La regla 34.
"Si existe, entonces debe tener una versión porno."
Mordidas.
Se conocieron en un bar poco antes de la media noche, y para las dos de la mañana se encontraban ya comiéndose a besos en un motel cercano a la zona.
—Por cierto, me llamo Nitori. Aiichirou Nitori.
Rin nunca había hecho algo como eso. Bueno, más bien, jamás había arrastrado a un hombre hasta la habitación de un motel. Mas el muchacho, que ostentaba un curioso lunar bajo uno de sus ojos, le había cautivado de una manera tan irrazonable como lo había hecho ninguna mujer.
—Rin —respondió él, acalorado —. Mastuoka Rin. Un placer.
Y por extraño que pareciera, claro que era un placer.
Con una dentadura sumamente peculiar, el pelirrojo, apodado en la comisaría como "El Tiburón Matsuoka", se dedicó a dar rienda suelta al gusto culposo que no cualquier mujer le dejaba hacer. De todas formas, desde que se hubieron dicho "hola" en la barra, bajo la mirada curiosa pero disimulada del barman, que esa piel lechosa se le antojó entre los dientes. Ahora, mareado y diciéndose ebrio, tenía la excusa perfecta para no parar.
Sin ropa de por medio, su presa se veía aún más deliciosa. Entre besos se desvistieron aprisa, a pesar de haber pagado la habitación por la noche completa.
La primera mordida se la dio en el labio inferior, y el sonido que salió de su boca fue tan gratificante, tan excitante, que detenerse ya era tarea inútil. Al desnudarle el hombro, le besó en la garganta rasando con sus colmillos la clavícula, y cuando el chico tocó tímido su erección por encima de la ropa, él se aferró a la curva de su cuello. Nitori, como había dicho se llamaba, gritó ahogado contra su pelo.
Mordió todo cuanto pudo de él, dispuesto a no desaprovechar la oportunidad. Le mordió en la garganta y también las axilas, antes de mordisquear, como un cachorro crecido, las tetillas del color de la nata en el latte que tomaba por las mañanas. Le lamió camino abajo y mordió en el ombligo y, al engullir, curioso, la virilidad del peligris, enredando sus dedos entre el escaso vello en su pelvis, le raspó el pene con la punta de los dientes, divertido por los quejidos de su improvisado amante y los tironeos desesperados a su cabello, sin suficiente fuerza para hacerle daño.
Le encajó los dientes duramente en el dorso de sus muslos, tan fuerte que le hizo sangrar bajo la piel. Mientras lo hacía, como un auténtico animal, el muchacho le golpeó varias veces en la frente. Finalmente le calmó lamiendo lento por detrás de las rodillas.
Rin no supo exactamente qué, pero había algo en ese chico, de apariencia escuálida y pequeña, que le hizo enloquecer. Por ello, cuando al fin entró en él, le marcó la dentadura bajo el cuello. Volvió a hacerlo al cambiar de posición, dejando la marca de su acto en sus blancos omoplatos, incluso le mordió la palma de la mano cuando Nitori, ávido y sudoroso, le montó majestuoso como si cabalgara un corcel.
Para el final de la noche había dejado su existencia plasmada en ese inesperado amante, que estando tan o más borracho que él, le había acompañado en la locura, mas no le acompañó hasta el amanecer.
Con el despuntar del alba, entrado en prisas, descubrió que el otro se hubo marchado sin dejar rastro alguno mientras aún dormía, salvo una mordida en el hombro y otra, supuso él, en la espalda, pues esta le escocia.
Sin tiempo que perder, siquiera para una ducha en condiciones, marchó a la jefatura, preocupado de no llegar tarde al turno.
…
— ¿Noche movida? —Rin luchaba por ponerse la camisa lo más rápido posible cuando de improviso, su mejor amigo, oportuno para todo lo que significara una vergonzosa anécdota futura, le palmeó el trasero en señal de burla. El pelirrojo refunfuñó, admitiendo inútil el esfuerzo de ocultar las marcas que el otro ya había visto.
— Algo así.
—Esa marca se ve sañosa. Salvaje la muchacha ¿Eh? ¿La volverás a ver?
Matsuoka se calló el aclararle que su conquista de la noche no había sido otra cosa que un muchacho. Se encogió de hombros.
— Supongo que no —dijo con voz áspera, intentando esconder su decepción. Ganas de verle no le faltaban, pero salvo su nombre, algo femenino, no tenía nada. Siquiera la certeza de que ese mote fuera real.
— ¿Entonces puedo contactarla yo?
El destanteo en el rostro del hombre de boca predadora fue tangible. Sousuke le señaló entonces el pequeño espejo en su casillero. Rin se las ingenió para mirar el reflejo de su espalda, donde, en tinta permanente de un plumón negro, las palabras en inglés diciendo "Call me", un número celular y el kanji que representaba ideograma del "amor" eran encerrados por las marcas de unos dientes.
おわり
Necesito dormir, necesito un café o necesito exorcizarme.
En fin, espero haya caído en la gracia de tu agrado.
Nos leemos para la siguiente entrega en unas horas.
Sean perversos.
.Misao Kirimachi Surasai.
