Capítulo 4

Nuevos compañeros

Aang esperó impaciente a que Uma continuara hablando, al fin y al cabo era él quien había querido citar a su nación. Todos eran conscientes de la guerra que llevaba amenazando durante años a causa de la nación del agua y la nación del fuego. Sin embargo, los maestros del aire y los acólitos que vivían pacíficamente en los templos siempre se habían mantenido al margen.

Más de una vez habían recibido diversas invitaciones y propuestas para unirse a alguno de los dos bandos pero ninguna había sido aceptada. Se negaban rotundamente a participar en todo acto delictivo. Sin embargo, estaban dispuestos a ayudar a todas las víctimas de la guerra y de los imperios.

En la última temporada mucha gente perteneciente a la nación de la tierra había solicitado ayuda y un hogar seguro. Aang era consciente de todo eso. Él, junto a otros alumnos que serían futuros maestros del aire, entrenaba y convivía en uno de los dos templos preparados para formar a los nuevos maestros. Aunque estaban continuamente en contacto con el resto de los templos más afectados, así que la situación de la guerra les afectaba indirectamente. Todos los monjes de los distintos templos se reunirían aquellos días para tratar el tema de acoger a nuevos refugiados, por lo que optaron por mandar en su lugar a un representante. A él.

Nuevamente, Aang dudaba. Sabía que aquella charla estaría relacionada con el futuro de su nación y no lograba encontrar una razón suficientemente razonable para entender por qué lo habían enviado a él. Quizás se debía a que podría ser de los alumnos más aventajados y a que su maestro el Monje Gyatso confiaba plenamente en él.

Uma pareció leer su mente y sus preocupaciones. Después de dedicarle una sonrisa torcida se enderezó en su silla acolchada.

-Aang, eres muy joven, ¿no?- Uma más que decepcionado parecía contento con aquello, tenía la sensación de que negociar con aquel muchacho podría ser mucho más sencillo que hacerlo con alguno de los viejos monjes cascarrabias. Su corta edad era una desventaja para tratar aquellos temas de vital importancia. –aunque no creo que tu edad sea un impedimento para que puedas tomar decisiones. Al fin y al cabo si te han enviado a ti como representante, deben tener una buena razón.- Aang asintió sutilmente sin saber adonde quería llegar.

-¿Cual es el motivo por el que quería convocar una reunión con la nación del aire, señor?- preguntó de inmediato. Aang era paciente pero comenzaba a ponerse nervioso con tanto misterio y quería saber cuáles eran sus intenciones. No acostumbraba a juzgar a las personas a primera vista, era algo que desde pequeño le habían enseñado. Por eso, trataba de dejar a un lado las cosas desagradables que había escuchado en otros pueblos sobre Uma.

-¿Vas directo al grano, eh? Me gusta tu iniciativa, chico.- Uma se sirvió un poco de sake en un pequeño vaso y le dio un sorbo. Después se aclaró la garganta y comenzó a hablar. –He de suponer que estarás al corriente de las injusticias que la nación del fuego está cometiendo en la nación de la tierra, ¿verdad? Mi intención es acabar con el sufrimiento de todas aquellas personas que se ven obligadas a huir de sus hogares en busca de refugio. Soy consciente de los problemas que estáis teniendo los nómadas y los acólitos en vuestros templos por la cantidad tan elevada de refugiados que acuden a vosotros en busca de ayuda.- se calló unos segundos, Aang tenía una leve idea de lo que iba a continuar diciendo. –joven maestro, estoy seguro de que todos vosotros, al igual que la gente de mi imperio y yo, queréis detener este caos cuanto antes. Y yo dispongo de la solución, sin embargo, necesito la ayuda de los maestros del aire.

Aang esperó un poco asegurándose de que no continuaría hablando, y entonces le tomó la palabra.

-¿No es también la nación del agua, junto a la nación del fuego, otro de los causantes de estas desgracias?.- la sonrisa de Uma se esfumó y fue reemplazada por un semblante serio.

-Es posible que así sea, mis guerreros tratan de impedir que la nación del fuego siga conquistando más terrenos de la nación de la tierra. Para ello es necesario que nos involucremos en sus ataques, aunque tratamos de minimizar los daños. No somos una amenaza, solo queremos detenerlos.

-Y entonces, ¿qué sucede con los pueblos y ciudades que tu imperio ha reconocido como suyas tras ganar en algunas batallas a la nación del fuego?- Uma notó un pinchazo punzante en la herida, trató de evitar que los nervios le afectaran pero aquel chico no se dejaba envolver por sus palabras.

-Esos pueblos a los que te refieres no los hemos invadido. Mis soldados tratan de darles un nuevo hogar a esas personas, les proporcionamos agua y comida y los protegemos de nuevos ataques. Te he citado aquí para pediros ayuda, vuestra colaboración es vital para poder detener la masacre de la nación del fuego. Juntos, podremos poner fin a esta guerra.

Aang se quedó pensativo. Era una decisión realmente importante que afectaría a toda su gente. Había verdad en sus palabras. A pesar de que la nación del agua estuviera involucrada en las batallas para conquistar nuevos territorios, también reconstruían los pueblos. Los refugiados pertenecían en su mayor parte a territorios que la nación del fuego se había adjudicado.

Uma esperaba expectante una respuesta y poco a poco comenzaba a sentirse ganador. El joven no podía negar que los datos que le había proporcionado eran ciertos. Al cabo de varios minutos Aang levantó la cabeza volviendo a mirarlo a los ojos directamente.

-No puedo negar lo que me has contado, pero creo que es una decisión importante y que debo dejársela al comité de monjes al mando de nuestra nación- Uma pareció decepcionado con sus palabras.- por eso, no os doy una respuesta inmediata. Más bien, os pido tiempo.

Al menos, en aquella ocasión había logrado hacer dudar a su invitado. En las otras veces que había tratado de hablar con los monjes le habían respondido con una negativa rotunda.

-Está bien. Pero es imprescindible que me lo hagáis saber cuanto antes, cada vez son más las zonas afectadas. Tienes un plazo de cinco días.

-Sí, señor. Yo seré el intermediario entre ambas naciones y le haré saber nuestra decisión cuanto antes.- Uma se levantó dando por finalizada la charla e invitándole a seguirlo. Cuando las doncellas se apresuraron a ayudar al rey, acompañó a Aang hasta la puerta principal para despedirlo. –le doy las gracias por su invitación. Ha sido un placer conocerlo en persona- dijo respetuosamente. No estaba demasiado acostumbrado a tratar con gente importante pero creía haberse dirigido a él de manera correcta.

-Igualmente, Aang. Espero que toméis la decisión adecuada para el bienestar de todos- añadió. Él asintió con firmeza. Uma se sentía tranquilo. A pesar de no haber conseguido el resultado que perseguía, tenía una posibilidad de lograr que los maestros del aire se unieran a sus guerreros de forma voluntaria y pacífica. Pero, aunque no fuera así, estaba dispuesto a seguir adelante con sus planes.


Comenzaba a anochecer y Aang se apresuraba por llegar cuanto antes a la cueva en la que sus compañeros le esperaban. Había rechazado la invitación del rey de pasar la noche en su castillo, quería regresar cuanto antes al Templo del Sur para informar a su maestro y al resto de monjes.

Appa lo recibió con un lengüetazo y Momo se tiró a sus brazos contento. Lo habían echado de menos pero se las habían arreglado muy bien descansando mientras él había estado bastantes horas fuera. El camino a través del bosque había sido mucho más fácil sin una tormenta que obstaculizara su viaje. Comenzaba a tener hambre, pero antes de llevarse algo a la boca les dio de cenar a sus amigos. Después, emprendió el vuelo a lomos de Appa mientras trataba de devorar un bollo relleno de judías. Llegaron hasta el primer pueblo de la ruta y volaron bajo, casi rozando los tejados de las casas.

Aang soltó un pequeño quejido advirtiéndole a Appa que debía alzarse más y este lo entendió a la perfección. Aang se asomó con cuidado para observar el pueblecillo que tenía casi todas sus luces apagadas. En la oscuridad pudo ver varios papeles tirados en el suelo, con curiosidad, lanzó una pequeña ráfaga atrayendo hasta él una de aquellas hojas.

Era la misma imagen que el rey le había enseñado en la reunión. La chica que había huido tras herir a Uma. Podría llegar a ser realmente peligrosa. Nuevamente las imágenes de ambos en el bosque se colaron en sus pensamientos. Tenía que entregar el mensaje de Uma a su nación, pero también se sentía responsable de la fugitiva. Sobre todo al no haberla detenido en el bosque cuando tuvo oportunidad. Si tenía la ocasión comprobaría por sí mismo si era una amenaza.

Notaba el frío de la noche en el cuerpo, a diferencia de sus amigos peludos, Aang llevaba la cabeza totalmente rapada y su ropa holgada era fina, por lo que dejaba al aire colarse con facilidad. Pegó su cuerpo tanto como pudo al de Appa para sentirse arropado por su pelaje de color blanco.

Cerró un instante los ojos pero Momo se alteró a su lado provocando que se alarmara. Volaban sobre el bosque de la parte norte del pueblo, tenía intención de descansar en el pueblo más adelante, situado antes del cruce a la Isla en la que se encontraba el Templo del Sur. Era el camino más corto para no tener que volar durante varias horas sobre el agua.

Preocupado por el nerviosismo de Momo, que poco después afectó también a Appa, Aang miró a todos lados tratando de entender qué era lo que sucedía para que ambos estuvieran tan alarmados. Entonces, se asomó por uno de los costados del bisonte volador y pudo ver una pequeña silueta corriendo en medio de la oscuridad. Parecía escapar de ellos.


Katara siguió su camino cuando hubo descansado un poco. Se sentía dolorida, le habría gustado poder dormir algo antes de aventurarse en aquel viaje de nuevo. La noche anterior se había dejado llevar por el cansancio, aunque no había conseguido recuperarse. La cabeza le pesaba y sus piernas flojeaban un poco después de estar tanto rato andando a paso ligero. Contaba con la ventaja de que nadie sabía que se encontraba en medio del bosque en aquel instante, pero eso no significaba que fuera a tener siempre la misma suerte.

Cuando tomó unas rebanadas de pan un poco duro y algo de agua se puso en pie dispuesta a avanzar todo lo posible. Al menos lo que su cuerpo aguantara.

Se sentía tranquila al poder disfrutar del aire fresco de la noche, aquel bosque no era muy profundo y sería difícil perderse en él.

Un aleteo fuerte captó su atención instantáneamente. Fue tan leve y poco ruidoso que le costó identificarlo pero estaba en lo cierto y algo en su interior también se lo advertía. Alguien se acercaba. Intentó controlar los nervios, no debía adelantar acontecimientos, podría aprovechar la oscuridad para escapar. Cuando se quiso dar cuenta sus piernas corrían tratando de alejarse del ruido. Se atrevió a mirar un par de veces hacia atrás pero no conseguía ver a nadie.

No se dio por vencida hasta que se percató de que estaba prácticamente sobre ella. Y no solo eso, ante ella, en medio del camino se encontró con una alta pared de piedra que tendría que escalar para continuar. En ese momento, se cercioró de que había llegado el momento de luchar: pelear por su libertad. No iba a tener la misma suerte que en el pueblo.

Vio la sombra de un objeto en el cielo, tan grande como una nube. Parecía esponjoso. De ella otra figurilla saltó con una especie de instrumento con el que planeó tranquilamente por el cielo. Estaba impresionada, nunca antes había visto nada como aquello. Debían haber llamado a cazadores especializados en encontrar fugitivos. Estaba realmente asustada.

A diez metros de ella la figura tomó tierra volviendo a hacer desaparecer su planeador. Entonces se enderezó y Katara observó que no era más alto que ella. Pensó que podría tratarse de alguien joven, pero aquella no era razón para relajarse. Que se hubieran presentado así ante ella era motivo suficiente para ser una amenaza peligrosa.

La figura comenzó a andar lentamente hacia ella. No era capaz de ver su rostro por culpa de la oscuridad, ni tampoco alguna otra cosa característica que le ayudara a orientarse un poco. Comenzaba a perder los nervios al ver que no podía evitar que continuara acercándose.

-¡No te acerques más!- gritó impotente y casi desesperada. No se veía capaz de enfrentarse a ella. Sin embargo, cuando habló en alto con tono amenazador le sorprendió que le hiciera caso de inmediato. Se detuvo y estuvieron así unos instantes hasta que nuevamente se atrevió a proseguir su camino hacia ella. -¡No!- pero esa vez no reaccionó a su orden.

Se sentía frustrada al no poder controlar la situación, y finalmente decidió que era el momento de detenerlo a la fuerza. Dio un giro fuerte sobre si misma recogiendo sus brazos en el proceso y provocando que su vestido volara. Recolectó el agua a su alrededor y la lanzó con fuerza contra la figura. Ésta retrocedió de inmediato pero no cayó al suelo. Se levantó seguido y con un par de giros pareció quitarse toda el agua de encima.

-¡Vaya! No esperaba eso.- le admitió con algo de alegría. Aunque Katara no hizo caso y siguió lanzándole potentes chorros de agua que el sujeto esquivaba con facilidad. Se dejaba llevar por sus ganas de alejarlo de allí y pero su cuerpo empezaba a llegar al límite. – ¡Espera, no quiero hacerte daño!- trató de gritarle el otro sujeto pero Katara no asimiló sus palabras.

Movió sus brazos fluidamente de atrás hacia delante fijando a su objetivo. No le preocupaba otra cosa que no fuera alejarlo de ella. Aquella vez, utilizaría todas sus fuerzas en un último golpe. Transformó el agua en hielo punzante y lo empujó hacia él con todo su cuerpo. Tuvo que apoyar la pierna derecha ante ella para poder sujetarse y aguantar el movimiento.

Se quedó unos instantes esperando a ver el resultado y respirando con muchísima dificultad. Estaba sudando y algunos mechones sueltos se le habían vuelto a pegar en la cara. Se dejó caer lentamente de rodillas sobre el suelo húmedo. La figura pareció sorprendida ante su ataque y Katara pensó que le daría de lleno. La dimensión de los chorros de hielo abarcaban gran espacio y aunque había demostrado ser hábil le costaría escaparse de aquello.

Levantó lentamente el semblante para ver con horror que todos sus esfuerzos no habían servido de nada. Intentó ponerse en pie para tratar de recoger algo de agua.

-¡Espera! –la otra voz le pidió, cada vez más cerca de ella. Hasta entonces no se había percatado de que para ser la voz de un chico era algo aguda. Su visión borrosa le permitió distinguir colores cálidos en su ropa. No tenía intención de dejarle aproximarse más, pero cuando se dispuso a lanzar un nuevo ataque, notó algo pegajoso en su espalda. Se giró horrorizada sin entender lo que sucedía.

A su espalda, un enorme bisonte volador la miraba juguetón. Tenía dos pequeños cuernos en la cabeza y una gran lengua que acababa de llenarla de babas. El bisonte tenía seis patas, tres a cada lado. Una enorme cola con la que se impulsaba para volar, y el pelaje blanco y sedoso, adornado por una flecha grisácea dibujada a lo largo de su cuerpo con franjas en los costados.

-Parece que a Appa le has caído bien- escuchó entonces tras ella. La figura que le había parecido amenazante hasta entonces, se dejó ver en cuanto se acercó al animalillo peludo. Lo acarició con fuerza hasta que gruñó contento. –Aunque lamento que te haya dejado llena de babas… es su forma de saludar.- Katara pasó a observar ahora al joven a su lado.

Parecía despreocupado y sonreía contento a pesar de que ella había tratado de hacerle daño. Llevaba la cabeza rapada, ropa ancha y ligera de colores naranja y amarillo. Le llamó la atención especialmente las flechas azules por su cuerpo, una grande en la frente y otras en sus manos. Parecían tatuajes propios de alguna cultura.

Su respiración poco a poco volvía a la normalidad pero su cuerpo seguía demasiado cansado como para intentar huir de ellos.

-¿Estás bien? Pareces agotada- le preguntó tendiéndole una mano para ayudarla a levantarse. Katara la ignoró y volvió a ponerse en pie sin ninguna ayuda.

-¿Qué es lo que quieres de mi?- preguntó ella enfadada. A pesar de que las cosas se habían tranquilizado. El joven se sintió alarmado por su tono. Como si se sintiera culpable de su reacción.

-Yo… bueno. Te vi cuando volaba con Appa y pensé que podrías necesitar ayuda. Me extrañó ver a alguien por el bosque a estas horas.

Katara miró amenazante al chico. Por un momento le pareció ver sorpresa en sus ojos grises. Sus palabras le transmitían duda, podría estar mintiéndole. -¿crees que puedes engañarme? ¿Acaso puedes probar que no tienes ningún otro motivo para seguirme?- volvió a adoptar una postura defensiva, dispuesta a atacarle nuevamente a pesar de saber que no tendría posibilidades.

-No… no puedo probarlo. Pero te doy mi palabra.- el joven mostró una mirada confiada. Finalmente, Katara se acercó hasta la pared del acantilado y se dejó caer junto a ella apoyando su espalda. A aquellas alturas estaba tan cansada que le costaba seguir caminando. Tampoco podría escalar aquella enorme roca sin utilizar su habilidad de controlar el agua y para ello necesitaría recuperarse.

-Deberías descansar, has agotado demasiadas fuerzas atacándome.- le aconsejó. Katara la miró seria, le frustraba no haberle podido alcanzar en ninguno de los diversos ataques que le había dirigido. Y encima solo se había dedicado a esquivarlos sin hacerle daño. –Para continuar con tu camino tendrás que escalar este acantilado.

Katara cerró los ojos con fuerza y se encogió como pudo en la pared, aquella situación le parecía surrealista. Lograba escapar sin problemas de Inuit, se adentraba en el bosque tranquilamente y de repente un extraño caía literalmente del cielo. Esquivaba todos sus ataques y para colmo no podía continuar su camino porque había una enorme roca ante ella y no disponía de fuerzas suficientes para levantar un chorro de agua que la alzara hasta la cima.

Mientras pensaba cual podría ser la solución, el agobio de no poder avanzar volvía a abrirse paso en su cuerpo. Sin poder evitarlo comenzó a temblar de manera exagerada. Entonces, notó algo suave situarse a su lado. Cuando abrió los ojos se dio cuenta de que era el cuerpo de Appa que se había colocado junto a ella para arroparla. El chico no estaba mucho más lejos de ella, aunque descansaba al otro lado de Appa con una especie de lémur en su cabeza.

-Appa, Momo y yo te llevaremos hasta tu destino, pero esta noche descansaremos aquí.- le dijo él tranquilamente.

-No necesito vuestra ayuda- pero ninguno quiso hacer caso a sus palabras, así que se perdieron en el aire.

-Aun así, lo haremos. Los monjes siempre nos han enseñado que debemos ser altruistas y ayudar a todo aquel que lo necesite. Así que lo haré. Y mis compañeros están de acuerdo conmigo- Katara escuchó un leve gruñido de Appa y algunos chirridos de Momo que movía nervioso sus ojos grandes y verdes.

Ella se quedó callada imaginándose a unos cuantos hombres sin pelo y con túnicas largas que llegaban hasta el suelo. También vislumbró templos blancos rodeados de un paisaje bello y repletos de un montón de aromas diferentes y animales. Aquello le llevó a pensar que sería un lugar como aquel lo que realmente querría para la gente de su nación. Un sitio bonito y tranquilo en el que sentirse libre.

Katara no respondió a aquello así que sus compañeros lo tomaron por una respuesta afirmativa. Justo después le pareció escuchar que el joven volvía a hablarle. ¿Aang? si, lo único que había entendido era aquello. El sueño la abrazaba lentamente mientras recordaba y repetía una y otra vez aquella palabra en su cabeza. ¿Podría ser el nombre del muchacho? Si, así sería. Quizás debía responderle, pero no recordaba si lo había hecho.

Unos segundos después su mente viajaba por un hermoso valle lleno de flores violetas zarandeadas por el viento. Allí estaba ella, vestida con un traje ligero y con una enorme sonrisa en la cara. Junto a ella, su hermano la agarraba de la mano y tiraba hacia delante para que lo siguiera a través de todo el campo. Después se tumbaron entre carcajadas bajo un enorme árbol con bayas amarillas.

Sokka, ignorando las advertencias de su hermana, alcanzó varios de aquellos frutos y se los llevó a la boca. Estaba hambriento y nadie podría detenerlo. Justo entonces, una terrible quemazón le recorrió todo el cuerpo y empezó a ahogarse. Katara no sabía qué hacer y su control del agua no funcionaba en aquel lugar. Sus gritos no sirvieron de nada y se quedó paralizada, frustrada por no poder evitar el envenenamiento de su hermano. Permaneció quieta, con las manos en la cabeza y encogida, viendo como la luz de sus ojos se disipaba lentamente.

Su cuerpo se agitó varias veces bajo la cola peluda de Appa, llamando su atención. Había sido otra de sus múltiples pesadillas pero a diferencia de las otras, en aquella ocasión las lágrimas habían empapado su cara como si fuera real. Añoraba a su hermano, y en su interior, siempre había conservado un pequeño rayo de esperanza de poder encontrarlo. Quizás seguía con vida, o por el contrario, las desgracias de la vida misma podrían haberle jugado una mala pasada, justo como le estaba ocurriendo a ella.

Appa giró la cabeza hacia ella preocupado por la joven que acababan de conocer. Katara le acarició con cuidado la cabeza indicándole que estaba bien y que no le ocurría nada. Después se levantó alejándose de ellos. Podría ser su oportunidad idónea para huir de aquel sujeto, ni siquiera sabría hacia donde había escapado. Pero se retractó de inmediato. No podía retroceder al bosque, su única opción era avanzar lejos de Akabani y lejos de Uma. Aunque lograra escalar la pared Aang volvería a dar con ella más adelante, ya que con Appa avanzaban rápidamente por el aire. Sería absurdo hacerlo, además, aún no comprendía del todo por qué quería ayudarla pero parecía que de momento no tenía ningún motivo para hacerle daño o entregarla a Uma. Si así fuera, a aquellas alturas ya lo habría hecho.

Rodeó a Appa estirándose un poco. Tenía los hombros entumecidos. Se giró de golpe cuando escucho un leve murmullo de palabras. ¿Estaría hablando en sueños? Se acercó un poco a él tratando de adivinar qué era lo que decía pero al final desistió al no poder sacar nada en claro.

Appa volvió a acercarse a ella y la empujó cuidadosamente con la cabeza. Ella le dio un pequeño abrazo sintiéndose realmente cómoda. -tranquilo, chico, no me iré. Lo prometo. Esta vez no huiré. Quizás deba dejar que me ayudéis un poco.- trató de sonreír pero nuevamente no pudo lograrlo. Sin embargo, Appa pareció entender sus palabras y soltó varios gruñidos de alegría. Tras andar un poco por los alrededores, Katara decidió volver a acomodarse junto a Appa y dejarse abrigar por él.

Cuando el sol comenzó a alzarse Aang notó la boca tan seca que sintió ahogarse. Inmediatamente se despertó alterado y con el corazón latiéndole a gran velocidad. Appa lo miraba juguetón y la mirada penetrante de Momo le sorprendió un poco. Miró a su alrededor y recordó lo sucedido durante la noche. Revivió las palabras de Uma y el momento en el que la chica lo atacó sin éxito en un intento por alejarlo. Y también recordó el retrato de papel en el que estaba su imagen.

Le había demostrado que tenía un gran poder al dominar de aquella manera el agua pero no era capaz de manejarlo correctamente. Se dejaba llevar demasiado por sus sentimientos y era esa la razón por la que no pudo luchar adecuadamente contra él. Era fuerte, saltaba a la vista, pero lejos de eso no la conocía. Y tampoco podía concluir si podía resultar alguien peligrosa para los habitantes. Era esa la razón por la que trataría de viajar un tiempo con ella y asegurarse de que realmente no lo era. Al fin y al cabo, se sentía responsable, no solo por haberle mentido a Uma sobre su rápido encuentro en el bosque, sino por haberla perdido de vista en aquel momento.

Cuando se levantó no pudo evitar alarmarse al ver que no se encontraba en el mismo lugar en el que se había acomodado para dormir. Por un momento la idea de que hubiera huido le puso nervioso, pero entonces observó una bolsa de tela que debía pertenecerle. Seguía allí, probablemente no muy lejos de donde él estaba. Momo tampoco estaba por allí.

Recordó haber visto desde el cielo un estrecho río bastante cerca de donde se encontraban. Decidido, le hizo señas a Appa para que se quedara en su sitio esperando a que ellos volvieran y avanzó con paso firme hasta el río con intención de despejarse.

Estuvo a punto de apartar unos matorrales para dar con el lugar que buscaba pero antes de eso escuchó algunos ruidos extraños que prefirió identificar. Parecían los ruidillos de su pequeño lémur, la voz de una chica que no se alzaba demasiado y después un montón de chapoteos. Se asomó con cuidado quedándose bastante fascinado con aquello. La chica se había desvestido y llevaba puesta una camiseta blanca sin mangas ni tirantes, muy corta, que tapaba su pecho. También llevaba una tela blanca larga enrollada en su cintura y piernas a modo de pantalón corto. Idóneo para bañarse. Momo saltaba de un lado a otro cerca de la chica mojándola continuamente. Katara se quejaba constantemente pero se notaba que sus palabras no tenían ni un ápice de reproche, más bien parecía estar pasándoselo bien.

Aang no podía apartar la vista, le parecía una escena realmente divertida y difícil de asimilar. Esperó un rato sin que ninguno de los dos se percatara de su presencia hasta que decidió hablar.

-Katara…- la chica se giró al instante hasta el lugar del que provenía la voz. Se le hizo raro escuchar su nombre viniendo de él y por culpa del sobresalto le lanzó un fuerte chorro de agua dejándolo congelado e inmóvil contra el tronco de un árbol. –Vaya… veo que has recuperado tus fuerzas- soltó algo nervioso por haberlo pillado desprevenido.

-Me has asustado…- suspiró tranquilizándose y se acercó hasta él deshaciendo el hielo y transportándolo hasta el río. Después, extrajo el agua que resbalaba sobre su piel para secarse instantáneamente.

-Eso parece muy útil- sonrió Aang mostrando toda su dentadura. Estaba fascinado, le habría gustado aprender trucos como aquel. Katara volvió a fijar los ojos en él curiosa. El joven parecía bastante impresionable.

Aang la observó con cuidado, a diferencia de la noche, ahora podía ver con claridad algunos golpes por su cuerpo que comenzaban a sanar, zonas rojas sobre su piel oscura que parecían provocar picor. Tenía mejor aspecto pero sus ojeras seguían bastante marcadas y su mirada seria y dura como la roca no había cambiado en absoluto.

Mientras él estaba sumergido en sus pensamientos, se sobresaltó al notar que de repente se acercaba más. Simuló tocar su mejilla, aunque las yemas de sus dedos no llegaron a posarse. Más bien trazaron una línea invisible sobre su piel. Impulsado por los nervios se alejó un poco de ella y le preguntó la razón por la que lo observaba así.

-Tienes una pequeña herida- dijo ella apenada. Con la oscuridad Katara no había podido verla, además, estaba segura de que sus ataques no le habían alcanzado, pero parecía que alguno de ellos había logrado rozarle. Se dio la vuelta regresando a la orilla mientras andaba arrastrando los pies. Aang se quedó quieto sin saber cómo reaccionar, ya que no entendía qué era lo que ella estaba pensando hacer.

Le indicó que se sentase en el suelo y que se mantuviera quieto unos instantes. Él obedeció y acto seguido Katara se puso de rodillas junto a él. En sus manos llevaba una pequeña burbuja repleta de agua cristalina y pura. La acercó cuidadosamente hasta su cara y la colocó encima de su mejilla. Entonces, el azul cristalino comenzó a brillar con fuerza al tiempo que masajeaba con el agua la zona, repasando una y otra vez la herida sobre su mejilla.

Aang no podía apartar la vista de Katara, estaba frente a él, tan cerca que le era imposible ignorar su respiración, así que decidió centrarse en sus ojos mientras sentía el frescor en su cara. Los repasó unas cuantas veces hasta aprendérselos de memoria. Eran como el océano, intensos y penetrantes. Capaces de transmitir cualquier tipo de emoción, aunque en aquel momento parecían apagados. No brillaban.

Tan rápido como se acercó a él para comenzar a curarlo se alejó al de unos minutos. Entonces, Aang se llevó la mano sobre su mejilla. Ya no estaba. Acababa de descubrir otra maravillosa habilidad que desconocía sobre los maestros del agua. -¡Es estupendo! ¿Cómo has hecho eso?- preguntó emocionado levantándose de un salto.

-Mi abuela me enseñó cuando era pequeña.- su rostro se tornó triste en cuanto la mencionó y Aang dejó de lado la idea de seguir preguntándole más. Además, ella no se veía dispuesta a seguir con aquella conversación, pues ya se había puesto en marcha hacia donde se encontraba Appa.

-Iré a por el desayuno- dejó de seguirla y desapareció entre los árboles utilizando su agilidad para trepar por ellos y colgarse como un mono. Un rato después volvió hasta sus compañeros y dejó caer en el suelo toda la fruta de distintas clases que había recolectado. Había utilizado su ropa ancha para transportarla hasta allí. Katara miró asombrada, en poco tiempo había logrado recoger mucha comida. Aang pareció leer sus pensamientos al ver su rostro. –es que Appa es un glotón. Para él esto no es más que un pequeño tentempié.- se rio en voz alta.

Comieron unas pocas piezas de fruta y cuando estuvieron listos Aang preparó todo lo necesario para el viaje. Appa disponía de una gran montura en su espalda para poder transportar a gente. Katara dudó unos segundos. ¿Seguro que debía confiar en él? ¿No se estaría dejando llevar? Tenía tantas dudas que le costaba decidir qué era lo correcto y qué no. A lo mejor se estaba poniendo en peligro, quizás aquel chico, aparentemente amable y risueño, solo la estaba engañando. La esperaba sobre Appa con una mano tendida en su dirección, esperando a que ella la agarrara para ayudarla a subir.

-¡Vamos! ¿Es que tienes miedo?- la retó sin perder la sonrisa. Katara sintió la presión de sus sentimientos contradictorios. Su corazón le gritaba continuamente que agarrara la mano y que se dejara ayudar por él. Que confiara. Sin embargo, su cabeza era precavida y le recordaba aquellas veces en las que sus sentimientos le habían llevado a cometer diversos errores. Le recordaba cómo gracias a la precaución se encontraba allí, sana y salva. Debía continuar haciendo lo que su cabeza le decía.

Dio un paso atrás tratando de alejarse pero entonces una pequeña ráfaga la acercó hasta la mano de Aang. Él la agarró con fuerza y tiró de ella alzándola como si de una pluma se tratase. Katara tuvo que contener un pequeño grito de sorpresa, su corazón brincaba, posiblemente emocionado. -¡Es hora de escalar esta enorme roca!- gritó contento. Le dirigió una última mirada llena de ilusión, brillante como el sol. Después acarició la cabeza de Appa y le habló con dulzura para que despegara –Appa, vamos allá. ¡Yip-Yip!.

El bisonte volador estiró sus seis patas y dio un colazo para coger impulso. Entonces comenzaron a flotar. Katara tuvo que agarrarse a la cintura de Aang ya que no estaba acostumbrada y temía perder el equilibrio. El suelo estaba cada vez más y más lejos y el viento se agitaba con más fuerza a aquella altura. Cuando se dio cuenta ya se habían acercado lo suficiente a la punta del barranco, pero aun así continuaron su camino surcando los cielos.

Katara se dejó acariciar por el aire, su larga trenza se levantaba continuamente. Cerró los ojos sintiendo la calma y la tranquilidad, disfrutando aquel momento. Jamás habría imaginado la posibilidad de poder volar y no solo eso, en aquel instante se sentía un poco más libre. Notaba como los sentimientos dañinos se quedaban atrás.

Aang se dispuso a empezar una conversación pero cuando la vio con los ojos cerrados sonrió contento y prefirió dejarla disfrutar de aquello. Sin embargo, la tranquilidad de la que los cuatro disfrutaban se vio interrumpida por un cañonazo.

Katara abrió los ojos asustada. Miró a Aang esperando a que dijera algo pero él parecía tan sorprendido como ella. A lo lejos, avistaron algunos edificios no muy altos. Era un pueblo envuelto en la naturaleza, donde los árboles y las plantas surcaban cada rincón. Al acercarse lo suficiente entendieron qué ocurría.

Bajo ellos algunos niños y mujeres corrían en dirección opuesta al gran ejército que acababa de entrar en el pueblo. Otros, los más jóvenes, habían decidido pararles los pies y se habían situado ante ellos con diversas armas; palos, hachas y alguna que otra espada. El general del ejército rió en alto ante su comportamiento, le pareció estúpido.

-¿Creéis que podéis hacer algo con eso? No nos haríais ni cosquillas.- sus soldados también rieron ante el comentario pero los pueblerinos aguantaron su compostura nerviosos. Muchos de ellos tenían la palabra "miedo" escrita en la frente. Aún así, no parecían dispuestos a dejarles avanzar. –por favor, no seáis ilusos. Podemos evitar todo este enfrentamiento, solo queremos lo mejor para vosotros.

-¿Lo mejor para nosotros? ¿Desde cuándo os importa la gente? Sois unos desgraciados que luchan por un bienestar común que no existe. Ni siquiera vosotros le importáis a vuestro propio rey- uno de los jóvenes de la primera fila estalló poniéndose rojo de rabia a medida que hablaba.

El general cambió de semblante a uno serio y bastante temeroso, tanto que el joven se estremeció cuando terminó de hablar. –Si os oponéis, entonces tendremos que hacerlo todo a la fuerza. –bajó una de sus manos dando una señal a los diversos soldados con espadas. También tenían dos cañones y algunos de los soldados eran maestros de agua.

Katara observó horrorizada la escena, aquellas personas entrarían en una lucha en cualquier momento. Debían ayudarles, sino era evidente que los soldados se saldrían con la suya. Ella comprendió al instante lo que ocurría: querían añadir a aquel pueblo, perteneciente a la nación de la tierra, a su nuevo imperio. Sin embargo, Aang parecía bloqueado, incapaz de comprenderlo.

-¿¡Qué te pasa!? ¡Tenemos que hacer algo!- gritó ella asustada. Estaba convencida de que con sus habilidades para controlar el agua y la capacidad de Aang con el aire podrían intervenir. Pero él seguía perplejo. -¡Aang!- gritó nuevamente zarandeándolo con fuerza. Entonces pestañeó varias veces seguidas y se dio la vuelta observando el rostro de Katara, estaba asustada y no dejaba de gritarle un montón de cosas.

-Son del ejército del agua…- susurró para sí mismo tratando de entenderlo. –no deberían estar aquí, ¿qué están haciendo?

-¿Es que no lo ves? ¡Quieren adueñarse de este pueblo y matarán a esas personas si no hacemos algo!- la cabeza de Aang dio vueltas durante varios segundos tratando de entenderlo. Uma le había asegurado que ellos solo se involucraban cuando era necesario proteger a la gente y evitar la extensión de la nación del fuego. Pero lo que estaban viendo se alejaba terriblemente de sus palabras.

Los soldados tomaron posiciones amenazantes, estaban preparados para actuar cuando les dieran otra señal. Katara quiso ser paciente, esperar a que Aang entrara en razón. Por un momento creyó que él la ayudaría, pensó que lucharía a su lado. Pero se había equivocado, quizás aquella vez su cabeza nuevamente tuviera razón y Aang solo era uno más que había tratado de ganarse su confianza para luego jugar con sus sentimientos o para entregarla al rey que tanto la buscaba.

Decepcionada, y nuevamente dolida, se puso en pie. Divisó un pequeño pozo en uno de los rincones del pueblo y utilizó el agua de su interior para alzar un remolino lo suficientemente alto para poder caer sobre él. Sin mirar atrás, saltó del lomo de Appa introduciéndose en el remolino y dejándose caer por él. Todos bajo ellos miraban sorprendidos la enorme columna de agua que había emergido por arte de magia.

-¡Katara!- Aang la vio saltar, nuevamente con aquella expresión de dolor parecida a la que contempló en el bosque la primera vez que se cruzaron y algo dentro de él se rompió. Intentó agarrar su mano para pedirle que no saltara, pero su voz se ahogó. Solo pudo gritar su nombre con fuerza.


Bueno, aquí está el capítulo prometido. He cumplido con mi palabra y espero seguir haciéndolo :P

La verdad es que hay fragmentos de este capítulo que no me han acabado de convencer mucho, lo veo un poco flojo pero aun así no me quiero desanimar porque el próximo capítulo será más interesante. Además creo que me gustará mucho escribirlo.

También quiero dar las gracias a quienes me comentan porque supone un grandísimo apoyo. Dije que aun así seguiría escribiendo, pero debo admitir que los comentarios me ayudan a hacerlo y me motivan para querer mejorar aquello en lo que fallo. Por eso, os animo a seguir comentando ya que no cuesta nada y tampoco hace falta registrarse xD

Creo que de momento eso es todo (Estos días estoy muy enganchada a Shingeki no Kyojin, otra vez. Así que por si os interesa, estoy planteándome escribir un fic sobre esta serie). Espero que os vaya todo genial. ¡Nos vemos! :)