Capítulo 28

"Kurt… cariño, despierta, ya llegamos" Blaine despertaba a su marido suavemente y dando pequeños besos sobre su mejilla. Kurt todavía dormía en el asiento pasajero del auto, desde el momento en que salieron de la casa en New York.

"Mmm… ¿llegamos?" Los ojos de Kurt se abrieron de apoco para encontrarse con el rostro de Blaine que lo miraba con una sonrisa. Lentamente, Kurt se incorporó y se sentó más erguido, su espalda le dolía un poco de estar demasiado tiempo en la misma posición.

"Si, amor. Vamos, puedes seguir durmiendo en la casa" Le dijo Blaine a su marido acariciando su mejilla sonrojada.

"¿Dormí todo el camino?" La voz de Kurt era ronca aún por el sueño asique se aclaró la garganta antes de continuar. "¿Por qué no me despertaste? Tuviste que conducir solo este tiempo, lo siento"

"No te preocupes por eso, este viaje es para que descanses y te relajes" Blaine le besó los labios con dulzura. "Además te veías tan tierno y plácido que no quería interrumpirte"

Kurt sonrió y acarició la mejilla áspera por la incipiente barba de su marido. "Aww. Te amo" Blaine le devolvió la sonrisa

"Yo también. Ahora, vamos. Entremos a la casa" Ambos hombres bajaron del auto y mientras Blaine descargaba las maletas, Kurt abría la puerta de la cabaña que el socio de Blaine, Mark, les había prestado para que pasen un fin de semana en la playa.

La casa estaba en un lugar apartado de la ciudad, pero no demasiado lejos. Era pequeña y se veía agradable desde afuera. La cabaña se encuentra sobre la playa y muy cerca un pequeño muelle que lo llevaba a la orilla del mar. Del frente, la casa estaba rodeada de un bello jardín y muy bien cuidado, Mark enviaba durante todo el año a alguien para que lo mantenga así.

En el momento en que Kurt giró la llave y abrió la puerta, se sorprendió al ver lo preciosa que era por dentro, detrás de él lo siguió su marido llevando las valijas con él. Encendió la cálida luz, que daba un ambiente tranquilo.

"Wow" Susurró Kurt, mirando hacia todos lados mientras hacía su camino dentro del lugar. "Es muy bella" Dijo embelesado. "Y está todo tan limpio."

Pasando la puerta de algarrobo, del lado derecho de lo que era la sala, había una mesa de la misma madera, oscura, con cuatro sillas igualando los colores. La pared de ese lado, era de ladrillos a la vista, viéndose rústica adrede y la decoraban uno hermosísimos cuadros de paisajes que daban la apariencia de tranquilidad y calma. Y como no podía ser de otra manera, un bellísimo hogar a leña y chimenea para los días más fríos. A juzgar por el clima del lugar, pareciera que van a necesitar de ella esta noche.

"Lo es" Dijo Blaine detrás suyo, mirando también asombrado el lugar. "Y está limpio porque le pedí a Mark que enviara a alguien para hacer el aseo antes de que lleguemos"

Como ya lo habían notado, la cabaña era sumamente pequeña, pero muy acogedora. Del otro lado del comedor, estaba la cocina, decorada en los mismos tonos cafés que el comedor. Un desayunador separaba ambos ambientes, y del otro lado la cocina, pequeña pero cómoda. Tenía todo lo que podrían necesitar, refrigerador, microondas, horno eléctrico y otras cosas útiles. Kurt sonrió, ese lugar le recordaba su casa, pero de una manera más rustica y sin todo el modernismo de su hogar.

"Oh Blaine, mira esto" Señaló Kurt mientras caminaba hacia donde su dedo apuntaba.

Para terminar con la linda decoración de la cocina y el comedor, en el extremo opuesto a la puerta de entrada y frente a ella, un gran ventanal, sin cortinas que daba a la playa. Kurt caminó hacia ella y la abrió. El viento frío proveniente del mar llenó la casa y Kurt caminó hacia el balcón. La vista era perfecta, el sol se estaba poniendo y el atardecer le daba unos colores rojizos al cielo que lo hacían ver soñado. Las gaviotas y el sonido de las olas romper terminaban de darle la perfección a ese paisaje maravilloso.

Sonriendo, Blaine se acercó detrás de él y lo abrazó por la cintura, apoyando sus manos en el gran vientre de su marido. Kurt colocó sus manos sobre las de Blaine y ambos se quedaron unos minutos allí en silencio, contemplando la belleza del lugar.

Al cabo de un rato, Blaine suspiró. "¿Quieres ir a descansar?" Le preguntó en el oído a su marido.

Kurt se giró sobre sus brazos y besó los labios de Blaine. "No. La verdad es que tengo hambre" Dijo sonrojándose.

"Oh. ¿Y prefieres comida casera o salimos a buscar a un restaurante?" Blaine le preguntó mientras acariciaba los costados del vientre de Kurt.

"Comida casera suena bien. Pero debemos buscar una tienda para comprar los víveres"

La sonrisa de suficiencia en el rostro de Blaine era impagable. "No es necesario" Dijo y se alejó de su marido para volver a entrar a la cocina, Kurt arrugó el entrecejo en confusión y lo siguió antes de cerrar el ventanal. "Cuando le dije a Mark sobre la limpieza, también le pedí que llenara las alacenas y el refrigerador con todo lo que podremos necesitar" Blaine abrió las alacenas para mostrar que estaban repletas de ingredientes para realizar cualquier comida.

"Eres increíble, ¿lo sabías?" Kurt le dijo en voz baja a Blaine mientras se acercaba a él y besaba sus labios con impaciencia.

"Lo sé, gracias" Blaine respondió y volvieron a besarse.

"Macarrones con queso" Kurt se alejó de la boca de Blaine y susurró en sus labios.

"Macarrones con queso es lo que mi marido quieres, entonces macarrones con queso es lo que cocinaré"

"Yo no, los gemelos quieren macarrones con queso" Kurt dijo haciendo un puchero y frotando su enorme vientre. Los bebés se movían dentro de él pero Kurt ya estaba acostumbrado a tal alboroto en su barriga, que no le molestaba ni siquiera para dormir.

Blaine revoleó los ojos "Claro, lo gemelos" Se inclinó y besó el estómago de su marido. Luego se volvió a las alacenas y sacó lo que necesitaría para cocinar lo que Kurt le había pedido.

"Mientras tanto le avisaré a Brenda que llegamos" Kurt dijo mientras sacaba de su bolsillo su teléfono celular y se sentaba en un pequeño sofá en la esquina del comedor a enviar un mensaje de texto, deseando que haya buena señal.

Llegamos. Como están mis bebes? –Kurt


El teléfono de Brenda vibró sobre el escritorio de Kurt, donde ella estaba trabajando. Habían pasado dos horas y la mujer ya había terminado con lo suyo y ya era casi la hora de cenar. Estaba segura que lo que querían comer los adolescentes y los niños de la casa era pizza, asique solo debía llamar al repartidor. Ella no es una chica que le guste comer comida chatarra, asique probablemente pediría sushi para comer tranquila mientras los chicos cenaban en las habitaciones, esos chicos no salieron ni un segundo de ellas. Liz y sus amigas solamente reían, gritaban y cantaban con la música alta, a Brenda no le molestaba, estaba acostumbrada al ruido. Y Tory y Eddy, lo mismo, estaban hacía dos horas encerrados en la habitación del niño.

Brenda tomó su celular y respondió al mensaje de su jefe.

Todo muy bien. Deja de preocuparte por nosotros y disfruta de tu fin de semana a solas con tu marido ;) -Brenda

Lo haré ;) –Kurt

Brenda sonrió ante el mensaje y dejó el teléfono sobre la mesa antes de pararse y estirar los músculos de sus brazos largando una profunda exhalación para liberar la tensión de estar tanto tiempo sentada y con la cabeza gacha sobre los papeles donde estaba trabajando. Miró su reloj, es momento de pedir las pizzas. Pero cuando estaba por salir del estudio, una desesperada Liz entró al lugar, sosteniendo a una de sus amigas por un brazo y del otro Justin, ambos chicos manteniendo a Hillary en pie.

"¡Brenda!" Gritó Liz mientras entraba al estudio.

Asustada, Brenda caminó hacia el otro lado del escritorio y se acercó a ellos, mirando a Hillary, que tenía la cabeza mirando hacia el suelo.

"¿Qué sucedió?"

"No lo sé" Respondió Justin, desesperado. "¡Estábamos charlando y comiendo chocolate y de pronto…!" El chico dijo señalando a su amiga, sostenida por él y por Liz.

"¡¿De pronto qué?!" Pregunto Brenda. Como no podía ver el rostro de Hillary, Brenda levantó la cabeza de la chica sosteniéndola de su mentón y lo que vio la impresionó. El bello rostro de Hillary, estaba deformado. Los labios estaban hinchados y rojos como un tomate y los ojos verdes de la adolescente no se veían debido a la inflamación de los párpados. Brenda quitó en seguida la mano del mentón asustada, en un acto inconsciente.

"Dadezia a dadí" Hillary trató de hablar pero al parecer su lengua también se había inflamado.

"¿Qué?" Brenda ahora estaba asustada de verdad.

"Alergia al maní." Aclaró Liz. "Hillary es alérgica al maní"

"¡Oh por Dios!" Exclamó Brenda. ¿Que hago?. "Llamaré a tus padres" Dijo mientras tomaba otra vez su teléfono y marcaba un número cualquiera a pesar de no conocer el teléfono de la casa de la joven. Los nervios estaban traicionando su juicio.

"¡No!" Gritaron los cuatro adolescentes al mismo tiempo.

"Los padres de Hill no están en casa, salieron de viaje" Aclaró rápidamente Mary-Kate, que estaba detrás de sus amigos.

"¿Entonces qué?" Preguntó desesperada Brenda.

"Hay que llevarla urgente al hospital"

"Uhmm… si. Si, vamos al hospital" Brenda volvió hacia la silla del escritorio para tomar su cartera y sacar de ahí las llaves de su auto. "Todo el mundo colóquese los zapatos. Liz avísale a tu hermano que debemos salir." Dijo ella acercándose a la chica con la alergia y tomándola del codo para guiarla escaleras abajo.

"¡No!" Otra vez exclamaron todos juntos.

"Míranos como estamos, Bren" Liz se señaló a ella misma y a los demás, mostrando que estaban utilizando nada mas que batas y ruleros. "¿Sabes lo que nos tomaría cambiarnos de ropa? Tu ve con ella, nosotros nos quedaremos"

Brenda pensó por un segundo lo que decía la joven. "No los dejaré solos aquí. De ninguna manera." Brenda negó con la cabeza, Liz apretó los dientes. "Llamaré a tu padre." Pero antes de que Brenda toque su teléfono, Liz se lo arrebató de las manos.

"No querrás interrumpir a mi papá en su viaje de descanso, ¿verdad?"

La mujer vaciló un poco. No quería que Kurt volviera, él se merecía este descanso. No. Ella tenía que resolver sola este problema.

"No. De acuerdo. Se quedan aquí, no le abren la puerta a nadie y ninguno sale de la casa. ¿Ok?" Brenda apuntó con el dedo índice a los chicos, como hacía unas horas lo había hecho Kurt.

"No te preocupes por nosotros. Anda, ve, es urgente" Apuró Liz, festejando internamente.

"Si… si, vamos" Brenda ayudó a bajar las escaleras a Hillary. Los demás la siguieron detrás. Antes de abrir la puerta de salida, la mujer miró a los ojos a Liz. "Compórtense y cuida a Tory"

Liz asintió frenéticamente. "Si, descuida" Y con eso, Brenda y Hillary salieron de la casa.

Liz giró para mirar a sus amigos con una sonrisa triunfante.

"Operación fiesta, fase uno: completada" Dijo refregándose las manos delante de su cara.

"¡Que comience la fiesta!"