Ahhhh, ¡hola! ¡Adivinen quién llegó! Yo :3 (ok, basta)
Me gustó hacer este capítulo. Es más largo que el anterior, espero seguir haciéndolos así todos, y que no me maten por hacerlos esperar tanto askdjkfg en verdad, lo lamento xD
¡Gracias a todas por sus reviews! No saben lo feliz que me hacen, ahí me tienen como buen perro esperando a que llegue un correo con el review y luego brincando en la silla toda contenta porque me escriben y aksdjkjksdfg, sí, así me pongo.
Advertencias: Contiene Yaoi, manéjese con cuidado, éste lado arriba(?) eh...no, pero sí. Jajaja, tiene algo de yaoi (¡al fin!) aunque no es mucho, espero que les guste y que no me asesinen, ¿sí? Más adelante tendré lo que quieren, oh, sí, yo sé lo que ustedes desean. Quieren ver a Matt y a Mello juntitos, ¿eh? Las conozco, pillas. Bueno, a lo que venían xD
Enjoy!
PD: Soy un ASCO tremendo para los nombres de los capítulos, no me odien, las quiero, bye.
PD2: Perdón si hay horrores de ortografía, a veces se me pasan, y ya saben, uno que es pobre y sin beta, well. ¡lean!
V
Al final del pasillo blanco había una puerta negra, y en la ventanilla de cristal templado se leía con letras plateadas Dr. Yagami. Mail vio como después del desayuno varios de los chicos de la Wammy's se perdían detrás de esa puerta, el tiempo que permanecían variaba, algunos llegaron a estar hasta una hora, y otros apenas unos minutos, pero nadie salía igual que como entraban. La habitación de Mail estaba cerca de ahí, así que podía verlos caminar por el largo pasillo y luego salir acompañados de una enfermera o más. Vio a Mihael caminar por ahí de mala gana, el rubio había volteado justo al pasar por la puerta de Mail, y le había dedicado una sonrisa casi imperceptible. Un enfermero iba a su lado, como cuidando que no se desviara del camino, Mail se levantó de su cama y salió al pasillo a verle, se sorprendió al notar que no solo él estaba al pendiente, sino que más chicos miraban asomados apenas desde sus habitaciones, justo como él. Comprendió que Mihael era como un faro que llamaba la atención de todos, quisieran o no, y entendió también, que en realidad le interesaba, aunque todavía seguía sin saber si eso era bueno o malo.
—Ya todos saben que te eligió a ti. —Mail volteó al escuchar la voz, era Nate quien entraba a su habitación con unos muñecos de peluche en las manos.
—¿Qué?
—Mihael te eligió, para lo que sea que su mente te quiera. Y ellos lo saben. —Nate volteó al pasillo discretamente, haciéndole ver a Mail que los que antes miraban al rubio ahora lo veían a él. El pelirrojo entró a la habitación junto con el albino y entrecerró la puerta tras él. Nate se sentó en su cama con los juguetes, como si nada más existiera ahí, Mail se le quedó mirando un poco antes de sentarse en su propia cama.
—¿Qué me hará?
—Con lo inestable que Mihael es, no puedo decírtelo claramente. —Mail respiró profundo y metió la mano en el bolsillo de su pantalón. Tocó la consola, con ganas de sacarla, pero dudando de hacerlo en presencia de Nate. No sabía si le delatarían, no quería que se lo quitaran, pero ya comenzaba a extrañarlo. Observó al albino jugar con todo lo que tenía en la habitación, había un par de repisas ahí, y en ellas había distintos tipos de juguetes, pero ninguno mecánico ni electrónico. Tenía alguna especie de títeres, muchos rompecabezas, Nate parecía un fanático de esos, y tenía peluches, varios muñecos con los que parecía estar inventando historias por la forma en que los movía, como si hablaran. Parecía un niño pequeño, todos en la casa parecían tener algo.
Mail se quedó mirando en silencio, ¿qué era lo que tenía él, como para encerrarlo con ellos?
La puerta se abrió, una de las enfermeras asomó la puerta como lo hacía normalmente para revisar que no hubiera problemas. Mail la reconoció como la del encendedor.
—¡Espera! —la mujer lo hizo, sostenía un portapapeles en sus manos, entró a la habitación y esperó a que Mail sacara la cigarrera. Ella metió la mano en su bolsillo y sacó el encendedor, a Mail le molestaba un poco el depender de ella, pero era eso o nada. Encendió el cigarro y le dio una calada, relajándose.
—Mail, agradecería que fumaras fuera de nuestra habitación, al menos mientras yo esté presente. —dijo Nate con voz sobria. La enfermera miró la cara de Mail ponerse blanca, y luego le habló tranquila.
—Puedes salir a la sala, Roger no está hoy, no habrá problemas.
Entonces el pelirrojo se puso de pie y salió junto con ella, antes de lanzarle una mirada a Nate, quien no dejaba de jugar con sus muñecos. Qué niño...
—Gracias. —dijo el albino y luego Mail cerró la puerta. Se fue a la sala, disfrutando su cigarrillo mientras la mujer se iba al otro lado a seguir con las revisiones, y se encontró con el chico de cabello alborotado. Sus ojos estaban rojos, como si estuvieran irritados, y cansados. Se le paró enfrente a medio pasillo y le sonrió en una forma que Mail solo pudo catalogar como maniática.
—Hola, chiquillo. —le dijo y Mail juró sentir escalofríos.
—Hola...
—¿No tienes un dulce? —Mail negó despacio, el otro era más alto que él como por una cabeza, se veía quizá un par de años mayor, o un poco más.
—No, lo siento.
—Bueno, no importa. —se encogió de hombros y se giró para irse, a medio camino, entre el pasillo donde estaban y la sala de estar, se puso a cuatro patas y se fue así, como si fuera un animalito. Mail tragó saliva y luego dio otra calada a su cigarro cerrando los ojos y negando como para desaparecer la imagen.
Adentro se encontró con los demás, quienes le ignoraron al entrar. Miraban la TV, Mail se sentó a un lado de ésta, en el sofá donde antes había estado observando a todos, e hizo lo mismo. La chica castaña con la que había hablado más temprano lo vio y se le acercó contenta, como bailando otra vez. ¿Linda? ¿Ese era su nombre?
—Hola. —le sonrió, y él le saludó de la misma forma.
—¿Cómo estás?
—Ehm...bien, ¿y tú? —la miró extrañado, no sabía si sentirse algo tenso por la cercanía de la chica, Mail no estaba acostumbrado a eso.
—Contenta. Hoy hice unos dibujos muy lindos —le dedicó una sonrisa más grande y siguió hablando como si nada—, te los enseñaría pero Roger se los lleva un tiempo y luego me los regresa. ¿Puedo dibujarte a ti?
—¿Cómo?
—Quiero dibujarte, me gusta tu cabello. —alzó una mano para tocarle y Mail se alejó un poco, sorprendido por el repentino movimiento de Linda. Al final ella no lo tocó y bajó la mano enseguida, volteando su mirada al frente, y cambiando de expresión.
—Quiero mis crayones.
—¿D-dónde están?
—Las enfermeras me los quitan cuando termino de dibujar.
—Es que a veces se los come. —habló el chico con el que antes se encontrara Mail. El pelirrojo volteó a verlo, estaba sentado en el suelo a su lado. Comenzó a sentirse acorralado de aquella forma, con uno en cada costado.
—Cállate, Beyond. Tú te los comerías también.
—No, yo te comería a ti. —le dedicó una sonrisa y Linda tembló de miedo encogiéndose sobre el sofá. Beyond soltó una risa y se tiró al piso agarrándose el estómago.
—Me das miedo. —le dijo la chica y Mail intercaló miradas entre ambos. Beyond le miró desde el piso y sonrió hacia el pelirrojo.
—¿Tú me tienes miedo?
Mail negó, mintiendo. Claramente le parecía extraño, aunque no estaba aterrado, sólo se sentía un poco incómodo...sí, está bien, quizá tenía un poco de miedo, los ojos de Beyond, si es que ese era su nombre correcto, eran los que le hacían pensar eso.
—N-no.
—Tartamudeaste...
—Es que le das miedo, vete. —habló Linda todavía con los pies encogidos sobre el sofá como tratando de alejarse de un bicho en el suelo. Beyond se enderezó y se acercó a ambos gateando, Linda soltó un gritito y Mail se hizo hacia atrás.
—Ya, adiós niños. No seas miedosos, nos vemos en la noche. —y luego se puso de pie, lanzandoles de nuevo esa sonrisa que le daba escalofríos a Mail y se fue al otro lado de la sala. Linda se relajó y también se puso de pie, arreglándose el vestido y el cabello.
—Lo odio.
—No le hagas caso... —le dijo Mail pero Linda ya no le hizo caso, se fue de ahí como si nunca le hubiera dicho nada y Mail se quedó mirando como idiota. Recordó que tenía el cigarrillo en sus dedos y se dispuso a terminarlo. La puerta del fondo del pasillo se abrió y se puso atento, alzando la cabeza como si con eso escuchara mejor. Se reprochó a sí mismo cuando su mente le puso la imagen de un perro alzando las orejas para escuchar algo. Todavía tenía las palabras de Mihael en la mente, la forma en que le había llamado perro como si no fuera más que un animal.
Se puso de pie y vio salir del pasillo al rubio, notó en seguida que estaba diferente, que su mirada se veía apagada. Un enfermero lo llevó hasta otro de los pasillos que tenían habitaciones y Mail se quedó esperando a que el rubio lo mirara, al menos. Nunca lo hizo, apenas si podía caminar. Por alguna razón, el pelirrojo se sintió ignorado, todavía esperaba que Mihael se le acercara e intentara hacerle algo, o le platicara, lo que fuera, pero nada.
-o-
Un rato después, poco antes de la comida, decidió entrar a su habitación. Había escuchado a las enfermeras decir que más tarde abrirían la biblioteca para algunos de ellos, para los que estuvieran mejor, y se le había ocurrido preguntar si podía tomar un baño. Una mujer, que parecía ser la jefa de las enfermeras le indicó que podría hacerlo, que tomara su ropa y la siguiera hasta los baños.
—Voy a quedarme aquí, no voy a mirar, así que no te preocupes.
—¿Aquí? —le preguntó Mail. Los baños eran como las duchas de la escuela, la jefa de las enfermeras iba a esperarle sentada en una silla. Las duchas por suerte tenían una pequeña puerta, eran individuales, pero aún así, Mail se sentía incómodo de tener que bañarse mientras alguien más estaba en la misma habitación vigilandole.
—No tardaré...
—No me puedo ir de todas formas, no voy a estar mirando, no pienso hacerte nada, imagina que no estoy aquí y listo, son las reglas y debo quedarme.
Mail soltó un suspiro, derrotado. No podía hacer nada más, era un chico de dieciséis que iba a bañarse con una mujer mayor a sus espaldas. Dejó la ropa y tomó una de las toallas, luego entró y abrió la llave para dejar el agua correr. Miró hacia atrás, podía ver a la mujer ahí, al principio ella le miraba, luego se distrajo leyendo alguna clase de notas en un portapapeles. El agua corrió por el cuerpo del pelirrojo, y él se volteó esperando poder ignorarla. Se dio una larga ducha, durante un rato pudo ignorar todo, manteniendo los ojos cerrados, imaginó que no estaba encerrado ahí, sino que vivía en una casa grande y bonita junto con más gente que le agradaba. Wammy's era bastante bella por fuera, y se imaginó que por dentro era igual, con bellos muebles de madera y pasillos alumbrados con lámparas finas.
Pudo escuchar voces pero no les prestó atención, se lavó el cabello mientras se imaginaba a sí mismo caminado libremente por los pasillos hacia su habitación, una para él solo, sin necesidad de compartir con nadie, donde podría terminar su cajetilla sin depender de ninguna mujer y jugar con sus videojuegos como antes y mirar películas toda la noche. Sonrió y luego algo le hizo abrir los ojos. En la ducha de al lado estaba Mihael, mirándole atento, recargado en la pared que les dividía.
Mail brincó y se pegó contra la pared del otro lado, Mihael se rió.
—¿Lo disfrutas? —Mail se quitó el cabello del rostro que le impedía ver, y buscó a la mujer que se suponía que le estaba cuidando. Ya no estaba.
—¿Qué haces aquí?
—Ah, mandé a la vieja a hablar con Roger, dijo que iba a mandar a alguien a cuidarnos.
Mail se dio cuenta que el agua seguía corriendo y que se encontraba desnudo, con Mihael enfrente. El rubio sonrió de nuevo y bajó la mirada deteniéndose en la parte baja de Mail. El pelirrojo se sonrojó y se cubrió con las manos.
—¿T-te importa? Quiero terminar...de ducharme.
—Ah, sí. Tú termina, yo no existo. —le dijo sin quitar la sonrisa de su rostro y se alejó para abrir la llave de su ducha y dejar el agua correr. Mail se le quedó mirando mientras el agua lo bañaba y oscurecía el rubio de su cabello, Mihael le ignoró desde entonces y se bañó mientras tarareaba algo que Mail no pudo reconocer. Tragó saliva con dificultad, para entonces el ritmo de su corazón ya se había normalizado después del susto y de la vergüenza de haberse expuesto así. Terminó de bañarse y salió de ahí cubierto con una toalla, sin quitarle la vista al rubio, cuidando que no volteara a espiarle mientras se vestía.
Mail se puso su ropa, unos jeans oscuros y una camisa a rayas de manga larga, luego se secó el cabello y salió, Mihael no volteó de nuevo.
-o-
Mail Jeevas estaba en su habitación, acostado sobre su cama, con el brazo cubriéndole el rostro, la luz de la bombilla en el techo le molestaba, Nate la había encendido porque seguía encerrado ahí jugando, parecía que tramaba cosas con esos muñecos y que construía otras; Mail prefirió no hacerle caso.
La puerta se abrió por segunda vez desde que él regresara de la ducha, la primera había sido una de las enfermeras, y como él sabía que no era tiempo de otra revisión, supuso que debía ser alguien más, por lo que se descubrió la cara, y la luz le molestó. Esperó unos segundos para que sus ojos se acostumbraran y luego vio parado en la entrada a Mihael.
Mail se sentó sobre su cama, mirando al rubio, vestía de negro, como siempre, aunque con ropa un poco más ajustada. Mihael miró al albino sobre la cama y puso los ojos en blanco, se acercó hasta la cama de Mail y le tomó del brazo, el otro se quejó.
—¡Oye!
—Sígueme.
—¿A dónde?
—Deja de hacer preguntas y sígueme, mierda. —le levantó de la cama y lo sacó de ahí. Lo llevo por todo el pasillo hasta el otro lado, abrió la puerta de una habitación y se metió en ella soltando a Mail.
—Entra y cierra. —Mail lo hizo, despacio, inseguro de lo que le haría, y en el momento en que le dio la espalda se maldijo por haberlo hecho. Mihael le acorraló contra la puerta, Mail todavía tenía su mano en el pomo y Mihael le había azotado haciendo que el pelirrojo se quejara.
—¿¡Qué haces!?
—¡Cállate! No quiero que grites, no quiero que venga nadie, así que guarda silencio. —le golpeó la cabeza y Mail se golpeó la nariz contra la puerta. Se quejó de nuevo, pero no gritó. Cerró los ojos y sintió algo tibio salir de su nariz, subió la mano libre para limpiarse la sangre, pero Mihael le detuvo antes haciéndole lo mismo que antes, doblando el brazo hasta su espalda haciendo que se quejara de nuevo de dolor.
—No, no, no, no ¡duele! ¡suéltame!
—Te dije que te calles, puto perro. —lo hizo, esperando que con eso aflojara el agarre que le lastimaba. Sintió la sangre llegar hasta sus labios y la lamió sin poder hacer nada más.
—No soy un perro...
Mihael se rió. Aflojó el agarre un poco, con la otra mano había aprisionado la que Mail tenía sobre el pomo evitando que se moviera de ahí, todavía contra la puerta. Mail giró la cabeza para que su mejilla fuera la que recibiera otro golpe en caso de que Mihael le empujara de nuevo, y no su nariz, todavía le dolía. El brazo ya no podía moverlo, el rubio tenía mucha más fuerza de la que aparentaba. Se acercó para susurrarle al oído.
—Cuando llegue y te vi, tenías una cara de perrito tan graciosa...como si estuvieras perdido, y luego estabas tan asustado al verme, casi lloras. —dijo divertido.
—Me golpeaste...Casi me sacas los ojos con eso.
—Dios, pero qué exagerado. —se rió alejando el rostro del suyo pero sin soltarle.
—No lo soy...no soy un perro.
—¿Lloraste, verdad? —le ignoró—. Cuando te golpeé y cuando te torcí el brazo esta mañana. No resistes nada de dolor, debes aprender, Mail.
—¡Yo no quiero!
—¡Te dije que no grites! —empujó sus caderas contra él, para aplastarlo contra la puerta, Mail se quejó de miedo al sentir que se golpeaba la entrepierna contra la pierna. Mihael sonrió detrás de él. Soltó el agarre de la mano sobre el pomo, sin soltar la otra muñeca de Mail y se aferró a su cintura con la mano libre.
—¿Q-qué haces? —Mail dio un brinco, Mihael sonrió todavía más—. M-mihael...
—Llámame Mello.
—¿Qué? —preguntó desconcertado. Intentó voltear para verle a los ojos, apenas alcanzando a mirar parte de su rostro, de esos ojos azules encendidos y de esa sonrisa que le daba escalofríos, la habitación tenía poca luz, apenas le miraba los ojos brillar.
—Soy Mello, dime así de ahora en adelante, para ti soy solo Mello... —susurró con voz grave. Mail tragó saliva nervioso, los cambios de voz que tenía le ponían los pelos de punta; sintió la mano de Mello correr de su cintura hasta su abdomen, por debajo de la ropa. Mail saltó de nuevo, pegando sin querer su cuerpo contra las caderas de Mello. Un calor le recorrió el cuerpo cuando se dio cuenta de lo que sucedía. El rostro de Mello se acercó de nuevo a él, a su oreja y el pelirrojo sintió el aliento caliente sobre su piel haciendo que se erizara todavía más y que cerrara los ojos con fuerza.
—¿Cómo te voy a decir yo?
—¿E-eh?
—Otro nombre, Mail suena aburrido...¿cómo quieres que te llame? —tocó con su lengua la piel de su cuello y Mail se retorció entre él y la puerta, sintiendo detrás de él cómo Mello pegaba sus caderas para evitar que se moviera tanto. Mail soltó un jadeo, comenzaba a sentirse mareado de todo eso, era excitación lo que sentía y no sabía cómo reaccionar ante eso. Su mano no había soltado el pomo aunque ya no tenía porqué hacerlo, al contrario, se había aferrado más a él como si eso evitara que cayera o fuera arrastrado por Mello a otra cosa, Mail sostenía lo que podría llevarle afuera aunque muy en el fondo no quisiera salir. Mello bajó la mano que tocaba su abdomen y le tocó por encima del pantalón. Mail soltó un gemido y luego se mordió los labios apenado, podía sentir sus mejillas comenzando a arder poco a poco; Mello soltó una risita y trató de mirar su rostro.
—Dime un nombre, perrito...
—D-deja de decirme así...
—Pues dime un nombre, anda.
Abrió los ojos, desorientado. La mano en su entrepierna se movía muy despacio, le apretaba por encima de la mezclilla y le desconcentraba.
—M-matt...
—¿Eh, Matt? Suena bien...—dijo Mello dándole otro apretón y Matt ahogó otro gemido tratando de reprimirse— ¿Quieres gritar ahora?
Matt negó y se mordió el labio cerrando los ojos de nuevo. La mano se movió hacia arriba de nuevo, Matt creyó que iba a soltarle, pero no fue así. Mello metió la mano bajo su ropa y el gemido fue más agudo y más fuerte que antes, haciendo también que moviera sus caderas contra las del rubio y que el calor le recorriera toda la espina y luego se concentrara en la parte baja de su cuerpo, entre sus piernas. Jadeó, la mano de Mello se coló bajo sus bóxers y tocó su piel muy lento. Matt arqueó la espalda, soltó otro jadeo, le costaba respirar normalmente, estaba agitado y Mello estaba sonriendo más que nunca.
—¿Te gusta?
—N-no...—gimió. Mello tocó su miembro y Matt perdió la cabeza. Se sintió mucho más avergonzado que en la ducha, pero no pudo evitar nada de lo que sucedía, ni siquiera en su cuerpo. Estaba poniéndose duro, por más que quisiera evitarlo, Mello estaba haciendo que se pusiera duro y le gustaba. Movió sus caderas hacia atrás para tener más contacto con el cuerpo del rubio, el otro fortaleció el agarre en su brazo, Matt se quejó. Mello sacó la mano solo para poder desabrocharle los jeans, estaba muy ajustado y casi no podía moverse dentro de ellos. El ojiverde se quejó, quería sentir más, más de lo que fuera que Mello le estaba dando y abrió los ojos para buscarle. Mello se acercó como pudo, sin soltarle ni dejar de trabajar con su mano sobre el botón y el cierre, y lamió la sangre de los labios de Matt. Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo, Mello le sonrió y volvió a empujarle contra la puerta con una embestida fuerte, Matt soltó otro jadeo.
Por fin le desabrochó el pantalón y lo bajó apenas un poco como para poder sacar el miembro de Matt, soltó otro jadeo cada vez con menos aire en sus pulmones, ya no respiraba, eran jadeos que le mareaban, y lo único que sentía era la mano de Mello sosteniendo su miembro erecto, las rodillas le temblaban, comenzó a sudar.
—M-me... Nghhh...—se aferró al pomo de la puerta, gimiendo—, Mello...
—¿Dices que no te gusta, eh? —le mordió el cuello y dio un respingo. Su voz era suave, sensual, Matt arqueó la espalda de nuevo, buscando más contacto contra el cuerpo del rubio, quién le embistió un par de veces, la primera lenta, la segunda salvaje. Matt podía sentirlo a través de la ropa, junto con un extraño deseo de tenerlo, cosa que no podía ni quería explicarse. La mano del ojiazul comenzó a trabajar en él, masturbándolo cada vez más rápido, tocando todo su miembro jugando con su pulgar sobre él y deteniéndose en la punta. Matt apenas respiraba, contenía el aliento y luego se deshacía en jadeos, cerraba los ojos, se mordía el labio mientras movía las caderas para rozarse contra Mello. No entendía nada, solo sabía que le gustaba y que eso le estaba dando más placer que sufrimiento. Mello bajó la velocidad y Matt se quejó.
—N-no pares...
—Creí que no te gustaba, Matt. —quiso contestarle pero no fue capaz de decir nada coherente. La mano de Mello volvió a moverse al ritmo de antes, rápido, sintiendo cómo Matt pronto terminaría. Mello decidió no prolongarlo más, aunque le encantara mirarlo así, y soltó el agarre de su brazo para tocarlo con ambas manos y hacerle terminar antes.
—¡Mello! —gritó al contacto con él y Mello se acercó despacio, restregándose contra su cuerpo, y puso sus labios cerca de su oído para gemirle muy lentamente. Con eso Matt se corrió entre sus dedos y sus rodillas perdieron fuerza. Soltó la perilla y se quedó jadeando contra la puerta de la habitación aferrándose a ella como le fue posible, con una mejilla helada por el contacto con esa y la otra ardiente por el aliento del rubio. Mello le soltó poco a poco y luego se alejó dejándolo caer al suelo. Matt todavía respiraba agitadamente, le miró desde abajo. Mello se limpió las manos con algo que recogió de su cama, Matt no pudo ver qué era. La sangre que le había escurrido de la nariz lastimada se había secado de camino a sus labios y se había vuelto oscura, viéndose casi negra por la poca luz de la habitación, excepto por lo que había quitado Mello con su lengua, que había dejado una mancha grande y rojiza sobre la piel del ojiverde. El cabello se le pegaba a la frente por el poco sudor que se había creado en tan poco tiempo y su pecho se movía salvajemente tratando de recuperar la respiración en un ritmo normal, sus mejillas seguían sonrojadas. Cerró las piernas y trató de abrocharse el pantalón, aunque tenía un brazo y una mano entumidos. Mello le sonrió y se puso en cuclillas frente a él, como si nada hubiera pasado.
—Tienes los ojos de perrito otra vez —luego se puso de pie, el tono de su voz cambió de uno suave a otro más salvaje en un segundo e hizo que Matt temblara—. Ponte de pie y límpiate, tienes cinco minutos antes de que venga la enfermera a revisar. —luego abrió la puerta y se salió de la habitación, dejando a Matt en el suelo.
