Dysclaimer: Los personajes pertenecen a Suzanne Collins & la trama a Embracing-Immensity; yo solo soy responsable de la traducción.

Advertencia: AU. Bajo aviso no hay engaño.


Cuando el aire se acabó y ambos empezamos a correr velozmente, el cielo se desplomó, pero tú tienes estrellas, ellas están en tus ojos


Salvando al chico.

Mr. Pingüino.


Maratón 1/4


El rumor

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Dejo el techo unos minutos después que Peeta, yendo directamente a mi habitación. Necesito dormir, así que, tengo que intentarlo; mientras nuestros tributos estén en la arena, Haymitch y yo vamos a tener que turnarnos para descansar pero sé que voy a querer estar despierta el mayor tiempo posible por Peeta.

Me visto con una cómoda pijama y me pongo la chaqueta de Peeta de nuevo, me deslizo dentro de las mantas y tan pronto como mi cabeza toca la almohada las lágrimas vuelven y esta vez son acompañadas por desgarradores sollozos, no sé cuánto tiempo estoy llorando, pero se siente como si fueran años, pero en algún momento debo haberme quedarme dormida porque lo siguiente que sé es que mi equipo de preparación me está despertando.

El trio esta inusualmente silencioso y no entiendo porque. Por lo general, mi equipo de preparación está muy excitado la mañana en la que los juegos del hambre comienzan. Estoy segura de que su sombrío estado de ánimo no es por preocupación hacia Misu, ella no les agrada, como bien me lo hicieron saber.

No es hasta que Flavius me pregunta cómo fue que Peeta y yo nos despedimos que me doy cuenta de la razón de su falta de excitación está mañana, ellos están envueltos en la trágica historia de amor de la que Peeta y yo somos protagonistas.

—Bueno, nosotros…—comienzo, pero no sé cómo responder. Ha sido un momento muy privado y compartirlo es la última cosa que quiero hacer pero tampoco quiero ser grosera, por lo que opto por decirles: —Fuimos a la azotea y nos despedimos allá.

— ¿Eso es todo lo que vas a decirnos? —Pide Flavius, en sus labios purpuras se forma una pequeña sonrisa.

—Deberías estar feliz, nos ha dado mucho. —dice Venia, le doy una mirada de agradecimiento.

—Pero queremos detalles. —se queja Octavia

—Llegaremos a ellos, con el tiempo. —promete Venia, tengo que obligarme a no poner los ojos en blanco. —Por cierto, Katniss, te veías adorable envuelta en la chaqueta de Peeta está mañana.

Me sonrojo con furia y ellos se carcajean para después comenzar una discusión acerca de quien se dio cuenta primero de que Peeta y yo éramos el uno para el otro. Trato de ignorarlos, pero mi pecho se estruja con cada recuerdo de nosotros que ellos mencionan como si nada.

Cuando estoy lista, me entregan el vestido que voy a llevar hoy, la mayor parte de los juegos voy a poder llevar lo que yo quiero pero hoy no, porque hoy saldré a buscar patrocinadores, otra vez mi cuerpo será expuesto a la vista de los demás pero realmente no me importa.

—Aquí está tu chaqueta. —dice Venia, entregándomela. Sólo cuando la tengo en mis manos me doy cuenta de que es la chaqueta de Peeta que tenía antes. —Cinna envío una diferente pero no creo que le importe el cambio.

—Gracias. —le digo, mientras me ayuda a ponérmela. El peso que hace la chaqueta sobre mis hombros es un recordatorio de porque estoy luchando.

Cuando mi equipo de preparación sale de la habitación, me doy cuenta de que me hace falta la presencia tranquilizadora de Cinna pero él está viajando con Misu a la arena. Siento un poco de envidia hacia Portia que está con Peeta en este momento, espero que ella logre convencerlo de comer o beber algo.

Yo apenas y consigo un rápido desayuno antes de que Effie y Haymitch vengan a buscarme para viajar al centro de los juegos; nunca hemos sido muy habladores pero hoy se siente el denso silencio que hay entre nosotros, ni siquiera está el constante parloteo de Effie lo que hace que esa espantosa peluca rosa, se vea más horrible.

Al llegar al centro tenemos que ir por caminos diferentes en busca de patrocinadores, cuando estoy a punto de irme, Effie me toma del brazo y me detiene, levanto la vista de su mano y ella me da una mirada triste.

—Vamos a traerlo de regreso a ti. —dice con seguridad, me da un apretón en el brazo antes de soltarlo.

Inclino la cabeza hacía ella porque no puedo confiar en mi voz en estos momentos, en eso, ella da unos pasos lejos de mí y se va.

—Lo imposible ha sucedido. —dice Haymitch detrás de mí, haciendo que salte de la sorpresa. —El chico ha hecho que Effie tenga su atención en otra cosa que no sea Ascender a un mejor distrito.

—Él es especial. —me las arregló para decir y me alegro de que mi voz solo se quiebre una vez.

—Tienes razón. —acepta Haymitch.

Ahora que estoy en el centro de los juegos, me doy cuenta de que debó ser deslumbrante y efervescente, está es la prueba para mis habilidades de actriz, espero realmente no ser tan mala como Finnick y Johana me hicieron ver.

Vamos por el primer paso, para mi desgracia tengo que quitarme la chaqueta de Peeta, así que comienzo a hacerlo, pero Haymitch me detiene.

—No, déjatela puesta.

—Pero mí vestido…—comienzo.

—Conseguiremos más patrocinadores contigo envuelta en esa chaqueta que exhibiendo tu escote. —Dice Haymitch. —Y no te molestes con una sonrisa, el capitolio piensa que tienes el corazón roto porque Peeta está entrando en la arena, así que es eso lo que vamos a darle.

— ¡Yo tengo el corazón roto! —le gruño.

Haymitch se suaviza ligeramente. —Lo sé, cariño, pero tenemos trabajo que hacer.

Él tiene razón, la trágica historia de amor en la que nos vimos sumergidos trajo a nosotros mucho trabajo, todavía tengo que esforzarme para asegurarme de que obtengamos todo el dinero que sea posible.

Mientras observó a Haymitch ir a hablar con un hombre al que puedo olerle el aliento a licor desde donde estoy, me veo atrapada en un abrazo de Nikia Blith, a ella siempre le ha gustado gastar y me alegra mucho que haya venido buscarme está mañana.

— ¡Oh, Katniss, esto debe ser terrible para ti! —exclama Nikia, se separa de mi lo suficiente para mirarme, cuando lo hace, suelta un jadeo. — ¿Es su chaqueta?

—Sí. —respondo y me trago mi necesidad privacidad. —Necesitaba tener algo de él, ya sabes, para poder resistir todo esto.

— ¡Oh, por supuesto, querida! —Ella tiene lágrimas azules cayendo por sus mejillas. —Sólo quiero que sepas que tienes mi apoyo. ¡Voy a transferir mi dinero a Peeta tan pronto los juegos comiencen!

—Gracias. —le digo. —Significa mucho para mí.

— ¡Oh, es lo menos que puedo hacer! —dice y le doy una pequeña sonrisa. — ¡Sólo espero que él lo logré en la arena! Estaría dispuesta a pagar lo que fuera porque te reúnas con él. ¡Hey Taygen!

Nikia mueve el brazo en la dirección de Taygen y yo comienzo a sudar. Taygen Torrklin es muy importante en el capitolio, tiene dinero, contactos, poder y amigos influyentes de su lado. Él ha tenido sus ojos puestos en mí desde el primer día.

Se detiene frente a mí y toma mi mano para dejar un beso sobre la palma. Se siente viscosa después de que él la suelta, tengo que resistir la tentación de limpiarlo de inmediato.

— ¡Taygen, es bueno verte! —exclama Nikia. — ¿Has visto lo que Katniss lleva puesto?

Los ojos de Taygen caen sobre mi pecho de manera indiscreta, por desgracia para él la chaqueta hace un excelente trabajo en la preservación de mi modestia. Él reconoce la prenda y la decepción es evidente en su rostro.

— ¿Cómo estás llevando este asunto tan desagradable, querida? —pregunta, mirándome intensamente, no sé qué es lo que quiere de mí.

—No muy bien. —admito. —Sigo deseando haber podido pasar más tiempo con Peeta.

—Por supuesto. —dice y hay un extraño brillo en sus ojos. —Pero de seguro se las arreglaron para estar un momento juntos y a solas.

—Sí. —le digo y recuerdo la curiosa reacción de mi equipo preparación cuando les conté. —Subimos a la azotea y nos despedimos ahí.

Nikia casi se desmaya y Taygen parece agraviado, por lo que, me temo que he dicho algo malo.

— ¡Que romántico! ¿No es así, Taygen? —pide Nikia y él solo gruñe como respuesta. — ¡Por supuesto que sí! ¡Todos estamos muy entusiasmados con esto! Lo siento, estoy hablando hasta por los codos, de seguro Taygen quiere decirte que él va a apoyar a Peeta, ¿no es así?

Podría besar a Nikia ahora mismo, ella ha puesto en una posición a Taygen en la que no tiene más remedio que aceptar y como el patrocinio es público tendrá que hacer real este acuerdo verbal.

—Por supuesto. —murmura con un quiebre molesto en su voz. —No se me ocurriría privar a Katniss de mi ayuda.

—Muchas gracias por su generosidad. —le digo. —Voy a estar esperando con impaciencia su donación.

—Seguro de que será así. —dice mientras se inclina para besar mi mano de nuevo. Cierro los ojos y no puedo evitar pensar que no voy a disfrutar de las consecuencias que obtendré de esta reunión.


Más tarde, me dirijo a la estación designada para los mentores del distrito 12, recuperándome de todos los perfumes, colores fuertes y palabras de lástima de todos los posibles patrocinadores con los que hable, que gran parte de ellos ha aceptado dar una donación a Peeta, tendremos mucho dinero, estoy casi segura de ello. Estoy llegando a mi destino cuando soy interceptada por un agente de la paz.

—Su presencia es solicitada por el presidente Snow. —me dice y mi corazón cae a mis pies. —Sígame, por favor.

Asiento y me dejó guiar hasta la suite presidencial. Mientras camino hago memoria de todas las cosas que he hecho, hasta la más pequeña, desde que llegue al capitolio. Debo haberlo hecho enojar de alguna manera y estoy casi segura de que estoy siendo convocada para ser informada de que manera va a morir Peeta.

Llegó al área privada de Snow y él hace que el agente de la paz se retire, me hace un ademán para tome asiento, lo hago, porque sé que mis piernas no van a ser capaces de sostenerme por más tiempo.

—Tenemos un interesante grupo de tributos este año. —dice cruzando la manos sobre su regazo.

El olor de la sangre y las rosas me marea, tengo dificultades para mantener mi desayuno en mi estómago. Trago saliva.

—Creo que lo tenemos.

—He oído que siente algo fuerte por uno de tus tributos. —dice. —Misu, ¿verdad?

No estoy segura de haber escuchado bien. — ¿Misu?

Inclina la cabeza. — ¿No es verdad que se desagradan? Pensé que con el odio que ella le profesa, usted le tendría al menos un poco de rechazo, sobre todo, después de que ella te atacó ayer por la noche.

Mi mano va de inmediato a mi mejilla aunque sé que no hay señales físicas de la bofetada, mi equipo de preparación ni siquiera lo comento e incluso llevo una capa de maquillaje sobre el rostro.

—No es mi persona favorita.

—Ella no hizo difícil la decisión de salvar a Peeta, ¿verdad?

—No.

Sus labios mejorados quirúrgicamente se curvean en una sonrisa. —Sin embargo, tenga la sensación de que usted tomo esa decisión mucho antes de que Misu hablara con usted por primera vez.

—No sé qué es lo que quiere decir…

—Vamos, señorita Everdeen. —dice en forma de regaño. —Pensé que después de incidente con su amigo el año pasado habíamos acordado ser honestos el uno con el otro.

Asiento, recordando la horrible conversación que tuvimos después de la muerte de Gale, cuando acordamos no mentirnos el uno al otro, en una forma de ahorrar tiempo.

—Tiene razón. —acepto. —Decidí salvar a Peeta en el momento que escuche a Effie decir su nombre.

Él es feliz con mi honestidad. —Usted sabe que esto ha sido meramente suerte, ¿no? Está cosecha no tiene mi mano en ella.

—Lo sé.

—De haber sido así—comienza y hace una pausa para dar énfasis. —Él no habría sido a quién yo hubiera elegido.

Claro que no habría sido él; Snow hubiera elegido a Prim o a Rory u otra persona con la que tuviera una conexión muy obvia, nadie sabía de mis sentimientos por Peeta, ni siquiera yo.

—No sé qué decir a eso.

—No tiene que decir nada. —dice. —Solo estoy haciendo una declaración. Sin embargo, me siento curioso con respecto a cómo ocurrió lo de Peeta.

No voy a decirle que él le salvo la vida a mi familia cuando yo tenía 11 años, seguramente Snow encontraría la manera de utilizarlo en mi contra.

—Él le dio pan a mi hermana cuando yo estuve en la arena.

—Se aseguró de que su hermana se alimentara cuando no estaba para hacerlo. —dice y puedo darme cuenta de que lo está analizando. —Sí, le creo. Usted ama demasiado a su hermana y estaría en deuda con alguien que hiciera algo tan bondadoso como eso.

—Peeta es muy bondadoso. —Ofrezco.

—Por supuesto que lo es. —dice Snow mientras revisa una pila de papeles y fotos. — ¿Cuándo fue que la gratitud se convirtió en algo más?

—Realmente no lo sé. —le digo con honestidad. —Sólo sé cuándo fue que me di cuenta de ello.

— ¿Cuándo fue eso?

—Ayer por la noche. —le digo.

— ¿En serio? Así que fue recientemente. —Snow levanta la vista de los papeles que tiene en su mano. —Pensé que había sido antes de su entrevista con Sr. Flickerman

Me estremezco ante esto. —Pensé que sólo era un pequeño crush cuando hice la entrevista.

—Así que, lo que está diciendo es que sus sentimientos van más allá de un mero capricho, ¿no es así?

—Sí.

—Entonces, sus sentimientos hacía él son la única razón por la que usted está usando su chaqueta. —dice Snow, dándome una mirada mordaz.

—No es la única razón. —Admito. —Pero es la principal.

—Usted sabe que no me gusta que me mientan. —dice, cuando abro mi boca para protestar, continúa. —Sé que no me mientes sobre tus sentimientos. Me refiero a lo que le ha dicho al señor Torrklin.

— ¿Qué mentira le he dicho al señor Taygen? —pregunto, no tengo idea de que es de lo que está hablando, estoy segura de que no le he mentido al hombre.

Snow se ve sorprendido. —Iba a molestarme con usted por su falta de honestidad pero realmente parece que no tiene ni idea de que es de lo que estoy hablando

—Es porque no la tengo.

— ¿No le dijo que mantuvo relaciones sexuales con el señor Mellark en la azotea del centro de capacitación?

Mi cara está en llamas y parece que he desarrollado un problema con el habla.

—Yo…yo…no…nosotros…nunca…

— ¿Está segura de que no le dijo eso? —Snow pregunta. —Porque el señor Torrklin está bastante seguro de que ustedes estuvieron juntos.

—Le dije que subimos a la azotea. —digo tratando de recordar mis palabras exactas. —Pero todo lo que le conté fue que nos despedimos ahí.

Snow se ríe y el sonido me asquea. —Por supuesto que sí, él tiene el hábito de malinterpretar a la personas pero parecía tan seguro que pensé que está era su manera de asegurarse que la venta de su virginidad fuera cancelada.

Toda la sangre que se había aglomerado en mi cara desaparece al instante.

—No he pensado siquiera en eso.

—Sé que es así, así que, no te preocupes. —dice con toda la dulzura que un hombre como él puede reunir. —Ahora sabe porque estaba tan molesto con usted.

— ¿Ya no está molesto conmigo?

—No, para nada. —dice con lo que supongo es una sonrisa tranquilizadora. —De hecho, he decidido hacerle un regalo.

Oh, oh, eso no es bueno. — ¿Qué tipo de regalo?

—Voy a cancelar la venta de su virginidad. —dice.

— ¿Por qué?

—Pensé que estaría contenta. —me dice.

—Lo estoy, pero no sé porque lo está haciendo. —digo.

—No, tienes razón; no lo sabes. —está de acuerdo. —Lo cancelo porque todo el mundo está pensando que usted y el señor Mellark han estado juntos.

— ¡Pero no lo hemos estado!

—Lo sé, pero todo el mundo cree que sí y eso es lo único que importa. —dice. —Y nadie va querer comprar lo que no existe.

Siento el estómago revuelto. No quería que mi virginidad fuera vendida al mejor postor pero está no es la manera en la que me hubiera gustado evitarlo.

—No hice nada para sabotearlo. —digo, porque tengo miedo de que vaya a tomar represalias. —Y Peeta tampoco, él no sabe nada.

—Soy consciente de ello, no te preocupes. —dice. —Su querido señor Mellark no verá las consecuencias de este pequeño incidente.

— ¿No lo hará?

—Le prometo que no. —dice Snow, levantando las manos. —Me agrada el muchacho, de hecho, estoy pensando en donar algo de dinero a su cuenta, ¿qué piensa usted de eso?

No sé qué es lo que pienso de eso. No sería la primera vez que el presidente Snow patrocinaría a un tributo pero sucede tan poco que siempre da de que hablar.

— ¿Por qué haría usted eso? —pregunto, debe tener algún tipo de plan porque Snow no tiene ni un hueso altruista en su cuerpo.

—Porqué quiero que gane. —dice y sé que no está mintiendo. —Tengo grandes planes para él.

— ¿Qué planes?

—Usted los sabrá a su debido tiempo. —dice, levantando la vista hacia el reloj que hay en la pared. —Casi es hora de que los juegos comiencen, ya debería estar en su estación.

Asiento mientras me pongo de pie. —Por supuesto, presidente Snow.

— ¿Señorita Everdeen? Una cosa más antes de que se vaya. —dice, extendiendo una hoja hacía mí, me muevo con cautela, temiendo que sea una trampa y con lentitud la tomo. —Si él gana, espero que sepa que quiero una repetición de este acto en frente de todo Panem.

Miro la hoja que me ha entregado, encontrándome con una fotografía de mía y de Peeta en la azotea. Besándonos.

— No creo que sea demasiado que le pidamos esto a un par de chicos enamorados, ¿no?

—No, no es demasiado. —digo, sintiendo mis manos temblar. Me siento completamente ultrajada en este momento que tengo que controlarme de no rasgar la fotografía en pequeños pedazos. — ¿Es todo?

—Sí, puede irse. —dice, contento por la conversación que hemos tenido. —Hablaremos de nuevo pronto, esté al tanto, pronto sabrá de mi donación.

—Lo haré y gracias. —le digo mientras salgo de la habitación. Tan pronto como cruzó el umbral y cierro la puerta salgo disparada, estoy casi corriendo de regreso a la estación de los mentores, tengo miedo de que si me detengo alguien me intercepte y me envíe de regreso con Snow.

Nadie me mira y no pasa nada más que me impida entrar en mi estación. Haymitch ya está aquí y probablemente lo ha estado desde hace rato por como se ven las cosas.

—Tardaste. —dice con amargura. —Estaba pensando que no ibas a regresar a tiempo.

—Habría vuelto antes. —le digo. —Pero tuve que ir a ver a Snow.

— ¿Qué paso?

—Quería hablar conmigo. Al parecer Taygen Torrklin malinterpreto algo que dije y por esa razón tuvo que cancelar la guerra de ofertas que estaban haciendo…por mí.

—Eso suena serio.

—Él prometió que no va a castigar a Peeta por ello. —le digo, sentándome a su lado. —De hecho, Snow va a patrocinarlo.

—Eso no es bueno.

—Lo sé.

Justo en ese momento hay un fuerte sonido y las pantallas frente a nosotros parecen cobrar vida, nos muestran un plano general de la cornucopia. Hay perspectivas diferentes de la arena, puedo ver bosques, lagos, arroyos, acantilados y un campo de un grano que no puedo identificar.

Entonces de nuevo vuelven a la cornucopia, donde los tributos están comenzando a salir. Me toma unos segundo encontrar a Peeta y mi corazón comienza a acelerarse, va a comenzar de un momento a otro.

Entonces, la voz de Claudius Templesmith se escucha fuerte y clara.

— ¡Señoras y señores! ¡Los 74 juegos del hambre están por comenzar!


No hay salida y un largo camino cuesta abajo, todos necesitan a alguien cerca, pero no puedo tenerte, demasiado cerca ahora.


¡Holis!

¡Y vamos comenzando!

En el siguiente capítulo ya podemos ver a Peeta en la arena, ¡tengan preparados los pañuelos y las pastillas para el corazón! Porque se viene lo bueno, las lágrimas y los sustos.

Aunque Snow ya dejó claro que tiene planes para Peeta, lo cual es terriblemente malo.

¡Ojalá les guste el capítulo!

Y como siempre, estamos aquí de madrugada, siendo las 3:38 de la mañana, los principios de un bonito lunes de vacaciones, mañana martes tenemos en capítulo que sigue y así hasta llegar al 24.

Por cierto, quería preguntarles, ¿alguien tiene twitter?

Si es así, pongánse en contacto conmigo.

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Y no olviden, leer y no dejar comentario es como manosearme la teta y salir corriendo.

Besitos.