La regla 34.
"Si existe, entonces debe tener una versión porno."
Sábanas.
Rin miró al muchacho dormir placido entre las sábanas.
Con la respiración lenta, los parpado cerrados y su pálida piel contrastando completamente con el satín rojo de las sábanas de ese hotel.
Acarició sus cabellos con apena las puntas de sus dedos para no despertarle. Deleitándose con esa tela que brillaba contra su amante.
Y aunque con esas contrastaba, lo recordaba bien con las blancas del instituto. La versión de las mañanas de esos días, de hecho, se le antojaban casi incluso más sensual que la presente.
Escondidos bajos el manto de algodón, soso, propio de algo que es más práctico que suntuoso, besándose traviesos, tocándose con timidez y mirándose con amor bajo un cielo níveo rozándoles la cabeza, leyéndose los labios para no hacer ruidos que despertaran a nadie.
Fue bajó las mantas que le dijo a Nitori que lo amaba, por primera vez.
Deletreó las palabras en silencio, temeroso de que el otro se lo tomara a mal. Aiichirou sólo abrió los ojos con desmesura y de la nada comenzó a llorar como lo hace alguien a quien su sueño se ha hecho realidad.
De ahí recuerda las cosas más picaras, como el masturbarse mutuamente bajo las sábanas, acostados de lado, mirándose a la cara. Las mañanas vergonzosas con los bultos levantando la tela como tepees en un joven Arkansas o el bulto entre sus piernas que no era otra cosa que Nitori, infiltrado desde el lado contrario a la cabecera de la cama, dándole sexo oral escondido bajo la privacidad de la manta sobre él.
El movimiento exagerado de su amante, cambiando de posición, le hicieron regresar al presente, mirando maravillado el pecho que se descubrió y la tela resbalando con sensualidad como agua roja. Sangre fría que delinea cada rincón en ese cuerpo que se sabe de memoria y recuerda haber usurpado, apenas una hora atrás, bajo esas mismas sábanas.
Se mordió los labios para aguantar las ganas y dejarlo dormir, deben levantarse temprano o sino el avión los dejará, aunque la visión de Nitori, apretando el lienzo satinado mientras él le ataca, es algo tan tentado como suculento.
Al final, sólo atinó a cubrirle con las sábanas hasta la barbilla y darle la espalda, antes de intentar hacer otra indecencia bajo de estas.
おわり
Bastante más corta que el resto, y con poco porno.
Bueno, hay muchas otras palabras que prometen hasta "malas palabras".
Los Tepees son las chozas tan características de los antiguos Indios Americanos. De alguna forma no quería poner como descripción a una erección bajo las mantas como "Casa de campaña". De alguna forma, me enoja ese término que le dan.
.Misao Kirimachi Surasai.
