La regla 34.

"Si existe, entonces debe tener una versión porno."


Sudor.

Nitori se llevó uno de sus brazos a la cara, cubriendo sus ojos para protegerlos. La visión de su senpai, empapado en sudor, con el cabello pegado al rostro, haciendo muecas de ojos y boca apretada para aguantar más tiempo antes de venirse, era sin duda una visión por demás excitantemente encantadora, pero, dadas las circunstancias, tendría que pasar de ello.

Sin bien amaba ver de esa manera tan pasional y vergonzosa al pelirrojo, de cierta forma apreciaba más su propios ojos. Ya había pasado suficientes veces la accidental torpeza en la que el sudor de su amante le caía en los ojos y terminaba con un molesto ardor en ellos y una irritación que más de una vez lo habían llevado a visitar al oftalmólogo.

Por ello, no gracias. Pasaba de ver el cuadro de la decadencia pasional al que su pareja se sometía sólo por follárselo boca arriba.

Y aún así, haciendo su voluntad, Rin le quitó el brazo de la cara, sin perder el ritmo de sus envestidas.

—No seas…seas…t-tímido —le murmuró con voz cadenciosa y tartamuda —. Quiero ver tu cara.

Aiichirou no dijo nada. Le miró un segundo antes de ladear el rostro a un lado, para proteger sus ojos. Matsuoka se enterneció, creyéndole timorato.

Para Rin, de hecho, la visión del muchacho bajo suyo era de sus cosas favoritas en el mundo.

Sumiso, recibiéndole con amor y devoción. Entregándole su cuerpo como ofrenda de su amor. Y él atesoraba ese tributo como a nada en el mundo, pues pocos cosas eran tan encantadoras como la menuda anatomía de Nitori, con sus músculos apenas trabajado, pero presentes, sus níveas piernas en las que encontraba el sacrílego paraíso y esa virilidad que le golpeaba en el ombligo con cada embestida con la que le arremetía rudamente. Dejando que el sudor le tornara más fáciles las caricias, perlándole la piel haciéndole brillar como por luz propia, permitiendo que sus cuerpos, pegados uno al otro, pudieran resbalar, frotándose.

Y no importaba cuantas veces lo hubieran hecho ya, o que si se sabía la cara de su amante de memoria, siempre amaría mirarle tendido bajo él, con el cabello pegado a la frente, acalorado y pidiendo por más, con el sudor corriéndole por las mejillas mientras desviaba su mirada tímido y renuente de verle.

—Ai…mírame —le reclamó, intentando ordenar las silabas en su cabeza desordenada. —Ai, mírame…voy ya…ya…

Nitori volteó a verle, por curiosidad. Se amante solía poner una cara por demás cómica cuando se venía, y así fue. Envistiéndole con más fuerza y rapidez, entre los movimientos de la cama pudo ver los mordidos labios del hombre sobre de él, hinchados a causa de sus puntiagudos colmillos. Sus ojos también se cerraban con los parpados bien apretados, arrugaba la nariz y levantaba la barbilla. Gemía ahogado con sonidos de quejidos y aminoraba la velocidad de a poco.

En esas estaba, mirándole venirse, tan embelesado en su propia liberación, que en cámara lenta sólo pudo ver las gotas de sudor, saladas y dolorosas, resbalando de la barbilla triangular del nadador, cayendo justo en sus ojos entreabiertos, clavándose como agujas en sus delicadas retinas, sin poder hacer nada. Su orgasmo se opacó por el penetrante dolor de sentir sus retinas quemarse.

Rin cayó sobre él, exhausto. Ai le acarició la espalda dejando que su mano patinara por su piel húmeda. Los ojos picándole con un ardor infernal.

Y dicho como lo dijo, el oftalmólogo le recibió a las horas después, tragándose la excusa de que era su propio sudor el que le había irritado las retinas.

おわり


Si algo hay que detesto, es que el sudor entre a mis ojos. Es como acido sobre el iris. Horrible. Inhumano.

De alguna forma intento hacer porno normal, pero me sale así, con algo de historia de trasfondo. Para colmo, casi todos son comedia. Lo siento, Japi. Besos también.

Sean perversos.

.Misao Kirimachi Surasai.