Solo quiero decirles una cosa: el SasuSaku es agridulce, y lo agrio viene primero, no permitan que la parte agria les engañe. No en este momento, cuando Sasuke nos ha dado grandes señales de lo que realmente pasa con él.
Sí, habrá sasusaku en este capítulo.
¡Qué disfruten la lectura!
Capítulo IV
Nuestro miedo al dolor
Estaba harto de lo que ocurría y cómo estaba ocurriendo. Cada vez era más insoportable, su mente estaba embotada. Estaba sintiendo cosas que no debía estar sintiendo.
Pero ese día estaba sobre pasando el límite. Ella había decidido ducharse a la hora a la que justamente él llegaba de entrenar. Justo antes del anochecer. Volvió a recorrer la habitación, su imagen era la remembranza de un león enjaulado. Aquello le traía demasiadas imágenes a su fuero interno.
Sakura Haruno salió del cuarto de baño en una toalla diminuta, con algunas gotas de agua aún resbalando por su piel. Sasuke entornó los ojos y fue con paso firme a darse una ducha de agua muy fría, dando un portazo tras de sí.
Al día siguiente no estaba de humor para nada. Ella se había pasado toda la noche llorando, secretamente, pero él la había escuchado, en sueños había llamado a sus padres. Y además de todo aquello, tendría que llevarla consigo.
―Sasuke… yo… ―iba a disculparse por hacerlo salir más tarde de lo normal, pero se quedó muda, intentando que él la increpara al menos por curiosidad.
―…
Ahí estaba de nuevo el Sasuke de los silencios, pensó afligida. Ni siquiera una mueca, nada. No podía entender qué hacía ella que le molestaba tanto.
En medio de la oscuridad del pasillo, la luz mortecina de las pequeñas velas flameaba y luchaba por vencerla. Acercándose, vio la figura famélica de aquel pequeño niño que siempre le llevaba la comida a su celda-habitación. Venía con su bata de siempre, una especie de camisola que le cubría las rodillas, el cabello rapado y de unos seis años. Traía la pequeña mesita rodante donde transportaba los platos.
Se quedó impresionada cuando vio su rostro de cerca, una sonrisa inusitada apareció en su pequeña carita, era un niño de rasgos muy suaves, pero estaba muy sucio y parecía cansado. A decir verdad, ella nunca le había prestado demasiada atención. Cuando entraba a dejarle la comida ni siquiera la probaba, esos días el hambre no era algo muy presente en su vida. La sonrisa iba dirigida a Sasuke que, aún más sorprendente para ella, le colocó una mano sobre la cabeza y lo acarició como usualmente se le hace a los niños; y le correspondió la sonrisa.
Estaba anonadada, y llena de ternura ante la imagen que duró pocos segundos pero fue suficiente para que pudiera apreciar el tono de complicidad que había entre ellos. La sonrisa de Sasuke no parecía haberle llegado a los ojos, fue más bien una de lado, de chico malo, para otro chico malo mucho más pequeño y obviamente demasiado dulce para serlo en realidad.
Con el corazón derretido ante lo que veía, no pudo evitar que sus labios también se curvaran. Esperaba que si ella no se comía lo que le llevaba, al menos se lo comiera él, que estaba tan escuálido. Pensó que era sumamente irónico que fuese ese pequeño quien le llevara de comer. Ese niño estaba en tan deplorables condiciones por obra de Orochimaru. Estaba segura. Quizás con él también hacía experimentos, como lo hizo con Anko. Sintió un escalofrió recorrer su cuerpo, se sentía increíblemente desolada cuando intentaba siquiera imaginar todas las atrocidades que ocurrían por gente como ese hombre.
Sus ojos casi no lo soportaron, creía que iba a comenzar a llorar cuando volvió a ver la luz del día. No sabía si por lo enceguecedora que le resultaba después de no verla por quien sabía cuanto tiempo; ella creía que una semana, o por la emoción de verse al aire libre.
La imagen que vio la devastó. El parque donde jugaban los niños, la escuela shinobi, las casas, los negocios, todo lo que al menos había seguido funcionando mientras ella estaba afuera estaba totalmente vacío. De manera tétrica, escuchó el rechinar de un columpio al ser balanceado por el viento que soplaba escalofriantemente. A la vida se le había ido el color.
Cuando volvió a enfocar la vista en Sasuke, lo vio dirigirse hacia donde solían entrenar cuando eran niños, en aquellos tiempos ella realmente no conocía qué era la tristeza. Sasuke ya la conocía; Naruto también, y Kakashi.
Tenían algo en común, la pérdida de alguien importante. Pues ella tenía a sus padres aún, o eso quería creer, pero ahora estaba viendo a su aldea venirse abajo, y sobre todas las cosas había visto al amor marcharse ante sus ojos cuando ni siquiera lo entendía muy bien. Y eso era una gran pérdida. No quería comparar el sufrimiento pero, pensó, que últimamente había sido una persona muy desdichada.
Observó a los guardias, que no le prestaron mayor atención, suponía que Sasuke había hablado con Orochimaru para que la dejasen salir. De cierto modo le perturbaba que hubiese esa relación entre ellos. Sasuke allí no era un cautivo, estaba por su propia voluntad. Ella también, pero era diferente. En las ocasiones que había intentado salir los guardias le impedían el paso.
A lo lejos vio una mata de pelo rojo. Estaba sentada esperando a Sasuke. Hizo caso omiso y se dispuso a hacer lo que planeaba.
Comenzó a deambular por el lugar. Observando la situación, la depresión aumentaba y ella se obligaba a tener concentración. A buscar puntos ciegos, enfocar lugares con poca vigilancia. Sintió una punzada en el estomago. Tenía hambre.
Se volvió hacia donde estaban Sasuke y Karin y los encontró comiendo, éste le hizo un gesto levantando un bol lleno de ramen. Al lado de él estaba una aldeana de edad avanzada. Cuando llegó hasta ellos le llamó la atención que Sasuke le diera las gracias a la señora.
―Jovencita, tú estás con estos muchachos, eres una buena ninja, come, come. El futuro de Konoha está en ustedes, nosotros somos solo gente vieja.
―Oh… señora, ustedes también son parte…
La señora la tomó de las manos y la miró a través de sus cansados ojos rodeados de arrugas.
―Queremos paz.
Ante aquello respondió con una profunda reverencia y la vio marcharse. La gente todavía tenía esperanzas. Un nudo se atravesó en su garganta, haciéndole difícil comer. Todo era demasiado triste.
―La… la mayoría de la gente está en… ―intentó decir a los otros dos.
―Están en los límites de Konoha. Han sido trasladados sin cesar. La poca gente que queda aquí es gente que Orochimaru quiere explotar.
Le respondió la pelirroja.
―¿Por qué estás aquí? ―la vio removerse incomoda por la pregunta.
―Orochimaru me capturó.
No preguntó más.
El día transcurrió así, Sasuke parecía estar entrenando, pero lo que realmente hacía era observar el lugar, cómo se movían y quienes eran los aliados de Orochimaru. Lo estaba haciendo por la gente. El corazón se le encogió, porque había llegado a pensar lo peor de él.
Cuando regresaron ya no tenía muy claras sus decisiones. Ni por qué Sasuke la había llevado, acaso quería restregarle en la cara lo horrible de su situación, y lo poco que ella podía hacer, si lo que había hecho, él llevaba días haciéndolo.
―¿Por qué me llevaste contigo?
―Dijiste que querías ir ―respondió con simplicidad.
―¿Y lo que yo diga es tan importante?
Lo vio darle la cara, con una mirada calma pero que avisaba de una tormenta. Decidió ignorar la sensación de peligro que iba aunada a su tranquilidad, y con ímpetu se atrevió a desafiarlo con la suya. Sus cuerpos hablaban mejor que lo que pudiesen decir en ese momento. Estaban desafiándose.
―Sakura… ―se preguntó para qué le había pedido aquello si luego iba a cuestionarlo por hacer lo que le pedía. No se le ocurría cosa más absurda. Pensó también en preguntarle por qué últimamente le representaba tanta dificultad no reñirle, sin embargo desistió. Una idea fugaz surcó su fuero interno, como una revelación. Idea que se obligó a borrar instantáneamente. Aunque no quisiese admitirlo, le agradaba que ella simplemente fuese quien era, sin intentar cambiar porque estaba con Sasuke Uchiha―. Pronto los demás estarán aquí. Vendrán a buscarte y te irás con ellos ―se decantó por provocarla, muy en el fondo sabía que sus palabras le harían hervir la sangre y la pondrían mucho más hostil con él.
Sakura puso el grito en el cielo.
―¿ME iré con ellos? Sasuke, estoy comenzando a sentirme muy mal con todo esto ―caminó de un lado a otro y se tocó la cabeza como si estuviese mareada. Él notó la omisión del kun― ¿Podrías, de una vez, decirme cuál es tu plan? ¿Es que, de verdad pretendes quedarte aquí con… él?
No pudo evitar que su pregunta le cabreara y le punzara en una parte de su pecho. ¿Estaba ciega acaso?
―Hoy viste a la gente que aún está aquí y… ¿Tú crees que quiero quedarme para aliar fuerzas con Orochimaru? ―habló con dureza―. Supongo que después de todo soy un criminal ―al decirlo observó cuidadosamente la mirada jade, cada movimiento de su rostro, buscando algo…
Se sintió frustrada y avergonzada. Más que nadie creía en la salvación de Sasuke, pero él no había respondido sus interrogantes acerca de por qué estaba allí. Y si no era eso entonces… recordó lo que los despiadados guardias le habían dicho el día que la llevaron a ese lugar. Se reían a carcajadas mientras festejaban que Sasuke Uchiha sería el nuevo cuerpo de su jefe, y que al ser este más fuerte, ellos a través de su sello maldito también lo serían. Había estado luchando por apartar tal idea de sus reflexiones.
―Sasuke, ¿quieres sacrificarte? ―lo soltó casi como un grito ahogado.
Los ojos llenos de miedo y horror casi lo taladran, y ese fue el aviso más certero. Era eso de lo que debía sostenerse para que ella desistiera de estar con él.
―Sí, voy a sacrificarme, Sakura ―pronunció despacio, calculando sus próximas palabras; un gesto típico de quien miente―. Matar a Orochimaru no se puede lograr y quedar con vida. Así que yo lo haré, tomaré esa responsabilidad. Y, escúchame bien… ―mirar sus ojos resquebrajados fue más difícil de lo que pensó― no cambiaré de opinión.
Ella se mantuvo negando con la cabeza, con los ojos perdidos pero fijos en él, diciendo ¿Por qué?
―Esto no sería tan difícil si me hubieses obedecido.
―Oh… ya veo, hacer todo esto mientras nadie se enteraba de nada, ¿Eso hubiese estado bien para ti? ―las lágrimas comenzaron a correr. A Sasuke no le importaba ni ella, ni Naruto, ni Kakashi.
Le dio la espalda, convirtiendo su decepción en furia. No se lo permitiría, aunque la odiase, aunque no le importara, aunque no la quisiera como ella a él. Estaba harta de dejarlo destruirse a sí mismo.
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Comía con mucho disgusto la comida que le había ofrecido el pequeño Shisuke ―así se llamaba aquel raquítico niñito de ojos tiernos y cara sucia ―, no porque tuviese mal sabor o algo por el estilo, sino por lo molesta que la había dejado Sasuke cuando se marchó por la mañana, casi satisfecho. Le parecía increíble, pero estaba comenzando a creer que él la provocaba, que le gustaba verla echar chispas. Sacudió la cabeza, eso era imposible, no tenía ni siquiera que reflexionar acerca de eso.
Shisuke la observó curioso, era muy raro verla haciendo cualquier cantidad de gestos y muecas, como si él no estuviese a su lado, observándola. El niño se removió un poco incomodo.
Repentinamente ella pronunció su nombre, todavía de mal humor, y éste abrió mucho los ojos.
―¿Por qué me llamas así?
―¿No te llamas así? ―Sakura profirió confundida― ¿Es que acaso Sasuke-kun me ha mentido acerca de eso? ―terminó histérica, casi gritando, comenzando a cabrearse en serio.
El niñito rió por lo bajo, una risita peculiar y casi silenciosa. Sakura no dejaba de parecerle muy chistosa.
―Sí, me llamo Shisuke ―afirmó, sonriente― Sasuke-sama es el único que me llama así.
A la muchacha le sorprendió el "sama", era obvio que entre ellos había una relación que, posiblemente abarcaba el tiempo en el que Sasuke era entrenado por Orochimaru, infirió Sakura.
Se sintió malvada, pero el pequeño Shisuke comenzó a parecerle muy útil para ella. Apartó aquellos pensamientos, rápidamente, y decidió seguir la conversación.
―¿Por qué nadie más te llama por tu nombre? ¿Entonces cómo te llaman?
Tal pregunta no fue menos que despiadada, se acusó a sí misma, luego de conocer la respuesta.
―Ellos… ―Shisuke juntó sus pequeñas manos, y bajó la mirada, avergonzado. Comenzó a sacudirlas entre sí, como si quisiese arrancar el sucio, pero increíblemente no estaban sucias. Sakura le prestó atención a eso― me llaman por nombres que no son el mío. Me dicen gusano asqueroso y-
Sakura lo abrazó fuerte contra su cuerpo, deteniendo sus palabras. Miró hacia donde debía estar el cielo, desmoralizada por la confesión. El niñito tenía el corazón tamborileándole fuerte en el pecho, incluso ella lo sentía. Seguramente no recibía muestras de cariño muy seguido… se corrigió, era obvio que nunca las recibía.
Las pequeñas manos, de deditos todavía más pequeños, le acariciaron la mejilla, secándole una lagrima que se había escapado y a cambio, le otorgó una sonrisa sincera que le desbarató el corazón.
Cuando se dio cuenta, había pasado todo el día interactuando con el pequeño, que era muy avispado, pero tenía unas deficiencias terribles en cuanto a conocimiento del lenguaje. No sabía si aquello le traería problemas, pero no había reparado en ello hasta que vio llegar a Sasuke.
Estaba terminando de aclararle el jabón, restregándole la carita con cuidado y pidiéndole que alzara los brazos y que por favor no la mojara más. Cuando se sintió satisfecha al ver toda la suciedad lejos de él, decidió cubrirlo con una toalla. Al salir, ambos se encontraron con un Sasuke con una mirada que Sakura tenía mucho tiempo sin ver, y que no sabía cómo explicar.
Sentado sobre el lecho, tenía toda la pinta de haberlos estado escuchando jugar con el agua. Al pequeño niño lo llamó con los ojos, y a ella le dedicó una mirada que pareció interminable.
―¿Tienes ropa limpia? ―le preguntó en un tono de voz tan bajo, manteniendo su complicidad, que Sakura no alcanzó a escuchar.
El niño asintió.
―Te llevaré a tu habitación ―esta vez Sakura pudo escuchar claramente, y los vio marcharse. El pequeño, antes de irse, le había dedicado una sonrisa.
El niño le generaba tanta paz.
Esa noche transcurrió en un silencio agradable. Un silencio poco usado.
Sin embargo la tormenta que ocupaba su cabeza cada madrugada era algo inevitable. Cada noche tenía pesadillas acerca del paradero de sus padres, cada mañana despertaba sintiéndose culpable por estar viva, porque aún le ardía la sensación de haberlos visto decapitados en la frontera. Solo unos minutos después caía en cuenta de que no era esa su realidad, o eso rogaba.
Esa noche fue distinta, soñó con una pequeña mano que tomaba la suya. Contrario a los días anteriores, ese había sido un sueño extrañamente feliz. Sí, le pareció que ya le resultaba una sensación extraña o ajena, como un recuerdo de la niñez.
Y repentinamente el sueño abandonó su cuerpo, no quería tener los ojos cerrados un minuto más, así que se sentó abrazando sus piernas; mirando detalladamente el perfil de su compañero. Cada línea le parecía perfecta; cada pestaña, cada negro y cada blanco en su rostro; hasta la sombra creada por la llama de la vela. Todo, cada cosa de él le resultaba extraordinariamente hermosa y digna de ser amada. Aunque él no la amase, o no quisiera dejarse amar, lo que fuera.
Su pecho comenzó a doler, el lado izquierdo de él. Su amor era incondicional, lo amaba aunque todos pudiesen pensar que él no lo merecía. Aunque lo racional fuese que no se debe amar a alguien como él.
Pero ¿Quiénes eran todos? No eran nada. Ella no viviría para complacer a nadie más que a sí misma, por egoísta que sonara. Sería totalmente desdichada si de verdad, dejase de luchar por él.
Debajo de los parpados, los ojos de Sasuke no veían ensoñaciones nocturnas, sino la cara de Sakura en ese momento, se la imaginaba mirándolo, podía sentir sus leves respiraciones y cómo se alteraban por el llanto. No pudo siquiera intentar dormir sabiendo que ella estaba en ese estado. Sus nervios se crispaban y su mente se embotaba con imágenes que no quería en su cabeza y que había estado esquivando.
¿Por qué? ¿Por qué demonios ella lo encontraba digno de ser amado? Ya no era el chico genio de los Uchiha, de doce años y admirado por todos por su grandioso linaje. Ahora era un criminal, una gran cantidad de odio y de errores. Sus cejas se fruncieron levemente. Recordó cómo Shisuke le había contado, con una gran sonrisa, lo feliz que se había sentido pasando el tiempo con ella. Recordó que aquellas palabras las pudo entender a un nivel muy elevado, él sabía de qué hablaba el chico. Ella podía hacer feliz a cualquiera. Y, naturalmente, se obligó a desechar tal idea, porque era impropia de alguien como él. Porque lo hacía débil.
Pensó en su plan, en alejarse de una vez por todas, ¿Seguía siendo esa su mejor opción? ¿Seguía siendo la única salida?
Respiró profundamente, y sintió la mirada de ella clavada en su rostro. No abrió los ojos.
―Sasuke-kun. Déjame entrar… por favor.
Lo dijo tan bajito, de una manera tan sentida y llena de emociones, que le dolió hasta el último pedazo de su alma. Estaba aterrado.
Dejarla entrar sería arriesgar demasiado.
Abrió los ojos, inclinando su rostro lograba ocultarlo entre los mechones de cabello.
―Sakura… es muy tarde.
Sakura no sabía si se refería a la hora o a su situación, pero decidió tomarlo por donde le convenía.
―No, yo todavía tengo estos sentimientos por ti, y dudo, que algún día pueda alejarlos de mí. Es muy duro pensar en no poder entregártelos. Si tú me dejas…
Ella tragó saliva, intentando hacer desaparecer el nudo en su garganta. La miró, de reojo, observando el miedo que había en sus orbes con solo la posibilidad de que él la dejara atrás.
Ella tenía miedo. Él también. Ella no quería que él se fuera, él no quería perderla.
Pero había una diferencia, la chica se arriesgaba a sentir eso, abiertamente lo elegía. Él no, no era tan valiente, no se atrevía a dar el paso que le permitiría a ella poder luego alejarse y dañarlo. Perder a alguien era muy doloroso, y quizás ella no lo entendía, pensó él.
―Sasuke-kun ―miró sus labios, que le parecían muy bonitos. Se dejó arrastrar por los recuerdos de su beso, de lo que sentía al estar ambos nuevamente cerca. Las nuevas sensaciones, las nuevas cosas que le gustaban de ella.
La vio situarse de pie frente a él, desde abajo le obsequió una mirada que a Sakura le rompió el corazón. Tanto dolor. Tanta necesidad de amor oculta en el odio.
Se agachó sobre las piernas de él y se apoyó sobre sus rodillas, quedando frente a frente. No hubo rechazo por su parte, así que no perdió la oportunidad de poder levantar su mano, confiada en que no la detendría, y acariciar su rostro.
―No soy bueno, Sakura.
Podía casi acariciar el dolor con solo tocarlo. Dios, aquella era un alma destrozada por la pérdida. Y se creía malo, poco merecedor. Su corazón se encogió.
Lo amaba locamente, lo amaba por lo que era, sin importar nada más, ella sabía que alguien que sufría de esa manera no podía ser malo. Solo se había equivocado tomando sus decisiones.
Se acercó, con los ojos casi cerrados pero todavía observando sus atractivos rasgos. Rozó su nariz, delicadamente. Paseó la mano hasta su cuello, llegando hasta la nuca. Le otorgó un pequeño beso en el pómulo derecho y lo vio cerrar los ojos e inspirar profundamente. Volvió a incitarlo, esta vez rozando apenas sus labios contra los de él. Cuando lo sintió entreabrirlos, una ola de calor enrejó a su corazón, él estaba buscando más. Sin ejercer presión siguió provocándolo, acariciándole la nuca y subiendo al cuero cabelludo, pero nunca dándole un verdadero beso.
Sasuke no soportó mas y atrapó primero uno de los labios, absorbiéndolo lentamente, degustando su sabor. Subió una de sus manos recorriendo toda la pierna, que era muy suave y le acariciaba más a él que él a ella. Deleitado por el tacto subió y bajó un par de veces, hasta que pasando por los delgados brazos se detuvo en el cuello.
El beso se tornó demandante. Con un ritmo que les permitía respirar pero que aún así exigía y reclamaba lo que quería. La húmeda lengua de él la embriagó por completo, y la estremeció, no conocía a ese Sasuke, no sabía que la deseara tanto. Estaba impresionada por lo insistente que eran las caricias sobre su cintura, una y otra vez le masajeaba la curva que bajaba hasta las caderas. La humedad estaba reclamando otras partes de su cuerpo y se obligó a llevarlo a él por el mismo camino.
Con delicadeza descendió con caricias hasta su pecho, mientras lo hacía le mordió levemente el labio inferior y lo escuchó gruñir. No sabía qué había hecho, pero Sasuke se había intensificado y la había presionado contra su cuerpo, podía sentir la erección debajo de su entrepierna. Gimió sin poder controlarlo y, cuando lo hizo él respiró fuerte, como si luchase por no descontrolarse en una situación ya de por sí bastante fuera de control para él.
¿En qué iba a terminar todo aquello? Si seguían así… Sakura intentó calmarlo, disminuyendo el ritmo y sintiéndolo aún demandante contra sí. Le acarició el rostro con el dorso de la mano, mientras convertía el ardiente beso en pequeños besitos que alternaba con calientes invasiones de su lengua. Las caricias de él se habían detenido, estaba a la expectativa pero aún receptivo. Parecía disfrutarlo mucho, como un sediento en un oasis. La Haruno se preguntó si ella poseía todo ese poder sobre él.
La abrazó por la cintura, separándose de su boca y tomando su cuello, igualmente deseoso. Alternadamente lo olía y se hundía en su perfume. Sakura estaba extasiada. Sentía que le otorgaba calma.
Le correspondió y le abrazó. Ambos intentaban sosegar sus cuerpos.
―Quiero que me permitas esto.
―...
―Prometo no interferir en tus planes, lo prometo, pero… por favor ―repitió, cuando no hubo respuesta. Un pequeño beso sobre su clavícula fue lo único que se escuchó en la habitación.
―Está bien.
Acerca del manga.
Tengo que decirles que sigo amando el SasuSaku. No por masoquismo, no por cinismo. Por la nostalgia en los ojos de él y la complicidad que ha quedado implícita en sus palabras hacia ella. Porque él nunca se olvidó de Sakura. Y viendo en retrospectiva sus actitudes, nosotros no tenemos ni idea de lo muy importantes que han sido las palabras de la confesión de la chica para él. El significado del "Gracias" dicho hace muchos capítulos, resuena hoy.
Paz.
