Hola, antes que nada tienen todo el derecho a arrojarme piedras, o lo que tengan a la mano. Me tardé meses en actualizar esto, y traigo un capítulo corto, PERO mañana posteo el resto. Es que iba a ser más largo, pero me agarró dolor de cabeza y :'D moriré, ya saben. Actualizo esto hoy y mañana otro igual, so. Perdón por la tardanza, diría que son los exámenes, pero ustedes me conocen y saben que ando pendejeando en Tumblr y Facebook en lugar de estudiar. (No, pero en serio, también tengo exámenes de aquí hasta mi cumpleaños en diciembre, así que me voy a morir, les encargo a mis gatos.)

¡Pero gracias si es que siguen aquí! ¡Gracias a los que dieron follow! ¡Y favorito y reviews y todo eso! No me odien, NO. NO VOY A ABANDONAR ESTE FIC. Tengo ya todo planeado, o la mayoría al menos, así que solo culpen a mi estúpidamente grande flojera.

Disclaimer: Death Note es una libreta negra que está en mi cajón, no me pertenece la idea, pero Mello sí, por eso lo tengo amarrado a la cama para que me narre las cosas que le hace a Matt en las noches.

Advertencias: Ninguna, creo. No hay nada, está cortito, no trae yaoi, pero ya viene después, no me odien.

Agradecimientos: jamás hice esto, pero agradezco a mi bby Ilyan, "LunosA" aquí en ff, que me ha beteado por primera vez ;o; gracias por no morir con mi fangirling y todo eso, gracias por ver mis errores idiotas y prestarme tus comas, ¡te adororo!

And now...Enjoy!


VI

Se había quedado sentado sobre la cama, la que él supuso era la de Mello, sosteniendo una toalla manchada de la sangre que se había limpiado del rostro y miró la mancha en su pantalón, provocada por el rubio minutos antes cuando le llevara al límite. Todavía no creía que acababa de suceder algo así, y no estaba seguro si odiar al ojiazul por aquello, por aprovecharse, porque según Matt, así se sentía, como que lo habían tomado a la fuerza; o si debía odiarse a él mismo porque, a pesar de eso, le había gustado lo suficiente como para haber deseado algo más. Mail negó y arrojó la toalla al otro lado de la habitación, se puso de pie y en ese instante la puerta se abrió, causándole un susto que le hizo brincar hacia atrás, hasta el momento en que vio que era solo la enfermera encargada de hacer la guardia. Ella le miró de arriba abajo y luego se marchó sin notar nada extraño. Tampoco supo si eso era bueno o malo. No supo si ver a otro chico en la habitación de Mello era algo común, o a la enfermera simplemente no le importó ni fue capaz de sospechar nada. Eso, o en verdad era algo normal, ¿acaso Mihael hacía eso con más chicos? Mail se encontró molesto ante tal pensamiento y se dispuso a salir de la habitación y cerrar la puerta lo suficientemente fuerte como para que un par de personas cercanas le voltearan a ver mientras se iba por el pasillo.

Se acomodó la playera y el cabello, sentía que tenía algo encima que llamaría la atención de todos, como un letrero de neón enorme que dijera 'Mihael acaba de tocarme, Mihael acaba de...' negó una vez más, quería dejar de pensar en eso. Trató, pero le fue imposible, se sentía sucio y las miradas de los demás le quemaban la nuca.

Comió sin ganas, quedándose sentado en el comedor, en una de las sillas más alejadas de todo, para poder estar solo, y jugó con su tenedor en la comida que le habían dado, no estaba muy seguro de qué hacer, no sabía si Mello iba a intentar eso de nuevo o si jamás volvería a hablarle, y tampoco estaba seguro de lo que él mismo quería. Su mente le hizo imaginar que ya toda la Wammy's lo sabía y que le molestarían con eso, aunque para entonces, un par de horas después, nadie se le había acercado, ni le habían prestado la mínima atención.

Un rato después, luego de que el comedor se vaciara y el resto de los chicos se dispersaran a la sala, Roger llegó junto con algunas enfermeras y les indicó que habría una visita a la biblioteca. Para Mail, era la primera vez que entraba, así que escuchó atento a lo que el hombre estaba diciendo. Iba a entrar un grupo pequeño, no todos, solamente los más estables del lugar. Entre ellos, claro, estaban Mail, Nate y Mihael. La niña llamada Linda y el otro al que conocía como Beyond no iban a estar y eso le alivió. Otro grupo con cinco adolescentes más y ellos tres fueron llevados por las enfermeras y Roger hacia la biblioteca que hasta entonces había permanecido cerrada.

Mail se quedó mirando los estantes en las paredes, llenos de libros. Los pasillos eran largos, y Mail pensó en un laberinto. Sonrió, Roger estaba hablando a sus espaldas, pero él se distrajo y avanzó por el primero. Quería buscar ahí dentro algo con qué distraerse. Se coló en el primer pasillo y comenzó a leer los títulos sin importarle lo que fuera. Había uno con libros y cuentos para niños, había otro sobre ciencias, había otro sobre historia universal y otro con novelas de ficción. Mail se detuvo ahí, quizá perderse en un libro iba a ser lo más cercano a poder entrar en el mundo de fantasía de sus videojuegos, los cuales no había podido disfrutar desde que llegara por miedo a que se lo confiscaran. Lo tenía escondido bajo el colchón, envuelto en una playera vieja, lo había dejado deseando que nadie llegara a inspeccionarlo. Sabía que no podía sacarlo en su pantalón todos los días por el riesgo a que lo descubrieran así.

Tomó uno de los libros, gris y grande, con historias sobre un detective, el mejor del mundo, sonrió y se sentó en el suelo a leer.

A la segunda página, Mail ya se había imaginado dentro de la historia y se olvidó que estaba en una biblioteca. Siguió leyendo y se incluyó en el mundo de los casos y se cambió de nombre, al alias que había elegido desde el hospital y que había utilizado con Mihael; ahora era Matt. No había más Mail Jeevas, era Matt y era alguien elegido para ser el sucesor del mejor detective de todos los tiempos.

Le puso rostro al detective, un rostro que había visto antes, con ojeras de tanto pensar y poco dormir, rodeado de un alocado cabello negro, y una mirada que le daba confianza aunque se mostrara pocas veces. Él se imaginó de pequeño siguiéndolo, junto con otros más. Siguió leyendo el libro tan rápido que cuando menos se dio cuenta ya iba a la mitad. Pero antes de poder seguir, cuando el mejor detective se encontró con un problema que quizá iba a ponerlo en riesgo de morir, Matt se distrajo con las voces que venían de un pasillo cercano.

Escuchó un grito, alguien molesto. La voz le provocó que se pusiera de pie de inmediato, era Mello quien hablaba, bastante más fuerte para encontrarse en una biblioteca.

—Imbécil de mierda.

—Tus palabras no me afectan, Mihael.

—Voy a matarte, enano. Y entonces vas a desear que esto se quede solo en palabras.

Mail corrió y dio la vuelta al pasillo contiguo para ver a Nate en el piso, sentado de esa forma extraña que acostumbraba, con un libro en sus pies y a Mihael parado a un lado, mirándole desde arriba, exaltado, con otro libro entre sus manos.

Mail se quedó quieto sin dejar de mirarlos, respiró agitado, asustado, entonces el rubio volteó y le lanzó una mirada que Mail pudo jurar, de ser posible, le habría matado. Tragó saliva y Mihael arrojó el libro que sostenía al piso, casi golpeando a Nate con él, pero sin fijarse si lo había hecho o no, el albino no se había movido ni un milímetro, entonces Mihael caminó furioso hacia donde estaba el pelirrojo.

Mail cerró los ojos esperando ser golpeado, pero solo sintió un empujón en el hombro a la vez que Mihael se pasaba de largo por su lado y se iba por el pasillo.

Soltó el aire que había estado conteniendo, y volteó a ver a Nate, el chico le miró tan calmado como siempre y luego, sin decir una palabra, continuó con su lectura. Mail se dio la vuelta despacio y luego corrió para alcanzar a Mihael. Dio la vuelta al siguiente pasillo, se encontró con otro de los chicos que había entrado junto con ellos, parado mientras leía los títulos en el costado de un par de libros, Mail se acercó y preguntó en voz baja.

—¿Has visto a Me-...a Mihael? —corrigió. El chico pensó un momento antes de señalar con el dedo al final del pasillo donde debía haber dado vuelta, siguió a la derecha y se metió a un área donde había un par de mesas para sentarse a leer. Mail llamó su nombre en un susurro cuando lo vio caminar hasta allá y lo siguió.

—Mihael... —repitió, el rubio no le contestó, ni se detuvo. Mail volvió a llamar, tratando de ser escuchado a pesar de no gritar, no había ruido que desviara su voz, y aun así el otro no respondía. Avanzó más rápido, el sonido de sus botas llenando el lugar, y los pasos firmes del ojiazul delante de él.

— ¡Mihael! —y luego el pelirrojo se detuvo y pensó un poco— Mello... —llamó esperando una respuesta y el rubio volteó.

Le miró por encima del hombro y luego siguió caminando.

Mail, mejor dicho, Matt, volvió a avanzar y a llamarle una vez más, entonces llegaron al final del lugar y el rubio se acercó a una de las sillas.

—Mello, ¿estás bien? —le llamó dos veces más, llegó hasta donde él estaba y Mello le miró después de sentarse en la silla.

—Mell-...

— ¿No me vas a dejar de joder, no? ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué te haga lo mismo de hace rato? ¿Eso es? Matt... ¿qué es lo que quieres?

—No... Estoy preguntando si estás bien, nada más.

— ¿Por qué no habría de estarlo? —dijo, pero bien supo que el rubio no esperaba realmente que Matt le contestara eso.

—Sé que odias a Nate, pero-...

—Vuelve a mencionar a esa rata y te saco de aquí a patadas. —Matt le miró en silencio y luego, incapaz de mantener el contacto con esos ojos azules, volteó a ver el piso.

—Siéntate, me molesta que estés así. —le dijo Mello y él obedeció, sentándose en la silla frente al rubio, le costaba todavía mirarlo, pero al final, sentía cómo el otro le clavaba los ojos y alzó la vista para cruzarse con él. Se veía molesto, pero sentía que no le haría nada, porque su problema no era contra él, al menos, eso era lo que deseaba.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó de la nada, luego de haberlo mirado sin mencionar nada, durante varios segundos.

— ¿Qué?

— ¿Por qué te metieron aquí? Quisiste matarte, ¿no?

Matt negó pero no fue capaz de responder a eso con palabras, quizá era cierto. Nunca había dicho que sí, nunca se había decidido por la respuesta.

—Preguntas como si ya supieras la respuesta. —dijo en voz baja.

—La sé. Leí tu expediente, pero quería que me lo dijeras.

— ¿Cómo lo leíste? —preguntó interesado.

— ¿Es cierto que tu mamá era una puta?

Matt tensó la mandíbula mirándole molesto.

—Mi madre era una actriz. Está muerta para mí. No tengo padres, por eso estoy aquí. ¿Tú tampoco tienes, no? —se mordió el labio arrepentido por haber dicho eso. Mello se volteó y comenzó a jugar con la orilla de una hoja del libro que estaba sobre la mesa, se acomodó en la silla abriendo las piernas para estar más cómodo y se encogió de hombros sin responder.

— ¿Eres virgen?

— ¿Q-qué? —Mello soltó una carcajada ante la respuesta de Matt y le miró antes voltear de nuevo, al pasillo de al lado.

—Dios, lo eres. Lo de hace rato, supongo que fue demasiado para ti. Aquí ya no estás en casa con mami y papi, aquí no es lo mismo, ¿lo sabes?

—Lo sé, tú estás aquí...

— ¿Eso es un insulto? —alzó las cejas.

—...puedes tomarlo como quieras. —Matt se encogió de hombros y volteó a otro lado.

—Ah ya — se rió—, quieres jugar. ¿Eres bueno con las manos?

— ¿Cómo? —volvió a mirarle, Mello se sentó derecho y se acercó a él, poniendo sus codos sobre la mesa, poniéndolo un poco nervioso por la cercanía.

—Que si eres bueno con las manos, idiota.

— ¿Para qué?

—Necesito que consigas algo para mí. —Matt suspiró aliviado ante esa respuesta y negó para tratar de alejar los pensamientos de su mente.

—Depende.

—A mí nadie me dice 'depende' —alzó el tono de su voz—, o lo haces o te jodes y no recibes nada de mí.

— ¿Qué tienes tú para ofrecerme? Aparte de golpes, gritos..., y abusos, eres inestable, Mihael. —Matt se calló al darse cuenta de lo que acababa de decir y se alejó en caso de que Mello le golpeara, en realidad lo esperó, pero no fue así. Mello le miró, con los ojos fríos y sin decir palabra alguna durante un instante, solo mirándolo como si quisiera matarlo con eso, Matt sentía como si le encajara una navaja al cuerpo, se sintió amenazado de nuevo.

—Juntarte con ese imbécil te está haciendo uno, Matt. Si vuelves a hablarme como él, olvídate de mí y de este buen trato que te estoy dando —Matt tembló al escuchar eso, si ese era un buen trato, no podía imaginar uno malo—. Puedo ofrecerte ayuda aquí, puedo hacer muchas cosas, Mail. Yo aquí tengo poder, y tú no. Tú no eres más que un niñito suicida, rico e idiota que no entiende lo que sucede detrás de las paredes. Yo puedo escapar, y tú no, y si quisieras hacerlo, podría considerar el llevarte con una cadena. Yo puedo darte consejos sobre cómo evitar que te droguen aquí y te convenzan de que estás enfermo y no tienes remedio. Si te dejo solo van a acabar contigo y vas a terminar muy mal, ¿eso es lo que quieres, puto perro? No me hagas enojar, porque no te conviene, Matty —para entonces, Mello ya estaba casi susurrándole—. ¿Vas a ayudarme, o quieres que te deje? Y eso implica que te trate como a todos los demás o peor, y que quizá llegue a golpearte hasta dejarte inconsciente y no me detendré siquiera a pensarlo.

Matt le miró y exhaló tratando de no asustarse por ello. Negó, se puso firme y le respondió.

—No vas a asustarme.

—Bien, ni se te ocurra rogarme cuando te-...

—No dije que no lo haría. Necesito saber primer qué es lo que quieres de mí, y...ya después puedo saber si acepto o no.

—Dios, Matt. Eres idiota si crees que voy a esperar hasta que decidas aceptar esto como un contrato. Sí o no, y se acabó.

Matt abrió la boca y Roger apareció por el pasillo.

—Pónganse de pie, por favor. Es hora de salir. Mihael... ¿qué ha ocurrido antes con Nate?

—Nada, un pequeño malentendido. —dijo a la vez que se ponía de pie y Matt le imitaba, torpe. El pelirrojo se le quedó mirando, Mello se veía diferente, trataba de ocultarse frente a Roger. Siguió a Mello, todavía dudando, cuando el hombre les dijo que era hora de salir de la biblioteca.

-o-

Se habían sentado bajo el árbol del patio, Mello había ido hacia allá y se había sentado mientras miraba a los demás con mala cara. Matt le había seguido sin decir nada y se había sentado a su lado sin recibir ninguna queja. Miró al cielo, habían comido hacía un rato y junto a los otros habían ido a ver al doctor Yagami. Incluso Matt había ido a su primera reunión con él, le había preguntado cómo se sentía, había sido una visita rápida.

Un "¿Cómo te sientes? ¿Qué has pensado?" Claramente Matt había omitido lo sucedido con Mello, y solo le había dicho que ahí se sentía tranquilo. Si comparaba la situación antes de llegar, los problemas con la pareja Jeevas, y el estar encerrado en el hospital, se sentía mejor en el Wammy's, se sentía en parte menos ignorado. Pero por otro lado, y se lo había dicho al doctor, extrañaba sus cosas, su cuarto, su cama, y poder jugar con sus consolas, se había acostumbrado al lujo que los Jeevas le habían dado para compensar la atención que no le ponían. El hombre le había dicho que si se curaba, podría salir a jugar pronto.

Matt se quedó con la duda. ¿Qué debía curar? Él no se sentía enfermo, no se sentía mal. Empezó a considerar las opciones que tenía, lo que Mello le había dicho...

Sobre eso estaba pensando, a su lado, bajo el árbol. Mello no había dicho nada, había salido de su propia cita bastante callado, parecía que estaba pensando algo, más de lo que era necesario, como si estuviera planeando algo.

Matt le miró de reojo, tenía ganas de preguntarle lo que sucedía, pero estaba completamente seguro que de esa cabeza jamás sacaría algo. No eran amigos, no eran nada cercanos, lo ocurrido era una cosa aparte, que Matt quería olvidar. Mello quizá no confiaba en él, no tendría por qué hacerlo, y en cambio, Matt dependía de él, si es que quería irse. Mello le ofrecía una salida, y aunque no sabía nada del rubio, quería salir con él.

El pelirrojo suspiró, tenía ganas de un cigarro. Su cajetilla se había quedado en su habitación, y no tenía muchas ganas de levantarse de ahí. Mello volteó a verle, Matt hizo lo mismo.

— ¿Qué?

La mirada de Mello había cambiado, el desprecio en sus ojos se había ido, por suerte, y Matt se relajó.

—Voy a mostrarte algo ésta noche.

Matt se inquietó, de nuevo pensó en lo que le había hecho horas atrás y pensaba en lo que sería. Parte de él deseó preguntar, deseó que pasara algo de nuevo, pero le costaba aceptarlo.

—Supongo que ya sabes la respuesta. Voy a necesitar todavía que hagas algo para mí, Matty. —era la segunda vez que le llamaba en diminutivo, y le agradaba.

—Sí... —asintió, se acomodó en el pasto y Mello se acercó a él—, ya tengo mi respuesta.

El rubio le sonrió, por un momento Matt creyó que iba a besarlo, se quedó quieto, esperando y tratando de no cerrar los ojos como niñita estúpida.

—No tomes las pastillas después de la cena. —le susurró antes de levantarse. Matt no tuvo tiempo de preguntar por qué. Miró a Mello meterse a la Wammy's y llevó sus manos arriba para tocar su cabeza. Normalmente sus goggles estarían ahí, y entonces los habría bajado para cubrirse los ojos y desaparecer un rato, pero no pudo hacerlo. Entonces escondió el rostro entre sus brazos, rodeando sus rodillas y se quedó ahí hasta que fue hora de entrar. No hizo caso a lo que Mello le había dicho.

Luego de la cena, mientras esperaba a que diera la hora de dormir en la sala, tratando de mantenerse alejado de Beyond y los demás, Matt fue llamado para recibir sus pastillas diarias y las tomó sin preguntar.