Capitulo 5

Blaine estaba sentado en el escritorio de su oficina, había pasado toda la mañana viendo a cientos de chicos audicionar para ser parte de un nuevo show de televisión en donde se mostrará la vida de unos cantantes en una academia de canto y baile. Algunos de ellos eran muy buenos y otros no tanto; él y su socio desde hace casi veinte años, Mark, habían preseleccionado diez jóvenes, de los cuales solo quedarían cinco.

Ahora, que tenía unos minutos de paz en su oficina, decidió llamar a sus padres para contarles sobre el embarazo de Kurt. Ellos habían tomado la noticia muy bien, estaban felices de ser abuelos otra vez. Blaine sonreía cuando su madre comenzaba a hacer planes para viajar a verlos, pero igual que Kurt hizo con su padre, Blaine les dijo que harían una reunión de inauguración de su nueva casa.

Luego de hablar con sus padres, Blaine juntó sus cosas para ir a almorzar con Kurt a su casa. Todavía estaba dolido y un poco triste por lo que su hija mayor le había dicho esa mañana antes de ir a la escuela. A veces Blaine se sentía un mal padre.

"¿Soy un mal padre?" Preguntó Blaine a su marido. Estaban sentados ambos en la mesa de la cocina almorzando una ensalada que Kurt había preparado. En realidad, Blaine no estaba comiendo, movía con su tenedor el trozo de tomate, paseándolo distraídamente por el plato.

Kurt levantó la cabeza de su propia ensalada al escuchar la voz de su marido casi quebrarse. "¿Qué? No, amor, no eres un mal padre. Solo le estás poniendo un límite a tu hija. Eso no te hace un mal padre, cariño" Le contestó Kurt tiernamente, le rompía el corazón ver a su marido de esa manera.

"Ella me dijo que me odia…"

"Blaine…" Kurt dijo, acercando su silla al lado de su marido y acarició su mejilla instándolo a que lo mire a los ojos. "Sabes que ella en realidad no lo siente. Es una adolescente y herir los sentimientos de sus padres es el único mecanismo de defensa que tiene." Kurt acarició con dulzura la mejilla de su marido.

"Es que ella es tan… tan pequeña, Kurt… es mi niña, es mi Lizzy" Dijo Blaine con los ojos llenos de lágrimas.

Kurt sonrió. "No es una niña, Blaine. Es una jovencita que se está convirtiendo en una mujer, y nosotros tenemos que acompañarla en ese proceso. No podemos tratarla como si fuera una muñequita de porcelana, encerrada en una cajita de cristal. Tiene que crecer aprendiendo de sus propios errores"

"Pero es que es muy pequeña para conducir su propio coche" Se quejó Blaine. Kurt apoyó su espalda en la silla, se cruzó de piernas y miró a su marido, mientras se acariciaba el vientre distraídamente.

"Blaine… ¿qué edad tenías tu cuando tu padre te regaló tu primer coche?"

"No lo sé… ¿catorce… quince?" Respondió Blaine sin mirar a la cara a su marido.

"Y yo cumplía dieciséis años, le había prometido a mi padre no usar suéteres hasta las rodillas, pero lo hacía de todos modos" Kurt dijo sonriendo ante el recuerdo, queriendo llegar a un punto.

"Kurt, es diferente. Ella-"

"¿Por qué es diferente, Blaine? ¿Por qué es mujer? ¿Por qué es tu hija?" Interrogó Kurt esperando que su marido no le dé una respuesta incorrecta. Blaine resopló en frustración.

"Es que no tiene sentido de la responsabilidad…" Comenzó a decir Blaine. "Ni siquiera puede mantener a sus mascotas vivas…" Dijo en un tono más alto. "Su hámster, murió porque no lo alimentaba; sus peces de aguas tropicales, murieron porque no les cambiaba el agua. ¿Y su colección de cactus miniaturas? Se marchitaron porque no los cuidaba. ¡¿Cómo puedes dejar morir diez cactus al mismo tiempo?! ¡Son cactus por el amor de Dios!" Blaine casi gritaba indignado. Kurt se tapaba la boca para no reírse, pero no lo podía evitar.

Era cierto, todas las mascotas que había tenido Liz desde niña habían muerto porque no las cuidaba debidamente; excepto Fido II, un Golden Retriever de cinco años, un hermoso perro con el pelaje en tonos dorados. Cuando Liz había cumplido siete años, sus padres le habían regalado un pequeño golden, al que había nombrado 'Fido'. A Blaine le había costado mucho convencer a su marido tener un perrito, Kurt no estaba de acuerdo, porque sabía que un cachorro demandaba muchos cuidados y con un bebé de dos años iba a ser muy difícil hacerse cargo de un perro. Con los meses, Blaine pudo persuadir a su marido. Un día, el perro había huido de la casa y no lograron encontrarlo a pesar de que habían pegado letreros por todo el barrio. Lizzy había quedado muy triste y lloró por una semana, y como sus padres no podían verla así le regalaron otro cachorro similar a Fido cuando era pequeñito. La niña estaba más que feliz y en honor a su perro anterior extraviado, lo nombró Fido II. Pero quien en realidad cuidaba a Fido II era Kurt, por eso es que esta última mascota le había durado tanto tiempo.

"De acuerdo, tienes un punto" Kurt dijo todavía sonriendo. "Pero ella puede aprender a ser responsable. Nosotros estaremos allí para ayudarla." Kurt decía ahora muy serio mientras tomaba la mano de su marido. "Tiene dos meses hasta su cumpleaños, ¿eh… que dices? ¿le regalamos el coche que tanto quiere?"

Blaine se quedó pensativo por unos minutos, debatiendo consigo mismo. Dio un largo suspiro. "De acuerdo" Dijo. "Le regalaremos un auto." Kurt gritó de alegría y se acercó a él para sentarse en su regazo y darle un gran beso en los labios. "Tendrá que aprender a conducir, sacar su licencia antes de tocar el coche" Advirtió Blaine cuando se separaron del beso.

"Por supuesto que sí" Dijo Kurt todavía sentado en las piernas de su marido. "Yo le enseñaré"

"No, no. Tu, no." Blaine negó con la cabeza. "No subirás al auto con una principiante en tu estado, Kurt" Blaine dijo rotundamente, acariciando el vientre de su marido. "Le enseñaré yo". Kurt sonrió.


Liz había estado toda la mañana distraída en sus pensamientos. No había escuchado a su profesor de Historia, ni a su profesora de Matemáticas mientras explicaba uno de los temas más complicados que entrarían en el próximo examen. La adolescente se sentía muy mal por lo que le había dicho a su padre antes de venir a la escuela. Ella no odia a Blaine, nunca podría odiarlo, es su padre y lo ama. Lo que sucede es que a veces no la toma en serio y cree que ella sigue siendo esa tierna niña que le pedía que le cante canciones de Disney antes de ir a dormir. Ella se sentía madura.

"Hey, Liz… Liz…" Llamaba Hillary a su amiga mientras comían el almuerzo en la cafetería de la escuela. Liz parecía perdida en otro mundo mirando hacia su plato, jugando con una papa.

"Tierra llamando a Liz" Mary-Kate dijo mientras movía la mano frente a la cara de la chica, pero ella seguía sin reaccionar. "¡Liz!" Terminó gritando la chica, y por fin la cabeza de Liz se levantó mirando a sus amigas.

"¿Qué?" Preguntó casi asustada.

"Estas muy distraída hoy. ¿Sucede algo?" Preguntó curiosa Mary-Kate.

"Se peleó con su padre" Dijo Aaron mientras se sentaba al lado de Liz, el chico sostenía la bandeja del almuerzo y la apoyó sobre la mesa. Liz le dio una mirada mordaz, pero el joven no le hizo caso y comenzó a comer su hamburguesa.

"¿Con Kurt?" Preguntó Hillary. "No debes hacer disgustar a tu padre si está embarazado, Liz" Dijo ella como si estuviera regañando a Liz, pero antes de que le contestara, habló Aaron otra vez.

"No con Kurt, con Blaine" Aaron dijo y Liz de dio otra mirada de 'metete en tus propios asuntos', pero Aaron se encogió de hombros.

"Pero si Blaine es todo dulzura, Liz. ¿Cómo puedes enojarte con tu padre si es el que más te mima?"

"Por favor, chicos, no me hagan sentir más culpa de la que ya siento." Liz dijo volviendo su atención al plato de comida frente a ella.

"Él es tan adorable" Mary-Kate dijo en un tono risueño.

"Es un viejo" Acotó Aaron, pero ninguna de las chicas lo escuchó.

"Él es tan guapo, me encantaría poder darle un abrazo y que me envuelva con sus brazos y-"

"¡Ya basta! Es de mi papá de quien están hablando." Liz dijo perdiendo la paciencia.

"Tranquila, Liz. Solo jugábamos contigo" Dijo Hillary sonriéndole a su amiga. Liz suspiró y se quedó pensativa otra vez. Se sentía muy mal, y había decidido pedirle una disculpa a su papá cuando llegue a la casa. Liz se levantó de la mesa, dejando a sus amigos sentados atónitos.


Kurt y Blaine estaban acurrucados en el sofá de la sala, mirando en la laptop ideas de decoración para la nueva casa. Una hora antes recibieron la llamada de su agente de bienes raíces dándoles la noticia de que aceptaron su oferta que habían hecho para una nueva casa no muy lejos a la actual. Estaban felices, y ahora planeaban la mudanza y la decoración.

Tory y Liz volvieron de la escuela. Tory entró corriendo dándoles apenas un saludo a sus padres y corrió hasta su habitación. Liz se quedó frente a ellos, mirándolos avergonzada. Lentamente se acercó a sus padres y se sentó en el medio de los dos, como cuando era niña. Miró a Kurt, le sonrió y le dio un abrazo, luego a Blaine y cuando se separó del abrazo le dio un beso en la mejilla. Ambos hombres se miraron desconcentrados, pero respondieron al gesto cariñoso de su hija.

"Lo siento, papá" Liz dijo en voz baja y mirando a su regazo. "No quise decirte que te odio, porque no te odio, papá".

Blaine le tomó la cara con ambas manos y la miró a los ojos. "Lo sé, hija" Le dijo antes de darle un beso en la frente. Los dos se sonreían cuando escucharon un sollozo. Miraron en la dirección donde escucharon el sollozo y vieron a Kurt llorando.

"Lo siento… las hormonas" Dijo Kurt mientras se secaba las lagrimas con las manos. Liz se acercó y le dio un beso en la mejilla y le acarició el vientre. "Umm… Liz, tu padre y yo queremos decirte algo."

Liz los miró sorprendida. "¿Me van a castigar? Pero si ya pedí perdón" Ella dijo mirando a sus padres con ojos suplicantes.

"No, cariño, no es eso." Blaine dijo tomándole la mano para tranquilizarla. "Estuvimos hablando, y… bueno, si eres responsable y nos demuestras que puedes serlo, te compraremos el auto que quieres para tu cumpleaños." Blaine dijo con una sonrisa.

La chica se quedó boquiabierta. "¿De veras?" Preguntó Liz feliz a sus padres. Kurt asintió con la cabeza. "¡Gracias!" Dijo abalanzándose a Blaine en un abrazo, luego a Kurt, pero más despacio para no lastimarle el vientre. "Gracias, gracias" Seguía diciendo ella. "Prometo ser muy responsable" Dijo y se levantó a correr a su habitación. "Le voy a decir a Hillary y Mary-Kate. Tal vez Axel me dé clases de manejo" Dijo Liz. Pero al escuchar eso, Blaine se puso rojo de celos.

"¿Alex? No" Dijo todavía sentado en el sofá junto a su marido, Liz lo miró. "Yo te enseñaré" Blaine dijo sonriendo.

La sonrisa de Liz se desdibujó un poco. Peor es nada, pensó ella. "De acuerdo. Voy a hablar con las chicas" Y corrió hasta su cuarto.

Blaine y Kurt se quedaron en el sofá. "¿Crees que hicimos lo correcto?" Preguntó Blaine a su marido mientras veían a su hija desaparecer en la planta alta de la casa.

Kurt suspiró. "No lo sé. Espero que si"