— Demonios… — murmuraba por lo bajo el menor, apresurando su paso para poder llegar a la cafetería, el albino no llegaría hasta dentro de algunos minutos –Él era de llegar tarde- pero prefería estar allí temprano, sólo para poder terminar con su trabajo pendiente y los sketches que le habían quedado por hacer.
Se dirigió a la chica que atendía ese turno en el local, con cabello rizado, alocado y rojizo atado más o menos de manera decente para no asustar a la clientela. La miró divertido, mientras la muchacha le dirigía una mirada aburrida que pronto se tornó en una sonrisa amigable.
— Buenas tardes, Mérida~; ¿Trabajando duro o durando en el trabajo?* — Una sonrisa burlona se cruzó por sus labios, mientras ponía el cambio justo y algo de propina sobre el recibidor. La muchacha le acercó su orden de siempre, riendo un poco al notar la propina.
— Es igual*… pero la gente como tú hace que realmente sea "Durando en el trabajo" así que toma tu orden y siéntate, alguien decidió llegar temprano. — La chica de risos locos desapareció tras la puerta de los empleados, dejándole un pequeño guiño travieso a Hipo mientras este quedó mirando a la puerta con confusión. Pronto supo a qué se refería de todos modos, cuando sintió un par de manos frías posarse sobre sus ojos cuidadosamente y una risa mal disimulada tras él.
— ¿Quién soy? — Dijo con una voz algo más gruesa, tratando de complicarle la adivinanza al menor, pero este sólo tomó sus manos y se dio vuelta, sonriéndole con su mirada sarcástica.
— Trata de improvisar un poco más tu voz y tal vez algún día me lo crea — Fue todo lo que dijo mientras tomaba ambos recipientes con la dulce bebida humeante dentro, ofreciéndole a Jack el suyo para ambos dirigirse hacia su mesa, donde Hipo ya había dejado su maletín.
Llevaban algunos meses haciendo esto; Hipo salía del trabajo y esperaba a Jack sentado en la mesa, hasta que daban las 6:00 P.M. y el muchacho llegaba, sonriente y deslumbrante, divertido como siempre y con ganas de charlar como todas las tardes. A veces se escuchaba a las camareras cuchichear entre ellas, riendo y lanzándoles miradas a los jóvenes, mas callaban al notar que ambos estaban demasiado concentrados el uno con el otro como para prestarles atención. Todos los clientes habituales y no habituales sabían de ellos, a veces pasaban a saludarlos y otras veces a charlar, pero no pasaba mucho hasta que la conversación se volvía exclusivamente Hipo-Jack y viceversa. Claro que de todo esto ellos no se daban cuenta, y mucho menos se daban cuenta cuando llegaba la noche y el lugar tenía que cerrar, siendo Mérida y Rebecca –ellos le decían Rapunzel por su largo y rubio cabello- las que tenían que interrumpirlos para poder marcharse.
Hoy, sin embargo, Jack se había decidido por llegar más temprano, con lo que parecía ser una cajita envuelta en papel de regalo detrás de su espalda. Vaya si Jack se había esforzado por elegir ese regalo, apenas conocía al menor pero confiaba en poder ir un paso más allá en su amistad con el pequeño obsequio.
— ¿Y bien? — Hipo fue el primero en hablar, pero no exactamente le dirigía la mirada al albino frente a él, debía terminar algunas cosas todavía y estaba concentrado en su trabajo por ahora. Jack, por su parte, se había quedado observándolo con cara de concentración, realmente le impresionaba la manera en que el pequeño pecoso se esforzaba en su trabajo.
— ¿A qué te refieres? — Fue lo que pudo decir tras haber salido de su transe, viendo como el menor se enderezaba en su lugar, dándole un largo sorbo a su chocolate caliente.
— ¿Qué es eso que traes allí? — Una cálida sonrisa se hizo presente sobre sus labios, que estaban algo rojizos por haberse quemado un poco con su bebida. — Digo, si es para mí, al menos deberías darme una pista de lo que es, ¿No crees?
— Ábrelo y averigua qué hay dentro, si te lo digo ya no será sorpresa y las pistas no son lo mío, lo sabes — El albino, que había estado escondiendo la caja mal disimuladamente sobre sus rodillas bajo la mesa, finalmente se decidió a sacar el regalo de su escondite súper secreto, entregándoselo al menor para que lo abriera.
Vio con cierta emoción como se le habían iluminado los ojos al recibirlo, tal como si fuera un niño en navidad; la ilusión se reflejaba en aquellos bosques que eran sus ojos. Lentamente comenzó a abrir su regalo, cuidadosamente tratando de que no se rompiera el papel mientras lo hacía. Una vez logró descubrir la cajita y abrirla, metió la mano para encontrarse otro contenedor, pero más plano y metálico, con brillantes colores en la tapa y el título "Prisma Colors Premier" en ella.
— No… ¡No, no, no! — El castaño observaba el pequeño contenedor, completamente sumido en su propia emoción. — Jack… ¡He estado tratando de encontrarlos por meses! ¿Cómo…?
— Tú dijiste que tal vez los conseguirías en Virginia o Utah… bueno, ¿Quién crees que tiene un hermano allí? — Se señaló a sí mismo, mientras el menor se abalanzaba sobre él, casi lanzando las bebidas por los aires mientras se acercaba a abrazarlo. — ¿Esto significa que te gustaron?
— ¡Por supuesto que sí! Aún no puedo creer que hicieras esto por mi… no tenías qué… pero gracias — Se quedó colgado del cuello del mayor por unos minutos, sin darse cuenta de las miradas que el resto de la clientela les dirigía, siendo sumido nuevamente por su pequeño momento de locura.
La gente seguía observando, pero eso no le importaba, estaba emocionado y algo de emoción de vez en cuando nunca hace daño… a menos claro que estés en medio de un café bastante frecuentado abrazando a otro hombre como colegiala enamorada. ¿En verdad acababa de darse cuenta de eso? Se soltó de inmediato tras aquella mini-meditación, todo rojo hasta las orejas mientras el mayor reía y Mérida le contaba todo lo que sucedía a Rapunzel, quien acompañaba las risas de Jack desde el otro lado del local.
