La regla 34.
"Si existe, entonces debe tener una versión porno."
Amor.
Rin nunca le hubo echo el amor a Nitori.
Le mordía y afianzaba sus caderas con demasiada fuerza. Le tomaba con brusquedad excesiva y sólo a veces, contadas con los dedos, con una inusitada calma. Solía arañarle o tirarle del cabello para darle besos que dolían hasta sangrar.
Era tan brusco como podía por el placer del sexo y recalcar el acuerdo tácito de no sentir nada, excepto dolor -o eso insano a lo que él llamaba gozar-.
Aiichirou, por supuesto, había roto el acuerdo muchísimo tiempo atrás. Tanto, que se remontaba aún más allá del tiempo en el que el pelirrojo lo conoció a él, así mismo, no él al pelirrojo. Había fracturado su promesa en esa primavera pasada en la que, aun siendo un niño, se enamoró de Matsuoka y su manera de nadar. Las cosas que a ese inesperado beso entre estupores de borrachos, para el peligris fueron más bien como un golpe de suerte. De mala suerte, si se veía en la retrospectiva del trato que aguantaba sólo para poder estar a su lado.
Rin, por una parte, no era para nada un hijo de puta como lo fue en un antaño, al menos para con él, por lo que el teatro se hacía más soportable. Era atento, amable y un muy buen amigo cuando se le necesitaba. Le hablaba con confianza y le daba la razón cuando la tenía. Incluso le apoyaba cuando necesitaba una palabra que le ayudara a levantarse así como le hablaba con dureza, cuando precisaba aterrizarse. Nitori no podía pedir más.
La unilateralidad le sentaba bien.
A Rin, quien tenía el corazón roto, y Aiichirou lo sabía, también le sentaba mejor esa relación así.
Mas, el día en que Matsoka decidió cambiar la situación y se quitó le velo de los ojos, llegó años después.
Dormía abrasado por el calor infernal de un día cualquiera en Australia, cuando la revelación le llegó entre sueños. Los brazos pálidos que le sostenían contra un cuerpo trabajado por la natación nata en sus visiones de Morfeo, cambiaron a lechosas extensiones de una menuda humanidad que le irradiaba de cariño, adoración y aceptación. Los cabellos oscuros se destiñeron hasta el color de las cenizas de un ser que se hacía y deshacía por su persona y hasta los ojos, azules y profundos como un océano impasible, se volvieron un calmo cielo bajo unos parpados nublados.
Al despertar, con la epifanía en la cabeza, contactó a Nitori y acordaron volver a verse pronto. Guardó silencio sobre sus nuevos sentimientos, que de nuevo, sólo tenían la novedad del descubrimiento reciente. Enterrados en su cuerpo como fósiles valiosos de un corazón devastado por las ruinas.
Pensando en ese rencuentro tan próximo que se avecinaba con cada vez más impaciencia, Rin recurrió a sus sueños para acariciar con delicadeza el cuerpo níveo de su amante. Lamiendo tras de su oreja y depositado palabras que creyó alguna vez, sólo le diría a Haruka. Desempolvo ese repertorio de cursilerías que había guardado muy al fondo de su ser y se las imaginó todas con Aiichirou. Las puestas de sol, los retozos cariñosos bajo las sabanas a las dos de la mañana, la devoción en su mirada y los ojos azules y claros devolviéndole el amor que ahora sabía le profesaba.
Le soñó, más de una vez, penetrándole con la delicadeza con la que se limpia una vasija invaluable, acariciándole con la fragilidad que todos esos años el muchacho había merecido. Mecerlo en su abrazo mientras sus caderas se unían en el vaivén de una pasión remolona y perezosa. Apreciar su desnudez como un tesoro cultural, al que debe tocarse con delicadeza y una real conciencia de su verdadero valor.
Jamás imagino que mientras él esperaba en el aeropuerto por su arribo, las noticias anunciarían un desastroso accidente sin sobrevivientes a diez kilómetros de Sídney. Rin se había quedado nuevamente sin decir lo que sentía.
おわり
Bueno, me salió trágico.
Sólo espero que a Japiera le haya gustado.
Me he mudado de ciudad, por lo que adaptarme me ha quitado tiempo, pero ya estoy de vuelta y espero que me acepten de nuevo.
Regreso al formato de una o dos historias diarias completamente al azar. Espero les haya gustado y nos sigamos viendo en este u otro espacio. Los quiero
.Misao Kirimachi Surasai.
