Dysclaimer: Los personajes pertenecen a Suzanne Collins & la trama a Embracing-Immensity; yo solo soy responsable de la traducción.
Advertencia: Spoiler & AU. Bajo aviso no hay engaño.
Tú y yo tenemos una enorme historia. Podemos ser lo más grande que nadie ha visto jamás.
Salvando al chico.
Mr. Pingüino
Con la revelación de Misu me pongo de pie y huyo de la habitación con su voz a un resonando en mi cabeza.
"Voy a asegurarme de que Peeta muera en la arena."
No voy a dejar que ella lo haga, aunque probablemente hubiera sido buena idea quedarme con y sabotearla en su entrevista activamente, pero no podía soportar estar en la misma habitación que ella ni un solo minuto más.
Mi mente está trabajando muy rápido y parece que no voy a ser capaz de tranquilizarme yo sola. Con una sola frase, Misu ha logrado ponerme en mi máximo sentido de alerta, Peeta está en más peligro que nunca, tiene a alguien que estará buscando su muerte segura en la arena, sabíamos que los otros tributos querrían matarlo, pero no era algo personal.
La determinación de Misu para asegurarse de que Peeta muera en la arena hace casi imposible que regrese con vida.
Una ráfaga de viento me saca de mis pensamientos, de alguna manera llegue al tejado, mis ojos caen sobre el pequeño jardín que le he mostrado a Peeta hace unos días, veo la flor que él se había detenido a examinar, su belleza sigue estando fuera de lugar con el resto del capitolio. Sin embargo no solo sobrevive, prospera, como hará Peeta, estoy segura de ello.
Pero ahora tengo que encontrar a Haymitch y explicarle la situación que tenemos en nuestras manos con Misu, mi única esperanza es que él no asuma que ella solo quería provocarme, porque vi en sus ojos todo lo serio que va.
Regreso a nuestro piso y voy a la su habitación, donde supongo que esta desde que Chaff está ocupado con sus propios tributos, llamo a su puerta pero no hay respuesta, llamo con más fuerza pero aún no hay respuesta.
— ¿Haymitch? —pregunto, tocando la puerta todo lo fuerte que mis nudillos me permiten. —Si estás ahí, abre, es importante, se trata de Misu.
Me quedo mirando la puerta de su habitación lo que es alrededor de un minuto, estoy segura de que no está aquí, entonces, ¿dónde está? Me pregunto si Effie lo sabrá, comienzo a caminar en su búsqueda, hasta que escucho su voz, preveniente del comedor…donde deje a Misu.
Esto no es bueno para mí.
Asomo la cabeza para ver que sí, en efecto, Haymitch está ahí, con Misu. Ella me nota primero y me sonríe, Haymitch nota su cambio de expresión y se da la vuelve sobre su hombro para verme, su expresión no es una feliz y no lo culpo, ya que no sabe la historia completa, lo cual voy a corregir en cuenta pueda alejarlo de ella.
— ¿Haymitch? ¿Podemos hablar en privado un momento? —pregunto, tratando de que mi voz no deje entrever lo ansiosa que estoy.
—No puedo ahora, preciosa. —dice con un tono de voz que deja ver lo molesto que está. —Alguien tiene que ayudar a Misu con su entrevista.
—Lo entiendo. —digo con desesperación en mi voz. —Pero de verdad necesito hablar con usted ahora mismo.
—Puede esperar. —dice con tajantemente, lo que me da entender que no va a cambiar de opinión.
Eso me hace enfurecer y la expresión de satisfacción en el rostro de Misu no ayuda en nada, sabe que ha ganado la primera ronda, a sus ojos, acabó de probar la lealtad de Haymitch hacía mí y no la tengo, la verdad, es que lo veo de la misma manera que ella.
—Bien. —gruño.
Me voy a mi habitación, cierro la puerta con fuerza, la furia y el dolor luchan por tomar el dominio. Me resisto a destrozar mi habitación como lo hice tres años atrás, aunque logro moderarme, eso no quiere decir que lo he dejado pasar. Haymitch dejo claro que no somos más un equipo, así que no tengo ganas de volver a lidiar con él hoy, así que cuando el traidor llama a mi puerta unas cuantas horas después, lo ignoro.
Que se vaya de nuevo con la pequeña arpía venenos de Misu y a mí me deje en paz, voy a encontrar una manera de debilitarlos; no debe ser demasiado difícil, ya que por lo general soy yo quien consigue la mayor cantidad de patrocinadores; voy a asegurarme de dirigirlos todos hacía Peeta y dejar a Misu con nada.
Haymitch vuelve a tocar mi puerta mucho más tarde, cuando me estoy preparando para ir a la cama. Él ha estado bebiendo, puedo decir claramente, ha bebido más de lo que acostumbra cuando está de mentor. Me alegro porque eso hace toda más fácil para mí, ignoro sus palabras y la explosión de insultos que es lanzada hacía mi puerta hasta que se va o se desmaya.
Me voy a dormir, satisfecha, porque he dejado claro lo molesta que estoy.
A la mañana siguiente tengo un rápido desayuno en mi habitación, sabiendas de que Peeta y Misu estarán con sus equipos de preparación, lo que nos dejará a mí y a Haymitch a solas. Todavía estoy molesta, por lo que lo estoy evitando y la mejor manera de hacer eso es no desayunando con él.
No me sorprendo cuando después de terminar mi desayuno alguien llama a la puerta, la suavidad con la que llaman me causa curiosidad, por lo que abro.
No es Haymitch a la puerta, sino, Cinna.
Y por la expresión en su rostro puedo darme cuenta que ha tenido una conversación con mi antiguo mentor.
—Vamos. —dice, tomando mi mano, me arrastra fuera de mi habitación; a través del pasillo
— ¿A dónde vamos? —pregunto, sin ofrecer mucha resistencia.
—Sabes a donde. —me dice y asiento. —No sé qué es lo que está pasando pero tienes que hablar con él.
Nunca he sido una persona tranquila y callada por lo que no tardo en rezongar.
—No quiero hablar con él, no después de ayer.
—Bueno, eso está mal porque estamos aquí. —dice Cinna cuando llegamos a la sala de estar donde Haymitch está, Cinna me empuja en dirección a mi antiguo mentor pero me desvío al otro lado de la habitación.
Cuando Cinna está por salir, lo detengo. —Si te vas, me voy contigo.
Mi estilista me conoce tan bien para saber que mis amenazas no son al vacío.
—Está bien, me quedaré, pero solo un poco. Tengo cosas que hacer, ya sabes.
—Entonces, ¿qué diablos te paso ayer? —pregunta Haymitch yendo directo al grano. —Se suponía que tenía que pasar dos horas con Misu pero había pasado veinte minutos cuando ella toco a mi puerta y me dijo que la habías dejado sola.
Puedo ver la decepción en los ojos de Cinna cuando me mira.
— ¿Es eso cierto?
—Espera. Antes de juzgarme tienes que escuchar que fue lo que paso. —le digo, antes de pasar a Haymitch y darle una mirada mordaz. —Era lo que quería decirte ayer pero elegiste a Misu por sobre mí.
— ¿Qué paso?
Les cuento la historia tal y como paso, de inmediato reconozco las expresiones en sus rostros; ellos no me creen, piensan que exagero o que entendí mal lo que ella quiso decir. Lo puedo ver en la mirada que intercambian, ninguno de los dos cree en lo que digo.
—No lo hagan. —Advierto. —No me miren así, ¡no estoy mintiendo!
—Katniss. —dice Cinna, su tono es de apoyo y consuelo. —Nadie te está acusando de mentir.
—Pero no me creen. —Señalo. —Escuchen, todo sucedió tal y como lo he dicho.
—Muy bien. —dice Haymitch con voz ronca. —Pero, ¿no has pensado que tal vez Misu solo intentaba molestarte?
—No estaba haciendo.
— ¿Cómo lo sabes? —pregunta Cinna. —Ella no te agrada. Tal vez solo estaba diciendo cosas que sabía que iban a molestarte.
—No estabas ahí. —le recuerdo. —No has visto la forma en la que me ha mirado. Ella quiere que sufra y cree que la única manera de lograrlo es yendo tras Peeta.
—Bueno, si ese es su plan, ella cometió un error al decírtelo. —dice Haymitch. — Porque ahora que lo sabes no vas a dejar que ella cumpla con su amenaza.
—Eso es cierto. —le digo, sintiéndome un poco después. —Ahora es el momento para que me digas que ella lo hizo terrible durante su sesión de entrenamiento.
—No es muy grande. —confiesa él. —No va a dar una gran impresión que dure, sobre todo porque va a ir antes de Peeta.
—Entonces, ¿él es bueno? —pregunta Cinna.
—Él será espectacular. —promete Haymitch.
—Suenas muy seguro. —le digo. — ¿Qué es lo que no nos estás diciendo?
—Oh, no quiero arruinar la sorpresa, preciosa. —me dice con una sonrisa. —Así que vas a tener que esperar y ver.
Después de varias horas de sufrimientos, estamos a casi nada de que el espectáculo comience. Haymitch, Effie y yo, estamos de pie a lado de los ascensores esperando a que nuestros tributos aparezcan. Para mi gran placer, Cinna se tomó un descanso en su ayuda hacía Misu y me ayudo a mí a vestirme. El vestido que llevo hoy es una versión más madura del vestido rojo que lleve hacía tres años. Esta vez, sin embargo, añadió joyas reflectantes que hacen que brille cuando la luz le da.
Portia nose queda atrás, mi respiración se detiene cuando veo a Peeta caminar hacia nosotros, se ve tan guapo en su traje negro con el diseño de una llama integrado en la camisa. El corte de la chaqueta acentúa su pecho ancho y los hombros lo que hace que se vea más grande y poderoso. De alguna manera sus ojos son más azules y tengo que esforzarme por no perderme en ellos.
La sonrisa en su rostro es enorme cuando llega a nosotros. Peeta se inclina hacia mí y susurra:
—Te ves hermosa.
—Tú- gra-gracias. —tartamudeó, mareada por su proximidad. —Tú te ves muy guapo.
—Gracias.
Ahí es cuando aparece Misu y siento que mi buena voluntad hacía Cinna está siendo probada. Ella se ve increíble en su vestido negro, ajustado en el mismo patrón que tiene el traje de Peeta. Misu se ve muy bonita y puede que por eso nadie se fije en lo que diga. ¿No puedo Cinna meterla en uno de los trajes de minero?
Pero sé que su reputación está en juego, por lo que lo perdono por hacer que Misu se vea tan deseable.
Ella me mira de arriba abajo y por la mirada en su cara sé que no está contenta. Le sonrió, lo que hace que su ceño se frunza más, tal vez si la molesto lo suficiente en el ascensor se ponga tan de malhumor que arruine su entrevista.
—Tu vestido es precioso. —le digo a Misu. —Se te ve muy bien.
Ella me ignora por completo, en cambio, se gira furiosa hacia Cinna. — ¿Has hecho su vestido?
—Sí.
— ¿Por qué la has hecho lucir más deslumbrante que yo? —gruñe Misu. — ¡Yo soy la que necesita la atención!
—Cuidado, Misu. —le digo con burla en mi voz. —No quieres que las personas piensen que estás celosa de mí.
Por un momento pienso que va a lanzarse sobre mí cuando Peeta se interpone entre nosotras.
—Yo pienso que te ves muy bonita, Misu.
—Cállate, Peeta. —ladra ella, mirándole de mala manera. —A nadie le importa lo que piensas.
— ¡Misu! —exclama Effie, francamente escandalizada por el comportamiento de ella. —Esa no es la forma de responder a un cumplido.
La única respuesta que Misu da es una obscenidad que hace a Effie escandalizarse más; Haymitch nos mete a todos en el ascensor, viajamos en silencio hasta la planta baja, cuando las puertas se abren todos bajamos en fila, yendo por caminos separados; Haymitch y yo tomamos nuestros asientos designados, conforme pasa el tiempo para que el espectáculo comience me siento más nerviosa.
Cuando comienza, apenas y puedo separar mis ojos de Peeta. Se atractivo es doloroso y no he puesto atención a las entrevistas de los primeros tributos, después de ello, las siguientes entrevistas no tienen ninguna impresión en mí, pero eso es probablemente porque estoy ansiosa por Peeta y Misu y el cómo irán sus entrevistas.
Cuando el chico del 11 se despide, Misu es llamada al escenario, camina hacia Caesar con una sonrisa, espero no ser la única que se dé cuenta de lo forzada que es, cuando ella comienza a responder las preguntas me sorprendo al escuchar que su voz ha sido reducida a un gutural ronroneo, cada una de sus respuestas está bañada en seducción y siento la posibilidad de salvar a Peeta flotando cada vez más lejos.
Estoy a punto de llorar, cuando Caesar dice:
—Es probable que te lo digan mucho pero me recuerdas un poco a tu mentora Katniss.
Los cambios en el rostro de Misu son inmediatos, su expresión se vuelve fría y dura.
—No digas eso. —gruñe.
Caesar se ve sorprendido pero se recupera rápidamente.
—Oh, oh, eso suena como problemas en el paraíso. Supongo que siendo tan unidas como hermanas no faltaran las peleas entre ambas.
—No somos unidas. —dice, haciendo una horrible mueca que arruina todo lo bueno que había hecho anteriormente en su entrevista. Afortunadamente, antes de que pueda arreglar lo el timbre suena dando por finalizada su entrevista.
Y ahora, es turno de Peeta y mi corazón está latiendo tan rápido que siento que va a estallar dentro de mi pecho. Mi ansiedad disminuye un poco cuando veo que Peeta está sentado a lado Caesar y la multitud se está volviendo loca, gritando su nombre. Peeta sonríe, la multitud se retuerce, grita y aplaude cada vez con más fuerza.
—Así que, Peeta, dinos, ¿cuál es tu parte favorita del capitolio? —pregunta Caesar una vez que los aplausos se han detenido.
—Hay tantas cosas para elegir no puedo elegir solo una. —dice Peeta, afablemente. —Sin embargo, puedo decirles que es lo que menos me gusta.
—Así que, ¿qué es lo que menos te gusta?
—Las duchas. —dice simplemente.
Caesar se ríe, igual que la mayor parte de la audiencia.
— ¡Tiene tantos botones! Pulse un botón equivocado y he tenido que resignarme a tener que tomar otra ducha para poder deshacer el error de esta mañana, sabía la configuración que quería pero mi dedo resbaló y ¡boom! Ya olía a rosas. Tres duchas y horas de trabajo de mi equipo de preparación y Portia, para finalmente poder cubrir el olor.
La multitud está encantada, sueltan grandes carcajadas, más cuando Peeta ofrece a Caesar su brazo para que lo huela; él le asegura a Peeta y a la multitud que el olor a rosas ha desaparecido y está declaración consigue una serie de aplausos.
—Oh, gracias a Dios. —dice Peeta lleno de alivio. —Voy a tener más cuidado al bañarme a partir de ahora.
—Ese es un buen plan. —acepta Caesar. —Por lo tanto, tu padre es panadero, ¿no es así? ¿Qué es trabajar de panadero?
—Es un trabajo duro, pero disfruto de él la mayor parte del tiempo. —responde Peeta. —Sin embargo, ser el hijo de un panadero viene con una gran cantidad de problemas.
— ¿Cómo cuál?
—Bueno, por ejemplo, a las chicas no les gusta ser comparadas con el pan. —dice Peeta, haciendo reír a la audiencia. —O eso asumo yo por la cantidad de veces que mis hermanos volvieron a casa con una palma pintada en las mejillas.
—No te puedo imaginar caminando por la calle con una palma en la mejilla. —dice Caesar, observando la cara de Peeta. —Apuesto a que podrías decirles cualquier cosa y ellas aún se colgarían de tu brazo.
—Sólo si piensan que pueden obtener una ración de galletas gratis. —dice Peeta bajando la mirada. —No soy lo que se considera popular entre las damas.
— ¡No creo ni un poco en eso! —exclama Caesar. — ¡Tienes a todas las chicas hechas un manojo de nervios!
—Eso es porque las chicas del capitolio son encantadoras. —dice y no puedo escuchar la mentira en su voz. —Pero para las chicas del distrito 12 yo soy muy normal.
—Pues me he enterado de algo que me hace creer que estás equivocado. —dice Caesar. —He jurado guardar el secreto, pero te puedo decir que hay una joven que está muy enamorada de ti.
La audiencia, que vio mi entrevista de hace unos días, grita en respuesta; rezo para que la cámara no se enfoque en mi porque estoy tan ruborizada que Peeta sabría que están hablando de mí, y de repente no quiero que sepa que soy de quien hablan.
Peeta sonríe, no muy convencido. —Tú también me agradas mucho, Effie. —Y él sopla un beso en su dirección, Effie se vuelve de un color tan rosa que su peluca se pálida en comparación.
—Sabía que eras un rompecorazones. —dice Caesar cuando la cámara se enfoca de nuevo en ellos. —Aunque no dudo del cariño que la señorita Trinket siente por ti, ella no es la chica de la que yo estoy hablando.
—Eso es malo. —dice Peeta. Lo veo dar un leve vistazo hacía Haymitch que inclina la cabeza en su dirección, de forma casi imperceptible. —Pues verás, me gusta no tener la atención de las chicas en casa.
Todos a mí alrededor dejan escapar un suspiro colectivo. Incluso Caesar parece ser atrapado con la guardia baja.
— ¿Por qué es eso?
—Porqué entonces tendría que rechazarlas y no me gusta lastimar a nadie. —dice. —La verdad es que estoy enamora y no me puedo imaginar con alguien más que no sea ella.
Siento celos casi de inmediato. Me es imposible no odiar a la chica sin nombre que le ha robado el corazón a Peeta, sé que quien quiera que sea ella, no lo merece y la detesto por haber hecho pensar a Peeta que sí.
Caesar se pone una mano en el pecho y deja salir un suspiro.
— ¡Eso es tan romántico! ¿Tú y ella están juntos?
El niega con la cabeza. —En realidad no. Creo que yo no existía hasta que me escogieron este año.
— ¡Eso es tan triste! —Exclama Caesar y hace el espectáculo de limpiarse una lágrima con un pañuelo. — ¿Tuviste la oportunidad de decirle lo que sientes?
—No.
—Por lo tanto, ella no te ha rechazado. —dice Cesar. —Uno nunca sabe, ella podría sentir lo mismo por ti.
Estás preguntas son perfectas para Peeta, hace que la multitud quiera saber más y quiera más a Peeta, aunque a mí me gustaría que llevarán la entrevista hacía otro lado, no quiero seguir escuchando acerca de la chica especial de Peeta.
—Podría ser. —dice. —Pero lo dudó.
— ¿Está con alguien más?
—Hubo un tiempo en el que pensé que ella estaba con alguien, pero resulto que él solo era un amigo. —explica Peeta.
— ¡Eso debería darte esperanzas! —dice Caesar, dándole una palmada en la espalda a Peeta. —Tengo una idea para que la impresiones. Confiesa tu hacia ella en este momento, gana los juegos y cuando vuelvas ella no tendrá más remedio que saltar a tus brazos.
—No puedo hacer eso, Caesar.
— ¿Por qué no?
Peeta lanza otra mirada en dirección a Haymitch y a mí, me muero por mover la cabeza negativamente, gritarle que no diga ninguna palabra más al respecto y que mantenga la identidad de la chica que le robo el corazón en secreto, porque no quiero saberlo.
Pero no digo ni hago nada al respecto, solo me quedó observándole hasta que vuelve la cabeza hacía Caesar.
—Porque no quiero meterla en problemas.
— ¿Cómo podrías meterla en problemas?
—Porque se supone que no debo estar enamorado de mi mentora.
Siempre encontraremos la manera de salir vivos, pensé que estabamos siendo fuertes, pensé que estabamos saliendo adelante, ¿lo estamos?
¡Holis!
Capítulo 9. ¡CHECK!
Aquí vamos de nuevo, digo, jojo, estamos en diciembre, el mejor mes del año, estoy de vacaciones, de buen humor y con ganas de hacer mucho por aquí.
Maratón, oh sí, cuatro capítulos al hilo para la semana de navidad, es un hecho.
Besos.
