Dedicado a todos ustedes, quienes se han tomado la molestia de leerme y en especial a mi amiga Marymorante por el apoyo y el ánimo que me ha dado a pesar de todo y mas aun por sus geniales ideas para este capitulo. Gracias.

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EL ASISTENTE DEL DIABLO

CAPITULO 5

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El fin de semana para Helga fue muy tranquilo, con todo el trabajo sobre los hombros de su increíblemente resistente asistente, ella tenía más tiempo libre para dedicarle a su escritura. Tenia que admitir que Arnold era muy persistente y paciente, cualquiera hubiese renunciado a ese punto pues Helga estaba siendo especialmente molesta, pero si eso alejaba a Arnold de una relación poco saludable entonces lo seguiría siendo. Después de pasar la mañana del sábado escribiendo Helga decidió ir a visitar a Olga y, tal vez, cenar con su familia. Se alistó para marcharse y se vistió de una manera muy casual, jeans, tenis y una camisa de baseball, una coleta fue su toque final y se dispuso a marchar a casa de su muy perfecta hermana y ansiosa por pasar el resto del día con su sobrina.

En cambio para Shortman el fin de semana era otra historia, la traducción no era nada difícil pero si muy tediosa y no ayudaba en nada que Samantha estuviese allí para interrumpirlo a cada minuto pidiéndole que fuesen a pasear

-anda Arnold, quiero ir a ese nuevo restaurante de comida griega en el distrito norte, Melissa me dijo que es exquisito

-ya te lo he dicho muchas veces Sam, no puedo este fin de semana, tengo que terminar este trabajo y no puedo perder un solo minuto

-¿y cuando me llevarás entonces? ya no tienes tiempo para nada, todos los días sales muy tarde ¿y ahora traes el trabajo a casa?

-Sam, entiéndelo, esto lo hago por nosotros! deja de recriminármelo de una buena vez y déjame trabajar. Entre más rápido lo termine más rápido tengo tiempo para ti- dijo molesto el rubio por la actitud de su pareja

-de acuerdo, no te molestaré más Arnold- se levantó de la mesa para ir a su cuarto -ah por cierto, ya que no deseas ser molestado estoy segura que no te molestará dormir en el sofá esta noche- agregó visiblemente molesta antes de retirarse y que se oyera la puerta de su habitación siendo azotada.

-genial, lo que necesitaba- Arnold estaba molesto, pero más que nada enojado con sigo mismo por hacerle eso a Samantha pero se repetía para sí que lo hacía por ella y que si soportaba lo suficiente cosecharía los beneficios muy pronto. Después de un rato Arnold no pudo más y se levantó de esa incomoda silla y tomó las llaves de su auto. Necesitaba aclarar su mente un poco, tanto español le comenzaba a causar migraña.

Ya en su coche manejó sin rumbo hasta que se estacionó en el Tina park, cerca de su viejo vecindario. Se sentó en una banca y solo contempló el cielo y a los niños jugar, unos volaban cometas, otros jugaban en los columpios, vaya como le tranquilizó estar en un lugar que le recordaba los mejores años de su infancia, pero sabía que no podía quedarse allí para siempre aunque él así lo desease, tomó un último respiro y regresó a su coche, preparándose mentalmente para volver al trabajo.

Finalmente condujo unas cuantas calles y al detenerse en una luz roja pudo reconocer, del crucero que se encontraba en verde, el auto de Helga -creí que ya no vivía por este vecindario, ¿a dónde se dirigirá?- se preguntó curioso -como si me importara, ahora mismo es lo que menos me interesa saber, suficiente con soportarla entre semana como para también topármela en mis días libres- 'días libres' pensó, 'vaya chiste', -aun así tengo que trabajar y todo gracias a ella. ¿Por qué siquiera pienso en ella? Helga es la razón por la que Samantha este molesta conmigo y la razón por la que hoy dormiré en ese incomodo sofá- dijo molesto sin embargo no pudo resistir mirar fijamente la dirección que había tomado Helga, sin darle más importancia al asunto Arnold arrancó su vehículo rumbo a su propio departamento.

Lunes

El lunes llegó, y con él, un cansado y desvelado Arnold quien todas las mañanas se desviaba a la calle Lincoln y la Veintidós para comprar el nuevo capricho matutino de Helga

-¿lo mismo de siempre señor Shortman? ¿Capuchino expreso doble?

-sí, gracias- dijo Arnold sacando algunos billetes de su bolsillo

-disculpe mi atrevimiento- dijo la cajera- pero ¿no le parece excesivo tomar uno de estos todos los días? es un poco fuerte- inquirió la joven

-no es para mí, yo solo se lo llevo a mi jefa, seguro la conoces, Helga Pataki-

-ohh claro, como olvidarlo, café late, nunca hubiese creído que el café que se lleva es para ella, pensaba que odiaba el café expreso- dijo la joven sin darle mayor importancia, pero este comentario por algún motivo dejó pensando al rubio.

Esa mañana Arnold se apresuró a dejarle el café a Helga en su escritorio y a toda prisa salió y se sentó en su escritorio mientras miraba por las persianas de la ventana lo más discretamente posible y comprobar si efectivamente Helga tomaba el café que le traía todas las mañanas. Lo que paso a continuación solo confirmó algunas sospechas, Helga abrió el termo y arrojo el contenido en una maceta de su oficina como si fuese ya una rutina preestablecida desde hace varios días para la rubia.

'¿qué demonios?' pensaba Arnold, ¿porque razón haría Helga algo así? esto dejó muy intrigado al rubio pero sin perder más tiempo en aquello comenzó su trabajo. Al poco tiempo Arnold terminó los pendientes diarios y se dispuso a revisar su correo electrónico encontrando un e-mail de su tutor de postgrado

"Sr. Shortman, he notado que no ha realizado ninguna de las actividades de la plataforma virtual desde casi un mes, este comportamiento lo veo muy extraño en usted, recuerde que pronto se cerrará la unidad y sin sus aportaciones me sería imposible evaluarlo. Si tiene algún inconveniente o duda por favor hágamelo saber"

-¡Rayos! lo olvidé por completo- dijo preocupado -pero desde que trabajo con Helga no me ha quedado tiempo para nada mas- dijo cansado mientras se apoyaba pesadamente en la silla -supongo que hoy también tendré que desvelarme- dijo resignado y comenzó a teclear algo en su computador cuando Helga salió de su oficina

-¡Shortman felicidades!, Rogers revisó su traducción y está muy complacido- dijo su jefa -hasta ha pensado en dejar las traducciones del español a su cargo por su buen trabajo, ¿qué dice?

-¿q-que!? pe- pero es que yo no...

-excelente, le diré que está dentro- dijo sin darle oportunidad a su asistente de hablar y se retiró de nuevo

-pero yo...¡Pataki espera! demonios, lo que me faltaba!- dijo más estresado que antes -apenas puedo con el trabajo que Helga me asigna ¿y ahora esto? ...creo que necesito unas vacaciones o me volveré loco- dio un gran suspiro mientras pasaba su mano entre sus cabellos totalmente agotado por la situación

Mientras tanto Helga estaba sentada en su silla con los pies sobre su escritorio y con una expresión de satisfacción en su rostro -vaya tonto, ¿quería trabajar para Helga Pataki? pues ahora trabajo será lo único que haga en todo el día- no podía estar más complacida pues sus planes para fastidiar a su asistente salían a la perfección. El celular de la rubia comenzó a sonar y esta contestó la llamada

-¿diga?

-ohayo gozaimasu Helga

-hey ¿qué pasa phoeb's!?

-bueno estaba pensando que ya que esta semana estas menos ocupada ¿quisieras ir de compras conmigo este viernes? prometiste que me dejarías ayudarte a comprar un guardarropa nuevo

-¿es eso verdaderamente importante? ¿No podemos posponerlo no lo sé, digamos hasta el próximo decenio tal vez?

-pero me lo prometiste! dijiste que estabas lista para un cambio- viendo que Helga no se sentía muy entusiasmada como para contestarle agregó -y después de las compras podemos comer pizza-

-¿con queso extra?

-si Helga, con queso extra-

-de acuerdo el viernes está bien, te llamo luego

-me parece perfecto Helga ¡hasta entonces!

-sí, sí, lo que sea- Helga terminó la llamada. Con tanto torturar a su asistente, se había olvidado por completo de su último propósito, conseguir una cita con un buen hombre, tal vez una relación formal, ya era hora de olvidar al idiota que le rompió el corazón

-vaya fastidio, tener que cambiar mi vestuario solo porque a los idiotas hombres les gustan las mujeres que se arreglan y maquillan todos los días ¿Qué tiene de malo mi ropa?- Helga se levantó de su asiento y se dirigió a un espejo que estaba colgado en una de las paredes de su oficina, lo tomó en su mano y se miró a sí misma, su cabello estaba sujeto en forma de chongo, como todos los días, algunos cabellos rebeldes estaban fuera de lugar, y mientras más trataba de volverlos a su sitio, más parecía que se revelaban, se rindió y siguió con su examinación, su rostro estaba libre de maquillaje, pero a pesar de haber dormido más en el último mes, se le veían leves marcas de ojeras debajo de los ojos y su piel estaba un poco seca

-¿eso es acaso una...arruga?- se cuestionó muy alarmada pero continuó mirando su reflejo, el color de su saco y falda era un rojo muy opaco y deslavado, su conjunto de oficina era unas tallas mayor y no resaltaba para nada su figura, por último, sus medias y sus zapatos sin tacón la hicieron sentir como si estuviese viendo a su propia madre! -no puedo creer lo que estoy diciendo, pero creo que sí necesito ese cambio de look después de todo-

Helga se quedó un instante mirándose en el espejo y dejó salir un suspiro. Su actual "condición" se debía a la tragedia amorosa que vivió al lado de su ex novio y compañero de trabajo, Jessie Grant, su traición la había dejado desecha y era hora que no había podido superar su decepción, si bien aseguraba ya no estar en ninguna manera enamorada de él, Helga no volvió a permitir que nadie con intenciones románticas se acercase a ella de nuevo, valiéndose de una apariencia desaliñada y una actitud más hostil que nunca.

Pero justo allí, viéndose en ese espejo, Helga tomó una decisión, ya era suficiente de esconderse, era hora de demostrar que estaba lista para continuar con su vida. Pero otra cosa le preocupaba y era que sus expectativas en hombres siempre habían sido muy altas, sería difícil encontrar a un posible candidato para novio -no pido mucho, solo quiero conocer a un buen chico, de mi edad, guapo, inteligente, amable, honesto, desinteresado...

-¿me llamó Pataki?- Arnold interrumpió sus pensamientos entrando de golpe a su oficina pues creyó oír a Helga llamándolo

-ehh, no solo hablaba conmigo misma Shortman...pero ya que está aquí le recuerdo que aún tiene pendiente la nueva traducción de Rogers- le dijo reciamente a lo cual Arnold contestó molesto -lo sé Pataki, estoy en eso- cerró la puerta y la dejó continuar con su soliloquio

-¿en que estaba?... ahh si, desinteresado, paciente, cariñoso, pero ¿dónde podría encontrar a alguien así?- Helga pausó un instante para enlistar mentalmente a todos los hombres que conocía y que pudiesen llenar esos requisitos, una lista muy pequeña por cierto, de la cual no pudo señalar a hombre alguno, pero olvidaba a alguien importante –no, creo que no conozco a nadie, tal vez Phoebe pueda presentarme a alguno de sus amigos- Helga colocó el espejo en su lugar y se dirigió a su escritorio para continuar con su trabajo no sin antes dejar salir otro suspiro.

El día pasó rápidamente para ambos rubios y antes que lo notasen era hora de ir a casa. Arnold se despidió de su jefa y se marchó, si bien no llevó el trabajo a casa el rubio pasó el resto de la noche recostado oyendo a su novia parlotear de las cosas más superfluas que se pudiese imaginar, pero en realidad Arnold no podía dejar de pensar en las razones ocultas de Helga para hacerlo llevarle un café todas las mañanas, que de hecho no consumía. Helga era un rompecabezas y él quería descifrarlo, una idea se le vino a la mente y satisfecho por su plan, que llevaría a cabo a primera hora de la mañana, Arnold cerró sus cansados ojos y cayó en un sueño muy profundo

-así que Melissa me dijo que su dietista le prohibió los... ¿Arnold? ¿Me estás oyendo? ¿Arnold?- por más que lo sacudió el rubio permaneció dormido. Todos esos días de desvelo estaban cobrándole el recibo. Samantha muy molesta no le insistió más y se preparó para dormir.

Martes

-Buen día Pataki, le traje su acostumbrado expreso doble- dijo Arnold con una sonrisa en el rostro mientras entraba a la oficina de su jefa

-bien Shortman, solo déjelo en mi escritorio y retírese- hizo como su jefa le ordenó y colocó el envase térmico en el lugar indicado, sin embargo Arnold permaneció estático mirándola inquisitivamente -¿qué pasa Shortman, acaso tengo algo en la cara?

-eh? oh no, solo estaba pensando-

-pues piense en otro lado- dijo enfadada. Arnold se retiró pero en cuanto salió tomó el correo de su escritorio como una excusa para volver a entrar lo antes posible y asegurarse si, en efecto, Helga había bebido su café o lo había desechado nuevamente

-disculpé, olvide entregarle el correo esta mañana- sin embargo Helga no tenía el café a la mano, en cambio el contenedor desechable estaba ya depositado en la basura -¿tan rápido terminó su café Pataki?

-err, si, tenía mucho sueño esta mañana Shortman, necesitaba esa cafeína, jeje- su risa fingida la delató

-no debería beberlo tan rápido, tanta cafeína podría ser perjudicial para su salud- le aconsejó con un tono sarcástico

-¡eso no es asunto suyo! Regrese a trabajar- dijo molesta y encaminó a Arnold a la salida abriendo la puerta de par en par para que saliera. Arnold entendió su gesto y se dirigió a su lugar de trabajo, no sin antes detenerse justo frente a Helga y, acercando su rostro al de ella, mucho más cerca de lo que debería, dio un lento y hondo respiro –con permiso- dijo un tanto molesto y salió de allí dejando a Helga muy confundida por aquello

'¿acaso me estaba...Arnold…inspiró sobre mí?' pensó muy sonrojada. Esa actitud por parte de su asistente la dejo pensativa -¡es que acaso Arnold... no, no puede ser!- 'Helga no pienses en cosas que no están allí' -lo mejor será que le ponga más trabajo- Helga salió de su oficina y con las manos en la cintura se plantó frente al escritorio de su asistente -Shortman ¿Ya terminó los pendientes que le encomendé?-

-¡pe-pero si me los acaba de dar! ¿Cómo quiere que ya estén listos? ¡No han pasado ni diez minutos!- dijo muy confundido

-¿y qué con eso? ¿No se supone que es muy eficiente? hágalo lo más rápido posible antes que cambie de opinión respecto a usted y me consiga un nuevo asistente!-

-pe- pero...ughh…enseguida Jefa- dijo bufando. Como pudo Arnold se apresuró a terminar sus pendientes solo para descubrir que Helga tenía otra lista interminable de deberes para él. Ese día parecía que Helga estaba siendo especialmente molesta pero el rubio logró terminar y cumplir hasta su más mínimo capricho antes de retirarse de la oficina.

Miércoles

Ese día comenzó igual que los anteriores, Arnold entregó su dosis de café diario a su jefa y nuevamente entró con una excusa a su oficina para asegurarse si lo bebía

-Pataki, esto llegó en el correo y creo que podría ser relevante para usted- Arnold le extendió una carta a Helga y esta lo tomó para revisarlo

-en efecto Shortman, gra…- Helga se quedó inmóvil cuando al levantar la cabeza para agradecer a su asistente, este tenía su cara casi pegada a la de ella, teniendo la mirada fija sobre la rubia –que…que hace Shortman?- la cercanía de Arnold la incomodaba pero al mismo tiempo no quería que se alejara

Notando la posición en la que estaba, Arnold pensó rápidamente en una excusa y dijo sin moverse un solo centímetro –tiene algo en…- no terminó la frase y con su mano derecha tocó su mejilla, disimulando como si le quitase algún ente ajeno a su piel haciendo uso de su propio pulgar. Después de algunos segundos su mano se apartó y Arnold inspiró de nuevo sobre la rubia lo cual hizo que Helga se sonrojase, pero se agradecía a sí misma que, como modo preventivo, ese día se había colocado un perfume francés muy costoso y de dulce fragancia, en el hipotético caso que volviese a ocurrir lo que pasó el día anterior

–Creo que no era nada después de todo- dijo sin darle más importancia y se retiró dejando a Helga en su escritorio totalmente atónita 'lo hizo de nuevo' después que su sorpresa se disipó Helga solo pudo pensar '¿cómo se atreve? ¿Quién se cree que es? ¡Vaya zoquete!' fúrica por el atrevido comportamiento de Arnold, Helga salió al pasillo –¡Shortman!- llamándolo en un tono de disgusto

-digame Srita Pataki-

-hoy es un día muy caluroso ¿no cree?

-Eh?...- Arnold no comprendió a dónde se dirigía con esa charla pero la continuó -pues sí, ya comienza la primavera-

-pues bien estaba pensando que sería una buena idea que fueses por unos frapuchinos a la cafetería de siempre, y ya que estas por allá me gustaría que pasaras a la librería que está en frente y compraras algunos libros que necesito, aquí está la lista- Helga le extendió la lista mencionada y agregó –y ya que te queda cerca ¿recuerdas esas donas que tanto me encantan? ¿Qué te parece si me traes media docena?

-pero ¿y los pendientes del día de hoy? Creí que las traducciones del sr Rogers eran la prioridad- dijo muy confundido mientras miraba su escritorio, lleno de artículos para traducir y corregir

-no se preocupe Shortman, el día es joven, puede ir a hacer esos mandados y llegar a tiempo para terminar su trabajo- dijo de manera retadora, cosa que Arnold entendió perfectamente

-A la orden...- Arnold se levantó de su asiento y recolectando sus cosas para marcharse, musitó casi imperceptiblemente -su majestad- los ridículos caprichos de Helga ya estaban cansando a su asistente y este se cuestionaba muy seriamente si el salario prometido era en efecto proporcional a sus esfuerzos para soportar a su jefa

Arnold se apresuró a comprar las rosquillas y las bebidas solicitadas y como ultima instancia entró a la librería -buen día Señor ¿puedo ayudarlo en algo?- dijo un jovial hombre tras la caja registradora

-buen día, ¿dónde se encuentra su sección de poesía?- Arnold había reconocido de la lista que la mayoría de los autores eran poetas y por consiguiente y lo mas obvio era buscar en esa sección sin pensarlo dos veces

-el tercer pasillo de su izquierda, segundo librero- le indicó el buen hombre

-gracias- sin más, Arnold se dirigió al estante señalado y rápidamente encontró algunos de los libros que buscaba, otros le costó un poco mas de trabajo, pues entre tantos títulos, era difícil ubicarlos -bien, solo falta uno, pero no dice el nombre del autor- Arnold se concentró en el ultimo libro de la lista -será mejor que pregunte al encargado- nuevamente se dirigió al hombre para solicitarle su asistencia -disculpe, estoy buscando un libro "Preludio de una traición" pero me temo que no conozco el autor-

-oh pero por supuesto que conozco el libro! es lo ultimo de Geraldine, es una autora muy popular entre mis clientes, déjeme ver si aun tengo alguna copia- el hombre se dirigió a un pequeño estante justo frente a la puerta, el cual solo estaba destinado a los títulos de moda -tiene suerte, este es el ultimo ejemplar- le extendió la copia, y sin pensarlo dos veces, Arnold lo abrió para un mejor escrutinio, no había dudas, era el mismo libro que él había ayudado a corregir semanas antes -me llevo este también- Arnold y el hombre se dirigieron nuevamente a la caja para pagar por su respectiva cuenta -dígame ¿esa escritora es muy famosa?

-pues desde hace un par de años que sus novelas se venden como pan caliente joven, creo que también tiene algunos libros de poesía pero lamentablemente no son tan conocidos-

-ya veo, tal vez regrese en otra ocasión, gracias- Arnold tomó su bolsa y se dirigió a su auto, se colocó el cinturón de seguridad y manejó nuevamente con rumbo a la editorial

al llegar a su piso de trabajo fue interceptado por Peter, uno de sus compañeros -hey Shortman! ¿donde rayos te metiste? Pataki ha estado preguntando por su asistente los últimos 20 minutos!

-¿que?! pero si ella misma me mandó por algunas cosas- le dijo mientras levantaba las manos, ocupadas por el pedido de la rubia, para hacer énfasis

-pues tienes suerte que en estos momentos este con Rogers, si yo fuera tú me quedaría en mi escritorio y fingiría que llevo ya buen rato allí

-buena idea, gracias Peter- Arnold se dirigió a la oficina de su jefa, colocó la bebida, las donas y el paquete de libros en su escritorio e inmediatamente se dispuso a terminar su trabajo. Unos minutos después Helga entró a su oficina muy a prisa y sin siquiera dirigirle la mirada. Arnold esperaba por lo menos una llamada de atención por parte de su superior, pero nada pasaba, después de dos minutos oyó lo que temía -Shortman, venga a mi oficina en este instante!-

Arnold atendió a su llamado al momento pues ya conocía los estados de humor de Helga cuando las cosas no se hacían como ella quería -dígame Pataki-

-puede decirme porque demonios este café está frío?

-pues usted me pidió un frapuchino, se supone que sea frío!- dijo molesto

-en ese caso está caliente!

-¿que? pero...está hablando en serio?

-solo sé que le pedí un frapuchino para el calor y me trae uno derretido! ¿es que acaso no puede hacer nada bien Shortman?

Arnold se contuvo con todas sus fuerzas para responderle, pero eso no lo contuvo de pensar una posible respuesta 'al parecer no! supongo que soy bastante inútil trayéndole café todas las mañanas, cumpliéndole sus caprichos a todas horas del día mientras lo equilibro con mi trabajo, mi maestría y mi vida personal, tiene toda la razón, soy un inútil!' eso ultimo pensándolo sarcásticamente -discúlpeme, no pasará de nuevo-

-eso espero, lo pasaré por alto esta vez. Puede retirarse- el comportamiento de Helga no podía ser mas altivo y prepotente

habiendo desperdiciado medio día en los encargos de Helga, ese día también llevaría trabajo a casa, se disponía a marcharse pero no sin antes entrar a la oficina de Pataki -solo vengo a decirle que me retiro por hoy, mañana tendré el trabajo terminado-

-mas le vale Shortman- una amenaza fue lo único que recibió por parte de su jefa, lo interpretó como una despedida y se marchó.

esa misma noche, mientras se preparaba para dormir, Helga repasó de nuevo la ropa de su closet, mirando todos aquellos conjuntos un tanto aburridos y sus zapatos desgastados, después se vio a si misma en el espejo, llevaba puesta ya su pijama que consistía sencillamente en un short y una camisa evidentemente tallas mas grandes y un par de calcetines -¿será que Phoebe tiene razón? Si quiero continuar con mi vida personal, puede que no este tan equivocada - baja la vista a los accesorios que cubrían perezosamente el tocador de su alcoba y encontró delante de todos, el costoso perfume francés que usó ese día por la mañana y de igual modo recordó lo cerca que Arnold estuvo de ella, demasiado cerca para su excéntrico gusto.

de la nada una idea cruzó la mente de la joven y ésta se precipitó nuevamente a su armario, buscando en lo mas profundo -sé que esta por aquí- se trataba del único vestido decente que tenía. lo había usado con anterioridad para algunas galas públicas o para salidas formales con su ex novio -lo tengo!- Helga sacó un vestido negro de corte princesa, de inmediato se lo probó y con molestia se dio cuenta de que aquel cuerpo más juvenil había quedado atrás. El vestido era ligeramente escotado lo que permitía que su pecho quedara aun mas visible de lo normal, la cintura le quedaba un poco ajustada y la silueta de la cadera se había ensanchado, acortando un poco más el largo de la falda.

Con decisión se paró enfrente del espejo para mirarse -creo que no me veo tan mal - tomó el perfume y se roció un poco, localizó el final de su cabello trenzado y deshizo el peinado, alborotándolo como si estuviera dispuesta a salir. Helga no podía creer lo atractiva que se veía solo con algunos cambios. -solo hay una manera de averiguar si me veo tan atractiva como creo, y parece que conozco al perfecto conejillo de indias-Con cuidado pasó su lengua sobre su labio inferior, ampliando su maléfica sonrisa

Jueves

Arnold se asomó a la oficina de Helga y al no verla, dejó el encargo de todos los días. se dispuso a hacer las tareas de ese día, mientras esperaba por su jefa. después de regresar del área de impresiones, detectó por entre las persianas, una sombra en la oficina, supo que su jefa había llegado. Tomó tranquilo el correo y se encaminó molesto hacia su escritorio - me estoy cansando de esto- se dijo para si.

la puerta estaba entreabierta -Señorita Pataki, traigo su correo - la empujó y lo primero que vio, fue su largo y semi ondulado cabello, llegándole hasta casi tocar la cintura. Al volverse, Helga había dado un ligero toque de maquillaje a su rostro, siendo los labios en carmín y las largas pestañas que embellecían sus ojos azules lo que más llamaba la atención. era poco el maquillaje que portaba pero sin duda alguna la imagen era cautivadora, sin duda alguna era una belleza natural.

-buen día Shortman, puede dejarlo en mi escritorio - caminó alrededor de él, solo lo suficiente cerca para que él pudiera percibir su perfume y para que Arnold pudiera mirarla mejor. Levantó su celular y fingía revisar sus mensajes de texto -si me permite Shortman - le habló indiferente - tengo algunos asuntos que atender- Helga abrió la puerta de su oficina para que Arnold pudiera salir

En cambio, el rubio seguía un tanto absorto con el cambio en Helga ¿alguna vez en la escuela se presento así? él podía jurar, sobre su álbum completo de Dino Spumonni, que no. El taconeo de los zapatos altos de Helga le hicieron virar hacia ella, que impaciente esperaba al lado de la puerta –Shortman ¿qué pasa? ¿acaso está sordo?

Al bajar la vista, vio que en su otra mano llevaba el vaso del ya extinto café, recordándole el porqué estaba ahí. Sin dejarse intimidar, Arnold se acerco a Helga sin decir una sola palabra, desequilibrando la aparente indiferencia de la rubia –¿s-si? ¿pasa a-algo?

La respiración de Helga subió de intensidad, haciendo que su escote demostrara un poco más con cada inspiración. Arnold ignoró esto y con cuidado pasó su dedo pulgar cerca del borde de su labio superior - tienes una mancha roja - dijo secamente. Dio una profunda inhalación, cerrando los ojos para no ver más de lo necesario y esta vez, sin despedirse, salió de la oficina.

Helga apenas podía sostenerse en pie, creía que Arnold no sería capaz de volver a intentar lo que sea que estuviese haciendo días anteriores, pero se había equivocado. Su intento por convencerse a si misma que seguía siendo esa mujer segura y determinada a la cual nadie la podía detener de conseguir sus ambiciones pareciese que había sido en vano, eso mismo significaba ese enfrentamiento con Shortman para ella, pero había perdido vilmente.

Viernes

El viernes llegó y nuevamente Arnold apareció en la oficina de su jefa con su acostumbrado café pero esta vez en lugar de un vaso llevaba un cartón con tres bebidas. Helga por su parte había decidido continuar con su vestimenta habitual solo que había peinado su cabello en una coleta alta.

-aquí tiene su expreso doble Pataki- Arnold colocó dos de los vasos en el escritorio de Helga mientras él tomaba uno para sí -ayer noté que se bebió el café tan rápido que sospeché que querría mas, he tomado la precaución hoy de comprarle dos tazas- después de explicar eso Arnold tomó asiento frente al escritorio de su jefa y tomó su taza, al ver que su asistente no tenia planes de retirarse pronto Helga intentó deshacerse de él -¿qué hace Shortman? póngase a trabajar de una buena vez!-

-bueno, si no le molesta quisiera preguntarle algunas dudas laborales, pero no se preocupe, yo espero a que se termine su café

-no es necesario Shortman, diga, ¿qué necesita saber?

-insisto Pataki, tómelo primero, sé que le gusta caliente, aprovecho y la acompaño bebiendo el mío- Arnold destapó su contenedor de café y rápidamente la oficina de Helga se llenó del olor del café late de su asistente 'rayos, hace tanto que no pruebo uno de esos y ese huele delicioso'

-¿que espera pataki?- Helga, queriéndose deshacer del molesto rubio tomó la primera taza y la bebió de un solo golpe 'ughh, demonios esta muy cargado y amargo' Helga se contuvo con todas sus fuerzas de hacer alguna mueca de disgusto. Arnold se sorprendió de que la rubia se lo tomara de un solo trago pero su jefa lo sacó de sus pensamientos -¿no va a beber el suyo Shortman?

-esperaré a que se enfríe un poco- en realidad solo buscaba molestar a Helga con el olor del café que, aparentemente, y según la cajera de la cafetería, era su favorito.

-como sea- Helga tomó la segunda taza y le dio un gran sorbo pero sin lograr la hazaña anterior pues aun había una considerable cantidad de café en el contenedor -estoy planeando ir de compras con Phoebe hoy al medio día, es probable que no regrese al trabajo Shortman, confío en que hará los pendientes que tiene

-por supuesto Pataki, confíe en mi- Arnold le dio un pequeño sorbo a su café mientras miraba de reojo a Helga quien mantenía su mirada fija en su expreso

'solo un sorbo mas Hel, tu puedes' Helga dio de nuevo un trago y terminó su segunda taza de café 'ughhh!'

'wow lo terminó todo! casi hace que me sienta mal por haberle traído expresos triples...casi' Arnold dibujó en su rostro una sonrisa satisfactoria '...pero alguien tenía que enseñarle una lección a Pataki'

-bien vayamos al grano Shortman ¿qué quería preguntar?

-pensándolo bien no era tan importante Pataki, volveré a mis labores- habiendo cumplido su cometido Arnold se excusó y salió por la puerta lo mas rápido posible

-pe-pero...!- 'eso fue bastante raro' Helga no pensó mas en el extraño comportamiento de su asistente y se dispuso a trabajar

...

-de verdad lo siento Helga, pero este paciente no puede esperar, vino de urgencia y...

-lo entiendo Phoebe no te preocupes, será otro día-

-ahh no! eso no! ya habías hecho un espacio en tu agenda ¿no es verdad? pues bien confío en que puedes hacer las compras tu sola

-¿bromeas Phoeb's? ¿de verdad crees que sería capaz de elegir algo que no se parezca remotamente a un saco de patatas?

-creo que estas exagerando un poco Helga pero si no te sientes lo suficientemente segura ¿porque no le pides a Arnold que te acompañe? la opinión de un hombre puede contar mucho

-¿estas loca? ¿llevar a Arnold para que me de consejos de vestimenta? acaso olvidaste que en la primaria solía usar esa camisa a cuadros que parecía una faldita? y no me hagas comenzar con su minúscula gorra

-bueno es eso o llamar a Rhonda, sé que esta ocupada pero cuando se trata de emergencias de guardarropa ella siempre esta dispuesta a...

-olvídalo! no volveré a ir de compras con la princesa de nuevo! esas fueron las 9 horas mas tortuosas de toda mi vida

-entonces lleva a Arnold

Helga suspiró vencida -tu ganas, pero no lo disfrutaré! y me comeré la pizza entera yo sola!- advirtió

-de acuerdo Helga, te llamo en la noche para ver que tal te fue, hasta luego!

-suerte con el moribundo- Helga terminó la conversación y pensó en la manera mas cortés y prudente de pedirle a Arnold que la acompañase de compras, Phoebe tenia razón, la opinión de un hombre podía contar mucho, después de todo eso lo hacia para atraer la atención de los hombres

-cambio de planes Shortman, prepárate para acompañarme al centro comercial, nos espera un largo día- dijo Helga al salir de su oficina

-¡¿QUE?! pero porque yo? ¿y que pasa con Phoebe?

-bueno a uno de sus pacientes se le ocurrió llegar de urgencia a su consultorio y tuvo que atenderlo, así que eso nos deja a ti, a mi y a un montón de dinero para ser gastado, ¿no es eso genial?- dijo sarcasticamente

-bueno siendo sincero no esperaba desperdiciar mi día en compras y aun no termino...

-no se lo estoy preguntando Shortman, es una orden. prepárese que salimos en 10 minutos- Arnold quedó estupefacto ante la impositora respuesta pero no le quedó mas que obedecer.

…...

en el centro comercial

-¿Por donde deberíamos comenzar?

-¿porque crees que yo tengo alguna idea? ni siquiera recuerdo la ultima vez que fui de compras

-bueno tu eres una chica Pataki, supuse que sabrías por lo menos donde empezar

-no tengo ni idea- dijo sincera -¿que me dices de tu novia, nunca la acompañas de compras?

-usualmente espero por ella en los videojuegos, como algo o veo una película mientras ella se decide. Generalmente solo llego a pagar la cuenta

-no te culpo Shortman, las compras son aburridas. solía hacer lo mismo que tu cuando salía con las chicas de compras, llegaba justo a tiempo para decidirme por alguna prenda cualquiera y mantener a la princesa satisfecha. ahora desearía haberle puesto mas atención a sus consejos de moda, tal vez así sabría que tipo de ropa le queda a mi figura o qué colores son adecuados para mi piel y ese tipo de cosas tontas que se necesitan saber-

-no tienes que esforzarte tanto, todo te queda muy bien, eres muy linda- Arnold se detuvo en seco al oír lo que había dicho '¿acaso dije lo que creo que dije? bueno es verdad pero...espero que no lo malinterprete'

Helga se sorprendió por el comentario tan honesto de su asistente 'tal vez este no sea un mal día después de todo' ambos rubios continuaron su camino y después de unos segundos de silencio incomodo para Arnold, Helga musitó un tímido -Gracias-

continuaron caminando hasta que encontraron una tienda lo suficientemente grande para confiar que tendrían una amplia gama de estilos y prendas. entraron y, efectivamente, los percheros y mostradores estaban llenos de ropa de todo tipo, desde lo mas formal hasta lo casual, te todos colores y texturas

-será mejor comenzar con ropa de oficina- sugirió Helga dirigiéndose a una sección en especifico y con ayuda de Arnold y de una vendedora pudo elegir una variedad de camisas, sacos y faldas para su oficina procurando que fuesen de la talla y el corte correctos, esta vez decidió que los colores deberían ser mas brillantes pero no en exceso, satisfecha por su compra decidió que debía adquirir ropa un poco mas informal pero con estilo, algunos vestidos, zapatos y accesorios. por suerte todo estaba en esa misma tienda.

-¿porque no te pruebas este conjunto Helga? estoy seguro que te quedará genial- Arnold le ofreció una falda recta y corta en gris obscuro y una camisa morada con cuello en v, un conjunto informal y cómodo. Helga lo tomó entusiasmada, no podía creer lo relajante que podía ser ir de compras con una persona que no se quejara tanto de su figura como Rhonda. se podía decir que tanto Arnold como Helga comenzaban a disfrutar de su mutua compañía

-iré a probármelo, espera aquí que quiero que me des tu opinión- dijo como una niña en navidad, ante tal comportamiento el rubio no pudo mas que sonreír. Pero cuando Helga entró al vestidor Arnold recibió una llamada

-Diga

-Arnold! mi amor

-hola Sam, ¿cómo estás?

-extrañándote! por favor dime que hoy si saldremos a pasear! estoy tan aburrida sin ti

-bueno, no lo sé aun tengo algo de trabajo pendiente y...

-¿de nuevo con eso? ¿cuando tendrás tiempo para mi? te la pasas mas tiempo en tu trabajo que conmigo!

-lo sé y lo siento ya lo hemos discutido de acuerdo! esto será solo temporal pronto podremos ir de viaje a donde tu quieras pero tienes que ser paciente

-¡pero yo quiero salir ahora!

-ya te lo dije mi jefe es muy estricto y en estos momentos tenemos mucho trabajo, no creo que pudiese darme un día libre justo ahora

Helga al haberse probado el conjunto había salido del vestidor en busca de Arnold para pedirle su opinión, cuando oyó que hablaba con su novia se mantuvo a distancia, lo suficiente como para oír su conversación y entender que Samantha se quejaba del abandono en el que Arnold la tenia por causa de su trabajo.

-esta bien Sam, intentaré ver si es posible...si, le preguntaré a mi jefa...-

'genial, me había olvidado de la famosa Samantha' Helga continuó oyendo la conversación de su asistente aunque sabia que estaba mal pero no soportaba la curiosidad ¿preguntarle qué?

-si, jefa...si, es una mujer...- aclaró Arnold -¿que dices? ¿que clase de pregunta es esa?

'¿acaso Arnold nunca le ha hablado de mi?'

-¿porque te interesa de repente si es joven o madura? nunca antes te había interesado oír de mi trabajo ¿y ahora esto?...esta bien, esta bien, es como de nuestra edad

'parece que el cabezón tiene una novia celosa...interesante'

-¿qué? ¿que si es linda? pues...- ante tal pregunta Helga se acercó mas a él discretamente para oír lo que tenia que decir sobre ella -pues es rubia, tu sabes que las prefiero morenas... por supuesto que no es para nada tan hermosa como tu Sam, ya sabes que estoy loco por ti cariño, te aseguro que no tienes porque estar celosa- dijo confiado -yo también te amo, adiós-

'estúpido cabeza de balón! pero si hace poco me dijo todo lo contrario! ya veo que me mentía! ¿con que no soy hermosa no es verdad? pues ya veremos si piensas lo mismo al final del día' Helga regresó al vestidor antes que Arnold notara su presencia

-¿Helga? ¿estas allí?- Arnold tocó la puerta del vestidor de la rubia y esta salió con un gesto de molestia tal que hizo que Arnold diera algunos pasos hacia atrás -¿que pasó con el conjunto, no te gustó?- preguntó al ver que Helga traía puesta su ropa habitual

-estaba pensando que sería mejor ir a la sección de vestidos, ya sabes, son necesarios para las galas que suele ofrecer la editorial y me gustaría que me ayudaras a elegir algunos- mientras decía eso Helga tenia una sonrisa casi diabólica en la cara

-claro, lo que usted ordene Pataki- ambos jóvenes se dirigieron a la sección de vestidos de cocktail en donde una empleada los recibió con justo -estoy buscando un vestido que sea elegante pero cómodo- dijo Helga mientras Arnold se acomodaba en el sofá que se encontraba justo frente a los vestidores

-claro que si señorita pase por aquí- la empleada llevó a Helga para mostrarle algunos vestidos que creía apropiados para ella, tomando uno de corte largo lo mostró a la rubia -¿Qué le parece este señorita?

-es muy lindo pero...- era hora de poner en marcha su plan -verá señorita, quiero dejar a mi novio boquiabierto- dijo eso mientras giraba su atención al inocente rubio en el sillón, quien aprovechaba para descansar un poco manteniendo sus ojos cerrados -me gustaría que me mostrara algo mas atrevido, ya sabe con mucho escote y ajustados, de encaje, algo que le quite el aliento

-comprendo señorita- dijo la joven -tengo justo lo que esta buscando- le dio una cómplice sonrisa y se dirigió a recolectar algunos vestidos que ella consideraba cabían en las expectativas de su clienta, satisfecha con su selección le ofreció a Helga un probador, el que estaba justo frente a Arnold -estaré cerca por si me necesita-

-gracias- Helga entró al probador no sin antes mirar a Arnold por ultima vez 'sigue tranquilo cabeza de balón, no sabes lo que te espera'

después de un rato Arnold comenzó a impacientarse -Helga ¿estas bien allí dentro? ¿porque no sales?

-dame un minuto Arnoldo- el rubio se dejó caer vencido en el sofá nuevamente solo para encontrarse con que la tela del vestidor de Helga se abrió de par en par revelando lo que bien pudiera ser una semidiosa, Arnold entonces agradeció el haberse sentado antes de ver aquella visión. La imagen de la Helga en aquel vestido negro que había visto un par de días antes no se comparaba con la nueva Helga en un vestido strapless aun mas ajustado y escotado, si hubiese sido su padre estaba seguro que hubiese corrido a cubrirla con un abrigo, mostraba aun mas piel de lo debido 'esa suave y tersa piel... no! detente Shortman ¿que demonios estas pensando? estás hablando de Pataki!'

-¿que piensas?- preguntó satisfecha por la evidente reacción de su asistente y su mutismo solo lo comprobaba

-eh...- Arnold tenia la garganta totalmente seca -cre- creo que... es... muy ...ejem- tuvo que desviar la mirada de la joven para poder formular su comentario propiamente -… creo que es demasiado escotado Helga, creo que deberías probarte otro vestido-

-mmm pues yo creo que se me ve lindo- aseguró Helga mientras se giraba solo para mostrarle la parte posterior del vestido, igualmente ajustado. Arnold hundió sus uñas al sofá 'solo soy un hombre no un santo' pensaba el rubio mientras mordía su labio inferior -insisto en que te pruebes otro vestido Helga-

satisfecha con su nerviosismo Helga dijo -creo que tienes razón, de todos modos aun hay mas vestidos de donde vino este- Helga le guiñó un ojo y regresó al probador.

'espero que este día termine pronto!' rogó Arnold

CONTINUARÁ...

lo termino justo aquí porque se esta alargando mucho :p pero el siguiente capitulo es la continuación y Arnold estará en peligro de ser visto por Samantha en una situación muy comprometedora con su jefa jojo. probablemente no postie el prox. capitulo hasta finales de mes, lo siento pero es hora de ponerle atención a la escuela. nos leemos pronto