Capítulo VI:
Wicked Game
Naruto miró el agujero, concentrado en la misión que debía llevar a cabo. Sin pensarlo más se aventuró a saltar. Cuando sus sandalias ninjas tocaron la tierra pudo observar ante sus ojos al capitán Yamato, que estaba utilizando su jutsu para crear el túnel a través del que llegarían hasta la villa. Unos segundos después Shikamaru y Lee estaban a su lado.
―Capitán, le daré la señal cuando lleguemos al punto establecido. ―informó el Nara.
―Entendido.
Lo único que había en las mentes de los ninjas de Konoha eran las caras de aquellos aldeanos que solían llenar las calles de la villa y que ahora habían quedado a la merced de los oscuros planes de un ninja despiadado e inescrupuloso.
Sus amigos, su gente estaba en peligro, y eso era suficiente para que el próximo Hokage de la aldea de la hoja escondida entre el fuego fuera hasta el final. Después de todo, había una voluntad llameante dentro de él.
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La muchacha de cabello rosa no dejaba de otorgarle conocimientos a su nuevo amigo y mucho menos dejaba de obtenerlos de él. Le había robado el corazón. El niño contó sus diminutos y esqueléticos dedos, recitó el número veinte y se había dispuesto a contar los dedos de su maestra.
―Veinti… veinte y… ¡Veinticinco! ―y sonrió angelicalmente; de una manera pura e inocente, alegría sincera. Un corazón dentro de la habitación comenzó a fundirse.
Afuera de la habitación un sonido explotó.
El niño se tensó como un gato a punto de atacar. Sakura no podía entender por qué. ¿Quién venía?
Unos guardias entraron de manera brusca y la arrastraron a la fuerza, pero antes de eso el pequeño luchó por defenderla de una manera tan fiera que sintió que lo desconocía. Parecía un animal enfurecido; como si su vista se nublase y se activase su instinto asesino. Sin embargo no pudo salvarla, a donde fuese que la llevaran había prisa por llegar.
Mientras se acercaban al lugar podía escuchar una conversación en la lejanía. Era la voz de Sasuke, eran ambos, él y Orochimaru. Por alguna razón su corazón repiqueteó en su pecho de manera acelerada. Conocía esa sensación, no era algo bueno…
En esos momentos todos los miedos que había albergado, las dudas y la parte pesimista subían a la superficie. Recordó la oportunidad en que pudo escuchar la conversación que mantuvo el Sannin con su alumno, recordaba su incertidumbre de manera tan clara… en aquellos momentos no sabía cómo podría ser la expresión de Sasuke. No sabía qué tan mal estaba.
¿Y ahora lo sabía?
―Entonces, Sasuke, quieres que me deshaga de tu pequeña y molesta compañera.
―Aléjala de mí. No hay nada que pueda obtener ya de ella. Ni ella podrá obtener nada de mí.
―Oh… así que ya conseguiste lo que querías de ella.
Solo hubo silencio en el aire.
Las piernas delgadas y blancas temblaron. O quizás fue su alma que estaba cayendo a sus pies, a punto de tocar el piso después de aquel golpe certero.
Llegaron a la puerta de la oficina de la Hokage. Los guardias tocaron y la voz serpentina los dejó entrar.
―Vaya… nuestra amiga ha llegado, eh, Sasuke.
El moreno no se dignó a darle la cara. Tan solo giró la cabeza lo mínimo para mirarla de reojo. Los irises de color verduzco se tornaron sumamente turbios, había confusión y algo muy triste en ellos. Algo sin nombre.
―¿No dices nada, Sasuke? ¿Qué me recomiendas hacer con ella?
…
―Lo único que quiero es que la alejes de mí.
Sasuke giró, permitiéndole a Sakura apreciar de perfil su rostro vacío de expresión. Le dijo algo a Orochimaru que ella no alcanzó a escuchar y se marchó.
Esta vez el temblor de su cuerpo fue de dolor. Por alguna razón ya no le encontraba sentido a querer liberarse.
Se sentía tan malditamente traicionada, usada, desvalorizada y humillada…
¿Por qué? ¿Por qué Sasuke se empeñaba en hacer cosas que la lastimaban? ¿Por qué era tan estúpido? Las lágrimas le quemaban la piel del rostro y dejaban a su lengua salada. Lloró por largos minutos, o mientras le alcanzaron las lágrimas. Otra grieta se abría en su corazón. Cuando por fin dejó de esnifar pensó que había tenido una reacción muy infantil. Él no hacía nada por el placer de lastimarla, sino porque sea lo que fuere que Sasuke deseaba estaba por encima de ella. Entonces se sintió menos que triste, simplemente no tenía un norte. La verdad en lugar de dolorosa puede ser desconcertante: Ella… quizás era simplemente un estorbo. Y alejándose podía incluso ser de ayuda para él.
Pero no quería eso…NO.
Ser sensata le estaba resultando muy incómodo.
Volvió a la realidad cuando un nuevo balde de agua con cubos de hielo cayó precipitadamente sobre su cabeza. El impacto que recibió su organismo la dejó pasmada por unos segundos, enmudeciéndola mientras asimilaba la sensación de dolor que se difuminaba con la de sorpresa.
Después de algo como eso le resultaba difícil la idea de verle el sentido a las decisiones de Sasuke. Cada vez que intentaba hacerlo llegaba uno de esos tipos a recordarle dónde estaba y porqué.
―Vuelvo dentro de una hora, nena. ―las horribles carcajadas sonaban como insultos.
―Maldito… esto no te va a durar―susurró con los dientes chocándole por el frío.
Tiró de las cadenas que mantenían a sus muñecas atadas a la pared, incluso aplicando su fuerza no podía destruirlas. Miró los grilletes en sus tobillos y la agria furia volvió a recorrer sus venas. Lo amaba, eso era cierto, pero en ese momento lo odiaba. ¿Cómo podía querer algo así para ella? Era una maldita rata despiadada, egoísta, sediciosa. Creía que solo su dolor importaba, que no dependía de nada en el mundo. Imbécil pretencioso.
Las horas transcurrieron y sus ideas acerca de cierto Uchiha también lo hicieron. Había dado algunas por sentado, sin embargo continuaba elucubrando angustiosamente, buscando el algo que le faltaba para entenderlo. Algunas veces lo condenaba y otras era condescendiente. El cielo y el infierno para él. ¿Qué se merecía más?
―Hola, nena. He vuelto ―la voz desafinada y gruesa de aquel hombre la trajo de vuelta a la vida real.
―Hola, imbécil ―el hombre estaba lo suficientemente cerca como para que uno de sus puños lo alcanzara, ya estaba harta de eso.
Lo esquivó fácilmente.
―No seas tonta, mírate, ¿crees que alguien así de débil podría vencer al gran Atsumaru?
Era cierto, se sentía desvaída, ni siquiera podía reunir la cantidad suficiente de chakra para golpear decentemente. Había estado utilizándolo para brindarle calor a su cuerpo.
―Por ser tan rebelde ahora tendrás doble ración. ―con un silbido llamó a otro patético hombre.
Ambos se dispusieron a vaciar sobre ella sendos baldes de agua casi al punto de congelación, de hecho algunos trozos parcialmente congelados se deslizaban por su cuerpo, mientras ella luchaba desesperadamente por respirar. Se marcharon nuevamente, dejándola con las ropas empapadas y el cuerpo trémulo a más no poder. Hasta la más mínima insinuación de brisa la hacía tiritar incansablemente.
Su mente comenzaba a perder la noción de lo que acontecía.
Unas sandalias en unos pies blancos y masculinos aparecieron frente a sus ojos. Tenía las piernas muy juntas y contra el pecho; la cabeza contra las rodillas, intentando proporcionarse calor a sí misma. Dedos tibios retiraron la blusa por su cabeza, luego estaban en su espalda. Sintió un sopor helado en su pecho pero no duró mucho. Algo muy tibio la cubría, era agradable, casi doloroso después de horas tan gélidas.
¿Quién demonios era… la inconsciencia probablemente se había apoderado de ella, no estaba muy segura de si aquello había sido parte de un sueño.
Cuando volvió a abrir los ojos Sasuke estaba frente a ella, con los brazos cruzados, observándola fijamente.
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―Bien, desde aquí no podemos utilizar ninguna técnica demasiado espectacular o llamaríamos la atención, estamos prácticamente debajo de sus pies.
―Amigos, es su turno. ―Kiba le dio una palmada a Akamaru. Una gran manada de perros gigantes dispuestos a cavar los seguía.
Naruto miró a Hinata, que estaba concentrada en guiar la manada. En su mente agradeció que todos estuviesen a salvo y dispuestos a luchar por recuperar su aldea. Volteó a mirar a Lee que estaba con Ten Ten, ella era una de las que parecía más preocupada. Su familia estaba en la aldea cuando aconteció la guerra y la toma de Konoha. Igual que la mayoría de las madres y niños. Chouji y su padre eran parte del gran ejército que habían formado gracias a los aliados. También los padres de Ino, Shikamaru y Kiba. La angustia en sus rostros le avisaba que también las mujeres de sus vidas estaban en peligro.
Mentalmente maldijo el momento en el que a Sakura se le ocurrió regresar a la aldea. No, no podía ser tan egoísta. Ella era medic-nin, debía ayudar, debía ofrecerle alivio a los heridos. El desgraciado de Orochimaru era el que nunca debió haber tenido siquiera la idea de volver a pisar Konoha.
―Viejo, ¿estás seguro de que no están utilizando chakra? ―Shikamaru notó el disgusto en la cara de Kiba.
―Si no confías en un perro… entonces no confías en nada.
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―Ni siquiera sé para que estás aquí. Es raro. ¿Por qué no te vas detrás de Sasuke como siempre?
Karin lo miró molesta, maldito pez impertinente. ¿Nunca dejaría de sacarle en cara a Sasuke?... ¿no sabía que le hacía el acercamiento más difícil de lo que ya lo era? NO, ¿verdad? A menos que... una sonrisa malvada atravesó su rostro. Ya entendía…
―Sí, tienes razón. Sasuke es tan lindo, tan fuerte, tan poderoso y tan sexy… es el tío cool a donde vaya.
―¿Pues entonces a qué esperas? Vete. ―lució afectado, desesperado por hacerla desaparecer de su vista.
Karin puso una sonrisa falsa sobre sus dientes, la que siempre les otorgaba a todos cuando se trataba del tiburón. El tío era una persona muy, muy, MUY exasperante. Del tipo que te saca disgustos haciéndote chistes grotescos y tontos porque realmente es demasiado tierno, tanto que teme que todos lo noten y luego ríes cuando lo recuerdas porque piensas que es sencillamente adorable. Tonto, idiota, estúpido. La pelirroja ajustó sus lentes, con ese aire intelectual y pesado de siempre.
―Mira, imbécil, las cosas están así: me quedaré en este horrible y nada conveniente lugar hasta que podamos escapar, y me quedaré contigo.
―¿Por qué?
―Por ti.
¿QUÉ?
El espadachín quedó petrificado y enrojecido, aunque no más que la chica que cruzaba las piernas y miraba demasiado concentrada a cualquier otra cosa que no fuesen los ojos del muchacho.
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Otra vez, sus ojos, sus manos, todo lo que él era le recordaba lo que habían vivido y sentido juntos. ¿O es que acaso ella había estado en una relación unilateral? Si es que se podía llamar relación a lo que habían experimentado. ¿Había sido solo sexo? ¿Solo un montón de hormonas? Era un tema sumamente miserable, eso era lo que creía, pero ya que él la había puesto en esa posición, y gracias a él tenía dichos pensamientos, pues entonces él tendría que responder sus dudas. Era su culpa.
―¿Qué significó para ti todo lo que sucedió?
…
―Lo que insinuó ese despreciable de Orochimaru… lo que haces, como actúas. Yo… yo no puedo creerlo. Nunca te creeré. Pero que no te quede duda: mientes muy bien―el dolor en el tono de su voz, al quebrarse cada palabra en su garganta pero aún así no dejar de sonar fuerte y claro le resultó insoportablemente doloroso. Sin embargo la escuchaba atento, como siempre, como a nadie―. Demasiado bien para mi gusto.
Sasuke soltó un gran suspiro de frustración.
¿Así que no le creía?
―No tienes idea de la verdad de tu preciada aldea.
―¿Qué hay de malo con la aldea de la Hoja? También es tu aldea.
―Hn… ―una sonrisa amarga apareció―lo que está mal con la aldea… es su gente. Unos demasiado avaros para ser gobernantes y otros demasiado sumisos para tenerlos. Nadie hizo nada... se cometieron injusticias.
―¿Qué injusticias? ―a Sakura le pareció que el Sasuke con el que hablaba estaba en trance.
―Las que han marcado mi camino. Las responsables de que haga lo que estoy haciendo.
Qué frustrante. La explicación era sumamente superficial. Omitía nombres y detalles, pero le estaba diciendo las razones por las que actuaba de aquella manera. Intentó mirar sus manos, como si en ellas pudiese encontrar la pregunta correcta que le daría la llave a todas las respuestas. En ese instante fue consciente del estado en el que se hallaba, ya no estaba encadenada; una gran manta la cubría y le brindaba calor, pese a que debajo de ella estaba semidesnuda.
―Esto… ―señaló la manta― ¿fuiste…tú?
―Me ayudaron. ―¿Qué? ¿Quién más la había visto desnuda?― Shisuke está muy preocupado por ti.
Y ella lo estaba por él, ya podía recordar el estado de furia en el que había quedado cuando fue llevada a la fuerza. Al menos él no intentaba ocultar sus sentimientos.
―¿Qué ganas ocultando lo que sientes? Negándote lo que… ―su corazón latió con fuerza― te ofrezco. Sé que… el amor de tu familia nunca podrá ser reemplazado ni revivido pero…
La filosa hoja de la katana de Sasuke apareció como una centella debajo de la barbilla femenina. Sus ojos flameaban con el Sharingan y el Rinnengan a la vista. Otra vez estaba siendo una molestia, ¿no era así? Estaba cabreado a más no poder, lo veía en la tensión en su cuello.
―Sakura… quieres que pierda el control.
Abrió la boca para decir que por supuesto que no, sin embargo el beso que se plantó sobre sus labios le ganó en velocidad.
Ahí estaba otra vez, pensó con remordimiento, no podía estar cerca de ella, ya no. Era brusco e intenso, con rabia, como si quisiera resumir todos los besos que podían darse en solo uno. Cuando ella siguió el ritmo del contacto entonces descendió por su cuello, tumbando la manta que la cubría.
Al comenzar a jugar con su lengua sobre el botón rosa los gemidos tomaron el lugar. Succionaba y se apartaba para apreciar la vista y lo mucho que le excitaba. Por su parte, Sakura miraba la cabeza cubierta de cabellos negros sobre su pecho, en ocasiones tenía vistazos de la boca alrededor del pezón, en otras simplemente observaba la mirada lasciva con la que admiraba su piel.
Con algunos quejidos intentaba enviarle la señal de que a ratos se tornaba demasiado brusco, y con suerte lograba hacer que disminuyera su intensidad; pese a lo decidido que parecía algo de principiante se asomaba en él. No obstante, no importaba mucho, cuando él la tocaba su cuerpo respondía sin pudor. Así que los dedos restregándole caricias sugerentes sobre su short ninja no le fueron indiferentes.
¿Qué estaban haciendo? No era el momento… pero estaba derrotada, tanto placer con solo aquellos toques sobre su femineidad la dejaron sin cordura. Una y otra vez los largos dedos iban y venían sobre sus labios.
Sasuke tenía las muñecas de Sakura apresadas con una de sus manos. Varios clic clac sonaron. Sakura mordió su labio inferior, alcanzando la cima y precipitándose. El moreno la cubrió de nuevo.
Su pecho subía y bajaba mientras la lucidez volvía a su cerebro, incapaz de levantar la mirada. Estaba encadenada otra vez. ¿Cómo se había atrevido? ¿Todo había sido para eso?
―No miento, esta es la realidad ―se marchó.
¿Qué les ha parecido?
¡Abrazos y feliz año 2015!
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