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El Asistente del Diablo

Capítulo 8

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Arnold no podía creer todo lo que había dicho mientras estaba enojado, la mayoría de ello sin pensarlo o sentirlo, claro que estaba molesto por que Helga lo tratara tan mal, pero esa no era razón suficiente para decirle todo aquello. En lugar de conducir directo a su departamento decidió dar una vuelta a un lugar al que hacía mucho no había pisado, la vieja casa de huéspedes.

Por su parte Helga, ya un tanto más repuesta de su altercado con Arnold salió del centro comercial con rumbo a su departamento. Lo único que quería era servirse una copa de vino, tomar un baño de burbujas y dormir todo el fin de semana. Entre menos pensara en esa tarde del demonio cuanto mejor.

Después de un rato de pasear por los corredores desocupados de lo que fue su casa por mucho tiempo, dio una profunda inhalación y tomó valor suficiente para subir al ático; jaló el hilo de las escaleras y ascendió. Todo estaba cubierto con una considerable capa de polvo, obscuro (a pesar de la luz de la luna) y vacío, pero sabía bien dónde encontrar el objeto que buscaba. Abrió su antiguo closet del cual extrajo una caja de zapatos, sopló un poco sobre su superficie para disipar el polvo acumulado con los años. En el interior de la caja había algunas pertenencias de valor sentimental, recuerdos de su infancia, juguetes, fotografías y el pequeño libro rosa. Lo hojeó brevemente pero al no haber luz suficiente no pudo más que meterlo a su bolsillo, lo examinaría después. Dio un último recorrido y salió rumbo a su departamento.

Sam lo esperaba ansiosa cuando llegó a casa – ¡Mi amor, Por fin llegaste!-dijo emocionada mientras le abrazaba.

-Hola Sam- por un momento tuvo la sensación que su novia sabía exactamente lo que había pasado ese día, pero al ver su sonrisa se convenció que no tenía ni la más mínima idea que había estado en la misma tienda de lencería que ella… con otra mujer. Prolongó el abrazo más tiempo de lo normal – ¿pasa algo Arni querido?

El rubio soltó un cansado suspiro –he tenido un día terrible, no te puedes imaginar-

-¿acaso pasó algo malo?- inquirió acariciando su mejilla

-uhh, no, bueno…sí- meditabundo, trata de encontrar la mejor manera de darle la desafortunada noticia '¿cómo decirle sin decirle?' pensaba el rubio -creo que estoy desempleado de nuevo

-¿Qué? ¿Cómo pasó eso?- inquirió la castaña

-tuve un argumento con mi jefa y ella uhh me despidió. No puedo creer que le haya dicho cosas tan terribles pero me sacó de mis casillas y después fui a la casa de huéspedes…-

A tal confesión Sam se asió de su cuello -espera ¿fuiste de nuevo a la casa de huéspedes? Bebé ya sabes que no me gusta que vayas allá, siempre regresas tan deprimido-

-fue rápido, tenía que recoger algo, lo siento si te hice esperar-

-no te preocupes amor, y por el trabajo tampoco, ya se te ocurrirá algo, ¡además tengo que darte una buena noticia!- dijo entusiasmada – ¡me dieron el trabajo! ¿No es emocionante? No haré tanto dinero como quisiera pero por lo menos mi salario nos ayudará en lo que encuentres otro trabajo

-Wow, no sabía que habías ido a alguna entrevista- dijo sin poder ocultar su sorpresa

Su falta de interés la irritó demasiado -¡claro que te lo dije! No hablé de otra cosa esta semana más que de este trabajo- su novia no podía creer tal desinterés

-vaya ¿en serio? En verdad lo siento cariño, supongo que tenía demasiadas cosas en la cabeza, pero ya no más. De ahora en adelante tienes mi total atención- aseguró frotando dulcemente su nariz con la de ella.

Este gesto suavizó un poco a la castaña -¡genial!, porque quiero mostrarte algo- mencionó de forma coqueta mientras mordía su labio inferior y lo jalaba de la corbata hacia su habitación.

El vapor se adhería a las baldosas del elegante baño de Helga, manteniendo un ambiente cálido y relajante, aunque eso poco ayudaba a su estado de ánimo -estúpido cabeza de balón- musitaba Helga mientras trataba de relajarse en su baño de burbujas –lo único que he querido hacer desde que trabaja para mi es ayudarle ¿y es así como me paga? Lo odio!- dijo palmoteando el agua un poco.

Por un instante, Helga se hundió en sus pensamientos. El hecho de recordar a su yo de 9 años, en lo alto de un edificio confesando su más grande y profundo secreto, y que horas después sería rechazado, aunado a las palabras que Arnold proliferó en el vestidor, le provocó una fuerte punzada en el pecho. Bajó el brazo fuera de la bañera, y alcanzó la copa de burbujeante Champagne – por Dios Santo, el estúpido cabeza de balón tiene razón.

Cada palabra que recordaba, le dejaba un sabor amargo – '¡…sobre todo estás celosa que me enamoré de alguien más y no de ti, no creas que no sé que te gustaba cuando éramos niños!'

Arrugando fuerte su entrecejo, Helga eleva su copa –brindo por tu despido Arnoldo– terminó la bebida de un solo trago, con la esperanza de que el fuerte dolor que sentía en el pecho desapareciese. Después de todo, nadie humillaba los sentimientos de Helga G. Pataki.

Mientras tanto, Arnold permanecía en la alcoba de su casa, sentado sobre su cama – ¿Sam? Nena ¿Está todo bien allí dentro?

-solo dame un segundo amor- Arnold se recostó y recordó el pequeño libro que había traído de su antigua casa, lo extrajo de uno de los bolsillos de su saco y comenzó a hojearlo pero, antes que siquiera pudiese leer algún fragmento del ya tan conocido libro rosa, fue súbitamente interrumpido

-estoy lista- dijo Sam con voz melodiosa, a lo cual Arnold bajó el libro y la vio en el marco de la puerta ¡con el mismo modelo de lencería que Helga se había probado ese día! –hoy fui de compras para celebrar mi nuevo empleo y no pude resistirme a comprar este conjunto. Y bien Arnold ¿qué te parece?- el susodicho estaba tan absorto en admirarla que solo balbuceó algunas palabras inentendibles. Satisfecha, se acercó a él y comenzó a besarlo apasionadamente a lo cual él respondió sin pensarlo dos veces, al fin de cuentas, desde que había entrado a trabajar no había tenido tiempo para intimar con su novia, quería reparar ese error cuanto antes.

Arnold la acercó más a su cuerpo y comenzó a acariciar cada una de sus curvas mientras la devoraba con sus labios. Las manos de Sam trabajaban en desvestirlo, comenzó por aflojarle la corbata y desabotonarle la camisa muy lentamente. Desesperado por el contacto de piel con piel, Arnold tomó la iniciativa y, con un poco de rudeza, postró a Sam en la cama mientras seguía besándola, esta vez plantando un camino de besos en su cuello y pecho a la vez trataba de desabrochar la hebilla de si cinturón

De repente Arnold oyó un 'estúpido cabeza de balón' entre las respiraciones entrecortadas y agitadas de su compañera de lecho

Arnold se paró en seco y la miró fijamente a los ojos -¿qué dijiste?

-jijiji no he dicho nada mi amor- aseguró Sam quien aún respiraba con agitación. Ahora ella tomó la iniciativa y retomó donde se habían quedado. El rubio no le dio más importancia al asunto, y correspondió animosos a sus demostraciones de cariño.

-dije cabeza de balón-

-¿qué?- Arnold volvió de nuevo la vista a su interlocutora pero en lugar de Samanta, una visión totalmente diferente apareció frente a él. Recostada, sobre su cama, se encontraba nada más ni menos que la mismísima Helga G. Pataki. Su larga cabellera, que se encontraba en un estado revuelto y desprolijo, se extendía alrededor de su cabeza formando una aureola dorada que resaltaba sus labios de un rojo intenso, haciendo juego con sus mejillas sonrosadas. Su ligera respiración acelerada delataba el claro estado de excitación en el que se encontraba. Sus ojos estaban dilatados, al punto que era difícil distinguir el azul tan característico de sus hermosos zafiros.

-Ahhhh!- sin pensar y dando un gran salto por la sorpresa, Arnold se alejó lo más que pudo al ver a Helga tendida en cama tan provocativamente lo que hizo que cayera de espaldas al suelo.

-¡¿qué pasa Arnold?!- Samanta se acercó a la orilla de la cama para asegurarse que su novio no se hubiese lastimado

-eh… lo siento yo…- 'piensa en algo y rápido' – yo… ¿creí ver una araña?-

-Ahh! ¿Dónde?- Sam da un salto, inspeccionando cuidadosamente las sábanas

-no te preocupes creo que solo era una mosca-

La chica estaba un poco molesta por la innecesaria interrupción pero de igual manera ambos retomaron lo que estaban haciendo, pero esta vez Arnold se mantendría alerta. De nuevo comenzaron a besarse apasionadamente, pero al abrir los ojos de nuevo el rubio se encontró nuevamente con la imagen de Helga. Lleno de pánico se detuvo en seco. Arnold tomó con las dos manos el rostro de Sam y lo inspeccionó. El mismo rostro que, hacía unos segundos, podía jurar era el de Helga.

-¡¿y ahora qué?! Dijo aún más irritada que antes

-yo…- cansada de la actitud tan rara de su novio la chica solo dijo –si no quieres hacerlo solo dilo, no tienes que inventar excusas tontas- se dio la media vuelta en la cama y se cubrió con las cobijas –buenas noches- finalizó de forma cortante.

Por más que tratase de convencerla que solo era cansancio y nada más Sam no le volvió a dirigir la palabra y fingió haberse quedado dormida. Resignado Arnold se dirigió al baño, necesitaba una ducha fría.

Toda esta nueva e inquietante experiencia, había sido una pesadilla, más bien una fantasía muy real, pero…no era posible ¿Arnold? ¿Fantaseando con Helga? Debía tratarse de algún error… ¿verdad?

Por supuesto que Arnold tenía fantasías con chicas que no fuesen Sam, es una cosa normal entre los hombres, pero de entre todas las mujeres del mundo tenía que ser ella ¿por qué ella? Sin duda una broma muy mala del subconsciente.

Confundido por todo esto, y después de tomar una ducha, se dirigió al balcón de su departamento para hacer una llamada – ¿hola?

-Gerald!-

arni viejo! ¿A qué debo el honor? Creí que ya te habías olvidado de mí- dijo bromeando su casi hermano

-claro que no, solo que había estado muy ocupado– da un fatigoso suspiro.

-cierto, Pataki debe estar bombardeándote con trabajo! Cuéntamelo todo ¿cómo te va en el infierno?-

El rubio hace una pausa – bueno de hecho, precisamente acerca de Helga es de quien necesito hablarte.

– Claro ¿qué es? dispara.

-uhh bueno, hoy la acompañé al centro comercial y tuvimos una discusión y… en pocas palabras, estoy desempleado.

-¿qué? ¿Te despidió? ¡No! Viejo me acabas de hacer perder una apuesta de 50 dólares contra Phoebe

Una pequeña sonrisa se forma en Arnold -¿ustedes dos han estado apostando para ver cuánto tiempo duraba? Deberían de sentirse avergonzados!- dijo con un tono de falsa recriminación

- Jajajaja ¡calma Arni!, solo es un poco de diversión sana a tus expensas, pero si, uh… aposté que podrías durar dos meses a lo menos. Aunque si quieres ayudarme a no perder mi dinero podrías rogarle a la loca de Pataki una segunda oportunidad. Ten en mente que aun necesitas ese trabajo- las intenciones de Gerald, eran más que desinteresadas al ofrecerle ese consejo, Arnold lo sabía bien, estaba seguro que su moreno amigo deseaba ganar la mencionada apuesta pero era un consejo con mucho sentido.

– Lo sé, lo sé, necesito el dinero ahora más que nunca, la cuenta de la tarjeta de crédito es exorbitante – hace una pausa, y lleva una mano a sus mechones rubios – mira olvidemos eso por un momento ¿quieres?, hay algo más grave que aún no te he dicho, y por lo cual no puedo regresar a trabajar con ella.

-estoy seguro que no puede ser tan grave Arni- afirmó confiado a la vez que su curiosidad iba en aumento por el repentino silencio al otro lado de la línea, hasta que por fin Arnold le contó lo que había pasado ese día; cómo lo había obligado a acompañarla de compras, la tortura de los vestidos, y cómo había quedado atrapado con ella en el vestidor, le contó de su discusión, omitiendo los detalles de los insultos que le propinó a su jefa

Gerald se tomó un tiempo para responder -¿eso es todo? ¿Te hizo molestar y tú le gritaste algunas verdades? Puede que Helga este molesta por lo que le dijiste pero sé que no es rencorosa, apuesto a que si le pides disculpas te perdonará y te dejará tomar tu puesto de nuevo

-Vamos Gerald que eso no es todo, hay algo más grave que aún no te he dicho y por lo cual en definitiva no puedo regresar a trabajar con ella- haciendo varias respiraciones profundas, se armó de valor para confesarse – verás yo… creo que mmmh… puede que yo… fantaseara con ella mientras estaba a punto de llevar a Samanta a la cama… si sabes a lo que me refiero.

Con ella… te refieres a…

– Helga.

Hubo un sepulcral silencio en la línea telefónica.

-estás jodido ¿lo sabias?- dijo mientras agitaba la cabeza

-Rayos Gerald, lo sé. Ni siquiera sé cómo pasó, es decir sí, la vi en ropa interior pero es Helga G. Pataki de la que hablamos, la chica que nos torturó de niños y ahora mi jefa, bueno, ex jefa. Ni siquiera puedo entender cómo es posible- 'claro que sabes, esas caderas anchas y firmes, ideales para concebir hijos' 'ughh Arnold, ya basta!' por pensamientos como este, a veces Arnold quería golpear su subconsciente.

-no me parece para nada raro- expresó Gerald de manera comprensiva –es decir, Helga podrá ser todo lo mandona y rabiosa que quieras pero hasta yo debo admitir que ella tiene sus, ¿cómo decirlo?, encantos.

-no me estas ayudando aquí, deberías decirme que está mal que piense en ella, o de cualquier otra chica que no sea mi futura prometida de esa manera- dijo exasperado

-Arnold creo que estás exagerando la situación, es una reacción natural. Solo pasó una vez, no quiere decir que pasará de nuevo, a menos que tú lo quieras claro está

-Muy gracioso Gerald, no, no lo quiero. Lo único que quiero es olvidar que este día siquiera pasó.

-entonces olvídalo, no es gran cosa y de paso haznos un favor a ambos y recupera tu trabajo aunque tengas que rogarle ¿me oíste?

Vencido, el rubio asintió con la cabeza -supongo que tienes razón. Gracias por escuchar Gerald

-cuando quieras viejo, nos vemos

-adiós- Ambos terminaron la llamada. Arnold permaneció un momento más reflexionando sobre todo lo que había hablado con Gerald. Tenía razón, era algo a lo que no le debía dar tanta importancia, ahora que lo pensaba esta no era la primera vez que se sentía físicamente atraído a otras mujeres aun siendo novio de Samanta.

En lo que se disponía a descansar, después de un muy largo y complicado día, comenzó a formular un plan, rogaría a Helga por su trabajo el lunes a primera hora; evitaría por sobre todas las cosas, tener cualquier pensamiento que la involucrara a ella y una cama, o sofá, o escritorio, o cualquier otra superficie en general. A recostarse en su cama, se dio cuenta de que eso no sería tan fácil como pensaba.

CONTINUARÁ…

Yo sé que me odian con toda el alma, hace casi dos años que no actualizo lo sé, pero actualmente tengo responsabilidades que no puedo dejar de lado tan fácilmente y no tengo computadora más que en el trabajo así que todo se me complica, una disculpa a todos. Trataré de actualizar aunque sean capítulos muy cortitos… como de una página o algo así :p

Para este capítulo le doy las gracias particularmente a MaryMorante quien escribió una descripción muy detallada de la fantasía de Arnold el cual lamentablemente para ustedes decidí no agregar ¿por qué? Este fic fue pensado para mantenerse en clasificación infantil y así deseo que permanezca. Este capítulo no estaba planeado tampoco pero sentí necesario que los lectores comprendieran que Arnold está definitivamente atraído a Helga y que su ideal de mujer es otro totalmente diferente al de Sam razón por la cual su relación, con o sin Helga interponiéndose, no hubiese fructificado.

Espero les guste y Agradezcan a MaryMorante ya que gracias a sus ánimos y palabras de aliento (y hasta a veces, bueno… muchas veces, amenazas) me permitieron avanzar un poco con esta historia. Gracias querida amiga, sé que estás pasando por una etapa difícil en tu vida pero ya sabes lo que dicen: si la vida te da limones, escribe fanfictions.