Hola! He tardado bastante (otra vez) en actualizar pero por fin he conseguido escribir este capítulo. Gracias infinitas por vuestras reviews, follows y favs y espero que disfruteís del capítulo. Gracias por leer! :)


Confusión

15

1 de Febrero (continuación)

Storybrooke era un pueblo extraño. Habían vuelto a por el coche para recorrer aquella pequeña ciudad más cómodamente. Y todo lo que se veía eran edificios desgastados por el paso del tiempo. No había rastro de vida por allí desde hacía meses. Un curioso pueblo abandonado, pensó Emma. Pero era más que eso. Muchísimo más. Y cuando tuviera sus recuerdos de vuelta, lo sabría.

Pararon frente a una cafetería que inevitablemente le recordó a la de Ruby y su abuela. Era…simplemente la esencia de la misma, y cuando entraron no pudo evitar imaginárselas trabajando allí dentro.

- Bienvenida a Granny's. – dijo Regina, con una sonrisa. – Aquí celebrábamos todas las fiestas. He perdido la cuenta de todas las que hemos hecho.

- ¿Así que ahora actúas de guía turística? – preguntó Emma, bromeando. El que estuviese confundida no impedía que disfrutara de las explicaciones de la morena.

- Hasta que recuperes la memoria. ¿Quieres ver más? – preguntó y la rubia asintió. – Podemos dar un paseo.

Salieron de Granny's y por un momento Regina se quedó observando la cara de Emma. Confusa, estaba claro. Pero todo se arreglaría, o eso esperaba. Era un poco frustrante recordarlo todo y que Emma no lo hiciera. Al menos disfrutaría de pasar un rato con Emma por el pueblo.

- Puedes hacerme todas las preguntas que quieras. – insistió Regina, mientras paseaban por la calle principal con destino a la biblioteca. Emma la había tomado de la mano para sentirse más segura, lo que la morena también agradecía.

- En tu diario hablabas de magia, maldiciones…y de mis padres. ¿Los conoces?

- Claro. Me han dado más dolores de cabeza de los que crees, durante muchos años. Y tú también los conoces. Sólo que no te acuerdas.

Emma intentó juntar trozos entre lo que había leído en el diario de Regina y lo que le explicaba, pero no hallaba ninguna conexión – o ninguna buena explicación – y eso solo la confundía más. Cuando llegaron a la biblioteca se quedó unos segundos admirando la torre de aquel reloj.

- ¿No te estimula los recuerdos? – preguntó Regina esperanzada.

- No. – respondió Emma simplemente.

Regina lo estaba intentando. Y le había prometido a Henry que no se desesperaría, pero le resultaba muy difícil. Tampoco quería hacer sufrir a la rubia, que bastante se estaba esforzando escuchándola e intentando atar cabos. Pero todo lo que había leído seguía sin tener explicación lógica, Regina lo sabía. Se estaba enfrentando a casi la misma Emma escéptica que llegó a Storybrooke la primera vez.

- ¿Quiénes son mis padres? – preguntó Emma, aquel asunto la tenía intrigada.

Regina dudó un momento entre si decírselo o no, pero nada perdía con ello.

- David y Mary Margaret. Cuando recuperen sus recuerdos y se enteren de que tu padre me ha besado va a ser muy divertido. Casi tanto como el día que se enteraron que estábamos juntas. – contó con una risita.

- Pero ellos…tienen la misma edad que yo. No lo entiendo Regina, todo es muy raro.

Regina se paró en seco, colocándose frente a Emma y acariciando sus mejillas con ambas manos.

- Lo sé. Pero lo entenderás. Te lo prometo.

-x-

Su paseo por el pueblo continuaba, esta vez se dirigían a la casa donde la rubia había vivido con sus padres. Regina había odiado ese edificio desde el primer día en que Storybrooke apareció allí. Por la sencilla razón de que Mary Margaret vivía allí. Sin embargo, con el paso del tiempo – y las numerosas veces que había pasado en aquella casa- su opinión había ido cambiando, hasta el punto de sentir nostalgia cuando entró.

Se movía con comodidad por aquel piso, segura, como si siempre hubiera estado allí, pensó Emma.

"¿Estás preparada para nuestra primera cita oficial?", escuchó. Aquello era un recuerdo, lo sabía. De un momento a otro, imágenes pasaron rápidamente por su cabeza, imágenes de Regina y ella saliendo de aquella estancia y dirigiéndose a algún restaurante.

- Regina. – dijo Emma, llamando la atención de la otra mujer y haciéndola preocuparse por ella, quien tenía la mirada perdida.

- ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?

- He recordado algo. Estábamos…aquí…y…viniste a buscarme. Nos despedimos de mis padres y nos fuimos. Nuestra primera cita.

Regina se lanzó hacia Emma en un abrazo que tomó a la rubia por sorpresa. Si seguía así, igual recordaría poco a poco todo. Pero no quería emocionarse demasiado, la rubia parecía tensa en sus brazos, todo aquello para ella debía ser extraño.

- Emma, cielo. – Regina la tomó de ambas manos. – No te asustes de lo que está pasando, por favor. Sé que es extraño para ti, pero todo irá bien.

- Ok. – respondió Emma automáticamente, las palabras de la morena habían conseguido tranquilizarla pero no del todo.

La siguiente parada fue la oficina del Sheriff. La oficina de Emma.

- Aquí es donde tú trabajabas. Eras la sheriff de la ciudad, señorita Swan.

Ese Señorita Swan se repitió al menos unas cien veces en los pensamientos de Emma. Señorita Swan, Señorita Swan, Señorita Swan. Tenía la sensación de que Regina la había llamado así durante mucho tiempo.

- Tú también me diste muchos dolores de cabeza cuando llegaste a la ciudad. No te imaginas cuántos, Emma. Pasábamos el día peleando.

- ¿Tú en qué trabajabas? – preguntó la rubia, cambiando de tema, distraída.

- Soy la alcaldesa. Lo era…bueno, no importa. Alcaldesa.

-x-

El tono ausente que Emma había estado utilizando durante todo el día preocupaba a Regina. Tampoco había recuperado ningún recuerdo más, otra cosa que añadir a la lista. Temía que solo hubiera sido aquel momento, y que no recordara nada más. Pero se guardaba un As bajo la manga. Llevaba pensándolo un tiempo. Podría funcionar. Un beso de amor verdadero podía romper cualquier maldición. El único problema era la inseguridad que le llegaba a causar el pensamiento de que Emma y ella no fueran amor verdadero. Las cosas nunca salían bien para ella, ¿por qué esta vez iba a ser diferente?

La última parada era la casa de Regina. Una preciosa mansión de color blanco que se mantenía intacta. Parecía que el tiempo no había pasado por aquella construcción. Sencillamente majestuosa.

- Esta es mi casa. Hacía poco que te habías mudado conmigo.

- Wow. – fue lo único que Emma pudo decir cuando se bajó del coche. - ¿Podemos entrar?

- Claro.

Por dentro, seguía igual que como se había quedado cuando desaparecieron de allí, con algunos matices. Todo estaba perfectamente ordenado, como si siempre hubiese estado allí como exposición. Como si nunca hubiera sido tocado. Todo estaba en su sitio, ni un milímetro más allá de donde debía colocarse.

- ¿Cómo es que esta es la única casa que se mantiene intacta?

- Un hechizo de protección. – dijo Regina naturalmente, para ella era normal hablar de magia y más allí, pero Emma frunció el ceño.

- Regina, que hables de magia es un poco…raro. Es decir, la magia…no existe. –dijo Emma, tratando de tener cuidado con lo que decía, fracasando en el intento.

- Sí que existe. Entiendo que ahora no lo creas, pero solo tienes que tener paciencia.

- ¡No! Estoy cansada, llevas todo el día diciéndome lo mismo, y no ha pasado nada. Incluso mi "recuerdo" pienso que solo lo ha creado mi mente para complacerte. Todo esto es…una locura.

Después de terminar su pequeño discurso suspiró. Era…frustrante. Esa misma palabra no paraba de aparecer en sus pensamientos desde que llegaron a Storybrooke. Todo aquello era una locura, y no tenía sentido.

- Henry me advirtió que al principio no me creerías, como pasó con él cuando te trajo aquí por primera vez. Emma, escúchame. – suplicó Regina. – Confías en mí, ¿verdad? - Emma asintió. – Necesito que confíes en mí un poco más.

Emma volvió a asentir, después de pensárselo unos segundos. Regina se acercó a ella y la tomó de ambas manos y les dio un apretón reconfortante, después dirigió las suyas a las mejillas de Emma de nuevo, y finalmente acercó su cara a la de la rubia, acariciando su nariz con la suya propia. Consiguió que Emma sonriera, lo que la contagió a ella, y lentamente se acercó a sus labios.

- Necesito que creas en mí. – dijo antes de unir sus labios con los de Emma, finalmente. Emma correspondió sin ningún tipo de queja u objeción.

Ya estaba. Un beso de amor verdadero. Era todo lo que necesitaban para romper la maldición. Una sensación intensa pero no desconocida las recorrió a ambas, señal de que algo había ocurrido. Con una sonrisa Regina se separó de Emma, esperando que esta le dijera que recordaba, pero no le dijo nada.

¿Y bien? – preguntó.

- Yo…he sentido como si algo me atravesara y se expandiera, pero…sigo sin recordar nada.

Regina agachó su cabeza, desesperanzada. Había estado segura de que la maldición se había roto, pero no había ocurrido nada. No lo entendía. Tenía que haber sucedido algo, ambas lo habían sentido. Tal vez su amor no fuera tan fuerte…

- No importa. Volvamos a Nueva York, Henry tendrá ganas de vernos.

-x-

La vuelta a Nueva York fue más silenciosa incluso que la ida a Storybrooke. Emma se dedicó a mirar el paisaje por la ventana, mientras seguía ausente. Y Regina…no podía culparla, realmente no podía. Con todas sus fuerzas deseaba que todo volviera a la normalidad, que volvieran a casa y ella volviese a ser la Emma de siempre. Solo quería ser feliz, como lo eran antes de aquella estúpida maldición. Echaba de menos hasta sus aventuras, su magia…y enfrentarse a las criaturas más extrañas que pudieran imaginarse. Incluso echaba de menos que David y Mary Margaret fueran los Charming.

- ¡Mamá! ¡Mamá! ¿Qué tal ha ido? – preguntó Henry una vez hubieron llegado, a modo de saludo, pero por las caras de ambas mujeres la cosa no había ido muy bien.

- No ha pasado nada, Henry. Emma aún no recuerda. – explicó Regina.

Henry miró a su madre, que aún parecía que estaba ida.

- Mamá, Emma… - se acercó e incluso la zarandeó un poco, hasta que la rubia pareció despertar.

- Lo siento, chico. No sé qué me pasa. Creo que necesito descansar. – dijo, casi dejándose caer al suelo. Regina la sujetó y la acompañó hasta su habitación.

- Henry, será mejor que te vayas a dormir. Mañana será otro día. – dijo Regina, despidiéndose de su hijo.

Emma no tenía fuerzas para nada. Simplemente se dejó caer en la cama como un peso muerto. Regina le quitó la chaqueta y las botas, para después seguir con lo demás y ayudarla a ponerse el pijama. La rubia se lo agradeció con una débil sonrisa, antes de pedirle a Regina en silencio que la acompañara y quedarse dormida una vez la morena estuvo junto a ella.

-x-

2 de Febrero

3:48

- ¡Regina!

El grito de Emma hizo que Regina se despertara sobresaltada. Como gesto involuntario la buscó y se quedó más tranquila cuando la encontró a su lado. Su respiración estaba agitada y parecía algo asustada.

- Emma, ¿estás bien? ¿Qué ha ocurrido?

- Ya me acuerdo. Me acuerdo de todo. Dios Regina, te quiero, te quiero tanto que el corazón me va a estallar. – dijo sin poder contener una sonrisa, antes de lanzarse sobre ella y besarla.

Antes de continuar con la euforia, Regina se dio cuenta de algo. Algo había cambiado. La cama era distinta, las sábanas eran distintas…la habitación era distinta. Habían vuelto.

Estaban en Storybrooke.

No lo podía creer, se restregó los ojos y se acercó a la ventana, para comprobar que aquello era real. Y lo era, era muy real. Pudo ver su coche aparcado junto al de Emma en la entrada, las farolas de las calles encendidas y pudo reconocer todo a su alrededor. Estaban en casa. Pero cuando se giró para mirar a Emma con felicidad por lo que había pasado, algo pareció golpearla interiormente, lo que hizo a Regina caer al suelo, y lo único que pudo ver después de Emma corriendo hacia ella preocupada, era el color negro.