Haymitch me presiona para que vaya a dormir pero no lo logra, no estoy cansada…Bueno, no lo suficiente cansada como para tener que ir a la cama. Peeta saco la cabeza cuando escucho el cañón para después volver a esconderse entre las ramas. Una hora más tarde, se levanta y guarda la bolsa de dormir en la bolsa. Se termina la botella agua y va por una más.

Hay peces en el rio, así que trata de pescar uno para el desayuno. Después de varios intentos fallidos, tengo piedad de él y le envió un cesto de frutos.

Peeta me sopla un beso en agradecimiento y yo me sonrojo, desviando el rostro en otra dirección, pretendiendo no haberle visto. Los sonidos de la computadora me dan una excusa para esconderme detrás de la pantalla.

Haymitch no dice nada pero puedo sentir sus ojos sobre mí, al final, lo enfrento, sintiéndome a la defensiva.

— ¿Qué?

—No he dicho nada.

—Estás pensando algo.

—Lo siento, cariño. —dice, con el sarcasmo goteando en cada palabra. — No estaba enterado de que se me prohibía pensar.

—Puedes pensar. —le digo. —Pero no puedes pensar en eso que estás pensando.

— ¿Y qué es lo que estoy pensando? —pregunta, con la sombra de una sonrisa. Lo está disfrutando.

— ¡Tú sabes! Sólo detente. —le digo

—Deberías ir a la cama. —dice. —Creo que estás algo cansada.

—Estoy bien, dormiré un poco. —prometo. —No ahora, el día acaba de comenzar y no quiero perderme nada.

—De acuerdo, pero lo harás está noche. —dice.

—Sí, tomaré mi turno está noche, ¿bien?

Eso calma a Haymitch y deja ir el tema. Tenemos un buen desayuno mientras vemos a Misu y a su grupo hacer su camino de regreso a la cornucopia donde instalaron el campamento.

Debería haber seguido el consejo de Haymitch pero es tarde, él se ha ido a la cama; el día es terriblemente aburrido. Honestamente puedo decir que lo más emocionante del día fue cuando fui a tomar una ducha. Los profesionales se separaron en busca de víctimas, siempre dejando atrás a alguien para proteger el campamento. Este año la arena es enorme, los sobrevivientes se han dispersado con eficacia, por lo que, la búsqueda de los profesionales es inútil. Al caer la tarde Misu y su grupo parecen bastante desanimados y en el caso de Cato, bastante frustrados por la falta de muertes.

Con Peeta también hay una gran falta de acontecimientos, se pasa la mayor parte del día caminando junto a la corriente, deteniéndose cada cierto tiempo a descansar y llenar la botella de agua. Lo mejor de su día fue cuando intento pescar de nuevo en el arroyo. Tenía prohibido mandarle algo en está ocasión, por lo que, me estaba preocupando que la pesca fuera una fracaso de nuevo y tuviera que pasar del almuerzo de hoy. Sólo le tomo cuatro intentos fallidos, incluyendo uno donde termino sentado en la corrientes de agua, al final, consiguió atrapar dos grandes peces, fue muy hábil a la hora de limpiarlos y deshuesarlos.

También demostró ser un genio a la hora encender fuegos.

Afortunadamente solo lo dejó encendido el tiempo suficiente para cocinar su comida, después lo roció de agua y se alejó de ahí.

Incluso con presencia de Johana el día no dejó de ser tedioso. Con sus deberes de mentora acabados puede hacer con su tiempo lo que le venga en gana, tuvo un breve instante de molestia, donde solo se quejaba de lo aburrida que estaba, Haymitch le espeto que no estaba haciendo el día más agradable y en un arrebato se fue a la estación de distrito 4, al parecer, Finnick y Mags son una compañía mucho más entretenida que Haymitch y yo.

El cielo se volvió naranja, el color favorito de Peeta y me pregunte si él estaba pensando en mí. Pronto será de noche y los resúmenes obligatorios van a comenzar y como sé que los resúmenes de esta noche no serán ni remotamente entretenidos, decido que es el mejor momento para ir a la cama, tengo más de 36 horas sin dormir y el cansancio comienza a pesarme.

Antes de ir a una de las salas de descanso, hice que Haymitch me prometiera que me despertaría si algo importante pasaba. Me acosté en la cama suministrada y casi de inmediato me quede dormida.

Lo siguiente de lo que soy consciente es que estoy siendo sacudida violentamente. Me toma unos segundos poder orientarme y darme cuenta de que Johana está a mi lado. Parpadeo varias veces para espabilarme mientras me siento en la cama.

—Ya estás despierta. —me dice, antes de que expresión cambie a una sombría. —Será mejor que salgas, ahora.

Mi corazón se detiene. — ¿Está Peeta…—

—Todavía estaba ileso cuando Haymitch me mando a despertarte. —dice ella. —Aunque el distrito 3 perdió a su chica.

— ¿Cómo? —pregunto mientras la sigo fuera de la sala de descanso.

—Fuego. —responde ella, se sienta en una de las sillas, llevamos nuestra atención a la pantalla de los juegos.

—Fuego creado por los vigilantes. —explica Haymitch. —Supongo que decidieron arreglar el entusiasmo por las horas de visión obligatoria.

Siento un escalofrío por toda la espalda mientras me siento a lado de Haymitch y miro la pantalla. Una gran pared de fuego parece estar persiguiendo a la mayor parte de los tributos, dos de las excepciones son Marvel, que está en el campamento y Thresh que está en el campo de trigo.

Peeta y los profesionales están haciendo un gran trabajo en mantenerse por delante del fuego pero el humo y el calor están alcanzándolos, las paredes de fuego se detienen, señal que toman los tributos para descansar, pero es un error y se dan cuenta tan pronto como las bolas de fuego comienzan a aparecer, la emociones hacen que me sienta sofocada.

Mis tributos consiguen salir del fuego de una forma bastante segura, en especial Peeta, que por suerte solo tuvo que enfrentarse a dos bolas de fuego lanzadas con él, de las cuales ninguna estuvo remotamente cerca de lastimarlo. A pesar de su relativa seguridad, Peeta mantiene una carrera continua, acercándose cada vez más a la cornucopia.

Misu y los profesionales no son tan afortunados, están siendo literalmente bombardeados por las bolas de fuego, aunque están haciendo un gran trabajo esquivándolas y corriendo, eso, hasta que Misu tropieza con una raíz y se cae. Se las arregla para levantarse rápidamente, aunque no antes de que una bola de fuego le pase rozando el muslo, ella chilla de dolor pero tengo que darle crédito porque eso no ha impedido que salga corriendo de nuevo.

—Ouch. —dice Johanna sin un toque de simpatía. —Sabes, probablemente me sentiría mal por ella si no fuera tan odiosa.

Veo a mi compañera vencedora, su brutal honestidad me hace sonreír, incluso ese sentimiento de agradecimiento serpentea en mi estómago.

—Sé exactamente qué es lo que quieres decir.

—Se han detenido. —dice Haymitch, vuelvo mi vista a las pantallas y sí, las bolas de fuego se han detenido, pero aún falta un poco para que los tributos salgan del bosque.

Uno por uno los tributos caen al suelo, tosiendo y tratando se respirar. Algunos se recuperan más rápido que otros; Cato está bien en unos cuantos minutos, a diferencia de sus compañeros que no son tan afortunados.

Está furioso y le grita a la chica del distrito 4, a Glimmer y Misu para que se levanten y se muevan, lo intentan, aunque tienen ataques de tos cada pocos segundos lo que les dificulta mantener la velocidad de Cato. La impaciencia del chico no ayuda a la situación y Glimmer trata de señalárselo en medio de uno de sus ataques.

La carrera de Peeta, por desgracia, lo separó de la corriente de agua y lo dejó en la mitad del bosque. Su rostro y la mochila naranja se ensuciaron de hollín por el humo pero en general, está ileso. Se sienta en una roca plana y lisa, sacando su botella de agua; bebe solo un poco, supongo que tratando de conservar el líquido que ya no es tan fácil de conseguir. Aunque Peeta no está un peligro inmediato, esa sensación a la que no he podido darle nombre no me ha abandonado.

Con la emoción del fuego terminada, la programación cambia a un pequeño resumen de los momentos más vistos del día, no pasa mucho tiempo antes de que las imágenes del fuego llenen la pantalla, se repite la muerte de la chica del 3, ella estaba tan concentrada en correr lejos del fuego que no se dio cuenta que un tronco en llamas iba en dirección a ella, el tronco la golpeo y ella cayó, no tuvo tiempo de nada, porque cuando menos se pensó el infierno ya estaba sobre ella.

Sus gritos mientras ella se quemaba siguen resonando en mi cabeza, tiempo después, cuando el himno se comienza a escuchar, sólo hay dos imágenes, la chica del distrito 3 y la del distrito 8, en ambos casos, el fuego fue una pieza importante en su muerte, algo que me hace estar realmente molesta.

Los vigilantes de los juegos aman usar los elementos como táctica de muerte. Johanna en el bosque con las plantas que agotan el oxígeno del aire, acabando con los árboles y los tributos por igual. La pobre de Annie, su arena inundada, tuvo que nadar durante días, hasta que el último tributo murió ahogado en el agua. Mi arena, de grandes colinas siendo derrumbadas, enormes avalanchas que lograron llevarse a Tito el caníbal y a los demás, enterrándolos bajo toneladas de tierra. Y ahora, un enorme fuego que amenazó con llevarse la vida de mi Peeta. Hay una horrible sensación cada vez que tengo este pensamiento.

—Así qué, me retracto de todo eso que dije sobre que esté día era aburrido. —dice Johanna. —Debieron estar realmente desesperados por un poco de emoción, es bastante raro que los vigilantes hagan este tipo de estupidez tan pronto en los juegos, ¿no?

—Deben tener cierta presión para hacer de esto tan interesante como sea posible. —dice Haymitch, esa sensación inquebrantable me dice que tiene toda la razón. —Está funcionando, porque quedan solo 10 tributos y apenas estamos en el segundo día.

— ¿Quién queda? —pregunta Johanna mirando el menú de la cena.

Comienzo marcándolos con los dedos de mis manos. —Peeta, Misu, Cato, Glimmer, Marvel, la chica del 4...

—Los dos del 11. —ofrece Haymitch, claro, tiene que hacer notar a los tributos de su amigo.

—Los dos del 11. —repito, asintiendo, me detengo a pensar. —El chico de la pierna lastimada del 10 y ¡la comadreja!

— ¿La comadreja? —pregunta Johanna, mirándome.

—La chica del distrito 5. —explico, poniendo su foto en la pantalla. —Dime que no te recuerda a una comadreja.

—Tal vez un poco. —dice ella. —Si entorno los ojos y giro la cabeza por completo a la izquierda.

La miro mientras ella se carcajea, Haymitch intenta reprimir una sonrisa, resoplo ante sus miradas. —Obviamente ninguno de los dos sabe que es una comadreja, de ser así, estaría de acuerdo conmigo.

—Si tú lo dices. —dice Johanna en un tono condescendiente muy desagradable. —Como sea, estoy muriendo de hambre, Haymitch me prometió la cena pero la estúpida pared de fuego interrumpió todo.

Tomamos la cena tarde, teniendo grandes espacios de silencio en donde tanto Haymitch como yo, nos distraemos con lo que nuestros tributos están haciendo, después de se han llevado los restos de la comida, Johanna se estira y exclama que está cansada.

—Puedes quedarte en mi sala de descanso. —le digo mientras observo como Peeta está en busca de agua.

— ¿Y tú Katniss? —pregunta Haymitch. — ¿Dónde vas a dormir?

—Me voy a quedar. —le digo. —Tome una siesta antes, ¿recuerdas?

—Dormiste como una hora, si acaso. —argumenta Haymitch.

— ¡Y mira lo que paso! —exclamó. Me muerdo el labio, lamentando de inmediato mi arrebato. Es entonces cuando me entero del nombre del sentimiento que quiere aplastarme: Es culpa.

Haymitch y Johanna se han dado cuenta al mismo tiempo que yo, porque ambos me están mirando con lástima, lo que me hace estar más enojada, odio que las personas me miren de esa manera.

—Sabes que solo ha sido una coincidencia, ¿verdad? —dice Haymitch, dejando una de sus manos sobre mi hombro.

— ¿Debo pensar eso? —pregunto. — ¿Me estás diciendo que no es algo que Snow haría?

Por encima de mi cabeza, puedo darme cuenta que Johanna y Haymitch comparten una mirada que no termino de entender, pero por otra parte, siempre me he dado cuenta que ellos dos son capaces de comprenderse de una manera muy profunda.

—No puedo decirte que no lo haría. —dice Johanna. —Pero esto que paso no parece otra cosa más que obra de las circunstancias.

—No puedo creer eso. —les digo. —Era tan perfecto, no pudo ser otra cosa más que intencional.

—No entiendo porque estás reaccionando de esta manera, Peeta ni siquiera fue herido. —Señala Haymitch. —De todos los tributos fue el menos afectado, apenas y está un poco desgastado.

— ¿Y no crees que la tuvo muy fácil? —pregunto. —Eso ha sido solo una advertencia para mí.

—Estás siendo paranoica. —dice Johanna. —O sufres de un ego tan grande que haría a Finnick sentirse celoso.

—Estoy enferma y cansada de que las personas nieguen mis preocupaciones. —digo. —Tal vez tengan razón y no haya sido más que una coincidencia pero no pienso probar esa teoría y hacer sufrir a Peeta por ello.

Haymitch lanza sus brazos en señal de frustración, la abstinencia de alcohol le ha dejado muy paciencia para tratar conmigo.

—Cariño, no ha sido culpa tuya, no ayudas en nada quedándote en esa posición.

—Ve a dormir, Haymitch. —Le digo con desdén. —Te estás poniendo de mal humor.

Johanna gime y pone los ojos. —Ve, Haymitch. Me quedaré con ella y la molestaré hasta que acepte dormir un poco después de que usted se levante más tarde, ¿de acuerdo?

Haymitch asiente y me envía una mirada asesina antes de levantarse e irse a su sala de descanso, me dejó caer en mi silla, buscando la manera más cómoda de sentarme. Johanna se sienta en la silla de Haymitch y me mira con severidad.

— Eres insoportable, ¿sabías? —dice ella

Ni siquiera aparto la vista de la pantalla de Peeta, que aún está en la búsqueda de agua. —Mira quién habla.

—Sí, pero yo estoy dañada.

— ¿Y quién dice que yo no estoy tan dañada como tú? —le digo, deseando que Johanna termine por aceptar la oferta que le hice sobre ir a dormir sobre mi cama.

—Lo digo yo. —dice ella, levantando la barbilla en dirección a Peeta. —No podrías ver a ese chico de la manera en que lo haces si estuvieras igual de dañada.

La culpa finalmente pasa, dejando lugar a un nuevo sentimiento: El miedo. Siento las lágrimas en mis mejillas, incluso antes de que me dé cuenta de que estoy llorando.

—Tengo mucho miedo de perderlo.

—Sé que es así, pequeña ardilla. —dice Johanna, que se mueve con rapidez hacia mí y me envuelve en un abrazo torpe. Me da unas cuantas palmaditas en la espalda antes de alejarse y fruncir el ceño. — ¿Te sientes mejor?

Estornudo, siento vergüenza de quebrarme en frente de Johanna, en realidad, en frente de cualquiera. —Sí, gracias.

—Bueno. —dice ella, moviéndose hacia atrás en el asiento de Haymitch. —Ahora, hazme un favor, la próxima vez que quieras llorar, asegúrate de que Finnick esté en la habitación, él es mucho más dulce que yo en estas cosas.

No puedo evitar reírme de su comentario. Obviamente, pienso para mí pero no digo nada al respecto. Después de todo, trato de consolarme y eso dice mucho sobre ella. No creo ser capaz de verla de la misma manera después de esto.

— ¡Oh mira! —dice Johanna sacándome de mi ensoñación, señalando a Peeta en la pantalla. —Ha encontrado un pequeño estanque.

—Gracias a Dios. —murmuro. Observamos a Peeta beber el resto del agua en la botella y llenarla de nuevo. Se toma el tiempo para lavarse las manos y la cara, antes de ponerse en marcha de nuevo.

— ¿Qué está buscando? —pregunta Johanna, mientras vemos a Peeta comprobar los alrededores con cada paso que da.

Hago memoria de lo que hizo la noche anterior. —Creo que está buscando un lugar en donde dormir. Lo cual es ridículo, porque he contado al menos seis arboles a los que podría haber subido.

— ¿Por qué iba a querer hacer eso?

Le doy una mirada divertida. —Porque así estaría por arriba de cualquiera que intentara atacarlo, obviamente.

— ¿Qué pasa si alguien corta el árbol? —pregunta Johanna. Recuerdo que para una persona del distrito de la manera, como es ella, cortarlo sería la respuesta más lógica.

—Creo que los troncos soy muy gruesos, por lo que no hay porque preocuparse. —le digo.

Ella resopla. —Por favor, con una buena hacha podría derribar cualquiera de esos árboles en unos cuantos minutos.

—Me preocuparía por eso, si estuvieras en la arena con él, pero no o estás. —le recuerdo. —No todos son tan hábiles con el hacha como tú.

—Y no todos pueden subir a un árbol como tú, pequeña ardilla. —responde ella con saña. —Parece que tú novio prefiere dormir en el suelo.

—Él no es mi novio. —digo, mientras Peeta encuentra un gran arbusto y acomoda todo para dormir.

—Sucia. —dice ella, la sonrisa en su rostro cada vez es mayor. — ¿Y a pesar de eso le dejaste hacer todas esas cosas contigo? No eres tan pura como pensamos.

— ¿De qué estás hablando?

Johanna se ríe. —Hay un rumor acerca de la manera en la que te despediste de tu tributo, hay detalles muy explícitos, todo lo que tengo que decir al respecto es que deberías estar muy avergonzada de ti misma.

— No crees en eso, ¿verdad?

—Por supuesto que no. —dice. —No habrías sido capaz de escuchar el rumor sin sonrojarte furiosamente y abandonar la habitación corriendo, sin embargo, es probable que podamos contar con los dedos de una mano a las personas que no lo creen, así que por el bien de tu reputación, comienza a pensar en él como tu novio.

—Voy a tener eso en mente. —le digo, mientras Peeta desaparece de la vista de la noche, sano y salvo, con él durmiendo, centro mi atención en Misu y su grupo. Lo debió haber sido un paseo de regreso a la cornucopia, se convirtió en un viaje de horas para el grupo dañado por humo. Mientras lo observo en su camino de regreso, me doy cuenta de que el humo no se ha dispersado como pensamos que haría, el aire está impregnado y se aferra a cada respiración que los tributos dan.

Marvel se pone de pie cuando cuatro de ellos llegan al claro, Cato, obviamente, con un pésimo estado de ánimo, pasa junto a él sin decir nada y se adentra en una de las tiendas de campaña.

— ¿Qué diablos paso? —pregunta a la tres chicas que se acercan. — ¡Hay humo por todos lados!

— ¿Ah, sí? No me había dado cuenta. —dice la chica del distrito 4 con sarcasmo. —Me voy a la cama.

Marvel observa a la chica mientras se mete a la tienda, antes de volverse hacia Misu y Glimmer en espera de una explicación.

Glimmer le responde después de que termina de toser. —Los vigilantes enviaron una pared de fuego hacia nosotros.

—No te olvides de las bolas de fuego que enviaron después. —dice Misu mientras se desploma en el suelo. Ella mueve su pierna para examinar la quemadura y es entonces cuando sale la primera imagen de la herida de Misu, no es lo peor que he visto en mi vida pero si es lo bastante malo como para querer apartar la vista de la pantalla.

— ¿Te hace sentir aprensiva? —pregunta Johanna, después de darse cuenta de que me di la vuelta. — ¿Cómo puedes cazar?

—Es diferente. —le digo, pero no me meto con el porque, no hay una explicación de por qué es diferente.

Miro hacia la pantalla y me alegro de que ya no haya un primer plano de la quemadura de Misu. Ella está ocupada convirtiendo sus pantalones largos en unos cortos, sin dejar de usarlos, mientras altera su ropa, Marvel se inclina para darle un vistazo a su herida y silba.

—Eso se ve muy desagradable. —dice él. — ¿Duele?

— ¿Tú que crees? —le gruñe Misu, puedo ver las lágrimas contenidas a la luz de la luna, ella no quiere dejarse llorar y muy a regañadientes la admiro por eso.

— ¿Por qué no le pides a tus mentores que te envíen algo para eso? —dice Glimmer. —Para eso es que están los mentores.

—Tienes razón. —dice Misu, sonriendo ligeramente. —Hey…Haymitch, Katniss, envíenme algo para esto, ¿quieren?

— ¿Cómo puede no gustar una chica tan encantadora? —dice Johanna, rodando los ojos, me mira con sorpresa cuando ve que abro el ordenador. —No se lo enviaras, ¿verdad?

—No quiero hacerlo, pero estoy bastante seguro de que tengo que. —le digo, mientras abro el menú de regalos. —Quiero decir, ella me pidió directamente que le envíe algo y tiene el dinero suficiente para cubrirlo.

—Apenas suficiente. —dice Johanna cuando ve el precio del medicamento para quemaduras.

—Bueno. —le digo. —Al menos así tendré una excusa para no enviarle nada más durante lo que resta de los juegos.

Vemos como el paracaídas cae en la arena cerca de Misu y no puedo evitar la mirada arrogante que aparece en su cara cuando lo ve. Se frota de inmediato la crema en la pierna y exhala de alivio.

Glimmer estira la mano para tomar un poco de la crema.

—Yo me queme un poco la mano mientras corría. —dice ella.

— ¡No! Consigue la tuya. —dice Misu, alejando la crema de Glimmer.

—Bien. —dice ella, se nota la ira que empieza a aparecer en ella, pero un leve movimiento negativo de la cabeza de su compañero hace que se calme. —Entonces, no te molesta tomar la primera guardia. Vamos, Marvel.

Sin decir una palabra más, los dos tributos del distrito 1 se meten en su tienda de campaña, Misu se queja, pero se acomoda para la primera guardia. Mientras la observo, siento que mis parpados se vuelven pesados, sé que debería levantarme para evitar quedarme dormida pero me siento tan cómoda.

Me despierto para encontrarme a Haymitch y no a Johanna, sentado en su silla, me tallo los ojos y me obligo a estar alerta.

Haymitch me mira. — ¿Dormiste bien?

— ¿Cuánto tiempo dormí? —pregunto, notando que es de día en la arena.

—Casi doce horas. —responde.

— ¿Doce horas? —lloriqueó. — ¿Por qué me dejaste dormir tanto tiempo? ¿Y si algo hubiera pasado?

—Necesitabas dormir, cariño. —dice. —Y si algo hubiera pasado, te habría despertado.

— ¿Así qué no paso nada?

—Enormes peleas entre los profesionales. —dice. —Al parecer, el humo que aún no se dispersa, los ha puesto a todos de mal humor.

—No se ve tan denso como anoche. —digo, examinando el aire. —Por lo que, debe haberse dispersado un poco.

—Sin embargo, sigue siendo malo porque está afectándoles. —Dice Haymitch y puedo ver que no está exagerando, dando na vistazo a la pantalla puedo ver que los tributos no se mueven y respiran con facilidad.

Haymitch me cuenta que los profesionales han decidido seguir con la caza de tributos y como Misu está herida la han dejado atrás cuidando del campamento, ella no está contento con eso pero no ha discutido.

El día de Peeta se fue en la búsqueda de una fuente de agua. No había tenido suerte y Haymitch se había roto hace unas horas, enviándole una botella.

Echo un vistazo a la habitación, dándome cuenta de que Johanna no está.

— ¿Dónde está Jo?

—La envíe a dormir en cuanto me levante. —explica Haymitch. —Al parecer, paso la noche velando por Peeta y Misu.

—Voy a asegurarme de agradecérselo cuando se levante. —digo.

Y es lo que hago en cuanto ella vuelve a aparecer, le doy las gracias, ella se ve incómoda y le quita importancia, diciendo que lo olvide que no ha sido nada.

Es otro día aburrido en la arena y temo que los vigilantes tengan que hace algo de nuevo para hacer más interesante el día, cuando Peeta se topa con el lago, no nos lleva demasiado tiempo darnos cuenta de que es el mismo lago que está del otro lado de Cornucopia; él está del lado opuesto del campamento de los profesionales, Misu dormita en su lugar y no lo ha visto.

Peeta la ve y su cara se llena de aprensión. Al parecer, recuerda los consejos que le di, se nota que está pensando en que hacer, al final, se decide por llenar la botella, está poniendo las gotas de yodo cuando escucha pasos acercándose a él.

Él salta detrás del arbusto más cercano para esconderse y siento que mi corazón se detiene cuando escucho la voz de Cato.


hola, no, no soy Ness, soy Mariana, su amigisima del alma, la preciosa me ha pedido que suba este capítulo de esta cosa porque ella no puede, les digo, accidente automovilístico, hermano, madre en hospital, padre trabajando todo el día, la hace de enfermera

pobre, me da pena

bueeeeeee, aquí esta esto, no se que onda o que, pero aquí esta, fue un horror ayudarle a terminar de traducirlo, no lo hago de nuevo, el ingles no es lo mio, en eso apenas ella, whatever, como decía

me pidió que les dijera que el siguiente capitulo esta en pausa porque como podrán imaginarse no tiene mucho tiempo, se la pasa ayudando a su familia y no puede distraerse mucho,bueee, es todo, creo, no le entiendo mucho a esta cosa

paz amigos