Capítulo 29

"Operación fiesta, fase uno: completada" Dijo Liz refregándose las manos delante de su cara.

"¡Que comience la fiesta!" Gritaron los chicos

"¿Alguien dijo… fiesta?"

Las enormes sonrisas de festejo del rostro de los adolescentes desaparecieron enseguida al escuchar esa vocecita. Liz giró sobre sus talones para ver a Tory parado detrás de ellos, con los brazos cruzados y una ceja levantada, a su lado estaba su amiguito Eddy, imitando la posición de Tory.

"¿Qué haces aquí, enano?" Preguntó Liz. "Deberías estar durmiendo" Regañó ella. Casi se había olvidado que su hermano menor estaba en la casa. Bueno… en realidad se había olvidado de buscar una excusa para sacar al niño de la casa también.

"¿Durmiendo? Ni siquiera es la hora de la cena" Señaló Tory. "¿Dónde está Brenda?" Preguntó el niño, mirando hacia todos lados en la sala y no ver a Brenda por ningún lado.

"Ella… salió." Contestó simplemente Liz. Los demás en la sala no decían nada, solo observaban nerviosos.

"¿Salió y nos dejó solos?" Preguntó el niño, confundido.

Liz sonrió. "¿Qué pasa, el pequeño bebé tiene miedo?" Ella dijo, haciendo voz de bebé y luego un puchero.

Tory frunció el ceño y apretó sus brazos cruzados. "¡No tengo miedo!" Gritó, enfadado. "Además, no cambies el tema. Tu mencionaste algo sobre una fiesta"

Liz se cruzó de brazos y desvió la mirada de su hermano menor. "Eso no es de tu incumbencia, son cosas de adultos" Argumentó ella.

Ahora era Tory quien se burlaba de su hermana. "¿Cosas de adultos? ¿Tú?" Y el niño largó una fuerte y exagerada carcajada, Liz le dio una mirada mortal. Como su amigo Eddy no lo siguió con la risa, Tory le dio un codazo y Eddy copió la carcajada. "Por favor, Liz, no me hagas reír." El niño hacía como que se secaba las lágrimas inexistentes que caían de sus ojos debido a la risa que le había causado las palabras de su hermana mayor.

"¡Cállate, Tory!" Regañó Liz, con las manos en la cintura, pero el niño no la oyó.

"¿Vas a romper la regla número uno de papá? Él dijo específicamente: 'Nada de fiestas'" Tory imitó la voz de su padre y la postura que había hecho en el momento en que Kurt les estaba dando las reglas antes de irse a su fin de semana de relax con Blaine.

Liz sabía que estaba atrapada. Tenía que hacer algo para que Tory no abra la boca y la deje hacer la fiesta sin que él la esté molestando. Asique hizo lo que Tory más odia: hablarle como si fuera un niño chiquito.

"¿Y qué vas a hacer al respecto, enano?" Liz dijo con ambas manos en la cintura e inclinándose un poco para estar a la altura de su hermano.

Tory odiaba que le digan 'enano'. "Voy a llamar a papá" El niño dijo enfadado mientras sacaba su teléfono celular del bolsillo trasero de su pantalón.

Internamente Liz se asustó, pero no daría el brazo a torcer, por eso se quedó tranquila mientras seguía con su juego contra el niño. "Oh… el bebé tiene que llamar a su papito" Liz hacía otra vez esa voz de bebé para burlarse de su hermano. "¿Quieres que papito vuelva para que te arrope y te dé la mamadera?" Se burlaba ella. Liz miró hacia atrás para hacer una seña a sus amigos buscando complicidad.

"Oh… que bonito bebé" Justin también hizo la voz de bebé, se acercó a Tory y pellizcó su mejilla. "Cuchi cuchi, bebé. El niñito de papá…"

Tory estaba enfurecido, lo estaban poniendo en vergüenza frente a la bella Mary-Kate y a su amigo Eddy. Con las cejas fruncidas y el rostro sonrojado por la vergüenza y la bronca, Tory gritó.

"¡Está bien, está bien!" Gritó el niño. "No le diré nada a papá" Dijo guardando su celular en el bolsillo. Liz estaba sonriendo con suficiencia, y festejó golpeando las manos con su amigo Justin. "Pero…" Tory levantó su dedo índice, borrando la sonrisa del rostro de su hermana. "Tendrás algo que darme a cambio."

Liz suspiró. "De acuerdo. ¿Cuánto quieres?" Ella preguntó seria.

Tory sonrió socarronamente y negó con la cabeza. "No, no, querida hermana. No quiero tu dinero"

"¿Entonces qué quieres?" En este punto, Liz ya había perdido la paciencia.

La sonrisa de Tory se hizo aún más grande. "Quiero que me dejes participar de tu fiesta"

"¡¿Qué?! ¡NO!" Liz dijo rotundamente.

Tory se encogió de hombros. "De acuerdo." El niño dijo como si nada y sacó el teléfono otra vez.

Liz se pasó las manos por la cara, no podía creer que un niño de diez años estaba chantajeándola. Ya se acercaba la hora que llegarían los invitados y ella no estaba lista aún.

"¡Está bien! ¡Está bien!" Gritó ella exasperada. Tory sonrió y guardó su teléfono, otra vez. "Estarás en mi fiesta" Dijo, aunque no le gustaba la idea, pero no le quedaba otra opción.

"¡Si!" Festejó Tory, levantando un puño en el aire.

"Pero…" Liz levantó su dedo pulgar a su hermano delante de su cara. "Si le dice algo a papá, le diré que estabas viendo una película de terror y que guardas revistas de chicas con poca ropa debajo de la cama"

Tory entrecerró los ojos. "Hecho" Dijo y estiró la mano.

Liz sonrió y le dio la mano a su hermano. "Hecho".


"Blaine, esto estuvo realmente delicioso" Kurt saboreó el ultimo bocado de los macarrones con queso que su marido le había preparado. Empujó la silla más lejos de la mesa y se tiró en el respaldo mientras acariciaba su enorme vientre.

Blaine sonrió ampliamente y largó una pequeña carcajada. "Me alegra que te haya gustado tanto" Dijo luego de limpiar su boca con la servilleta que estaba sobre la mesa.

Kurt ladeó la cabeza ante la risa de su marido. "¿De qué te ríes? ¿Qué es tan gracioso?" Preguntó.

"Nada, nada" Contestó Blaine simplemente, negando con la cabeza mientras intentaba no reírse.

Kurt frunció el ceño. "Espera. ¿Te estas riendo de mí, Blaine Anderson?" Kurt quería parecer enojado, pero no lo lograba.

"¿Qué? No, mi amor, no me estoy riendo de ti" Blaine decía riendo, asique no sonaba muy convincente.

"Si, Blaine, estás riéndote de mí. ¿Es porque estoy comiendo mucho, verdad?" Kurt dijo haciendo un puchero adorable.

"Es que…" Blaine se rio un poco más. "Eres tan lindo"

El puchero de Kurt se hizo más exagerado. Miró su vientre y lo acarició. "¿Lo ven, bebés? Papá se está burlando de nosotros". Levantó un poco la cabeza y miró a su marido desde debajo de sus pestañas.

Blaine no pudo resistirse a ese rostro adorable, asique acercó su silla hasta quedar al lado de su marido y puso sus manos sobre las de Kurt apoyadas en su vientre.

"Te amo" Le dijo Blaine en un susurro.

Kurt se mordió el labio inferior. "Yo también." Contestó y Blaine le besó sus labios lentamente.

Cuando se separaron del beso, uno pocos segundos después, Blaine suspiró y en el momento en que intentó besar a su marido otra vez, Kurt bostezó.

"Lo siento" Kurt dijo mientras abría la boca bien grande durante su bostezo, Blaine sonrió.

"¿Por qué no vas a dormir? Yo termino con esto" Blaine señaló la mesa.

"Oh, cariño, lo siento tanto." Kurt tomó la mejilla de su marido y le acarició la piel de su rostro con el pulgar, sintiendo la creciente barba que ya estaba raspándolo. "Sé que querías tener una noche sexy y todo eso, pero es que-"

"¿Qué? No, Kurt" Cayó Blaine, tomó la mano de su marido que estaba apoyada en su cara y le dio un beso en la palma. "Es decir, si, siempre quiero tener noches sexys contigo." Blaine sonrió ante la repetición de las palabras que había usado Kurt. "Pero si estás cansado y quieres dormir… para eso hicimos este viaje ¿oh no?" Blaine se encogió de hombros.

"Cierto" Contestó Kurt sonriendo. Adoraba lo comprensible que es su marido, en especial las veces que estuvo embarazado. Blaine siempre hacía cosas para hacerlo sentir mejor y el hombre más amado del mundo. "Pero antes de acostarme, quisiera enviar un mensaje de texto a Brenda. Tengo que saber cómo está todo en la casa." Kurt miró desde su lugar a su alrededor. "¿Has visto mi celular?" Preguntó.

"Si. Lo escondí" Contestó Blaine mientras se paraba y comenzaba a juntar los platos de la mesa.

"¡¿Por qué hiciste eso, Blaine?!" Gritó Kurt, casi furioso por lo que su marido había hecho.

"Para que no estés al pendiente todo el día del teléfono, Kurt" Le contestó Blaine en voz baja.

"¿Y si sucede algo, Blaine? ¿Qué tal si algo pasa? ¿Cómo nos enteraremos?" Kurt estaba enojado con su marido. Si hace un rato pensaba que su marido era el mejor del mundo, ahora tenía ganas de asesinarlo.

Blaine siguió levantando la mesa mientras le hablaba con tranquilidad a su marido. "Nada sucederá, amor. Todo está bajo control" Le contestó con una sonrisa altanera.

Kurt frunció el ceño y se cruzó de brazos sobre su pecho. "¿Ah sí? ¿Y cómo estás tan seguro?"

Blaine sonrió. "Porque contraté dos guardaespaldas que en este momento están parados, en sus coches, frente a nuestra casa." El hombre caminó hasta la mesada de la cocina y apoyó los platos sucios, Kurt lo seguía con la mirada.

Kurt se quedó boquiabierto. "¿Contrataste… contrataste dos guardaespaldas?" Preguntó sorprendido.

"Por supuesto que sí" Blaine dijo como si fuera lo más obvio del mundo. "¿Crees que dejaría solos a mis niños con Brenda y sin protección?" Preguntó retóricamente cuando volvía a la mesa a seguir limpiándola.

"Blaine Anderson-Hummel… eres un…" Kurt dijo sonriendo.

"Lo sé" Blaine guiñó el ojo, mientras levantaba la bandeja vacía de macarrones y la llevaba a la cocina.

De vuelta, Kurt se puso serio. "Entonces… ¿debo quedarme tranquilo?"

"Claro que sí" Le contestó Blaine, acercándose a su marido y arrodillándose a su lado. Le tomó las manos y le besó los nudillos con ternura. "Si algo sucede, ellos no avisarán. Mientras tanto disfruta de esta paz. ¿De acuerdo?"

Kurt sonrió y suspiró sintiéndose un poco más aliviado. "De acuerdo" Contestó.

Luego de limpiar la mesa y la cocina, ambos hombres estaban recostados en la cama, listos para dormirse.

"¿Sabes que estaba pensando?" Kurt dijo cortando el silencio de la noche, estaba recostado en el pecho de su marido y Blaine lo creía dormido.

"¿Mmm?" Contestó Blaine, mientras acariciaba el hombro de su marido. Kurt levantó un poco la cabeza, lo suficiente como para mirar a Blaine.

"En que deberíamos ver el amanecer en la playa" La sonrisa en el rostro de Kurt era impagable y Blaine no podía decirle que no.

"Me parece una idea genial" Blaine le dijo mirando a su marido como si fuera la cosa mas bella del mundo entero. "Programaré el despertador"

"Ok" Dijo Kurt y volvió a apoyar la cabeza en el pecho de su marido mientras sentía como él se estiraba y tomaba el despertador de la mesita de noche al lado de la cama.

Una vez que Blaine terminó de programar el reloj, besó el cabello de Kurt e intentó cerrar los ojos, para dormir, pero sus pensamientos no lo dejaban.

La verdad es que Blaine le había ocultado a Kurt que él sí recibía mensajes de texto de los guardaespaldas que había contratado. Los hombres le enviaban un mensaje cada una hora, reportando como estaba todo en la casa. Y en uno de esos mensajes, le informaron que Brenda había salido de la casa con una de las amigas de Liz. Eso lo preocupó, asique mandó a uno de los autos a que siga a Brenda y más tarde le informaron que ella había estacionado en el hospital. Blaine no quería alarmar a su marido, pero algo estaba sucediendo en su casa, aunque si hubiera sido de suma urgencia, seguramente Brenda lo habría llamado por teléfono.

Blaine miró dormir a su marido embarazado, viéndolo tan tranquilo y en paz. Esa noche, Blaine no pegó un ojo.