Un día soleado.

Morí en un día soleado. O para mí lo era. Era un día de Enero, aún hoy me pregunto que sentí, morir es; diferente.

Mis pacientes solían decir que al final vez tu vida pasar, que una luz blanca aparece frente a ti, que vez a tus seres queridos del otro, que ellos le temían a la muerte, el hecho es que en realidad… no pasa nada.

Si tuviera que describir a la muerte en una palabra, esa sería: Nada.

Mientras flotaba de forma incorpórea por encima de mi misma pensé que tal vez sentiría algo; dolor, nostalgia, la humillación de haber sucumbido frente a él, de que me viera en ese estado: débil; pero no fue así.

Lo vi mirándome a través de un cristal transparente, como si con su vista pudiera atravesar las paredes, lloraba por mí… No se interesaba en su propia herida, la palidez ocupaba su rostro. Vi a los doctores atenderme, como intentaban que regresara, como sabían que no lograría hacerlo. Pero no sentí nada, vi la electricidad recorrer mi cuerpo, observe como intentaban contener la hemorragia, como intentaban que no me durmiera, que siguiera ahí con ellos, me dividía entre la mujer que seguía luchando por su vida en esa cama de hospital, y el fantasma que abandonaba su cuerpo para contestar una de las preguntas más transcendentales del hombre: ¿Qué pasa después de la muerte?

Observe mi futuro. Como quemaban mi cuerpo, como mis cenizas eran guardadas en una urna, como él las esparcía en el jardín de lo que habría podido ser nuestra casa, sentí deseos de abrazarle, de besarle, de llevármelo conmigo, de compartir mi muerte. Y nada más.

Pero él seguía vivo, los años pasaban y él seguía vivo, lo miraba y recordaba el momento en que le había conocido, como supe que estaríamos juntos por siempre, de una forma u otra.

Le miraba y entendía que seguiría con él sin estarlo, porque ya nadie podía verme. Que lo vería envejecer, enfermar, arrugarse, encorvar, expiar sus culpas y morir.

Entendí que el cielo y el infierno no existen más que en la conciencia del ser humano, que las almas no mueren ni nacen y ni siquiera se transforman, que siguen siendo lo mismo. Entidades autónomas con pensamiento lógico, que en lo único que no piensan es en volver a estar vivas, que no sienten el paso del tiempo… Que solo observan, esperan y al igual que los otros de cierta manera: viven.

- Si pudiera- me dije a mi misma -Me quedaría aquí y le observaría, día a día, noche a noche, sin dormir, ni comer, ni pensar, porque eso sólo lo hacen los vivos, sin hacerle el amor como cuando éramos jóvenes, sin tocarlo, sin hablar-

Pero siempre y sin dudarlo elegiría quedarme a su lado y nada más. Un escalofrío se apoderó de mí, regrese a la sala del hospital, volvía a ser solo una, los vi sacando la bala que aún estaba en mi vientre, y de pronto, volví a sentir, todo me dolía, pero ese dolor solo significaba una cosa: seguía viva.

Pálida, más no muerta, sonreí, mi destino no era observarle desde lejos. No. Era estar con él para siempre. No porque él sea el amor de mi vida, no porque yo sea el amor de la suya, solo porque al intentar morir él fue lo último que vi. Y mi decisión era inflexible, asertiva, verdadera. Siempre, día a día, noche a noche, sin importar nada, elegiría quedarme a su lado.

No había nada más que hacer, ese día soleado, no iba a morir nadie.

Kenzo caminaba de un lado a otro, Johan se negaba a recibir atención médica y eso lo ponía nervioso, se desangraba poco a poco, lentamente.

-Debes ir con un doctor- dijo al fin.

Johan lanzo una mirada asesina, no a Kenzo, a la maldita pared que le impedía estar cerca de Elizabeth, tenía las manos juntas como si rezara, los codos apoyados sobre sus rodillas y con sus dedos índices sostenía su frente, como sí un poder telepático fuera a salir de su mente en cualquier momento.

Habían pasado horas, y él seguía sangrando, no profusamente, pero sangraba, estaba amaneciendo, y a lo lejos, desde una ventana podía verse la nueva claridad del día. Elizabeth llevaba horas en cirugía. Sus heridas no eran para menos. Las de Johan en cambio, podían esperar.

-Aún no- respondió sin más. No mientras Elizabeth siguiera luchando, no mientras él estuviera consiente. Aún no.

Kenzó lo vio temblar, eso era mala señal, se movilizó, llamo algunas enfermeras y junto con ellas tomo a Johan de los hombros, lo levantó como quien levanta a un niño pequeño, y sin que este opusiera resistencia, lo traslado a un cuarto cercano, el más cercano al quirófano donde operaban a Elizabeth. La fuerza de Johan también estaba cediendo.

Sus heridas resultaron ser superficiales, una simple quemadura de bala en su costado, lo más peligroso era simplemente que la herida se infectase, o que él se desangrara lentamente por no recibir el tratamiento adecuado. Tenía algunas contusiones fruto del ajetreo. Pero eso era todo.

En menos de una hora ya estaba listo, algunas puntadas en su costado revelaron la nueva cicatriz que lo acompañaría de por vida, dos balas en la cabeza, y una rosándole el abdomen, Johan seguro era de acero.

Para Elizabeth la cosa era diferente. Johan y Kenzo se acercaron de nuevo al quirófano. Después de varias horas, al fin uno de los cirujanos salió con noticias. Se acerco a ellos y Kenzo notó la expresión que tenía en su rostro, era la expresión que el usaba para decir que alguien había muerto, todos los doctores podían poner esa misma expresión. Era como si en la escuela de medicina dieran clases para aprender a gesticular de esa manera. Trago saliva. Nada bueno iba a salir de eso. Se acerco a Johan y lo abrazo por el hombro, si las noticas eran malas al menos él lo sostendría.

-¿Son familiares de la paciente?- Preguntó el doctor, Kenzo claramente no lo era.

-El es su primo- respondió. Sobraba decir que habían entrado al hospital con nombres falsos, después de todo Johan era un fantasma que según los registros médicos seguía en coma en una cama de hospital, y según los registros policiales había muerto meses atrás.

-Ya… entiendo- El doctor masajeo el tabique de su nariz y se retiro unos viejos lentes para limpiarlos.

-¿Cómo esta ella?- pregunto Johan.

-De momento se encuentra estable, habrá que esperar, las siguientes horas serán vitales, perdió demasiada sangre y está bastante débil- Dijo el doctor con un poco de fastidio, la operación lo había dejado agotado.

-Puede darme más detalles- Siguió Kenzo- Soy doctor, neurocirujano para ser más exacto-

-Ya…- susurró el médico- La bala del hombro entro y salió, fue una herida limpia, sin residuos pero- repitió- perdió bastante sangre, en el abdomen fue un trauma contundente, fue necesaria una laparotomía exploratoria para determinar que órganos estaban dañados se realizaron tres procedimientos rafia gástrica, una rafia de colon y una rafia de diafragma. La bala pudo ser extraída por completo, pero sus defensas están muy bajas y corre demasiado riesgo de una infección, se le realizó una colostomía y es probable que requiera de una toracotomía. De momento debe seguir en observación hasta que pase la anestesia general. Ya podrán hablar con ella más tarde, pero solo una persona a la vez. Los primeros auxilios que recibió, de su parte, me imagino- dijo el doctor mirando a Tenma- fueron excelentes, pero tardo demasiado tiempo en recibir ayuda-

-No supimos que le habían disparado hasta que entró a la casa- Susurró Kenzo.

-Ya…- repitió el doctor mostrando su muletilla.-Estará inconsciente por varias horas, les recomiendo ir a descansar, no vale la pena que se queden los dos aquí, vayan a asearse, a comer algo, lo que sea. Yo los veré más tarde- El doctor caminó rumbo a la sala de descanso, Kenzo se dio cuenta que él también necesitaba dormir. Johan se recargo en el brazo de Tenma había entendido la mayor parte de lo que él doctor dijo, después de todo era prácticamente un genio.

-No te preocupes, ella estará bien- Continuo Kenzo, forcejeo un poco con Johan para que se sentará en una banca y llamó a una enfermera para que se mantuviera al pendiente de él-Iré a ver a Nina- Dijo sin más. Pese a su cansancio no podía dormir aún.

Nina no tenía ninguna herida física pero había sufrido una crisis nerviosa. Estaba descansando con ayuda de somníferos en un cuarto en el piso inferior. Mientras se alejaba Kenzo se odiaba a sí mismo por hacer que su prometida pasara por esto. Pensaba -Si no hubiera decidido salvarle- Pero al voltear y ver a Johan y al entrar al cuarto y ver a Nina, hermosa, serena, dormida, con sus pestañas largas y brillantes, aún húmedas por el llanto, con su piel suave y su cuerpo perfecto –Jamás la hubiera conocido, jamás me hubiera enamorado de ella, jamás habría podido ser simplemente yo- Y todos sus pensamientos se fueron como llegaron, y se permitió ser egoísta mientras se sentaba a acompañarla, a verla, a adorarla, a amarla.

Johan se encontró solo y abatido sentado en una cama de hospital, sabía porque su hermano había hecho lo que hizo, pero pensó que él era quien iba a morir ese día, no le importaba, hacía mucho tiempo que estaba listo. Recibir la muerte con los brazos abiertos, era una de sus esperanzas día a día, su última voluntad era despedirse y pedir perdón a Kenzo y a Nina, volver a ver a Elizabeth, y conocer a su madre.

Ya lo había cumplido todo, y sin embargo, jamás paso por su mente que Adelbert se vengaría hiriendo a quien el más amaba, a Nina, a Kenzo, a su Elizabeth.

Recordó.

Había llegado a ese pueblucho a base de mentiras, pidiendo aventón, haciendo lo que sabía hacer: sobrevivir. Qué edad tenía o como se veía eran datos que no recordaba ahora, dos balas en la cabeza no eran para menos, era adolescente y su plan de crear la nada ya estaba en su mente día y noche, lo que si recordaba y se lo indico un leve cosquilleo en la nariz, era que tenía el pelo largo, bastante desarreglado, tanto así que cuando el viento le daba de golpe no podía evitar rascarse la nariz y apartar su fleco.

Cuando llegó, visitó al viejo Adalbert pues le habían informado los pueblerinos que él le ofrecería trabajo, no era que quisiera trabajar pero necesitaba dinero para llegar a la ciudad, ¿por qué?, tampoco lo recordaba bien, pero sabía que debía llegar a ver a ciertas personas que lo ayudarían a cumplir su sueño.

Lo que paso en ese pueblo no fue más que un contratiempo, había ganado la confianza de Adalbert padre y el cariño de Adalbert junior, pero por más que intentó nunca pudo conquistar el corazón de nana, era una mujer demasiado simple, apenas y sabía leer y gastaba la mayor parte de su tiempo comportándose de forma irracional y un tanto salvaje, limpiaba de forma que pese a sus esfuerzos una capa de polvo rojizo permanente se amontonaba en la casa. La sala siempre olía a humedad y ese olor se mezclaba con el olor fuerte de nana: a ollín, a leña, a encurtidos, a comida o a madera, dependiendo la hora del día. La teoría de Johan era que entre más ignorante es una persona se vuelve menos humana y más bestia, y por ende afloran sus instintos, el de nana estaba muy bien desarrollado. Y su instinto de supervivencia le indicaba que no podía confiar en él.

Sabía que el padre de junior se acostaba con nana, cinco o seis veces al mes, era un acto automático basado en consolar la soledad y deseo de ambos, llego a ser tan automático que a veces lo hacían mientras nana seguía cocinando o calentando el agua para el café, fue gracias a esos pequeños secretos que comenzó a ganarse la confianza de padre tan rápidamente. Sabía que padre era una persona culta y por eso decidió quedarse más tiempo y aprender, también notó que nunca miraba a su hijo a los ojos y que siempre estaba melancólico y triste.

Un día, entre frases comentó su sueño.

-Sueño con crear la nada- dijo fuerte y claro, cualquier persona normal hubiera entendido esto como un chiste, pero Adalbert no era normal, comenzaron así los debates filosóficos, las discusiones acaloradas, las lecturas obligatorias. El sueño de Johan impregno tanto a padre, que paso a querer formar parte él. Fue cuando Johan decidió irse.

Adalbert padre tenía su propio sueño, uno que no había podido compartir con nadie. Fue una de esas noches en las que ambos discutían cosas que junior no podía entender, después de que Johan llevará a su hermano menor a la cama quien agotado por el cansancio mental y la emoción que le producía ver a sus dos figuras paternas discutir intelectualmente había sucumbido a los brazos de Morfeo rápidamente. Y después de que Padre despidiera a nana acompañándola a la puerta y dándole una nalgada que hizo soltar una risita de la mujer, cuando Johan se enteró de la verdad.

-Nos vemos mañana- escucho Johan mientras regresaba a la sala de estar para continuar la discusión. Padre saco una botella de licor que le ofreció, quien bebió para no sentirse fuera de lugar, fue la primera y única vez que se emborracho en su vida, y también fue el primer momento en el que lamento ser lo que era.

Padre hablo claro, él deseaba la muerte, le contó como llevaba años planeándola, decidiendo, cual era la más adecuada, como solo leía el periódico en busca de accidentes, de noticias de nota roja, de asaltos, de asesinatos, supo que la muerte no iba a llegar a él por más que había intentado invocarla y que por eso Emanuel debía ayudarlo.

Le contó entre borracheras, como había conocido a su esposa, como la había amado desde el primero momento, como deseaba la muerte de la tía de esta pero desistió sus intentos de matarla a petición de su amada, le contó como él no era en realidad lo que todos creían, como se mofaba de todos y bebía hasta morir cuando iba a la ciudad, como salía desde muy joven con amigos de otros pueblos como rondaban los barrios bajos en busca de licor barato, como espiaba junto con otros chicos a las prostitutas que sin un lugar donde dormir ofrecían sus servicios en las calles, como había estado a punto de perder la mano, e incluso la vida por una estúpida apuesta de juego, como había vivido enamorado y obediente durante toda su pubertad de una vieja amiga cuarentona de su madre, como ella lo incitaba y seducía para después decirle que no podía ser que era ella una mujer casada y dejar entonces su ropa interior en el cuarto del joven que se consolaba masturbándose mientras lloraba; y como ella y solo ella lo había salvado de ese abismo.

Como desde el momento en que lo vio, lo miro con desconfianza, como si conociera a los de su clase, como por más que intento con sus encantos falsos no pudo convencerla, como ella el primer día le cerró la puerta en la cara.

Le conto que él le había gritado- estúpida coja- el primer día de su encuentro, solo para correr a disculparse días después y suplicar no contará a nadie tal desacierto.

-Es lo bueno de ser coja- respondió ella- como nadie me conoce no tengo fama que cuidar y puedo decir lo que se me venga en gana- Gruño la chica a modo de reclamo.- Y puedo decirle joven, que yo si soy coja, pero el estúpido del pueblo debe ser usted-

Le contó como él se había enamorado, más que nadie, de aquella respuesta. Como se escapaba de noche para poseer el cuerpo de aquella coja, el único cuerpo que poseyó de verdad en su vida, como la tía sorda ni siquiera se daba cuenta de lo que pasaba, y mientras tanto ellos se desfogaban así insultándose el uno al otro, ella reclamando lo fácil que había sido su vida y el insultando su cruda sinceridad.

Padre había sido feliz, pero por muy poco tiempo, le explico a Johan como su esposa murió al dar a luz, como culpo al pequeño y decidió no volver a vivir conservando las apariencias, como se encerró en su castillo invisible en medio de aquel pueblo agrícola y ganadero.

-Pero tú, querido hijo- decía Padre más ebrio que nunca- Tú eres la respuesta que he estado buscando, porque tú Emanuel, vas a matarme-

Kenzo se quedó con Nina hasta ella despertó, como si se tratara de un cuento de hadas invertido, fue la princesa quien beso al ya no tan joven doctor y prometió que todo estaría bien.

Ambos se tomaron de las manos y mirándose el uno al otro reafirmaron más su decisión de nunca separarse.

-Debo hablar con ella- musito Nina-Con Elizabeth, tengo que saber quién es-

Kenzo tardo unos minutos en asentir, después de todo era extraño que el monstruo tuviera un aliado y más si se trataba de una mujer.

Johan siguió recordando en el pasillo del hospital, como él se había negado a matar a su padre, como fue la primer familia a la que si amo, o creyó amar, como decidió huir. Adalbert hijo le recordaba tanto a Nina. No, el no iba a compartir su sueño con nadie, si quería morir aquel hombre, debía hacerlo el mismo, porque eso representaba valor, el no estaba en ese lugar para facilitarle las cosas, el era un monstruo y como tal, todos a su alrededor debían sufrir.

El doctor encargado de Elizabeth salió de pronto de la habitación de esta, sumergido en sus pensamientos Johan no había notado que el tiempo había pasado tan deprisa, cuando reacciono, Kenzo y Nina estaban a su lado y el doctor decía que aquella mujer había recuperado la conciencia.

-Quiero entrar a verla- Dijo Johan, y sin importar las advertencias del médico entro sin más.

Vio a Elizabeth recargada ligeramente sobre sus almohadas, con la cara viendo hacía la ventana, su cabello acomodado detrás de su oreja, estaba viva y a salvo, pero la palidez de su piel era escalofriante, sus labios se notaban casi sin vida y sus ojos habían adquirido una expresión de tristeza de la cual jamás se recuperaron.

-Estoy bien- dijo al verlo entrar- Estoy viva.

Johan rompió en llanto y comenzó a disculparse, una y otra vez en silencio, se repetía si yo lo hubiera matado en aquel entonces, si tan solo lo hubiera matado.

Elizabeth no entendía a que se refería pero se quedo en silencio escuchando a Johan llorar mientras con sus escazas fuerzas acariciaba su cabello y sonreía tímidamente. Le dolía todo.

Johan recobró la compostura al poco tiempo, la beso en los labios quedamente y le prometió una cosa- A partir de ahora, solo seremos tu y yo-

Elizabeth volvió a quedarse dormida.

Al salir de la habitación agradeció a Tenma y a Nina.

-Yo debo disculparme una vez más- dijo secamente.

El doctor no entendía nada de lo que pasaba y opto por salir de ese lugar. No se involucraba nunca con sus pacientes.

-¿Quién… quién es ella?- preguntó tímidamente Nina, no iba a permitir más secretos.

-Es quien ha logrado salvarme- dijo Johan- Estoy matando lentamente al monstruo que vive en mí- susurró- ella me ayuda a hacerlo.

Kenzo y Nina se miraron el uno al otro sin entender, pero decidieron no preguntar más. La mirada fría regreso al rostro de Johan.

-En cuanto ella esté bien, nos iremos- continuo - no volverás a verme, pero yo sabré todo de ti, porque antes de ser de Tenma, fuiste mía Nina. Pero ahora tú eres de él y yo soy de Elizabeth. Siempre… siempre te cuidare, no dejare que vuelva a pasarles nada. Pero tengo una promesa que hacerles, algún día sin notarlo, cuando el monstruo dentro de mí haya muerto nuestros caminos se cruzarán de nuevo.

Kenzo y Nina miraron la determinación de Johan, no se estaba disculpando ahora, él era lo que él era, un monstruo frío y sin sentimientos con momentos de debilidad, pero solo eso, era algo prácticamente inhumano.

-Mantén tu promesa- dijo Kenzo, le temblaban las manos pero su determinación era más grande- no regreses, no queremos verte más… yo…yo… ya te he salvado dos veces, pero si regresas a hacernos daño, no te salvare una tercera vez, no pienso formar parte de esto de nuevo- Finalizó

Johan sonrió de forma burlona y fría, ya había terminado todo lo que tenía que hacer, solo quedaba un pendiente, pero para eso Elizabeth debía estar bien.

-Esta es, nuestra despedida- susurró Nina, algo indecisa camino para abrazar a Johan, quien oculto su rostro en su cabello.

-Eres mía- le susurró- siempre serás mía-

-Lo sé- respondió Nina- Yo también te ame, hace mucho tiempo- finalizó.

Johan salió del hospital como si nada pasará. Elizabeth volvió a despertar unos días después, su recuperación avanzaba rápidamente y se encontraba cada día mejor. No había sufrido infección en sus heridas. Kenzo y Nina la visitaban con regularidad, hablaban de cosas banales como el clima y los gustos de cada uno, nunca preguntaban de más, Elizabeth comenzó a darse cuenta de porque esas dos personas eran tan importantes para Johan, eran personas buenas, realmente buenas, si ella pudiera escoger otra vida, seguramente los tendría por amigos. Si ella no hubiera nacido donde nació, si él no hubiera sido su padre. La historia de su vida sería diferente.

Un buen día, durante la visita, Nina llevó un par de flores como de costumbre y comenzó a cambiar el florero del cuarto, notando a Elizabeth más decaída se atrevía a preguntar sin más.

-¿Él ha venido a verte?-

-No, aún no-obtuvo como respuesta.

Pasado una semana Nina se aventuró a ir más lejos, tenía que saber quién era ella, además Elizabeth parecía ya acostumbrada a su presencia.

-¿Cuál es tu nombre?- preguntó un día.

-Elizabeth, Elizabeth Anselm- respondió la mujer.

-¿Cómo conociste a Johan?- preguntó

-Ambos somos frutos de Kinderheim 511… mi padre, trabajó en ese lugar, era uno de los malditos bastardos que buscaban la Alemania perfecta y solo nos hundieron más en la miseria- Dijo sin más, el odio brotaba de sus ojos, sus signos vitales se alteraron un poco.

-Creo que no debo preguntarte más- susurró Nina.

-Está bien, es probable que él venga a buscarme pronto, yo lo sé todo Nina, todo sobre tú pasado y el de ese hombre, nuestros destinos están conectados de formas que no entenderías totalmente. Al conocer a Tenma y a ti, me he dado cuenta porque Johan esta tan obsesionado con ustedes, porque quería compartir su sueño solo contigo y con Kenzo, de donde nació su necesidad de destruir, Johan está sufriendo por lo que vive dentro de él, es algo que realmente no puede controlar, quiere amar, pero no puede y como no puede prefiere destruir todo lo que ama-

-Pero, entonces, ¿Qué pasará contigo?- Nina frunció el seño, es cierto, no conocía a Elizabeth, pero tampoco le deseaba el mismo final de las victimas de Johan- él… él dijo que tu podías controlar al monstruo que vive dentro de él-

-No lo sé, es cómo lanzar una moneda al aire, puede que caiga del lado bueno, o puede que caiga del lado malo, pero incluso moriré intentándolo, yo sé lo que mi padre le hizo, entiendo por lo que tuvo que pasar, lo vi y en algunas ocasiones lo viví en carne propia- Elizabeth recogió un mechón de su cabello para colocarlo detrás de la oreja- Aún hoy recuerdo los gritos de los niños que vivían en ese lugar, recuerdo como sus rostros primero mostraban miedo, luego incertidumbre y después simplemente olvidaban, pero Johan era diferente, te amaba tanto que jamás te olvido y a mí tampoco, encontré la forma de quedarme en su memoria. Tú, Kenzo y yo, somos los últimos rezagos de su humanidad…-

-Confiare en ti, Elizabeth, creo que puedes salvarlo, el ha matado demasiada gente inocente, pero por alguna razón, no puedo acabar odiándolo –

-Es porque eres una buena persona, no como él, ni como yo- Elizabeth sonrió con tristeza-Es probable que no volvamos a vernos, pero ten la seguridad de que Johan va a compensar el daño que ha hecho, al matar al monstruo dentro él, sufrirá día y noche, por un largo tiempo. Te ofrezco una disculpa, en nombre de mi padre y en nombre de tu familia- Nina abrazó a Elizabeth.

-Ten cuidado- susurró.

-De verdad lo siento-

Nina negó con la cabeza -Fuimos víctimas de un pasado que nos condenó de muchas formas, pero también somos quienes decidimos como nos va a liberar el futuro- Susurró-Nunca pude entender a Johan, pero creo que ahora al menos, puedo entenderte a ti, de verdad lo amas…-

-Más que a nada, incluso más que a mí misma- Finalizó Elizabeth

Nina salió del hospital y pidió a Tenma que no volviera a visitar a Elizabeth en un tiempo, notó la mirada triste de Kenzo pensando que tal vez todo volvería a empezar, le beso los labios a modo de consuelo y prometió que aquel monstruo jamás volvería a sus vidas.

Cuando Nina regresó dos semanas más tarde, Elizabeth había desaparecido. Todo había terminado.

Nina sonrió.

Días antes en el hospital un joven médico de cabello oscuro, saludo a algunas enfermeras que lo miraron de forma efusiva y se encamino al cuarto de Elizabeth, ya en ese lugar se quito las gafas y comenzó a revisar los signos vitales.

-Parece que ya estás bien- susurró mientras se deshacía de la peluca que cubría su cabello casi transparente-

-Entonces, creo que es momento de irnos- Contestó la joven

-Mirame, mirame Tenma, el monstruo en mi interior, está muriendo lentamente - Se dijo para sí. Este era el primer paso hacía su futuro. Un futuro en donde no tendría que estar solo. Tomo la mano de Elizabeth y salió para siempre de aquel lugar.

Todo lo que quedo de Johan y Elizabeth en el hospital fue un par de flores marchitas y unos cuantos caramelos de café.