La regla 34.
"Si existe, entonces debe tener una versión porno."
Acceso.
Aun cuando era una realidad tener sus manos apretando la delgada cintura de su Kohai, Rin poco entendía de cómo habían llegado a eso.
De hecho, a veces no estaba seguro de si realmente le caía bien el muchacho, con todo ese rollo de lo entrometido que era, la manera tan cargante en el que lo idolatraba y ese relajo inmundo con el que llenaba la habitación, sin contar lo molesto de su voz y lo soso de su apariencia.
De cualquier manera, algo había hecho para tenerle ahora ahí, con los dedos clavados en su piel, ayudándose de ellos para atraerlo hacía sí con rápidas estocadas, los dos sobre la cama del mayor, aprovechando que Sousuke se había ido a hacer lo propio con el menor de los Mikoshiba.
Le miró la espalda blanca, el cuello níveo, el cabello gris rapado de la nuca y las costillas marcadas en ese escuálido cuerpo. La columna se le marcaba con huesos salidos por el largo de la espina y las orejas resaltaban rojas en la oscuridad de la habitación. Su piel brillaba por lo banca y sudada que estaba. De hecho, la dermis de sus caderas era aún más clara que el resto, contrastando el traje de baño que era lo que nunca se quemaba con el sol.
Si desnudo era ya una pena, vestido era peor.
Con un gusto más que horrible, siempre se preguntó si su madre aún le compraba la ropa. Eso hasta que en una salida en grupo le vio comprar por cuenta propia una de sus horrendas playeras con algún ridículo estampado de algún ridículo animal haciendo alguna ridiculez, así que el mal gusto era propio, y eso ya era mucho decir de alguien que gustaba de vestir animal print.
Nitori ladeó el rostro y mecido por el ritmo de sus envestidas, le miró por el rabillo de ese ojo azul que perfilaba con un lunar adornando bajo este. Rin le dio una nalgada sonora para que dejase de verlo y el muchacho regreso sus ojos a la pared.
Matsuoka vio entonces la nalga roja, producto de su golpe, sopesando sus pensamientos. El menor se dejó caer sobre la cama en su distracción y, aún sin dejar salir al pelirrojo, giró sobre su cuerpo para que quedaran frente a frente.
Con un susurro le pidió que continuara y eso hizo. Siguieron moviéndose los dos. Rin con las manos a cada lado del rostro infantil de su compañero de equipo, y éste con los dedos entrelazados bajo la melena pelirroja, sosteniéndole la mirada.
Entonces le contempló de manera verdadera, dejando la superficialidad de sus pensamientos atrás, al igual que esa banalidad corpórea a la que llamaba sexo. En algún momento, mirando sus ojos azules como el cielo y decididos con la frialdad de quien no dará su brazo a torcer, se entregó a la puritana necesidad de hacerle el amor.
Recordaba entonces esos ojos de muchas otras veces en los que él fue su único sostén en los momentos de furia y desazón. El recipiente irrompible que soportaría su mal humor y malos tratos y lo llevarían a la calma y a la reflexión, frenando su frustración para revertirla en esfuerzo. Poniendo de sí mismo, del ejemplo que sí mismo le daba, para devolverle la pasión por vivir y sentirse afortunado de tener el talento. De volverse humilde al mirar como otros, en especial él, Aiichirou, se esforzaban para estar a la par, aun si le hiciera falta el "Don". Dándole la lección de vida mostrándole que el trabajo duro era también una virtud, que aunque poseía, a veces la despreciaba.
Con ese pensamiento se vino en el ombligo del albino, alcanzando a penas a salir del cuerpo de éste, quien hizo lo mismo sobre su pecho.
Volviendo a ser humilde, la visión de Nitori ya no se le hizo en absoluto despreciable. Así como era, flemático, flacucho, asmático e histriónico, el muchacho se le había colocado en la piel a base de lo que mejor sabía hacer: esforzarse.
Le besó en la frente, mientras éste, recuperándose de un ataque de asma, aún con el inhalador en la boca, le miró de manera extrañada. Así, defectuoso y todo, Nitori era la única persona que había accedido de manera real a su alma.
おわり
Estoy contenta porque me dejaron un montón de reviews de un jalón. Doy gracias a que aunque a pocos, haya quienes gusten de esta colección. Más que nada porque la pareja no es nada querida.
Muchas gracias Japi, Pony y Jane :)
Si el tiempo no me come antes de irme a trabajar, dejaré el onceavo capitulo por la mañana.
Sean perversas.
.Misao Kirimachi Surasai.
