Dysclaimer: Los personajes pertenecen a Suzanne Collins & la trama a Embracing-Immensity; yo solo soy responsable de la traducción.

Advertencia: Spoiler & AU. Bajo aviso no hay engaño.


Revelaciones y migrañas hacen que te des cuenta que yo siempre estuve frente a ti.


Salvando al chico.

Mr. Pingüino


A la mañana siguiente tengo problemas para levantarme de la cama, al final, la falta de sueño de los últimos días, me alcanzo y me quede dormida, aun así, no me siento descansada pero ese pequeño descanso es bienvenido.

Con dificultad hago mi rutina de todas las mañanas, me toma más tiempo del usual estar lista, para cuando llegó al comedor; ya todos han terminado su desayuno, me sirvo un plato con comida y me siento en la cabeza de la mesa. Haymitch y Peeta, que parecen haber mantenido una seria conversación, me miran cuando me siento con mi plato en la mesa.

—Buenos días. —dice Haymitch con una pequeña sonrisa en los labios, parece extrañamente feliz hoy.

—Buenos días. —respondo.

—Ya está aquí. —dice Misu, inclinando la cabeza en mi dirección pero con la vista fija en Haymitch, su tono de voz me parece tan irritante que estoy deseando haberme quedado en cama. —Ahora, ¿nos dirás que es lo que haremos hoy?

—Como saben, las entrevistas son mañana por lo que este día lo dedicaremos a asegurarnos que estén totalmente listos para ellas. —le dice Haymitch a nuestros tributos. —Van a recibir clases de Effie, Katniss y de mí sobre cómo comportarse durante las entrevistas.

—Eso no suena divertido. —dice Misu.

—No será nada divertido. —le digo. —Créeme.

—Los dos estarán trabajando por separado, para asegurarnos de que aprendan todo lo que es necesario. —Explica Haymitch. —Misu pasará la mañana con Effie y Peeta repartirá su tiempo entre Katniss y yo.

Frunzo el ceño ante esto, usualmente, Haymitch y yo pasamos estamos al mismo tiempo con cada uno de nuestros tributos, pero si él cree que es mejor así, entonces, está bien, confió en él completamente y si tomo está decisión sus razones tendrá. Sólo deseo que realmente sepa lo que está haciendo.

—Después del almuerzo. —continúa Haymitch. —Los dos cambiaran, Peera irá con Effie y Misu con nosotros.

Misu y yo nos miramos, el desacuerdo grabado en nuestros rostros, pasar tiempo a solas con ella es de las últimas cosas que me gustaría hacer pero no tengo alternativa, por lo que es mejor comenzar a hacerme a la idea.

Haymitch comienza a explicar lo que harán con Effie como con nosotros, estoy terminando mi desayuno cuando Effie aparece para llevarse a Misu, que se tan entusiasmada como yo cuando tuve que hacerlo.

Doy mi última cucharada al mismo tiempo que Haymitch se pone de pie, palmea el hombro de Peeta y dice:

—Te veo en dos horas.

Comienzo a toser al atragantarme con el último bocado, ¡no tenía ni idea de que yo sería la primera en pasar tiempo con Peeta! ¡No estoy preparada!

Pero antes de poder decir algo, Haymitch sale de la habitación, dejándonos a solas. Trago saliva y le doy a Peeta una débil sonrisa.

—Supongo que solo seremos tú y yo. —digo.

—Eso parece. —dice, sonriendo. — ¿Cómo comenzamos?

—No tengo ni idea, nunca antes he hecho esto. —Admito y Peeta me da una mirada incrédula. —Me refiero a que, nunca lo hecho sola, Haymitch siempre ha estado conmigo.

—Oh.

—Sí. —le digo sintiéndome frustrada con Haymitch por dejarme sola. —No entiendo cómo pudo creer que era buena idea; él sabe que no sirvo para estas cosas, ¿sabes que fue lo que me dijo cuándo trabajábamos en mi entrevista? Que era tan encantadora como una babosa muerta.

—Bueno, es claro que eso no es cierto. —dice Peeta y no puedo evitar sonreírle con gratitud. —Eres una clase de experta ahora, has hecho muchas entrevistas.

—Definitivamente no soy una experta, ni Haymitich ni Effie confiaban en que lo haría bien. —recuerdo. —Probablemente hubiera hecho un desastre si no fuera por el consejo que me dio Cinna, él dijo "Sé tú misma y contesta las preguntas como si estuvieras hablando con un amigo."

—Ese es un muy buen consejo. —dice Peeta. —Recuerdo tu entrevista, pensé, "Wow, ella es fantástica."

—Oh, por favor, no es posible que lo recuerdes.

—Lo hago. —argumenta. —Hablaste de lo mucho que te gustaba el estofado de cordero, del amor que le tienes a Prim y como le prometiste que volverías.

Me quedo perpleja con su memoria. — ¿Cómo puedes recordar todo eso?

—Tengo muchos recuerdos sobre ti. —dice en murmullos, con la mirada pegada al muro que está detrás de mí.

Le creo, porqué, ¿qué ganaría mintiéndome con eso? Aun así, me siento tremendamente incómoda y hago lo que mejor se hacer, cambiar el tema.

— ¿Estás nervioso por la entrevista? —pregunto.

—Un poco. —dice. —Estoy nervioso de hacer el ridículo frente a todo Panem, aunque creo que mientras no vomite sobre mí mismo como ese chico del distrito 9 de hace unos años creo que estaré bien.

Me estremezco al recordar de lo que está hablando. El pobre chico apenas estaba caminando hacía Caesar cuando dejo ir todo el contenido de su estómago sobre si, pero como las reglas son las reglas, él tenía que terminar sus tres minutos, por lo que, se vio obligado a estar sentado en la entrevista con su vómito encima.

—Eso fue horrible. —digo, totalmente de acuerdo. —Pero los del distrito 12 tienen estómagos fuertes, incluso los comerciantes.

—En eso tienes razón. —dice Peeta. —Después de todo, he sobrevivido de comida rancia toda mi vida.

— ¿Comida rancia? —pregunto. —Pensé que por ser hijo del panadero tendrías pan fresco todos los días.

Él se ríe. —Eso no podría estar más alejado de la verdad. De hecho, las ardillas que nos vendían era lo más fresco que comíamos, antes de ya sabes, todos esos cambios.

Gale y yo siempre habíamos pensado que los hijos de los comerciantes lo tenían todo; ahora descubro que todas nuestras suposiciones eran incorrectas lo que es un poco sorprendente, el pan que le había dado a mi hermana cuando yo estaba en la arena había sido fresco, ella me lo dijo, la bondad de Peeta no tiene límites.

—Y-yo no sabía. —tartamudeo. —Lo siento.

— ¿Por qué te estás disculpando? —pregunta mientras me mira como si estuviera loca. —Es muy probable que tú hayas sufrido más con los cambios que yo, con eso de que les quitaros la caza.

—No. —le digo. —Hice conjeturas acerca de tu vida que no son para nada ciertas, no debí hacerlo sin saber y lo siento.

Se encoge de hombros, restándole importancia. —Está bien, Katniss. Hay un montón de gente que hace eso y es peor para los que viven en la veta.

—Tú no lo haces. —señalo.

—No lo hagas parecer como si fuera buena persona. —dice, dándome una mirada nerviosa. —Porque no lo soy.

—Pero, ¡lo eres! —Exclamo. — ¡Me salvaste la vida! ¡Y yo nunca te lo agradecí! ¡Después te aseguras de que mi hermana se alimente cuando yo no puedo hacerlo! ¡Y de nuevo nunca te agradecí!

— ¿Cuándo te salve la vida? —pregunta.

Me encojo un poco sobre mi asiento, ¿de verdad quiero hablar de eso? Aunque, técnicamente ya lo hice, por lo que, qué más da si se lo digo todo.

—Cuando tenía 11 años y tiraste hacía mí dos hogazas de pan quemado.

—Fueron solo dos hogazas de pan. —dice Peeta. —No lo hagas ver como algo impresionante.

—Fue impresionante para la niña hambrienta a lo que se lo diste. —le dijo, sintiendo las lágrimas picándome los ojos. —Probablemente nunca entiendas esto, no solo me diste el pan, fue algo más, más importante.

Me doy cuenta de que no lo entiende, no esperaba que lo hiciera, aun así, él no discute conmigo, en cambio, me dice:

—No tienes que darme las gracias.

—Sí, tengo que, estoy en deuda contigo. —digo, las primeras lágrimas resbalan por mis mejillas, me da la sensación de que Peeta quiere decir algo pero me adelanto antes de que pueda hacerlo. —Puedes creer lo que te plazca, pero la verdad es que me salvaste la vida por lo que es mi turno de salvar la tuya.

Su rostro se ve completamente descolado, está sorprendido.

—Katniss…

—No. —interrumpo, no voy a dejar que intente disuadirme. —Voy a llevarte de regreso al distrito 12, sano y salvo.

Peeta se ve conmocionado. —Aprecio mucho tu deseo de mantenerme con vida, pero no quiero que te hagas ilusiones, mis posibilidades de salir con vida son casi nulas, por lo que no te sientas triste ni culpable por no lograr algo que es casi imposible.

Siento mi corazón detenerse. — ¿Te estás dando por vencido?

—No.

Asiento, más tranquila con su respuesta.

—Entonces, si no quieres que me culpe, inténtalo con todas tus fuerzas, ¿de acuerdo? Si no puedes hacerlo por ti, hazlo por mí.

No sirve de nada discutir conmigo y él lo sabe. —De acuerdo, pero a cambio, prométeme algo…

— ¿Qué cosa?

—Si no logró…

— ¡Lo vas a lograr!

Suspira. —Está bien, pero en caso de que no sea así. —dice, levantando una mano cuando se da cuenta de que estoy por interrumpir de nuevo. —Quiero que aceptes el hecho de que no será tu culpa y que no hay razón para estar triste, ¿puedes hacer eso por mí?

Sé que lo que me está pidiendo es imposible, pero asiento débilmente. —Sí, puedo hacer eso.

Azul intenso choca contra gris lloroso, él deja salir un suspiro satisfecho. Sé que se dio cuenta de la verdad en mi mirada, pero no importa, siempre y cuando no se rinda. Tal vez, a sabiendas de que voy a hacer aplastada por una enorme tristeza si muere, él lo intente con más fuerza, porque necesito que sobreviva, eso es todo.

Él se acerca y limpia las lágrimas de mi cara, siento mi piel cosquillar ante su toque.

—No llores, por favor. No valgo… No me gusta verte llorar.

Me alegra que no haya completado la frase de que no vale mis lágrimas o algo parecido. Suspiro y me frotándome los ojos trato de detener las lágrimas.

—Qué tal si, mejor intentamos tenerte listo para las entrevista, ¿eh? —Digo, cuando por fin he logrado controlar mis emociones.

—Claro. —responde, parece tan ansioso como yo por fingir que nuestra conversación anterior nunca ocurrió.

Aun estoy algo indecisa de como comenzar, al final me decido por realizarle mi propia entrevista.

—Así que, Peeta, ¿cuál es tu color preferido?

Él sonríe. —Naranja.

— ¿Naranja? —repito, incrédula. — ¿Igual que el horrible vestido que llevaba Effie ayer en la cena?

Hace una mueca. —No, no tan chillón. Me refiero a uno más tenue, como el de la puesta de sol.

Cierro los ojos, tratando de evocar a mi mente la imagen de una puesta de sol.

—Es un color hermoso.

— ¿Cuál es el tuyo?

— ¿El mío? Y no soy la que se tiene que preparar para una entrevista.

Él se encoge de hombros. —Lo sé, pero tengo curiosidad.

Me incómoda su curiosidad, pero aun así, no ignoro su pregunta.

—Verde, como las hojas de los árboles del bosque.

— ¿Por qué no me sorprende? —dice. — Te encantaría poder salir y ser libre, ¿no?

—Sí, la verdad es que lo echo de menos. —le respondo y trato de dirigir las preguntas de nuevo hacía él. — ¿Cómo fue trabajar en la panadería?

—Era un trabajo, eso era lo importante. —responde con un encogimiento de hombros. —Aunque había algunas cosas que realmente me encantaban, como decorar pasteles.

— ¿Decorar los pasteles? —pregunto, recordando los hermosos diseños que estaban en el aparador de la tienda de su padre. — ¿Los del aparador también los decoraste tú?

—Sí.

— ¡Son increíbles! Prim los ama, por lo que todos los domingos le llevo uno. —digo, de repente un pensamiento me golpea y no tardo de unir todo, sintiéndome estúpida por no haberme dado cuenta antes. —Lo sabías, ¿no? No es casualidad que todos los domingos me encontrara con un pastel con prímulas en él, ¿verdad?

Peeta no puede negarlo. —Ella me dijo una vez, cuando estabas en la arena, que solía arrastrarte hacía el aparador para verlos, así que cuando comenzaste a comprar uno todas las semanas, sabía que eran para ella y sólo pensé que le gustarían.

—Le gustan mucho. —digo, recordando lo emocionada que estuvo mi hermana la primera vez que le lleve uno de los pasteles con prímulas. —Realmente tienes talente, los pasteles son hermosos.

—Gracias.

Cambio el tema y comienzo a preguntarle sobre la escuela, que materias le gustaban y cuales no; le pregunto sobre su familia, amigos, las cosas que le gusta hacer, etc. Las dos horas pasan volando, al final he averiguado una gran cantidad de cosas acerca de Peeta.

Está terminando de contarme una anécdota de Delly Cartwrigth fingiendo ser su hermano cuando Haymitch entra en la habitación.

— ¿Todo listo? —pregunta él.

—Sí. —le digo, siento que no he ayudado en nada en la preparación de Peeta, pero la entrevista irá de maravilla con su gran tolerancia y su encantador carácter.

Estoy saliendo de la habitación cuando escucho a Haymitch decir:

— ¿Qué tal si te olvidas de todo lo que ella te dijo y comenzamos de nuevo, chico?

Si estaba tan seguro de que iba a ser un total fracaso, ¿por qué decidió hacerlo por separado? No tiene ningún sentido, no es que me queje de tiempo que tuve a solas con Peeta pero creo que algún buen consejo le hubiera caído muy bien.


Todavía me estoy cuestionando acerca de la decisión de Haymitch sobre separarnos cuando me doy cuenta de que es hora del almuerzo, al llegar al comedor Peeta y Haymitch se están riendo sobre algo.

— ¿Qué es tan gracioso? —pregunto mientas me siento en la mesa.

Peeta parece incómodo con mi pregunta, mientras Haymitch solo se encoge de hombros.

—Nada, preciosa, cosas de hombres.

Pongo los ojos en blanco, mientras un plato de comida se pone frente a cada uno de nosotros.

— Haymitch, ¿cómo lo ha hecho?

—Bueno—responde entre bocado y bocado. —No tendrá ninguna clase de problema mañana.

¡Esas son unas increíbles noticias!

— ¿Cuál será el enfoque que tendrá?

— ¿Enfoque? —pregunta Peeta.

—Ella se refiere al personaje que llevarás a cabo. —Explica Haymitch brevemente antes de responder mi pregunta. —Será él mismo, nadie más, no hay problema con eso, ¿no?

—Creo que es una muy buena idea. —digo, compartiendo una mirada con Peeta.

—Me hace feliz que pienses así. —dice Haymitch dándole un gran trago a su copa de vino.

Continuamos con el almuerzo, charlando un poco; cuando me doy cuenta de que la peor parte de mi día está a penas por comenzar.

— ¿Estás bien, Katniss? —pregunta Peeta con la preocupación grabada en el rostro.

—Sí, sólo estaba pensando en que tengo que pasar dos horas a solas con Misu. —Explico con un gemido. —Va a estar insoportable después de pasar toda la mañana con Effie.

—Vas a estar bien. —dice Haymitch. —No puedo creer que tengas miedo de pasar un poco de tiempo a solas con la chica.

—No tengo miedo. —corrijo. —Ella y yo no nos llevábamos bien, por lo que la tengo difícil para encontrar su lado bueno.

Él simplemente niega con la cabeza. —Dos horas, preciosa, después te vas a poder deshacer de ella y quien sabe, tal vez puedas sacar de ella lo que nadie más ha podido.

Me parece tan probable como que al volver al distrito 12 lo encontremos todo cubierto de caramelo, pero dejo ese pensamiento solo para mí y devoro mi almuerzo, cuando mi plato está vacío, Effie y Misu aparecen.

La chica parece estar lista para asesinar a alguien y Effie tiene la misma sonrisa forzada que puso cuando le toco darme las instrucciones, por lo que, puedo adivinar lo bien que la sesión debió de ir.

Peeta se con Effie y su sonrisa se vuelve mucho más genuina con él, Haymitch se va y me deja a solas con Misu. Fantástico.

Me obligo a permanecer en calma y a no preocuparme por estar a solas con ella.

— ¿Cómo ha ido todo con Effie? —pregunto, ella me da una mirada horrible, la ignoro y continúo. —Sí, recuerdo lo horrible que fue cuando me toco pasar por ello.

—Sí ya lo sabes, ¿para qué lo preguntas?

Mantén la calma, solo mantén la calma.

—Sólo estoy tratando de hacer conversación.

— ¿Por qué?

—Porqué para desgracia de ambas, tenemos que pasar las siguientes dos horas juntas, solo estoy tratando de que no sea complicado.

—Ni siquiera sé porque te molesta en fingir. —dice. —Sé que quieres que muera en la arena.

— ¡Eso no es cierto!

—Sé que lo es. —dice y no parece nada afectada por ello. —Quieres que Peeta gane y eso solo puede pasar si muero.

—Tienes razón, quiero que Peeta gane. —digo, sé que no tiene ningún caso fingir que no es así. —No deseo que mueras, Misu, pero solo puede haber un vencedor.

—Gracias por ser honesta. —dice con sarcasmo. —Ahora, explícame, ¿por qué estás si quiera intentándolo?

—Porque no importa cómo me sienta al respecto. —le digo. —Mereces una oportunidad justa.

— ¡Que amable de tu parte! —dice con sarcasmo. —Y como estamos siendo honestos, te diré unas cuantas cosas que quiero que sepas.

— Está bien.

—Te odio.

Me río, puedo darme cuenta como Misu esperaba que me sorprendiera con esto.

—No estás diciéndome algo que no supiera ya.

—Bien, ¿qué tal esto? Te odio por no haber traído a Gale a casa. —dice, consiguiendo finalmente la reacción de sorpresa que quería. —Lo amaba, estaba tan enamorada de él pero Gale no podía ver a nadie que no fuera tú.

—Eso no es…

—Él mismo me lo dijo. —me interrumpe. —Fui a verlo después de que fue cosechado, le confesé mis sentimientos y me lo dijo, me dijo que te amaba; pero a ti él no te importaba tanto como para sacarlo en otra cosa que no fuera un ataúd.

— ¡Ni siquiera sabes de lo que estás hablando!

—Oh, sé más de lo que tú crees. —dice, bajando la voz y sonando peligrosa. —Sé que amas a Peeta, no tanto como amaba yo a Gale, pero vas a saber.

— ¿Qué se supone que significa eso?

—Significa que me voy a encargar de que hacerte sentir lo mismo que yo sentí cuando Gale murió. —dice, con sus ojos centellando por el odio. —Voy a hacer que Peeta muera en la arena.


Sé que a veces vamos a tener miedo, pero vamos a lo seguro.


Traigo un pequeño problema con la canción de "Wake up" de The vamps, me encanta, se las recomiendo.

Un beso.