CANON. Esa es la palabra, :)
LEMON en este capítulo.
Capítulo V
The heart wants what it wants
Chasqueó la lengua. Quería entrenar, quería hacerlo tanto como un kunai si tuviese vida desearía estar encajado en la carne sangrante de un cadáver. Pero definitivamente prefería aquello a tener a Orochimaru y a Kabuto rumiando a su alrededor.
Recostado en su cama alzó las manos hasta tenerlas frente a sus ojos, mirándolas como si fuese la primera vez, admirado. Las juntó y realizó el sello del tigre. Era uno de sus favoritos, su padre se lo había enseñado. Le había explicado la importancia de un sello como ese para cualquier Uchiha.
A Fugaku lo recordaba como un hombre de rasgos duros y paciencia corta. También, como por inercia, entre una neblina borrosa atisbó la sonrisa maternal de Mikoto. Y aunque se resistiera con toda la oscuridad de su alma, el recuerdo de Itachi vino en ese momento.
No, él no. No ahora.
Tal triquiñuela de su mente lo había enfurecido.
Intentando volver a memorias más amables, en su mente se topó con una sonrisa infantil acompañada de ojos verdes y cabello rosa. Deshizo el sello, hundiéndose en sus recuerdos. No había podido dejar de pensar en ellos, no podía.
Ella había dicho que lo amaba, que haría cualquier cosa por él, que lo haría feliz, y que si él la dejaba sería como estar totalmente sola. Recordaba el tono de su voz quebrado por el llanto y cada pausa que hizo. No quería olvidar esos detalles. Cerró los ojos, evocando con más precisión su rostro mientras lo escuchaba decirle que era una molestia.
Esa fue su manera de hacerle saber que no había olvidado aquel día, cuando lo había hecho enojar y que mintió cuando negó recordarlo. Pensó que, después de sus palabras, no tenía por qué hacerle creer que él simplemente ignoraba todo y pasaba de ella. Era lo contrario. Esperaba que ella pudiese entender a qué se refería con eso.
Él volvería algún día, y quizás ella, si recordaba como él, todavía estaría dispuesta…
Le gustaba recordar eso, en momentos de pesadumbre era a lo único que quería aferrarse. Porque cuando la noche volvía, demasiado oscura ante sus ojos, debía darle descanso a su dolor o perdería el juicio. La única razón por la cual rememoraba a su hermano era para que su odio creciera y para a partir de él volverse más poderoso. Pero a veces, estaba simplemente muy cansado de toda esa mierda. A veces, en lugar de conseguir motivación su cabeza dolía y sus manos temblaban por la ira y el miedo, como si estuviese viviéndolo nuevamente; su alma temblaba al recordar la masacre y la inconsolable sensación de soledad. Se sentía tan impotente e impaciente, o simplemente tan miserable y violentado, que necesitaba escapar de eso.
Y allí estaban esas palabras suspendidas en el aire. Que como el niño que seguía siendo lograban ilusionarlo. A ella le gustaba. La niña inteligente y valiente, que había podido echar un vistazo a su parte oscura, lo amaba.
Eso era una sorpresa. ¿Alguien podía amarlo?
Por alguna razón recóndita en su corazón a ella le creía.
La remembranza de sus palabras aliviaba mucho el desgraciado sufrimiento que le taladraba. Su existencia tomaba valía cuando se sostenía de ella. Él había quedado solo, destrozado por el odio y la traición, ¿por qué ella lo amaba? Todos los que podían amarlo ya estaban muertos, todos los que vieron al Sasuke digno de amor se habían ido, habían sido asesinados. Y ahora él estaba demasiado roto y podrido como para ser amado, pero ella lo hacía. Era confuso pensar en eso, no lograba entender.
Sin embargo, era agradable, se sentía bien. No lo quería olvidar.
La llama de la vela refulgió renovada, batallando contra lo oscuridad, como haciendo eco de los pensamientos de Sasuke.
Volvió a recordar cada palabra. Casi podía ver la escena sucediendo frente a sus ojos, allí en la habitación.
―Tus pensamientos pueden ser los más sórdidos, sin embargo, algunos no lo son tanto ¿verdad?
Sasuke miró hacia la puerta. Orochimaru y su habilidad de meterse en su cabeza, como una vez lo hizo en el bosque de la muerte, eran algo a lo que debía acostumbrarse. Al menos, hasta que fuese lo suficientemente fuerte para matarlo, pensó adrede.
El Sannin rió con gusto, como si le hubiesen contado un buen chiste, pero al final sus ojos delataban un anhelo insano y vicioso.
Sasuke lo escuchó marcharse. Puso sus manos frente a su cara y las observó, se sentía más fuerte, pero aún faltaba, aún.
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No era fácil alejarse de ella, él lo sabía mejor que nadie. Por esa dificultad tan grande estaba besándola ahora. Haciendo realidad lo que en tantas ocasiones imaginó, mientras era un niño haciéndose hombre. Mientras crecía solo y alejado de Konoha.
Pero no podía engañarse, aquellas fantasías no eran más que sueños infantiles y cándidos; comparados con la necesidad carnal que sentía ahora no se asemejaban en nada. El deseo de estar con ella, siendo parte de su mundo, siendo capaz de verla cada día en la vida, era algo que alguna vez creyó que podría hacerse realidad. No era otra cosa que un fruto de la ingenuidad cuya semilla había germinado en tiempos fértiles y de inocencia. La realidad lo agujereó y un pequeño ardor se extendió por su pecho, eso dolía… dolía tener tales pretensiones siendo quien era.
El beso aumentaba el ritmo, lo deseaba, lo anhelaba, él quería eso, lo quería para él. ¿Por qué la vida le había quitado la posibilidad de tener todas esas cosas? Abatido, comprendió que seguía poseyendo los mismos sueños, que en un espacio de sí mismo los escondía. Cuando la volvió a ver en la guerra, consciente de que había intentado matarla debido a su inestabilidad emocional, se preguntó si su inmensa estupidez había logrado que ella lo odiara. Aún tenía presente como la idea le había punzado de manera angustiosa, porque la verdad era que aún recordaba sus palabras, porque había crecido recordándolas, porque estaba…
Le mordió el labio, desesperado por reprimir sus pensamientos. Su brusquedad la hizo gemir. Con todas sus fuerzas intentó concentrarse en que lo que ocurría con sus cuerpos no lo dirigiera a aquella clase de pensamientos. Siguió tocando su cintura y dejándose tentar por las invasiones de ella, que lo descontrolaban y aumentaban su excitación. Supuso que ella no quería ir más allá cuando la sintió desacelerar el ritmo, pero aun demostrándole que le gustaba. Bebió cada beso con gran receptividad, porque al parecer su cuerpo lo necesitaba más de lo que él se permitía entender.
Él mismo decidió separarse y degustar su cuello.
―Quiero que me permitas esto ―dijo ella.
―… ―dudaba que fuera conveniente, él sabía lo mucho que lo disfrutaba, ese placer podría desviarlo.
―Prometo no interferir en tus planes, lo prometo, pero… por favor.
Depositó un beso en su clavícula, cerrando los ojos; sintiéndose incapaz y sin fuerzas para negarse a sí mismo lo que le demandaban su cuerpo y su espíritu. No podía decirle que no, en este punto, la única salida sería matarla...
―Está bien.
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El cabello de color rojo era muy brillante, detalló Sakura. Pero le hubiese agradado más si fuese ondulado y abundante. A través del oscuro pasillo las hebras de fuego flameaban compitiendo con las velas. La chica había ido a buscarla a la celda y había dicho con tono de misterio que tenía a un compañero malherido que necesitaba con urgencia atención médica. No sabía qué pensar acerca de ella, después de todo era mujer y con Tsunade había aprendido que un oponente mujer puede ser igual de peligroso que una víbora. Siempre moviéndose en zic zac, yendo por caminos no esperados. Lo sabía, porque ella muy bien podía dar crédito de ello.
En cambio los hombres eran mucho más literales y planos en cuanto a urdir planes; directos y fuertes. El arte ninja de una fémina es mucho más complejo. Observó la sombra esbelta que producía la figura de Karin, dudando aun de la veracidad de sus palabras.
Se detuvo frente a una celda y Sakura casi choca con su espalda cubierta de cabellos rojizos. Al fondo una voz masculina resonó.
―Fea, ¿eres tú?
Karin detonó como un explosivo y volteó bruscamente a mirar a Sakura, que por un momento creyó que le reclamaría por la ofensa. Con los puños apretados y los dientes de igual forma, le informó:
―Este cara de pez es el IMBÉCIL mal herido del que te hablé.
―Tch ―Suigetsu negó con la cabeza, divertido―. Hola, señorita. ¿Qué tal le va? ―levantó dos dedos, en forma de saludo. Parecía saludable, pero el aspecto de su cara lo contradecía. Debía sentirse muy mal.
Karin tenía las llaves de la celda, detalle que Sakura no pudo evitar notar. Ambas entraron y se acercaron hasta la nada mullida cama en la que se encontraba recostado el muchacho. No parecía poder moverse demasiado. Sakura observó la herida cubierta por unos vendajes. Se los apartó y colocó sus manos sobre el estómago del joven, dejando que el chakra fluyera.
Mientras era curado Suigetsu no perdió la oportunidad de hacerle chistes a Karin.
―Oh, vaya, esto es genial. Se siente bien. ¿Y nadie necesita morderte, verdad?
La Haruno no entendió la pregunta, solo vio cómo Karin lo fulminaba con la mirada mientras él ponía cara de satisfacción.
―Yo no dejaría que tú, con tus asquerosos dientes de tiburón, me mordieras.
Sakura comenzó a escandalizarse por el tono de la conversación, no entendía a qué venían los mordiscos.
―Terminé ―ninguno la escuchó. Definitivamente aquella pelea la hacía sentir demás en ese lugar.
―Eres muy fea, sería desagradable.
―Eres un maldito… ―siseó, como una serpiente.
―¿Qué? ¿Quieres que te muerda? Pues no, ve a pedírselo a Sasuke que es el que siempre lo hace.
Sakura quedó descolocada y ajena a los insultos que siguieron. ¿Sasuke? ¿Morder? ¿A ella?...
¿Siempre?
Se levantó sin decir una palabra. Suigetsu y Karin ni siquiera notaron que se marchaba; parecían total y perdidamente enamorados, de manera violenta, rara y mal disimulada, por supuesto.
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Sasuke no hablaba de sus sentimientos, así que ella debía interpretar sus acciones antes que sus palabras pues estas últimas no revelaban gran cosa; sin embargo, su viaje a través del infierno se había enfriado un poco, al menos las llamas ya no la asechaban. No podía contar con sus dedos la cantidad de historias fantásticas que había recreado en su fuero interno acerca de cómo el Uchiha quizás siempre la había querido, escondiendo sus sentimientos detrás de su apariencia de frialdad.
El corazón le golpeaba el pecho rítmicamente. Estaba haciendo caso omiso al dolor pequeño pero molesto que se situaba en un lado de su cabeza. No quería reflexionar acerca de Sasuke y Karin, no quería desilusionarse justo en el momento en el que por fin estaba viendo algo de aceptación hacia ella por parte de él. Aunque a veces se sintiese sobrecogida por el sufrimiento del que solo podía apreciar una sombra, pero que bien sabía que habitaba en él.
Siempre se había imaginado en el lugar de Venus, observando, desde su distancia, como Marte podía iluminarla si se lo proponía. Agitó la cabeza, buscando concentrarse en algo que no fuese el anhelo que sentía por él. Pese a que lo tuviese allí todos los días, era insana la forma en la que que quería más. Pero ella sabía esperar.
Su resistencia a veces le resultaba un completo enigma a ella misma. Sabía lo que todos en la villa murmuraban, sabía que todos se sentían los más racionales y objetivos cuando le aconsejaban que se diera por vencida. Para ellos era como si fuese muy tonta para ver lo que resultaba tan claro. Nada más alejado de la realidad, Sakura sabía muy bien qué era lo que se consideraba correcto y lo que no. Quizás tenían la razón… pero ella no escucharía advertencias. Las emociones de una mujer son más complejas que eso.
Si se trataba de Sasuke se mantendría apostando en contra de las probabilidades.
―¿Puedo preguntar algo?
Suspiró, le preguntaría aunque le dijese que no. Asintió.
―¿Cómo es tu relación con tu nuevo equipo?... Taka.
Observó los orbes color jade, intentando dar con la clase de respuesta que estaba buscando.
―¿Cómo es la tuya con tu nuevo compañero? ―El tono fue casual, pero la mirada hacia sus ojos era inamovible.
―Esa no es una respuesta.
―Es mi respuesta.
¿Sai? ¿Qué podía decir de Sai? Y ¿por qué le interesaba tanto él y no el nuevo capitán, Yamato?
―Sai es… ―no paraba de observarla, parecía querer atraparla a la más mínima señal que mostrara su rostro de alguna cosa que ella desconocía. De manera que se sintió tentada a ir un poco más allá con su respuesta― muy diferente a ti.
Las cejas negras se alzaron levemente, el Uchiha bajó el rostro, mirando sus pies y negando con la cabeza mientras una expresión divertida pintaba su cara. ¿Acaso ella tenía consciencia de lo mucho que detestaba a ese tío?
Tsk.
―¿Diferente…?
―Diferente ―respondió resueltamente.
Cualquier vestigio de diversión se había desvanecido de su expresión. Estaba cabreado, intentando ocultarlo debajo de simple seriedad.
Lo entendía, había pensado que algo así sucedería, y era lo mejor para ambos. Pero simplemente no podía imaginar por qué estaba allí con él, intentando salvarlo, teniendo esperanzas. Pese a todo lo que él creyese como correcto, era un humano más, era egoísta, y quería algo tan bueno como eso para él.
Se acercó a la cama, Sakura estaba sentada en el borde, con los labios más rosas que nunca. Mirándola desde arriba deslizó su mano desde la mejilla hasta el cuello.
Algo le pasó por la cabeza a Sakura, como una centella veloz. Dudó antes de decirlo.
―Se supone que era yo la que había obtenido el permiso de tocarte. No tú el mío ―él retiró la mano sin chistar, ella la sostuvo contra su mejilla nuevamente, sin perderlo de vista―. ¿Puedo tocarte?
Como respuesta una comisura se levantó con arrogancia y ella sonrió con timidez.
Sacó la camisa del pantalón, liberó cada botón sintiendo su pecho subir y bajar con menos ritmo. El abdomen estaba marcado lo justo como para jugar con el relieve de sus formas, lo justo como para hacerla consciente de lo mucho que le gustaba Sasuke en todos los sentidos. No solo era lo que ella conocía de sus sentimientos y cómo estos se habían ocultado por el miedo, sino su presencia, su tacto.
Cuando lo encaró se encontró con un muchacho perdido en la vista de sus senos que ofrecía su blusa, y que él desde arriba podía apreciar.
―¿Quieres tocarme? ―por un momento apartó los temores y las dudas, y decidió experimentar un poco más, solo un poco.
No había más arrogancia en su rostro, solo estaban sus pozos negros más oscuros que la noche.
Bajó con caricias desde la frente, pasando por la nariz, los labios; hasta el cuello y el pecho. En ese lugar su mano se decidió por el seno derecho. Lo masajeó sobre la blusa haciendo que ésta terminara maltrecha.
Se arrodilló frente a ella, liberando un botón de la camisa para que ambos pechos brotaran. La fría saliva con la que quedaban bañados sus pezones luego de las succiones la hacía estremecerse y entreabrir los labios. Sasuke buscó su mirada, que estaba levemente nublada. Cuando obtuvo su atención se llevó un pezón rosa a la boca, sin dejar de observarla, captando cómo sus mejillas se ruborizaban y sus parpados casi completamente desplegados no podían cubrir el brillo de éxtasis.
Tomó ambos senos para masajearlos e intercalar besos que humedecían alternadamente a cada uno. Cada vez que Sasuke chupaba con fuerza el sonido que producía su boca al soltarlos la excitaba más. Rodó los ojos del placer cuando recibió una palmada en uno de sus pechos. Pensar, en ese momento, era absurdo, solo estaba segura de que le encantaba todo cuanto él hacía. Apretó sus piernas, sintiendo la molesta pero placentera sensación que llegaba hasta sus entrañas.
Él las separó y las levantó para retirarle el short, haciendo que se recostara. No podía estar más sonrojada, había pensado, pero cuando deslizó un dedo entre los labios la vio superarse en cuanto a enrojecimientos. Se situó entre sus piernas, sintiendo su miembro crecer repentinamente con la sola imagen de la húmeda y rosada cavidad de Sakura. No conocía algo más provocativo.
Nuevamente buscó la atenta mirada verde. Era impensable dejar de hacer lo que tantas noches había imaginado, aunque en ese entonces dudara de que fuese siquiera posible. Sus hormonas eran hormonas, después de todo.
Besó los labios e introdujo la lengua. Los gemidos suaves eran excitantes, le indicaban en dónde y con qué ritmo darle placer. Descendió una de sus manos mientras continuaba y acarició su miembro con lentitud. Dolía de tanto que deseaba estar dentro de ella. La tensión acumulada estaba volviéndose incomoda.
A ella le dolía más el alma, sabía que en cuanto él se alejara de su cuerpo haría mucho frío. Las cosas no se veían claras en su relación y mucho menos en su futuro. Tenía que aceptar que la vida real no era un cuento de hadas, que no había viento a su favor. Se incorporó en la cama, acarició la comisura de los finos labios con sus dedos y finalmente dejó un pequeño beso sobre su frente, entre los mechones negros. Lo amaba de una manera que no podía explicar.
Fue en ese momento cuando la respiración de él se aceleró, cerró los ojos, apretó su cintura y la atrajo hacia sí.
El moreno hizo que Sakura aferra sus piernas a su cadera, se levantó sosteniendo el peso de ambos. Se sentía bien esa compañía, siempre se sentía bien, esa era la verdad. No podía comparar lo que sentía con nada, y esa era la razón por la cual a veces quería creer que saldría vivo de todo eso. Un escalofrío recorrió su espalda y levantó sus vellos, Sakura desordenaba su cabello y acariciaba su nuca mientras le mordía el labio inferior.
De esa manera no podría parar.
Ocupó la cama, dejándola sentada sobre sus muslos, observando sus ojos. la pregunta estaba escrita en ellos.
―Está bien.
Durante un largo minuto se mantuvo observando los labios que habían pronunciado esas palabras. Cuando comprendió el peso de ellas la levantó casi instantáneamente y se posicionó en su entrada, soportando el placer que amenazaba con descontrolarlo. Lentamente entró, luchando un poco con la estrechez y con el deseo de arremeter.
Sakura abrazaba su espalda y escondía su rostro en el espacio entre su cuello y su hombro.
―Sakura…
―Sasuke-kun… no pares.
Hacia el final de las embestidas pudo aumentar el ritmo y escucharla gemir levemente, mientras que él alcanzaba el punto álgido.
Esa noche por primera vez compartieron la cama y, quizás, ambos estaban compartiendo la realidad de un sueño que había ocupado miles de sus noches.
¡Aaaaaaaaah! Finalmente, el manga terminó y están juntos. Ha sido una semana genial solo por eso, es increíble pensar en todo lo que Sasuke estuvo conteniendo desde siempre. Qué hermoso. Snif.
Por otra parte les pido disculpas por la tardanza, este capítulo estaba casi listo desde hace dos semanas, pero no me terminaba de quedar la última parte.
Por cierto, la canción que lleva el mismo nombre de este capítulo me ayudó a escribir el final.
Ahora hay que disfrutar de nuestra pareja CANON.
Nos vemos en el siguiente capítulo, abrazos.
