Ne me quitte pas (1)
Ne me quitte pas / No me dejes
Il faut oublier / Es necesario olvidar
Tout peut s'oublier / Todo se puede olvidar
Qui s'enfuit déjà / Quien se escapa ya
Oublier le temps / Olvidar el tiempo
Des malentendus / De los malentendidos
Et le temps perdu / Y el tiempo perdido
A savoir comment / A saber cómo
Oublier ces heures / Olvidar estás horas
Qui tuaient parfois / Quiénes mataban a veces
A coups de pourquoi / A golpes de porqué
Le cœur du bonheur / El corazón de la felicidad
Ne me quitte pas / No me dejes
Ne me quitte pas / No me dejes
Ne me quitte pas / No me dejes
Ne me quitte pas / No me dejes
Sin siquiera darse cuenta habían pasado 7 años. Nina se encontraba feliz y plena, disfrutando de su vida de ama de casa y de sus compromisos laborales. Muchas cosas cambiaron durante ese tiempo.
El padre de Kenzó, por ejemplo, había muerto y durante sus últimos meses logró hacer las pases con su hijo; incluso llegó a conocer a Nina. Asombrado sin duda por lo que el llamo "un digno ejemplo de belleza occidental" acepto el matrimonio y sonrío durante sus últimos días, fruto de esta reconciliación Kenzó había sido añadido al testamento del viejo, lo que le dejo una significativa cantidad de dinero y unas cuantas propiedades en Japón. Durante algunos meses dudo que hacer con ellas, al final decidió cedérselas a su madre, quien sin ningún remordimiento las vendió y con el dinero se dedico a viajar por el mundo. A veces mandaba postales desde lugares exóticos y otras tantas canastas con la comida más rara que Kenzó hubiera probado, sólo en ciertas ocasiones "las muy especiales" los visitaba.
-La vejez es sin duda una etapa curiosa- pensó Nina, mientras seguía haciendo cuentas de los gastos de la semana. En cuanto a ellos no existían mucho que contar, la casa era la misma pero el pequeño auto que Nina compró en su juventud tuvo que ser remplazado por un sencillo auto familiar.
Ahora eran cuatro.
-¡Eh, niños!- gritó- La cena esta casi lista, entren a lavarse-
-Si, mamá- escuchó a coro.
Nina se levantó curiosa y asomó el rostro por la ventana, los frutos de su amor con Tenma estaban ahí, cubiertos de tierra, con el cabello enmarañado y siempre haciendo travesuras. Los pequeños dejaron de jugar con Fredo, su perro y entraron corriendo dando un portazo.
-Con cuidado- gritó de nuevo su madre desde la cocina.
-Si, mamá- escuchó.
-Acaso no pueden contestar otra cosa- sonrió.
El par de mellizos entró después al comedor, perfectamente aseados, estaban hambrientos.
-¿Dónde esta papá?- se aventuró a preguntar uno de los pequeños.
-Pues… Es verdad que tampoco yo lo sé- Contestó Nina- tal vez deberíamos hablarle- y cogió el teléfono dispuesta a marcar al consultorio del Dr. Tenma.
Kenzó tenía un pequeño consultorio en una ciudad vecina, no a más de 30 minutos en auto. Repartía su tiempo entre ese consultorio y una clínica de beneficencia en el centro de su pueblo, además y por si fuera poco comenzó a dar algunos seminarios y clases magistrales en las universidades cercanas, su facilidad para hablar y explicar los casos que había vivido lo hacía bastante popular entre los jóvenes de la facultad, por lo que siempre tenía voluntarios que ayudaban en sus clínicas. Más de una vez le habían ofrecido el puesto de profesor, sin embargo dada su apretada agenda había tenido que rechazarlo. Sea como fuere Tenma tenía una vida tranquila, con un salario acomodado y lo más importante, bastante tiempo libre para consentir a su familia.
No fue necesario marcar porque justo cuando Nina levantaba el auricular, el sonido de un auto estacionándose le avisó que su marido ya había llegado. Colgó el teléfono y salió a recibirlo entusiasmada. Lo besó y tomó sin más el saco y portafolio que cargaba Kenzó para acomodarlos.
-Los niños te estaban esperando- sonrió.
-Oh, ya veo- respondió el japonés con picardía- Niños ya estoy aquí, ¿quién quiere una abrazo de papá?- gritó.
-¡Yo!, ¡yo!- dos pequeños corrieron a abrazar a su papá, le jaloneaban los brazos y trepaban en él, haciéndole perder el equilibrio.
-Vaya que son muy fuertes, me pregunto que les dará su madre de comer- dijo Tenma riendo, mientras caminaba hacía el comedor. Al final pudo soltarse del abrazo el tiempo suficiente para lavarse las manos y comenzar a cenar.
Nina y el comenzaron a platicar de su día. Nina llevaba los casos de un pequeño despacho especializado en derechos humanos y además era especialmente conocida por ayudar en cuestiones legales difíciles, donde todos veían un culpable, ella indagaba hasta lo más profundo para demostrar si efectivamente era culpable, o si, por el contrario la persona implicada merecía una oportunidad. Había logrado liberar a más de un inocente y también dar asilo político a más de un inmigrante. Tenía especial consideración con las familias con hijos e intentaba ayudar aunque no recibiera pago alguno. De igual manera gracias a su forma de relacionarse, había cobrado cierta fama entre su círculo de amigos, lo que le permitía tener un flujo de clientes constantes que le generaban un buen ingreso económico.
-Oye Kenzó-
-Dime- respondió el doctor semi atragantandose con un bocado de carne.
-Recuerda que el domingo es la fiesta de los niños-
-Si, no te preocupes ya pedí permiso en la clínica, el Dr. Necker cubrirá mi turno-
-¡Excelente! Espero que todos vengan- Sonrió Nina comenzando a recoger la mesa.
-Seguro que sí- finalizó Kenzó, mientras entretenido, jugaba con los niños a ver quien hacía la figura más rara con su puré de papá- ¡¿Quién lo diría, estos pequeños ya van a cumplir 5 años?!-
Terminaron de cenar tranquilamente, acostaron a los niños, les leyeron un cuento y finalmente cuando sus obligaciones del día terminaron, se sentaron a disfrutar de una copa de vino en la intimidad mientras veían una película.
No podían quejarse, para ser personas con un pasado tan turbio, la vida los había premiado con un presente tranquilo y acogedor.
….
Moi je t'offrirai / Yo te ofreceré
Des perles de pluie / Perlas de lluvia
Venues de pays / Llegadas del país
Où il ne pleut pas / Donde no llueve
Je creuserai la terre / Yo cavaré la tierra
Jusqu'après ma mort / Hasta después de mi muerte
Pour couvrir ton corps / Para cubrir tu cuerpo
D'or et de lumière / De oro y de luz
Je ferai un domaine / Haré un dominio
Où l'amour sera roi / Donde el amor será rey
Où l'amour sera roi / Donde el amor será rey
Où tu seras reine / Donde serás reina
Ne me quitte pas / No me dejes
Ne me quitte pas / No me dejes
Ne me quitte pas / No me dejes
Ne me quitte pas / No me dejes
…
-¡Hola, señora Liebheart, eh, señora!- gritaba una voz amable mientras hacía señas con las manos. Elizabeth saludó dando a entender que había recibido el mensaje y se disponía a salir, dejó atrás un balde con comida para pollo y escuchó a un grupo de poco más de 10 gallinas cacarear por la falta de alimento.
Había quedado atrás la mujer de alta sociedad que era fácilmente confundida con actriz de cine, ahora Elizabeth vestía como cualquier otra persona que se dedicara a las labores de un rancho, traía unas botas de uso rudo de color café, un pantalón de mezclilla ceñido con un corte alto hasta la cintura y finamente un top de lana color verde con cuello de tortuga, además de un ligero sombrero de paja para aislarse del sol que amenazaba su piel excesivamente blanca, el sombrero poseía una pequeña malla mosquitero que Elizabeth levantó para poder hablar cómodamente con su interlocutora. Dejo ver sin embargo que pese a ser una mujer de campo no podía evitar pintarse los labios de carmín, combinaban perfecto con su nariz enrojecida por el sol y algunas pecas que comenzaban a aparecer en sus mejillas. Sus ojos miraron directamente a la mujer que la interrumpía.
-Buen día- saludó cortesmente.
-Disculpe por la interrupción, veo que estaba alimentado a las gallinas- susurró una mujer algo regordeta, se trataba de Ana Blume.
-Algo así- contestó Elizabeth.
-Bueno sólo quería darles esto- la mujer desenfundo una postal de su bolsillo izquierdo- Es de parte de Adelbert, viene junto con esta carta. Parece que se ha casado el muy pillo… con una americana, ¿puede creerlo?. Al final logró hacer una vida en San Francisco-
-¿De verdad?- Elizabeth mostró autentica curiosidad, recibió la postal, nada del otro mundo, atrás sólo decía. "Recuerdos desde América" y en la parte frontal una simple imagen turística de la ciudad. No abrió la carta pues sabía que era para Johan y pensaba entregarla intacta- Se la daré a mi esposo en cuanto vuelva, uno de nuestros caballos tiene problemas y esta con el veterinario-
-Ya veo, es una lastima, tenía la ilusión de saludar al señor- Ana se mostró afligida.
-Le diré que vino, seguro que después nos damos una vuelta por el pueblo para saludar- finalizó.
-Excelente, tendré preparada una rica tarta para cuando vengan-
-Nada nos haría más felices- Elizabeth soltó media sonrisa y se despidió para seguir con su trabajo, entró a la casa sólo para dejar la correspondencia y salió de nuevo, las gallinas notaron su presencia y la rodearon en busca de alimento- Eh, vale, ya voy, os daré enseguida de comer, viejas quejumbrosas- dijo en un fingido tono español.
Ana se alejó contenta y asombrada, Elizabeth la seguía impactando por su belleza, el trabajo del campo no le había causado prácticamente ninguna arruga y tanta actividad física había simplemente acentuado las curvas naturales de la joven. Pasaba lo mismo con el Sr. Liebheart más de una vez se sonrojó al verlo salir del establo sin camisa. Daba gracias que su esposo no la acompañara a las pocas visitas que realizaba a esa casa, pero al mismo tiempo se lamentaba por el destino de ese joven tan apuesto.
-Es una pena su enfermedad- susurró para si misma.
Dos horas más tarde, Johan regresó, conducía una camioneta de carga adaptada para transportar ganado y caballos. Atrás, venía justamente uno de los miembros de la caballeriza, un caballo de hermoso pelo café al que nombraron "Reich"(2) sólo por ser el tercer potro en nacer de la primer yegua que habían comprado. De esta manera su nombre era un irónico "Tercer Reich" que por supuesto casi nadie en el pueblo quería escuchar. Johan había descendido de la camioneta y ahora lentamente bajaba al potro que se encontraba algo adormilado por la anestesia, unos minutos después estaba cubierto y alimentándose dentro de su caballeriza.
-¿Está todo bien?- preguntó Elizabeth a lo lejos.
-Si, si- contestó Johan acercándose
-El almuerzo está listo- y Elizabeth ya sin sombrero de paja servía en una pequeña mesa en la terraza un plato cargado con verduras cocidas untadas en un poco de manteca y sal, pan recién horneado, leche, queso y algunos embutidos, después acerco un poco de chucrut(3) que había sobrado de la cena del día anterior.
Johan miro los platos con hambre, entró a asearse las manos y comió con ganas.
-Tenías hambre, ¿verdad?-
-Muchísima, todo ha estado delicioso-
-Traeré el café- Elizabeth se levantó- ha llegado correspondencia… de Adelbert- miró por un segundo a Johan mientras recogía los platos.
-Adelbert….Adelbert….- Susurró Johan intentando recordar.
-¿Lo recuerdas?- preguntó con miedo Elizabeth.
-Creo que Johan conocía a alguien con ese nombre- susurró. El joven de cabello rubio un poco enmarañado miraba con rosco apacible hacía el establo y las caballerizas, veía con amor a las gallinas que picoteaban en busca de piedras e insectos. Más allá de eso su mente parecía viajar a través de la nada.
Elizabeth miró al piso con tristeza, sirvió el café, un poco de tarta de manzana y le entrego la postal y la carta.
-Tu eres Johan, tu eres Johan… recuerda- le susurró a su "esposo" mientras lo besaba en la mejilla.
-Si… Emanuel era Johan, y Johan es Emanuel- sonrió este. A veces olvidaba cosas.
Un año después de instalarse Johan y Elizabeth habían logrado regresar al rancho a su máximo esplendor. Johan remodeló todo de pies a cabeza, sin ayuda de nadie, trabajaba día y noche, adaptó el establo y ahora contaban con gallinas, dos vacas, un becerro, 3 caballos y una yegua. Dividían su tiempo en atender a los animales, plantar vegetales en su huerto, recolectar y finalmente los fines de semana vendían el fruto de su trabajo en el mercado o rentaban los caballos para clases privadas de equitación, que la misma Elizabeth impartía. Sabía cabalgar a la perfección.
-Ventajas de niña rica- se decía a si misma todo el tiempo.
Durante este tiempo él y Elizabeth retomaron las sesiones de hipnosis y con ellas los llantos y gritos de Johan, Elizabeth agradecía estar en un lugar tan asilado, más de una vez había dudado en continuar, sin embargo siempre que comenzaba a flaquear Johan le recordaba que era su deber, que se lo debía al pequeño que había conocido en Kinderheim 511. En septiembre del tercer año había logrado llegar más hondo que nunca en la memoria de Johan, este comenzó a recordar poco a poco gran parte de lo que había vivido en su niñez, recordó a su madre, como esta insistía en cobrar venganza, como les contaba anécdotas sin sentido sobre un hombre sin nombre; pero también entendió otra cosa, parte de las memorias que creyó le pertenecían eran mentira, su mente le había jugado una trampa, confundía su pasado con el de su hermana, intercambiaba hechos, inventaba historias, mezclaba cuentos con la realidad. Su mente no lo soportó, se confundió y al final cayó más hondo.
El estrés de las sesiones le hizo bloquear todo lo que había recordado, fue tan gradual que incluso Elizabeth tardo en darse cuenta, Johan poco a poco y por reflejo comenzó a aceptarse a si mismo como Emanuel. Fue así como el monstruo comenzó a olvidar.
Primero las cosas más simples, cosas que él había arreglado; si le había dado de comer o no a los animales; si había tapado o no a los caballos. Poco después comenzó a olvidar a la gente que le rodeaba. La enfermera Ana Blume paso a ser simplemente la mujer del rosco amable; su marido era sólo el médico del pueblo, el veterinario no tenía nombre, Adelbert era sólo uno de sus amigos de la infancia, desconocía a casi todos en el pueblo, los miraba receloso y solía no saludarlos e intimidarse cuando le hablaban, después del cuarto año apenas y recordaba como había llegado al rancho.
Elizabeth intentó rehabilitarlo, poco a poco y con esfuerzo, Johan re-aprendió algunas cosas, entendió que no debía comentar ciertas cosas frente a otros, que había que evitar hablar del pasado, que para todos en el pueblo era Emanuel y nada más. Recobró la parte útil de su vida, volvió a entender el trabajo del campo. Recordó nombres, lugares y fechas; tenía días buenos y días malos, a veces ni siquiera podía recordar a Elizabeth, en esos pocos días se asustaba tanto que no paraba de llorar por horas, lentamente y gracias a la ayuda de su "esposa" recobraba la calma, le susurraba cosas al oído y se quedaba dormido.
-Como pude olvidarte si eres tan hermosa- solía decirle antes de caer rendido presa del cansancio mental.
Todos en el pueblo comenzaron a notarlo, para despistar Elizabeth mencionó que era exactamente esa la razón por la cual se había mudado al campo, que quería vivir más relajada, que su padre le había dejado una pequeña herencia y que con eso y lo poco que sacaban de comerciar los víveres que producían les era más que suficiente para vivir.
Como había pasado antes con Adelbert padre, todos en el pueblo se solidarizaron, ignoraban que Johan hablará de vez en vez de una raza perfecta, se reían cuando contaba que había recibido dos disparos en la cabeza... y dos o tres veces cuando lo encontraron vagando perdido en el campo lo habían regresado a su hogar.
Elizabeth lloraba en silencio cuando eso pasaba, pero sabía que al final era para bien, prefería a Johan pero Emanuel era una parte de él, la parte buena se repetía a si misma y con eso se consolaba.
-Adelbert va a ser papá- dijo Johan agitando la carta que se había dispuesto a leer.
-¿Y Adelbert es?- preguntó Elizabeth.
-Un viejo amigo y hermano de Emanuel- recordó Johan en un susurró.
-Así es, lo recordaste…-
-Elizabeth, mi Elizabeth… Lo estoy olvidando todo, ¿no es verdad?-
-No siempre, a veces, sólo recuerdas-
-Debemos ir… con Nina…, no con ella, no con Tenma, con lo nuevo- susurró de pronto, hacía casi 6 meses que no mencionaba a Nina.
-¿De qué hablas Johan?, eso es imposible- Elizabeth se sorprendió, de pronto pudo ver sólo levemente al monstruo otra vez frente a sus ojos.
-Sólo una vez más, sólo una vez más, y será todo- gruño Johan mientras apretaba los puños y comenzaba a sudar frío.
-¿Porqué?- Elizabeth preguntó con rabia.
-Nadie nos verá, te lo prometo… nos ocultaremos. Dejaremos lo que debamos dejar y simplemente nos iremos-
-¿Y qué es lo que quieres dejar?-
-Un libro- Johan comenzaba a agitarse, se movía en su sitio como intentando algo, Elizabeth reconoció los síntomas, se apresuró a abrazarlo y comenzó a acariciarle el cabello. Se acercaba un ataque de ansiedad.
-¿De qué hablas Johan?- estaba a punto de soltarse a llorar - Señala a que libro te refieres-
-DE ESE LIBRO- Johan había señalado uno de los libros de la repisa, estaba encuadernado en una pasta dura y decorado con letras en relieve dorado, era una primera edición- "El monstruo sin nombre"- se leía en la portada.
Elizabeth abrió desmesuradamente los ojos- sólo una vez más Johan- susurró- hasta que logres olvidar- y lo besó, ella iba a hacer lo que fuera por el, lo que fuera.
….
Ne me quitte pas / No me dejes
Je t'inventerai / Yo te inventaré
Des mots insensés / Palabras necias
Que tu comprendras / Que tu entenderás
Je te parlerai / Yo te hablaré
De ces amants-là / De esos amantes
Qui ont vu deux fois / Quien vio dos veces
Leurs cœurs s'embraser / Sus corazones abrazarse
Je te raconterai / Yo te diré
L'histoire de ce roi / La historia de este rey
Mort de n'avoir pas / Muerto de no haber
Pu te rencontrer / Podido encontrarte
Ne me quitte pas / No me dejes
Ne me quitte pas / No me dejes
Ne me quitte pas / No me dejes
Ne me quitte pas / No me dejes
….
Kenzó y Nina preparaban todo para la fiesta de cumpleaños de los niños, habían decorado el patio, comprado sombreros, luces, comida y dulces al por mayor.
Sus dos pequeños se divertían como siempre, ambos vestidos de forma idéntica con un pequeño overol verde y una camisa amarillo paja. Eran exactamente iguales, incluso a sus padres les costaba reconocerlos. De su padre habían heredado la nariz un poco aguileña y larga y el ligero rasgado de sus ojos, de su madre por el contrario heredaron los brillantes ojos azules y mezcla de ambas razas poseían un cabello lacio de un tono pardo muy oscuro para el alemán promedio, eran de tez blanca, un poco pálidos y bastante altos para su edad. Corrían por toda la casa persiguiendo a Fredo para ponerle un sombrero de fiesta, el perro aunque bastante manso se negaba a sacrificar su orgullo canino.
Dieter ahora ya adolescente reía divertido, había llevado a una chica llamada Francesca que al parecer conoció, en la estación de tren. Era italiana, morena y hermosa; el pelirrojo no dejaba de mirarla, la muchacha dos o tres años más grande había aprovechado la comida gratis y parecía no tener fondo, viajaba de mochilazo con dos amigas que encontraría en Praga, pero ella se había desviado en busca de "aventuras y chicos guapos". El Dr. Reichwein ya muy entrado en años caminaba lentamente por el jardín usando un bastón, no había podido evitar que Dieter invitara a la joven.
-Seguro a Kenzó no le molestará, el siempre quiere ayudar a todos- fue el pretexto dado por el adolescente.
Por su parte el doctor Gillén había llevado a su esposa y a su hijo que ya contaba con 8 años, el pequeño aunque mayor decidió participar en la persecución de Fredo y corría por toda la sala empujando adultos a diestra y siniestra. Estaba también un médico joven, pelirrojo y bonachón que se presentó a los demás como el Dr. Aldous Diermissen uno de los antiguos compañeros de médicos sin fronteras de Kenzó, intentaba por todos sus medios seducir a una de las amigas de Nina y ella ruborizaba le seguía la corriente.
Había más personas, todos vecinos o amigos de Kenzó y de Nina, unos cuantos niños más y un par de niñas tímidas que se dedicaban solamente a jugar a las princesas, eran compañeras del colegio de los gemelos.
Todos se divertían y acompañaban la parrillada que preparaba Kenzó con cerveza, vino y ponche de fruta, era un día de jubilo y nada podía empañarlo.
Nina estaba lista para sacar el pastel, una gran tarta horneada en casa con betún de vainilla que ponía los nombres de los niños acompañados de un "Feliz cumpleaños", los gemelos habían desistido de atrapar a Fredo y ahora le aventaban una pelota. Al final uno de los gemelos lanzó una bola curva bastante fuerte cerca de un árbol de naranjo que nunca daba frutos pero que su padre se negaba a cortar. El árbol estaba ubicado junto a la puerta que daba a la acera.
-eh, hermano, trae la bola rápido- grito el otro gemelo.
-¡ya voy, ya voy!- contestó el culpable. Corriendo hacía la pelota.
Un adulto de cabellos rubios muy parecido a Nina recogió la bola y se la dio al niño.
-Mmm, gracias- exclamó el niño con desconfianza, no reconocía a ese viejo adulto, pero por otro lado le resultaba muy familiar.
-¿Así que, es tu cumpleaños?- Preguntó el hombre, portaba un gran abrigo de lana y se veía algo cansado y con ojeras.
-Si, el mío y el de mi hermano, somos gemelos- exclamo el chico orgulloso.
-Ya veo, es una lástima- Sonrió el joven.
-¿Qué, que es un lástima?- dijo el chico un poco enojado.
-Sólo tengo un regalo- El muchacho de cabello rubio saco un paquete envuelto de su mochila- Debes decidir- dijo- ¿quieres este regalo, o se lo doy a tu hermano?-
-¡Yo lo quiero!- grito el niño- siempre nos regalan las mismas cosas-
-Eso es perfecto, por que este regalo es… único, sólo hay uno de estos en el mundo-
-¿Sólo uno?-
-Si, sólo uno- Johan siseaba para no hacerse notar. Al final había convencido a Elizabeth de ir a visitar a la familia de Nina solo una vez más. - pero debes prometer una cosa, sólo una-
-¿Qué?- gritó el niño curioso.
-Si te doy este obsequio, no se lo debes enseñar a nadie, ni a tu hermano, ni a tu padre, ni a tu mamá-
-¿Y a Fredo?- dijo el niño señalando a su perro a lo lejos.
-A nadie- dijo de nuevo- si se lo enseñas a alguien, cosas muy malas pueden pasar- y al decir esto acarició el cabello del niño. El niño que en un principio había estado muy tranquilo comenzó a ponerse nervioso.
-Edmont, Eldwin- el pastel esta listo, vengan- gritó Nina mientras las luces se apagaban y todos cantaban el "Feliz cumpleaños" a coro.
-Dámelo, dámelo, ¡ES MI REGALO, ES MÍO! - berreó el niño arrebatándole el paquete a Johan y corriendo hacía donde estaba su madre, al final pareció arrepentirse un poco y regresó sobre sus pasos- !lo prometo¡, eh hazme caso, prometo no enseñarle mi regalo a nadie- gritó a la figura que se alejaba detrás del árbol de naranjos. El hombre sólo volteo y dedicó al niño una media sonrisa.
Elizabeth esperaba sentada en la camioneta, escuchaba en el radio una vieja estación de éxitos franceses. Estar de nuevo cerca de esa casa la había puesto nerviosa.
-¿Se lo diste?- preguntó.
-Si, así es… pero sabes… mi Elizabeth- susurró Johan mirando por el espejo retrovisor- ¿A quién se lo habré dado, al defensor o al amigo?(4)-
Elizabeth sonrió. Johan entró al al auto, Elizabeth subió el volumen de la tonada y arrancó.
…..
Ne me quitte pas / No me dejes
Je ne vais plus pleurer / No voy a llorar más
Je ne vais plus parler / No voy a hablar más
Je me cacherai là / Me esconderé allí
A te regarder / Al mirarte
Danser et sourire / Bailar y sonreír
Et à t'écouter / Y a escucharte
Chanter et puis rire / Cantar y reír
Laisse-moi devenir / Déjame ser
L'ombre de ton ombre / La sombra de tu sombra
L'ombre de ta main / La sombra de tu mano
L'ombre de ton chien / La sombra de tu perro
Ne me quitte pas / No me dejes
Ne me quitte pas / No me dejes
Ne me quitte pas / No me dejes
Ne me quitte pas / No me dejes
….
-No me dejes nunca- le susurró a Johan mientras viajaban de regreso a casa.
Johan sonrió, ahora ya podía olvidarse de todo.
1. Ne me quitte pas, es una canción francesa que más bien parece poema y que simplemente cogí por que es triste triste y me pareció acorde a lo que debía sentir Elizabeth. Si se animan a escucharla esta es la versión que más me gusta. watch?v=slHjkszSAKs.
2. Tercer Reich es una forma de referirse a la Alemania Nazi, el nombre es bastante irónico para un caballo.
3. El chucrut es la col fermentada que comen en todo los alemanes y aunque sea un cliqué quise ponerlo.
4. Edmont significa arma o defensor, Eldwin significa viejo amigo. De aquí lo que dice al final Johan, me parecía importante darle nombre a los gemelos de Nina por que pues es el meollo de todo, los nombres los escogí al azar y pues ya, no me lo pensé mucho, sólo quería que empezarán con la misma letra por que pues es divertido ya que son gemelos.
Ahora si, perdón por no actualizar antes pero ahora tengo un rato libre y pues me di a la tarea de al menos terminar uno de los fics seriados que inicie en esta página, que son 3 pero creo que solo terminare este (los otros dos no son de Monster). Con esto ya queda terminado aunque no niego que si me da tiempo me aviente un epilogo, mejor no prometo fecha por que nunca las cumplo, muchas gracias a todos los que se tomaron el tiempo de leer el fic y espero les haya gustado. Disfrute mucho escribiéndolo y mejore bastante mi redacción y mi ortografía mientras tanto (aunque se que la mayoría de los capítulos tienen errores). Esta serie es bella bella y triste pero a su manera quería darle el final que a mi punto de vista debió tener.
