Dysclaimer: Los personajes pertenecen a Suzanne Collins & la trama a Embracing-Immensity; yo solo soy dueña de la traducción.

Advertencia: Spoiler & AU. Bajo aviso no hay engaño.


Sálvame de este camino. Estoy hecho a tu voluntad.


Salvando al chico


El chico con el pan

·

¡Peeta Mellark! De todos los chicos en el Distrito 12, ¿Por qué tenía que conseguir ser elegido? Los Juegos del Hambre no son justos, ¿Pero esto?

Peeta se mueve a través de la multitud y se sube al escenario, su rostro muestra el choque que debe estar sintiendo. Él toma su lugar, junto a Misu y se enfrenta a la multitud. Cuando llaman voluntarios, nadie se ofrece por él, aunque yo sé que él tiene un hermano mayor que podría... no, que debe tomar su lugar.

Con los tributos seleccionados, el alcalde hace su camino al frente para dar la lectura anual del largo discurso sobre la traición, pero no escucho ni una palabra de lo que él está diciendo. Todo lo que puedo ver es al chico con el cabello color rubio ceniza y de anchos hombros de pie delante de mí. Me gustaría ver su cara, ver sus ojos azules, pero ver su fuerte espalda tendrá que ser suficiente. Su postura es constante, pero también veo que sus manos están hechas puños a sus costados.

Me siento romper, pero me niego a dejarme caer. Parpadeo un par de veces rápidamente, tratando de poner una máscara de indiferencia en caso de que una cámara se centre en mí. Lo último que necesitamos es que el Capitolio se entere de algo de lo que no estoy segura de entender totalmente todavía. Echo un vistazo a Haymitch desde el rabillo del ojo para ver si ha notado algo y me encuentro con que él me está mirando.

Oh, bien, vamos a hablar de esto más tarde.

. . .

Después de la lectura del discurso de la traición, el alcalde Undersee hace que los dos tributos se den la mano y por un segundo Peeta cierra los ojos. Siento unas peligrosas ganas de llorar y soy salvada por el himno de Panem.

Una vez que ha terminado, veo que Peeta y Misu son rodeados por un grupo de fuerzas de la paz y los llevan al edificio de la Justicia, donde se les permitirá un momento para decir adiós a sus seres queridos. La multitud comienza a salir y volver a sus vidas normales, pero yo sigo sentada en el escenario, sin saber realmente qué hacer.

— Así que… quieres decirme. ¿Qué diablos fue todo eso, cariño?— Al parecer, Haymitch decidió quedarse también.

— ¿De qué estás hablando?—

— ¿Quién es el muchacho?—

Trato de darle un gesto desinteresado. — Es nuestro tributo. ¿Qué no prestas atención?

Una mirada suya, es suficiente para que yo sepa que él no me cree nada. —Vi tu cara cuando su nombre fue sorteado. Te veías igual que el año pasado, cuando Gale fue escogido.

No quiero pensar en Gale, no ahora. —Estábamos en la escuela juntos, hasta que salí sorteada, por supuesto.

— ¿Y eso es todo?

Miro a Haymitch a los ojos y sacudo la cabeza.

Su mirada de sospecha se ablanda. —No lo creo. Tú sabes que puedes hablar conmigo, ¿verdad?

—Lo sé, Haymitch— suspiro. Él debe saber la historia si quiero tener alguna posibilidad de mantener a Peeta con vida en la arena. —Él me dio pan.

Sus cejas se fruncen — ¿No es hijo del panadero?"

—Sí.

—Esto podría ser difícil de escuchar para ti, pero estoy bastante seguro que le dio pan a un montón de gente.

Frunzo el ceño. — ¿Quieres saber o no?

— Lo siento, adelante.

Le digo todo. Que mi padre murió en una explosión en las minas de carbón cuando tenía 11 años. Mi familia se había recibido una pequeña cantidad de monedas que se suponía nos alimentaria durante un mes, mientras lloramos la muerte de mi padre y mientras mi madre encontraba la manera de sacarnos adelante. Sólo que ella no lo hizo, y nuestro dinero se acabó lo que significaba que la comida también. Mi madre lloraba a mi padre e hizo caso omiso de Prim y de mí, que poco a poco moríamos de hambre.

Sabiendo que quedaba poco tiempo, me decidí a tratar de vender una parte de la ropa de bebé de Prim, pero no me había ido muy bien. Estaba lloviendo y me moría de hambre, no estaba segura si iba a encontrar algo tan tarde. Como último recurso, me decidí a ir a ver los contenedores de basura de los comerciantes en la plaza, pero habían sido vaciadas recientemente. La carnicería, la tienda de comestibles, e incluso el de la panadería estaban vacios. Fue en la panadería, sin embargo, que fui descubierta hurgando en la basura y la bruja esposa del panadero.

Me gritó y me amenazó con llamar a la fuerzas de paz para que me llevaran, me dijo muchas palabras desagradables e hirientes que me habían llevado hasta las lágrimas y las contuve todo lo que era capaz en ese tiempo. Retrocedí poco a poco fue entonces cuando lo vi. Él me miraba desde detrás de su madre, me di cuenta de que estaba en el mismo año que yo. Pero él era de la ciudad, y yo era de la veta, no habíamos tenido ninguna interacción por eso.

Cuando yo estaba a una distancia considerable, la mujer del panadero volvió a entrar en la panadería. Seguí alejándome hasta que estuve cerca de un manzano que había detrás de su chiquero. Al darme cuenta de que iba a tener que volver a casa con las manos vacías, tengo que admitir que me perdí allí. Fue entonces cuando oí un gran barullo en el interior de la panadería y apenas tuve tiempo para ver lo que estaba pasando, me di cuenta de que él niño estaba saliendo de la panadería con su madre gritándole detrás.

Desde mi posición pude ver los panes quemados en sus brazos y el golpe de color rojo furioso que destacaba tan claramente en sus pálidas mejillas. Al parecer, la bruja no reservaba su ira sólo para los niños de la veta que hurgaban en su basura. La vi volver a entrar en la panadería, no sin antes decirle muchas cosas desagradables a su hijo.

Él miro hacia la panadería y luego hacia el cerdo. Entonces hizo algo que no esperaba, lanzó el primer pan en mi dirección. Al principio pensé que había cometido un error hasta que se lanzó la segunda hogaza hacia mí. Ni siquiera me miró, dio vuelta y caminó a través de la tierra mojada de nuevo a la panadería.

Yo tome el pan y los llevé a casa, donde Prim, mi madre, y yo llenamos nuestros estómagos vacíos; por primera vez en las últimas semanas me fui a la cama sin la sensación de vacío a la que esta acostumbrándome.

Haymitch estaba tranquilo, no quería contarle esa historia, pero ahora ya lo había hecho. —Entonces, me estás diciendo que él te salvó la vida ¿Verdad?

Asiento hacia él. —Sí, se puede decir que sí. Pero su bondad no termina ahí.

—Por supuesto que no.

—Al parecer, cuando fui escogida como tributo, Peeta se encargó de asegurarse de que Prim tuviera suficiente para comer. Yo no lo supe hasta mucho después debido a que Prim le había jurado guardar el secreto, Peeta le dio una pequeña hogaza de pan todos los días que yo no estuve. Yo ni siquiera le di las gracias la primera vez que nos ayudo y todavía asumió la responsabilidad de asegurarse de que mi hermana estuviera bien alimentada durante mi ausencia. Y ahora que va a la arena, yo nunca voy a ser capaz de agradecerle

—Lo harás.

— ¿Cómo?— Lloriqueo.

—Vas a asegurarte de que regrese a casa.

—Lo dices como si fuera fácil. ¿Es necesario recordar los cuatro tributos que no pude traer a casa o sobre los 45 que tú no pudiste?

—Tranquilo, cariño, no hay necesidad de ser desagradable.

—Ni siquiera pude traer a Gale de regreso a casa, y sabes que él era muy capaz

Frunce el ceño hacia a mí. —Sabes tan bien como yo que no había manera de salvar a Gale. Él nunca tuvo una oportunidad.

Esto era cierto, yo había firmado personalmente su sentencia de muerte cuando no había hecho acto de presencia en la celebración del cumpleaños del presidente Snow. Estaba en un ataque de resentimiento hacia el Capitolio y no quería tener que perderme el cumpleaños de Gale así decidí pasar de la invitación. Habría sido un escándalo, de no ser porque Finnick y Haymitch e incluso Johanna me habían cubierto, pero Snow lo había visto como un ataque personal.

Me había perdido en mis pensamientos y la Haymitch me trae de vuelta al momento —El chico…

—Peeta— lo corrijo. —Su nombre es Peeta.

—Sí, claro. — Me dice. Me toma del brazo y me levanta de mi silla. Empieza a caminar y me lleva fuera del escenario— Lamentable Peeta fue cosechado, pero por lo menos solo fue mala suerte. Nosotros podemos trabajar con eso.

—Tienes razón. — Ahí es cuando me doy cuenta de la sombría expresión de mi ex - mentor. — ¿Qué pasa, Haymitch?

Se detiene y me mira, con ojos tristes. —Sólo espero que entiendas que estás firmando la elección para salvarlo. No olvides que nos dieron dos personas a las que ayudar en este terreno.

Ah, eso. —Lo sé. Fue horrible el año pasado cuando me di cuenta que iba a poner todo mi esfuerzo en traer a casa Gale.

—El año pasado nos dieron a niña asustadiza. Los dos sabíamos que nunca llegaría más allá del baño de sangre inicial— me recuerda. Era cierto, había sido una chica de 14 años muy pequeña para su edad, sin conocimientos y sin ninguna posibilidad. —Pero este año, es Misu, ella es diferente. Ella es una sobreviviente.

Enarco una ceja. —Aprendiste su nombre rápidamente.

—No lo tenía que aprender, ya lo sabía. Su padre, antes de morir, era mi... Yo estaba familiarizado con él.

Bajo la mirada, avergonzada. —Lo siento.

—Ella me recuerda mucho a ti. Las dos tenían que cuidar niños y asegurarse de que se alimentaran. Salvo que tú tenías habilidad para cazar. Misu tuvo que utilizar otros métodos.

Me quedo un rato en silencio, esperando a que él continúe, que me explique lo que quiere decir con eso, pero no lo hace. —Dime.

— ¿Recuerdas el viejo jefe de la paz?

— ¿Te refieres al que desapareció misteriosamente? Sí, me acuerdo de él. Cray, ¿verdad?

Él asiente con la cabeza y tengo la clara sensación de que hay algo que él quiere que recuerde del ex Jefe de la paz. Vamos a ver... Había estado en la parte antigua, con una creciente escasez de pelo blanco sobre su cabeza. Él solía beber mucho, casi tanto como Haymitch, pero no tanto. Él era mucho más agradable que el ahora jefe de la paz, pero yo nunca le había agrado. Cray siempre había puesto mi piel de gallina, desde que me enteré de su costumbre de convencer a las chicas hambrientas de entregarse a él a cambio de algunas monedas...

Por un momento, temo que los bollos de esta mañana hagan una reaparición no de una buena manera. — ¿Ella se vendió a él?

—Ella hizo lo que pensó que tenía que hacer

— ¿Por qué me dices esto?

—Te lo digo porque quiero que sepas a que chica estás eligiendo matar para salvar a tu chico del pan. Quiero asegurarme de que estas dispuesta a pagar el precio, porque, no nos engañemos, tú vas a tener que pagar para asegurar su victoria, mi amor.

—Sé cuál es el precio y lo voy a pagar.

— ¿Está seguro? Porque sabes lo que se espera de ti este año. Hace tan solo unos segundos juzgaste las acciones de una chica desesperada y por lo menos Cray era un buen tipo.

Hola otra vez, a los bollos de queso. Me aparto de la suciedad y cuadro los hombros. El sabor en mi paladar es repugnante, pero me resulta apropiado para esta conversación. —Estoy segura.

Haymitch pone su brazo sobre mis hombros y me da un pequeño apretón, que es tan reconfortante, y es lo que necesito de él. Y con eso, él me guía lejos del contenido anterior de mi estómago. —Bueno, vámonos. Tenemos que tomar el tren.

. . .

Horas más tarde, dentro del tren hacia el Capitolio, me encuentro pensando en el chico del pan. Antes de esa horrible noche en la lluvia apenas había reparado en él. Quiero decir, yo lo había visto en la escuela, pero él no había hecho exactamente una impresión en mí.

Después de esa noche, no diría que las cosas cambiaron. Era ciertamente más consciente de la presencia de Peeta, pero no era como que lo buscara ni nada. De vez en cuando le prestaba más atención de la cuenta, siempre trataba de reunir el coraje para ir hasta él y darle las gracias por el pan pero nunca supe las palabras adecuadas, que dijeran realmente lo que sentía, así que ni siquiera me moleste en intentarlo.

No fue hasta que volví de los Juegos que todo fue distinto, lo cual tenía sentido, supongo, ya que yo misma, era diferente. Me sentí atraída por él, impulsado por la necesidad de darle las gracias. No sólo por aquella noche con los panes quemados, sino también por tener el mismo color de ojos que el campo de flores silvestres que me había conducido a una fuente de agua limpia cuando me estaba muriendo de sed en la arena. Pero, ¿cómo explicarle la inmensidad de mi gratitud? Yo que odio a la gente, así que se mantiene acumulada una deuda con él que nunca podre pagar.

Y cuando Prim finalmente se rompió y me habló de Peeta asegurándose de que mi familia comiera mientras yo no estaba, estaba deshecha por completo. Mis sentimientos de gratitud se expandieron, se comprimieron, se estiraron y se derrumbaron; transformándose en algo que no podía entender. No ayudó que yo fuera un vencedor y como tal ya no era necesario ir a la escuela. De repente, mi única oportunidad de verlo era en la panadería o simplemente mientras caminaba por la plaza haciéndose camino a casa.

Nadie nunca pregunto por qué espero hasta la tarde para hacer mis compras en la panadería.

Hay un suave golpe en la puerta de mi habitación, es Effie viene a decirme que es hora de cenar. Le doy las gracias y ella revolotea lejos en la dirección a las habitaciones de los tributos. Voy al comedor y me sorprende encontrar Peeta Mellark sentado en la mesa. Parpadeo con sorpresa, no esperaba estar a solas con Peeta. Por lo menos no tan pronto y sin ninguna oportunidad de prepararme.

—Hola— me saluda amablemente. Baja la mirada hacia sus manos que están jugueteando con una servilleta que probablemente costará más que lo que su familia gana en un mes.

—Hola— hago eco, porque no estoy segura de que poder llegar a otra cosa. Elijo un asiento frente a él, sabiendo que no iba a ser capaz de sentarme a su lado.

Nos quedamos en silencio hasta que reaparece Effie con Misu detrás. La chica más joven se sienta en la silla junto a Peeta y Effie con el ceño fruncido toma un lugar junto a ella.

— ¿Dónde está Haymitch?— pregunta Misu, mientras observa la habitación.

—Está tomando una siesta— dice Effie, pero ambas sabemos que no es cierto. Ambas hemos tomado este viaje con Haymitch suficientes veces para saber que él se ha ido beber en el olvido esta noche. Es una tradición, me dijo una vez, que bebe en recuerdo de todos aquellos que nos han dejado y luego bebe para olvidarlos a todos.

Nuestros tributos de este año son inteligentes, porque de inmediato se puede decir que ninguno de los dos cree la historia de Effie. Misu sacude la cabeza y pone los ojos, mientras que Peeta le da a Effie una mirada sospechosa, pero no dice nada.

Nuestro camarero sirve un caldo cremoso de patatas con trocitos de tocino y el queso nada en el. Misu renuncia a utilizar cualquiera de los utensilios sólo coge su plato y sorbe todo el caldo en un segundo.

La mandíbula de Effie va cayendo a medida que ella ve a Misu. Bueno, ahí se va la posibilidad de que lleguen hacer amigas. Me las arreglo para contener la risa, sabiendo que tener Effie molesta conmigo no hará nada fácil.

—Misu— le digo, para conseguir su atención. Ella se limpia la cara con el dorso de su mano, obteniendo un grito ahogado de Effie. —Sé lo bueno que esta comida, pero debes tomarlo con calma.

—Gracias, pero creo que puedo manejarlo— me dice.

—Está tratando de asegurarse de que no se enferme— dice Peeta en voz baja sin levantar la vista de su plato. —Tal vez no sería mala idea que la escucharas. Ella es tú mentor, después de todo.

Eso se gana una mirada. —Si tanto te gusta ella. ¿Por qué no la tomas tú como un mentor y yo tomo Haymitch? Él se las arregló para regresar a casa a alguien. Y ella ni siquiera pudo salvar a su novio.

Veo como Peeta se pone tenso ante esto y tengo unas ganas inexplicables desmentir lo que Misu ha dicho. —Gale no era mi novio—

Peeta mira, su expresión era inescrutable. Misu, por otro lado, se burla. —Correcto. Eso es creíble.

—Debes creerlo. No había nada entre Gale y yo... Solo éramos amigos, nada más.

—Bueno, entonces, su amigo fue escogido el año pasado. Y he oído que tuvieron que enviar su cuerpo de vuelta en varias cajas, por el tiempo que se tardó en encontrar sus las partes. Y aún así faltaron varias.

— ¡Basta!— Peeta se puso de pie apuntando a Misu. —Fuera lo que fuese con él, evidentemente, ella se preocupaba por él y tú estás diciendo estas cosas sólo para ser hiriente. Por lo que tienes que parar, ¿De acuerdo?

Misu y Peeta se miran el uno al otro por unos segundos. —Bien, no voy a decir otra cosa al respecto. ¿Sabes qué es gracioso? Pensé que ella iba a ser tú protección, no al revés.

Se tensa su mandíbula pero no le responde. Puedo ver como él se sienta otra vez y vuelve a comer la sopa, me doy cuenta de que esto que ha pasado no está nada bien. No estoy seguro de si alguno de mis tributos será capaz de considerarme su mentor después de esto.

Nos las arreglamos para pasar a través de la mayor parte de la comida en silencio, con Misu sin tener en cuenta mi consejo. Pero una vez que el último de los platos ha sido servido, no puedo evitar sentir un poco de satisfacción al ver las náuseas en su rostro.

Effie aplaude. —Vamos entonces

— ¿A dónde?— Peeta pregunta, que parece está muy bien. No pude dejar de notar que él siguió mi consejo durante la comida.

—Vamos a ver los resúmenes de las ceremonias— le digo, decidida a presentarme como su mentor.

— ¿Y por qué íbamos a querer hacer eso?— Por supuesto Misu llevaría la contraria. Ahora me encuentro muy ofendida porque Haymitch dijo que le recordaba a mí. Me aseguraré de que él lo sepa mañana, cuando yo le tire un galón de agua con helada en la cabeza.

Effie tartamudea como si no estuviera segura de cómo responder. —Pero es…Quiero decir, tú, es decir, tienes…creo…

Interrumpo. —Es una buena oportunidad para dar un vistazo a la competencia.

Se encoge de hombros y me doy cuenta de que ella se ve un poco verde, pero está luchando porque no sé note. —Bueno, creo que voy a pasar. Si sucede algo interesante, estoy seguro de que me lo harán saber por la mañana.

No me opongo. Ella me está poniendo de nervios, de todos modos, mañana será problema de Haymitch.

Nosotros tres hacemos nuestro camino hacia otro compartimento donde hay una televisión. Peeta toma asiento a mi lado y me da el fantasma de una sonrisa, antes de centrar nuestra atención en la pantalla. Recuerdo que cuando estaba en su lugar, observando todos los chicos que se tratarían de matarme una vez que llegáramos a la arena. Fue una sensación horrible y sin pensarlo tomo su mano. Su sonrisa se ensancha pero él no se fija en mí, sin embargo, aprieta mi mano en lo que puedo adivinar es gratitud.

Prestamos mucha atención a las ceremonias, para ver cómo será la competencia este año. Hay pocos tributos que hacen un impacto inmediato. Una bella muchacha rubia del Distrito 1, un gran chico del Distrito 2, y una niña del 11 que apenas se ve con la edad suficiente para ser elegible. Ella me recuerda en gran parte a Prim que me duele el corazón, pero me digo que no puedo quedar atada a ella, si quiero salvar a Peeta.

A medida que el programa termina y el sello de Panem reemplaza los rostros de los 24 tributos de los Juegos del Hambre, siento Peeta hundirse en su asiento junto a mí. Ahí es cuando me doy cuenta de que todavía estamos tomados de la mano.

— ¿Estás bien?—

¡Ni siquiera me echa un vistazo! En lugar de eso mira hacia abajo, y luego, como si apenas se diera cuenta de nuestras manos entrelazadas, comienza desenredando su mano de la mía. —No sé lo que voy a hacer.

Él no tiene que aclarar nada, porque sé exactamente lo que quiere decir. —Me sentí de la misma manera, cuando estaba en tu posición.

— ¿En serio?— pide Peeta y yo asiento. — ¿Cómo...cómo lo hiciste?

—No fue fácil. Pero pensé en mi madre y en Prim, decidí que tenía que luchar para ganar por ellas. Y yo hice todo lo posible para asegurarme de salir viva de ese campo.

— ¿Y si yo no tengo nada porque volver?

Peeta, el chico del pan que me salvó, suena tan abatido que siento que mi corazón un deshace por él. — Entonces lucha por mí. Lo que necesitas para asegurarte de no ser otro tributo al que enterremos.

—Luchar por ti...— dice como si lo estuviera considerando. De repente sus ojos miran los míos y estoy perdida en un mar azul. Me saca de ella con una simple frase: —Sí, yo puedo hacer eso


Sálvame del olvido. Sálvame de la soledad.


¡Hola! He vuelto a tan solo dos días o menos de haber subido el primer capítulo. Bueno para los que no lo sepan, tengo otra traducción que se llama 'De enamorado a enamorado' Es un Peennis, también; espero se pasen a leerlo. Mañana subiré dos capítulos de ese, o hoy ya que son las dos de la mañana. (:

Espero les guste este capítulo y merezca que me dejen un review. Ya saben, cualquier cosa que quieran decirme de buena manera es bienvenida, pero si quieres herirme, ni lo intentes no me afectara.

Bueno si tengo otra vez muy buena respuesta con este capítulo [Con este me refiero a más de cinco review] actualizare otra vez muy rápido.

Nos leemos.

~Nessy!