Capítulo 2
Una importante decisión
Katara abrió los ojos lentamente, los rayos de sol comenzaban a colarse por las rendijas de madera de la ventana y aquello significaba que era hora de prepararse. Sin embargo, aquella mañana era distinta a las demás, podía notarlo en el ambiente.
Por un momento se quedó ensimismada recordando lo ocurrido el día anterior. Aún debía preparar lo necesario para el viaje pero no le supuso ningún problema, ya tenía todo pensado, hasta lo que le diría a su madre para que la acompañara sin tener que preocuparla.
Recorrió cada habitación cogiendo todo lo que creyó necesario, no tenían muchas cosas de valor aunque muchos de aquellos objetos les vendrían bien para su nuevo hogar. Era totalmente consciente de los riesgos que tomarían al huir y que seguramente les sería difícil andar a sus anchas hasta que lograran salir del imperio totalmente pero estaba decidida a arriesgarse.
No le llevó mucho rato terminar de recolectar todo, aparte de unas cuantas bolsas de tela gruesa con comida y objetos personales solo metió algunas prendas y un par de mantas. Posó la mirada en un retrato que un amigo de la familia les había hecho cuando eran pequeños. En el dibujo se les veía contentos y repletos de ilusión; su hermano y ella sonreían abrazados y tras ellos su madre y su padre reflejaban una alegría que no había vuelto a ver en años. Ese momento nunca volvería a repetirse porque Kya ya no gozaba de la salud de aquel entonces, su padre había sido encerrado hacía ya años y su hermano más de lo mismo. Unas cuantas lágrimas amenazaron con caer pero aquella vez no se lo permitió, frunció ceño con fuerza y se dispuso a despertar a su madre.
Estaba enroscada en las diversas mantas. Katara le cedía la cama alta que era más cómoda para que reposara correctamente mientras que ella dormía sobre unas cuantas mantas gruesas bien puestas en el suelo. La zarandeó suavemente logrando que le prestara atención algo confusa. Normalmente su hija le dejaba notas cerca de la cama con indicaciones y la comida preparada en la mesilla pero por algún motivo que no lograba imaginar aquella mañana la había despertado.
-Buenos días, mamá- le dijo con voz dulce. Kya sonrió y se incorporó. Katara le había dado muchas vueltas al asunto, le sería difícil trasladar a su madre fuera de allí, no quería que hiciera esfuerzos innecesarios que pudieran perjudicar gravemente su salud. Pero ya lo tenía todo controlado, había preparado una pequeña plataforma de madera y la había amoldado para que fuera suficientemente cómoda como para que su madre pudiera tumbarse durante largos ratos.
Katara había entrenado en secreto su habilidad para controlar el agua y en efecto, a pesar de no poder compararse con los grandes maestros se defendía muy bien. Además, era una de las últimas maestras del agua que quedaban por allí. Se valdría de ello para llevar la camilla en la que iría junto a su madre, utilizando la fuerza del agua e impulsándolas para moverse lo más rápido posible.
-¿Ha ocurrido algo?- preguntó sin mostrar preocupación, más bien parecía intrigada por lo que su hija fuera a decirle. Katara observó el rostro de su madre que había envejecido bastante en comparación con la imagen que había mirado, aunque seguía siendo la mujer dulce y amable que siempre la apoyaba en sus decisiones. Por eso sabía que haría caso de lo que ella le dijera.
-No es nada de lo que debas preocuparte.- la tranquilizó. –El rey me dijo ayer que nos daría unos días libres, y he decidido cogerlos a partir de hoy. No serán muchos pero aprovecharemos para descansar a las afueras de Akabani- a su madre le costó entenderlo, era la primera vez que escuchaba algo parecido pero creía ciegamente en su hija y aunque la estuviera mintiendo la seguiría mientras pudiera. Katara durante unos segundos temió que rechazara su propuesta pero la respuesta que esperaba no tardó en llegar.
-¡Eso es fantástico! Me gustaría creer que las cosas están cambiando. Quizás sea el primer paso.
-Sí, es posible. Ya me he ocupado de todo. Iré a trabajar hoy y cuando vuelva nos iremos. Solo debes estar lista para mi regreso. –Kya no dijo nada a pesar de que hubiera cosas que la inquietaran, así como el hecho de partir por la noche. Aún así se limitó a asentir con la cabeza al tiempo que Katara se levantaba para irse de casa.
-Muy bien. Entonces esperaré impaciente. Que tengas un buen día, cariño- sonrió débilmente y se recostó en la cama de nuevo después de que su hija le diera un fugaz beso en la frente.
Katara notó el aire frío golpeándola en la cara cuando salió a la calle. Por suerte, aquella mañana no iba justa de tiempo y se ahorraría la bronca de sus compañeras. A medida que se acercaba al palacio miraba con cuidado cada edificio que aparecía por el camino queriendo guardar en su mente cada fachada para poder recordarlas cuando estuviera lejos de allí. Durante el corto recorrido Kairi apareció a su derecha y la saludó con un abrazo, la notaba especialmente contenta para ser tan temprano.
-¿Qué ha pasado para que desbordes tantísima alegría?- preguntó intrigada. Mientras, un sentimiento de tristeza se abría paso en ella al imaginarse que quizás no volvería a verla.
-¿¡Es que no lo recuerdas!?- le insistió dejándole tiempo para que hiciera memoria. -¡Hoy tendremos visita!- entonces Katara recordó el trabajo duro que hicieron el día anterior para tenerlo todo preparado. Sin embargo, seguía sin entender cómo aquello podía alegrarla tantísimo, seguramente ni siquiera podrían acercarse a la visita.
-Sabes que no se nos permite acercarnos a los invitados, tenemos que limitarnos a servir y acatar órdenes- soltó arrastrando sus palabras como si fuera un juramento que tuvieran que repetir cada día.
-Lo sé, ¡pero no seas tan pesimista! Nunca pasa nada interesante en el palacio y hoy tendremos la oportunidad de conocer a alguien nuevo, ¿no te intriga saber cómo será? Podría ser un hombre apuesto y humilde, ¡y quién sabe! Hasta podría interesarse en alguna de nosotras. Eso sería fantástico. –Katara observó un brillo de ilusión en sus ojos, se había alejado demasiado de la realidad. Básicamente se había inventado un cuento de hadas que nunca jamás de los jamases ocurriría. Aún así no quiso ser brusca y trató de seguirle el juego sin interesarse demasiado, tenía asuntos más importantes sobre los que reflexionar.
-Si tienes suerte con el "hombre apuesto de tus sueños" no te olvides de tus amigas, ¿eh?- ambas rieron bien alto instantes antes de entrar al palacio. Kairi estuvo a punto de preguntarle sobre la noche anterior cuando el rey la llamó pero no le dio tiempo porque Sagara comenzó a meterles prisa en el interior de la salita.
El día transcurrió con normalidad, Katara evitaba más que nunca mirar directamente a los ojos del rey. Como en ocasiones anteriores, Kairi, se había ocupado de vestirlo y ella y Sagara habían limpiado de arriba abajo el cuarto y los pasillos principales.
Las horas pasaban, Katara se quedó inmersa en sus pensamientos mirando a través de uno de los diversos ventanales del pasillo en el que se encontraba. Las vistas eran preciosas aunque en especial le llamaron la atención los grandes nubarrones que amenazaban con mojar todo el pueblo. Se avecinaba una fuerte tormenta y justo el día en el que había decidido irse. Sin embargo, estaban aguantando bastante y con un poco de suerte no tendría que ocuparse también de desviar la lluvia durante el viaje.
Sagara la sacó de sus pensamientos avisándola de que la dejaría sola para bajar a limpiar los últimos cuartos con las demás. A ella le tocaba terminar el pasillo antes de acompañarlas. Al igual que el día anterior Katara decidió que era el momento adecuado para pasar a la acción. El rey se encontraba en una reunión larga que duraría fácilmente otra hora más, según había escuchado, la visita que esperaban se había retrasado y no habían sido capaces de contactar con ella desde el día anterior. En aquellos instantes estarían decidiendo qué era lo que harían y tardarían un buen rato.
Se aseguró por tercera vez que estuviera sola en el piso, las pocas voces que escuchaba eran distantes y provenían del piso inferior. A paso ligero se coló en los aposentos del rey repasando rápidamente con la mirada que todo allí dentro estuviera en orden. La mesa con el bote de tinta aún sobre ella le trajeron unos recuerdos temerosos que echó de su cabeza para poder concentrarse en sus próximos pasos. Sus manos temblaban, por no hablar de su corazón que latía con tal fuerza que sentía que con el mínimo ruido se le saldría del pecho. Era tanta la tensión que sus oídos se habían agudizado y comenzaba a sentir el sudor caer por su frente.
Primero pensó en buscar en el armario donde siempre había encontrado las hermosas piezas pero entonces recordó que la noche anterior Uma las había sacado de un lugar distinto, concretamente del baúl que se situaba tras ella cuando estaba sentada en la silla. Sin perder ni un segundo se dirigió a él con cuidado y buscó en su interior sin éxito. No podía creerlo, lo había vuelto a cambiar de sitio, como si hubiera previsto que ella lo buscaría allí. Volvió esperanzada al armario donde habían estado originariamente y soltó un suspiro de alivio al ver la vasija repleta. La cogió con sumo cuidado y sacó el collar perteneciente a su familia. Había muchísimas otras reliquias que seguramente también pertenecerían a otras personas pero de momento no había nada que ella pudiera hacer más que volver a su puesto antes de que la pillaran.
Katara se dio cuenta de que comenzaba a anochecer y a aquellas alturas costaba distinguir en la calle las siluetas de los ciudadanos que aún deambulaban por Akabani. Su jornada acabaría en pocos minutos y debía salir al pasillo para bajar nuevamente a la planta baja junto a las demás, de ese modo no levantaría ninguna sospecha.
Se dispuso a abrir la puerta para escurrirse cuanto antes pero entonces lo que tanto había temido ocurrió. Ante ella un joven de estatura media se alzaba no demasiado sorprendido y bloqueaba su única salida, mostrando su característica sonrisa. Katara no llegó a chocar con él para retroceder unos cuantos pasos a causa del susto que le había dado. Estaba perdida, notaba las pulsaciones en los oídos, quizás aún tendría alguna escapatoria si jugaba bien sus cartas. Solo debía inventarse alguna excusa lo suficientemente creíble.
Uma cerró la puerta tras él, admitía que le había sorprendido verla allí, esperaba que la advertencia del día anterior le hubiera servido de algo pero de todas formas le apetecía divertirse al tiempo que la intimidaba y le contaba las consecuencias que tendría lo que había hecho.
-¡Oh, Katara! Menuda sorpresa encontrarte aquí- soltó intentando hacerse el sorprendido. Su voz volvió a alarmarla, nuevamente sentía que nada bueno podía salir de todo aquello. –Creía que estarías abajo junto a las demás, acabando de limpiar los cuartos.
Katara buscó rápidamente algo en lo que apoyarse en los pocos segundos que tenía. Y sobre todo trató que no le temblara la voz, debía permanecer firme y segura.
-Sagara me pidió que viniera para asegurarme de que había colocado correctamente algunos de los objetos que mandó a sacar brillo, señor- agachó la cabeza y el rey la miró dudoso. Estaba casi seguro de que mentía.
-Así que era eso… Tendré que hablar más tarde con ella- se quedó en silencio unos segundos y Katara cogió aire, aquello no iba bien – ¡qué curioso!, juraría haber visto como se te caía esto.
La sangre se le heló, no podía ser verdad lo que sus ojos veían. A causa de la oscuridad no se había percatado de lo que había en el suelo a dos pasos de ella. El valioso collar que consistía en una cinta azul con una chapita circular de plata y grabados de olas, estaba tirado en la alfombra y oculto por las sombras. Se le habría caído al retroceder y los nervios le habían jugado una mala pasada, hasta el punto de no darse cuenta del momento en el que su mano se había aflojado dejando caer el valioso objeto.
Para Uma aquel era un collar cualquiera, podía conseguir muchos más y mejores. Dudaba que se pudiera vender a altos precios en el mercado pero era suyo y odiaba que personas ajenas a él tocaran sus posesiones. Más aún que rebuscaran en su cuarto.
Se agachó para cogerlo y alzarlo ante ella que observaba atemorizada, seguramente, intentando adivinar qué era lo que ocurriría a continuación. -¿Tan importante es esto para ti que eres capaz de arriesgar tu vida para llevártelo? A pesar de las advertencias que te he dado… -negó con la cabeza decepcionado. –No está bien hurgar en las cosas de los demás, Katara, eso ya lo sabes. Ahora no me dejas más remedio que arrebatarte aquello que quieres, es la única forma de que aprendas a comportarte. –se giró hasta la chimenea al otro lado del cuarto. La llama era suficientemente fuerte para proporcionar calor y algo de claridad a todo el cuarto. Katara observó horrorizada como lanzaba el collar a las llamas y comenzaba a arder lentamente.
Las piernas empezaron a fallarle y a duras penas podía sobrellevar todas las sensaciones negativas que le golpeaban en aquel momento. Cuando se quiso dar cuenta Uma la había sujetado con fuerza de las muñecas y sus pies estaban pegados al suelo por estrechos amarres de hielo. Estaba inmovilizada.
-Ahora me doy cuenta. Pensaba que eras diferente, es una lástima... –le costaba entender lo que decía, sus ojos no podían parar de observar su pequeño tesoro que en un rato acabaría fundiéndose con las llamas. –Has elegido seguir los mismos pasos de tu padre. –entonces recuerdos de la noche en la que su madre lloraba desconsoladamente la bombardearon. Ella era demasiado pequeña para entender lo que realmente sucedía y al cabo de un tiempo había asimilado que su padre ya no volvería por haber sido lo suficientemente valiente de enfrentarse a un tirano. -¿Quieres saber qué le paso?- Uma rió al ver su cara, aquello le indicaba que al igual que la mayoría de la gente ella tampoco sabía lo que les ocurrió a los maestros de agua que fueron prisioneros en su castillo.
-L-los encarcelasteis- se atrevió a responder sin saber muy bien cómo había sido capaz de articular palabra. Uma rió en alto sorprendido de que sus expectativas se cumplieran. Katara cerró los ojos para aguantar la risa tan molesta cerca de su oído derecho.
-Eres una ilusa. –abrió los ojos de par en par observándola con una mirada penetrante y llena de maldad, estaba disfrutando con la situación. –eso no fue ni una pequeña parte de todo lo que les hicimos. Digamos que al menos les dejamos disfrutar de las vistas hasta el último momento- entonces recordó rumores sobre algunas ejecuciones públicas en el ala oeste del palacio. Un acontecimiento atroz al que su madre no le había dejado asistir, dejándola en casa con su hermano. Ahora comprendía qué era lo que había sucedido, las ejecuciones realmente se habían llevado a cabo y posiblemente con maestros del agua. Aquel monstruo se había deshecho de todas las personas capaces de revelarse contra él.
Más risas acompañaron a las lágrimas que comenzaban a derramar sus ojos, le faltaba poco para perder el control de su cuerpo y caer al suelo como un juguete. Entonces Uma agarró con fuerza su barbilla obligándola a mirarlo a los ojos directamente. Las lágrimas hacían que viera borrosa su cara pero tras ellas la mirada de odio y resentimiento era suficientemente visible. –Esta cara es la que más me gusta. Puedo sentir tu impotencia, apuesto a que te encantaría desahogarte conmigo. –ella hizo esfuerzos por zafarse de su mano y mirar hacia otro lado pero no le fue posible, le agarraba tan fuerte que le hacía daño.
-¿Qué debería hacer contigo?- le volvió a dirigir una mirada repulsiva de arriba abajo logrando que Katara se estremeciera. –podría torturarte como a aquellos maestros, abusar de ti hasta que tu cuerpo no pueda más. Podría deshacerme de todas aquellas personas que te importan… y después venderte a algún mercader. –Katara abrió los ojos sorprendida. Estaba horrorizada, pero había algo en todas aquellas cosas que la había vuelto a paralizar. -¡Vaya! ¿Te trae recuerdos? No me digas que lo habías olvidado… Tu hermano fue un estúpido al creer que sus actos no tendrían consecuencias, al igual que lo estás haciendo tu, querida Katara.
Su hermano solo tenía catorce años cuando se había dedicado a reclutar en las sombras a otros rebeldes con intención de hacerse más fuertes y numerosos para echar de allí al rey y restaurar la ciudad de ensueño. Sin embargo, alguien los traicionó y todos ellos fueron encerrados en las mazmorras, después fueron vendidos a un hombre que traficaba con esclavos.
-Sokka…- tartamudeó Katara con voz ronca. El nudo en su garganta era tal que los mocos le impedían pronunciar con claridad. Estaba sumida en un mar de recuerdos dolorosos al tiempo que sus ojos volvían a fijarse en el colgante de su madre.
-Sí, ese maldito crío se creía que podía ser más listo que yo. ¡Já! Nadie puede oponerse a mí, ya es hora de que os vayáis dando cuenta.- se acercó peligrosamente a ella para susurrarle algunas palabras amenazadoras al oído.
Katara notó la presión en su pecho, el dolor se estaba apoderando de ella y sus últimas carcajadas habían penetrado en su cabeza de tal manera que una especie de impulso eléctrico se había extendido por todo su cuerpo hasta llegar a la yema de sus dedos. En un movimiento rápido, el cual Uma no pudo predecir, lo empujó hacia atrás con fuerza y deshizo el amarre de su pie izquierdo para darle forma punzante y lanzarlo al rey. En cuanto el cacho de hielo punzante atravesó su costado la sonrisa se borró de la cara de Uma y cayó de rodillas sorprendido.
-Así que eres capaz de controlar el agua… no me lo esperaba- dijo jadeando. Katara ignoró por completo sus palabras y convirtió el otro pedazo de hielo en agua que utilizó para apagar el fuego y recoger el círculo de plata que estaba casi intacto. Después salió de la habitación dejando que los alaridos de Uma se perdieran tras ella. No le quedaba mucho tiempo para huir, después de lo que había hecho estaba segura de que no pararían hasta encontrarla.
Bajó las calles corriendo como nunca antes lo había hecho. No le importaba lo cansada o agotada que estuviera, ni siquiera las bajas temperaturas o las gotas que empezaban a empapar el suelo. Su único objetivo era desaparecer de allí cuanto antes junto a su madre. Tras haberse esforzado en aparcar todos los dolorosos recuerdos de hacía años, se centró en sus próximos movimientos, si huían hacia el bosque de noche sería difícil que pudieran encontrarlas. Tendrían una oportunidad.
Al torcer la esquina lo primero que vio fue como unos cuantos vecinos alarmados volvían a sus casas por órdenes de varios soldados del castillo. Una nueva oleada de agobio la encogió por dentro a medida que se acercaba sin ser vista. El miedo de que pudieran atraparlas antes de que escaparan le superaba porque si eso ocurría ya no tendrían nada que hacer. Cuando quiso darse cuenta sus pies corrían de nuevo hacia su casa. Dos de los guardias que aún seguían allí trataron de detenerla cuando la vieron pero Katara movió con fuerza su brazo hacia ellos levantando una gran pared de hielo que rodeó su casa. No le hizo falta entrar en su interior para percatarse de que algo no iba bien allí dentro.
El techo se había derrumbado en la habitación en la que su madre descansaba y parecía bastante reciente. Se quedó de pie sin comprender lo que sus ojos veían. Estaba segura de que Kya estaba ahí, enterrada bajo los escombros helados. Con la esperanza de que aún pudiera estar viva arrancó pedazos de hielo con sus manos, olvidándose por completo de que podía controlar aquel elemento y también del dolor que sentía por no llevar guantes. Le habían arrebatado a la única persona que le quedaba en el mundo. Gritó y lloró tan alto como sus pulmones le permitían. Se puso de pie cruzando ambos brazos en el aire y bajándolos con fuerza deshaciéndose así de los grandes bloques que cubrían el cuerpo sin vida de su madre.
-¡Mamá!- volvió a gritar abrazada a su cuerpo frío. Habían sido ellos; los guardias habían provocado el accidente. Estaba totalmente segura. La zarandeó cada vez con más fuerza esperando que en algún momento le dijera algo pero por mucho que lo intentaba no ocurría.
Se quedó allí tirada en el suelo unos cuantos minutos hasta escuchar a los guardias acercarse de nuevo a su casa. Parecía que habían logrado deshacer el muro de hielo entre los tres y les interesaba capturarla. Katara cerró con fuerza la puerta de su casa bloqueándola con todos los armarios y objetos que encontró en la sala. Abrazó durante unos segundos más a su madre y le dio un beso en la frente. Tras eso, trazó un círculo alrededor de Kya deshaciendo el hielo bajo ella hasta sumergirla en las frías aguas del océano, no permitiría que también se quedaran con su cuerpo.
Después recogió la bolsa que tenía preparada, abrió una apertura en la pared trasera de su casa y la cerró tras ella. Le estaba costando horrores hacer aquello, había abandonando a su madre y por su culpa había muerto. Debía haber sido más rápida.
Se secaba continuamente las lágrimas pero era casi imposible conseguir que pararan. Comenzó a notar la lluvia sobre su cuerpo aunque no le importaba en absoluto, lo que sentía en su interior superaba cualquier otra cosa que le pudiera suceder en aquel momento. Sin embargo, tenía que lograr salir de allí. Ya no había vuelta atrás si quería sobrevivir y tratar de ayudar algún día a quienes sufrían.
El sonido de la lluvia tapaba los gritos de sus perseguidores. Era consciente de que más de veinte soldados estarían persiguiéndola en aquel instante, adentrándose en la oscuridad del bosque. Pero la lluvia jugaba a su favor encharcando cada huella, a pesar de que el barro le había hecho caerse un par de veces al suelo. Ya casi no podía distinguir el color de su piel por la poca luz que había y la cantidad de barro en su cuerpo. Aún así no se detendría.
Tras caminar durante un rato tratando de coger aire continuó corriendo esquivando los troncos de los árboles como podía. Se había golpeado con algunos y estuvo a punto de caer hacia atrás cuando volvió a chocar con otro. Sin embargo, la sujetaron de los hombros con fuerza evitando que el golpe llegara.
Katara se asustó al creer que había caído en las garras de uno de aquellos soldados. Se alejó de un salto del sujeto encapuchado. Llevaba puesta una capa que originalmente parecía roja pero estaba tan embarrada que había desaparecido prácticamente todo rastro de aquel color.
Sus oídos volvieron a agudizarse cuando lo escuchó hablar, le costaba entender con claridad sus palabras y por mucho que lo intentara estaba comenzando a perder los nervios. No podría permanecer quieta mucho tiempo.
-Oye, tranquila, no voy a hacerte daño.- dijo el muchacho con voz dulce esperando que lo escuchara y se calmara un poco.
Lo observó atenta en medio de la lluvia y la oscuridad, no era más alto que ella. El joven sintió algo removerse en su interior en el momento en que sus miradas se cruzaron un par de segundos. Nunca antes había visto tantísimo dolor acumulado en una persona. Sus ojos azules reflejaban sufrimiento y odio, estaban cubiertos de lágrimas. El aspecto de la muchacha tampoco era mejor, le había sorprendido verla llena de tantísimo barro y repleta de heridas ocultas en sus brazos.
Trató de acercarse despacio al ver que no contestaba, temía que en cualquier momento fuese a escapar. Le tendió una mano esperando que aceptara sus buenas intenciones y que se acercara a él. Pero Katara no esperó ni un segundo más y huyó de allí como un animalillo salvaje asustado.
No confiaba en nadie y mucho menos en aquel extraño. Ya nada la retenía en Akabani ni en la nación del agua. A partir de aquel momento estaba sola.
Hasta aquí el segundo capítulo. Creo que de momento he sido puntual y si mantengo el ritmo podría subir un capítulo cada domingo.
Me gustaría dar las gracias a todas aquellas personas que me han apoyado con este fic, es muy importante para mí, ya que me dan más ganas de seguir escribiendo. Me he propuesto acabar esta historia pase lo que pase pero no puedo negar el hecho de saber que hay gente a la que le gusta y que quiere que continúe me anima más para darme prisa en actualizar. Por eso mismo, animo a los lectores a que comenten, ya sea para decir lo que les ha gustado o lo que no. (¡que no cuesta nada!)
Con esto debo despedirme por el momento. ¡Muchas gracias por leer y por comentar!
P.D. Toda persona interesada en dar ideas es bienvenida, aunque ya tengo previsto más o menos qué sucederá nunca está mal intercambiar ideas que puedan mejorar el fic :))
