por fin: a salvo. Johan apareció frente a ella poco tiempo después; iba camino a su casa después de realizar unas compras, se miraron un poco antes de pasar de largo. Volteó recordando entonces por que aquel joven se le hacía tan conocido, volvió a ir a la tienda de abarrotes el día siguiente para ver si le veía, lo encontró detrás de la tienda jugando con algunos gatos en el basurero, él la miró como quien nunca olvida un rostro, se acerco a ella y sin decir una palabra, la beso.

Fue su primer beso, sintió algo húmedo tocando su boca y luego de unos segundos una lengua que luchaba a toda prisa contra la suya, sintió como perdía el equilibrio y era detenida por aquel apuesto chico de cabello rubio y ojos azules, se alejó un poco para respirar y continuo lo que estaba haciendo, era una sensación tan diferente, tan extraña, quería llegar más lejos, sus manos luchaban furiosas para aferrarse al cuello de aquel joven, las manos de Johan bajaban y se mecían en sus caderas. Se separaron después de unos pocos minutos.

-Elizabeth- dijo el por fin, le dio una pequeña postal con su nueva dirección, un pequeño pueblo.

No cruzaron más de diez palabras después de eso, Johan se fue como había llegado, la dejo ahí con el cabello desarreglado, la boca húmeda y un sonrojo en su rostro que le duro más de tres días.

Luego de ser culpado por la muerte del perro vagabundo Junior se convirtió en el repudiado del pueblo, todo gracias a él, a su hermano, sin embargo pese a lo que cualquier persona pensaría esto no le importo en lo más mínimo, había conseguido lo que siempre quiso en la vida: una familia.

Su microcosmos se componía de su padre, su hermano y su nana, no necesitaba a nadie más, eso pensaba él, pronto se dio cuenta que las cosas iban un poco más allá de su comprensión, el tiempo pasó y su padre dejo de darle clases a Emanuel, y por ende a él, en las noches, su hermano y su padre hablaban de cosas que él no entendía, oía palabras sueltas en otros idiomas y por más que se esforzaba su mente no daba cabida para traducirlas, su padre comenzó a actuar extraño, pasaba los días hablándole sobre un nuevo sueño, uno maravilloso que le permitiría conocer a su madre, Junior no entendía de que se trataba, pero esta nueva atención recibida lo emocionaba mucho, sonreía y aplaudía todo lo que su padre decía en voz alta mientras Emanuel estaba fuera trabajando en la granja.

-Ya lo verás, querido hijo, será grandioso-

Su padre gritaba a los cuatro vientos su nueva felicidad, bailaba con la nana después de tomar café, dejo su viejo sofá raído y no fumo en un mes.

Junior no podía estar más feliz.

Emanuel dejó el pueblo una semana después luego de hablar con su padre por última vez, se disculpo con la nana agradeciendo las atenciones y diciendo que había decidido viajar a la ciudad para buscar un mejor empleo, seguir cultivándose y posteriormente regresar lleno de dinero y conocimientos. La nana aplaudió su bravura y le garantizo un futuro prometedor.

La noche antes de la partida de Emanuel, Junior escucho lo impensable, noto como su hermano y su padre se gritaban entre sí, su padre era quien más levantaba la voz, Emanuel en cambio siseaba como serpiente respondiendo en susurros, Junior no podía escuchar de que hablaban, pero oyó una frase suelta que marcaría todo lo que ocurrió después.

-Mi sueño es la nada- susurro su hermano- pero esa nada no la compartiré con nadie-

Escucho entonces a su padre suplicar, llorar, implorar, pero Emanuel ignoro todo por completo, al final cuando el alba anuncio su llegada partió con todo y sus cosas dejando a su padre solo y en la miseria.

Su padre regreso entonces a sus viejas costumbres, no se paraba del sillón y se dedicaba día tras día a fumar y leer el periódico, Junior se acercaba con la ilusión de continuar sus clases de latín, su padre entonces respondía de la misma forma que cuando era pequeño, dándole palmadas en la espalda y llamando a la nana.

Seis semanas después, tanto su padre Adelbert, como su Nana Francesca, estaban muertos.

Fue cuando lo supo, el sueño de su hermano, le había arrebatado a su familia.

Johan camino lentamente siguiendo a Tenma, quería mirar la casa, ver las piezas de la vida de Ana, de Nina, de Kenzo, pero no se atrevía, seguía sigiloso, esperaba, no cerró la puerta tras de sí.

-Johan- escucho de pronto, levantó el rostro y la vio. Una joven exactamente igual a él, con el mismo color de ojos, con el mismo tono de pelo, pero con algo un poco diferente, ella sí era humana.

-Nina- dijo quebrándose, se quebró como nunca antes lo había hecho en su vida, lagrimas comenzaron a salir de sus ojos, trato de detenerlas pero fue imposible- Perdón….Perdón, ¡Por favor! No me olvides, no… no… no me dejes- Avanzó apresuradamente abrazando a Nina, a su hermana, fue recibido con sorpresa, pero al pasar los minutos sintió un abrazo cálido y familiar, dejo caer el peso de su cuerpo sobre ella, le beso la mejilla manchándosela con lagrimas, siguió llorando desesperado- ¡Por favor!... Te quiero… siempre te he querido… no me mates, ¡No me olvides!... no me dejes…- Cayó al suelo junto con Nina, sintió un rostro ocultarse en su cuello, se dio cuenta al sentir el cuello de su camisa húmedo que no era el único que estaba llorando. Trató desesperadamente de detenerse, pero, como si su cuerpo le cobrara factura por las lagrimas que jamás había derramado, no pudo dejar de llorar- ¡Te amo!... siempre…. Te ame… eres mi todo Nina, mi todo… y quería ser tu todo, pero es imposible…

-Johan- escuchaba decir como respuesta.

-¡Porque yo soy un monstruo!, porque no tengo nombre, ¡Perdón!... por favor, por favor, perdóname… perdóname…-

-Yo… te perdono… es mi regalo Johan… es mi regalo… aun si quedáramos solos en este mundo, yo te perdonaría, porque tú eres mi todo, y sin ti no soy nadie.- Nina repitió las palabras que ya alguna vez le había dicho, Johan abrió los ojos desmesuradamente, tanta sangre derramada, tantas vidas inocentes… tanta muerte. Comenzó a gritar y llorar como si su vida dependiera de ello.

-Tenma, ¡Sálvame!, ¡Sálvame!, no me dejes morir solo, no me olvides, no me odies, perdón… por favor…. Perdón...-

Tenma se acerco entonces a Johan y como si de un niño pequeño se tratara lo acurruco en sus brazos, ayudándole a levantarse, era una imagen patética, quien alguna vez fue uno de los monstruos más temidos de Alemania se hallaba ahí tendido en el pasillo de una casa de los suburbios llorando como bebé. Kenzo le ayudo a llegar al sillón, las lagrimas de Johan no se detuvieron. Nina se sentó con Johan y recargo la cabeza de su hermano en su regazo, le miro mientras sollozaba y comenzó a acariciarle el cabello, intentó calmarlo, lo vio detenidamente durante unos segundos, era igual a ella y a la vez tan diferente.

-Perdón- seguía susurrando Johan, Nina sonrió al darse cuenta que su corazón ya no guardaba ningún resentimiento, estaba curada, el monstruo no había podido inyectar en ellos su veneno, se acerco lentamente al rostro de su hermano y beso la comisura de su labio, luego le beso las mejillas y la frente… como si de magia se tratara Johan dejo de llorar en el acto… Tenma le acerco un vaso con agua y un calmante, Johan obligándose a acceder los tomo sin más. -Te amo- dijo finalmente- y como mi amor es tan grande, te dejare libre… matare al monstruo que está dentro de mí, me iré, lo más lejos, para que puedas olvidarme… te regalare mi sueño y me convertiré en la nada-

Nina comenzó a llorar de nuevo, significaba esto que Johan al fin la dejaría libre, que él y Tenma podrían tener una vida normal, que todo había acabado. Kenzo soltó unas lágrimas también, Johan no era el mismo, el monstruo en su interior cada vez cedía más y más. A fuerza del cansancio y de repetir incesantemente que lo sentía Johan se quedo ligeramente dormido, era el calmante. Nina no se movió, le dejo ahí con la cabeza sobre sus piernas, dormía tranquilo y sereno, Tenma preparó café instantáneo y cuando hubo acabado se sentó frente a Nina y Johan a beberlo en silencio, observaba a su prometida jugar con el cabello de su hermano como si se tratara de un niño, notaba la pequeña y cálida sonrisa en su rostro, sentía como su corazón se inundaba de amor y ternura.

Johan respiraba con calma, no habían pasado más de 30 minutos desde la llegada del monstruo, Nina se levantó lentamente para no despertarlo y suplanto sus piernas con un almohada, recordó entonces que Johan había dejado la puerta abierta, no es como que fuera peligroso, después de todo los suburbios suelen ser lugares muy tranquilos, pero una ligera ráfaga fría le recordó que las noches ahí eran heladas; era mejor cerrar la puerta, camino despacio; cuando llego al vestíbulo de su casa una imagen la sorprendió, un joven unos años menor que ella se encontraba ahí parado, en su mano asomaba una pistola, su rostro lucía pálido y lo que más destacaba era su cabello rojo y sus pecas, Nina se llevo la mano a la boca, quería gritar pero no podía, por alguna extraña razón sentía miedo, un miedo más allá del que había sentido antes. El joven levantó el arma y le apuntó directamente a la cabeza.- ¿Dónde está él?- dijo en tono seco- ¿Dónde está Emanuel?- un grito sordo alerto a Kenzó, se levantó rápido y camino al recibidor, vio a su prometida siendo amenazada de muerte por un hombre, tiro la taza de café que se rompió derramando el liquido sobre la alfombra- ¿qué demonios está pasando?- pensó…

….

La historia del pequeño junior fue la sensación las semanas siguientes, luego de que su hermano partió su padre había caído en una depresión profunda, incluso doctores tuvieron que ir a visitarlo pues comenzó a negarse a comer y dejo de dormir a sus horas, pasaba el día leyendo y fumando y la noche vagando borracho por el pueblo, estas conductas duraron casi tres semanas y sus vecinos comenzaron entonces a incomodarse, pero resueltos a ser un pueblo unido, nadie comento ni opino nada negativo respecto a esto.

Todos sabían que Adelbert estaba devastado por la pérdida de su hijo adoptivo, y como si se tratara de lo más normal simpatizaban con él, no les interesaba que junior, el verdadero hijo de Adelbert siguiera en el pueblo, sino que solían decir que era una lástima que aquel chico tan brillante, galante, guapo, emprendedor y toda una sarta de exageraciones se hubiera ido del pueblo. Resueltos entonces a resolver esto por debajo del agua, la gente comenzó a mandar a doctores, curanderos y sacerdotes a la casa de junior para que vieran a su padre, cuando después de la tercera semana todo se resolvió, el pueblo entonces se dedico a consentir a la segunda víctima en cuestión, junior.

Junior seguía una vida perfectamente normal, notaba sin embargo que después de la pérdida de su hermano y la locura temporal de su padre la gente se mostraba más amable con él, como si ahora le tuvieran un poco más de lastima, los chicos del pueblo comenzaron a hablarle de nuevo, los más grandes no lo molestaban, e incluso un antiguo compañero del colegio católico lo invito a comer a su casa y le dijo que si necesitaba hablar con alguien podía contar con él. Cuando de pronto un día las autoridades locales supieron que había dos muertos en la granja de los Adelbert la cosa volvió a cambiar.

Todo ocurrió la sexta semana después de la partida de Emanuel, Adelbert volvió a ignorar a su hijo y este triste y despechado se encerró en su cuarto en silencio, agradeció las atenciones del pueblo y se dejo mimar por un par de días, pero después al notar que su padre no lo miraba más se enfado mucho. Era como aquel cuento que alguna vez escucho en donde a un hombre pobre lo hacen rey mientras duerme y al día siguiente lo vuelven a hacer mendigo de la misma forma, sentía como si toda la riqueza que antes tenía se la hubieran quitado de golpe, un día harto ya de ser ignorado se paró de frente a su padre y dijo lo más fuerte que pudo. –Quiero que me enseñes latín- su padre solo levantó la vista del periódico y se dispuso a llamar a la nana, pero junior harto de eso volvió a gritar fuerte y claro- quiero aprender latín, que Emanuel ya no este no significa que yo quiera dejar de aprenderlo- su padre entonces le lanzó una mirada asesina, se levantó de golpe y le dio una cachetada, fue la primera vez y única vez que su padre lo golpeó, pero como si esto le hubiera dado más valor, siguió gritando- ¡quiero que me enseñes, y también quiero aprender aritmética, y leer las obras griegas, quiero saberlo todo, todo lo que le enseñabas a él!- persiguió a su padre por toda la casa, mientras este incomodo intentaba por todos los medios deshacerse de su hijo natural, al final lo empujo de tal forma que lo tiro al piso, y salió dando portazos a la granja, junior comenzó a llorar pero no en silencio como solía hacerlo, sino fuerte y a cantaros, Francesca llegó entonces a consolarlo y le preparo galletas y pan para que calmara los ánimos.

Al día siguiente y sin más Adelbert tomo un rifle y camino hacia el cuarto de su hijo resuelto, se sentó a mirarlo dormir, noto su mejilla inflamada por el golpe que él le había infringido. Cuando Francesca llegó subió a ver a junior como era su costumbre, lo encontró aterrorizado con su padre apuntándole a la cabeza con su rifle de caza, la nana se asusto muchísimo, junior no dejaba de llorar en silencio, Adelbert no dejaba de repetir- porque te pareces tanto a ella… porque te pareces tanto a ella… tú la mataste, tú la mataste- como si su propia vida estuviera en juego Francesca se abalanzó sobre Adelbert, le rasguño la cara y le dijo que dejara en paz al niño, forcejearon unos segundos y después se escucho un disparo, la nana cayó en el suelo con una herida circular en su estomago, comenzó a retorcerse moribunda, Adebert volvió a cargar el rifle sin culpa, le apuntó a su hijo de nuevo, junior no se movía, observaba mareado la sangre brotar del cuerpo de su nana, como ella se arrastraba hacía él para intentar protegerlo, sintió rabia, tanta rabia, su padre seguía repitiendo sin parar.

-Tú la mataste… tú la mataste, porque te pareces tanto a ella-

- ¡Yo no la mate!- respondió junior gritando con odio. Su padre apenas reacciono.

-Porque te pareces a ella, si ella viviera sería diferente-

- ¡Yo no la mate, yo no mate a nadie!-

-Yo… la quería tanto- Adelbert comenzó a llorar, Francesca ya no se movía más, el rifle ya estaba cargado- nadie lo creía, pero me enamore de ella desde que la vi… ella era tu madre, sabes, era tan… linda- Adelbert se acercó para acariciar el rostro de hijo- tú te pareces tanto a ella, por eso te amo tanto- dijo sin más, se alejo dos pasos, le apuntó a su hijo, junior estaba a punto de cubrir su rostro por reflejo, cuando vio a su padre cambiar de dirección el arma y volarse los sesos.

Elizabeth estaba tendida mientras su herida seguía punzando, entraba y salía de un estado de semiinconsciencia, pudo notar el cabello rojo y las pecas de su atacante, quien fatigado por el esfuerzo de disparar un arma por primera vez se sentó junto a ella en silencio, saco un cigarrillo de su bolsillo y comenzó a fumarlo.

Siguió recordando sin decir nada, no iba a suplicar por su vida, no lo haría. Recordó sus días en la universidad, recordó como sus compañeros la seguían con la mirada, ella sabía que tenía ese poder sobre la gente, no solo era guapa sino que siempre había tenido porte, elegancia, misterio, casi no hablaba con nadie, no recibía mucha correspondencia y las llamadas con su madre se limitaban a unos cuantos minutos cada viernes. Era un enigma que todos los jóvenes de su universidad intentaban resolver.

En el colegio descubrió los libros clásicos, las tragedias, las comedias, decidió estudiar psicología para entender a su padre, pero más que nada para entenderse a ella misma, comenzó a salir con chicos de la misma manera. Descubrió el sexo y lo que podía lograr con él. Mantuvo relaciones largas con varios compañeros, pero no amo a ninguno de ellos, en sus últimos semestres estaba tan harta de la vida que pensó en abdicar. Dejarlo todo y aceptar la propuesta de matrimonio de su novio en turno, que contaba con una cantidad considerable de dinero en una cuenta de banco.

Sin embargo como si fuera cosa del destino, en esas mismas fechas Johan apareció de nuevo en su vida, sus miradas se cruzaron en la biblioteca, el buscaba cuentos infantiles, ella literatura cruda. Esa noche hicieron el amor por primera vez, para ella fue como ser niña de nuevo, para él, fue un acto más cercano a lo salvaje.

No se separaron hasta dos meses después, el se fue de la misma manera en que había llegado, y ella decidió comenzar la tesis. El día que se dio cuenta que él se había ido lloro tanto que tuvo que poner al sol su almohada, fue cuando se dio cuenta que lo amaba.

Nunca pudo decírselo. Abrió los ojos solo para ver como su atacante se levantaba. Lo vio caminar a la casa de Nina.

-Debo decírselo, algún día- susurró

Adelbert dio un paso dentro de la casa, el avanzaba mientras Nina amenazada por el arma retrocedía.

-¿Qui…quién eres? -escucho decir al hombre japonés- ba…baja el arma, no, no, estamos armados-

-No se muevan- dijo como cliché de serie policiaca. Alcanzo a ver a lo lejos a un joven recostado en un sillón, Johan había despertado al sentir la briza, se incorporaba despacio mientras veía como un hombre le apuntaba a Nina en la cabeza.

-¡Nina!- gritó Johan. Como acto reflejo corrió hacía su hermana, la quito con fuerza y aventó su cuerpo contra el de Tenma, Adelbert no tuvo tiempo de reaccionar, era un poco torpe en cuestiones manuales, apuntaba a todas partes y a ningún sitio pero cuando noto que como resultado de este forcejeo Johan había tomado el lugar de Nina se puso muy feliz…

Sonrió de forma rara.

-Hermano- escuchó salir de la boca de Johan.

-Emanuel- respondió

Nina estaba un poco histérica, Kenzó la abrazaba con fuerza para protegerla.

-¡El no se llama Emanuel!- gritó Nina- ¡El es Johan, es Johan!- para ella todo se trataba de un error, forcejeaba con Kenzó para intentar liberarse sin buenos resultados.

-Tú le mataste-comenzó a susurrar Adebert- tú le mataste, y a ella… a Francesca, tú me quitaste a mi familia… Sabes lo que fue de mi vida después de eso, ¿Lo sabes?, tú, ¡Monstruo! – gritón con rabia.

-Mátame, entonces- escucho - mátame, vamos, acabalo- y vio al joven rubio señalar su cabeza con su dedo índice.

Adelbert no esperaba esa respuesta, quería que Johan sufriera, quería verlo llorar, suplicar, agonizar, como él lo había hecho por tanto tiempo. No. No podía ser tan fácil. Entonces lo noto, la chica que forcejeaba con el japonés era idéntica a Johan, incluso podría ser que se tratara de… gemelos… Sonrió.

-No, esto no va a ser tan fácil… tu le mataste, a quien más quería…- Cambió de dirección el arma y le apuntó a Nina-Ella se parece mucho a ti- siseo - que pasaría si mejor la mato a ella-

Los ojos de Johan se abrieron de golpe.

-¡No!- gritó.

-Ya mate a tu novia, puedo matar también a tu hermana- susurro y dio un paso más lejos de la puerta para acercarse a Nina.

-¡Elizabeth!- exclamó Johan

-Así que se llamaba Elizabeth- sonrío- ¿y tú eres?- pregunto avanzando otro paso hacía Nina.

-¡No, Elizabeth!- escuchó gritar a Johan.

Como si se tratara de una aparición, Adelbert sintió de pronto que alguien le jalaba el cuello de su abrigo, pudo ver de reojo a la chica a la cual le había disparado antes.

-Pero qué demonios…- exclamó- si yo te mate- pensó.

El jalón no fue lo suficientemente fuerte para tumbarlo pero le hizo perder el equilibrio, Elizabeth quería abalanzarse sobre el pero una herida en su hombro se lo impedía, estaba pálida por la pérdida de sangre y parecía más muerta que viva, Johan se abalanzó sobre Adelbert para intentar desarmarlo, Kenzó jaló a Nina con todas sus fuerzas hacía el piso, estaban en cuquillas cubriéndose. Todo paso muy rápido, el forcejeo duro solo unos segundos, al darse cuenta que tenía desventaja decidió sin más dispararle a Johan, con fuerza se desprendió de él y de Elizabeth. Aún con el arma, tambaleando, soltó el primer disparo, sonrió, Johan estaba exactamente enfrente de él. Todo fue en vano, vio como Elizabeth se interponía al tiro, lanzó otro disparo, solo alcanzo a ver a Johan caer con una herida en el costado.

-Imbecil- gritó Johan en el acto, la fuerza de los impactos había hecho que Elizabeth y él cayeran al suelo, Elizabeth se retorcía en los brazos de Johan susurrando algo- ¡Sabes porque no te disparo!- dijo sonriendo mientras acariciaba el rostro de la chica rubia- ¡porque te amaba!, tanto que no podía ni verte, porque le recordabas a ella, a tu madre, por eso solo tú, podías vivir, solo tú… el ya no quería hacerte sufrir, y yo me negué a matarlo…

La mirada que le lanzó Johan a Adelbert dejo todo claro… es decir que su padre había estado planeando su propia muerte durante tantos años, y quería que Johan lo matara, todo era confuso, un remolino de ideas surgió, y entonces entendió las últimas palabras de su padre, como cuando las dijo sonreía como si estuviera feliz, como pese a su cara desfigurada por el disparo no pudieron quitarle esa sonrisa casi burlona del rostro… él quería morir, para ir con ella, con su madre… pero a él lo dejo vivo, porque lo amaba, su padre lo amaba tanto que dolía… La histeria se apodero de Adelbert y comenzó a gritar, tiro el arma.

-Perdón, perdón, yo no quería hacerlo- decía.- yo no… yo no…-

Elizabeth por su parte se retorcía de dolor, Johan no sentía dolor pero veía sangre brotar de su costado. Adelbert salió corriendo del lugar.

-Sálvala, Tenma, sálvala- lloraba Johan abrazando a Elizabeth.

-Eres mío- repetía Elizabeth –Al fin eres mío- y no dejaba de mirar a Johan.

Kenzó se levantó, el shock había pasado, Nina no paraba de decir- Oh, por dios, está perdiendo mucha sangre.-

-Tranquila vas a estar bien- Decía Tenma en su papel de doctor. –Las… las heridas no son profundas, la bala de hombro salió, pero… pero la pérdida de sangre es mucha- susurraba para sí mismo.

-Sálvala… por favor- Johan se abrazaba a Elizabeth llorando. – Sálvala-

Nina aplicaba presión en la herida del costado de Johan, miraba como su hermano lloraba y berreaba abrazándose a una joven que estaba casi muerta.

-Johan… yo… yo..te…- intentaba susurrar la chica.

-Lo sé, lo sé…-Gemía Johan, acariciando a Elizabeth. Por supuesto que lo sabía… siempre lo había sabido.

Kenzó hizo un par de llamadas, sabía que los hospitales y las ambulancias normales estaban prohibidos en estos casos, pero sus días de doctor de gánsters habían dejado algunos contactos a los cuales podía recurrir, en menos de quince minutos ya estaba dándole los primeros auxilios a Elizabeth, momentos después ella y Johan eran ingresados a un hospital con nombres y documentos falsos.

Elizabeth había perdido mucha sangre…


Pues aquí esta otro cap. de este fic, como siempre recordé actualizarlo porque hace poco recibí un review :p perdón por la tardanza y esperemos que el 2012 me vuelva más constante, ya casi acaba el fic así que de que este año si le doy fin, yo creo que si jajajaja esperemos. No olviden dejar un comentario, he intentado corregir unos errores de redacción que tenía y pues en único defecto que le encontré es que en este capítulo en particular si mezclo muchos tiempos e historias, pero bueno la mayoría ocurren simultáneamente así que creo que entendible :D cualquier cosa ya saben... se aceptan críticas y tomatazos…