Capítulo 6

El Templo del Sur

La figura ante ella se enderezó tensando todos sus músculos. La ropa que llevaba se ajustaba a su cuerpo y daba la sensación de quedarle pequeña. Katara se llevó la mano hasta su brazo izquierdo y la introdujo por debajo de la manga ancha para acariciar su herida. Las telas limpias que le habían colocado comenzaban a apretarle cada vez más y su vestido, a pesar de ser ligero, hacía que aumentara la temperatura de su cuerpo.

-Vamos… ¿es que tienes miedo?- le preguntó. No supo distinguir el tono que empleaba pero no le dio la sensación de que quisiera gastarle una broma. –vaya, te has olvidado de mí. –dijo decepcionado. Ya se había cerciorado de que aquella voz pertenecía a alguien joven, pero seguía sin poder reconocerla.

-No sé quién eres, pero no te acerques a mí- lo amenazó. Comenzaba a cansarse de aquel juego. El joven, entonces, mostró la hoja de su espada, y a Katara le dio la impresión de que debía estar sonriendo bajo aquella máscara. Sus nervios aumentaron a cada paso que daba acercándose a ella. Pero su intento de gritar para pedir ayuda se ahogó al momento.

El joven se había acercado rápidamente hasta ella y ahora la alzaba a unos centímetros del suelo. Tenía sus muñecas sujetas contra la pared sobre su cabeza ejerciendo cada vez más presión. Soltó un pequeño grito al notar como la herida le palpitaba, si seguía así, seguramente volvería a abrirse. Entonces, pasó a sujetar sus muñecas con una sola mano para taparle la boca con la otra. Katara pataleó tanto como pudo propinándole varias patadas en el costado pero él no parecía inmutarse. Era muy fuerte.

-Pareces impaciente por marcharte, pero no te dejaré ir tan fácilmente. –hizo una pequeña pausa para acercar más su rostro al de ella, sus ojos de color ámbar eran realmente intensos y agresivos, tal y como sus movimientos. –después de todo tú eres la culpable de mi situación actual.

Se le dificultaba la respiración y temía que en cualquier momento aquella persona parecía enfadarse más a medida que hablaba, fuera a perder los nervios. No se hacía la idea de quién podría ser pero estaba claro que la conocía y que de alguna manera ella había le había causado algún tipo de mal. Reunió todas sus fuerzas y se zarandeó todo lo que pudo tratando de zafarse de él pero solo consiguió provocarle una pequeña carcajada.

-¡Katara!- con la figura ocupando todo su marco de visión no pudo ver quién la llamaba a la entrada del callejón pero supo de inmediato que aquella voz era la de su compañero. Y no pudo evitar alegrarse enormemente de que la hubiera encontrado en aquel instante. Lo escuchó correr hasta ella, iba acompañado de Momo. -¿Quién eres tú? ¡Suéltala!- gritó.

Su opresor pareció alarmarse un poco pero no perdió los nervios en ningún momento. Agarró a Katara del cuello y la puso ante él a modo de escudo, después sacó su espada y la colocó en su cuello amenazante. Aang cambió su rostro preocupado a uno totalmente desencajado. No tenía ni idea de cómo enfrentar aquella situación para poder liberarla sin causarle daños. No parecía interesarle el dinero o cualquier otra cosa. Apretó con fuerza la mandíbula tratando de encontrar alguna solución.

-Si tanto aprecias la vida de tu querida amiga, entonces te irás ahora mismo.- volvió a amenazarle. –de lo contrario, le rebanaré el cuello. Al fin y al cabo me servirá también como deuda por los daños que nos ha causado.

Aang intentó mover sus pies pero estos le temblaban y se negaban a dejar su lugar. No podía irse dejándola allí. Entonces, al de unos cuantos segundos observó como su valiente lémur planeaba hasta la parte trasera de la cabeza del joven y clavaba sus uñas a ambos costados de su cara. El joven pegó un pequeño grito sobresaltándose y aflojando el amarre de Katara. Aprovechó aquel breve momento para tirar y correr hasta Aang con todas sus fuerzas.

El opresor no tardó en deshacerse del lémur, quien había desplazado levemente su máscara mostrando parte de su cara. Persiguió a Katara y estuvo a punto de darle alcance pero Aang levantó una pequeña brisa arrastrando polvo y suciedad hasta sus ojos. Aquello les daría tiempo para huir. Katara se dejó arrastrar por su mano después de echarle un último vistazo al sujeto que se había deshecho por completo de su máscara para tratar de limpiarse los ojos. En ese momento reconoció a la persona que había tratado de hacerle daño.

Aang tiró fuerte de Katara y empezaron a correr hasta la posada en la que tenían todas sus cosas. La guió por las calles, estaba totalmente concentrado en escapar de allí. Katara observó durante unos instantes su rostro nervioso. Aquellas expresiones serias no le pegaban mucho.

Aang, por otra parte, no dejaba de darle vueltas a todo. No había podido hacer nada para superar el difícil momento, si no hubiera estado Momo con él, habría tenido que hacer caso a las palabras del enmascarado. Además, había sido su pequeño amigo quien la había encontrado gracias a su buen olfato. Pero ahora que Katara estaba a salvo con él, podía luchar contra aquella persona si trataba de hacerles algún daño. No lo sentía tras ellos, pero aún así no quiso detenerse hasta que llegaron a su habitación.

La posada permanecía a oscuras, Lenthy debía haberse ido a la cama hacía un rato. Recogieron sus cosas rápidamente y prepararon a Appa para partir en aquel preciso momento.

-Espera, Aang. Si nos vamos ahora, Lenthy se preocupará.- dijo ella acordándose de la amable mujer que los había tratado estupendamente. Él asintió pero igualmente tenía intención de marcharse.

No les hizo falta introducirse nuevamente en el interior para avisar a Lenthy, ya que fue ella quien se asomó por la puerta, perturbada por los pasos urgentes de sus invitados.

-¿Os marcháis?- preguntó con voz ronca. No entendía qué había podido pasar para que los jóvenes tuvieran tanta prisa por irse. Aang se acercó hasta ella susurrándole algunas cosas que Katara no consiguió escuchar. –Está bien, lo entiendo. ¡Tened cuidado y buen viaje!

Katara no comprendió como le había contado todo lo sucedido tan rápido, pero se concentró en sentarse adecuadamente en la gran montura de Appa. Aang se colocó en su sitio tras darle un último abrazo a Lenthy y entonces alzaron el vuelo.


Se pasaron un buen rato en silencio sobre el bisonte volador y según le había informado, tardarían bastante en llegar. Bajo ellos solo podía ver agua, habían ido hasta Lotis para después sobrevolar el extenso océano rumbo a la isla en la que estaba situado el Templo del Sur.

Katara volvió a recordar la conversación que tuvo con Aang antes de salir corriendo y recordó que aún se sentía dolida con él y que no tenía muchas ganas de entablar una conversación. Así que apoyando su barbilla sobre el borde de la montura de Appa, dejó caer sus brazos muertos manteniendo la mirada fija en el horizonte. A lo lejos, más allá de donde el mar y el cielo se fusionaban habría tierra, posiblemente del territorio de la nación de la tierra.

-¿Tienes hambre?- se asustó al escuchar su voz. Había estado demasiado inmersa en sus pensamientos.

-¿Qué?- preguntó, no había entendido muy bien sus palabras. Oyó a Aang suspirar, como si aquella situación tan tensa se le hiciera insoportable.

Bajó de la cabeza de Appa soltando la cuerda que tenía cada extremo anudado a uno de sus cuernos. Caminó ligeramente sobre su espalda hasta sentarse ante ella algo temeroso. Quizás le preocupaba que ella no quisiera hablar.

-Katara… creo que deberías escuchar lo que debo decirte.- comenzó, ella continuó mirando el agua y las olas. Aquello la tranquilizaba.

-Ahora no, Aang, no quiero hablar del tema.- le dijo tajante pero sin sonar demasiado brusca. En vez de eso había utilizado un tono bastante suave que podría transmitir algo de decepción.

Entonces, comenzó a preguntarse por qué aún seguía con él. No tenían ningún motivo para continuar su viaje juntos. Era cierto que ella no tenía un rumbo fijo, más bien se guiaba por un objetivo: deshacerse de Uma. Mientras tanto debía alejarse todo lo posible de aquel lugar, debía ponerse a salvo. Puede que Aang pudiera proporcionarle esa seguridad que buscaba, quizás esa era la razón por la que no había escapado durante la noche. Además, la había ayudado con el enmascarado. Aún así, Aang no le había contado toda la verdad en el momento adecuado, por eso, estaba convencida de que aunque estuviera dispuesto a decirle todo, ya no serviría para nada. Sentía dudas sobre si podría seguir confiando en él o si por el contrario guardaba más secretos que pudieran hacerle daño.

Se sobresaltó cuando Aang tomó su brazo con cuidado. A pesar de su negativa no se alejó de su sitio y estaba dispuesto a examinar su herida. Katara dejó que quitara las telas blancas que se habían teñido de color rojo por la presión de su atacante. Le daba la sensación de que tendría mal aspecto y cuando sintió el aire fresco sobre su piel abierta le escoció.

-¡Ah!- él la miró al instante asustado por si le había hecho daño. Era evidente que no estaba como al principio, no parecía infectada, pero se había vuelto a abrir. Aang se acercó hasta sus bolsas de viaje y sacó una cantimplor que contenía agua. La cogió con ambas manos y desenroscó el tapón.

-No tiene muy buena pinta. Es hora de que la trates un poco para acelerar el proceso de sanación.- le propuso.

La herida que curó de la mejilla de su compañero había sido superficial, un pequeño corte fácil de curar. Pero aquello se situaba en otro nivel diferente. Una herida que abarcaba los veinte centímetros y que era bastante profunda. No podía curarla al instante. Ni siquiera con varias sesiones utilizando su habilidad sería capaz de lograrlo. Sin embargo, si podía acelerar el proceso y en vez de dejar que tardara casi un mes en curar, podía reducir muchísimo el tiempo a unos cuantos días.

Extrajo hábilmente con su mano libre algo de agua y como pudo movió la esfera amorfa continuamente sobre la herida. El líquido transparente brilló con intensidad, era difícil llevar a cabo algo tan complejo con una sola mano. Más aún con Aang cerca observándolo todo al detalle, a pesar de haberlo visto anteriormente parecía seguir asombrándole. Dejó de centrarse en el rostro sorprendido y atento de Aang para sumergirse en la fluidez del agua y la sanación de la herida.

Cuando estuvo más de diez minutos paró y dejó que él volviera a taparla con telas limpias y secas.

-Uma me intentó engañar- soltó de repente con la mirada fija en lo que hacía. Aquella frase era certera e inevitablemente había captado su atención, posiblemente para evitar que volviera a detener sus intentos de entablar una conversación sobre lo ocurrido. Y lo había conseguido. Katara no le detuvo.

-¿A qué te refieres? No entiendo qué puedes tener que ver con él. ¿Eres su aliado? ¿Su amigo?- él la miró sorprendido negando de manera exagerada con la cabeza y terminando de atar las vendas.

Se acomodó a su lado apoyándose también en el borde de la montura y pensando en las palabras adecuadas para que ella no pudiera malinterpretarlas.

-Desde que la guerra empezó no ha dejado de venir gente de la nación de la tierra en busca de refugio. Nuestros templos están colapsados, aún así, no podemos dejar a su suerte a quien necesita ayuda. –Katara dejó de observar el mar para mirarlo a él. Tenía una mirada perdida y distante.

Había escuchado cosas acerca de la guerra aunque ella no la conociera en primera persona. En ese aspecto los habitantes del imperio del agua no habían sufrido estragos ni pesares. Pero parecía que en otras zonas, sobre todo en las conquistadas por la nación del fuego, había muerto muchísima gente. Al menos, eso era lo que les hacían creer a ellos.

-La nación del agua ha intentado diversas veces tratar de firmar un acuerdo con los monjes para ayudarlos pero en ninguna ocasión los monjes aceptaron. Ha llegado un punto en el que todo se está volviendo insostenible con los refugiados. Hay escasez de alimento y agua, no hay hogares suficientes para acoger a tantos. Los monjes de los cuatro templos tenían una reunión importante para tomar una decisión sobre los refugiados y es por eso que me mandaron a mí en su nombre para hablar con Uma.

Ella esperó a que Aang parara y la mirara a los ojos -¿a ti?- preguntó dándole a entender que era un tema complicado y realmente importante como para dejarlo en manos de alguien tan joven. Él asintió estando totalmente de acuerdo con la duda.

-Sí, yo también me lo he estado preguntando. Deben tener alguna razón. El caso es que Uma me contó que sus únicas intenciones eran detener la guerra y evitar el sufrimiento de aquellas personas. Me dijo que si los maestros del aire luchaban a su lado, estaba seguro de poder poner fin a la guerra.

-¿Y qué le dijiste?- Katara hizo un esfuerzo por callarse todo lo que en aquel momento se le pasaba por la cabeza acerca de Uma. Aang volvió a bajar la mirada.

-No supe qué hacer, así que le prometí darle una respuesta antes de cuatro días, cuando hablara con los monjes. Mi intención era confiar en él y convencer a los monjes.- ella se entristeció al ver como había caído en sus engaños con tanta facilidad. Katara sabía a la perfección lo manipulador que podía llegar a ser con tal de conseguir sus objetivos. –pero cuando estuvimos en aquél pueblo me ayudaste a darme cuenta de que estaba equivocado.

Esta vez fue ella la que bajó el rostro. Podía creer todo lo que le estaba contando, también podía ser mentira, pero en el fondo sabía que sus palabras estaban llenas de sinceridad. –es por eso que te estoy agradecido.

Le dedicó una leve sonrisa amable, la cual se disipó cuando ella volvió a formularle una nueva pregunta.

-Aquella noche… dijiste que ya me habías visto antes.- soltó dándole pie a que contara lo que en el festival no había escuchado por estar absorta en sus distintas sensaciones negativas.

-Sí, durante la noche tormentosa.- ella le negó con la cabeza y Aang comprendió que no era esa la respuesta que buscaba. Era el momento de contar también aquello y esperaba que no se enfadara. –Fue Uma quien me enseñó uno de los papeles en el que aparece tu rostro.- ella los recordaba a la perfección, un dolor punzante la atravesó al imaginarlo. -pensó que quizás podría haberme cruzado contigo en el bosque.

-¿Y por eso saliste a buscarme la noche siguiente? ¿Para llevarme a Uma?- él trató de tranquilizarla pidiéndole que no adelantara acontecimientos.

-No. Le mentí, le dije que no te había visto. Era la primera vez que mentía sin una razón de peso.- se entristeció.

-¿Ah, sí? Pues yo creo que ya lo has hecho dos veces. Me has engañado a mi.- le reprochó sin mostrar algún tipo de enfado, así que Aang no se vio alarmado por sus palabras.

-Tu caso es diferente. No te mentí, solo oculté información y cuando me preguntaste en el festival te lo conté todo. – se llevó la mano a la cabeza acariciándola y rascándose un par de veces.

-Entonces, ¿qué razón tenías para seguirme?- dijo dejando de lado los reproches absurdos. Aunque él tuviera razón tampoco quería admitirlo, además no se había molestado en escucharle cuando estuvo dispuesto a contarle todo la primera vez.

-Me sentía responsable por si realmente eras peligrosa como Uma había dicho. Aunque debo admitir que tuve suerte de dar contigo cuando volaba con Appa.

-¿Peligrosa?- casi le entró la risa de pensarlo. Aunque era cierto que le había causado daños importantes a Uma y a los soldados del día anterior pero ella solo luchaba cuando creía que era necesario.

Aang comenzó a reírse a carcajadas al ver la cara tan extraña y divertida que tenía su compañera. –esas fueron mis primeras intenciones al querer viajar contigo. Al menos hasta Lotis. Pero parece ser que nuestros caminos han tomado otro rumbo.- la miró sonriente creyendo totalmente en sus palabras.

-Puede ser…- Katara se sumergió en el brillo de sus ojos grises mientras sentía que la desconfianza desaparecía poco a poco dando paso a una posible amistad. No quería reconocer que desde un principio Aang le había dado una buena impresión y que a pesar de haberle ocultado esa información no podía guardarle ningún tipo de rencor.

-Bueno, pues ahora es su turno, señorita.- Katara mostró una expresión asustada. Con aquella conversación, de alguna manera habían terminado rompiendo el fino muro de cristal que los separaba en lo que llevaban de viaje. Ahora podían entenderse mejor. Katara apartó su mirada a otro lado. Aquel tema que tanto daño le había hecho y todo el dolor que guardaba… no estaba preparada para recordarlo al detalle. Mucho menos para sacarlo a la luz ante otra persona. -¿Por qué huyes del imperio del agua?.

Ella negó con la cabeza levantándose lentamente. Aang comprendió al instante su negativa y le entristeció bastante saber que ella aún no estaba dispuesta a contarle cosas un poco más personales sobre su vida. Tenía verdadera curiosidad, pero el monje Gyatso le había enseñado a ser paciente y aunque le costó muchos meses dominar la paciencia ahora era todo un experto.

-Aang… ¿q-qué es eso de allí?- Katara susurró con un hilillo de voz. Estaba absorta ante algo que sus ojos captaban a espaldas de él. Su compañero se giró de inmediato alarmado y sus ojos se abrieron tanto que Katara temió que se le salieran en cualquier momento.

-Es… el templo…

Ambos contemplaron durante unos cuantos segundos las enormes humaredas que llegaban hasta el cielo. Desde aquella distancia no podían distinguir con claridad las llamas del fuego pero era evidente que algo grave sucedía allí.

Cuando reaccionó, Aang se colocó rápidamente sobre la cabeza de Appa y lo animó continuamente para que se diera más prisa en llegar. Estaban a escasos quince minutos del lugar y a medida que se acercaban el espectáculo ante sus ojos los asombraba más y más.

Katara dejó todas sus cosas recogidas en un rincón. Después, se colocó ambas cantimploras; la suya y la de Aang, alrededor de la cintura. Tenía el presentimiento de que quizás las necesitaría, aunque se sentía más tranquila al saber que la isla estaba rodeada de agua.

No supo qué decir en aquel momento, Aang parecía completamente ido, aunque ella podía entender más o menos como debía sentirse al ver que algo malo le estaba sucediendo a su gente, a sus amigos y familia.

Se prepararon para aterrizar cuanto antes sobre una de las múltiples plataformas que salían de las rocas. Las había de distintos niveles. Katara aprovechó para observar con atención las enormes torres que estaban envueltas en humo. A pesar de los destrozos, no veían a nadie por allí. Appa tomó tierra en un pequeño patio con una escalera que permitía subir hasta el borde del acantilado. Ante ellos tenían un puente que se había roto y del que salía fuego.

Aang tomó tierra con agilidad y Katara pegó un salto desde el lomo de Appa para situarse junto a él. Caminaron recorriendo diferentes zonas y observando que cada una de ellas se encontraba en peor estado que la anterior. Quien fuera que hubiera hecho aquello había tenido intención de causar el mayor destrozo posible. Era imposible que aquello tuviera algo que ver con los maestros del aire y tampoco imaginaban quien podría haberlo hecho. Aunque a Katara le venía un nombre a la mente: Uma.

Poco a poco y con cuidado de no pisar demasiado en las zonas del suelo que estaban agrietadas, Aang la guió hasta el templo principal en el que vivían los monjes y maestros del aire y también el lugar donde les enseñaban las diferentes técnicas. Alarmado, corrió al tiempo que sus manos temblaban exageradamente. Se temía que hubiera ocurrido lo peor.

No había rastro de acólitos, monjes o aprendices como Aang. Ni siquiera los lémures o bisontes voladores, que convivían con ellos, permanecían allí. La vegetación ardía provocando que las llamas se extendieran y quemaran más terreno a medida que los minutos pasaban. Katara ayudó a Aang a apagar las llamas que se iban encontrando, aunque no disponían del tiempo suficiente para disolverlas todas.

Se paró ante las grandes puertas del interior del templo, aquella era la sala a la que nunca antes habían dejado penetrar a nadie. Según le habían contado sus compañeros, ni siquiera los monjes comunes o maestros del aire podían entrar. Pero ahora ya no estaban allí, no había nadie. Aang trató de empujarla con todas sus fuerzas esperando que se moviera, pero no ocurrió. En vez de eso, algunas voces les llamaron la atención en el exterior.

Katara salió de inmediato para averiguar quiénes eran, Aang se paró tras ella sorprendido. Los uniformes de aquellos soldados eran rojos como el fuego, ardientes y salvajes. Dispuestos a destruir todo a su paso. Así era como funcionaban las cosas en la nación del fuego. Ellos eran los culpables de lo que había sucedido.

-¿¡Qué hacéis aquí!? ¿Qué ha pasado?- gritó Aang transmitiendo enfado y nerviosismo en sus palabras. A Katara le dio la sensación de que en cualquier momento perdería el control.

-¿De dónde habéis salido vosotros?- preguntó uno de los soldados juguetón. Aquel chaval parecía fuera de sus cabales. –creíamos que no había nadie aquí.

-Habéis… habéis destruido el templo- se paró unos instantes -¿Dónde está toda la gente?

-Oye, chaval, será mejor que te tranquilices un poco si no quieres que te demos una lección.- Katara le tocó el brazo con suavidad indicándole que tratara de bajar el tono de voz. De lo contrario no lograrían averiguar qué era lo que había sucedido. –así me gusta.

El otro de los soldados comenzó a acercarse lentamente –tú pareces ser de aquí, mocoso. Vendrás con nosotros y tu amiguita también.

Katara se dio cuenta de que no tendrían ocasión de sacarles información, al menos, no sin luchar. Le hizo una seña a Aang para que se mantuviera atrás mientras trataba de calmarse y volver a respirar con tranquilidad, aunque no lo conseguía. Ella le daría algo de tiempo. Aang no estuvo de acuerdo con aquello pero su cuerpo no reaccionaba y no pudo detener a su compañera cuando se le adelantó totalmente dispuesta a encargarse de todo. Aang era consciente de que Katara todavía no se había recuperado de su herida y que seguramente no le traería nada bueno involucrarse en una pelea. Sin embargo, por mucho que lo intentó sus piernas no se movieron.

Los dos soldados comprendieron al instante sus motivos y se dedicaron una gran sonrisa triunfante, estaban convencidos de que aquellos críos no tenían nada que hacer contra dos grandes maestros del fuego.

-Está bien, vendréis a la fuerza- tras su última palabra dio una voltereta de lado alzando su puño al frente en dirección a Katara. De su puño salió una gran llama abrasadora dispuesta a convertirla en cenizas. Ella reaccionó al instante sacando agua de sus cantimploras y apagando las vivas llamas. Entonces, el segundo soldado apareció por uno de sus costados lanzándole otro ataque igual de intenso. Katara tuvo que tirarse al suelo para evitar que la alcanzara, notó el calor realmente cerca de su rostro.

Los soldados rieron, Aang en cambio, gritó con fuerza su nombre. No podía mantener sus manos relajadas, temblaban exageradamente. Tenía una mezcla de sentimientos negativos, pensar que todas aquellas personas con las que había compartido tanto ya no se encontraban con él le hacía sentirse realmente desgraciado. Además, su hogar estaba siendo destruido y no era capaz de canalizar su propio elemento. Se sentía pesado y no encontraba la ligereza que requería el aire para ser utilizado.

-¿Creías que esto sería un juego?- le dijo el otro soldado sonriendo. Se acercó a ella hasta situarse a unos pocos metros. Katara se levantó rodando hacia atrás y acercándose peligrosamente al borde de la plataforma del templo. –ahora, vendrás con nosotros.

Se quedó quieta unos instantes, necesitaba que Aang hiciera algo cuanto antes, le había proporcionado el tiempo suficiente para calmarse. Ya no podía aguantar más. Esperó hasta el último instante, cuando el soldado se encontró lo suficientemente cerca. Cogió el agua del océano que quedaba a su espalda y lo lanzó con fuerza estrellándola contra su costado y apartándolo inmediatamente de su camino. Sin embargo, cuando se deshizo de él unas cuantas bolas de fuego aparecieron ante ella e impactaron de lleno contra su cuerpo. Katara fue lanzada unos metros atrás hasta que sus pies no lograron tocar tierra firme, pero tuvo la suerte de agarrarse al borde del acantilado.

-¡Aang! ¡No podré aguantar más!- miró hacia arriba. En circunstancias normales habría podido con su propio peso y no tendría problemas para volver a subir pero su brazo seguía dolorido. Además, temía que la herida se volvería a abrir después de aquello. Corría la suerte de poder controlar el elemento del agua, por lo tanto, si caía al agua no le supondría graves problemas, pero eso no significaba que no pudiera hacerse daño. La altura desde allí era de más de cincuenta metros.

La cara sonriente del soldado vestido de rojo asomó ante ella enseñándole su bota acabada en punta. Tenía intención de pisar su mano o eso era lo que le daba a entender, quizás ya no le interesara llevársela con ellos. -¿tu amigo no sabe luchar? seguro que es uno de esos acólitos inútiles que únicamente se dedican a mantener la cultura pero que no son capaces de controlar el elemento del aire. No sirven para nada. Supongo que estaba equivocado en querer llevaros con nosotros. Será mejor deshacernos de vosotros aquí mismo.

Entonces, una fuerte brisa impulsó al hombre lejos de Katara haciendo que cayera al océano. Katara sintió la mano de Aang sujetar su brazo bueno y alzarla como si de una pluma se tratase. Ella lo miró agradecida por haber reaccionado justo a tiempo, pero entonces un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Aquel no parecía su compañero, estaba ligeramente distinto. Los tatuajes sobre su cuerpo adquirían un brillante color azul casi blanco y su mirada estaba totalmente perdida, lejos de allí. A su alrededor se levantaba demasiado viento.

Katara trató de agarrar su mano para obligarlo a mirarla a la cara pero entonces salió corriendo hasta la entrada del templo. Se detuvo un instante antes de entrar para lanzar un fuerte ataque tras ella. El soldado del que Katara se había deshecho se había acercado silenciosamente hasta ellos sin éxito. Lo observó atentamente, lo que en un principio pareció una fuerte brisa cortante se había transformado en grueso hielo que había paralizado por completo al soldado. Se encontraba pegado en la pared con todo su cuerpo congelado a excepción de la cabeza.

Katara se giró sorprendida, Aang ya no estaba ante ella, así que corrió nuevamente tras él. Cuando se introdujo en el interior lo encontró parado ante la gran puerta que minutos antes trató de abrir. Un aura azulada lo envolvió recogiendo más y más aire que giró en torno a él y que provocó que se alzara en el aire. Después, automáticamente lanzó una fuerte ráfaga de aire frio que impactó contra la puerta, y que tras activar el mecanismo de unas piezas parecidas a trompetas con diversos tubos, se abrió.

Entonces, Aang volvió a bajar hasta el suelo y con sus tatuajes aún brillando intensamente comenzó a caminar al interior de la sala donde un aire pesado lo golpeó.


¡Holaaaa! Siento muchísimo la tardanza. La verdad es que el capítulo lo tenía casi a punto para subirlo cuando tocaba pero tenía una buena excusa para dejarlo un pelín de lado: un examen.

He tenido que estudiar bastante para dedicarle este tiempo al examen, y encima el atrasarme en subir el capítulo no ha servido de nada porque no he podido aprobarlo -.-

Así que no volveré a hacerlo, ¡lo prometo! Últimamente ando un poco desmotivada pero conseguiré sacar los capítulos a tiempo. Ahora que ya llegan las navidades, aunque tengo que preparar los exámenes de Enero, estoy segura de que podré seguir subiendo un nuevo capítulo cada domingo. Ya tengo más tiempo libre así que no tendría ninguna excusa para atrasarme jajajaja.

También empezaré a pasarme otra vez a leer fics y comentar que ya lo echo de menos :P

Con esto, ¡os deseo unas felices fiestas y nos vemos en el próximo capítulo!