Capítulo 31
Al momento en que el despertador sonó a las 5 de la mañana, Blaine hacía solo unos 10 minutos que se había quedado dormido. Toda la noche recibió mensajes de texto de los guardaespaldas que había contratado para cuidar de su casa mientras él y Kurt estaban tomándose unos días libres.
Blaine estaba más que enojado, estaba furioso.
Furioso con su hija, que había organizado una fiesta en ausencia de ellos. Su pequeña Lizzy desobedeció la primera y principal regla de Kurt: 'no hacer fiestas'. Sentía mucha bronca, pero en especial dolor y decepción. Sus guardaespaldas le habían informado el minuto a minuto de la situación, pero por orden de Blaine no habían intervenido. Los dos hombres podrían haber entrado a la casa y sacar a los adolescentes a la fuerza. Pero eso no era lo que Blaine quería. Iba a hablar muy seriamente con su hija mayor, ya se había pasado de la raya.
Debía cambiar su humor ahora, estaba allí para que Kurt descansara y se relajara, asique tendría que disimular. Escondió su teléfono celular bajo la almohada y procedió a despertar a su marido.
"Amor… hey… despierta" Le decía suavemente a Kurt, quien seguía durmiendo a su lado. Toda la ira que sentía, ahora reprimida, la cambió por su mejor cara.
Kurt se movió y murmuró algo inentendible. Blaine sonrió ante la ternura de ver a su marido todavía dormido.
"Vamos, amor…" Insistía Blaine, despejado un mechón de cabello de la cara de Kurt. "Dijiste que querías ver el amanecer. ¿Aún quieres o prefieres seguir durmiendo?"
Kurt sonrió adormilado. "Si, si quiero" Susurró y luego abrió lentamente los ojos.
"Hola" Saludó Blaine cuando los bellos ojos azules de Kurt se encontraron con los suyos.
"Hola" Respondió Kurt. Sacó una mano de entre los cobertores y acarició la mejilla rasposa de su marido. Blaine le besó la palma y luego sus labios suavemente.
Mientras Blaine se levantaba, Kurt se estiró y desperezó todos sus músculos. A pesar de ser muy temprano, él se sentía descansado, como hacía tiempo no lo sentía. Frotó cariñosamente su vientre y sonrió, al parecer sus hijos también estaban más relajados.
Hacía mucho frío, asique Blaine preparó té caliente y lo volcó en un termo, no podía faltar unas galletas de coco que Kurt amaba. También tomó un edredón abrigado y una manta. Ya lo estaba esperando Kurt para salir.
Ambos hombres salieron de la casa y sintieron el frío del mar en sus rostros. La vista era hermosa. Hicieron unos pasos y Blaine tiró la manta en la arena, dejó el termo y las galletas a un lado y se sentó. Con un poco de dificultad, Kurt se sentó entre las piernas de su marido, los dos viendo hacia el horizonte. Blaine los envolvió a ambos con la cobija, haciendo un perfecto capullo. Los dos, en silencio esperaron la salida del sol.
Se podía escuchar el relajante sonido de las olas romper en la costa y las gaviotas que rodeaban y volaban cerca del mar. Colores inimaginables brillaban frente a sus ojos, mientras el sol asomaba tímidamente y aparecía en aquel cielo libre de nubes. Era tan relajante, que Kurt podía quedarse así, con la espalda apoyada en el calor del pecho de Blaine para siempre. Blaine lo abrazó mas fuerte y cerca disfrutando del espectáculo que la naturaleza les brindaba.
Solo unos minutos después, el sol ya se visualizaba completo y de apoco iba elevándose. Pero ellos no querían moverse ni un milímetro de sus lugares, solo lo hacían ocasionalmente para tomar un sorbo del té.
"Fue maravilloso ¿verdad?" Kurt dijo mientras movía su cabeza que estaba apoyada en el hombro de Blaine para poder mirarlo mejor.
"Así fue" Respondió Blaine, con una sonrisa.
Kurt suspiró y volvió su vista hacia el mar. "Hubiera sido lindo que los niños estén aquí con nosotros." Dijo y Blaine podía ver que las manos de Kurt se movían a acariciar su barriga bajo las mantas.
Blaine no respondió, solo se quedó mirando hacia el frente, pensativo. Pensando en sus hijos y en su casa. Kurt también estaba pensando en ellos, pero de una manera totalmente diferente a la de su marido.
Los pensamientos de Blaine no podían apartarse ni un segundo de lo que estaba sucediendo en su casa, pero no quería perturbar a Kurt con su mal humor, asique por eso simulaba muy bien frente a él.
Una corriente un poco más fuerte se levantó, antes solo corría una brisa húmeda, pero ellos seguían en sus posiciones sin intención de levantarse de ese lugar en la arena.
Los ojos de Kurt estaban cerrándose, el sueño había vuelto a él después de un tiempo. Su cuerpo le recordaba que se habían despertado muy temprano. Cuando se relajó en los brazos de su marido, algo lo despertó. Y en el momento en que sus ojos se abrieron gritó de sorpresa.
"¡Oh! ¡Oh!" Exclamó cuando un perro, un cachorrito, saltó sobre ellos queriendo jugar y moviéndose hacia todos lados. "¡Oh! ¡Hola!" Kurt decía sonriendo cuando el perrito color café quería lamer su cara juguetonamente.
"¡Hey! ¿Quién eres tú?" Sonrió Blaine mientras intentaba acariciar la cabeza del cachorro, pero le resultaba imposible porque el perrito se movía hacia todos lados subido en el regazo de Kurt.
Kurt reía a carcajadas por las cosquillas que el pequeño can le causaba al querer pasar la lengua por la cara del hombre. "¡Hola!" Le dijo cuando por fin pudo sostener al perrito y mirarlo a los ojos. El perro soltó un pequeño y agudo ladrido y no paraba de mover su colita.
"¿Estás perdido?" Le preguntó Blaine al ver el collar rojo que envolvía el pescuezo del cachorro.
"Perdida. Creo que es niña" Notó Kurt. "¿Dónde están tus dueños, preciosa?" Le preguntó como si la perra fuera a contestarle. Otro ladrido salió de su garganta.
"Su nombre es Daisy" Blaine leyó la medalla en forma de hueso que colgaba de su collar. "No tiene número telefónico"
Antes de que los dos pudieran decir nada más, la voz de un hombre llegó detrás de ellos.
"¡Daisy!" El hombre gritaba mientras corría hacia ellos. "Daisy, ahí estás" El hombre corriendo se detuvo frente a ellos y enseguida Daisy se salió de los brazos de Kurt para correr al lado de su dueño. "Lo siento. Saqué a pasearla y no me dio tiempo a colocarle la correa" Se disculpó el hombre de unos cincuenta años mostrando en su mano una correa del mismo color que el collar de la perrita.
"No hay problema" Contestó Blaine sonriendo.
"Es hermosa" Dijo Kurt, cuando una vez más, la perra volvió a subirse en su regazo y se recostó con la cabeza apoyada en su enorme vientre para que Kurt le rascara las orejas. Cosa que él hizo con cariño.
"Si, y algo inquieta" Sonrió el hombre. "¿Están alquilando la cabaña de Mark?" Preguntó al ver que Kurt y Blaine estaban sentados frente a ella.
"Algo así" Blaine le contestó. "Es más bien un préstamo. Mark es mi socio"
"Oh" Eso sorprendió al hombre y estiró su mano para saludarlos. "Soy Oscar, conozco a Mark desde que nacimos prácticamente."
"Soy Blaine y él es mi marido Kurt" Blaine le apretó la mano y luego Kurt.
"Bueno, es un gusto conocerlos. ¿Se quedarán mucho tiempo?" Les preguntó curioso, mientras se agachaba para estar a la altura de los dos hombres que seguían sentados.
"Solo el fin de semana" Respondió Kurt, que aún continuaba acariciando a la perra casi dormida en sus brazos.
"Ok. Cualquier cosa que necesiten, estoy a su disposición. Vivo a unos cien metros de aquí con mi esposa e hijo... y por supuesto la pequeña Daisy" Oscar señaló hacia atrás de su espalda, indicando la casa contigua.
"Muchas gracias" Contestó Blaine. "Estamos de vacaciones antes de que estos dos de aquí lleguen." Blaine acarició el vientre de Kurt.
"¡Mellizos! ¡Felicitaciones!" Exclamó el hombre demasiado alegre.
"Gracias" Respondieron al mismo tiempo Kurt y Blaine.
"Mi sobrino también puede llevar bebés. Claro que él tiene cinco" El hombre contaba sonriendo ante el recuerdo de los hijos de su sobrino.
"Bueno, nosotros tenemos dos más en casa" Le contó Kurt, no queriendo dejar de contarle de sus otros hijos.
"Wow. Es maravilloso. Bueno, debo irme. Tengo que hacer la compras antes que llegue la tormenta"
Kurt y Blaine se sorprendieron. "¿Qué tormenta?" Preguntó Kurt mirando hacia el cielo que se veía celeste y despejado.
"Esa tormenta" Oscar señaló hacia arriba el cielo y detrás de los hombres. Cuando Kurt y Blaine se dieron vuelta, vieron un gran cúmulo de nubes negras que lentamente se acercaba hacia ellos. Los dos se quedaron sorprendidos y sin aliento. "Se presume que podría llegar a horas del mediodía."
"Oh Dios" Murmuró Kurt impresionado y asustado.
"Aquí las tormentas son muy violentas. Por eso es mejor que se encierren antes de que llegue" Aconsejó el hombre. "Los siento, pero debo irme. Fue un placer haberlos conocido" Oscar dijo con una sonrisa y saludó a la pareja.
"Igualmente" Respondió Blaine con la misma sonrisa, pero Kurt solo se quedó allí.
"Saluden a Mark de mi parte. ¡Vamos Daisy!" La pequeña perra saltó del regazo de Kurt y siguió a su dueño. Ambos se alejaron hasta que ya no se podían ver.
"¿Qué vamos a hacer, Blaine?" Preguntó Kurt, todavía sin dejar de mirar esa pesada nube en el cielo.
"Creo que es hora de volver a casa, antes que llegue la tormenta"
Brenda arrugó sus ojos ante la luz del sol que filtraba en las ventanas. Lentamente abrió los ojos, y por unos segundos no tenía idea de donde estaba. Sus puños refregaron los ojos e hizo una mueca ante el sabor pastoso de su boca. Cuando por fin su mente se aclaró, se sentó de golpe asustada y mirando haca todos lados.
Estaba en el sillón de la sala de la casa de su jefe. Con horror miró a su alrededor y vio el desorden que había. Poco a poco, los recuerdos de la noche anterior se hacían más claros en su mente.
"Oh no" Susurró. La sala era una competa catástrofe. Había vasos de papel tirados por todos lados, suciedad y papeles en cara rincón que podía ver. Botellas vacía arrojadas por doquier, en fin… ¡un desastre!. Desorden por todos lados y lo que es peor: adolescentes tirados en las alfombras durmiendo como si nada.
Ella se paró, un poco mareada y pasó los dedos por su pelo enredado y despeinado. En ese momento el teléfono de la casa sonó, repiqueteando muy fuerte en su cabeza adolorida. Se sobresaltó en el silencio de la casa y corrió a contestar tratando de no tropezarse con una de las amigas de Liz durmiendo en el suelo.
Aclarándose la garganta para no sonar con voz de dormida, respondió.
"¿Hola?" Dijo como si nada.
"Brenda…" Era Kurt.
"Oh, hola Kurt, ¿cómo estás?" Dijo tratando de sonar casual.
"Bien. Escucha Brenda, en un par de horas estaremos allí-"
"¡¿Qué?! ¡¿Porque?!" Casi gritó. "Es decir… ¿no están teniendo un buen momento?" Preguntó luego bajando la voz.
"Si, pero es que una tormenta se acerca y no queremos estar aquí cuando suceda. Así que estamos volviendo a casa. ¿De acuerdo? Adiós"
Y con eso Kurt colgó, dejando a una Brenda boquiabierta.
"Oh no. Kurt va a matarme".
