Después de muuuuuucho tiempo...¡hola de nuevo! Quiero pedir disculpas aquí también por la tardanza pero finalmente he vuelto, así que espero que estéis dispuestos a leer y que os siga gustando el fic. Aviso que no quedan muchos capítulos, no me atrevería a decir cuántos porque soy un desastre, pero os aseguro que no muchos más.

También me gustaría aclarar en qué punto estamos. Estamos después de la 3B, pero el viaje en el tiempo nunca ocurrió así como algún tipo de historia entre Emma y Hook. Regina y Robin tuvieron varias citas pero nada serio, y Zelena se redimió. Esto es todo lo que debéis saber. Ah, y personajes como Elsa o August aparecen porque me apetece a mí, jajajaja. Sin más os dejo leer, ponedme vuestros comentarios como siempre, se agradecen mucho.


Confusión

16

Storybrooke se había despertado. El reloj de la mesilla marcaba las 7:32 de la mañana y el pueblo se había puesto en marcha. Había escuchado ruidos en las calles, gritos de celebración e incluso quejas de algunos habitantes que "tenían una vida mejor" en Nueva York. Pero si era sincera consigo misma, la única persona que le importaba en ese momento era la que dormía a su lado. Regina. Después de que se desmayara se encargó de colocarla en una posición cómoda en la cama e hizo que se despertara, lo que le llevó unos minutos. Más tarde y a pesar de las quejas de la morena, logró que descansara de nuevo, pero ella no había podido dormir ni un solo segundo más. Porque Regina no sabía qué era exactamente lo que le pasaba, pero Emma sí. Y la alcaldesa iba a matarla en cuanto lo descubriera.

Le había pedido a Henry un café, pues ella no quería despegarse del lado de su novia hasta asegurarse de que estaba bien. El chico le hizo caso y le hizo compañía hasta que Regina volvió a despertar.

- Hey… - la saludó Emma, sonriendo. – Por fin despiertas, bella durmiente.

- Hey. – saludó Regina de vuelta. - ¿Qué hacéis los dos aquí?

- Queríamos ver si estabas bien después del desmayo de anoche. – explicó Henry.

- Eh…sí, estoy bien. Sigo algo cansada, pero estoy bien.

Emma le acarició la cabeza y le colocó un mechón de pelo negro detrás de la oreja antes de sonreír de nuevo. Tenía que solucionar todo aquello antes de que Regina se enterase.

- Sigue descansando entonces. Henry se quedará a cuidarte. Tengo que ir a ver a mis padres, me han llamado hace un rato.

- Está bien. – dijo la morena, pero sin soltarse de ella. – No tardes mucho. Tienes que ayudarme a mantener en pie este pueblo.

Regina había intentado sonreír, pero se veía tan cansada que apenas podía sostener media sonrisa. Emma se sintió fatal, no quería dejarla sola, pero tenía que hacerlo. Además, tenía a Henry. Nada malo podía pasar en ese pequeño rato en el que no estaría, ¿verdad?

-x-

Mary Margaret se lanzó a abrazar a Emma en cuanto la rubia entró por la puerta de la casa de sus padres. Esta se sintió un poco abrumada por tanta efusividad, pero lo entendía. Habían pasado más de un año siendo compañeras de trabajo, sin conocerse en realidad. Y con David, pasaba lo mismo. Sin contar con el hecho de que había intentado ligar con Regina, que pasaría por alto debido a la maldición.

- ¡Emma! No sabes cómo te hemos echado de menos.

- Créeme, lo sé. Aunque ni siquiera nosotros mismos lo supiéramos. – suspiró la rubia, visiblemente preocupada.

- ¿Qué ocurre? ¿Tiene que ver con Regina? – preguntó David, que al igual que su mujer, también estaba al corriente de todo.

- Sí. Anoche…cuando volvimos…se desmayó, y esta mañana ha amanecido sin fuerzas para levantarse. Tengo miedo de que sea su enfermedad, al fin y al cabo no pude curarla y…

- Emma. – la interrumpió su madre. – No sabemos nada. Regina es fuerte, te tiene a ti, a Henry. Y nos tiene a nosotros. En el caso de no estar curada, encontraremos la manera. Lo sé.

- Ya…pero no estoy de humor para discursos esperanzadores. En fin, solo venía a saludaros y a ver si estabais bien. Si tengo noticias nuevas, informaré.

- Dinos cualquier cosa. – pidió David. – Estaremos dispuestos a ayudar en lo que sea.

Emma se despidió de sus padres con una triste sonrisa, sabía que ellos estarían dispuestos a hacer cualquier cosa para ayudarla, para ayudar a Regina, pero no había mucho en lo que fuesen útiles. La enfermedad de Regina tenía que ver con la magia, y lamentablemente poco sabían con respecto a ella.

Preguntarle a Regina era una mala idea, por supuesto. Y preguntarle a Gold…no, definitivamente no. Después de lo que había pasado, dudaba que él supiera de otro modo de curarla. Bella podía ser una opción, pero el problema seguía estando ahí. Siempre tenía como sombra a aquel hombrecillo.

-x-

Por el camino decidió parar en Granny's. Después de lo que había pasado con Ruby, lo mínimo que se mecería la morena era una disculpa y un agradecimiento por todo lo que había hecho por ella.

- ¿Ruby? – preguntó a la abuelita al entrar, pues su amiga no estaba atendiendo en la barra.

- Ahora sale.

Emma se dejó abrazar por su amiga en cuanto la vio, y no se cansó de repetirle una y mil veces lo mucho que lo sentía.

- No tienes nada por lo que disculparte, Emma. De verdad.

- Sí que tengo. Nos ayudaste mucho a Regina y a mí. Demasiado. Nunca sabré cómo pagártelo.

- Puedes trabajar en Granny's por mí durante un mes. – dijo Ruby, dándole un codazo a Emma y riéndose. – Es broma. No seas tonta Emma, ya me lo has pagado dejándome ver como Regina y tú se enamoraban por segunda vez.

La rubia se sonrojó tras escuchar las palabras de Ruby, a lo que esta respondió con una carcajada. Hablaron de Regina, y la morena también ofreció su ayuda incondicional a Emma. Esta última se preguntó en qué momento su vida había cambiado tanto para pasar a ser tan maravillosa, para pasar de estar sola a tener a tanta gente que la quería y estaba dispuesta a ayudarla.

-x-

Para cuando Emma volvió a casa, Henry la estaba esperando impaciente en la entrada. El chico se veía bastante preocupado y agradecido por la llegada de su madre.

- ¿Qué ocurre, Henry? ¿Cómo está Regina?

- Después de que te fueras mamá se quedó dormida y no se ha despertado. Quería darle las medicinas que me dijiste, pero…no he podido despertarla. Mamá, por favor ayúdala.

- Voy enseguida. Te prometo que se va a despertar. – dijo sosteniendo a su hijo por las mejillas, intentando tranquilizarlo, aunque ella estaba peor. – Y la vamos a salvar. Vamos a curarla y tu madre será la de siempre.

Sin pensárselo, se dirigió rápidamente al dormitorio, donde, como Henry le había dicho, la morena seguía durmiendo. Su respiración era tranquila, parecía que estaba simplemente descansando, y la expresión en su cara no daba pistas de ningún tipo de dolor o molestia. Estaba preciosa, como cada vez que dormía.

- Regina… -susurró Emma, tratando de despertarla lo más suavemente posible. – ¿Regina?

Como por arte de magia, la alcaldesa despertó de su sueño al oír la voz de Emma. La sheriff suspiró aliviada, llevándose su mano derecha al corazón. Algo estaba pasando y la morena lo sabía, no entendía por qué no querían contárselo.

- Emma… - susurró, incorporándose para quedar sentada sobre la cama. La rubia acomodó unos cojines para que estuviese cómoda. - ¿Qué me pasa?

- Simplemente estás cansada. Es normal, no todos los días se rompen maldiciones que mueven a un pueblo entero.

La verdad era que Emma siempre lograba ponerla de buen humor. Y también lograba que olvidara su preocupación por momentos, un poquito. Puede que a veces, más de un poquito.

- No, Emma. Quiero que me digas la verdad. – Regina alcanzó una de sus manos y la colocó entre las suyas. – Por favor. No quiero que me ocultes lo que está pasando.

- Yo… - No podía mentirle. No a ella. Nunca había podido. – Está bien. Te lo explicaré. Pero no vale salir de esta cama ni hacer una locura.

- Te lo prometo.

La salvadora carraspeó, para nada convencida, pero sabiendo que tendría que contárselo, y también que no le gustaría. No le gustaría nada. Se lo iba a tomar fatal.

- Estás enferma, Regina. Es una enfermedad mágica que no sabemos cómo se ha creado o qué lo ha hecho. Hemos intentado curarte, por todos los medios. Pero no hemos logrado nada. No tiene cura, y… - tragó saliva- es mortal.

- ¿Desde cuándo lo sabes?

- Semanas antes de la maldición. Tú también lo sabías. Belle y Gold nos informaron sobre ella. Pero…digamos que hice trampa. Te borré esos recuerdos para que no sufrieras. Y para que no frustraras mi plan.

- Emma, dime que no…dime que tú no lanzaste la maldición.

- ¡No! – dijo rápidamente, pero Regina alzó una ceja y enseguida supo que era un error. – Bueno…sí, pero no del todo. Tuve ayuda. Quería ayudarte. Tú me dijiste que no importaba nada…

Flashback

- ¡No! – gritó Emma, al borde de las lágrimas. - ¡No voy a dejar que te sacrifiques! Vamos a encontrar la manera de resolver esto, Regina, y si tú no quieres colaborar lo haré yo sola.

- Gold te dijo que no existía cura. En unos cuantos meses me voy a morir y lo único que deberíamos hacer es disfrutar del tiempo que me queda.

- Me niego a que te mueras. No puedo perderte, Regina. Ni tampoco Henry. No. Después de todo lo que has pasado…te mereces tu final feliz.

- Ya tengo mi final feliz, Emma. Te tengo a ti, a Henry…incluso a tus padres. Tengo una familia, y ahora el pueblo no me ve como lo que era, ya no soy la Reina Malvada, ahora soy simplemente Regina. Puedo morir en paz. Solo…déjame vivir estos meses con ustedes, hasta que llegue el día.

Fin flashback

Aquella vez Regina había insistido en que no quería que la salvaran, y esta vez iba a hacer lo mismo, así que la rubia la frenó antes de que pudiera hablar.

- Escucha Regina. Tú no vas a morir todavía. Y no importa lo que cueste, voy a salvarte aunque tenga que arrancarme el corazón del pecho para ponértelo a ti, ¿de acuerdo? No voy a perderte, y esta vez las cosas van a salir bien. Me da igual que esto teóricamente no tenga cura, ya hemos logrado cosas imposibles juntas. Esto solo será un reto más, lo vamos a conseguir.

Los ojos de la morena no aguantaron más y empezaron a derramar lágrimas sin parar. Emma la abrazó y Regina lloró, solo lloró hasta que no pudo más. El hombro de la rubia acabó empapado, y ella se quedó seca, se le habían acabado las lágrimas.

- No me vas a contradecir esta vez, ¿verdad? – preguntó la salvadora, secando las lágrimas que quedaban en la cara de su novia. – Prométemelo, por favor.

- No lo voy a hacer. Te lo prometo, Emma. Pero no te vas a arrancar el corazón por ningún motivo. Buscaremos la solución, te lo prometo, pero sin víctimas. Si voy a seguir viviendo, va a ser contigo.