¡Hola! Antes que nada me gustaría agradecer por los follows, los favs, y por supuesto, las reviews. Espero que os vaya gustando esta historia a medida que avance. Sin más, aquí el segundo capítulo :)
Confusión
2
Emma había entrado en la consulta después de dos suaves toques a la puerta y un simple "adelante", que la hizo encontrarse ante un hombre bajito, apoyado en su bastón. Un escalofrío que la había recorrido antes de entrar volvía a hacer acto de presencia. El hombre sonrió, y esto solo hizo que la situación empeorase.
Su sonrisa era completamente aterradora, tétrica, siniestra, y Emma se planteó darse la vuelta y volver por donde había venido. Si no necesitara recordar, habría salido corriendo sin mirar atrás. La rubia se rió de sus propios pensamientos y respiró hondo, no iba a ser para tanto. Sólo era un médico, todo saldría bien, la ayudaría y ella recuperaría su memoria.
- Buenos días, señorita Swan. Siéntese, por favor, y cuénteme qué le ocurre.
Emma comenzó a relatarle al pequeño hombre lo que le ocurría sin entrar en detalles. Este atendía y le preguntaba de vez en cuando, animándola a continuar. Parecía bastante interesado en su caso, que había catalogado como "bastante particular". Emma dudaba si contarle lo de las voces que había escuchado, pero en cuanto quiso hacerlo, un grito resonó fuertemente en su mente, creando en su cara una mueca de dolor que la hizo presionarse la cabeza con las dos manos.
"¡Emma, no puedes confiar en él!"
Estaba cada vez más confundida. ¿De dónde provenía esa voz? ¿Por qué le pasaba a ella? ¿Serían alucinaciones? Al parecer, se había quedado un largo rato callada, y completamente evadida del mundo, puesto que el psiquiatra repetía su nombre una y otra vez, tratando de sacarla de su ensoñación.
- ¿Emma? Señorita Swan, ¿se encuentra bien?
- Sí. Tan solo son…dolores de cabeza.
- ¿Le suelen ocurrir muy a menudo?
- No. Son breves, y no me ocurren repetidamente. Pero son…bastante intensos. – mintió. Aquella voz no le provocaba ningún dolor, solo más confusión. Y por algún extraño motivo, sabía que debía confiar en ella.
- Está bien. Ha sido bastante por hoy. Hemos terminado. – finalizó Mr. Gold sonriendo. Otra vez esa escalofriante sonrisa.
- Bien. ¿Qué es lo que me pasa?
- Oh, señorita Swan. Estaré encantado de darle el diagnóstico la próxima vez que pase por aquí.
-x-
Emma Swan no estaba de buen humor. ¡Pero quién se creía aquel médico! Ella le había contado sus problemas y ¿no podía hacerle ni un diagnóstico mínimo en la primera sesión? Había tenido ganas de darle un puñetazo en la cara, de insultarle, o incluso de golpearlo con su propio bastón, pero se había contenido. Y lo peor es que, al preguntar el precio de las sesiones posteriores, le había indicado unas cifras tan desorbitadas que, estaba segura, no podría pagar en la vida. Se creía que iba a volver. Emma Swan solucionaría su problema por sí misma, no le haría falta ningún psiquiatra. Maldito hombrecillo… y todavía había tenido la cara de despedirse con un "Encantado de conocerla. En cuanto reúna el dinero, estaré encantado de volver a verla por aquí."
Volvió a pasar por el bar de Ruby en el camino de vuelta, pero estaba tan enfadada que no se paró. Ni siquiera dirigió una mirada al lugar, no quería encontrarse con nadie. Solo quería volver a la cama y descansar. Por la tarde Henry volvería y con él, sus labores como madre. Y tendría que estar preparada para cumplir con ellas.
Extrañamente, esta vez el sueño la venció bastante rápido. Morfeo la atrapó en cuestión de segundos y pudo tener algo de paz. Una paz que fue bastante breve, ya que acabó con un sueño lleno de imágenes sin sentido, o voces que la nombraban, la llamaban, incluso le gritaban. De repente, Emma sintió que se estaba ahogando, que se quedaba sin respiración. Intentaba gritar, pero no le salía la voz. Sus cuerdas vocales no le permitían emitir ningún sonido, y se sentía desfallecer. Entonces, comenzó a oír una voz lejana, que cada vez se hacía más fuerte.
"¡Mamá! ¡Mamá! ¡MAMÁ! ¡Despierta!"
- ¡REGINA!
Un Henry preocupado suspiró frente a ella. Emma se había despertado sobresaltada, y se encontraba sentada en medio de la cama hiperventilando, temblorosa, y con el corazón latiéndole a un ritmo vertiginoso. No sabía qué le había pasado, no se acordaba de su sueño, solo… le venían imágenes inconexas e incoherentes a la cabeza.
- ¿Qué te ha pasado, mamá? ¿Te encuentras bien?
- Sí, Henry. Siento haberte asustado, solo estaba teniendo una pesadilla. Lo siento.
- Está bien, cálmate, por favor. – Le dijo el niño agarrando su mano. – Estás temblando.
- Ahora se me pasa. Tu madre es fuerte, chico. O lo será… - dijo algo confusa.
- Lo sé. ¿Quién es Regina?
- ¿Regina?
- Has gritado su nombre en cuanto te has despertado.
- Yo… no lo sé. Quizás tenga algo que ver con mi pesadilla. Estoy segura de que solo es una tontería. Mejor, ¿por qué no me cuentas qué tal te ha ido el cole?
Emma no podía mentirse a sí misma. No se le iba a pasar. No entendía nada. Todo lo que estaba pasando era demasiado extraño. Quizás sí que necesitaba un médico. Y quizás, el único que tuviera las respuestas fuera aquel Mr. Gold.
-x-
15 de septiembre
Reincorporarse al trabajo le resultó más sencillo de lo que pensaba. Henry y Ruby habían insistido en acompañarla, y ella no opuso ninguna resistencia, estaba encantada. Así no sospecharían nada. Así, ella podía saber cuál era su trabajo sin necesidad de hacer alguna pregunta. Así, todo era más fácil.
Debía habérselo imaginado en cuanto se puso el uniforme, pero la realidad era que no tenía ni idea de a qué se dedicaba, así que fue toda una sorpresa cuando descubrió que era cajera en un supermercado. "¿A qué se dedica, señorita Swan? ¿Tiene trabajo?", resonó en su cabeza. "Soy cajera, y cállate ya", respondió ella a la voz de su mente.
Otra de las sorpresas que se llevó ese día fue la pequeña fiesta que le hicieron sus compañeras y compañeros de trabajo en cuanto llegó. Un cartel de "Bienvenida, Emma" adornaba el local, y Mary Margaret le había preparado una tarta. La rubia agradeció enormemente el hecho de que todos llevasen el uniforme, con su placa identificativa.
- ¡Estamos muy contentos de que por fin hayas vuelto, Emma! Te echábamos de menos. – Mary Margaret, la de la tarta, había sido la primera en recibirla con un fuerte abrazo. Después habían llegado las bienvenidas de Elsa, August y Rose – a esta última, a los pocos minutos descubrió que todos la llamaban Tink-.
El día fue bastante ameno, todos estaban pendientes de ella y aunque podía resultar un poco agobiante a ratos, no dejaba de agradecer a sus compañeros su preocupación. Parece ser que todos se llevaban bastante bien, en general.
-x-
17 de septiembre
La voz no había vuelto a molestarla. Emma hacía su vida normalmente, como buenamente podía. Por las mañanas desayunaba con Henry, siempre acompañados de un buen chocolate con canela, para después acompañarlo hasta el autobús, y después se marchaba al trabajo, no sin antes pasar por la cafetería y saludar a Ruby, que le tenía preparados 5 cafés, para ella y sus compañeros.
Siendo sincera consigo misma, la rubia se sentía bastante bien así. Llevaba dos días y medio sin que ocurriera algún suceso paranormal en su vida, y podría acostumbrarse a ello bastante rápido. Sin embargo, sentía que le faltaba algo. No sabía el qué – aparte de su memoria-, pero había un vacío en su interior que no la dejaba tranquila.
"Mi nombre es Emma Swan y soy cajera en un supermercado. Tengo un hijo que se llama Henry, una amiga llamada Ruby, y unos compañeros de trabajo estupendos. ¿Qué más puedo pedir?"
Emma se repitió estas palabras durante su camino al trabajo. Como quedaba relativamente cerca, dejó el coche aparcado en su lugar, con la esperanza de atreverse a conducirlo otro día. Por el momento, parecía que caminar le hacía bien. Al llegar entregó cada café a su dueño y la jornada laboral comenzó minutos después.
No era el trabajo más divertido del mundo, pero por lo menos se entretenía hablando con los demás o atendiendo a los clientes, como también de vez en cuando recolocando artículos en los lineales. Además, ese día estaba especialmente contenta porque había quedado con Henry en ir a tomar unos helados por la tarde. Era una estrategia para conocer más la ciudad y a su hijo, y se aplaudió a sí misma en cuanto se le ocurrió.
En cuanto llegó a casa después del trabajo, la tarde comenzó a torcerse. "Bueno, parece que pasamos del cartel de Dos días sin accidentes a Cero", pensó Emma, decidida a mantener el buen humor con el que había empezado el día. La habían llamado del colegio para una reunión de padres, y ella casi se había quedado en blanco. Torpemente había podido salir del paso, pero estaba segura de que la profesora de su hijo la estaría odiando en ese momento.
Pero lo peor, ocurrió con la siguiente llamada que recibió.
- ¿Hablo con Emma Swan? – se oyó desde una voz femenina al otro lado del auricular.
- Sí, soy yo. ¿Qué ocurre?
- La llamo desde el Hospital Psiquiátrico y Mental True North. Lamento comunicarle que no podemos atender más a su paciente. No puede permitirse pagar más mensualidades.
- ¿Cómo?
- Lo siento. Por favor, pase por aquí esta tarde.
¿Paciente? ¿Hospital mental? La mujer colgó antes de que Emma pudiese hacer alguna otra pregunta. ¿A quién tenía ella en un psiquiátrico?
"A la que deben meter ahí dentro es a mí, porque esto no es normal", pensó antes de dirigirse hacia el coche para recoger a quien quiera que fuese de ese lugar. Al menos tenía una oportunidad para conducir.
