Capítulo II: Como cuando alguien se muere


No podía ocultar lo cabreado que estaba. Sin embargo, lo intentaba.

―Eso debería preguntar yo, Sasuke-kun…

Tsk. Se dijo a sí mismo que lo mejor sería ignorarla, en esos precisos instantes no se creía capaz de manejar el vocabulario más amable de todos.

Estaba tan mosqueado que terminaría diciéndole nuevamente que era una buena para nada. Cosa que ella había logrado desmentir, al menos cuando lo salvó de aquella maldita dimensión. Pero ahora, con esas actitudes estaba sacándolo de quicio otra vez.

―Así que sacrificarte, ¿Ese es tu plan? ―continuó, sus dientes apretados indicaban que había ira contenida, sin embargo, solo le dedicó una mirada que parecía querer traspasarla y luego, simplemente, apartó la vista. No le pensaba dar explicaciones. Bien, siempre tan comunicativo.

Sasuke le dirigió la mirada nuevamente, preguntándose qué rayos se le había pasado por la cabeza cuando decidió llegar hasta esa instancia por él. Porque era eso lo peor, que estaba allí por él, si no, sus reclamos no hubiesen sido tan airados.

¿Es que ella realmente pensaba que podía salvarlo? La observó con intensidad y un dejo de rencor. Iba a arruinarlo todo con su presencia allí, se lo veía venir, pero mientras pudiera no le iba a permitir tal cosa. Sin saberlo, ella estaba reafirmando las razones por las que estaba con Orochimaru otra vez.

En la habitación solo había una cama, así que ella había preferido estar en una esquina, curando las pequeñas heridas en sus brazos.

—Duerme.

Se levantó del lecho, donde había permanecido sentado y recostado a la pared. Ocupó el piso apoyando su brazo en su katana. Sakura no pudo evitarlo y durante unos segundos lo observó como si le hubiese salido otra cabeza. Él la enfrentó esperando que se atreviera a hacer algún comentario.

Cuando Sakura apenas rozaba la cama ya la pregunta había sido hecha.

― ¿Dónde están tus padres?

―Los envié al País del Rayo en una babosa.

Tonta. Pensó. Él se daba el gusto de responder solo lo que le apetecía y ella, en cambio, tontamente le respondía sin pensar. ¿Es que no se podía controlar?

―Lo que hiciste fue una total imprudencia. Es estúpido.

En su mente se instaló el eco de su última amabilísima palabra.

Estúpido. ¿Con que era… estúpida? Si ya lo sabía ella, no obstante, él no era el más indicado para llamarla por ese calificativo. Puesto que él era inmensamente estúpido si no se daba por enterado de lo bastante y verdaderamente estúpido que era unirse a Orochimaru otra vez.

Bien, no le había respondido en el acto, se felicitó. Y ahora, le respondería lo que merecía.

―Si hablamos de estupidez, entonces, no puedo competir contigo.

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Toda la noche sus pensamientos se mantuvieron en sus padres, solo rezaba porque esos dos pudieran llegar a salvo, no podía dejar las preocupaciones de lado pese a que había enviado a una de sus babosas con ellos. Todavía podía escuchar las palabras de preocupación por parte de su madre y el llanto dramático de su padre. Lo mejor era que no estuviesen allí, Orochimaru podría querer utilizarlos para chantajearla y eso nunca sería capaz de perdonárselo a sí misma. La única culpable sería ella.

Se removió incomoda en la cama, procurando dormirse con la espalda hacia él. No quería enfrentarlo luego de la horrible contestación que le había dado. No sabía por qué, pero en lugar de bien, se había sentido avergonzada. Tratándolo así no lo iba a convencer de escapar con ella.

Por una parte, la rabia estaba consumiendo sus entrañas, y por la otra, la nostalgia le gritaba cuanto lo extrañaba. Una lucha de egos. El egoísmo de Sasuke al tomar aquellas decisiones sin que le importase nada más, y el de ella, por quererlo de vuelta, al de antes, a cualquier costo.

Simplemente no podía concebir tal idea, que Sasuke pretendiese darle su vida a ese repugnante ser viperino. Estaba dando su vida por la aldea, por ellos, no era un egoísta en ese sentido pero ¿Por qué sentía que era esa la solución? ¿Por qué dejaba todo recaer sobre sus hombros? ¿Por qué todo lo debía hacer él solo? No podía dejar de pensar que, esa, era una actitud no menos que egoísta.

En plena madrugada, alguien abrió la puerta. Era un guardia requiriéndole a Sasuke reunirse con su antiguo maestro. A pesar de que no podía ver el exterior, estaba segura de que ya había amanecido y Sasuke aún no volvía.

Estaba tan ensimismada planeando cómo escapar de allí e ir por él que no escuchó pasos o ruido alguno. Al reaccionar, encontró a un gran hombre ubicado bajo el umbral, acto seguido éste fue empujado dentro de la habitación.

Era corpulento y a través de sus ropas se marcaban unos músculos poco desdeñables, sin embargo lo más impresionante era su altura. El rostro ensombrecido de aquel ser no dejaba hacer conjeturas acerca de su estado psicológico, pero cuando al fin dio unos pocos pasos todo el cuerpo de Sakura entró en estado de alarma. Sus ojos de locura eran tan sanguíneos como los de aquel shinobi en el bosque, era uno de esos que había perdido su identidad y su razón.

Con talante cuidadoso y calculador, se levantó de la cama y se mantuvo en guardia siguiendo los movimientos de aquel hombre desconocido que caminó hasta la cama y comenzó a oler las sabanas.

―Tu olor es… irresistiblemente tentador.

Un pervertido, lo que le faltaba.

―Más vale que calles y te muevas a un rincón lejos de mí. Ahora ―remarcó su última palabra.

El hombre rió entre dientes.

―No te preocupes, solo quiero matarte ―su risa se transformó en carcajada.

No tuvo tiempo de defenderse, aquel ser odioso estaba estrangulando su cuello y la había estrellado contra la pared cuando pudo volver a mirar claramente. Sus intentos por separar las gruesas y fuertes manos de su atacante eran en vano, una masa de músculos de un tamaño casi grosero y ella una pequeña presa bajo su poder.

Las carcajadas aumentaban a la par que Sakura luchaba por oxígeno, era algo insano y escalofriante lo que había en la actitud del gigante.

―Estás… demente.

―Gracias, es un cumplido, aunque venga de alguien tan débil.

Bajó los parpados, y en esa oscuridad plena se permitió concentrarse. Colocó su mano derecha totalmente rígida, una posición de manos que recordaba mucho a la de Lee.

― ¿No sabías que la técnica… es más importante que el músculo?

Dio un golpe rápido y certero justamente en medio de la yugular, una pequeña descarga de chakra y el hombre había caído al suelo. Finalmente, podía sentir el oxígeno recorrer libremente su sistema respiratorio.

Sasuke, estaba de pie bajo el umbral de la puerta, con lo que a Sakura le pareció el rastro de lo que hacía pocos instantes había sido una sonrisa. Podía sentirla todavía. Como cuando alguien se muere y crees que en cualquier momento saldrá de algún rincón como si nada, aunque ya no esté.

El Sannin estaba detrás de él observando con curiosidad mórbida. Una sonrisa ladina surcó su rostro mientras sus ojos la traspasaron. Hasta allí llegaban sus recuerdos.

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―Sasuke…

No hubo respuesta. Pero tampoco pregunta.

―Sasuke… vámonos de aquí. Busquemos a Naruto.

―Eso es lo que siempre has querido…

Respondió a los delirios de ella, llevaba todo el día durmiendo profundamente. Sus parpados inamovibles estaban recuperando su clásico color rosa, el que habían perdido luego de aquel enfrentamiento.

Solo por ese acontecimiento había preferido postergar requerirle a su mentor la liberación de Sakura, prefería que descansara. Aun así seguía siendo imperante alejarla de allí para poder hacerles creer a todos que él había muerto eliminando a Orochimaru, con algún sello que le costase su propia existencia. Quería poder irse en paz y dejarlos rehacer sus vidas en Konoha, sin lazos de tragedia como eran todos los referidos a los Uchiha. Quizás en otro lugar podría restaurar su clan y hacerlo diferente. Mejor.

Sakura se restregó los ojos con pereza, se estiró y contorsionó como un digno gato lo haría. Sin querer, su blusa que había sido rasgada en la pelea dejaba al descubierto su sostén negro, y un poco más.

El moreno observó la escena con fingido desapego. Paradójicamente, parecía hipnotizado mirando hacia aquel punto sin pestañear.

Maldijo por lo bajo con más satisfacción que molestia, pero incapaz de reconocerlo.

La cubriría con las sabanas, decidió.

Cuando se encontró de pie frente a ella su sharingan se activó. Con la misma frialdad con la que lo usaría para dañar a un enemigo, con esa misma lo utilizó para detallar la vista ante sus ojos. De manera expedita y eficaz, todo estaba quedando grabado en su memoria. Sobre todo una parte: su rostro durmiente.

Repentinamente, apretó los parpados y se preguntó qué estaba tratando de hacer, respuesta que convenientemente no se molestó en conseguir, la cubrió y volvió a su lugar.

'''

Los parpados le dolían y los ojos le escocían, aquel sueño había sido todo menos reparador, ¿Cuánto había dormido? ¿Quince minutos?

Se sintió tentada a estirarse pero el sonido de una conversación en el pasillo la hizo optar por no hacer el menor ruido.

Orochimaru y Sasuke estaban hablando de ella, había escuchado su nombre ser pronunciado por el ser viperino.

―¿Sabes por qué la elegí, verdad Sasuke?

En su mente intentó recrear la expresión del Uchiha, alguna muy seria o quizás una de… ¿Complicidad?

No hubo respuesta, cosa que aumentó el misterio encerrado en toda esa situación que desde un principio siempre se había planteado como sospechosa. Primero ¿Por qué ella no estaba bajo la técnica maldita? luego ¿Por qué no la había matado de la manera miserable en la que había matado a tantos otros? Y, finalmente ¿Por qué Orochimaru la había enviado a una celda junto con Sasuke?

Tantas atenciones la desconcertaban. ¿Debía sentirse halagada? Pues todo apuntaba, sin pensarlo demasiado, a que Orochimaru sentía una aversión definitiva hacia ella. Siendo un poco más racional, podría ser parte de un plan mucho más enrevesado en el cual ella era una pieza clave, y ni siquiera era de su conocimiento el por qué.

El Sannin rió con suficiencia―. Vamos Sasuke, yo sé lo que está en tu cabeza ¿Por qué no lo aceptas?

―No fastidies.

Acompasados, lentos pero decididos, los pasos de Sasuke comenzaron a crear eco en todo el lugar.

Las bisagras de la puerta aún chirriaban cuando el iris rojizo encontró al verde. La puerta quedó entreabierta, a través de la rendija se asomaba el ojo del moreno. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de ella. No recordaba que su mirada pudiese causarle tanto temor.


Hola, como han visto, hay varias cositas acerca de Sasuke que no sabemos. Y allí entra Orochimaru, que parece saber más de lo que seguramente a Sasuke le gustaría. ¿Qué creen que tiene Sasuke en su cabeza?

Además: ¿Les gusta el lemmon? ¿Lime? ¿Nada?

Por cierto, lamento la tardanza. Por decidir no tomar vacaciones tengo casi todos los días ocupados. Espero estar libre de la U al menos para septiembre.

¡Abrazos!