Capítulo 5

La leyenda de Lotis

Katara sintió que alguien la llamaba antes de introducirse en el fuerte torbellino. Su cuerpo se vio arrastrado hasta el fondo con suavidad mientras pequeñas gotas le salpicaban por todas partes. Finalmente cayó al suelo de cuclillas. Se puso en pie con fuerza mostrando una pose amenazante y totalmente dispuesta a proteger a aquellas personas.

Los aldeanos se quedaron fascinados cuando la vieron descender del cielo y situarse ante ellos. Los guardias, en cambio, en un principio se asustaron pero al ver a la joven la miraron arrogantes. No sería un problema para ellos.

-Vaya, vaya, ¿a quién tenemos aquí?- se dirigió a ella el general al frente del ejército. Se limpió el sudor de las manos en su uniforme y volvió a agarrar con fuerza su espada. La muchacha no respondió y empezó a perder los nervios. Daba la sensación de que quería oponerse a ellos y aquella no era una idea muy inteligente. Si eso era lo que quería, la aplastarían como a un insecto. -¿tanto miedo tienes que no puedes responder? Pobrecilla… tranquila, pequeña, será muy rápido, no os daréis cuenta.

Katara apretó con fuerza los dientes, tanto que por un momento temió romperlos en mil añicos. Aquel hombre hinchado y bajito no hacía más que fanfarronear y soltar estupideces, y ella no iba a dejarse achantar por ninguna de ellas. Estaba preparada. Esta vez se sentía capaz de poder ayudar y lo haría.

El general se cansó de esperar una contestación que jamás llegaría y acabó dando la orden de atacar. Primero se acercaron los soldados de la primera línea, todos ellos con espadas en las manos y sus uniformes azules en representación de la nación del agua. Los aldeanos se tensaron esperando a que llegaran hasta ellos pero Katara no les permitió pasar. Recogió el agua que había utilizado previamente y levantó una enorme ola de cuatro metros con la que los arrastró hasta las afueras del pueblo. Sin embargo, aquel movimiento la dejó desprotegida ante los soldados situados junto a los cañones.

Sintió varias puñaladas por todo su cuerpo, los maestros que controlaban el agua habían aprovechado para lanzar un ataque conjunto para el que necesitaron varios pasos al unísono. Un montón de puntas heladas cayeron sobre los aldeanos y Katara provocándoles graves heridas. Aunque no sería suficiente para frenarla, el dolor físico no se acercaba en lo más mínimo a todo el dolor que había sentido por dentro aquellos días. Se levantó sosteniéndose el brazo en el que la habían alcanzado y continuó haciendo uso de su habilidad para retener las flechas de hielo que caían del cielo continuamente. No pudo evitar soltar un quejido al mover el brazo izquierdo, notaba como la sangre caliente lo recorría hasta caer al suelo.

-¡Eres tú!- gritaron de repente. Katara formó una media esfera de hielo transparente que utilizó para cubrir a todas las personas que se encontraban junto a ella. Miró de inmediato hacia un lado encontrándose con la cara desencajada del general. Parecía ansioso. –¡Eres la mocosa que se atrevió a atacar al Rey!- sus palabras la alarmaron pero no dejó que le afectaran. –Si te capturamos apuesto a que me darán una buena recompensa.- comenzó a reír en alto. Al de un rato, sus soldaron comprendieron también lo que decía y sonrieron deseosos de capturarla.

Katara apretó sus puños aguantando como pudo la barrera esférica que había creado, estaban empezando a agrietarla, sus ataques parecían más intensos desde que su general había pronunciado aquellas palabras.

-No aguantaré mucho más…- dijo en bajo a uno de los jóvenes junto a ella. La miró preocupado sin saber qué hacer, ninguno de ellos podía proporcionarle apoyo ya que no controlaban ningún elemento y en aquel momento la fuerza física no servía de nada. –tenéis que salir de aquí. Abriré una apertura en la parte de atrás del escudo para que podáis salir y esconderos en la casa de aquí al lado.- el chico la miró horrorizado y al mismo tiempo aliviado de saber que tenían oportunidad de escapar. Quiso reprochar. Preguntarle qué pasaría con ella, pero su mirada le pidió que siguiera sus indicaciones, que era la única opción que tenían. Si no, habría demasiados heridos. El joven se acercó hasta los demás dándoles órdenes claras y precisas y Katara prosiguió a hacer un agujero lateral cuando vio que estaban listos.

Le dedicaron una última mirada antes de abandonarla y entonces la barrera comenzó a reducirse en tamaño amoldándose únicamente a su cuerpo. Finalmente, al de unos segundos se rompió en pedazos provocando que cayera de rodillas al suelo por el impacto. Volvió a levantarse entre jadeos obteniendo una pequeña esfera de agua y girándola una y otra vez sobre sí misma agrandándola como si de una bola de nieve se tratase. Estuvo a punto de lanzarla contra el general pero los maestros de agua la detuvieron en el aire y entonces, ambas partes empujaron la dura bola tratando que impactara contra el oponente.

Las fuerzas de Katara empezaban a flojear a causa de su brazo, tenía una herida algo profunda y mantenerlo en el aire mientras lo sometía a algo como aquello le provocaba bastante dolor. Al menos, había conseguido poner a salvo a aquellas personas. Teniendo en cuenta que la habían reconocido, quizás, con suerte, se olvidarían de aquel lugar y solo se la llevarían a ella. Podrían vivir tranquilos un tiempo.

-No aguantarás mucho más. ¡Ríndete ahora y no te haremos daño!- pronunció en alto escupiendo sus palabras. ¿Qué no le harían daño? Aquella pelea sería un juego de niños comparado con lo que le podría esperar si la llevaban ante el rey. Katara se cubrió los pies con hielo para aferrarse al suelo y evitar que siguieran arrastrándola hacia atrás pero la bola de hielo no se detuvo y continuó retrocediendo hasta ella. Entonces una idea muy clara llegó a ella. Hasta entonces había luchado con todas sus fuerzas pensando que quizás tendría alguna posibilidad pero en el fondo siempre había sabido que estaba perdida. Sola no podría con ellos.

Sus brazos cayeron a ambos lados, muertos, sin fuerzas. Trató de cubrirse nuevamente con un escudo de hielo para aminorar el daño de todo aquel peso impactando contra su cuerpo. Vio como la bola aceleró de tal manera que en dos segundos estaría sobre ella, y la esperó. Entonces, también lo vio. Lo sintió.

Una ráfaga de viento tan potente que deshizo su escudo convirtiéndolo de nuevo en pequeños copos de nieve. Con el frío le costó abrir los ojos, aún así pudo ver a Appa lanzando otra gran ola de aire que acabó estrellando la bola en las afueras del pueblo. Después, aprovechando el desconcierto de todos ellos, ya que habían pasado por alto al bisonte del que ella había descendido, Aang planeó hasta ella.

El chico sonriente y despreocupado tenía un semblante serio y dolido. Katara se sintió liberada, por una vez no estaba sola, Aang quería ayudarla. Le hizo señas para que se hiciera a un lado y se pusiera a salvo mientras él movía sus muñecas al unísono. Tras unos segundos, comenzó a mover los brazos sobre él mismo pasándolos sobre su propia cabeza, trazando un enorme disco cada vez más grande. Los soldados no dudaron en atacar lo más rápido que pudieron temiéndose lo peor y el general se había situado tras ellos dándoles órdenes sin parar. El nerviosismo en sus palabras era evidente.

Appa, desde el aire, volvió a dar varios coletazos alejando de allí cada una de las lanzas de hielo que pretendían alcanzar a su compañero.

Cuando estuvo listo, echó las manos atrás, fijó con fuerza los pies en el suelo y lo arrojó hacia delante lanzándolos a todos por los aires lejos de allí. El general quedó en pie, asustado. Sus piernas temblaban pero no perdió sus aires de superioridad a pesar de estar en una situación de clara desventaja. Le dedicó una última mirada fija al chico de ropas cálidas y con tatuajes característicos. Jamás olvidaría su cara y ahora que sabían que la fugitiva se encontraba allí, no tardarían en alcanzarla. Volverían a por ella, eso seguro.

Aang relajó su cuerpo cuando todos ellos se marcharon, aquello que había hecho le pareció la solución más adecuada para evitar que hicieran daño a la gente y al mismo tiempo, no herir a los soldados de gravedad. Se dio media vuelta sorprendiéndose al ver a toda la gente tras él. Los niños y las personas más vulnerables que se habían retirado regresaron, así como los jóvenes a los que Katara había protegido. -¡Katara!- estaba tumbada cerca de la plaza y varias personas la ayudaban a ponerse en pie.

Él se acercó a toda prisa ignorando las miradas agradecidas de los pueblerinos, quería asegurarse de que estaba bien. Estaba algo pálida, probablemente por la cantidad de sangre que había perdido pero seguía consciente y tratando de quitarle importancia. –¿Estás bien?- se inclinó a su lado agarrando con delicadeza su brazo y provocando algunos quejidos al destapar su herida. No era muy grande pero sí bastante profunda y no dejaba de sangrar. –Estás perdiendo mucha sangre, Katara.

-Aang, me has ayudado.- soltó ella con las pocas fuerzas que le quedaban. Su pérdida de sangre poco le importaba, estaba realmente agradecida. Notaba poco a poco como sus heridas internas estaban casi listas para comenzar a sanar. La imagen del joven con rostro preocupado y las muchachas que le hablaban continuamente pidiéndole que no se durmiera se emborronaron hasta que solo vio oscuridad tras conseguir pronunciar la palabra "gracias".


Unas horas después ambos se introducían en la que sería su nueva parada. Katara fue tratada por las mujeres del pueblo, quienes consiguieron parar su hemorragia. Cuando descansó toda la mañana, les proporcionaron algo de comida y les dieron las gracias repetidas veces, aunque Katara les advirtió que seguramente volverían para acabar lo que habían empezado. Sin embargo, para la próxima vez estarían mejor preparados.

Durante el tiempo que estuvieron montados sobre Appa, Katara durmió y descansó envuelta en un montón de mantas. Momo se sentó a su lado dispuesto a darle cualquier cosa que ella necesitara.

-Muy bien hecho, chico. ¡Eres el mejor!- le dio un gran abrazo a Appa que gruñó contento por sus palabras. Ambos hacían un buen equipo y cuando se compenetraban de aquella forma podían ser imparables. –Pronto llegaremos, y mañana nos dirigiremos a casa. Tengo ganas de ver a todos mis compañeros y a los maestros.- entonces, recordó las palabras de Uma. Palabras que habían perdido todo su valor. Aún no podía creer que aquello que le había contado no fuera cierto cuando le transmitió confianza. Le dio su palabra y él tenía intención de tratar de convencerlos a todos para que ayudasen a detener la guerra. Pero por mucho que tratara de buscarle otro sentido estaba claro lo que había visto: aquellos soldados querían adueñarse del pueblo y estaban dispuestos a utilizar cualquier método para lograrlo. Uma era peligroso, más de lo que podían imaginar.

Katara soltó un pequeño quejido asustando al lémur y haciendo que Aang le prestara atención. ¿Se habría equivocado también respecto a ella? La herida en el costado del rey demostraba que realmente le habían atacado, los múltiples papeles de "se busca" también eran otra prueba que no podía descartar. Pero aquel día también había contemplado con sus propios ojos que su compañera estaba dispuesta a arriesgar su vida para proteger a otros. Alguien como ella no era peligrosa para la gente, más bien todo lo contrario. ¿Qué habría sucedido para que su rostro acabara dibujado en un montón de papeles? La miró sin poder evitar sonreír con dulzura. Había sido valiente. Gracias a ella, a sus impulsos, había logrado reaccionar y averiguar qué era lo que debía hacer.


Aterrizaron cerca de una posada que tenía un gran campo abierto tras ella. En cuanto Appa se posó en el suelo se tumbó estirando sus patas. Aang se acercó a Katara y la zarandeó con cuidado. Al de unos segundos consiguió que despertara pero parecía confundida. –Estamos en Lotis- sonrió ante ella ayudándola a ponerse en pie. Ella siguió observándole extrañada.

-¿Lotis?- preguntó haciéndole saber que necesitaba más información.

-Si- Aang comenzó a bajar su ligero equipaje al tiempo que le contaba algunas cosas. -¿no conoces este pueblo? Es bastante conocido por su leyenda.- Katara cogió su bolsa y se quedó quieta esperando a que él le indicara lo que harían. –bueno, dejaremos la leyenda para luego, primero deberíamos acercarnos a la posada.

Ella lo miró sorprendida, no tenía suficiente dinero como para alojarse en una posada, apenas le llegaría para poder comer algo. Aang miró hacia atrás cuando estuvo a punto de entrar por la puerta principal y la observó unos instantes tratando de adivinar lo que le sucedía.

-Aang, yo… no puedo… -dijo en voz baja, estaba avergonzada. Además no entendía por qué aún seguía su camino con él, podían separarse en cualquier momento. Su único objetivo había sido escapar del imperio del Agua y el pueblo anterior en el que habían estado marcaba el final de su territorio.

Con sus palabras pareció entenderlo –no te preocupes, Katara, los dueños son amigos míos y no tendrán problemas con dejarnos pasar aquí la noche, ya verás. –se acercó hasta ella agarrando su mano para que lo siguiera al interior pero Katara reaccionó al roce soltándola de golpe, como si quemara. Aang se preocupó aunque se le pasó de inmediato cuando una señora alta y corpulenta se acercó a él dándole un fuerte abrazo.

-¡Has vuelto, pequeño!- Llevaba una falda larga de color verde hasta el suelo y una camiseta ancha amarilla. Parecía realmente contenta de reencontrarse con él, tanto que Katara pensó que podría ser algún familiar suyo. –Oh, y veo que no vienes solo- le lanzó una mirada pícara que puso nervioso a Aang pero ella prefirió dejar eso de lado y fijarse en los múltiples adornos de flores rosas que decoraban la sala.

-Sí, ella es Katara. Ahora viajamos juntos y…- la mujer le cortó de inmediato.

-Y no tenéis donde pasar la noche, ¿verdad?- le sonrió amablemente al tiempo que Aang asentía de manera exagerada con su cabeza. –entonces os quedaréis aquí. – Aang volvió a acercarse a ella para darle otro largo abrazo en agradecimiento y después los llevó hasta un cuarto bastante amplio que ambos compartirían.

-Muchas gracias, Enthy, ¡eres la mejor!- ella les dedicó otra gran sonrisa a ambos y Katara se inclinó agradecida.

-No os preocupéis, el otro día me ayudaste mucho, Aang. Debo ser yo quien te dé las gracias.- Katara mostró perplejo ante el comentario, ¿había estado allí hacía poco? –La cena estará lista dentro de dos horas, podéis ir a ver el pueblo y a tomar algo en la cafetería de mi hija. Si le dices que vas de mi parte seguro que os invita. Además, habéis venido en las fechas más bonitas del año, se celebra la fiesta del árbol de Loto y habrá un festival que durará dos noches. –un rato después la mujer bajó las escaleras para ordenar varios papeles y más tarde ponerse a preparar la cena para sus huéspedes.

-Venga, vamos- Aang no le dio tiempo a replicar y Katara no tuvo más remedio que seguirlo. No le apetecía sumergirse entre la gente ni interactuar con ellos pero en parte sabía que aquello podría ayudarla a dejar de lado todas sus preocupaciones. Le vendría bien tomarse un descanso.

Siguió a su compañero hasta situarse a su lado, parecía saber a la perfección a donde se dirigían. Para ella todo era muy confuso. El lugar era bastante amplio y había demasiados pueblerinos ocupados decorando cada una de las calles y fachadas. Atravesaron una enorme plaza ovalada con un árbol de hierro en medio, grande e imponente. El bello árbol estático estaba adornado con un montón de pétalos rosas que lo cubrían casi por completo. Las decoraciones eran en su mayoría de tonos rosa o pastel. Muchos establecimientos colocaban guirnaldas con forma de enormes flores y algunos hombres montaban pequeños puestos, con intención de tenerlos a punto para la noche.

Katara observaba ensimismada todo a su alrededor, aquello distaba mucho de su ciudad fría y silenciosa. Allí la gente parecía alegre de verdad, despreocupados y preparados para disfrutar de sus vidas cada día. Esa era la felicidad que ella buscaba. Era evidente que habían salido de la nación del agua, aunque aquello no significaba que todo lo que captaban sus ojos no pudiera desaparecer pronto si no le paraban los pies a Uma. Siguió con la mirada a cada persona sonriente que los saludaba, hasta que finalmente Aang se detuvo ante una casa de piedra y ella tuvo que pararse en seco volviendo a la realidad.

-Ya hemos llegado. ¡Bienvenida a la mejor tetería de Lotis- dijo entusiasmado. Ella lo miró dubitativa antes de que se introdujeran en el interior.

-Me alegro de que nos des esa fama- una joven de cabello negro recogido en dos moños altos les sonrió desde el mostrador situado a la izquierda de la entrada. –Sed bienvenidos- la chica se inclinó un poco mostrando respeto hacia ellos. Aang se rascó nervioso la parte trasera de la cabeza saludándola, Katara prefirió mantenerse en silencio.

-No es para tanto, solo soy sincero. Además fue tu madre quien nos recomendó que viniéramos- la muchacha abrió los ojos sorprendida. Aunque no comprendía por qué seguía asombrándole aquello, su madre tenía la costumbre de mandar a cada uno de sus huéspedes a su tienda.

-No serás… Aang, ¿verdad?- preguntó con suavidad. El asintió de inmediato. –mi madre me comentó lo mucho que la ayudaste en la posada. Fue una pena que te fueras antes de que pudiéramos conocernos el otro día.- a Katara le pareció ver un leve sonrojo en el rostro de Aang, así como en el de la chica que enroscaba continuamente un mechón de pelo en el dedo índice. –Bueno, no quiero haceros esperar. Hoy tenemos bastantes clientes pero hay algunas mesas libres al fondo. Podéis tomar asiento y en seguida pasaré a atenderos.- después de esto Katara tomó la iniciativa de adelantarse a elegir un sitio alejado del resto, no tenía ganas de seguir contemplando como a ambos les saltaban chiribitas de los ojos. Se sentía incómoda presenciando aquello.

-Ya verás cómo te encanta todo lo que tienen aquí. Seguro que es delicioso.- Aang se sentó frente a ella. Las mesas de madera eran bajitas y redondas. Estaban tan limpias que resplandecían y a su alrededor tenían varios cojines blanditos en los que ambos se sentaron. Katara volvió a sentirse incómoda al pensar que no podría permitirse nada de aquello, su intención era acompañarlo a él. Le molestó el hecho de que él no recordara que antes le hubiera dicho que no tenía dinero. Aang pareció notar que algo la preocupaba y a pesar de haber demostrado ser bastante despistado dio en el clavo con su preocupación. –Te invito yo, pero a cambio me dejarás elegir a mi- ella bajó la vista, no se sentía demasiado bien, no había razón alguna para que él fuera tan amable.

-Oye… ¿hace cuánto que estuviste aquí?- Aang se sintió algo incómodo, no se esperaba aquella pregunta. A menos que hubiera estado en la nación del agua o hubiera sobrevolado por el mar no se explicaba que estuviera allí hacía unos días, ya que cuando la encontraron en el bosque iban en dirección a ella. Su semblante se volvió serio al imaginárselo, ¿tendría Aang algo que ver con Uma? Quizás por eso le costó tanto reaccionar cuando ella le pidió ayuda para defender a los pueblerinos.

-¿Ya habéis pensado lo que tomaréis?- la joven tenía una pequeña bandeja de madera bajo el brazo izquierdo y los miraba expectante. Los había interrumpido en el momento adecuado provocando que dejaran el tema de lado. Aang se adelantó para pedir.

-Sí, nos gustaría tomar té rojo con esencia de arándanos y una bandeja de rollitos rellenos con canela.- se le hacía la boca agua al tiempo que hablaba, seguramente imaginándose aquellas delicias. La chica asintió contenta y volvió en unos pocos minutos trayendo consigo todo lo que habían pedido. También les dejó una bandeja extra con dos pastelitos de color verde cubiertos de almendras. Era un regalo de su parte.

-¿Tenéis intención de ir a la fiesta del Loto?- preguntó con curiosidad antes de marcharse. Aang miró a Katara esperando encontrar una respuesta en su cara pero no esperó a que hiciera ningún gesto para responder que sí con la cabeza. –seguro que os encanta, suelen venir viajeros desde muy lejos para presenciarla. Es por eso que durante estos días la cantidad de gente y de clientes aumenta.

En cuanto la joven se marchó reclamada por otros clientes Katara le lanzó una intensa mirada a Aang, quien se preocupó por si podía haberla ofendido de alguna manera. –Ni siquiera entiendo de qué va ese festival… -dijo dando a entender que se negaba a asistir, o que al menos no entraba dentro de sus planes.

-Es algo que ocurrió hace mucho tiempo- ella no esperaba que se pusiera a contarle la historia real, ya que su intención solo era darle a entender que se encontraba bastante desganada para verse envuelta entre la gente. Pero, aún así, escuchó atentamente. –Según he leído en un viejo libro del monje Gyatso, hace muchos años un famoso general que vivía en este pueblo se encontró a una bella mujer bailando al pie de un árbol, cerca del lago. Le pareció fascinante como danzaba en sintonía con la tierra y la naturaleza, tanto que no pudo apartar los ojos de ella. Ambos se acabaron enamorando y comenzaron a verse todos los días. –hizo una pequeña pausa para llevarse un cacho de rollito a la boca y masticarlo rápidamente. A Katara le sorprendió la manera en la que dijo aquellas últimas palabras como si estuvieran vacías. –sin embargo, el general ya estaba comprometido con otra mujer, sus familias eran las más poderosas del reino y debían unirse en matrimonio para el bienestar de la nación.

Katara bajó la vista probando un bocado del pastel verdoso que simulaba ser té verde, las almendras le daban un toque crujiente y delicioso, sintió como su tripa rugía y se avergonzó al pensar que Aang podía haberla escuchado.

-Cuando su prometida se enteró de que se veían en secreto, cegada por la envidia y los celos, decidió acabar con ella. Así que un día, tras asegurarse de que su futuro marido no se encontraba allí, la apuñaló. Parece ser que la tierra se apiadó de ella y en vez de dejarla morir la transformó en un árbol de loto, de esta forma, seguiría con vida. El general regresó un montón de veces al lugar pero la joven jamás apareció. Cuentan que se pasaba un montón de tiempo tumbado al pie del árbol de loto, donde se sentía extrañamente reconfortado.

-Vaya…- dijo sorprendida. Aquella era una leyenda de amor en toda regla. Ahora comprendía cual podía ser el significado del árbol que se situaba en medio de la gran plaza.

-Es increíble, ¿verdad? No entiendo como alguien es capaz de dejarse llevar por esos sentimientos tan negativos hasta el punto de querer asesinar a un ser inocente- Aang puso un tono triste pero Katara recordó el momento en el que ella misma había sucumbido a su odio para atacar a Uma. Aunque estaba convencida de que en su caso Uma se merecía algo mucho peor que aquello. –unos años más tarde, la leyenda de la joven convertida en árbol de loto y del general que perdió a su único amor se extendió entre los habitantes de Lotis y decidieron conmemorarlo con una fiesta que se celebraría en su honor.

Era una historia bonita y trágica al mismo tiempo pero por algún motivo no le disgustaba del todo. Cuando observó de nuevo la mesa, preocupada por haberse comido más rollitos de los que ella consideraba que debía, se sorprendió al ver la bandeja vacía. Aang tenía la boca repleta de crema, engullía el último de los pastelitos. Tenía un aspecto de lo más gracioso, como si le hubieran pillado haciendo algo que no debía. Tuvo que reprimir sus ganas de reír cuando comenzó a disculparse con la boca llena por haberse comido el último pedazo.

Después de aquello se despidieron amablemente de la joven que los había atendido y regresaron dando un paseo por la plaza. Había anochecido y las calles estaban alumbradas por farolillos de papel de todos los colores que le daban un aspecto divertido y relajante. Los habitantes no tardarían en salir a las calles de nuevo con sus atuendos elegantes para disfrutar del ambiente y de las danzas alrededor del árbol de metal.


Ambos se introdujeron en su cuarto y ordenaron sus cosas, hasta que un buen rato después la enorme mujer los llamó a la puerta avisándoles de que era hora de cenar. Katara se sintió tremendamente agradecida por todo aquello. No solo los había invitado a pasar allí la noche, si no que les había preparado una cena deliciosa donde tomaron desde sopa de verduras hasta un postre característico de la posada que tenía aspecto de tortita. También descubrió que su compañero no consumía nada proveniente de los animales y, aunque ella también estuviera harta de comer día sí y día también carne seca de foca porque era lo más barato que podían permitirse, pensó que se perdería un montón de manjares.

-¿Al final habéis ido a ver a mi hija?- preguntó la mujer tomando asiento junto a ellos cuando habían terminado de cenar y se encontraban reposando un rato. Aang asintió con la cabeza llevándose las manos a la tripa, parecía a punto de explotar.

-Estaba todo muy rico, muchas gracias, Enthy.- Katara asintió con la cabeza, ya que le costaba pronunciar palabras como las de él. Ella sonrió con ilusión.

-No es para tanto, chicos. Por cierto, el festival ya habrá empezado, ¿por qué no os acercáis?- Aang se levantó torpemente ante la mirada de las dos, dispuesto a subir al cuarto de nuevo y prepararse para salir pero la mujer los detuvo. –espera un momento.

Subió las escaleras hasta su cuarto y volvió con un traje doblado que le tendió a Aang. Él entendió sus intenciones y lo agradeció tratando de rechazarlo pero no lo logró y tuvo que subir a su habitación para cambiarse. Entonces, la mujer miró a Katara con otra enorme sonrisa pintada en la cara; ahora era su turno.

-Ven conmigo, querida. También tengo algo para ti, no creas que me he olvidado.- Katara se negó con educación pero Enthy fue tan insistente que cuando se dio cuenta ya la había introducido en la habitación de su hija y buscaba un atuendo que le pudiera sentar bien. –si no me equivoco, Latra y tú tendréis la misma talla. Creo que esto te sentará muy bien.

Sacó un vestido largo, hasta las rodillas y la ayudó a colocárselo. Katara por un momento se sintió como en casa, como cuando era más pequeña y su madre la ayudaba a vestirse para salir a la calle. Después, sacó un espejo largo dejando que se viera en él. –Sí, tenía razón, te sienta estupendamente.

El vestido estaba compuesto por dos piezas. La principal era el vestido exterior de color pastel, liso y suelto, con mangas anchas y ligeras. Después estaba el vestido interior, de un rosa oscuro que únicamente era visible en la parte de arriba. Tenía la zona del cuello bastante abierta aunque únicamente mostraba dos tirantes del vestido interior. La mujer también le prestó unos zapatos claros y cómodos. Finalmente, le soltó el pelo peinándolo con cuidado, llevaba tanto tiempo sin desenredárselo que le dolió bastante. Para finalizar colocó uno de sus mechones a un lado y lo agarró con una horquilla decorada con una mariposa de color rosa.

-Bien, ya estás lista. Te queda genial. –la mujer le dio un pequeño abrazo y Katara trató de corresponderlo sin utilizar demasiada fuerza.

-Yo… no sé qué decir. M-muchas gracias, señora- dijo bajando la mirada avergonzada. Le había costado un poco reconocerse ante el espejo. Enthy la empujó suavemente fuera de la habitación.

-No tienes que darlas, pequeña. Ha sido un placer, mi hija hace tiempo que no me deja mimarla y lo echaba en falta.- Katara le dedicó una suave sonrisa. –venga, seguro que tu amigo te está esperando abajo.

Bajó las escaleras con cuidado de no caerse, a pesar de que el traje le permitía moverse con total soltura. Estaba nerviosa por si llamaba bastante la atención, aunque quizás con aquella ropa pasara más desapercibida entre la multitud. Aang no estaba abajo donde debía encontrarlo, entonces se le ocurrió que quizás podría estar fuera con Appa y Momo. Se acercó hasta el campo abriendo la puerta de madera.

Efectivamente, allí estaba, acariciando la cabeza de Appa mientras Momo se subía una y otra vez sobre él. Llevaba un traje verdoso de distintos tonos. La parte de arriba cruzada en la zona del pecho con algunos dibujos color tierra que parecían runas y después un pantalón algo más oscuro y ancho. Aang se dio la vuelta lentamente antes de que ella lo llamara y se quedó unos instantes observándola como si no la lograra reconocer.

-¡Vaya! ¿Eres tú Katara?- se acercó hasta ella y por un momento le pareció ver en él otro leve sonrojo como el que había mostrado ante Latra en la tetería. –E-estás muy bien… me refiero a… la ropa, quiero decir, te sienta bien.- era evidente que estaba nervioso pero ella le quitó importancia y pronto se pusieron de nuevo en camino a la plaza.

Todo a su alrededor parecía haberse transformado, resultaba difícil ver el final de la calle con tantísimas cabezas moviéndose de un lado a otro. Así que les costó bastante llegar hasta la plaza. Katara no pudo evitar fijarse en varias personas que los miraban atentos y se sintió incómoda pero Aang le dijo que no tenía de qué preocuparse y poco a poco dejó de prestarles atención para centrarse en todo lo demás. Los atuendos iban acorde con el tema de la celebración y un grupo de jóvenes vestían el mismo traje con volantes para llevar a cabo una actuación. En la plaza, lograron tomar asiento en uno de los bancos desde el que pudieron ver con claridad a los jóvenes efectuando sus diversos movimientos propios de maestros que controlaban el elemento tierra. Aang parecía totalmente fascinado, mientras, Katara volvía a quedar sumergida en sus pensamientos lentamente. Así mismo, las preguntas que hacía unas horas se había hecho en la tetería volvían a bombardearla y sintió la necesidad de aclararlas.

-Aang- dijo en voz baja pensando que quizás no le habría escuchado, estaba realmente absorto en el círculo de movimientos, sus ojos brillaban con admiración. Entonces giró lentamente la cabeza despegándose del espectáculo.

-¿Si?- respondió contento. Debía estar realmente alegre de poder disfrutar de todo aquello.

-Yo… verás, me gustaría saber cómo es que has estado aquí hace unos días si cuando nos encontramos en el bosque te dirigías hacia aquí- no parecía haber equivocación en la información de la mujer que los había hospedado y sus palabras borraron lentamente la sonrisa de su compañero dando paso a algunos nervios.

Aang supo que Katara no recordaba haberse encontrado durante la noche tormentosa con él en el bosque. En realidad no tenía ninguna razón para ocultar sus intenciones, aunque sabía que Katara quería alejarse del reino de agua por algún motivo. Le preocupaba que pudiera sentarle mal su reunión con Uma y la invitación de que lucharan junto a él, aunque tras el ataque al otro pueblo no tenía ninguna intención de impulsar un acuerdo con él. Sin embargo, también estaba el hecho de que se había aventurado a viajar con ella por desconfianza y no creía que fuera el momento adecuado para contárselo. Pero la forma en la que se lo había preguntado… le daba la sensación de que realmente necesitaba una respuesta para sentirse tranquila consigo misma.

-Katara… ¿me prometes que me escucharás hasta que termine de contártelo todo?- temía que no lo dejase acabar y se lo tomara todo a mal. Ella asintió nerviosa, sus palabras podían tirar abajo en tan solo un instante la posible amistad que estaban empezando a formar poco a poco.

-De acuerdo.

-Bueno, yo… me dirigía a Akabani para reunirme con Uma en nombre de mi nación- sus palabras retumbaron por cada rincón de su cabeza trayendo consigo miles de recuerdos dolorosos. Tal y como sospechaba, Aang realmente estaba relacionado con el rey. Entonces, una imagen que no había recordado hasta entonces le mostró que ambos se habían encontrado mucho antes de que la siguiera en el bosque. Fue durante la tormenta. La figura encapuchada que la persiguió durante un buen rato hasta que consiguió perderlo de vista. Aang había continuado hablando mientras ella se alejaba de sus explicaciones, y cuando regresó a la conversación se había perdido una gran parte de la información. -…y después te encontré a ti, aunque como ya te he dicho, ya había visto con anterioridad tu rostro en una hoja de "se busca"- de repente la herida a la que no le había prestado atención desde su llegada a Lotis empezó a escocer. Sintió un terrible calor inundándola por todas partes. Se ahogaba. Aang paró de hablar de inmediato agarrándola con fuerza por los hombros en cuanto ella bajó la cabeza. -¡Katara! ¿Te encuentras bien?- repitió un par de veces pero no pudo responder.

Se levantó sincontestarle empezando a andar en dirección contraria. Aang le había parecido alguien en quien podría confiar y aunque no le había escuchado sentía la necesidad de alejarse de él y aclararse. Le dolía imaginarse que pudiera estar relacionado con Uma de alguna manera en la que pudiera perjudicarla a ella. Aang la detuvo agarrando su muñeca con fuerza y haciendo que se volteara de inmediato para observarlo a los ojos.

Pero ella apartó con brusquedad su mano y comenzó a correr, dejó que sus pies la llevaran lejos de él. Sabía que la estaba siguiendo, escuchaba como repetía su nombre entre la muchedumbre. Provocando que algunas personas, molestas cuando las apartaba, se giraran a ella y después continuaran mirándola curiosos. Se metió por distintos callejones tratando de perderlo de vista pero le pareció imposible, Aang era tan bueno como ella escabulléndose entre las personas.

Finalmente, tras un buen rato y gracias a otro espectáculo que estaba teniendo lugar, consiguió dejarlo atrás. Caminó sola a lo largo de la calle observando a los niños comer chucherías. Los adultos charlaban alegremente y bebían cantando canciones. Ignoró los diferentes puestos a su alrededor a pesar de que vendían objetos realmente interesantes.

Entonces, por el rabillo del ojo le pareció notar que alguien la seguía. Aceleró un poco el paso torciendo varias esquinas para asegurarse de que era a ella a quien perseguía y cuando se hubo cerciorado empezó a correr poco a poco. Aang volvía a pisarle los pies, ¿es que acaso no comprendía que quería estar sola un rato? Pero entonces, al notar que no insistía en llamarla por su nombre para que se detuviera, giró la cabeza preocupada. Su estómago se encogió. Tras ella, casi oculta entre la gente, alguien la estaba alcanzando. No lograba ver su rostro a causa de la capucha verde y de una máscara de yeso que ocultaba su rostro.

Katara se asustó tanto que estuvo a punto de caerse cuando comenzó a correr, aquella persona no podía ser su compañero y por algún motivo no parecía tener buenas intenciones. Pasó a través de diversas calles sin conseguir despirtarla hasta que llegó a un callejón sin salida. Esperó nerviosa a que la persona apareciera ante ella, sin embargo, esta saltó desde uno de los tejados cercanos para situarse a pocos metros de ella.

Podía ver su mirada punzante tras la máscara, en realidad, era lo único que podía ver. Una mirada fiera dispuesta a todo, y aún así no sabía a quién podía pertenecer. Retrocedió hasta chocar con la pared. Si no le dejaba más alternativas, lucharía.

-Por fin te he encontrado, Katara.- se estremeció cuando pronunció su nombre. Aún así, no lograba reconocer aquel tono. Se sentía acorralada, sin oportunidad de escapar. Y por lo visto, aunque tratara de huir por la fuerza no sería nada fácil.


Bueno, y hasta aquí el quinto capítulo. ¿Os ha dejado intrigados/as? Espero que me lo hagáis saber xD

Quiero dar las gracias a esas personas que siempre están ahí dispuestas a comentar y a darme su apoyo para que siga escribiendo. No sabéis lo mucho que me ayudáis con vuestros ánimos. ¡Os lo agradezco un montón!

También me gustaría darle ánimos a fanatla, que no está pasando por un buen momento. Así que le deseo que se recomponga pronto, aunque cueste, y que vuelva a deleitarnos con sus estupendas historias. :)

Debo deciros que tengo muy en cuenta vuestras opiniones, así como vuestros consejos para mejorar. En cuanto a los errores gramaticales, siento que se me escapen, suelo revisar varias veces todo el fic. Pero supongo que a veces no es suficiente. Respecto a Uma, estad tranquilos/as que no lo dejaré en un segundo plano, aunque las cosas deben suceder poco a poco jajaja. Y respondiendo a la pregunta de si en esta historia Aang será el Avatar… solo puedo decir que no puedo adelantar nada, así que para averiguarlo tendréis que seguir leyendo jajajaja (qué mala soy).

¡Bueno, entonces hasta el próximo domingo queridos/as lectores/as!