¡Holaaaaa! He reaparecido con un capítulo que espero que os guste. Gracias por vuestros comentarios y espero que sigáis diciéndome lo que opináis y que disfrutéis del fanfic. A leer! :)
Confusión
7
24 de octubre
Muy temprano
Emma revolvía su café enérgicamente, mientras su pierna derecha no paraba de moverse y dar golpecitos contra el suelo. Estaba nerviosa, había tenido una idea y quería irse pronto, pero Regina aún no había despertado y no quería molestarla. Se había despedido de Henry minutos atrás, quien se sorprendió enormemente cuando le dijo que podía marcharse solo hacia el autobús. Ah, y el detalle más importante. Llevaba puesto el collar.
- ¿Emma? Por dios, ¿quieres decirme qué haces despierta tan temprano? Tienes el día libre.
- He pensado en algo.
Regina solo había asomado la mitad de su cuerpo desde el pasillo, pero en cuanto escuchó a Emma se dirigió hacia ella, y la rubia reparó en que era la primera vez que la veía en pijama. Estaba todavía adormilada, se restregaba los ojos con apenas cuidado y su pelo… no sabría cómo describir su pelo. Regina siempre salía de su habitación perfectamente vestida y peinada, sin un pelo fuera de su sitio. Era elegante incluso cuando no intentaba serlo, y a veces llegaba a intimidarla. Pero en ese momento solo era Regina, somnolienta, en pijama.
- ¿Qué has pensado? – se quedó en silencio un momento, sacudió la cabeza y volvió a hablar. – Espera, ¿Henry sigue aquí?
- No, ya se ha ido al colegio.
- ¿Y lo has dejado irse solo?
- Ya tiene 13 años, y hoy no es el mejor día para que su madre, que está loca, lo acompañe. – suspiró Emma.
- No estás loca, Emma. Sólo… has salido de un accidente, han sucedido cosas extrañas y… - quería continuar, pero no pudo – dios mío, quizás las dos estamos locas. Bueno, dime qué has pensado.
La rubia intentó contener la sonrisa, pero no pudo evitarlo. Quizás sí estaban locas, aunque ella creía con todas sus fuerzas que no. Lo presentía. Algo raro ocurría, y ella lo iba a descubrir.
- Verás… necesito tu ayuda. Dime, ¿recuerdas a alguien del psiquiátrico? Alguien con quien hablaras normalmente, o que te hiciera compañía. Regina, es importante, intenta hacer memoria por favor.
- Emma, no querrás… - la morena se quedó a mitad de la frase, pues la rubia prácticamente le rogaba con los ojos. – Está bien, no sé cómo vamos a hacer esto, pero sí que hablaba con alguien.
Emma la vio suspirar, así que se levantó a prepararle un café también a ella mientras se preparaba para contar lo que sea que le fuese a decir. Mientras se hacía, se dedicó a observarla, y a cada segundo que pasaba se arrepentía más de haberle preguntado aquello. No estaba pensando en Regina, seguramente lo habría pasado mal en ese horrible lugar y ella no estaba haciendo otra cosa que recordárselo.
- Escucha Regina, si no quieres hablar lo entiendo. Siento mucho habértelo pregun… - se quedó callada en cuanto la morena la interrumpió, empezando con su historia.
Emma volvió a la mesa y le pasó el café a Regina en silencio mientras esta relataba.
- Tengo… recuerdos confusos, así que no estoy segura de en qué orden pasaron, o si realmente pasó, o si me lo estoy imaginando. Emma. – le lanzó una mirada profunda, directamente a los ojos, que hizo a la rubia estremecerse. Podía leer el dolor y la confusión en los ojos de la morena, y antes de que pudiese decir algo, ella continuó. – Había… una mujer. Hablábamos todos los días, ella creía que yo era su hermana. – sonrió de medio lado, pero era una sonrisa triste. – Recuerdo… era… agradable, supongo. – Regina se tocó la cabeza en señal de dolor, lo que alertó a Emma. – No recuerdo mucho, pero… - una pausa y una mueca de dolor - su nombre – otra pausa, y otra mueca – su nombre… era Zelena.
Por fortuna, la rubia se había levantado de su sitio y se había acercado a la otra mujer antes de que se desmayara, y así pudo evitar que se desplomase contra el suelo. La había hecho forzarse mucho, y se sentía culpable. La llevó hasta el sofá y antes de que le diera tiempo a ir por algo en el botiquín para despertarla, Regina comenzó a recobrar la conciencia.
- ¡Regina! ¿Te encuentras bien?
-x-
Iba a matar a Ruby. Emma iba a matar a su amiga y no iba a sentir ningún tipo de pena o arrepentimiento. Iba a acabar con ella, pero solo si no la mataba a ella antes. Nada más abrir el coche – que raramente ya estaba abierto – se la encontró a ella, lo que la hizo dar un salto hacia atrás y llevarse las manos al pecho.
- ¡Ruby! ¿Qué demonios estás haciendo aquí?
- Lo siento, Em. – se disculpó su amiga. – Anoche te dejaste las llaves en el bar y esta mañana mi abuela quería que limpiase todo el desastre de la fiesta, así que me escondí aquí. – terminó su explicación con una sonrisa inocente, y luego miró detrás de Emma. – Ah, hola Regina.
La morena la saludó y Emma continuó con su reprimenda unos minutos más, para después arrancar el coche y hundirse en un silencio sepulcral durante todo el viaje. Había dejado que Ruby las acompañara, pese a que intentó convencerla de lo contrario. Su amiga era muy insistente y demasiado cabezota, así que se rindió y aceptó su presencia.
- ¿A dónde vamos, Em?
- A True North… es un hospital psiquiátrico, tengo que hacer una visita.
Esa fue la única conversación que se dio en el trayecto. Afortunadamente había sido más corto que la última vez, pues Emma no se perdió y parecía que el tráfico era menor por las mañanas. La rubia lanzaba miradas intermitentes a Regina, que parecía ponerse más nerviosa a medida que se acercaban a su destino. Sin pensarlo, en un momento Emma tomó su mano y la apretó en señal de tranquilidad, sin importarle que Ruby, desde el asiento de atrás, lo estuviera viendo absolutamente todo. Entonces sucedió.
"Señorita Swan, quizás debería quitarme las manos de encima."
Emma se sobresaltó, y soltó la mano de Regina como si quemase. Dio un giro brusco al volante y luego otro, hasta que finalmente consiguió estabilizar el coche de nuevo. Regina no había dicho eso. Lo sabía, la había mirado y tenía la boca cerrada. Solo le había lanzado una pequeña sonrisa en agradecimiento por el gesto. Esa voz provenía de su cabeza, otra vez.
Intentó concentrarse en la carretera y cuando se dio cuenta, ya habían llegado.
- Bueno, ¿cuál es el plan? – preguntó Ruby sonriendo, tratando de romper la tensión que se había creado, pues ninguna de las dos decía nada.
- Yo… entraré a hacer la visita. – dijo Regina. – A mí me conoce, será más fácil.
- Tú no vas a entrar ahí Regina, no de nuevo. – la contradijo Emma. – Iré yo.
- A ti ya te han visto. Van a sospechar. – Insistió la morena.
- Y si entras tú, ¿crees que no lo harán?
La cabeza de Ruby iba de una mujer a otra, como si estuviera en un partido de tenis. Como no se iban a poner de acuerdo o eso presentía, tomó la iniciativa.
- Ey, a mí no me conocen. Yo puedo entrar. Solo tenéis que decirme qué debo hacer.
Emma y Regina la miraron a la vez. ¿Podría hacerlo Ruby realmente? Se miraron por un momento y asintieron.
- Está bien. –comenzó Regina. – Sólo tienes que entrar ahí y preguntar por Zelena. Es una mujer pelirroja. Cuando estés con ella, dile que vas de mi parte.
- ¿Qué es lo que queremos exactamente?
- No lo sé. Sólo… esperemos que te diga algo que nos sirva. – intervino Emma.
-x-
Llevaban media hora esperando a Ruby, y ninguna había dicho una sola palabra. Se dedicaban a mirar por la ventana del coche, cada una por su lado, evitando cualquier contacto tanto visual como físico. Pero Emma no se sentía cómoda así. Quería mirar a Regina, quería que ella la mirara también, y quería hablar con ella.
- Entonces… ¿cómo llevas esto de volver a subirte a mi coche? – comenzó, con una sonrisa. – No es lo mejor del mundo, pero funciona.
- ¿Eso es lo único que se te ocurre? – suspiró Regina. – No importa tu coche ya. Espero que Ruby no tarde mucho. Me está empezando a preocupar. Tal vez no debíamos haber metido a tu amiga en esto.
- Yo también estoy preocupada por ella. Si no sale en 15 minutos más, entraré. – volvieron a quedar en silencio – Regina…
- Te has puesto el collar. – dijo la morena, sin hacerle caso a Emma. – Te queda bien. Encaja contigo.
-Yo, eh… sí. Me gusta mucho. Gracias, Regina.
- ¿De verdad esperas encontrar alguna respuesta?
- No. Pero hay que intentarlo. Me siento demasiado perdida, y… no sé si voy a poder seguir con esto. – Emma descargó todo el aire que había contenido sin darse cuenta, y se dejó caer en el sillón del coche.
- Emma, yo… no soy de esas personas que suelen tener esperanza, o… que dicen que todo saldrá bien porque lo piensan, más bien todo lo contrario. Pero por una vez, a lo mejor solo… el destino nos ha unido para que nos ayudemos.
Emma sonrió. Con unas simples palabras, Regina había conseguido que se sintiera mejor. Quizás tenía razón y debía dejar esa absurda búsqueda. Pero estaba lo de su voz. Sus sueños. Sus no-recuerdos. Todas aquellas cosas que no podía dejar pasar.
- Mira, yo… me gustaría poder despreocuparme de todo esto, pero… - miró hacia delante y frunció el ceño, para después aliviar su expresión rápidamente. – Es Ruby. Ya ha salido.
Ruby se dirigió al coche con paso ligero, parecía preocupada, o que había descubierto algo, o… simplemente triste porque no había descubierto nada.
- Antes de que me preguntéis, no he podido pasar apenas tiempo con Zelena, me han hecho muchísimas preguntas y he tenido que mentirles más que nunca en mi vida. Pero los diez minutos que he pasado con ella han sido productivos, tengo algo.
- ¿Qué es lo que tienes? – preguntó Regina, y Emma reconoció la esperanza en sus ojos. ¿No era ella pesimista acaso?
- Hay…un diario. Te lo dejaste allí cuando te fuiste. Espera… ¿estuviste ingresada ahí? No importa. – sacudió la cabeza – No he podido llevármelo porque nos estaban vigilando, pero le he dado la dirección. Dice que me lo va a enviar.
-x-
El viaje de vuelta fue más ameno, aunque también fue silencioso. Solo que esta vez no existía la tensión cortante de antes. Esta vez era solo silencio, un silencio cómodo en el que se podían percibir muchas cosas. En primer lugar, agradecimiento hacia Ruby, quien sonreía por haberse sentido útil. En segundo lugar, la complicidad entre Emma y Regina. Y se podía percibir algo más, sólo que ninguna de las tres en ese momento sabía lo que era. Puede ser que la camarera lo sospechara, pero ninguna de las otras dos mujeres se lo imaginaba.
- Bueno Em – comenzó Ruby al llegar –, creo que es hora de afrontar mis responsabilidades. Me ha gustado la aventura de hoy, invitadme a más.
- Gracias a ti, Ruby. – respondió Emma. – Nos has ayudado mucho. Quizás algún día te expliquemos qué es lo que buscábamos.
- No te preocupes, tendré paciencia. – sonrió. – Ah, y me alegro de que te hayas atrevido a ir conduciendo hasta allí.
- ¿Por qué lo dices? – preguntó la rubia confundida. - ¿Tiene algo de especial esa zona de la ciudad?
- Oh, ¿no lo recuerdas? Poco antes de llegar al psiquiátrico fue donde te encontraron. Allí tuviste el accidente, Emma. Has sido muy valiente para volver.
Hicieron falta unos segundos para que el cerebro de la rubia se pusiera a trabajar. Allí, en esa calle, ella había chocado. Frente al hospital. No podía existir tanta casualidad, tenía que estar buscándola. Ese accidente tuvo que haber sido provocado para que no pudiese encontrar a Regina.
"Emma, no lo hagas."
